CAPITULO IX
"EL ARGOS" Y
"LIBERTAD Y ORDEN"
Vuelta del doctor Cuervo.-Cargos
varios que desempeña.-Rector de la Universidad.-Separación de los
estudios civiles y eclesiásticos, y creación del
Seminario.-Dirección general de la renta de
tabacos.-Plenipotenciario para la división de los créditos de
Colombia.-Director del crédito nacional.-La
|Bandera Nacional y
El Argos.-Los nuevos partidos.-La Sociedad Católica.-El
ilustrísimo señor Mosquera en los primeros tiempos de su
arzobispado.-Se van alejando los liberales moderados y los
santanderistas.-Sucesos de Pasto.-Sus efectos en Bogotá. Párte
Herrán para el sur.-Estada de Obando en Bogotá. Cambian de actitud
los santanderistas.-Combate de Buesaco y
|
sus
resultados.-Aranzazu sobre esto.-Candidatura de Herrán. Sigue
Obando para Pasto a someterse a juicio por la muerte de
Sucre.-Renace la lucha periodística.-
|El Observador, Libertad y
Orden.
Grande era pues la vuelta que había dado la cosa pública en
tanto que el doctor Cuervo se hallaba en Europa. Aunque se le abría
aquí inmenso campo para saciar su deseo de estudiar, y eran
irresistibles los halagos que cautivaban su espíritu esencialmente
investigador; todavía labraba en su alma una cierta inquietud, como
el presagio de una próxima desgracia, que no le dejaba saborear los
goces de la cultura europea. No pudiendo resistir por más tiempo la
ausencia, adelanta la vuelta a la patria, y después de un largo
viaje sembrado de peligros y privaciones, ya a la puerta del
suspirado hogar, sabe que la muerte acaba de arrebatar a su hijo
Angel María, de seis años de edad (2 de marzo de 1837). Don Julio
Arboleda, compañero de viaje, dándole el pésame, le escribía:
"Y ¿qué deberá sentir usted, mi amigo, que tánto y tan
tiernamente hablaba de sus niños, que le daba a úno gana de ser su
hijo?"
A su llegada encontrábase en vísperas de subir al poder la
fracción del partido dominante a que desde su juventud había
pertenecido. Dados algunos días a su familia y a su aflicción,
volvió a la vida pública con el ardor de quien, habiendo visto los
países extraños, quisiera consagrarse todo al servicio del propio;
así es que desde su regreso hasta la misión al Ecuador tuvo
ingerencia en casi todos los ramos del gobierno. Reservándonos
hablar con alguna detención sobre los cargos de mayor importancia,
vemos por los datos que tenemos a la mano que fue presidente de la
Sociedad de Educación Primaria; que como diputado por Chocontá a la
cámara provincial de Bogotá promovió la creación en la Casa de
Refugio de una sala de silo a semejanza de las que, para recibir a
los hijos de los obreros mientras éstos se hallan ocupados en su
trabajo, fundó Dionisio Cochin en París el año de 1828; y para que
la escasez del tesoro no fuese obstáculo a su proyecto, donó los
útiles y enseres necesarios que con este designio había conseguido
en Europa
|
(1)
. Como
inspector del hospital, decaído por la negligencia de los
empleados, puso en observancia el reglamento que redactó durante su
gobernación; devolvió al establecimiento, sin aumentar los gastos
ni desfalcar las rentas, su anterior prosperidad, y (dejando de
mencionar otras mejoras) construyó un espacioso anfiteatro
anatómico, provisto de los correspondientes utensilios y con todas
las condiciones que requiere la salubridad pública
|
(2)
. Al mismo tiempo dirigía y
vigilaba diariamente la fábrica de la capilla del cementerio y
desempeñaba no pocos encargos transitorios; entre éstos el de
conferenciar en nombre del gobierno con los asentistas de la salina
de Zipaquirá para la rescisión del contrato de 1834, lo que no tuvo
efecto por no aceptar ellos las bases equitativas que se les
proponían; y el de ser árbitro de la Sociedad Granadina de la
Ferrería de Pacho, para decidir en las cuestiones que ésta tenía
con la Compañía Franco-colombiana. El 20 de diciembre de 1836,
durante su ausencia, le había elegido rector el claustro de la
Universidad, y el general Santander le comunicaba en estos términos
la noticia: "Los doctores de esta Universidad han anulado
la sentencia pronunciada contra usted por Broussais en segunda
instancia: ellos le han nombrado rector en concurrencia con el
doctor Soto, y el gobierno ha aprobado la elección prometiéndose
que usted acepte el rectorado por amor a la educación, por gratitud
a los electores y por interés en favor de este establecimiento
literario, que debiendo ser el primero de la República, es el
último. Si mi interposición vale algo para con usted, me interpongo
para que acepte". Obedeciendo a estas consideraciones tomó
a su cargo el dar vida al descaecido instituto, empresa ardua, si
no imposible, supuestas las dificultades que oponía el malhadado
plan de estudios. Si no otra cosa hará grata su memoria el haber
coadyuvado entonces a hacer a la instrucción superior uno de los
beneficios de más monta que pudiera recibir; hablamos de la reforma
de la educación y estudios eclesiásticos, que por largos años se
habían seguido y dado bajo el mismo techo que los apropiados a
otras facultades, sin que esfuerzo alguno bastase a evitar el daño
que redundaba a la Iglesia de no formarse los jóvenes que se
dedicaban a la carrera eclesiástica bajo la inspección exclusiva
del prelado y con un régimen adecuado a su vocación. Desde los
primeros días de la conquista de América los obispos trabajaron sin
descanso en organizar seminarios para la formación de un clero
nacional, y pronto lograron éxito tan feliz, que el monarca español
dispensó a estos planteles su protección, imponiéndoles en cambio
el deber de dar mayor ensanche a la educación; de aquí provino que
tomaron el doble carácter de seminarios eclesiásticos y de
establecimientos civiles, aunque mostrándose forzosamente desde
luego los inconvenientes de mezclar fundaciones de naturaleza y
objetos tan diferentes. En Bogotá, el arzobispo don Bartolomé Lobo
Guerrero fundó en 1605 el colegio seminario de San Bartolomé y lo
encomendó a los jesuítas, que lo dirigieron hasta su expulsión en
1767; en diciembre de 1771 la Junta de Aplicaciones quiso
aprovechar para otros objetos el local (que después fue biblioteca
y cuartel, y luégo hemos conocido como palacio presidencial), y
destinó para seminario consiliar el colegio máximo de la Compañía,
que, según parecer de Alcedo, era la casa más suntuosa y magnífica
que tenía en toda la cristiandad después del Jesús de Roma, con
condición de que se dividiera para servir de colegio de ordenados y
de lugar de corrección para los eclesiásticos. A despecho de todo
continuaron confundidas las enseñanzas, con la anomalía de tener el
colegio por patronos al virrey y al arzobispo, de donde resultaban
diarias competencias de jurisdicción que entorpecían los estudios y
aun rompían la armonía entre las dos autoridades. Crecieron los
embarazos hasta el punto de que por los años de 1792 el arzobispo
don Baltasar Jaime Martínez Compañón se vio precisado a sostener a
su costa el colegio de ordenados en el edificio de la Venerable
Orden Tercera. Para remediar esto, propuso el virrey Ezpeleta al
gobierno español que San Bartolomé fuese entregado al arzobispo
para que sirviese exclusivamente de seminario, y que se mejoraran
las enseñanzas civiles en el Colegio del Rosario; pero esto no pasó
de un puro proyecto. El congreso de Colombia en 1823, a petición
del señor Caicedo, provisor entonces y después arzobispo de Bogotá,
decretó el establecimiento del colegio de ordenados, destinándole
el convento de capuchinos con todas sus anexidades; llevose a
efecto y floreció hasta la muerte de este prelado acaecida en 1832,
con la cual decayó notablemente, y el local fue adjudicado por el
gobierno al Colegio de La Merced. En consecuencia, los que seguían
la carrera eclesiástica quedaron en peor condición que los otros
estudiantes, pues la Universidad se convirtió en foco de propaganda
materialista y utilitaria, y llegó a tánto la relajación, que según
el decir de Santander, este establecimiento, debiendo ser el
primero, vino a ser el último. El ilustrísimo Mosquera lamentaba
como nadie este mal, y escribía por aquellos tiempos al doctor
Cuervo que el materialismo y las doctrinas de Bentham estaban
devorando la juventud; calamidad que pone en su punto declarando la
imposibilidad de conseguir un clero ilustrado, único, en su
concepto, capaz de contrastar la corriente devastadora, si hubiera
por precisión de formarse en los mismos claustros donde brotaba el
veneno que estaba llamado a combatir. Resuelto el sabio prelado a
poner remedio, encarece al doctor Cuervo que visite los mejores
seminarios de Europa y que junto con sus propias observaciones le
lleve los libros y reglamentos que crea más aplicables al
arzobispado. Ya se supondrá que poco esfuerzo tuve que hacer para
cumplir un encargo en que, complaciendo a un amigo predilecto,
prestaba un servicio a su patria. Rector luégo de la Universidad,
apoyó y ayudó eficazmente los designios del arzobispo y no sería
poca la parte que en la empresa le cupo, cuando al ver años después
los opimos frutos que daba el seminario a la Iglesia y a la
República, se gloriaba, escribiendo a su ilustre amigo, de su
cooperación en obra tan beneficiosa
|
(3)
.
