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INDICE
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Héctor Rojas Herazo
EL DESEO
- El deseo es vegetal
- pide caminos
- aire
- quiere temblar en fruto
- suspenderse
- pide un cuerpo abonable
- pide un labio
- pide comer y ser comido
- quiere
- entrabarse y gemir con ramas duras.
- Gime por ser
- quiere temblar
- sentirse
- palparse desde dentro
- saberse entre las cosas respirando.
- Quiere el viento y el ala
- quiere el día
- quiere el follaje de su fuerza obscura
- brillando entre la luz hoja por hoja.
- Es vegetal por eso:
- por su destino de tiniebla y cielo
- porque rompe y emerge
- porque sube
- porque la muerte sufre con su anhelo.
SALMO DE LA DERROTA
I
- Cuando en el día hojas, aire, sonido,movimiento
- algo crispa su belfo ceniciento.
- Cuando en el saludo, en el regocijo de una simple llamada,
- el perfume de un remoto suplicio,
- algo modelado por una ambigua terquedad,
- se refleja en el dibujo de nuestro labio
- comunicándonos una piedad desconocida.
- Cuando hemos acabado de herir
- y empezamos a herir
- y aspiramos tal vez intactos
- a seguir hincando nuestro filo
- en la epidermis de una antigua dicha
- obscurecida por el temblor de la batalla.
- Cuando el sudor nos embellece con sus finas medallas.
- Cuando la faena es menor que la sed,
- y el hambre apenas otra lanza con que llagamos elinstinto.
- Cuando la ciudad se repliega y deduce
- y cada lámpara es un clamor meditado en secreto.
- Cuando el amor ¿hablamos del amor con tan ligero
- [albedrío?
- es tacto, nombre de varón y mujer,
- espesa almíbar
- donde sumerge un viscoso animal sus narices de oro.
- Entonces, oh, sí, entonces,
- hemos borrado el diezmo y la primicia
- como la letra y el número demasiado fácil
- o como el ataúd no acabado de cancelar
- impidiéndonos un cómodo reposo más allá del alguacil y el
- [sacerdote
- y la mujer que nos llamaba perro
- mientras suplicábamos por un poco de gomina
- para sosegar el martirio de nuestras guedejas de diez y
- [siete años.
-
II
- Tal vez, tal vez, decimos,
- algo de todo esto pudo haber sido la justificación.
- Pero nosotros respondemos por el engaño.
- Nuestra inocencia es asunto demasiado caro.
- Pagamos con un poco de estupor
- el corcel, la primavera, el mediodía,
- nuestra firma en un documento público.
- Oh, Dios mío, Dios mío, te suplicamos,
- como el trazo de un barrio donde tenemos el lecho y el pan
- buscamos tu dirección entre las hojas.
- ¿Pero qué, el rictus de tu pupila es suficiente?
- ¿Puedes, acaso, cubrir esta lujosa desdicha,
- este abandono suculento,
- esta nevada obscuridad,
- con el pendón de tus despojos?
- ¿Basta que nos habite tu ausencia para que hayamos
- [rebasadoel lindero?
- Hijo, hijo, me ha dicho tantas veces el retórico
- la faena está a punto de cuajar,
- tu desfallecimiento tiene algo de arribo.
- (Pero siento que mi llegada ha roto el equilibrio,
- que mi ojo es mucho más hambriento que mis vísceras,
- que un ascua, para la cual no hay agua,
- me devora la frente).
- El mundo es una camisa demasiado grande.
- Demasiado de todo esto
- de verdura, de soledad, de arena, de ángel.
- Caemos, sí, caemos,
- hacia adentro caemos.
- Sin caridad hacia nosotros contribuimos a la destrucción.
- Con alegría nos destruimos.
- Mirad, entonces, la derrota de nuestros elementos:
- nuestra sal derramada en la yerba,
- nuestro apetito en el rocío,
- nuestro plumaje, aquello que aletea en nuestra sangre,
- sin vuelo ya, sin hombre, diluido entre las piedras.
- Lo sabemos he aquí, ¡por fin!, nuestra victoria
- [rencorosa
- es hondo y lo sabemos:
- con cal y mugre y lágrima y suspiro
- no podremos nunca construir el cielo.
- Nos evaporamos
- y el cielo se evapora con nosotros.
- ¿Pero, saciarás acaso nuestro furor
- con el mendrugo de tu dulzura?
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