CAPITULO IV - Venganza da una viuda.
Al fin concluyó la guerra: aprehendieron al indio Ibito; setranquilizó el sur de la república, i el coronel Saldívar,aprovechando la ausencia de Flóres en la funesta esponsion dePasto, realizó en Guayaquil la mayor parte de sus fincas, con cuyoproducto en oro siguió su viaje al Perú.
Aquí será preciso, aunque parezca digresion en esta historia,continuar la de este personaje hasta el punto en que vuelva aenlazarse con la mia. Dejó, pues, un apoderado para percibir cuantose le quedase debiendo en el Ecuador, i fijó sus reales en Lima.Las jestiones contenidas en los pliegos que condujo quedaron sinefecto, porque los tratados de Colombia con las repúblicas delPazífico no habian establecido la estradicion de reos, i muchoménos en los casos de rebeliones populares como las de 1840 i1841.
Sinembargo, él tenia que darse humos de diplomático i gastar enalgo su viático, sueldo i rentas particulares, miéntras trascurríael tiempo que habia fijado para su regreso. Como era de bellafisonomía, i sabia disfrazar las canas i raparse con escrúpulo labarba, luego que se vió ausente de su adorada mitad, su primerpensamiento fué el de reemplazarla, para no gastar en balde suscosméticos i tinturas, i mas que todo porque, acostumbrado a lavida maridable, dolor i trabajo le costaba volver, asírejuvenecido, a la soltería que habia dejado con tanto gusto.
Dióse, pues, a los saraos, tertulias i diversiones de todojénero que abundan en esa Babilonia sur-americana, i al cabo de dosmeses de lechuguino, se hizo creer a sí propio que no teniaimpedimento alguno para casarse Enamoróse de una viuda rica ihermosota, de aquellas de quienes dice Breton de los Herreros, queson tanto mejores cuanto mas años tengan de servicio, i notrascurrieron diez dias sin que estuviese arreglado el matrimonio.Esto no debe cojer de nuevo a los lectores, i mucho ménos a ciertasgranadinas que tienen por allá enajenados a sus maridos sinesperanza de recuperarlos, porque los viejos colombianos, esasegunda jeneracion de la independencia que no ha sabido adelantarla obra de sus padres, ni hacernos otro juego que el de las guerrasciviles; los viejos colombianos, repito, apesar de su zelorelijioso, cuando pasan la línea equinoxial se vuelven otros.Jeneralmente se cree en mi provincia, pero yo lo dudo muchísimo,que las quiteñas, limeñas i bolivianas usan varios brevajes paradetener a sus amantes, i uncirlos, quieran o no quieran, al yugodel himeneo; pero, dejando esto a un lado como una de tantasfábulas, lo cierto es que todo individuo rico o buen mozo que va deaquí para allá, si no se casa conforme a la santa iglesia, no poreso deja de casarse, segun es la seduccion i encanto de lasmujeres.
I tanto fué en ese tiempo, que don Lino, sin haber tomadochamico, hueso de guache, corazon de firigüelo, ni otras sustanciasdel jénero amatorio, usadas por algunas paisanas mias, verdaderasCleopatras de la tierra caliente, olvidó al fin su estado, i sellegó a convencer de que era soltero. Durante todas estasevoluciones, él no dejaba de escribir a su familia, i a mi sobrelos negocios que me habla confiado, i en vísperas ya de casarse noshablaba en una carta, que revelaba su júbilo, de hacer unabrillante especulacion que doblaria su capital, con mas seguridadque la mejor empresa del mundo. Al cabo de meses fué que los hechosnos dieron a conocer que esa ganancia estribaba en la bigamia queestaba proyectando. En la misma correspondencia se derretia enhomenajes ácia mí, espresando cuán despacio corria el tiempo paravolver a presenciar mi dichosa union con Margarita.
Hallábase a punto de que el sacerdote le diera la bendicionnupcial, cuando llegó a oponerse su apoderado de Guayaquil, idemostró perentoriamente al cura, a la novia, a los padrinos i alos juezes, que el coronel era casado con doña Petronila Puyoza, ino dejó, por supuesto, consumar el acto sacrílego i deshonroso.
Fácil es prever el enojo de la viuda, que, a mas de ser mujerirritable por naturaleza, pertenecia a la terrible hermandad de lastapadas….. No hai mas que decir sino que el avergonzado icorrido coronel quedó sentenciado a muerte: así lo reconoció élmismo cuando emprendió la fuga a las volandas, i confiando a uncompañero parte de su fortuna, corrió con la otra en demanda delpuerto del Callao. Sinembargo, lo que tardó en alistarse paramarchar al galope de un caballo, por no esperar los cochesdestinados periódicamente al público servicio,
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fué lo bastante para que laburlada cuanto vengativa novia hiciese apostar dos carabineros delínea a la orilla de una zanja del camino.
