CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
Volviendo la vista atras de este cuadro de angustia idesconsuelo, hallaba yo mui franca i fiel la amistad de Saldívar, icada dia mas intensa i comprometedora la afeccion casi sin límitesde su hija. Aunque, como he dicho, evité visitar a esta en ausenciade aquel, de nada me sirvió el propósito desde que, averiguados loshechos, resultó que solo doña Petronila habia sido adversa a micandidatura, i se interpuso el regreso del coronel, i mas que todosu esquisita urbanidad, para hacerme entrar de nuevo a la casa ipersistir en involuntarios galanteos que volvieron a tornarse enpretensiones.
La conferencia de Margarita con su padre, i de que se ha dadocuenta en la parte anterior de esta historia, habia resuelto, alparecer, el problema, i el coronel no tuvo embarazo en confesármelocon ese jenio vivo, locuaz i abierto de los antiguos militares, i avirtud de la predileccion que me acordó desde que fuí introducido asu conocimiento.
Para llegar a este punto, habia ocurrido un acto preparatoriocual fué el de haberme suplicado Margarita que le diera algunaslecciones jeográficas de Colombia por el texto entónces en boga dedon Pedro Acevedo; lo cual me sirvíó de pretesto para menudear misidas a la casa. Luego no sé si por perfeccionar el aprendizaje oacaso para remachar el clavo de mi primera intencion, meproporcioné con el cura del lugar el "Grande Atlas" de Lésage, enel cual continué mis conferencias, especialmente de noche a laescasa luz de dos o mas velas de sebo, (que entónces la esperma ila estearina eran objetos tan raros que parecian cosas decontrabando.)
Adelantábamos tanto en el estudio de esta moderna clase dehumanidades, que Abelardo i Eloisa no lo habrian hecho con talmaestría en tan reducido espacio de tiempo. Mas, aunque el amor sepintaba ya, como fruta sazonada, en los ojos, en la espresion delsemblante i en el unísono titilar de nuestros corazones, parecíaque faltaba algo para coronar la obra, que no quedaria completa deotro modo, cual fusil preparado que solo aguarda el golpe delrastrillo para su descarga. La ocasion no dejaba de brindarse, conmayor motivo estando parapetados, preceptor i discípula, tras lasenormes pájinas del Atlas, estendidas como las alas de un águiladelante de nosotros, o como un velador espeso para todos loscircunstantes, estraños a nuestras científicas operaciones.
Figúrese el piadoso lector lo que podria resultar de estoscoloquios, estando los dos recojidos a la sombra del libro, como unpar de pichones en el ramaje espeso de un árbol, i disculpará, sinduda, la distraccion que tuve, en el calor de la discusion, deinclinar mi cabeza oblicuamente sobre el rostro de Margarita, entérminos de rozar mis labios contra uno de sus carrillos. He aquísatisfecho mi antojo, pero he aquí tambien el castigo de mitemeridad en la dura reconvencion que se siguió a esta pequeñainadvertencia, i que tuvo resultado inescusable ratificar micomprometimiento con aquella jóven, i la aquiescencia inmediata ivoluntad decidida de su padre.
Todo esto pasó en una semana, único tiempo de que podia disponerdon Lino para preparar su viaje al Pazífico en su calidad de correode gabinete; i la víspera de su partida fué que prestó suconsentimiento, cuando no era posible ya preparar nada para lasbodas, ni precipitar el curso caprichoso del destino.
Volví, pues, a entrar por segunda vez en la categoría de novio,si bien de un modo mas clásico que la primera, pues aquí lacuestion económica suplantaba todas las otras, al paso que allá elafecto de la familia constituia la dulzura, amenidad i fortalezadel noviciado del himeneo, que si fuera bautizado por un jurista lollamaría el verdadero término probatorio.
El coronel, ántes de partir, formó un lijero inventario de mispropiedades; me dió un apuntamiento de las suyas, i me constituyósu apoderado jeneralísimo de negocios i pleitos, con ámpliasfacultades para representarlo especialmente en Neiva i Bogotá, adonde habia comprado casas i haciendas, colocado dinero a interes,i dado empréstitos cuantiosos al gobierno lejítimo para convertircon utilidad su dinero en renta sobre el tesoro de la república.Como se sabe, su anhelo principal consistia en fijarse en NuevaGranada, a lo cual tendia indirectamente la comision que iba adesempeñar, pues con ella facilitaba mas la realizacion de susbienes restantes en Guayaquil i en otros puntos del territorioecuatoriano.
Tratamos la cuestion de intereses como dos altas partesnegociadoras, me fijó un tanto por ciento productivo por laadministracion confiada a mi cuidado, me recomendó su esposa, aMargarita i demas personas de su casa, i abrazándonos a todos sedespidió, ofreciendo volver dentro de seis meses, lo mas tarde, apresenciar la union de sus amantes hijos, quienes solamente conllanto pudimos contestar sus últimos adioses.