Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE





DEDICATORIA

PROLOGO

INTRODUCCION

PARTE PRIMERA
CAPITULO I - Un colejial de antaño.
CAPITULO II - El vaso de agua.
CAPITULO III - Las torcazas.
CAPITULO IV - Cavilacion
CAPITULO V - Noviazgo
CAPITULO VI - El arriero timanejo.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.
CAPITULO VIII - Salida de Bogotá.

PARTE SEGUNDA
CAPITULO I - La casa paterna.
CAPITULO II - Revolucion intempestiva.
CAPITULO III - Presentacion de una nueva familia.
CAPITULO IV - Otras relaciones amorosas.
CAPITULO V - Una conquista al reves.
CAPITULO VI - La carta decisiva.
CAPITULO VII - La contra carta.
CAPITULO VIII - El rompimiento.

PARTE TERCERA
CAPITULO I - Refujio del desengaño.
CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
CAPITULO III - Coquetería.
CAPITULO IV - Venganza de una viuda.
CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
CAPITULO VII - Un ingles a pedir de boca.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.
CAPITULO IX - Memorias de otro tiempo.
CAPITULO X - Perdon i renacimiento.
CAPITULO XI - Conclusion.
CAPITULO V - Una conquista al reves.

 

Trascurrieron dias i dias en esta incertidumbre que lastimaba miamor propio, haciéndolo exaltar al punto de conseguir el triunfo oretirarme con los honores de un combatiente diestro, cuandoMargarita dijo en secreto a una amiga suya que correspondia miamor, i la otra me lo comunicó por la posta, segun aquel procedernatural del sexo femenino, que basta encargarle la reserva sobre unhecho para que este se publique i circule como si fuera a grito depregonero.

Mas apesar de la confesion privada de Margarita, no podiaobtener yo que me abriese su corazon, i este estudioso desden queusaba conmigo me conducia a la cólera i al frenesí, volviendo elepisodio de estos nuevos amores una cuestion de orgullo, en quejuraba para mis adentros que, conseguida la victoria, la habia dedejar burlada. No era ya su amor lo que podia satisfacerme, sino lavenganza que habia resuelto contra ella.

Sinembargo, la maldita sirena, que habria maliciado sin duda misfirmes i no limpias intenciones, hízose por un momento accesible ami súplica i me reveló su amor con finísimas palabras de ternura.Imposible será pintar mi gozo, el gozo de la venganza que debiasatisfacerse en la humillacion i desprecio de aquella jóvenaltiva…. Estábamos completamente solos: el instante no podiaser mas propicio para colmarla de caricias, sustituir al lenguajearticulado el mudo de la accion i del entusiasmo, i poder cantardespues con el sentimental i fogoso Parra:

Por eso yo, tendido en tu regazo,
A tu labio apliqué mi labio ardiente;
Circundé tu cintura con mi brazo
I entre tus bucles escondí mi frente….

Pero con gran sorpresa observé que la sílfide se me iba de entrelas manos, evaporándose cual una exhalacion meteorolójica; demanera que estuvimos midiendo la sala a grandes trechos comojugando a la gallina ciega, sin que mis brazos, estendidos enademan de pedir misericordia, o de imponer las manos como en laordenacion de los presbíteros, llegaran a rozarse con su flexible icasi impalpable cuerpo. Dimos así dos vueltas de contradanza comoqueriendo formar media cadena, hasta que al fin hube de tenerme porvencido, jurando, eso sí, en el interior de mi ánima, i por todo lomas sagrado de cielo i tierra, insistir en la demanda, obtener oforzar una caricia, i dar por concluido el asunto, pues lo queheria mi susceptibilidad era considerarme inferior en astucia a mitremenda i simulada contendora.

Me disponia para salir de su casa fraguando en mi menteproyectos a cual mas atrozes contra ella; pero al intentarlo medetuvo con una voz meliflua, que no siempre acostumbraba, i que eracapaz de seducir a un cartujo, para darme esplicaciones sobre sucarácter alternativo i misterioso. Díjome, con efecto, que no podiaresolverse a quererme, porque yo estaba comprometido a casarme enBogotá, i aun ella habia visto el retrato que a guisa de reloj deantigua caja llevaba pendiente de mi cuello. Verdad era esto; peroyo en el delirio del amor presente, olvidaba que ántes la habiahecho depositaria de mis confidencias; i ahora no cabia ocultacion,negativa ni disfraz en tan premioso cuanto seductivo lanze. Porfortuna, desde que me iba alijerando paulatinamente del recuerdo deCármen, iba apartando tambien de una manera insensible los objetosque podian testificarme su cariño, entre los cuales el retrato sehabia quedado ya en el fondo de uno de mis baúles, en undepartamento que habia formado allí para el archivo de papeles idijes amorosos. Esta circunstancia me sirvió para contestar elcargo i volver con nuevo brio sobre la brecha.

Obcecado por la ardentísima impresion a que me había sometido,el único medio de lograr mis ansias reducíase por lo pronto a laapostasía de mi primer amor; i la exaltacion de aquel rapto febril,me inducia a no vacilar en esta conducta por villana que fuese enapariencia. Tranquilizábame interiormente con la idea de que,renegando de Cármen, conseguiria mi deseo, i como este se apoyabasolamente en un espíritu de venganza, fácil me seria desecharlo mastarde, i volver al primero. Tal suele alucinarse el incauto, cuandoencuentra en sus galantes peregrinaciones un corazon elástico, puescreyendo verlo conquistado, le sale al reves el cálculo, tornándosepresto en víctima quien pretendia ser verdugo.

Acuérdome ahora que un cura de las misiones de San Martin seinternó en el interior del pais a catequizar indios bravos, icuando mas segura juzgó su mision apostólica, por la docilidad delas tribus entre quienes estableció su cátedra de enseñanza, se levolvió el Cristo de espaldas, i en lugar de convertirlas a la vidacivil, aquellas le hicieron adoptar la salvaje, hasta seguirdesnudo en sus incursiones nómades por los bosques, disparandoflechas, hablando el idioma de los bárbaros i sin querer conservarresto alguno de la vida civilizada. Pues así como a este pobresacerdote lo conquistaron los indios cuando él trataba deconquistarlos, Margarita hizo otro tanto conmigo, obligándome aromper ante sus plantas los antiguos títulos que tantoennoblecieron mi carácter.

Mas, ¿cómo esplicar este fenómeno? Su amor constábame de unamanera tan asertiva, que por mas que hubiera empeño enreconcentrarlo i omitir su declaratoria, lo reconocian mis ojos ilo sentia mi alma, ademas del alarde que Margarita misma hacia desus afecciones sin cuidarse de ninguna persona, estraña o no, de lacasa. La dificultad estribaba tan solo en la confesion categórica;pero para eso la máxima de doña Isidora venia mui al pelo, de queno se necesita decirlo para conocerlo, o por lo ménosadivinarlo.

Obtenido, empero, este resultado, ¿qué me proponia consemejantes amores? Seducirla o casarme, no; porque lo primero eracontrario a mis principios de moral, i lo segundo al compromisosolemne que tenia contraido de antemano. Mi objeto, pues, venia areducirse a un devaneo en que tenia mas parte el amor propio que elamor conyugal; era una especie de represalia ácia una mujer que mehabia atraido, i despues de hechizarme con arteras i fantásticasredes, en cuyo centro me habia dejado poner sin resistencia,aparentaba no ser la autora de esta situacion de intranquilidad ianhelo en que me hundia, para que yo, redoblando mis esfuerzos,parodiase la triste suerte del misionero dicho, que fué por lana ise quedó trasquilado.

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