CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
Despues de tales acontecimientos volví a trabajar con teson i avivir tranquilo en mi casi soledad del campo, consagrado como ántesde la revolucion al cuidado de mi madre i a la enseñanza de mishermanos. Desde que me separé de Margarita, conociendo yo elcarácter ávido i malévolo de doña Petronila concebí la idea de novolverla a ver mas, i lloré sobre la balsa que las conducia comosobre un sepulcro ambulante que levantaba la barrera de dos mares ide una eternidad entre nosotros. Tuve paciencia, empero, por nousar la voz constancia, que ya la tenia gastada, para aguardar lavuelta de mi prometida, a despecho de los incidentes queocurrieron, por via providencial, en ese lapso de tiempo.
Mi corazon habia quedado como si le hubieran hecho la autopsia:tan reblandecido i disecado, que debia de parecer una vejiga deguardar cigarros (manufactura orijinaria de mi pueblo); por cuyacausa todo mi ser íntegro se hallaba aun resentido por esossacudimientos rápidos i emociones violentas. Entónces me refujié enel santuario de la familia, de que me habia privado con frecuenciadurante la conmocion de la república, i la de mi espíritu que nohabia sido ménos espantosa.
Volvia la paz para la primera, i justo era buscar a su sombra ladel ánimo, mediante un trabajo continuado que pusiese mitranquilidad i mi fortuna al nivel de una conciencia amoldada idirijida por la calma de las pasiones. En este sentido hice cuantoestuvo al alcanze de mis fuerzas, algo abatidas ya en la pugnatrabada i no concluida aún contra los traicioneros caprichos de lasuerte; pero apénas comenzaba a encarrilar mis labores abandonadasi a formar un fondo para pagar las deudas antiguas, las cualesgravitaban como un torcedor impuesto a interes sobre mi hombría debien ; apénas sentia sobre mi pecho el primer airecillo de laconformidad, que, como precursor de esa paz interna tan deseada,iba a refrescar el cráter volcánico abierto en mi corazon, elimplacable destino venia a ofrecerme nuevos episodios, i acomplicar con ellos las fazes de mi desventura.
Las cárceles de Neiva estaban repletas de rebeldes, la mayorparte infelizes que habian figurado en las filas del ejércitoenemigo como sarjentos i cabos: allí me llevó la piedad por unaparte i el ejercicio de la abogacía por otra, para hacer escarcelara esas pobres jentes del todo inculpables que no habian hecho otropapel en la pasada guerra que servir de autómatas, pereciendomuchos individuos, sin saber por qué ni para qué, a manos de losdefensores del gobierno. En una de esas prisiones encontré un mozo,a quien se juzgaba por haber sorprendido un destacamento i quitadocomunicaciones oficiales a un posta de importancia que se habiadespachado para Bogotá; i en efecto, al caer prisionero en labatalla de "Rio-frio," se le cojió una maleta, con pliegos ialgunas encomiendas, que los jefes militares dejaron depositada enla alcaldía miéntras se perfeccionaba el sumario. Aquel hombre menombró su defensor, i me suplicó encarecidamente que fuese a lugardel depósito i examinase las fincas halladas, para probar despuesen el juicio, que nada de oficial habia en ellas, pues los pliegosera lo único que de esta calidad tenia i ya estaban en poder de losinteresados.
Fuí con efecto, ¿i cuál seria mi sorpresa al encontrar, entreuna multitud de baratijas, el paquete que habia dirijido a doñaIsidora devolviéndole las cartas i el retrato de Cármen? Todo sehallaba intacto, hasta el billete con que yo acompañaba estasúltimas reliquias de amor i reconocimiento.
Al contemplar otra vez la preciosa imájen i volver a leer, una auna, esa amantísima correspondencia, se renovaron emociones en mialma, que yacian en lo recóndito de ella como adormidas, perotodavía accesibles al calor de una temperatura juvenil i a latrasparencia de una vislumbre no del todo estinguida. Díjemeentónces, como un reo condenado al último suplicio que hace elpostrer esfuerzo por su libertad i por su vida; "ya no he de vermas a Margarita; ha cesado por supuesto mi compromiso: he visto aCármen en el retrato de que me habia desprendido; luego es indicioclaro de que la suerte se inclina por fin al lado de mis primerosamores."
