INDICE




CAPITULO I

LEGACIÓN EN EL ECUADOR


Acércase Mosquera a Pasto. - El doctor Cuervo se niega a ir a las conferencias de este lugar. - Lo que en ellas se trató. - Recibe el doctor Cuervo nuevas instrucciones. - Cambios de la opinión en Bogotá con respecto a él. - Comunicación que dirige sobre la provincia de Pasto. - Fin de la campaña de Flores y lo que de ella sacó el Ecuador. - Especulaciones con la deuda granadina. - Consigue el doctor Cuervo el sometimiento de Panamá. - Cómo fue recibido este suceso en Bogotá. - Disgustos que causó al doctor Cuervo. - Reclama éste la extradición de Obando. - Juicios que se hicieron en la Nueva Granada sobre la conducta del doctor Cuervo durante su misión. - Su manejo privado en Quito.



Terminadas las conferencias de Túquerres, pensó Flores en mover su campo, y saliendo de este lugar el 8, reocupó a Pasto el 12. El doctor Cuervo, que se fue a Ibarra para observar los acontecimientos, cuidó mucho de no intervenir ni con la indicación más ligera en movimientos que no podía apoyar sino sacrificando sus principios respecto de toda intervención extranjera, ni tampoco contrariarlos sin atacar el depósito de Pasto hecho en el gobierno del Ecuador. Acercábase a la sazón el general Mosquera, y con esto renacieron las esperanzas del ministro granadino, pues no olvidaba que desde Cali le había escrito aquél en 16 de julio que "sus valientes tropas traerían el estandarte de las leyes hasta el Carchi, y que entre tanto prestaría a los pueblos de la provincia de Pasto la protección que imploraban para sostener su resolución de no separarse de la sociedad granadina", y que luégo desde Popayán le aseguraba (como arriba queda apuntado) que tenía cuatro mil hombres llenos de entusiasmo y resueltos a acometer las más arduas empresas. En previsión pues de una guerra próxima comenzó a recoger todos los datos posibles sobre el estado político, militar y rentístico del Ecuador, y a preparar la opinión tanto en Pasto como en el exterior, cuidando de imponer a Mosquera de todos sus pasos con cuanta reserva y discreción requería la gravedad de las circunstancias. Le indicó además y aun le suplicó enviase una persona de confianza con quien conferenciar para ponerse todos de acuerdo. Fue efectivamente el general Joaquín Barriga, pero en lugar de las halagüeñas noticias que de él aguardaba, supo que Mosquera, facultado para entrar en negociaciones, no tenía ni con mucho los ponderados cuatro mil hombres, y que, lejos de pensar en pedir reparaciones a Flores, estaba en buena inteligencia con él y dispuesto a pasar por la cesión del territorio. Aumentóse la amargura de este desengaño con saber que todavía se hallaba la República en estado de guerra.

Desde antes le habían invitado premiosamente los dos generales a abocarse con ellos en Pasto: "Véngase usted volando, volando (le escribía Flores el 29 de septiembre). Yo le suplico a usted que lo haga por la patria y por mi amistad. ¿Podrá usted resistirse a tal invitación? No lo creo." Sin hablar de aquellos motivos reservados que en su concepto hacían más provechosa su asistencia en Quito, miraba como razón plausible para esquivar su presencia el mal cumplimiento que daba el Ecuador a los compromisos que con él había contraído. Erale notorio por una parte que Flores continuaba acogiendo en el Ecuador a los facciosos que se iban presentando, y por otra que el comandante Víctor Sanmiguel, enviado a Bogotá con voz de dar las explicaciones prometidas en la Convención de junio, no había desempeñado otra comisión que la de tiznar al representante de la Nueva Granada en el Ecuador, sembrando contra él las especies más adecuadas a traerle la odiosidad pública en aquella época de implacable exaltación. Viendo pues ahora que sólo se pretendía autorizar con su presencia conciertos ajenos de sus principios y contrarios a sus instrucciones, se cerró en la resolución dicha. No por eso dejó de significar a Mosquera cuáles eran a su entender las bases que debían tomarse para la negociación: reconocimiento y pago de lo que adeudase la Nueva Granada al Ecuador por los auxilios prestados hasta la fecha del pronunciamiento de Pasto, y fijación de preliminares para un buen tratado de comercio; en cuanto a límites se ciñó a indicar que por diversos actos era ya manifiesta la voluntad de Pasto en este punto, y que de contrariarla no se obtendría otra cosa que un levantamiento como el que tan funesto fue a las dos naciones en julio anterior.

No habían pasado cuatro días de la llegada de Barriga a Quito, cuando recibió el doctor Cuervo carta de Mosquera, en que desentendiéndose de cuanto con anterioridad había dicho oficial y privadamente acerca de los motivos de queja que había con el Ecuador, se mostraba sentidísimo de que no hubiese ido a tomar parte en las negociaciones, que pararon en los |esponsales de 4 de noviembre, arriba mencionados; y al mismo tiempo Flores, a quien Mosquera con reprensible ligereza, para no usar un calificativo más justo, había mostrado las cartas del doctor Cuervo, le escribía acriminando su conducta.

Ya dijimos algo sobre uno de los puntos que se arreglaron en la esponsión; falta hablar de las conferencias que le precedieron y del espíritu con que se juntaron los dos jefes. Flores, empeñado en sincerarse, halló favorable ocasión para desfogar el resentimiento que abrigaba contra el doctor Cuervo, por la energía con que había contrariado sus pretensiones, y no pensó en otra cosa que en hacerle odioso en la Nueva Granada. Mosquera, dolorido por las pérdidas que a él y a sus allegados había causado la ocupación de Popayán por los facciosos, no vacilaba en escribir que "en la alternativa de ser dominados por Obando o por el Ecuador, para él, como para todos los habitantes de las provincias del Cauca que valen algo, es una cosa decidida escoger el último partido"; agregando que "le era agradable saber que el Gobierno estuviese satisfecho de no haberse prestado el doctor Cuervo a pedir el auxilio ecuatoriano para Popayán, pues con esto descargaba en el primero la responsabilidad moral que pesaba sobre él" | (1) . Con estos sentimientos, el general granadino no volvió por el representante de su patria en la nación vecina, antes bien esforzó las acusaciones del enemigo. De acuerdo quedaron ambos generales en que Popayán se habría salvado de caer en manos de Obando, y la guerra civil no se hubiera prolongado tánto, con sólo que el ministro granadino no se opusiera tercamente al auxilio que pedían Márquez, Mosquera y Borrero, y que Flores generosamente brindaba; conformes estuvieron en que no había motivo alguno de queja por la anexión de Pasto y Túquerres desde que el general ecuatoriano la había comunicado al doctor Cuervo; y también en que el envío de Villamil como comisionado al campamento de Obando procedía de haber indicado el ministro granadino la conveniencia de que el gobierno ecuatoriano interpusiese su amistosa mediación entre los dos contendores. Leamos lo que sobre esto escribió el doctor Cuervo a Mosquera el 17 de noviembre de 1841:

