DEDICATORIA.
¿No has escrito alguna vez una novela? me preguntaba mi esposaen uno de esos ratos de suave intimidad en que no se puede echar deménos la vida de los solteros.
-Ni sé qué decirte, la contesté, porque no conservo manuscritoninguno de este jénero, al cual, sinembargo, he sido aficionadocuando era periodista i me daba la vena por el lado de losfolletines. Pero solo me acuerdo ahora de que perdí en un viaje miobra predilecta, la novela histórica de Calarcá, el gran capitanindíjena del siglo XVII, obra que debia salir en cuatro tomos iapénas tenia concluido el primero. "El espósito afortunado," queempezé a publicar en Lima, se suspendió por el receso de laimprenta, i allá se me quedaron los borradores; i los demasescritos de esta clase se han ido rezagando a pedazos en losperiódicos por falta de tiempo.
- ¿Pero no has podido juntar siquiera alguno de tus folletines?Mira que yo soi mui decidida por tus escritos i quisiera ver algunacosa, completa, de tu pluma.
-Aguarda, sí; que debo tener un cuento histórico acabado, quesaqué de unos apuntamientos que me dió un amigo de Neiva i empezó apublicar en Honda, con el epígrafe de "Amores de estudiante."
-Acaso serian los tuyos, i por eso…
-No, querida mia, son hechos anteriores a mi vida de colejial.Pero es el caso que en 1858, cuando terminé este trabajo, se lo dipara su publicacion al señor Lázaro María Pérez i tendré quepedírselo para que lo leas, suponiendo que lo conserve. Son tantaslas novedades que han ocurrido en mi patria desde que me ausente deella!
-Pues anda en el instante donde el señor Pérez i pídele tunovela. Tengo necesidad de persuadirme de que no contiene aventurastuyas. Ve a traerla, que has escitado vivamente mi curiosidad conel título.
-Voi, la repliqué, (poniéndome el sobretodo i el sombrero;) mas,si por ventura parece, cosa que dudo mucho porque el amigo en cuyopoder se halla, ha sufrido un gran trastorno en su habitacion conmotivo de la guerra civil; si parece, te digo, no te alucines conla idea de que es una novela, porque no tiene forma de tal: esapénas una aproximacion a ella, o con mas propiedad, un cuentohistórico, referido por el mismo protagonista, a imitacion de JilBlas de Santillana. El diálogo de los personajes i la descripcionde los lugares, están allí sustituidos por cuadros de efecto moralúnicamente; i nada tiene de comun con las novelas de moda.
-Sea lo que fuere, lo que necesito es leerla pronto; pero no tedilates.
-Agur, pues; i bajando la escalera, caminando a paso largo, ievitando las detenciones tan frecuentes de los conocidos i de losimportunos, me hallé a los pocos minutos en la calle delcoliseo.
Por fortuna estaba en su casa el señor Lázaro María Pérez, quienal saber el objeto de mi embajada, esclamó con amistosasonrisa:
-Qué feliz es U, amigo mio! La obrita que me pide, fué una delas pocas que se salvaron milagrosamente de la imprenta de lanacion en el ataque del 18 de julio de 1861. A mi esposa debe U. elpoder recuperarla ahora, porque la sacó consigo por la casualidadde estarla leyendo. Aquí la tiene U. añadió abriendo un armario iponiendo en mi mano un rollo de papeles.
Díle las gracias, manifestéle mi gratitud ácia su amableconsorte, i con mayor prisa que al principio, volví a casa enanhelante busca de la mia.
Nos sentamos a leer en el momento, i bien pronto la persuadí deque no era yo tan viejo como el héroe de los "Amores deestudiante," cuyas aventuras habian sido anteriores, con mucho, amis estudios universitarios. Vencida esta primera objecion,restábanme todavía dos por satisfacer: la una relativa a lapublicacion de aquel juguete literario de mis alegres tiempos, i laotra concerniente a la forma de los orijinales, porque la primerparte era cortada de folletin impreso de "El Vapor," periódico deHonda, i la segunda i tercera estaban sin sacar en limpio iborrándose ya la tinta de lo escrito; pero el remedio de todo,surjió bien pronto de la continuacion del diálogo, al diasiguiente.
Mi esposa tuvo la galantería de dar su aprobacion a toda lahistorieta, pidiéndome solo el cambio de uua que otra frase queeran, a la verdad, de mal gusto; pero tuvo el capricho de exijirmeque la publicara.
-Ai! la respondí; tú no sabes, sin duda, cuanto ha sufrido mibolsillo con publicaciones literarias! Emprender la impresion pormi cuenta seria condenarme en costas, lo que realmente no sentiriatanto por mí, acostumbrado como estoi, a no tener amor a la plata,sino por la parte que a tí podria caberte en ese déficitimprevisto.
- ¿Pero habrá tan poca proteccion para las letras en este tuamado pais, que no halles a la mano un librero que te compre elmanuscrito, como sucede en todas partes?
-Proteccion no falta, hija mía, porque es una cosa tan barataque todos la regalan; mas el dinero es tan caro que pocos loconsiguen. Ademas, aquí no hai, como en tu tierra, la profesion delibrero.
-Cómo no? yo he visto librerías en las principales calles de laciudad, i anuncios en los periódicos de establecimientos de estaclase.
-Eso es otra cosa, sinembargo; los libreros de aquí vendenlibros impresos, pero no compran manuscritos.
-I por cierto que no comprarian el tuyo tan desaliñado como seencuentra.
-Pero tal desaliño tiene remedio: ojalá que la impresion tambienlo tuviera
-Pues bien, por lo ménos hazlo copiar en letra clara.
-Es mui sencillo: para eso tengo mi secretario. Creo que tú loconoces.
-I yo creo que no. Dime quién es?
-Ah picarona! conque tu misma no te conoces?
-Gracias por la eleccion ¿pero cuánto acostumbras pagar a tusecretario?
-Ya lo puedes imajinar: un autor no tiene mas fondo de reservaque la dedicatoria de su libro. ¿La aceptas?
-Oh sí, con mucho gusto…..
Eutónces tomé la pluma i sobre la primera pájina del cuaderno,abajo del epígrafe escribí con pulso alegre e íntima cordialidadestos renglones:
Dedicada a mi tierna i querida esposa
Cecilia Eboli de Pereira.