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INDICE
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Porfirio Barba-Jacob
FUTURO
- Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!):
- Soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento,
- en el vital deliquio por siempre insaciado,
- era una llama al viento...
- Vagó, sensual y triste, por islas de su América;
- en un pinar de Honduras vigorizó el aliento;
- a tierra mexicana le dio su rebeldía,
- su libertad, sus ímpetus... Y era una llama al viento.
- De simas no sondadas subía a las estrellas;
- un gran dolor incógnito vibraba por su acento;
- fue sabio en sus abismosy humilde, humilde,humilde
- porque no es nada una llamita al viento...
- Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales,
- que nunca humana lira jamás esclareció,
- y nadie ha comprendido su trágico lamento...
- Era una llama al viento y el viento la apagó.
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
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El hombre es cosayana, variable y ondeante...
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MONTAIGNE
- Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
- como las leves briznas al viento y al azar.
- Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
- La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.
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- Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
- como en abril el campo, que tiembla de pasión:
- bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
- el alma está brotando florestas de ilusión.
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- Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
- ¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!
- que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza
- y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
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- Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
- como la entraña oscura de oscuro pedernal:
- la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
- en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
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- Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
- que nos depara en vano su carne la mujer:
- tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
- la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
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- Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
- como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
- El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
- y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
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- Mas hay también ¡oh Tierra! un día.., un día.., un día
- en que levamos anclas para jamás volver...
- Un día en que discurren vientos ineluctables.
- ¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
ELEGÍA DE SEPTIEMBRE
- Cordero tranquilo, cordero que paces
- tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía:
- Hundiendo en el lodo las plantas fugaces
- huí de mis campos feraces
- un día.
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- Ruiseñor de la selva encantada
- que preludias el orto abrileño:
- a pesar de la fúnebre Muerte y la sombra y la nada,
- yo tuve el ensueño.
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- Sendero que vas del alcor campesino
- a perderte en la azul lontananza:
- los dioses me han hecho un regalo divino:
- la ardiente esperanza.
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- Espigas que mecen los vientos, espiga
- que conjuntas el trigo dorado:
- al influjo de soplos violentos,
- en las noches de amor, he temblado.
-
- Montaña que el sol transfigura,
- Tabor al febril mediodía,
- silente deidad en la noche estelífera y pura:
- ¡nadie supo en la tierra sombría
- mi dolor, mi temblor, mi pavura!
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- Y vosotros, rosal florecido,
- lebreles sin amo, luceros, corpúsculos,
- escuchadme esta cosa tremenda: ¡HE VIVIDO!
- He vivido con alma, con sangre, con nervios, con
- [músculos,
- y voy al olvido...
LA ESTRELLA DE LA TARDE
- Un monte azul, un pájaro viajero,
- un roble, una llanura,
- un niño, una canción... Y, sin embargo,
- nada sabemos hoy, hermano mío.
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- Bórranse los senderos en la sombra;
- el corazón del monte está cerrado;
- el perro del pastor trágicamente
- aúlla entre las hierbas del vallado.
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- Apoya tu fatiga en mi fatiga,
- que yo mi pena apoyaré en tu pena,
- y llora, como yo, por el influjo
- de la tarde traslúcida y serena.
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- Nunca sabremos nada...
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- ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante,
- vago rumor de mares en zozobra,
- emoción desatada,
- quimeras vanas, ilusión sin obra?
- Hermano mío, en la inquietud constante,
- nunca sabremos nada...
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- ¿En qué grutas de islas misteriosas
- arrullaron los Númenes tu sueño?
- ¿Quién me da los carbones irreales
- de mi ardiente pasión, y la resina
- que efunde en mis poemas su fragancia?
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- ¿Qué voz suave, que ansiedad divina
- tiene en nuestra ansiedad su resonancia?
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- Todo inquirir fracasa en el vacío,
- cual fracasan los bólidos nocturnos
- en el fondo del mar; toda pregunta
- vuelve a nosotros trémula y fallida,
- como del choque en el cantil fragoso
- la flecha por el arco despedida.
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- Hermano mío, en el impulso errante,
- nunca sabremos nada...
- Y sin embargo...
-
- ¿Que mística influencia
- vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante?
- ¿Quién prende a nuestros hombros
- manto real de púrpuras gloriosas,
- y quién a nuestras llagas
- viene y las unge y las convierte en rosas?
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- Tú, que sobre las hierbas reposabas
- de cara al cielo, dices de repente:
- La estrella de la tarde estáencendida.
- Ávidos buscan su fulgor mis ojos
- a través de la bruma, y ascendemos
- por el hilo de luz...
-
- Un grillocanta
- en los repuestos musgos del cercado,
- y un incendio de estrellas se levanta
- en tu pecho, tranquilo ante la tarde,
- y en mi pecho en la tarde sosegado...
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