Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE





DEDICATORIA

PROLOGO

INTRODUCCION

PARTE PRIMERA
CAPITULO I - Un colejial de antaño.
CAPITULO II - El vaso de agua.
CAPITULO III - Las torcazas.
CAPITULO IV - Cavilacion
CAPITULO V - Noviazgo
CAPITULO VI - El arriero timanejo.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.
CAPITULO VIII - Salida de Bogotá.

PARTE SEGUNDA
CAPITULO I - La casa paterna.
CAPITULO II - Revolucion intempestiva.
CAPITULO III - Presentacion de una nueva familia.
CAPITULO IV - Otras relaciones amorosas.
CAPITULO V - Una conquista al reves.
CAPITULO VI - La carta decisiva.
CAPITULO VII - La contra carta.
CAPITULO VIII - El rompimiento.

PARTE TERCERA
CAPITULO I - Refujio del desengaño.
CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
CAPITULO III - Coquetería.
CAPITULO IV - Venganza de una viuda.
CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
CAPITULO VII - Un ingles a pedir de boca.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.
CAPITULO IX - Memorias de otro tiempo.
CAPITULO X - Perdon i renacimiento.
CAPITULO XI - Conclusion.
CAPITULO III - Coquetería.

 

¡Qué amable, qué solícita, qué encantadora i dócil estuvoMargarita en los primeros dias del noviazgo! Qué buena i obsequiosafué conmigo doña Petronila! Qué amoroso, fino e hidalgo estuve yotambien con una i otra! Si la cosa hubiera seguido así, a buenseguro que se habria desterrado para siempre de mí el recuerdo delamor pasado, i en cuerpo i alma seria el solo depósito posible delamor futuro.

Pero ¿quién ha sido completamente feliz en todos los instantesde su vida? ¿Quién que con fe ciega i delirio insano hayaacariciado un paraiso, no lo pierde bien luego, como le aconteció anuestro padre Adan, por causa de precozes amoríos? Andaba, pues, eltiempo con harta rapidez para nuestros sentidos mutuamenteembelesados, i con lentitud para los acontecimientos políticos, quepor desgracia requerian todavía la intervencion de las armas en laprovincia de Neiva. El indio Ibito, amurallado en las barrancas deTierra-adentro, hostilizaba de todos modos con sus montonerassalvajes a las tropas disciplinadas del gobierno; la consecuenciade esta nueva faz de la campaña, no cesaba el tránsito de militaresdel Pital a la Plata, cuartel jeneral por entónces de las fuerzaslejitimistas, a cuyo partido pertenecia yo, segun he dicho, iperteneceré siempre miéntras haya déspotas, usurpadores ifacciosos.

El itinerario fijado por los estados mayores señalaba a mi pobrepueblo como punto de escala, i veíanse llegar a él por docenas losjóvenes de Bogotá i de otras partes que empezaban su carrera deoficiales, o que impulsados por el patriotismo, i aun tal vez porel calor de la sangre, iban de soldados cívicos con ese desinteres,enerjía, valor i gracejo que tanto ha distinguido a los paisanos ideudos de Ricaurte.

Pero si bien yo tenia motivos de placer al encontrar entro ellosalgun compañero de colejio (que por chiripa fuera ministerial) ocualquiera de esos cachacos decidores i queridos de todos, solialas mas de las vezes dar con algun buen mozo, o tocador de vihuela,o cantor de profesion, cuyos acentos, armonías i ocurrencias, si medeleitaban por lo pronto, mas tarde me orijinaban tabardillo;porque la buena de mi prometida esposa dió en hacer tantasatenciones a los jóvenes que pasaban por el pueblo, que no dejócasi ningunas para su verdadero pretendiente, para su próximomarido.

I no es que yo sea zeloso, como pudiera afirmarlo Cármen en elperíodo de mi rejencia donde luchaba con rivales mejores, miéntrasque ahora los tenia de inferior calidad en posicion i fortuna; sinoque Margarita, sobre su bella índole (que no le negaré apesar desus estravagancias), tenía bastante de novelera, i una educacionostentosa mas bien que sólida, que la encaminaba, sin apercibirse,al escollo de la credulidad artificiosa i al resbaladizo sitial delas coquetas. Mucho trabajaba yo por quitarle el vicio, i cuandoestudiaba sus adorables dotes internas, conocia que solamente elimperio de una causa superior, obrando sobre su corazon i sucabeza, podia inducirla a ese coquetismo ridículo a que seentregaba con los recien llegados, haciendo de mí un mártir denuevo cuño, si no herido i espirante por las persecucionesrelijiosas, por lo ménos atormentado con galanterías que pasabanante mi vista i de las cuales pudiera dar fe pública si hubierasido escribano.

Dios es justo, i tenia que castigarme así por la falta quellevaba sobre mi conciencia; esto fué lo único que me alentó aresignarme delante de aquella turba de oficialitos, que subía ibajaba como una marca interminable de demonios, i que por muchacondescendencia me ponia cada cual la guitarra en la mano paraensordecer a los espectadores acerca de los floreos i declaratoriasque deslizaba por lo bajo al ídolo de aquellas tertulias tanseguidas. Cuando los amadores se iban i todo quedaba en calma,Margarita era el ánjel de mi felizidad i de mi porvenir; cuandovenian militares jóvenes, especialmente cachacos de la escuela dePonce i de Bonilla, era el ánjel esterminador de mi bienestar, elespíritu destinado a la ejecucion de mi suplicio en el infierno delos zelos.