"El general Flores se ha desahogado anchamente contra mí en las conferencias. Hablando del auxilio de Popayán omite: 1° Que el vicepresidente de la República, el señor Rocafuerte y otras personas notables se opusieron fuertemente a que se prestase; 2 Que después de esto me había asegurado que cuatrocientos hombres ecuatorianos irían con la guardia nacional de Pasto a aquella ciudad, para lo cual escribió a Carmen López, y no se verificó la marcha por miedos y embrollos de este jefe, y 3° Que cuando el señor Márquez le escribió pidiéndole dos mil hombres para que siguiesen a Bogotá, se negó a ello porque no les tenía preparados, porque estando para reunirse el congreso necesitaba obtener su consentimiento, y porque el Ecuador estaba entonces en una situación alarmante a causa del calor de los partidos.

"Los pronunciamientos de Pasto y Túquerres no podían justificarse, ni yo podía guardar silencio acerca de ellos, porque el general Flores me hubiese escrito una carta particular que en ningún caso ponía a salvo mi responsabilidad. El no está reconocido ostensiblemente por autócrata del Ecuador, estaba entonces separado del gobierno, y yo no podía entenderme sino con el ministro de relaciones exteriores, quien me negó las explicaciones que oportunamente pedí, y ahora se han dado porque usted venía con tres mil soldados, y porque era necesario recriminarse de todas maneras.

"Usted habrá visto que yo no solicité la mediación ecuatoriana, que lo que sobre este particular aduje en mi protesta de 31 de mayo fue más bien un reproche a la conducta doble y falaz del gobierno ecuatoriano. Es muy ridículo que con esto quiera cohonestar la comisión de Villamil a Popayán, el libre tránsito por el Ecuador concedido a los jefes y oficiales de Obando y las conferencias con el comisionado de éste, a las cuales se les dio un giro diferente después de la noticia de La Chanca, ocultándose lo tratado anteriormente. ¿Por qué ha olvidado el general Flores hacer merito con usted, como lo hizo con Brusual, de las cartas en que yo le dije muchas veces que no transigiría con Obando, enemigo implacable de mi patria? ¿No quiere decir esto que su intención ha sido malquistarme y perderme con los hombres de todos los partidos de la Nueva Granada?

"Sobre estos y otros hechos he tenido ahora largas conferencias con dicho general delante de varias personas notables del Ecuador, y si no me engaño, el juicio de éstas me ha sido favorable. ¿Podré esperar que también lo sea el de mis compatriotas? Mucho lo dudo, así porque a la distancia se desfiguran los hechos, como porque tengo un enemigo fuerte y sagaz de quien hay que temer y esperar mucho más que de un patriota que no tiene en su apoyo sino su honradez y la noble causa que ha defendido. Si se me inmola a la venganza del general Flores, aceptaré con resignación el sacrificio, pero mi reputación quedará inmaculada."

Con igual razón escribía por el mismo tiempo al general Herrán: "Ya sabrás el giro dado en Pasto a nuestros negocios con el Ecuador. El general Flores se ha presentado como un santo, haciéndome aparecer a mí como un demonio. La lealtad, el desinterés, la circunspección y la cordura han estado de su parte y de la de su gobierno; en mí, todo ha sido malo. En Pasto se me siguió un consejo de guerra, tuve muchos fiscales, muy pocos defensores, y mis jueces fueron apasionados. El proceso  ha pasado a Bogotá, y allí será sentenciado en última instancia. Mi causa es la del gobierno granadino, la del honor y dignidad de la nación, bienes que son más estimables y de más difícil reparación que la libertad misma, cuando son perdidos.''

Quedóle sí la triste satisfacción de no haber concurrido a composiciones que, si no son de extrañarse entre jefes militares, hubieran caído muy mal en su carácter diplomático. Cierto que su decoro se hubiera resistido a consentir en que fuesen premiados con grados en el ejército granadino varios jefes Ecuatorianos, entre ellos el que había desacatado gravemente al gobernador de Pasto, y que fuese honrado este mismo gobernador, como en premio de su poca firmeza. con el título de comandante y comisario de guerra del ejército del Ecuador; para no hablar mas de otros sujetos todavía menos acreedores a distinción alguna.

Por efecto de los convenios de Pasto las fuerzas del Ecuador evacuaron el territorio de la Nueva Granada. Flores entró a Quito con solemne triunfo el 15 de noviembre. La adulación le ofrendó toda linaje de honores, entre ellos el título de doctor conferido por el cuerpo universitario.

Mientras estaba el doctor Cuervo mortificado así con semejantes contrariedades, llegó a sus manos, después de largo rodeo | (2) , una comunicación de su gobierno, fechada el 2 de agosto, en que sé le decía:

"Por nota de V. S. de 2 de mayo, muy tarde recibida, se ha instruído el gobierno de las pretensiones y pérfida conducta del general Flores y del gobierno ecuatoriano. Después del triunfo de La Chanca fueron hallados en el campo de Obando varios documentos que han hecho conocer al poder ejecutivo los pronunciamientos de Pasto y Túquerres uniéndose al Ecuador, y la acogida dada a estos actos por el gobierno de esa República. La conducta de ese gobierno es notoriamente indigna y pérfida; no obstante, las circunstancias en que se encuentra la Nueva Granada la obligan a disimular el agravio y diferir su satisfacción y el arreglo de la cuestión. Aunque las tropas constitucionales triunfan por todas partes, el partido desorganizador, titulado la oposición, no disminuye ni cede. Calla hoy, pero maquina con el mismo tesón que antes y aprovechará cualquiera ocasión para lanzarse en otra rebelión. Un rompimiento en estas circunstancias sería peligroso, y el poder ejecutivo cree que lo más conveniente es diferir la cuestión cuanto lo permitan el honor y la dignidad de la nación, hasta que restablecido el orden en toda la República y afirmado más sólidamente el gobierno, pueda atender con todos los recursos al grave objeto que examino. Como según los informes que el poder ejecutivo ha recibido, el general Flores, que es quien por parte del Ecuador dirige todo lo relativo a este negocio, se halla actualmente en Pasto y entrará en comunicaciones con el general en jefe de nuestras tropas, se dan con esta fecha al general Mosquera las instrucciones que en copia dirijo a V. S."

