Asno de San José y del carbonero,
triste vehículo que liga al pobre diablo
y al ricachón ufano,
que llevas todas las mañanas trotandito
el agrio sudor del campesino
tornando frutas olorosas,
parda yuca, verde plátano,
pepino del silvestre
y la hoja gentil y complicada
de los cilandros grandes y pequenos.
Si la preñada está en el mes,
que vaya en burro;
que el viejo puede dar un paso apenas
porque la tierra ya lo está llamando,
que monte en burro;
que el muchacho es harto chico
para llevar la leche al pueblo,
que vaya en burro, pues...
Asno de San José y del fullero rural,
del acordeonista y del maestro
que hace treinta años peina canas;
asno que traes el agua,
que llevas la santa medicina,
asno de infancia triste y corta
cuya vejez es larga
y mucho más triste todavía...
De pequeño, dulces ojos ingenuos,
pelo largo, mansedumbre,
y un amor sin nombre
hacia las flacas sombras de las bayas hondas...
Después, orejas largas y caídas,
muertas como cáscaras inútiles
sobre la noble frente añubascada.
Después, el trago amargo de la larga caminata,
los excesivos pesos,
las rojas y opacas mataduras,
y muy de tarde en tarde la blanca manecita
de un niño que acaricia lentamente
los doloridos belfos
en donde ya la espina
no halla en dónde clavar
su única garra.
Después, la ancha sabana,
los abrojos florecidos de amarillo,
el pasto inaccesible,
las pedradas,
los insultos,
el duro hueso que va rompiendo poco a poco
el pellejo sin pelos
y mil guazábaras clavadas
en las ancas, en las patas y en los belfos...
Asno de San José y del carbonero,
triste y tardo vehículo que liga l
o rural y paupérrimo
con el alarde urbano de la aldea,
asno de infancia inútil y alegre
cuya vejez, como todas,
se detienen en la puerta
abierta de par en par
del otro mundo...
Héctor Incháustegui Cabral
(1912 - )
Dominicano.
303 LOS ASNOS
Canto a los grandes, a los lentos,
a los antiguamente ungidos
por el óleo de los portentos,
a los amables preferidos
de los santos advenimientos.
Venís desde lo más remoto,
camináis hacia el infinito,
coméis el amnésico loto
del apolide y del proscrito.
Antes de Cristo, en Cristo, y
después de Cristo, dais al mundo
vuestro bíblico frenesí
por Balaam; vuestro jocundo
rebuzno, vulgar y plebeyo,
confiáis a la risa del mundo
en la palabra de Apuleyo.
Santificasteis los recintos,
y sin miedo a rudos azotes,
censurasteis desde los plintos
la farsa de los sacerdotes.
Erais sagrados y divinos,
y en civilizaciones viejas
bebisteis en vasos murrinos
el tesoro de las abejas.
Tuvisteis heroica prestancia,
y sin inferior arrogancia,
para vuestro cristiano bien,
os dio su equívoca fragancia
el dulce establo de Belén.
Asnos pacientes, vuestra vida,
de una evangélica dulzura,
marcha a la Tierra Prometida,
por la senda de la Escritura.
Jerusalén enardecido
contempló vuestro lento paso,
y huyó al Olimpo del olvido
la sombra augusta de Pegaso.
Se ha olvidado vuestro linaje
de tan alta naturaleza...
Ya no se os rinde el homenaje
que reclama vuestra nobleza.
Uncidos a carros pequeños,
soñadores entristecidos,
vais reflejando antiguos sueños
en vuestros ojos afligidos.
Ynada alegre el eco largo
de vuestro rebuzno suscita:
ahora rumiáis el heno amargo
del buen pesebre betlemita.
Cansados, tristes y mohinos,
mi ya depauperada fe,
cuando os halla por los caminos,
os pregunta por San José;
dolida al ver que ni un asomo
de santidad lleváis arriba,
y que cabalga en vuestro lomo
un fariseo o un escriba.
Que aurora os dé sus escenarios
para magnas apoteosis,
oh evangélicos dignatarios
de las viejas metempsicosis!
Que vuestras orejas felpudas,
enhiestas y desmesuradas,
no escuchen las voces agudas
de las futuras mascaradas.
Asnos benditos, asnos buenos,
a toda innoble causa ajenos,
y a toda mente ilustre gratos.
Os amo por vuestra humildad,
pues está llena de incitatos
la cuadra de la Humanidad!
Agustín Acosta
(1886- )
Cubano.
304 EL ASNO
En la dehesa, sátiro; en el corral, asceta;
paciente como Job, como Falstaff deforme,
con gravedad de apóstol,
sobre la frente quieta lleva los dos apéndices
de su cabeza enorme.
Ni la hartura le halaga ni el ayuno le aprieta;
con su destino vive, si no feliz, conforme,
y prolonga su efigie de contrahecho atleta
en una innumerable generación biforme.
Vivió noches amargas; tuvo días lozanos;
le cabalgaron númenes; le afligieron villanos;
unas veces, la jáquima; otras veces, el freno.
Honores y trabajos tiempo ha los dio al olvido,
pero siempre recuerda su pellejo curtido
la presión inefable del dulce Nazareno.
Julio Vicuña Cifuentes
(1865-1936)
Chileno.
305 EL ASNO
II
¿Y la bondad, y la bondad florida?...
¿Ya no quedan raíces de esta planta en la vida?
¿No andará, por las grietas de la tierra, escondida?
¿Ya no hay bondad, ya no hay bondad florida?...