I como un corolario de este descubrimiento, me ocurrió solicitarpor el paradero de la carta que habia dirijido a Cármen,satisfaciéndola por el contenido de la anterior i que yo juzgaba nohaber ido a dar a sus manos, segun el desarreglo de lascomunicaciones en aquella crítica temporada. Monté a caballo,anduve por varios pueblos, e hice las dilijencias posibles hastaencontrar al peon que, por confianza en otro i demasiado apuro,habia descargado en este la comision de llevarla. Busqué alverdadero conductor, quien me aseguró haberla entregado a doñaIsidora con atraso de muchos meses: para demostrármelo dióme todaslas señas de la casa i trazó la filiacion de las personas. Agregó,ademas, que a guisa de lo que hacen sus paisanos cuando van aBogotá, él se acurrucó en el corredor de la entrada, tiritando defrío, i la buena de la señora le mandó dar una jícara de chocolate;incidente que, por el conocimiento de los hábitos calentanos, no medejó ya vacilar sobre la certidumbre de la prueba.
En tanto que el emisario perrnanecia acurrucado allí, ya tirandola punta de su camiseta hasta la estremidad de sus pies, yaenvolviéndose por ámbos lados, como bajo las alas de un pelícano delana, ya tomando la sabrosa bebida con toda la circunspeccion de unhombre ducho en recibir esta clase de obsequios, llegaron a susoídos algunos fragmentos confusos del diálogo a que dió lugar lalectura de la referida contra-carta. Vió que un viejecito dechaqueta de paño azul, con botonadura de cobre, i de pañuelo blancoatado a la frente, en forma de gorro con las puntas flotando sobrela coronilla, hablaba a mi favor como queriendo convencer a unajóven vestida de negro, de ojos salientes, rostro pálido, icabellera dócil que se esparcía, por debajo de una manteleta desarga, hasta rozar el estremo de sus talones. Pero apesar de todolo que dijeron, el hombre se volvió sin contestacion, i lo mas quepudo entender fué que se trataba de un retrato; circunstancia queaclaró mis dudas i me guió desde ese momento en un nuevo plan deoperaciones.
Reflexioné que si el cambio de prendas amorosas hubiera sidocompleto, el asunto quedaba terminado; pero puesto que su retrato isus cartas no le habian llegado en retorno de iguales objetos mios,solo debía estrañar que yo me hubiese quedado con todo, en cuyocaso la mejor satisfaccion consistia en devolver lo que de allá meremitieron primero. Contraté, pues, al mismo peon sobre la marcha,para que fuese a Bogotá a conducir mi retrato con un billetelacónico, suplicando contestacion de la célebre pieza que conteniami disculpa.
Regresé con él a casa, i en el momento de despacharlo.... ohdolor! ¡Oh inconstancia del destino! ¡Oh maldita estrella la de uninfeliz enamorado por partida doble! el retrato i el paqueteadjunto se habian perdido! Para sacar estos objetos de donde yo lostenia, menester habia sido violar mi papelera, i esto no podíahacerse sino ejecutando un robo. Mas creció mi sorpresa cuandoobservé, gaveta por gaveta, todos los departamentos de mi pupitre,i los hallé sin alteracion en la forma i sin sustraccion alguna enel número i detalles de su contenido. El hurto, i no podia ser otracosa por falta de fuerza o de violencia, se habia perpetrado sobreaquellas prendas. Pero ¿quién tendria interes en robarlas? Ademas,a ese cuarto no entraban sino mi madre i mis pequeños hermanos,personas que yo creia incapazes de ejecutar un hecho furtivo i sinobjeto para la familia. Sinembargo, yo me puse a averiguar con unatenazidad colérica el paradero de tales cosas; i al fin recayeronlas sospechas sobre el mayor de los muchachos, quien al fin confesóque habia ejecutado esta accion por órden i cohecho deMargarita.
Despues de este incidente, necesario era variar el contexto dela correspondencia: hícelo así, i despaché el chásqui advirtiéndoledijera que yo les habia devuelto mi retrato hacia mucho tiempo;pero que el portador tuvo la desgracia de caer prisionero en manosde los revoltosos, los cuales, seguramente por rencores políticos,habrian vuelto pedazos la frájil i delicada miniatura.
Aunque yo iba dejando poco a poco el hábito de mentir, meparecía que este embuste seria escusable por la pérdidainvoluntaria del retrato, ademas de que ya tenia de tiempo atrasenseñada a Cármen a creer cuanto le decia como si fuera elevanjelio. Pero miéntras el peon regresa, salgamos otra vez delsuelo de la república para ver qué hacen nuestros otros conocidosen el esterior, juzgándolo por la lectura de sus cartas.