Nombrado en 1837 administrador de las salinas de Zipaquirá,
Nemocón y Tausa, condescendió con el gobierno en aceptar más bien
la dirección general de la renta de tabacos, atenta la caída que
tuvo este artículo en los mercados europeos, por efecto de cierto
descuido en la venta de una cantidad considerable del de Girón, que
se hallaba en mal estado. Por otra parte este destino se reputaba
de mayor importancia, supuestas las esperanzas lisonjeras que se
libraban en el incremento y prosperidad a que una atinada
organización pudiera levantar esta renta. Con todos sus
inconvenientes, el monopolio del tabaco que venía desde la Colonia,
había sido conservado por una ley de 1821, temiéndose el desfalco
que la supresión repentina hubiera ocasionado en la hacienda
pública, no menos que con el benéfico designio de extender el
cultivo y darlo libre cuando el comercio fuese de por sí capaz de
sostener el impulso dado. Pensábase además que recibiendo esta
renta como garantía los acreedores extranjeros se interesarían en
abrirnos mercados en Europa y fomentar nuestra agricultura. Pero la
dirección era dificultosa en sumo grado: si decimos que la
producción era laboriosísima, incesante la vigilancia, los
reglamentos enredados y viciosos, no daremos una idea de esta
afanosa labor: el gobierno había de escoger las semillas, dirigir
el cultivo, vigilar la cosecha y empaque, y buscar los mercados;
todo con un tren de empleados y guardas numerosísimo y heterogéneo
hasta no poder serlo más; y con una falta absoluta de unidad y
fijeza, pues acá se producía el tabaco por medio de contratos, allá
por administración o de ambas maneras. En esta confusión, que
devoraba la mitad de la renta, era donde se esperaba que el doctor
Cuervo introdujese orden y economía. Con este intento dictó muchas
providencias eficaces, y la
|Memoria que presentó a los
cuatro meses de haberse encargado del ramo mereció particular
elogio del gobierno y de los conocedores, por la suma de trabajo
que encierra y por las ideas luminosas que propone para conseguir
la prosperidad de la renta, simplificar la contabilidad igualándola
a la de una casa de comercio, y obtener, reduciendo el personal,
con menos trabajo, mejores resultados.
Disuelta Colombia, era así punto de honor como exigencia de la
necesidad, que las tres naciones en que aquélla se dividió,
determinasen cuanto antes lo que a cada una correspondía en la
enorme deuda contraída para concluir la guerra de la independencia.
Con este fin designó Venezuela en 1833 a don Santos Michelena, en
calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, y
llegado a Bogotá, se entendió con don Lino de Pombo, comisionado
para el efecto por el gobierno de la Nueva Granada. Después de
prolongadas discusiones se firmó en 23 de diciembre de 1834 la
convención sobre reconocimiento y división de los créditos activos
y pasivos de Colombia, basada en la población, según el censo de
1825; por manera que de cien unidades tocaban a la Nueva Granada
las cincuenta, a Venezuela veintiocho y media, y al Ecuador
veintiuna y media. El último, a causa de las discordias en que se
abrasaba, no pudo pensar en estos asuntos, pero posteriormente
accedió a la convención (22 de abril de 1837). Sólo Venezuela quedó
contenta con el arreglo
|
(4)
, como que al fin ella dictó las bases y
casi las impuso; su congreso aprobó en breve la convención (28 de
abril de 1835). En la Nueva Granada se oyeron por dondequiera voces
de improbación, pues parecía una iniquidad que hubiésemos de cargar
con la mitad de la deuda; y se protestaba que no era la población
lo único que debía tomarse por norma en esta división, sino que
debían tenerse en cuenta otras condiciones económicas de las tres
naciones. En los congresos de 1835 y 1836 hubo, particularmente en
la cámara de representantes, violentas discusiones, de que atrás
dimos idea; intentóse reducir a Venezuela a entrar en nuevas
negociaciones, y como estos esfuerzos saliesen vanos, el deseo de
ahorrar sacrificios más costosos y la urgencia de definir una
situación que imposibilitaba la organización del crédito público,
movieron al presidente Márquez a pedir al congreso (6 de abril de
1837) que aprobase la convención firmada, como en seguida se hizo.
No por tanto cesó el descontento ni cierta mala voluntad contra los
que habían intervenido en el negocio; pero es muy probable que, aun
tomadas otras bases, siempre fuera imposible hallar un corte
estrictamente justo, y así jamás hubiera faltado qué criticar.