-Tú, que me miras grave con tus ojos tristones,
¡oh, rucio de trapero, cosido a costurones!,
di: ¿no hallaste, estos días, por entre estos montones,
los restos de la planta de mis salutaciones?...
¡Oh, rucio de trapero, qué lindos ojos pones!
¡Qué lindos ojos tristes de niño envejecido!
¡Qué ojos, soñando un goce que no te han concedido!
Tú conoces la planta porque no la has tenido;
de tanto desearla, su virtud has cogido.
Tu martirio en silencio pide una letanía;
el vaho, cuando sudas, se te hace poesía,
y del vello que cubre tus lomos, tejería
su cenicienta túnica Madre Melancolía.
Tus sedosas pestañas se cierran maquinales
ante la dura sombra de las cosas reales;
y guardan, codiciosas, tus pupilas sensuales
la verde maravilla de los campos natales.
¡Oh, pobre rucio flaco!... En tu frente hayseñales...
En tu frente hay señales que me quitan la venda;
bajo tus pobres patas florece la leyenda; el aire,
cuando avanzas, parece que se encienda;
toda tu mansedumbre solicita una ofrenda.
Veo un camino de árboles en floridas arcadas,
y veo casas blancas sobre azul destacadas,
y palomas que flotan por el aire a bandadas;
¡y me llega un rumor de palmas agitadas!
Hay una muchedumbre que se lanza a un camino,
salen brazos desnudos de las mangas de lino,
van los niños por alto en el sol matutino,
las mujeres se empinan sobre, el hombro vecino...
Se hace blando, en las rosas, el andar de un pollino y,
entre lo más humano, pasa lo más divino...
Aun conservas señales de la gran maravilla,
oh, pobre rucio flaco!; y, al andar, tu rodilla
en una involuntaria genuflexión se humilla;
aun tiene santidad tu buena fe sencilla.
-¡Ah!... Vengamos a cuentas: los tigres, losreptiles,
los erizos huraños, los camellos civiles,
y vosotros, rebaños que pululáis a miles
por estos verdes trigos y estos montes cerriles:
Yo, sobre todos juntos, colocaré este asnillo, porque fue,
en los dolores, laborioso y sencillo;
porque llevó al mercado su carga cada día y en los camposnatales soñó,
cuando dormía;
porque su alma doméstica santamente se avino
con la gallina y con el cerdo, su vecino;
porque, sin proclamarlo pomposo sacrificio,
su vida fue una fuerza y su fuerza un servicio;
porque, poco orgulloso de sus carnes enjutas,
gozó llevando a cuestas una carga de frutas;
porque, jamás avara,
su alma espléndida y larga no cambiaba de dueño
y cambiaba de carga;
y porque, visionario, no troté nunca,
como cuando llevaba flores
-lo a Jesús!- en el lomo,
Eduardo Marquina
(1879-1946)
Español.
306
AL ASNO
Oh,
|
triste y silencioso, meditabundo
filósofo orejudo, tuyo es el mundo!
Tuyo el verdor del campo, tuya
la esplendidez de la campiña, en cuya
opulencia lozana, las primaveras
hacen brillar el alma de las praderas.
Juan Francisco Bedregal
(1882-1947)
Boliviano.
307 BIOGRAFIA HUMILDE
Asno: príncipe bíblico, transportador de dioses...
Cargada está de aureolas tu antiquísima raza;
hueles a nacimiento, a pesebre, a establo,
a palmas de victoria y a bienaventuranzas...
Tenor en decadencia, tu voz se ha vuelto escándalo.
Pobre judío errante, sin usuras ni lujos,
hace miles de años que no cambias de terno
y tu elegante frac lo ha desteñido el uso...
Ermitaño salvaje, meditas el breviario
que el rondador del indio dice con triste dejo;
y como si asumieras el dolor de su raza,
tienes el pesimista caminar de los reos...
Tus ojos son dos negras recetas de dulzura;
cultivas el silencio como la hierba buena.
Oh discipulo amado de Platón o Aristóteles!
eres el proletario reloj de las aldeas.
Gozas como un buen sabio, en espantar las moscas,
dar coces a los perros, a los diablos patadas,
arrancar con los dientes la hierba del camino
y escribir jeroglíficos de cristal en el agua...
Tú insultaste a Balaam en hebreo legitimo,
y, por sabio que tiene rebeldías audaces,
te castigó el Eterno, como a los niños malos
con dos orejas grises, lanudas y gigantes...
Yo se que irás al cielo con sayal franciscano
a ponerte a las órdenes del divino portero;
pero, óyeme: allá arriba, no entones los maitines
ni espantes con tu rabo las estrellas del cielo.
Manuel Zabala Ruiz
(1929- )
Ecuatoriano.
308 ESCULTURA DE UN ASNO
Entre los pelos de aquel asno
habían brotado violetas y margaritas
y por las vidrieras de sus ojos asomaban
dos princesas cautivas y encantadas
los ventiladores de sus orejas
eléctricamente se movían
escépticos audífonos
que no disciernen nada teleológico
ni en el zumbido de los tábanos
ni en los mensajes inalámbricos
sus cascos eran cuatro guijarros
pulidos por las aguas de la Vida
su tardío rebuzno es su fervor poético
y su silencio su sabiduría
y entre la inefable suavidad de sus belfos
no saben los cardos si los deshoja el viento
del asno el rebuzno
asierra la pradera
en un zig-zag acústico
y crepuscular se dilacera
del silencio en la honda cisterna
nimbando con haces concéntricos
sobre el lomo del asno
por cada cardo hay una estrella
un domingo que como todos para el asno
fue Domingo de Ramos.
José Juan Tablada
(1871- 1945)
Mejicano.