Estas instrucciones son a la letra como sigue:

"Por parte de la Nueva Granada debe procederse de manera que le quede una salida honrosa al Ecuador, para no comprometerlo a resistir o llevar adelante los pasos dados. Es necesario hablar en el sentido de que los pronunciamientos de Pasto y Túquerres y la acogida dada a ellos por el gobierno del Ecuador no han tenido lugar sino en el supuesto de que la facción capitaneada por Obando triunfaría y que desapareciera el gobierno constitucional; pero que en el supuesto contrario tales actos serían de ningún valor. V. S. debe ponerse en comunicación con el general Flores y solicitar que se retiren las fuerzas ecuatorianas como innecesarias ya al objeto con que se recibió su auxilio. Procurará con toda diligencia persuadirle de que el gobierno granadino no ha dudado de su sinceridad y buena fe, ni sospechado ninguna pretensión injusta y alevosa de su parte sobre el territorio de la Nueva Granada. La remisión a dicho general de una copia de los actos legislativos en que se dispone que se den las gracias a aquel gobierno y al general Flores por su cooperación al restablecimiento del orden en la Nueva Granada y en que se ordena lo conveniente para el pago de las tropas ecuatoriana auxiliares, ofrecerá una ocasión oportuna para esta manifestación. La presentación del primero de estos actos al gobierno del Ecuador debe hacerla nuestro encargado de negocios cerca de él. El lenguaje y los pensamientos deben ser los que se usarían en el supuesto de que por parte de aquel jefe y de su gobierno no hubiese nada que mereciera queja y reconvenciones de nuestra parte. Es innecesario recomendar a V. S. cuánto interesa evitar todo lo que pudiera ser causa de ofensa o de desabrimiento hacia el general Flores, de quien exclusivamente depende todo lo que se haga a nombre del Ecuador. Si se pusiere como condición para evacuar la provincia de Pasto el pago de los gastos hechos por el Ecuador en las tropas auxiliares, V. S. se apresurará a arreglar este negocio de la manera más conveniente, contando con que el tesoro público está hoy exhausto; que por otra parte es más económico obligarse a condiciones gravosas para hacer el pago dentro de algún tiempo, que exponer la República a una guerra en que necesariamente consumiría cien veces más, aunque el éxito le fuera decisivo. Particularmente está convenido con S. E. el general Herrán que no entablaría ninguna gestión sobre arreglo de límites entre las dos repúblicas sin haber antes evacuado las tropas ecuatorianas el territorio de la Nueva Granada. Este es un punto sobre el cual V. S. debe recalcar constantemente. No conviene dejar entrever a general Flores que la Nueva Granada no convendrá en ningún arreglo de límites que deje al Ecuador la parte de territorio que apetece; pero tampoco debe hacerse sobre esto ninguna promesa positiva. Debe sí hacerse entrever que el pueblo de la Nueva Granada en ningún tiempo consentiría en que por vía de hecho se le arrebatase una parte de territorio: que intentarlo sería sancionar la enemistad perpetua de las dos naciones; lo que sería el efecto más funesto que acontecimiento alguno pudiera producir para los dos países. Lo más conveniente pues, en concepto del poder ejecutivo, es procurar por medios suaves la evacuación de la provincia de Pasto por las tropas ecuatorianas, dejando pendiente la cuestión de un nuevo arreglo de límites para cuando, retiradas las tropas auxiliares, pueda darse principio a la negociación, la cual no será difícil prolongar hasta que restablecido el orden en toda la República pueda el gobierno hacer valer sus derechos por medio de la fuerza si fuere necesario, sin exponer la nación a los gravísimos riesgos que hoy correría si tuviese lugar un rompimiento con el Ecuador. No cree el poder ejecutivo que deban darse a V.S. instrucciones detalladas sobre el modo de conducir este negocio al fin que se propone; y descansa confiando en la acreditada discreción e ilustrado juicio de V. S. que salvará justamente el decoro nacional y la paz y seguridad de toda la República."

El doctor Cuervo vio que para seguir esta política ningún esfuerzo había tenido que hacer Mosquera, pues que le bastó no contradecir en nada a Flores y convenir en la cesión del territorio, salvando la responsabilidad de su opinión en este punto con exponer que carecía de autorización; él, por el contrario, se encontró en el conflicto más desagradable, porque tenía que contrariar sus sentimientos y en cierto modo desdecirse de los cargos y protestas ruidosas que había hecho. Puesto en contradicción consigo mismo, pidió en seguida sus letras de retiro, empeñando con instancia a todos sus amigos para conseguirlas; pero el gobierno no consintió en ello, porque, de hacerlo, parecería improbar la conducta anterior de su representante, y luégo porque cabalmente el éxito de su plan dependía en gran parte de que él mismo ayudase a llevarlo adelante. Exigiósele que a lo menos por un tiempo sacrificase sus opiniones y aun su reputación en obsequio de la paz y de la consolidación del gobierno, y él venció toda su repugnancia para hacer al patrotismo la ofrenda que se le demandaba.