Conforme a la base indicada se dividía en la convención lo que
debía Colombia por los empréstitos de 1822 y 1824 con sus
intereses, el préstamo sin interés que generosamente hizo la
legación de Méjico en Londres a nuestro ministro para sacarle de
embarazos en momentos en que estaba comprometido su crédito junto
con el de Colombia; la deuda consolidada al tres por ciento de
interés anual y la consolidada al cinco por ciento; la deuda
flotante radicada en las aduanas el 1° de enero de 1830, y la de
tesorería hasta la misma fecha, en la cual se incluían los sueldos,
pensiones, servicios, préstamos y contratas, junto con los sueldos
y gastos de las legaciones de Colombia en el Brasil, en el Perú y
en Méjico, los del consulado general en los Estados Unidos y los de
conservación de los archivos colombianos en Londres y Lima; todo
posterior al 1° de enero de 1830, los de la legación de Roma hasta
el 24 de febrero de 1832, y todos los gastos del congreso
constituyente de 1830. Pero no todas las deudas consolidadas habían
sido inscritas en lo que se llamaba el gran libro de la deuda
nacional colombiana, y era preciso que los acreedores presentasen
sus títulos para admitirlos y reconocerlos en caso de ser conformes
a las leyes y decretos de Colombia; las deudas flotante y de
tesorería, de que habían de presentar una relación las tres
repúblicas, debían repartirse adjudicando de preferencia a cada una
de ellas lo que correspondía a sus propios ciudadanos o habitantes,
haciendo oportunas compensaciones en caso de exceso o defecto por
una parte u otra; para recoger en Europa los vales provenientes de
los empréstitos dichos y cancelarlos cambiándolos por otros, cada
república debía enviar un comisionado a Londres; para confrontar
aquellos vales con el registro formado por los comisionados y
anularlos después; para efectuar las delicadas operaciones
relativas a la deuda doméstica; para oír cuantas reclamaciones se
hiciesen contra Colombia por causas anteriores al 31 de diciembre
de 1829; para liquidar y transigir equitativamente las que se
apoyasen en sentencias ejecutoriadas, las que fueron reconocidas
como justas por el gobierno colombiano y las que trajesen su origen
de expoliaciones cometidas por corsarios colombianos, debía
reunirse en Bogotá una comisión compuesta de tres ministros
nombrados por cada una de las repúblicas interesadas. Venezuela
envió a don Santos Michelena, el Ecuador a don Francisco Marcos y
la Nueva Granada designó al doctor Cuervo. Instalóse la asamblea el
25 de abril de 1838 con no poco recelo del público, porque los
antecedentes inclinaban a ver su tarea "erizada de
dificultades" y hasta "se hacían fatídicos
pronósticos"
|
(5)
. A los pocos días se vieron disipados
tales temores: la cultura, tino y circunspección con que se
condujeron los plenipotenciarios, hicieron reinar en sus
conferencias la más perfecta armonía y cordialidad, además que
trabajaron tan asidua y escrupulosamente que su cometido pareció
menos difícil a los de fuéra, y se concluyó antes de lo que se
suponía. A la atención e imparcialidad que se requerían para poner
cortapisas a las pretensiones o la mala fe de muchos reclamantes,
era menester agregar una laboriosidad incansable. Después de
examinar individualmente los títulos presentados para declararlos
buenos o no, debían liquidarlos y cancelarlos con una nota firmada
de todos los ministros; se llevaban por triplicado tres registros,
uno de la deuda consolidable al cinco por ciento, otro de la de
igual clase al tres por ciento, y el último de la flotante y de
tesorerías. La suma de este , trabajo se estimará en su justa
medida recordando que, después de haber negado muchas
reclamaciones, la deuda total de Colombia fue en números redondos
de 103.398.000 pesos, en que la extranjera ascendía a 34.065.000 y
sus intereses a 29.450.000; la interior a 25.326.000, y sus
intereses a 14.557.000; de todo lo cual correspondió a la Nueva
Granada 51.699.000.
El 16 de mayo de 1839 se concluyó la liquidación y división, y
el acuerdo de la junta de ese día fue como el finiquito de la
cuenta de la Nueva Granada con Colombia, pues su plenipotenciario
presentó 3.019.518 pesos y 1 real y 6/8 de real en vales de deuda
consolidada de Colombia de inscripción al cinco y al tres por
ciento, para cubrir el déficit que le resultó en su cupo de deuda
consolidable y flotante.
El doctor Cuervo tuvo auxiliar incomparable en el celo e
inteligencia de don Juan Antonio Marroquín, que fue nombrado por el
gobierno granadino para preparar y ordenar los documentos que se
presentasen, y formó de ellos un índice tan claro y bien dispuesto,
que facilitó muchísimo el trabajo.
Salido tan felizmente de este encargo, fue llamado el doctor
Cuervo a la dirección del crédito nacional, en reemplazo de don
José Manuel Restrepo, que la desempeñaba interinamente; cargo en
que debía reducir a efecto los deberes que la nación había
contraído al hacer la división de los créditos colombianos. Sin
embargo, no pudo tomar posesión de él hasta pasados algunos meses,
quedando entre tanto en esta ardua faena don Ignacio Gutiérrez,
porque al ver a un amigo suyo muy querido amenazado de grave e
inminente pérdida si un abogado hábil no defendía sus intereses en
la provincia de Antioquia, emprendió el viaje en seguida,
separándose de los destinos que ocupaba.
Dejamos a Santander dispuesto con sus adictos a hostilizar al
presidente que, a despecho de sus votos y de sus esfuerzos, la
mayoría nacional había elegido. Organo de esta oposición fue
|La
Bandera Nacional, redactada por el mismo Santander, don
Florentino González y don Lorenzo María Lleras, y cuyo tono acre y
lenguaje descompuesto recordaban
|El Cachaco. Anunció desde
el primer número sus intenciones hostiles, las siguió con
tenacidad, se propasó a amenazar con un 25 de septiembre, y aun
pretendió sembrar la cizaña en la sociedad fingiendo una odiosa
diferencia de nobles y plebeyos; esto al mismo tiempo que de otros
modos se ponía en la costa unos contra otros a los blancos y a los
pardos y se daba pábulo a todo linaje de pretensiones o rivalidades
locales a fin de resucitar el federalismo. Para hacer rostro a esta
publicación se fundaron varios periódicos, entre los cuales ocupó
el primer lugar
|El Argos, de que salieron setenta y ocho
números desde 26 de noviembre de 1837 a 19 de mayo de 1839.
Figuraron entre sus principales redactores don Juan de Dios
Aranzazu, don Lino de Pombo y el doctor Cuervo. Como muestra de su
tono y estilo y porque pinta en breves rasgos la conducta de los
opositores, copiaremos algunos períodos de un artículo titulado
|¿Qué pretende la oposición? Después de exponer los
caracteres y fines de una oposición razonable, continúa:
"Examinemos ahora cuáles son los intereses, cuáles los
principios en cuyo sostenimiento y triunfo está empeñado el partido
santanderista. Se quiere aliviar a la agricultura de las cargas que
la agobian, quitar las restricciones al comercio, mejorar y
facilitar las vías de comunicación, fundar el crédito público,
extender y mejorar la instrucción primaria y secundaria? Estos son
objetos que ocupan preferentemente la atención del gobierno, como
puede verse en las exposiciones de los secretarios de Estado al
congreso. ¿Se aspira a que la libertad civil y política sea una
realidad en la Nueva Granada y a que todos los ciudadanos gocen de
una perfecta seguridad en sus personas y propiedades? Cualquiera
que viva en este país contestará que estos bienes se poseen. ¿Qué
es lo que pretende pues la oposición? Satisfacer miserables
pasioncillas, vengar injustos resentimientos, hacer triunfar su
orgullo ofendido y echar abajo la presente administración no por
medios lícitos y nobles sino por los de la difamación y la
calumnia. Allá en Europa la oposición se hace a la política o a la
tendencia de los gabinetes; acá en nuestra tierra se dirige a los
empleos y a los que los obtienen, si no son de la comunión íntima
del ex-presidente.
"Observemos de paso la conducta de esos señores en las
cámaras legislativas. Encarécese de un extremo a otro de la
República que se mejore la administración de justicia, que se dé
una buena ley de policía, que se simplifique la administración
local, que se introduzca el orden en la enseñanza pública para que
corresponda a las necesidades del pueblo, que se codifiquen las
leyes de aduana, que se dé impulso a la importante renta del
tabaco, etc.: ahí están durmiendo los proyectos presentados sobre
estos interesantes ramos del servicio público, sin que ninguno de
los que se titulan amigos del pueblo y representantes del
|progreso, levante su voz para hacerlos despertar, discutir y
aprobar. Pero que se trate de una cuestión de poco o ningún interés
nacional, como la del juez de hacienda del Cauca, la de la
provisión de la escuela de Chipatá u otra semejante en que puedan
hacerse inculpaciones odiosas al ejecutivo, la oposición entonces
levanta su voz de trueno, hay discursos preparados de antemano,
furibundas catilinarias, energía, heroísmo, desafío a los peligros
de la muerte, etc. ¿Para qué? Para combatir al honrado ciudadano
que preside a la nación por los votos de ésta y contra los deseos
de su antecesor, y que sin medios ni elementos para oprimir al
pueblo, sólo tiene en su apoyo la fuerza moral que da la opinión.