Pareciera, i no hai que dudarlo, que con la ida del coronel doñaPetronila franqueó la entrada en su casa a toda clase de hombresdecentes, i aun a los que, no siéndolo lo figuraran por el uniformemilitar que vestian, i allí vino a ser un centro de tal animacionque los gastos se duplicaron con esceso. Dicha señora alojaba enpiezas cómodas a varios sujetos con pretesto de opinionespolíticas; i de todos los demas que iban de tránsito, unos sehacian presentar, i otros se presentaban sin anunciarse: de aquídos calamidades sobre mi persona, la una la postergacion periódicaque me hacian sufrir, i la otra el desembolso mayor que tenia quehacer como administrador de los intereses de la casa. Oh! qué diastan sombríos i melancólicos, i qué noches tan lúgubres i largas! Ladesesperacion llegó a dominarme, i comenzé a cultivar sin horror elloco pensamiento del suicidio: despues juzgué mas acertado batirmecon todos i cada uno de mis adversarios, i con tan violento corajeme poseia de esta idea, que llegué a soñarme presentando aMargarita doce rostros sanguinolentos i lívidos i otros tantoscorazones picados como cernidores, envueltos confusamente en sutraje blanco de novia, i colocados por órden de preferencia en sulindísima caja de costura.

No habia para qué dudar de mi desgracia si, como su conducta lodejaba entrever, aquella coqueta cínica se decia para sus adentros:"a este ya lo tengo seguro; vamos a ver si hai otro que me convengamas para esposo, i en último lugar que vuelva el mismo;" tales eranlas sentencias que creia traslucir sobre el pliegue risueño isiempre provocativo de sus labios.

Al fin se acabó la campaña, i volví casi a mi estado normal,tanto por la ausencia de los competidores cuanto por lasconfesiones injenuas que ellos me hicieron, i de las cuales dedujela inculpabilidad i no empañada virtud de Margarita, todo lo quepaso ahora a revelar, aunque parezca paradoja despues de loreferido.

Como era el caso que yo me quedaba frecuentemente por puertas,es decir, escluido en estos coqueteos de última moda, siempre meacercaba al rival que creía en mejor predicamento a indagarle loque hubiera por las buenas o las malas, como amigo o adversario,con una copa de vino o una pistola en la mano, unas vezes en tonode súplica, otras con aire de amenaza, ora como un infeliz, oracomo un poderoso, sacándole la verdad por la razon o por lafuerza.

I del inmenso cúmulo de aseveraciones que recojí, como siestuviera formando un sumario para el descubrimiento de un enormecrimen i de un gran delincuente, vine a sacar en limpio que aninguno queria, pero ni muestras de verdadero amor les daba, sinoque los atraia a todos con esos ojos magnéticos de boa i esasonrisa irresistible, i luego que le declaraban sus afectos, nadales replicaba ni les permitia pasar adelante. Conducta como esta,misteriosa i tortícera, fué motivo de un malestar tan cruel paramí, que mi jénio de alegre i vivo tornóse en ese tiempo melancólicoi displicente, i no salí de tal estado de penosa impaciencia idiaria desesperacion, hasta que no interrogué, uno por uno, comollevo dicho, a todos los amadores.

Obtenido este resultado, preciso era remontar al oríjen de lafarsa de que me habian hecho víctima, i despues de observaciones,conferencias i disputas, vine a saber que doña Petronila, opuesta ami enlazo con su hija por razones de interes, influia abusando desu predominio, para que se manifestara indiferente conmigo, i a lavez desplegase toda su gracia i arte en cautivar a cuantos jóvenesfueran pasando por el pueblo, con el objeto de que yo me aburriera,o ella al fin encontrara uno que satisficiese la preocupacion i elcapricho de la madre. Sinembargo, Margarita, ni dejaba de amarme,ni de contentar la vanidad i deseo de doña Petronila, i de aquí esaalternativa constante entre su amor, que era una pasion i no undevaneo, i el furor de agradar i de recibir lisonjas que rayaba enuna especie de monomanía; pero sea cual fuere su culpa en seguirciegamente las órdenes maternales, ella conservó su virtud i sacósu corazon a las playas de la constancia i del honor, en ese maralborotado i revuelto.

La coquetería no es vicio orgánico, ni constitucional, como losostienen los franceses, sino adquirido, como lo palpamos poresperiencia en nuestro pais, ya provenga de los malos ejemplos delos hombres, ya del maligno influjo de algunas adocenadas madres defamilia. Lo cierto del caso es que a una mujer le gusta un hombre,i si no le place a sus parientes o amigas de cuchicheo, empiezan adesviarla de allí para hacerla fijar en otro, i al fin la dejancomo murciélago encerrado que revolotea largas horas en un salontropezando con todo, aquí i allí, sin acertar jamas con lasalida.

Margarita era de buena índole, i bajo mi amoroso i casi paternalinflujo, hubiera sido una escelente esposa; pero doña Petronila laempujaba siempre ácia el mundo de las vaciedades, la ilusion delfausto, i la espuestísima senda de los galanteos, en donde soliaperder la parte mas amable de su mérito, causa segura del malestarcontinuo que me aquejaba i de la intranquilidad con que vivia.

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