La política de nuestro gobierno en los asuntos del Ecuador expuso durante muchos días en Bogotá el crédito del doctor Cuervo a las censuras más injustas. Por el temor de que al descubrirse los manejos de Flores y del ministerio ecuatoriano se desencadenase la indignación pública y sobreviniese un rompimiento fatal, se dejaban correr las voces que por instrucciones de aquéllos se esparcían contra nuestro ministro. Todos los miembros del gobierno granadino, aprobando sus procedimientos, le hacían muda justicia (según feliz expresión de don Ignacio Gutiérrez, que en estas circunstancias dio, como siempre, al doctor Cuervo pruebas de su buena amistad); y sin embargo, por acuerdo unánime del Consejo de Estado se publicó en la Gaceta la carta de Flores a Herrán y Mosquera en que le hacía responsable de la pérdida de Popayán, y esto sin comentario ni correctivo alguno, cuando se tenían a la vista las comunicaciones oficiales en que explicaba cumplidamente los hechos | (3) . El ministro del Ecuador don Marcos Espinel y el comandante Sanmiguel se valían de esto y propalaban las mismas especies que Flores hizo aceptar a Mosquera en las conferencias de Pasto, para mejorar su causa presentándose como los más fieles amigos de la Nueva Granada y acreedores por tanto a la recompensa apetecida. Otros, para disfrazar el rompimiento buscado por el gobierno ecuatoriano después de los pronunciamientos de Pasto, aseguraban que el doctor Cuervo había solicitado espontáneamente su pasaporte. En el público nada de cierto se sabía, de modo que entre los maldicientes y los exaltados hallaban acogida las hablillas de los agentes del Ecuador, y cuando uno que otro amigo bien impuesto salía en defensa del agraviado, tenían que proceder con toda la mesura que exigían las circunstancias. Hízolo principalmente el mencionado señor Gutiérrez, quien con varios artículos publicados por octubre de 1841 calló a Espinel, y al fin en febrero de 1842 logró que se publicase en |El Constitucional la correspondencia oficial entre la legación granadina y el gobierno del Ecuador con ocasión de los sucesos de Pasto | (4) .

Conforme fueron serenándose los tiempos y discerniéndose los hechos con claridad, mereció patrióticos aplausos la energía del doctor Cuervo; y el modo con que fue tratado en Quito produjo la más profunda indignación, hasta desvanecer el proyecto de ceder siquiera una mínima parte de territorio | (5) . Nuestro ministro en el Ecuador llevó pues la bandera a que se agruparon los defensores de la integridad nacional. Para corroborarlos en estos sentimientos sirvió mucho una comunicación que el mismo dirigió al gobierno en diciembre de 1841, pintando con vivos colores el valioso territorio que había estado y aun estaba a pique de ser cedido al Ecuador; donde indicaba además el camino que se debía seguir para arrancar a esos pueblos vigorosos del atraso en que vegetaban y despertar en ellos aquel amor a la patria, cuya ausencia costaba tánta sangre a la República.

Al arbitrio hábilmente ideado de dejar correr el tiempo sin despertar iras ni desconfianzas ayudaron los triunfos decisivos del gobierno granadino. Las arrogancias del Ecuador comenzaron a descaecer, y el peso mismo de los acontecimientos hizo entrar en caja sus extravagantes pretensiones. Como eco lejano vinieron después polémicas periodísticas más o menos agrias sobre la validez de los compromisos de la Nueva Granada, de que no resultó otra cosa que la demostración de haber sido ellos completamente fantásticos. La |Gaceta de Quito achacó al doctor Cuervo los artículos publicados en |El Día de Bogotá sobre estos asuntos; él guardó silencio mientras formaba parte del gobierno, mas al salir declaró por la imprenta no haber sido autor de estas publicaciones, pero añadió que ellas estaban en su mayor parte conformes con las comunicaciones que había pasado a su gobierno.

En conclusión: tántos torcidos manejos llevados adelante con verdaderos sacrificios del pueblo ecuatoriano para dar cima a un empeño injustificable, no lograron más que una acción de gracias de las cámaras legislativas de la Nueva Granada presentada con expresiones amistosas por nuestro ministro, y el pago de trescientos mil pesos por lo que se quedaba a deber de los estipendios de las tropas auxiliares, cantidad que se redujo a la mitad en manos de los agiotistas de Quito.

Las especulaciones de que fue objeto esta deuda causaron hartas desazones al doctor Cuervo, de que da idea lo que en 12 de julio de 1842 escribía a don Mariano Ospina:

"Muy mortificado me tiene la conducta del general Flores en el negocio de la deuda de la Nueva Granada en favor del Ecuador; pues que al propio tiempo que me hace mil protestas de que no nos estrechará al pago en circunstancias de estar exhausto nuestro tesoro, y hallándose él, como se halla, persuadido de la honradez y buena voluntad de nuestro gobierno, hace girar por el ministerio letras de gruesas sumas, y después me envía a los interesados para que hablen conmigo sobre aceptación y pago de ellas; lo cual me pone en duros conflictos para contestar empeños, súplicas y aun sandeces, sin presentar a esta gente la desnudez y miseria de la patria, o el origen y naturaleza de un crédito que, no estando todavía liquidado, tampoco es actualmente pagadero. Triste es por cierto que nuestro pobre erario sea hoy el primer objeto de especulación de muchos agiotistas y tramposos que buscan sus medros o la cancelación de sus deudas a nuestra costa. Risa excitan las cuentas que estos señores nos hacen; y lo singular de todo es que poca o ninguna parte tendrá en ellas el tesoro del Ecuador, siendo los aprovechados algunos individuos que viven de estos negocios | (6) . El general Flores ve muy próximo el término de su mando, si sucesos extraordinarios no le hacen continuar en él, y no quiere dejar nada atrás; y por eso está entrando en arreglos y transacciones con todo el mundo, por medio de letras contra la Nueva Granada, las cuales quiere que, aunque por el momento no se cubran, sean aceptadas por el gobierno, a fin de quedar él así libre de responsabilidades. Usted convendrá conmigo en que todo este manejo es chocante en sí, y mucho más chocante para un pundonoroso ministro; pero es preciso por ahora callar como unos muertos, dar largas a la aceptación de las letras mientras se liquida la deuda, entretener con esperanzas a los tenedores, y aguardar a que, cambiándose esta administración, podamos entendernos racionalmente sin embrollos, sin zozobras y sin cubiletes.''

Por no cortar el hilo de nuestra narración hemos dejado de referir otro incidente de la misión del doctor Cuervo en el Ecuador. Para hacerlo debemos recordar algunos antecedentes. A fines de 1840 (18 de noviembre) se había pronunciado en Panamá el coronel Tomás herrera apellidando independencia, y como no hubiese podido el gobierno pensar en reducirlo a la obediencia, se había mantenido por su mismo aislamiento ajeno a lo que pasaba en el resto de la República, y aunque en estado de rebelión, conservaba el orden local, sin ninguno de los escándalos dados por los demás revolucionarios. No obstante, la manera como las fuerzas legitimistas habían ido acosando a los facciosos del centro hacia las fronteras, dejaba muy bien prever que en el Istmo irían a buscar refugio y apoyo para nuevas tentativas los que lograran escaparse. Así recelaba el doctor Cuervo que lo harían los del sur, y con este pensamiento consiguió estipular en las conferencias de Túquerres que los asilados en el Ecuador no pudiesen embarcarse para la Nueva Granada. Pero confirmados a poco sus temores por datos ciertos, se penetró de la necesidad de cortar de raíz el mal. A este fin, llevado sólo de su patriotismo y confiando en que la importancia del servicio en peligro tan inminente sería a los ojos del gobierno disculpa bastante si se excedía en sus atribuciones, resolvió entenderse por la vía diplomática con Herrera, llamarle a la obediencia y convertirlo en apoyo de la buena causa. Aunque no tenía relaciones personales con él, lo conocía por caballero honrado y pundonoroso, y sabía que el mismo general Mosquera le había ofrecido por medio de Julio Arboleda hacerle comandante militar y aun gobernador de Panamá. Envióle pues una comisión compuesta del coronel Anselmo Pineda, gobernador que había sido de Pasto, y su secretario don Ricardo de la Parra, quienes llevaban por vía. de credenciales y de instrucciones la comunicación siguiente:

"Quito, 28 de noviembre de 1841.

