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INDICE
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Eduardo Carranza
SONETO A LA ROSA
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A Jorge Rojas
- En el aire quedó la rosa escrita.
- La escribió, a tenue pulso, la mañana.
- Y, puesta su mejilla en la ventana
- de la luz, a lo azul cumple la cita.
- Casi perfecta y sin razón medita
- ensimismada en su hermosura vana;
- no la toca el olvido, no la afana
- con su pena de amor la margarita.
- A la luna no más tiende los brazos
- de aroma y anda con secretos pasos
- de aroma, nada más, hacia su estrella.
- Existe, inaccesible a quien la cante,
- de todas sus espinas ignorante,
- mientras el ruiseñor muere por ella.
EL OLVIDADO
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A Jorge GaitánDurán
- Ahora tengo sed y mi amante es el agua.
- Vengo de lo lejano, de unos ojos oscuros.
- Ahora soy del hondo reino de los dormidos;
- allí me reconozco, me encuentro con mi alma.
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- La noche a picotazos roe mi corazón,
- y me bebe la sangre el sol de los dormidos;
- ando muerto de sed y toco una campana
- para llamar el agua delgada que me ama.
-
- Yo soy el olvidado. Quiero un ramo de agua;
- quiero una fresca orilla de arena enternecida,
- y esperar una flor, de nombre margarita,
- para callar con ella apoyada en el pecho.
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- Nadie podrá quitarme un beso, una mirada.
- Ni aun la muerte podrá borrar este perfume.
- Voy cubierto de sueños, y esta fosforescencia
- que veis es el recuerdo del mar de los dormidos.
EL INSOMNE
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A AlbertoWarnier
- A alguien oí subir por la escalera.
- Eran altas las tres de la mañana.
- Callaban el rocío y la campana.
-
Sólo el tenue crujir de la madera.
- No eran mis hijos. Mi hija no era.
- Ni el són del tiempo en mi cabeza cana.
- (Deliraba de estrellas la ventana).
- Tampoco el paso que mi sangre espera...
- Sonó un reloj en la desierta casa.
- Alguien dijo mi nombre y apellido.
- Nombrado me sentí por vez primera.
- No es de ángel o amigo lo que pasa
- en esa voz de acento conocido...
-
A alguien sentí subir por la escalera...
GALOPE SÚBITO
- A veces cruza mi pecho dormido
- una alada magnolia gimiendo,
- con su aroma lascivo, una campana
- tocando a fuego, a besos,
- una soga llanera
- que enlaza una cintura,
- una roja invasión de hormigas blancas,
- una venada oteando el paraíso
- jadeante, alzado el cuello
- hacia el éxtasis,
- una falda de cámbulos,
- un barco que da tumbos
- por ebrio mar de noche y de cabellos
- un suspiro, un pañuelo que delira
- bordado con diez letras
- y el laurel de la sangre,
- un desbocado vendaval, un cielo
- que ruge como un tigre,
- el puñal de la estrella fugaz
- que sólo dos desde un balcón han visto,
- un sorbo delirante de vino besador,
- una piedra de otro planeta silbando
- como la leña verde cuando arde,
- un penetrante río que busca locamente
- su desenlace o desembocadura
- donde nada la Bella Nadadora,
- un raudal de manzana y roja miel,
- el arañazo de la ortiga más dulce,
- la sombra azul que baila en el mar de Ceilán,
- tejiendo su delirio,
- un clarín victorioso levantado hacia el alba,
- la doble alondra del color del maíz
- volando sobre un celeste infierno
- y veo, dormido, un precipicio súbito
- y volar o morir...
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- A veces cruza mi pecho dormido
- una persona o viento,
- un enjambre o relámpago,
- un súbito galope:
- es el amor que pasa en la grupa de un potro
- y se hunde en el tiempo hacia el mar y la muerte.
EPÍSTOLA MORTAL
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In memoriamLeopoldo Panero "
y no hallé cosa en qué poner los ojos que no fuera el recuerdo de la muerte". QUEVEDO
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- Miro un retrato: todos están muertos:
- poetas que adoró mi adolescencia.
- Ojeo un álbum familiar y pasan
- trajes y sombras y perfumes muertos.
- (Desangrados de azul yacen mis sueños).
- El amigo y la novia ya no existen:
- la mano de Tomás Vargas Osorio
- que narraba este mundo, el otro mundo...
- la sonrisa de la Prima Morena
- que era como una flor que no termina
- desvanecida en alma y en aroma...
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- Cae el Diluvio Universal del tiempo.
- Como una torre se derrumba todo.
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"Las torres que desprecio al airefueron"
- Voy andando entre ruinas y epitafios
- por una larga Vía de Cipreses
- que sombrean suspiros y sepulcros.
- Aquí yace mi alma de veinte años
- con su rosa de fuego entre los dedos.
- Aquí están los escombros de un ensueño.
- Aquí yace una tarde conocida.
- Y una rosa cortada en una mano
- y, una mano cortada en una rosa.
- Y una cruz de violetas me señala
- la tumba de una noche delirante...