Saldívar salió de Lima con el crepúsculo de la tarde, iaguijoneó su corcel hasta rendirlo un poco de fatiga, a impulso dela carrera que llevaba; mas como vió que nadie lo seguía, lo fuéconduciendo al paso, encabritado, sudoso i espantándose a cadamomento con los objetos que se ofrecian por todas partes, hasta darcon la zanja mencionada, donde el animal, temiendo quizá el peligroal divisar los bultos que allí habia, retrocedió un paso que no diótiempo al jinete para sacar sus armas; pero sí a los asesinos paradispararle dos mortíferos tiros de trabuco.
Al dia siguiente fué llevado a la capital, donde espiró cornobuen cristiano, despues de haber dictado sus últimas disposicionestestamentarias.
Apesar del orijen conocido de esta catástrofe, como ladelincuente pertenecia al gremio de las famosas cortesanas de Lima,se dijo en todos los círculos, i se estampó en los diarios, quehabia sido un suceso político semejante al asesinato del mariscalde Ayacucho; con lo cual todos quedaron satisfechos, porque no haicosa mejor en estos lanzes aleves que revestir el hecho con lassombras misteriosas del espíritu departido.
Así fué que nosotros tuvimos la noticia comunicada oficialmente;i su familia i yo solo pensamos en llorar tan magna pérdida sincuidarnos de hacer averiguaciones, con lo cual la honrada viudaquedó tan en sus quince como cuando se iba a casar con eldifunto.
Este doloroso acontecimiento, que me traia sin cesar a lamemoria la muerte de mi padre léjos de mí, estrechaba mas elvínculo que me ligaba a Margarita, i hacia que los consuelos que lebrindaba en su pesadumbre i orfandad fuesen recíprocos, elocuentesi tiernos.
Calmado al fin el duelo de la familia, i no obstante que losapoderados de Guayaquil i Lima rindieron con esactitud susrespectivas cuentas ante los cónsules de la república, doñaPetronila juzgó que era indispensable ir personalmente a recojersus gananciales i la herencia repartible entre sus hijos.
No fué posible disuadirla de este viaje, aun demostrándolematemáticamente que cualquiera otro, especialmente yo, arreglariamejor el asunto. Su verdadero proyecto era separar a Margarita desus relaciones conmigo, i ver si por allá le encontraba un partidomas ventajoso, en el cual figuraria en primer lugar un europeo,pues el último estaba reservado en su cálculo a los granadinos porser sus compatriotas, segun el proverbio de que nadie es profeta ensu patria, i por otras razones de avaricia que de puro sabidas esmenester callarlas.
Me opuse yo, se opuso Margarita, se opusieron los muchachos, seopuso, en fin, todo el pueblo al descabellado viaje, pero doñaPetronila insistió, i cuando una vieja tenaz mete la cabeza esnecesario dejarla, pues sobre su voluntad de cíclope no puedepenetrar ni el formidable clavo de Ulises.
Así sucedió; pero ya que se iban, natural era que yo lasacompañara, en atencion a los títulos adquiridos, i a que los hijosvarones no estaban todavía en edad de dirijir una espedicion tanlarga, molesta, aburridora i costosa. Sinembargo, mi deseo, apoyadopor el respetable voto de Margarita, se frustró, como todos losbuenos propósitos, ante la terquedad de una conciencia equivocada.Se me combatió con el siguiente sofisma: "para que U. vaya conalgun carácter acompañándonos, es necesario que sea esposo deMargarita, lo cual no puede tener efecto ahora porque estamos deluto; i sin casarse no puede ir en nuestra compañía, porque lasancion pública caerá irremisiblemente sobre nosotras &.ª"Ademas, se me prohibió escribir a Margarita, i a ella contestarmesi yo llegaba a escribirle. Con estos preliminares, las acompañé abordo de una balsa que tenian preparada sobre el rio Magdalena enel puerto de Las Corrientes, a una jornada del pueblo. En ella seembarcaron para Honda, en cuyo puerto, i en un champan de los maspesados, hicieron via para la costa a fines de 1842, cuando nohabia ni vapores en el Magdalena, ni ferrocarril en Panamá, nicompañía de navegacion en el Pazífico. Margarita se despidió de mícon ojos húmedos i amorosos, i me ofreció volver a mediados de 1843a cumplir una promesa Sagrada, tantas vezes interrumpida sin suculpa; pero la otra señora me dijo un adios tan frio i de unasequedad tal, que de su aspecto se inferia, acaso, que solamente laadministracion de los bienes de la mortuoria del marido, que estabaa mi cargo, podia garantir su vuelta.
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Entónces no existia aún el ferrocarril de Lima al Callao.
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