¡Menguado y bien triste heroísmo el que se quiere hacer valer
contra quien no opone más armas, ni más medios de defensa que los
de la razón, ni más auxilios que sus notorios precedentes de
probidad y de saber.
"Se dice empero que el señor Márquez se ha puesto a la
cabeza de la facción goda o santuarista, y que los antiguos
patriotas son perseguidos o postergados. ¡Calumniosa imputación!
Son acaso godos o santuaristas, el siempre adicto a los principios
republicanos general López, el coronel González el doctor Soto, los
señores Gómez, Larrota y Torices, los Mosqueras y otros muchos
ciudadanos ilustres y distinguidos a quienes el presidente ha
llamado a los destinos públicos?... Porque no se persigue o no se
insulta a ciertas y determinadas personas, objeto de la
animadversión de unos pocos, porque la impasible conducta del
gobierno va reuniendo a los ciudadanos a quienes una política
turbulenta tendría siempre divididos; y en fin, porque poco a poco
se van cicatrizando las heridas de la patria: "Todo es
perdido, se grita, la administración es retrógrada y hostil a los
patriotas. El general Santander, este hombre de nuestros recuerdo y
de nuestras esperanzas, no es buscado y consultado para todos los
negocios, no se dan a sus ahijados los mejores puestos y sus
enemigos o malquerientes se pasean impunemente. ¡Qué
maldad!"
Después de dos años de lucha en defensa del poder civil y de
haber arrostrado la maledicencia y la rabia de los escritores de la
oposición, pareciendo que el Gobierno había acallado con su
comportamiento los gritos de las pasiones, al desaparecer
|La
Bandera Nacional, fue dado a los redactores de
|El Argos
decir despidiéndose del público:
"Tocamos a retirada cuando ya no hay enemigos con
quienes combatir, cuando el horizonte político se presenta claro y
despejado, y dejamos consignados en
|El Argos nuestros
principios para que ahora y en más lejana época se nos juzgue por
ellos...
"Nada pierde el país con que en pos de
|La Bandera
Nacional desaparezca
|El Argos, establecido para
contrarrestarla. Resuelto ya favorable y definitivamente el gran
problema que por dos años ha estado examinándose, a saber: si era
todavía posible que a la voluntad nacional legalmente expresada se
sobrepusiesen voluntades o pretensiones individuales, como en
épocas anteriores de recordación infausta, cualesquiera otras
cuestiones son de un interés secundario y pasajero, y sobrarán bien
cortadas plumas que las analicen y aclaren. Las nuéstras no se
empeñan, además, en polémicas políticas en que no dé honra el
triunfo, o disculpe el vencimiento la pujanza de los
adversarios.
"Próxima está, y se acerca bajo las más bellas
apariencias, la nueva campaña eleccionaria... Por nuestra parte, no
permaneceremos indiferentes e inertes cuando suene la hora de
entusiasmo y movimiento para todo buen ciudadano; y sea cual fuere
el nombre que salga favorecido de la urna de las elecciones,
consideraremos siempre como un deber honroso prestar apoyo y
cooperación a los funcionarios públicos legítimamente constituídos,
si respetan las leyes, si gobiernan conforme a las reglas que ellas
les prescriben, si sostienen en todas circunstancias la dignidad
del país y la de sus respectivos puestos, y si los vemos solícitos
en promover la prosperidad nacional."
Por aquí se ve una vez más que el origen de esta lucha no fue
otro que el despecho de Santander. Márquez y los suyos se jactaban
de liberales en el concepto de que sostenían sin contemplación de
ningún linaje las leyes y la voluntad nacional expresada conforme a
ellas, y aseguraban a todos el uso de sus derechos sin distinción
de partidos ni de precedentes gratos o ingratos. Puestos en este
terreno, se hacían sordos a la grita de la otra fracción liberal
tanto como a las quejas y reclamaciones de los descontentos de
antes que con sus votos habían contribuído al triunfo. Bien es
verdad que se complacía el nuevo gobierno en ser fiel a su
programa, cuando podía probar a la oposición que no había, como le
echaban en cara, tal liga con el fanatismo y la intolerancia,
fantasmas que asustaban a todos los liberales. Así, muy a los
principios (27 de agosto de 1837) se previno a los gobernadores,
que teniéndose informes seguros de que en algunos monasterios de
regulares había novicios, donados o devotos menores de veinticinco
años, sin demora cortasen este abuso, cumpliendo el artículo 5° de
la ley de 4 de marzo de 1826, según la cual el jefe político debía
hacer salir del convento o monasterio al individuo que se hallase
en tal caso, para devolverlo a casa de su padre, tutor o curador.
Dictando esta providencia hacían ver a Santander que ahora se tenía
más vigilancia en el particular, y
|
que de haber connivencia
con el fanatismo, como decían, mayor había existido en su tiempo.
Poco después renovaron muchos padres de familia y otras personas
respetables las antiguas gestiones para que se excluyesen de la
enseñanza las obras de Tracy y de Bentham, y el poder ejecutivo se
negó a ello, fundándose sin duda en que puesto en todo su vigor por
la ley de 30 de mayo de 1835 el plan de estudios de 1826, que las
designaba como texto, y desechadas por el congreso peticiones
semejantes, tales obras debían mirarse como apoyadas por la mayoría
nacional
|
(6)
.
Entre estas disputas, que pudiéramos llamar caseras, la paz
continuada de algunos años y la aplicación constante y
desinteresada de los gobernantes a promover el bien común habían
llevado la República a la situación más lisonjera. En su mensaje
constitucional de 1839 anunciaba el presidente al congreso que las
rentas nacionales se habían aumentado considerablemente y aun
excedido bastante a los gastos, y que el ejército permanente se
había ido disminuyendo a medida que la tranquilidad se afianzaba en
todo el territorio. El secretario de hacienda, sentadas las bases
del crédito público con el arreglo de los negocios colombianos,
aseguraba que "en una época no muy lejana quedaría la
deuda (interior) extinguida, si así se tenía por conveniente, o
adquiriría un precio tan subido que sirviese para fomentar la
industria y riqueza públicas, aumentando los valores en
circulación." La instrucción y el bienestar se
generalizaban. La industria empezaba a desarrollarse: la ferrería
de Pacho, las fábricas de loza
|
(7)
, cristal y papel en Bogotá, producían ya
artículos que consentían esperar rápida mejora e incremento. Acaso
en ningún otro punto de nuestra historia ha habido ocasión más
favorable para asentar el orden y dejar correr la nación por el
rumbo de larga prosperidad y bonanza. Faltó sin embargo cordura y
patriotismo, y desde entonces vamos de peligro en peligro, cuando
no de escollo en escollo.
Los que lamentaban que el cambio de personas no hubiera traído
consigo una reforma correspondiente en ciertos puntos,
especialmente en la enseñanza, se resignaban a aguardarla de la
mejora de las leyes, acarreada por una suave modificación de las
ideas dominantes y por una nueva organización de los partidos. Pero
había entre estos descontentos una turba bullanguera que a todas
horas invocaba la religión y de todo se asustaba, no viendo
dondequiera sino impíos conspirados para destruírla. A efecto de
obrar de consuno se reunieron en la sociedad que llamaron
|Católica, y tomaron a pechos lograr representación en la
cámara de provincia y en el congreso. En las elecciones del año de
1838 para senadores y representantes tuvieron algún peso los votos
de los afiliados y adictos: al año siguiente, después de una
cuaresma en que muchos predicadores hablaron duramente contra el
gobierno, pintando con negros colores la impiedad e inmoralidad de
los institutores, legisladores y magistrados
|
(8)
, obtuvieron un espléndido
triunfo, dejando apenas y como de gracia pasar en la cámara de
provincia a don Pastor Ospina y don Francisco Javier Zaldúa entre
todos los candidatos ministeriales para representantes. Los
santanderistas, que no podían ver a la
|Católica y atacaban
al gobierno porque no la disolvía, fundaron la
|Democrática
republicana, de que resultó que las dos se enzarzaron en
vergonzosas disputas.