"Señor:

"La revolución que principió en la Nueva Granada hace dos años, y que meses adelante se desenvolvió y continuó acompañada de horrores y de escándalos, agotando el tesoro nacional, paralizando las más útiles empresas, y relajando los hábitos de orden, de moral y de trabajo, fruto de nueve años de paz y de sosiego, se acerca hoy a su término. Las armas del gobierno constitucional han marchado de victoria en victoria de un extremo a otro de la República, conducidas por los mismos pueblos, a quienes el instinto poderoso de la conservación sacó del letargo en que yacían, demostrándoles la profunda sima en que iban a sepultarse junto con nuestros más gloriosos recuerdos, junto con nuestras más lisonjeras esperanzas. El principio de orden triunfó del principio anárquico, y se obró una gloriosa contrarrevolución, tan honrosa a sus autores como fecunda en importantes resultados. No presenta la América española, en la carrera de sus ensayos y desaciertos, ejemplo más brillante de buen sentido y de cordura nacional.

"Organo de un gobierno filantrópico y verdaderamente paternal, no es mi ánimo despertar pasiones ni renovar heridas, enumerando las causas e individualizando los efectos de los últimos lamentables sucesos que han tenido lugar en la Nueva Granada. Hechos son éstos que, si bien deben someterse al dominio de la historia para ejemplo y lección de nuestros hijos, la prudencia aconseja callarlos cuando con sinceridad y buena fe se buscan y se ponen en acción los medios para darnos un abrazo fraternal, rodearnos en torno del pabellón nacional, y someternos todos al imperio de una ley, hechura propia nuéstra y objeto de nuestros juramentos y sacrificios. La verdad, empero, exige confesar aquí que, por muy lóbrego que sea este cuadro, el Istmo presentará, entre todos los pueblos revolucionados, un claro no arrebolado con la sangre granadina, ni manchado con los hechos atroces que en otros puntos han acompañado los escandalosos motines de gente perdida y rezagada, que salida de su bien merecida nulidad, se lanzó en la carrera de los crímenes aparentando sostener principios que ni entendía ni era capaz de practicar.

"Tan ventajosa circunstancia constituye un estado excepcional de cosas en el Istmo, aun prescindiendo de su distancia del centro de la República, del aislamiento e incomunicación en que quedó con el supremo gobierno, y de otros motivos que pudieran inducir a muchos de sus habitantes a erigir un Estado soberano, menos con el ánimo de romper antiguos y estrechos vínculos, que con el de sustraerse a los males de una conflagración general. Su causa, pues, debe juzgarse por trámites especiales, y ser tan pacífico su término, como lo ha sido el principio y marcha de su revolución. Todo en el ha tenido el carácter de hipotético, todo ha sido obra de circunstancias quizá más fuertes que la voluntad. Ni una gota de sangre, ni una sola lágrima han derramado los istmeños en una época de tántos azares y agonías, y menos la han hecho derramar a sus compatriotas con la formación de cruzadas quijotescas para llevar la propaganda revolucionaria a las provincias tranquilas y sumisas. Aislado por su situación física, tanto como por el torrente de los sucesos, ha sabido conservar el orden local y la paz doméstica, aguardando el desenlace del drama extraordinario representado desde el Septentrión al Mediodía de la República. El día de este desenlace ha llegado ya, y a mí me cabe la dicha de anunciarlo a V. S., y por tan fiel conducto a los pueblos que obedecen a su autoridad.

"El gobierno constitucional, que después de haber visto con amargura correr la sangre granadina en los campos de batalla, y entregados a la cuchilla de la justicia o a la imperiosa ley de la necesidad hombres audaces y turbulentos que buscaban sus medros en las revoluciones, sacrificando lo más ilustre de la patria, o cabecillas pertinaces cuya existencia era una amenaza a la quietud pública, el gobierno constitucional, repito, consecuente con sus principios de lenidad y moderación, extiende sus brazos a los virtuosos habitantes del Istmo. Un decreto de olvido cubrirá todo lo pasado, sin que en juicio o fuéra de él pueda nadie ser molestado por sus actos u opiniones anteriores. Se reincorporará el Istmo a la sociedad neogranadina, se restablecerá el régimen constitucional y legal, se respetarán aquellos actos y decretos de las autoridades istmeñas de un carácter transitorio, y cuyo objeto fuera la conservación del orden y tranquilidad pública: trabajaremos todos de consuno en reparar los males y pérdidas causadas por las turbulencias interiores, se dará una particular atención a los altos y peculiares intereses de esos pueblos, y volveremos a presentar nuestra patria al mundo tan robusta y tan lozana como lo estaba en 1838, y como se han mostrado las naciones del Viejo Mundo después de que los grandes sacudimientos políticos las hicieron menos exageradas en sus principios, más medidas en sus pretensiones, más circunspectas en sus reformas, más justas y menos intolerantes, y las condujeron lentamente, pero con paso seguro, por el camino de la civilización y de la dicha.

"Tales son, señor, los sentimientos y tales los deseos que a nombre y en representación del legítimo gobierno constitucional presento al valeroso y entendido militar, que habiendo vuelto a la unión granadina el país de su nacimiento en 1831, proclamando enérgicamente la causa de las leyes, es imposible que no haga otro tanto en 1841. Una decena de años es muy poca cosa para cambiar el carácter de los pueblos, destruir dulces simpatías, crear nuevos intereses, y hacer olvidar los principios de lealtad e hidalguía que guiaron una vez la conducta de un distinguido ciudadano.