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- Hojeo el "Cromos" de los años treinta:
- lánguidas señoritas cuyos pechos
- salían del "Cantar de los Cantares",
- caballeros que salen del fox-trot,
- sonreídos, gardenia en el ojal,
- (y tú, patinadora, ¿a quién sonríes?)
- Y esos rostros morenos o dorados
- que amó un niño precoz perdidamente.
- Amigos, mis amigas, mis amigos,
- compañeros de viaje y no-me-olvides:
- Teresa, Alicia, Margarita, Laura,
- Rosario, Luz, María, Inés, Elvira...
- con sus pálidas caras asomadas
- en las ventanas desaparecidas...
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- Panero, Souvirón y Carlos Lara,
- Pablo Neruda y Jorge Zalamea,
- Jorge Gaitán y Cote y Julio Borda,
- Mario Paredes, Mallarino, Alzate
- frente a sus copas de vino invisible
- en sus asientos desaparecidos:
- están aquí, no están, pero sí están:
-
- (!Oh margarita gris de los sepulcros!)...
-
"Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
- como una blanca tempestad de arena".
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- El que primero atravesó el océano
- volando solo, solo con su Arcángel,
- y aquel en cuya frente ardía ya
- el incendio maldito de Hiroshima,
- los guerreros que al aire alzan el brazo
- y la palabra libre como un águila
- y aviones y estandartes y legiones
- pasan cantando, pasan, ya van muertos:
- adelante la muerte va a caballo,
- en un caballo muerto.
- La tierra es un redondo cementerio
- y es el cielo una losa funeral.
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- El Nuncio, el Arzobispo, el Santo Padre
- hacia su muerte caminando van:
- nadie les grita: ¡detened el paso!
- que ya estáis en la orilla: el precipicio
- que cae sobre el Reino del Espanto
- y en cada paso vais hacia el ayer
- y de un momento a otro cae el cielo
- hecho trizas sobre vuestras Altezas...
- Somos arrendatarios de la muerte.
- (A nuestra espalda, sigilosamente
- cuando estamos dormidos,
- sin avisarnos se urden muchas cosas
- como incendios, naufragios y batallas
- y terremotos de iracundo puño...
- que de repente borran de este mundo
- el rostro del ahora y del ayer,
- llámase amor o sangre y ojos negros...
- Y nadie nos había dicho nada.
- Alguien sabe el revés de los tapices,
- digo, de vuestra vida,
- y es el otro, el fantasma quien lo teje...).
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- Las niñas de Primera Comunión
- de cuyas manos vuela una paloma,
- las blancas novias que arden en su hoguera,
- días y bailes, reyes destronados
- y coronas caídas en el polvo,
- la manzana y el cámbulo, el turpial,
- el tigre, la venada, los pescados,
- el rocío, mi sombra, estas palabras:
- ¡todo murió mañana! ya está muerto.
- El polvo es nuestra cara verdadera.
- Los Presidentes y los Generales
- asomados al sueño del Poder
- sobre un río de espadas y banderas
- llevadas por las manos de los muertos,
- el agua, el fuego, el viento, la sortija,
- los ojos que ofrecían el infinito
- y eran dueños de nada,
- los cabellos, las manos que soñaban...
- "¡fueron sino rocío de los prados"!
-
- La Dama Azul, las flores, las guitarras,
- el vino loco, la rosa secreta,
- el dinero como un perro amarillo,
- la gloria en su corcel desenfrenado
- y la sonrisa que ya es ceniza,
- el actor y las Reinas de Belleza
- con su cetro de polvo, el bachiller,
- el cura y el doctor recién graduados
- que sueñan con la mano en la mejilla:
- muertos están, si que también las lágrimas:
- Todo fue como un vino derramado
- en la porosa tierra del olvido.
- Tánto amor, tanto anhelo, tánto fuego:
- dime, oh Dios mío, ¿en cuál mar van a dar?
- "¿Los yunques y troqueles de mi alma
- trabajan para el polvo y para el viento?".
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- Por el mar, por el aire, por el Llano,
- por el día, en la noche, a toda hora,
- vienen vivos y muertos, todos muertos
- y desembocan en el corazón
- donde un instante salen a las flores,
- los labios delirantes y las nubes
- y siguen tiempo abajo, sangre abajo:
- ¡somos antepasados de otros muertos!
- Todo cae, se esfuma, se despide
- y yo mismo me estoy diciendo adiós
- y me vuelvo a mirar, me dejo solo,
- abandonado en este cementerio.
- Allá mi corazón está enterrado
- como una hazaña luminosa y pura.
- Miro en torno, los ojos entornados:
- todos estamos contra el paredón:
- sólo esperamos el tiro de gracia:
- todos estamos muertos, muertos, muertos:
- los de Ayer, los de Hoy, los de Mañana...
- sembrados ya de trigo o de palmeras,
- de rosales o simplemente yerba:
- nadie nos llora, nadie nos recuerda.
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- Sobre este poema vuela un cuervo.
- Y lo escribe una mano de ceniza.
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