Para mejorar su causa procuraron aquéllos granjearse el apoyo de
monseñor Cayetano Baluffi, primer representante de la Santa Sede en
Bogotá, que miraba de reojo al gobierno porque no había contentado
algunas pretensiones suyas tan singulares como la de que la nación
había de darle alojamiento y señalarle sueldo del erario público
|
(9)
. Para festejarlo
el día de su santo (agosto de 1838) costearon su retrato, y se lo
llevaron procesionalmente a su casa. En conclusión, los de la
|Católica supieron insinuarse con él a punto de indisponerle
contra el arzobispo, que no podía convenir en que gentes ignorantes
y alborotadas comprometiesen la causa de la Iglesia. Cuando el
señor Mosquera fue elegido para la mitra de Bogotá por el congreso
de 1834, no se le conocía sino por los elogios que de su vasta
ilustración, austeridad de costumbres, sólida piedad y decisión en
favor de todo progreso razonable, hacían varios caballeros que le
habían tratado en Popayán, entre los cuales figuraba el doctor
Cuervo; mientras su concurrente el doctor Juan de la Cruz Gómez
Plata, a más de su incontestable mérito, contaba con generales
simpatías como cura que era de la principal parroquia de la
capital. Hizo su entrada el 21 de septiembre de 1835 con tal
frialdad del público, que sus amigos tuvieron por qué afligirse.
Los canónigos le aguardaban más con curiosidad que bien dispuestos
en su favor; pero se refiere que al ver su distinguida presencia y
oírle entonar en la catedral el
|Sit nomen Domini benedictum,
con aquella voz majestuosa que llenaba todo el ámbito del templo,
uno de ellos dijo a su vecino: "Este no es un
tonto". Con la cultura de sus maneras y lo caballeroso de
su porte se fue granjeando con igual facilidad las voluntades de
todos los que se le acercaban. Valiéndose de este ascendiente, se
dedicó a poner por obra los proyectos que tenía trazados por la
noticia de los males que aquejaban a la sociedad en su diócesis.
Desde el instante en que supo su elección, no vio para ellos otro
remedio que la formación de un clero piadoso e ilustrado y la
educación de la niñez, puntos a que redujo todo su programa en la
bella pastoral con que por primera vez se dirigió a su rebaño. Por
eso puso todo empeño en el progreso de la Sociedad de Instrucción
Primaria, de la cual fue en breve presidente; por eso facilitó la
fundación de escuelas en los conventos de monjas
|
(10)
y la promovió dondequiera que
su influencia pudiera asegurar una buena educación religiosa; por
eso no paré hasta poner el seminario bajo su inmediata dirección:
obras todas que requerían calma y suma prudencia. Esto no lo ven ni
estiman, antes lo censuran y aborrecen, los espíritus impacientes
que quisieran curarlo todo por medio de conflictos. Así la posición
del prelado fue muy embarazosa, porque al haberse colocado a la
cabeza de estos católicos indisciplinados para romper con el
gobierno, hubiera dañado gravísimamente a la causa de la Iglesia; y
mirándolos con desvío, se atrajo su malquerencia
|
(11)
. El tiempo, como siempre, dio
la razón al buen juicio, y la
|Católica dejó de sí triste
recuerdo en los hombres verdaderamente religiosos.
Aunque los que estaban en el gobierno no tuviesen en este punto
las ideas muy asentadas, eran todos tolerantes y patriotas, buena
premisa para aguardar tiempos más faustos. Si no cerraron las
puertas a los santanderistas, tampoco fueron esquivos con los
enemigos de éstos, tal que a mediados de 1838 figuraban ya en el
ministerio los dos generales Herrán y Mosquera, lo que naturalmente
los separó más y más cada día de sus antiguos Compañeros; y como en
la política militante, cuanto más se aleja uno de un partido tanto
se allega al otro, era de prever la fusión completa de los que
igualaba la ojeriza de Santander.
La calma de que nos hablaba
|El Argos era como la ceniza
puesta sobre el fuego traidor que dentro de corto tiempo había de
abrasar la República. El 16 de julio de 1839 llegó a Bogotá la
noticia de graves ocurrencias en Pasto. En otro lugar se hizo
mención de la ley del congreso de Cúcuta por la cual se suprimían
los conventos en que no hubiese a lo menos ocho religiosos de misa;
esta ley se confirmó y amplió con la adicional de 7
|
de abril
de 1826, y sin embargo de eso no se llevó a efecto en todas partes.
Bolívar, ejerciendo la autoridad dictatorial, restableció los
conventos suprimidos (10 de julio de 1828), excepto aquellos cuyos
edificios, conforme a las leyes dichas, estuviesen ya sirviendo de
colegios u hospitales, con el considerando de que esta supresión
había causado mucho disgusto en los pueblos. La convención de la
Nueva Granada declaró nulo este decreto (ley de 13 de enero de
1832), si bien luégo exceptuó y dejó en pie los conventos de la
provincia de Pasto y el de agustinos descalzos llamado de la
Candelaria del Desierto en la de Tunja. Los de aquella provincia
dejaban mucho que desear en su conducta. El gobernador en nota
oficial decía al obispo de Popayán "que muchos de los
religiosos ni vivían en los conventos, ni siquiera llevaban el
vestido de tales"; el presbítero don Francisco de la
Villota en carta al mismo obispo lamentaba con amargura que
"al tiempo que los seglares más relajados y aun los
soldados se acercaban a la iglesia de la misión, los religiosos se
iban alejando con los sombreritos en la mano a trotar
calles" (2 de abril de 1839)
|
(12)
. Con esto y con haber decretado el
congreso del Ecuador la supresión de los conventillos, deseaba el
obispo que igual cosa se hiciera con los que quedaban en su
diócesis, dependientes, por una anomalía no rara entonces, de los
provinciales de Quito y seguros por tanto de no ser vigilados por
sus superiores. Los diputados de Pasto propusieron la medida en el
congreso de 1839, y éste por decreto de 5 de junio suprimió los
cuatro conventos de la Merced, Santo Domingo, San Francisco y San
Agustín, destinando por mitad sus bienes y rentas para fomentar las
misiones de Mocoa y para los establecimientos de educación de la
provincia. Cuando se trató de ponerlo en ejecución, se amotinó el
pueblo con voz de que se quería destruir la religión, y asediando
al gobernador y a la escasa fuerza de que disponía, los redujeron a
firmar una capitulación humillante. En ella figuran como jefes de
los amotinados el presbítero Villota, que tan mal hablaba de los
frailes, y el teniente coronel Antonio Mariano Alvarez, confidente
y brazo derecho de Obando.
Como cualquiera puede figurárselo, al saberse en Bogotá lo
acaecido, los santanderistas (que se bautizaban ya con el nombre de
|progresistas) obedecieron a sus sentimientos mirando con
indignación semejante desmán del fanatismo, y los de la
|Católica simpatizaron con él, a pesar de que el arzobispo lo
condenaba diciendo que "en ningún caso pueden justificarse
actos revolucionarios con pretextos religiosos"
|
(13)
. El gobierno,
improbadas rotundamente las capitulaciones, nombró en seguida al
general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón secretario del interior
y relaciones exteriores, para que sin demora fuese a Pasto a
restablecer el orden, si el gobernador no lo hubiese logrado
ya.