"El Istmo tiene, es verdad, necesidades y esperanzas que le son peculiares: mas el remedio de las unas y la satisfacción de las otras no se encuentran en una independencia prematura, que lejos de darle nacionalidad y respeto, le presentaría al mundo como un Estado en miniatura, sin otra recomendación material, por ahora, que la de haber sido colocado por la naturaleza en medio de dos grandes mares para unir dos grandes continentes. En balde, señor, se daría la constitución más sabia, especulativamente hablando, en balde expediría leyes protectoras de la agricultura, de la industria y del comercio, en balde llamaría a grandes voces pobladores y capitales extranjeros: treinta años de experiencia persuaden ya, aun a los más obcecados, que sin unión moral, sin obediencia a las leyes, sin respeto a las autoridades, sin amor al trabajo, sin la buena fe en nuestras relaciones públicas e individuales, la América española será siempre un vasto desierto a donde venga el europeo a hacer su tráfico y granjería como lo hace en la parte meridional de África, o a contemplar las locuras y descarríos de pueblos a quienes falsas y deslumbrantes teorías han hecho más desdichados que lo fueron nuestros mayores con toda su ignorancia y desidia. Los preceptos escritos nada valen, ni influencia alguna ejercen sobre los destinos de los pueblos, si falta en éstos la virtud, y si en los mandatarios no se encuentra probidad y patriotismo. ¡Cuántos países regidos por un gobierno absoluto, como la Prusia, y cuántas colonias europeas en Asia y en América, son quizá más felices, más ricas y aun más libres que muchas de las repúblicas hispano americanas, con todo su boato de constituciones con todo su atavío de dulces palabras que cautiva el corazón e inflaman el entusiasmo! La marcha del género humano hacia la perfección de sus instituciones es lenta y progresiva y no puede precipitarse impunemente.

"Continuando el Istmo unido a la nación granadina, recibirá de ella toda la protección que reclaman sus altos destinos, y que sea compatible con las bases constitutivas del gobierno nacional y con el interés general de la América. Disposiciones legislativas especiales se expedirán a su favor, y si fuere tocar para ello algún artículo constitucional, el acto adicional de 16 de abril de este año designa el modo con que a ello puede llegarse. El Istmo de Panamá, que campea como un distinguido blasón en el escudo nacional, merecerá también una preferente y solícita atención en las medidas que hayan de adoptarse para elevar el pueblo granadino al grado de prosperidad y de respeto que le corresponde en la América equinoccial. Tan risueño porvenir sirve de descanso al alma cuando e recuerdan las pasadas escenas.

"Adherido inviolablemente a mi patria, tanto como soy adicto a los istmeños, entre los cuales tengo la honra de contar fieles y desinteresados amigos, querría pasar personalmente a mostrarles las benévolas intenciones de mi gobierno, si el estado siempre achacoso de mi salud no me lo estorbase. Privado, pues, por tal motivo, de tan grata satisfacción, y seguro como estoy de las buenas disposiciones de V. S., he determinado mandar en comisión a esa ciudad al señor coronel Anselmo Pineda, antiguo gobernador de Pasto, junto con su secretario el doctor Ricardo Parra, conduciendo esta nota que le servirá de bastante credencial, a fin de que trate con V. S. y acuerde el sometimiento de Panamá y Veraguas al gobierno sobre las bases que quedan apuntadas, y de que ambos van debidamente instruídos. Cuando los pueblos, lo mismo que los individuos, están predispuestos a una franca y noble reconciliación, no necesitan sino de una ocasión decorosa para escuchar la voz del deber, renunciar a proyectos mal fundados, darse un abrazo de paz, y someterse gustosos al imperio de autoridad y de la ley. Espléndida e intachable prueba de ello es la reciente conducta de Riohacha, que a una simple invitación del general Martiniano Collazos, se echó en los brazos del gobierno, y hoy disfruta de orden y reposo. ¿Será sólo el Istmo sordo a la voz de la patria, que con triste y afectuoso acento llama a todos sus hijos para que la saquen del estado de postración en que yace? ¿Querrá que sea regado con la sangre de sus hijos un suelo feraz que sólo debe serlo con el sudor de laboriosos empresarios? ¿Preferirá llamar sobre ruinas y escombros las miradas del mundo comercial, que sólo debe divisar en ese país la perspectiva de una gran revolución en las artes, en la agricultura y en el comercio de las tres cuartas partes del globo? La buena índole de ese pueblo unida a los patrióticos sentimientos de V. S. me hacen rechazar tan fatídicas ideas, y esperar fundadamente el éxito más satisfactorio de la comisión de los señores Pineda y Parra, a quienes no dudo tratará V. S. con las consideraciones y miramientos que entre pueblos civilizados se estilan.

"La presente ocasión me brinda la de ofrecer a V. S. las seguridades del particular aprecio y profundo respeto con que soy su adicto compatriota y obediente servidor,

"Rufino Cuervo

"Al honorable señor Tomás Herrera, etc., etc."

La misión de paz fue recibida con simpática consideración, y sin oponer mayor obstáculo celebraron los disidentes un convenio por el cual volvieron a considerarse como granadinos. En medio del alborozo que despertó en el Istmo tan fausto acontecimiento, escribía uno de los jefes rebeldes, al doctor Cuervo: "No podía menos de tener tan feliz resultado una negociación formada y dirigida por usted, cuyas luces, patriotismo y simpatías por este país nos son bien conocidos: aquí no hay uno solo que no sea su amigo y apologista."

A poco se palparon los importantísimos resultados del cambio obtenido en Panamá, pues Brusual y sus compañeros, que, volviendo del Perú, pensaban hacer pie allí, se vieron forzados a seguir hasta Guatemala; y Obando, que, llegado a Trujillo en el Perú después de increíbles trabajos y fatigas, preparaba una expedición para el Magdalena pasando por Panamá, refiere que al saber por los periódicos el sometimiento de estas provincias, tuvo que desistir de sus proyectos.