Hallábase el general Obando en Popayán cuando llegó allí Herrán,
yendo de Bogotá a Pasto (27 de julio). Aquél, que durante la
contienda electoral en que fue vencido, y después, se había portado
con bastante dignidad, protestando siempre que defendería la
constitución, se desazonó mucho al ver que la pacificación dé Pasto
se había encomendado a otro que a él, y viendo que se sospechaba
que los facciosos no obraban sin su consentimiento y apoyo, se puso
en camino para Bogotá. Sobre su permanencia en esta ciudad nos da
pormenores la correspondencia de un amigo del doctor Cuervo (quien
empleó en su viaje a Antioquia los meses que van de agosto a
enero), y de ella copiamos algunos pasajes:
|"30 de agosto de 1839. Obando llegó aquí antes
de ayer. Se hacen mil conjeturas sobre su venida; él dice que viene
a pasear y porque lo hostilizaban en Popayán y quería que el
Gobierno vigilara de cerca su conducta. Ayer fue a ver al
vicepresidente. Creo que no piensa visitar a Márquez. Yo lo visité
ayer con Ignacio (Gutiérrez), y estuvo muy afectuoso conmigo. Por
fuéra dicen que viene a desafiar a Tomás Mosquera, a quien se le
atribuyen los impresos que te incluyo.
|"19 de septiembre. El correo pasado te mandé un
papel que publicó Obando, y hoy te envío la respuesta, que dicen es
escrita por Tomás Mosquera. Obando no ha visitado al señor Márquez,
pero se presentó al gobernador, ofreciendo sus servicios. Ya te
supondrás cuántas conjeturas hacen sobre su venida y permanencia en
esta ciudad.
|"11 de octubre. Obando está tratando de hacerse
popular. Los sábados va a cacería, y el pasado se han reunido más
de ciento treinta cazadores, y a todos les ha hecho mucho cariño y
a todos los ha tratado con mucha familiaridad. Florentino
(González) y el doctor Soto no salen de casa de Obando. Santander
muy lleno de lacras en Tocaima, pero desde allá aguijonea la cosa.
Ya habrás visto el empeño que hay en despopularizar a Herrán.
|"25 de octubre. Obando sigue callado y cazando
todos los sábados.
|"22 de noviembre. El lunes de la presente semana
(19 de noviembre) desafió el general Obando al general Mosquera a
las cinco de la tarde, y se tiraron a las seis y media abajo del
cementerio. No corrió sangre. Durán, el coronel, fue el padrino de
Obando, y Joaquín Acosta el de Mosquera. Se dice que la pistola de
Mosquera le faltó al hacer el tiro, y habiendo resistido el de
Obando, tiró al aire. Tuvieron una explicación, volvieron juntos
tuteándose y en la apariencia están en armonía."
Estas menudencias ofrecerán sin duda cierto interés cómico al
lector que recuerde que Mosquera y Obando, émulos mezquinos desde
antigua data, habían peleado en campos opuestos; que en la guerra
inminente iban a figurar como los caudillos más nombrados; y que,
acabada ella, se dieron por la imprenta a largas y descompuestas
disputas.
La oposición, vuelta en sí, vio que la facción de Pasto era cosa
que podía beneficiarse en daño del gobierno, y privadamente y con
sus publicaciones se propuso fomentarla, no descuidando
congraciarse con los de la
|Católica. A tiempo que Obando
trabajaba para hacerse popular, sus copartidarios concentraban sus
fuerzas con el fin de desacreditar a Herrán, haciendo prever
funestos resultados de su ida al sur. Sin embargo, tales presagios
no se cumplieron. Pensando aquel general someter por medios
pacíficos a los revoltosos, partió de Popayán, sin tropa, para
Pasto, donde desengañados a ellos de que el gobierno no accedía a
sus pretensiones, pusieron en tal aprieto a Herrán, que tuvo que
salir precipitadamente por la noche, convencido de la necesidad de
emplear la fuerza. Hízólo así, y sus tropas veteranas desbarataron
en Buesaco a las colecticias del enemigo (31 de agosto). Con esta
derrota y el indulto otorgado a los vencidos pareció restablecida
la paz. Los frailes y otros de los caudillos pasaron al Ecuador
para desde allí encender de nuevo la guerra.
Lo que a todo esto pasaba en la capital nos lo pintan los
fragmentos de cartas que en seguida copiamos:
|"20 de septiembre. Hemos estado a pique de que
esta pobre patria sufra mucho, pues, a decir verdad de algo muy
serio se trataba. Aquí se ha hecho y se hace lo posible por
extraviar la Opinión; y si el valiente y caballeroso general Herrán
sufre un descalabro en Pasto, es opinión común que habríamos tenido
que lidiar con revoluciones en esta capital. Las temo por la
patria, y no por nada personal. No somos gentes que nos asustamos
con gritos, voladores ni aun quizá con metralla un poco cerca, y el
brillante escuadrón de Franco y los sabaneros y algo más se llevan
de calle a dos sociedades católicas y a una oposición. Nada temas,
que nos encontramos fuertes.
|Juan de Dios Aranzazu.
|"27 de septiembre. El
|progreso asociado
de algo de
|catolicismo propalaba que eran invenciones
nuéstras las noticias que publicaron las gacetas extraordinarias
que te envié; que el general Herrán estaba perdido, y que los males
que iba a sufrir la República eran el resultado de los desaciertos
del gobierno en la cuestión de Pasto. El pueblo oye siempre que se
habla a sus desconfianzas, y el viernes, fecha de mi última carta,
se buscaban firmas para una representación pidiendo la destitución
del ministerio y que no se hiciese guerra a Pasto. Parece ser que
los más empeñados en esta pobre parodia de lo que sucedió el año de
30 eran Mantilia y Froes, Beriñas y Gaitán. Nosotros todo lo
sabíamos, conocíamos la tendencia de ese paso y de las muchas y
ridículas chispas circulantes; escuchábamos el susurro de una
revuelta, y nos aprestarnos. El espíritu público comenzó a
despertarse, y otra representación en sentido contrario a la que
pensaba arrojarnos de unos puestos en que nos hallamos violentos,
se había presentado también, mucho más respetable, a lo que creo,
por el número y la calidad de las firmas.
''Llegó el sábado a las seis el posta que condujo el parte
oficial de la batalla de Buesaco y muchas cartas particulares de
oficiales de la columna, y ya no hubo pretexto para las chispas y
embustes; la conducta de la administración estaba justificada, y el
desaliento se difundió por las filas del
|progreso, y hubo en
el pueblo una verdadera alegría. ¿Creerás que esos hombres del
movimiento rápido, los patriotas por antonomasia, no han podido
ocultar su enojo por el triunfo de Herrán, ni han escondido sus
simpatías por la causa de Pasto? Sí lo creerás, porque sabes a qué
punto extravía y pervierte el espíritu de partido. Véngase ahora
con rebajar la gloria de ese modesto general y de su columna.
¡Triste la situación de un granadino a quien mortifican los
triunfos nacionales y el vencimiento de una facción asquerosa y
mugrienta, como lo es el fanatismo! Pues triste y todo, esa es la
del
|progreso.
"Dice Herrán en carta particular al presidente que ha
descubierto por allá
|mirabilia. Es de suponerse que él
recoja, si no todas, muchas de las cartas que se escriben aquí
alentando a la facción.
"Su indulto ha tenido por motivo, a lo que infiero, el
deseo de ahogar la rebelión en la clemencia. Era necesario tenerla
con los cabecillas, porque éstos disponen a su albedrío de las
masas, y Herrán, como sabes, es muy inclinado a lo generoso y
caballeresco. Por una que otra palabra que oigo proferir por esos
mundos, parece que comienzan a tomarlo por candidato, y si concluye
sus negocios de Pasto con el aire con que los ha principiado, es
más que probable que su nombre sostenga la lucha presidencial. Que
se preparen ahora con Florentino y comparsa, porque eso de haber
vencido a lo que decían ellos invencible, y eso de que haya alguien
que pronuncie un nombre presidencial que no sea de los de su
lechigada, es un atentado que debe castigarse con denuestos y
procacidades.
|El mismo.
|"25 de octubre. Mucho deseo que se agite pronto
la cuestión eleccionaria, y ya me parece que estamos en vísperas.
Alejado como estoy de ella, sí comprendo bien que Herrán es el
candidato de la gente de nuestro color. Ya esto me parece cosa
decidida. Sé que don Rafael (Mosquera) trabaja decididamente por él
en el sur, y que muy de buena fe no quiere que se le tenga
presente. Sírvate esto de gobierno. A mí me parece que, habiéndose
ocupado de mucho tiempo atrás todas las banderías eh combatir a
este candidato, lo íbamos a perder porque habían logrado
despopularizarlo
|
(14)
, así como creo que la campaña con Herrán
es ganada. Bogotá está por él, el ejército ídem, administrativos y
católicos también: ¿quién queda en contra? La oposición
necesariamente se divide:, ya el partido de Azuero comienza a
mostrarse disgustado. Este no transige. Obando está aquí fuéra de
combate; Murillo y Rojas son los únicos que sé lo sostienen.
|El
mismo."
La candidatura de Herrámi nació pues del triunfo de Buesaco, y
de ella puede asegurarse que data el partido que después se llamó
conservador. En torno de aquel nombre se unieron los liberales que
sostenían a todo trance el orden legal contra cualquiera
revolución, y los que deseaban ver el principio religioso acatado y
francamente apoyado como elemento de moralidad civil y privada.
Para mantener el programa que brotaba de esta unión, derramaron
copiosamente su sangre en la encarnizada lucha que sobrevino, y por
medio del congreso de 1840 dieron sanción legal a sus principios,
imponiendo penas a los catedráticos que en las universidades u
otros establecimientos de instrucción pública inculcasen principios
subversivos o doctrinas contrarias a los dogmas y moral del
Evangelio, y derogando las disposiciones del plan de estudios de
1826 en cuanto a la designación de los libros por que debían darse
las lecciones (ley de 16 de mayo de 1840)
|
(15)
.
Ocupados los partidos en sus combinaciones y esperanzas, cayó
como el primer rayo anunciador de horrenda tempestad el
descubrimiento que se hizo en el sur, con circunstancias las más
casuales, por no decir providenciales, de testigos y papeles que
fortalecían las sospechas relativas a la responsabilidad de Obando
en el asesinato del mariscal Sucre. Instruído el correspondiente
sumario, libró el juez de Pasto exhorto al de Popayán para que
remitiesen preso a Obando, el cual, temeroso de ser llevado de
Bogotá con escolta, se puso espontáneamente en camino para
comparecer en juicio. "El general Obando",
escribía don Ignacio Gutiérrez el 6 de diciembre, "se fue
hace ocho días muy satisfecho de Bogotá y particularmente de Tomás
Mosquera, a quien llama caballero a boca llena. Suceden cosas en el
mundo que causan risa y llanto al mismo tiempo. Parece que va con
intención de nombrar a J. Mosquera para que lo defienda como
abogado, y aseguran que la cosa va a ponerse tan clara, que quedará
probado que, lejos de haber muerto Obando a Sucre, es todo lo
contrario, que Sucre es el que ha muerto a Obando. Allá lo
veredes."
Lo que se vio fue que Obando, sin llegar adonde decía ir, corrió
a ponerse a la cabeza del movimiento revolucionario que acababa de
estallar en Timbío; lo que se vio fue que reducido por el
conciliador Herrán a que, depuestas las armas, se acogiese con
todos los suyos a una amnistía, y se sujetase él mismo, mirando por
su propia reputación, al juicio iniciado, convino en todo, y
estando preso en Pasto en una casa particular y tratado con las más
exquisitas consideraciones, se fugó con otros de los acusados (5 de
julio), y se unió a Noguera, guerrillero sanguinario y feroz que
transcurrido apenas un mes del indulto de Buesaco, sorprendió y
pasó a cuchillo un destacamento del gobierno, proclamando la
agregación de Pasto al Ecuador, de donde para el efecto recibía
toda clase de auxilios.
Desde los primeros amagos de incendio volvieron los enemigos del
gobierno a servirse de la prensa para atacarle con la violencia de
que son monumento
|El Correo, El Latigazo y otras
publicaciones. Uno de los primeros en salirles al encuentro fue
|El Observador (septiembre de 1839), redactado por don Lino
de Pombo, y en el cual, entre otros, colaboraron don Ignacio
Gutiérrez y el doctor Cuervo con artículos de política y de
costumbres. Escrito con decisión y esmerada claridad, desbarató los
artificios con que se preparaba la revolución, reducidos primero a
desacreditar a Herrán, y después a exhibir a Obando como víctima de
una maquinación que le colocaba "entre la venganza y la
muerte". Se abstuvo de incluir los artículos fuertes que
sobre asuntos políticos se le enviaban, "porque",
decía el redactor, "la moderación ha sido de mucho tiempo
atrás, es y será nuestra divisa" (numero 5º).
|
Conforme fueron acalorándose las invectivas de
|El
Correo, pareció floja esta delicadeza. Al saberse el
pronunciamiento de Obando y Sarria en Timbío, llegó a su colmo la
irritación de uno y otro lado, y se sintió la necesidad de un
periódico en que la defensa y el ataque correspondieran a la
indignación provocada por el desenlace de las tramas
revolucionarias. Acudió a satisfacerla don José Vicente Martínez,
congregando a los escritores más valientes, y en primera línea a
los redactores de
|El Argos, para fundar otra publicación que
bajo el nombre de
|Libertad y Orden, lema de la República,
combatiese a sus implacables enemigos. Se publicaron treinta y
cuatro números en el curso del año de 1840, distinguiéndose en
ellos artículos de gran mérito, entre los cuales obtuvieron mucho
aplauso los que llevaban por título
|La Administración y los
facciosos, por su fuego patriótico, y las
|Cartas del
estudiante, por su gracia y atildada forma.
La conciencia de haber servido a la patria defendiendo el
derecho y trabajando por sacar airoso un gobierno civil, fue
siempre para los redactores de
|El Argos y de
|Libertad y
Orden fuente de la más pura satisfacción. Uno de ellos,
Aranzazu, estando aquejado de la larga y dolorosa enfermedad que
había de acarrearle la muerte, escribía al doctor Cuervo las
siguientes líneas (22 de junio de 1842), en que se ve la frescura y
jovialidad de su carácter en medio de su ardiente patriotismo y de
sus ideas todavía algo escépticas:
"Mi querido amigo: Ayer he recibido tu apreciable del
24 del pasado, y aquí me tienes sentado ya en la poltrona
contestándotela: esto te hará ver (si es que alcanzas a ver desde
allá) que ya estoy bastante mejorado de mis males. Todavía me
encuentro completamente tullido, disposición de lo alto, para no
andar por ahí en malos pasos.
"Me recuerdas nuestros felices tiempos, nuestros días
faustos de
|La Miscelánea y la pérdida de tres de sus
colaboradores, pérdida de no fácil reparación para la República y
para la amistad. Nosotros les hemos sobrevivido, pero no tardaremos
en irlos a buscar, y cuando llegue el día, se cumplirá entonces un
decreto necesario y justo por lo mismo. Nos embarcaremos desde las
riberas engañosas del tiempo para las oscuras de la eternidad, y si
este Mahoma no fuese un grandísimo embustero, allá encontraríamos
nuestras huríes, y la pasaríamos de perlas.