No obstante, asunto que parecía tan llano y plausible tropezó con grandes contradicciones. Primeramente, los comisionados del doctor Cuervo, saliéndose de sus instrucciones, ofrecieron a los rebeldes cosas en que el gobierno no podía convenir; y luégo, aun cuando no se tratara sino de un mero olvido para con los disidentes, el hervor de las pasiones políticas no permitía en esos momentos pronunciar tal palabra. Así fue que el vicepresidente Caicedo improbó el convenio, pero solicitó del congreso autorización para expedir una amnistía sin ninguna de las restricciones de la rigorosa ley de 7 de mayo de 1841; y a su vez los exaltados de Bogotá, que, según familiar y expresiva frase de don Mariano Ospina en carta al doctor Cuervo sobre el particular, "se comen crudos a los facciosos cuando están lejos y los ven vencidos", alzaron el grito no menos contra los arreglos del Istmo que contra los indultos otorgados por el presidente Herrán en la costa atlántica. Contra el doctor Cuervo particularmente se desbocaron en el congreso: cuál le inculpaba de haberse inmiscuido en cosas que no le incumbían; cuál tenía por atentado arrancar de las garras de la ley a los criminales del Istmo, como los nombraban. El mencionado Ospina, secretario del interior y relaciones exteriores, al defender las medidas benignas que el gobierno proponía, hizo del doctor Cuervo una valiente apología ensalzando la firmeza de sus principios políticos y patentizando los imponderables servicios que había prestado a la nación. En este debate ocurrió un incidente acaso único en la historia del parlamentarismo: en acabando de defender el secretario del interior y relaciones exteriores la amnistía amplia y generosa, se levantó el de guerra y marina, general José Acevedo, y la combatió con tal vehemencia que atrajo la mayoría y dejó desairado al poder ejecutivo.

La amnistía no pudo darse pues sino en los términos de la ley dicha, el convenio quedó en parte sin cumplimiento, como que Herrera y sus principales compañeros tuvieron que salir del territorio de la República, imposibilitados para volver sin permiso del congreso, y se vieron expuestos a vejaciones los que se habían fiado de las promesas de moderación y olvido. Ya se deja entender el cúmulo de contradicciones y disgustos que por causa de esto hubo de experimentar el doctor Cuervo, sin que pudiese ni quisiese evitarlos; pues no fuera digno abandonar a los que habían soltado las armas bajo la salvaguardia de su palabra. El mismo nos pormenores interesantes de esto en los siguientes pasajes que sacamos de cartas escritas por esos días:

(A don Ignacio Gutiérrez. - Quito, 15 de febrero de 1842)

"He estado de paseo por Ambato y Latacunga sacudiendo un poco los males físicos y morales, y por este motivo no escribí a usted en el correo anterior.

"Usted está instruído de la comisión que llevaron Parra y Pineda a Panamá, y a la fecha debe tener noticia del resultado. Ciertamente es honroso a nuestro país de una inmensa fuerza moral para el gobierno el sometimiento de dos lejanas e importantes provincias sin un tiro de fusil, sin derramar una gota de sangre, sin gastar un centavo y, lo que vale más, sin dejar odios y resentimientos perdurables como los que indudablemente quedan cuando se quiere triunfar con la fuerza bruta o con una voz imperiosa y humillante. Sin embargo, como los comisionados celebraron sin autorización mía un convenio y reconocieron grados militares y una deuda de 15.000 pesos, quizá mis enemigos me echarán la culpa de todo esto, si no se traen a la vista mis instrucciones, de las cuales hay una copia en la secretaría de relaciones exteriores. Lo mismo digo de la |mediación del gobierno ecuatoriano de que habla el convenio, mediación que sólo puede fundarse en una carta escrita por el general Flores desde Guayaquil al coronel Herrera. Yo nunca la he querido, y sólo convine con dicho general en que escribiese particularmente a sus amigos, interesándoles en el buen éxito de la comisión de Pineda y Parra. Es natural que estos señores den cuenta de su conducta al gobierno y expliquen lo ocurrido, para que no se me crea ni muy tonto ni más sabido de lo que es regular."

( Al mismo - Quito, 24 de mayo de 1842)

"Llegaron a Guayaquil los señores Tomás Herrera y Carlos Icaza, y el primero se puso inmediatamente en camino para esta ciudad, en donde se le aguarda de hoy a mañana. Dícese que viene muy quejoso y con ánimo de exigir que el general Flores y yo salgamos a la |evicción y |saneamiento del convenio de 31 de diciembre último. Calcule usted en las que me voy a ver por patriota y por entremetido. El general Flores, que no le gusta estarse quieto ni guardar circunspección en nada, se propone recibirle con demostraciones de la más grande estimación. Yo le he dicho, y también varios de mis amigos por insinuación mía, que puede dispensarle cuantos servicios y consideraciones personales tenga por conveniente como a un hombre desgraciado; pero que se cuide mucho de darle siquiera esperanzas de protección política, porque la Nueva Granada se ofenderá altamente de ello; y yo mismo seré el primero en armar la gresca. Veremos lo que resulte. En cuanto a mí, me encuentro dispuesto a visitar a Herrera y a servirle con mis intereses, si me ocupa; porque habiéndome dado una gran prueba de deferencia en someterse al gobierno a virtud de mi excitación, sería una villanía tratarle con desdén en la adversidad. Los deberes morales y sociales no están en pugna con los deberes políticos, y yo he sido primero caballero, por carácter y por principios, que diplomático."

(Al mismo. - Quito, 31 de mayo de 1842)

"Llegó Tomás Herrera e inmediatamente me visitó. Al ver su moderación, su buen sentido y su patriotismo, se ha renovado el disgusto que he tenido por los insultos que se le han prodigado en Bogotá. Si el general Herrán es consecuente con lo que en varias cartas ha manifestado a dicho Herrera, tiene que volver sobre sus pasos el gobierno respecto del Istmo, cuyos negocios me han mortificado y me mortifican demasiado, porque muchos señores de aquellas provincias me han escrito requiriéndome para que les garantice la amplia amnistía que les ofrecí. Herrera me ha hablado también sobre esto, pero con tánta discreción que me ha cautivado. En Panamá pudo haberse hecho una reacción, y si no se llevó a efecto, fue porque él la impidió. Sin embargo de esto, todavía tratan los chisperos de Bogotá de comprometerle a que sea faccioso.

"Recibí el cuaderno de las conferencias con Villa, pero no los papeles de la polémica de Gómez con Acevedo, que serán curiosos. Por lo que veo, Bogotá está más embochinchada que en tiempos de los |pateadores y |carracos; ni puede ser de otra manera no habiendo gobierno."

(A don Pedro Rodríguez, gobernador de Pasto. - Quito, 17 de mayo de 1842).

"Aunque respecto de mí he sentido que en mi patria no se me haya tratado con todos los miramientos a que he procurado hacerme acreedor, especialmente en la cuestión de Panamá, no por eso seré menos patriota ni dejaré de servir en cuanto se me considere útil, a pesar del achacoso estado de mi salud. Mi delicadeza, mi pundonor y mi lealtad se ofenden en verdad con las injusticias de algunos de mis compatriotas, como la del diputado que propuso se me juzgase porque bien o mal volví a la Unión granadina dos provincias importantes, sin una gota de sangre, sin una lágrima, sin el gasto de un centavo; pero mi corazón y mi alma pertenecen inviolablemente a mi patria."

El último acto importante del doctor Cuervo durante su permanencia en Quito fue solicitar del Perú, en virtud de órdenes e instrucciones especiales, la extradición de Obando. Hízolo por nota de 16 de abril de 1842, recordando que este caudillo se había fugado de la cárcel donde se hallaba a consecuencia de la ruidosa causa que se le seguía por el asesinato del mariscal Sucre, para hacerse cabeza de la revolución que acababa de asolar el país, y que, no contentándose con esto, al ver frustrados sus planes, continuó desde el momento de su llegada al Perú animando a la rebelión, y emprendió la tarea de infamar en los periódicos de Lima al gobierno de su patria. Esta gestión no tuvo efecto alguno, porque el gobierno del Perú, en medio de los temores que corrían de una guerra próxima con el Ecuador, se prometía que Obando le sería de grande auxilio, encendiendo de nuevo la guerra en Pasto y distrayendo por ese lado al enemigo.

La legación del Ecuador fue para el doctor Cuervo un verdadero potro, donde estuvieron a prueba su destreza como hombre público y su paciencia como particular. Tocóle sufrir largas y repetidas incomunicaciones con su gobierno, privado a veces de los recursos necesarios, y sin "tener más guía que su conciencia ni otra regla de conducta que su patriotismo"; y luchar sin tregua con el gabinete ecuatoriano, compuesto en general de personas de no muy clara inteligencia, que tomaban por proezas de alta diplomacia lo que no era las más veces sino vulgaridad y pequeñez; y para colmo de amargura ver que sus actos, disfrazados o mal interpretados, eran objeto de las más encontradas acusaciones por parte de los círculos exagerados de su patria. Si defiende la dignidad nacional y se opone a que las tropas ecuatorianas penetren hasta Popayán y aun lleguen a Bogotá, dicen que está de acuerdo con Obando; si en fuerza de las circunstancias y como el menor de los males continúa la política iniciada antes sin su intervención y da instrucciones al gobernador de Pasto para que obre de conformidad con Flores, le condenan por vendido a los ecuatorianos; si ardiendo en patriotismo pide al gobierno que mitigue el furor contra los vencidos y comience el reinado de la clemencia y la reconciliación, gritan que es mal defensor de la legitimidad; y entre tanto los revolucionarios, a quienes frustra sus planes, vomitan contra él odio y calumnia. Pero él con valor se sobrepone a todo, y escudado con la rectitud de su conciencia, y con los felices resultados que ha obtenido, aguarda que se calmen los ánimos para alcanzar justicia de sus conciudadanos; sin olvidar poner a salvo en los países americanos su buen nombre y los derechos de su patria. A este efecto hizo en Quito con el título de |A los pueblos de América varias publicaciones en que se contienen los documentos más importantes sobre nuestras relaciones con el Ecuador en aquella época.

Si en su posición oficial echó menos algunas veces en Quito los miramientos que le eran debidos, privadamente todos, del general Flores abajo, se complacían en cultivar su amistad y no dejaban pasar ocasión de obsequiarlo a él, lo mismo que a su secretario particular don Antonio Álvarez y don Pedro María Moure, que como amigo lo acompañó por algún tiempo. El señor Moure, que ha muerto poco há en París, nos refería con su memoria prodigiosa las finezas de que fueron objeto desde su llegada a Guayaquil, agregando que en los días de más acalorada lucha parecía que se multiplicaban las muestras de aprecio, como en desagravio de las malas obras del gobierno. El doctor Cuervo por su parte, culto y galante, sabía granjearse las voluntades y corresponder los agasajos, demostrando la estimación que abrigaba por pueblo ecuatoriano. Con su genial amor a todos los ramos de educación y cultura, no limitado por fronteras ni ahogado por celos de nacionalidad, asistía puntualísimamente a los actos literarios de los colegios, y honraba y estimulaba a los aficionados a las letras, llevando su deseo de complacer hasta dar en su casa lecciones privadas a los hijos de algunos amigos; visitaba los obradores de los artistas quiteños y pagaba generosamente sus obras, tenía para todos palabras de estimación y aliento.


 

(1) Carta al doctor Cuervo fechada el 9 de noviembre de 1841.
(2) El 22 de octubre decía el doctor Cuervo no haber recibido comunicaciones de su gobierno a consecuencia de que el portador de ellas, que debía dirigirse a Quito por Barbacoa, tomó de aquí el camino de Pasto.
(3) En la carta que publicamos de Aranzazu al mismo señor Gutiérrez sobre este asunto, se hallan los motivos que se tuvieron para la publicación; el principal fue desmentir a los progresistas que decían haber sido vendida a Flores la provincia de Pasto.
(4) Para desvanecer el efecto de esta reimpresión, publicó el ministro del Ecuador en Bogotá el protocolo de las conferencias de Pasto, de que arriba hablamos largamente. Los documentos insertos en |El Constitucional habían sido antes sacados a luz por el gobierno ecuatoriano en el folleto titulado |Auxilios del Ecuador solicitados para Pasto.
(5) Mosquera escribía de Popayán al doctor Cuervo el 7 de diciembre de 1841: ''El poder ejecutivo parece que no esta perfectamente de acuerdo con el presidente en cuanto a nuestras relaciones internacionales con el Ecuador, y en el Sur serán apoyadas las ideas del presidente para no hacer la guerra y darle una frontera al Ecuador. La conducta de Marcos con usted ha traído esta divergencia, pues ha irritado mucho el modo impropio y descortés con que usted fue tratado; pero los intereses de estas provincias están en pugna con que se pueda conducir el negocio a un rompimiento; especialmente de Popayán no sale un hombre a tener pleito con el general Flores.'' Compárese lo que dice el general Herrán en el pasaje citado anteriormente.
(6) Estos conceptos concuerdan con lo que asienta el señor Cevallos en su |Resumen de la historia del Ecuador, tomo V, página 388 (segunda edición).

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