"Otra vez
|La Miscelánea; muy jóvenes, en la edad
bulliciosa, en la estación de los mágicos placeres, ya defendíamos
los sanos principios y procurábamos ser útiles a la patria; más
tarde, en
|El Argos y en
|Libertad y Orden, volvimos a
defenderlos, y acaso llegará otra vez el día en que lanzándonos
nuevamente a la liza, acreditemos que el hielo de los años no
siempre entibia el patriotismo; que no hemos de esperar la muerte
en cuclillas, como tánto salvaje que así pasa su
vida."
Para nosotros es además satisfactorio citar la parte del doctor
Cuervo en la redacción de
|El Argos, por ver comprobado ahí
uno de los rasgos que más le caracterizaron: el desprendimiento,
especialmente en lo relativo a la instrucción pública. Tratando de
la escasez de las rentas de las universidades y de las reformas que
podrían introducirse, propone el periódico (número 17), como una de
las economías que debían introducirse en la central, de que el
doctor Cuervo era rector, rebajar el sueldo de este cargo a
seiscientos pesos anuales, de ochocientos que se le asignaron
cuando las rentas eran más cuantiosas.
|
(1)
|
Véase
|El Amigo del Pueblo de 7 de octubre de 1838. Este
periódico encomia la generosidad del donador, comparándola con la
conducta de otros hombres públicos que salen de su patria; hace
presente lo meritorio de la obra y recuerda lo que la República y
en especial la provincia de Bogotá deben al doctor Cuervo, cuyo
celo y desinterés propone como digno de imitación.
|
|
(2)
|
El doctor Cuervo fue nombrado inspector el 20 de octubre de
1838, y a los tres meses enumeraba
|El Argos en estos
términos las mejoras hechas: "Se ha dado una nueva
distribución a las salas para los enfermos, a fin de que estén
éstos separados según sus clases y sean mejor auxiliados; se han
construído doscientas camas de madera pintadas y en la forma
conveniente para que ningún enfermo presencie los sufrimientos y
agonías de otro; se han hecho doscientos colchones con sus
correspondientes almohadas, igual número de frazadas y de colchas,
y cuatrocientas sábanas; se ha comprado un servicio de loza fina de
la fábrica bogotana con la marca del hospital para dar de comer a
los enfermos, y se ha obtenido de un ciudadano el suficiente número
de cucharas de metal para el mismo objeto; se ha fabricado un fogón
de hornillas de reverbero que economiza cuarenta pesos de leña al
mes y otros dos comunes para preparar las aguas y tisanas: se ha
separado un claustro para la habitación y manejo de los religiosos
a fin de que puedan cumplir mejor con las reglas de su orden,
quedando el otro para los empleados civiles de la casa; se ha
resanado y blanqueado el edificio; se ha destinado una pieza
decente y provista de ataúdes y paños negros para el depósito de
los cadáveres mientras son conducidos al cementerio; en una
palabra, se ha hecho en tres meses cuanto no se hizo cuando el
hospital contaba con cuantiosos fondos". En vista del
estado próspero del establecimiento, el gobernador de la provincia
dirigió al doctor Cuervo una expresiva comunicación, que transmitió
también al gobierno para que se publicara en la
|Gaceta.
Véase el número de 24 de marzo de 1839.
|
|
(3)
|
El arzobispo representó al congreso pidiendo la separación de
los estudios y reclamando el edificio perteneciente al seminario en
2 de abril de 1838;
|El Argos de 6 de mayo publica con
aplauso el proyecto aprobado ya por el senado; pero no fue
sancionado definitivamente hasta el 28 de abril de 1840. El
seminario se instaló solemnemente el 4 de octubre del mismo año. De
los documentos agregados por el arzobispo a su representación hemos
tomado las noticias históricas que damos en el texto.
|
|
(4)
|
Véase, por lo que hace al Ecuador, Cevallos,
|Resumen de la
historia del Ecuador, tomo V, p. 329 (2ª edición).
|
|
(5)
|
Palabras del secretario de hacienda de la Nueva Granada en su
|Memoria al Congreso de 1839.
|
|
(6)
|
Véase
|El Argos de 26 de agosto de 1838. En el artículo a
que nos referimos se alega este hecho en defensa de Márquez contra
Murillo, que en el
|Opúsculo (a que debió éste su primera
celebridad) le acusaba de haber procurado antes de su elección
captarse el apoyo de los fanáticos argumentando en los exámenes
públicos de los colegios contra las doctrinas de Bentham y Tracy.
|El Amigo del Pueblo (número del 10 de marzo de 1839) refiere
que cuando se dio la orden sobre novicios menores de veinticinco
años, Santander "iba a los conventos a quejarse de la
desgracia de los tiempos y la fatalidad de la
administración".
|
|
(7)
|
El privilegio para la fabricación de loza fina en las
provincias internas de la Nueva Granada se concedió a la compañía
de Rufino Cuervo y socios el 23 de marzo de 1832. Esta sociedad se
llamó de
|Industria bogotana. Véase la
|Gaceta de 29 de
junio de 1834. Sobre el estado de las fábricas dichas a principios
de 1839, véase la
|Gaceta de 24 de febrero de este año
impresa en papel bogotano.
|
|
(8)
|
El jefe político de Bogotá en una comunicación al arzobispo
especificó los predicadores, las iglesias y algunos de los
conceptos que se expresaron en los sermones.
|
|
(9)
|
Don Fernando Loreazana, secretario de la legación granadina en
Roma, escribía privadamente: ''Veo que comienzan a realizarse los
temores que había yo concebido acerca de la ida a Bogotá y carácter
del señor Baluffi. Por lo mismo no creo inútil prevenir a usted que
ni la Corte Romana está contenta de su conducta, según tengo
entendido."
|
|
(10)
|
Véase en la
|Gaceta de 17 de septiembre de 1837 la
comunicación en que participa la instalación de la escuela del
convento de Santa Inés con cuarenta niñas, siguiéndose el método de
enseñanza mutua y simultanea en que las religiosas fueron
amaestradas por el conocido institutor don J.
|
M. Triana. En
la
|Gaceta de 20 de mayo de
|
1838 anuncia haberse
abierto la de Santa Clara con cincuenta niñas. Debemos advertir que
el arzobispo en la primera de dichas comunicaciones asienta haberse
ajustado en este asunto al breve de su Santidad de 13 de abril de
1816, por el cual quedan facultados los arzobispos y obispos para
hacer a las religiosas las dispensaciones necesarias para el
establecimiento de las escuelas. En el mismo breve se apoyaba la
cédula española de 8 de julio de 1816, y en el mismo la ley
colombiana de 6 de agosto de 1821, que disponía se establecieran
escuelas de niñas en todos los conventos de religiosas; de modo que
esta última no era tan arbitraria e inconsiderada como alguien ha
pretendido.
|
|
(11)
|
No faltaron publicaciones contra el arzobispo, como
|El
Tempanador
|,
obra de un religioso, propagador entusiasta
de las sociedades católicas. El título dice cuál sería ella.
|
|
(12)
|
Véase la
|Gaceta de 21 de julio de 1839.
|
|
(13)
|
Véase en la
|Gaceta de 21 de julio el ofrecimiento que de
sus servicios hace al gobierno don Lorenzo María Lleras; y en la de
28 de julio la circular dirigida a los curas por el arzobispo con
ocasión de los sucesos de Pasto.
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Don Ignacio Gutiérrez escribía: ''Me pregunta V. qué hay de
presidente, o mejor dicho de candidato; y responderé que la opinión
más pronunciada es por Rafael Mosquera, que representa el principio
del gobierno civil sostenido en
|El Argos y en
|El
Observador, y tiene menos inconvenientes que los demás''.
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El presidente en su mensaje constitucional al congreso del
mismo año esforzó la necesidad de dar a la juventud una sólida
educación moral y religiosa y de alejarla de doctrinas que
conduzcan a la inmoralidad y el ateismo.
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