INDICE




CAPITULO IX

 

"EL ARGOS" Y "LIBERTAD Y ORDEN"

 

Vuelta del doctor Cuervo.-Cargos varios que desempeña.-Rector de la Universidad.-Separación de los estudios civiles y eclesiásticos, y creación del Seminario.-Dirección general de la renta de tabacos.-Plenipotenciario para la división de los créditos de Colombia.-Director del crédito nacional.-La |Bandera Nacional y El Argos.-Los nuevos partidos.-La Sociedad Católica.-El ilustrísimo señor Mosquera en los primeros tiempos de su arzobispado.-Se van alejando los liberales moderados y los santanderistas.-Sucesos de Pasto.-Sus efectos en Bogotá. Párte Herrán para el sur.-Estada de Obando en Bogotá. Cambian de actitud los santanderistas.-Combate de Buesaco y | sus resultados.-Aranzazu sobre esto.-Candidatura de Herrán. Sigue Obando para Pasto a someterse a juicio por la muerte de Sucre.-Renace la lucha periodística.- |El Observador, Libertad y Orden.

 

Grande era pues la vuelta que había dado la cosa pública en tanto que el doctor Cuervo se hallaba en Europa. Aunque se le abría aquí inmenso campo para saciar su deseo de estudiar, y eran irresistibles los halagos que cautivaban su espíritu esencialmente investigador; todavía labraba en su alma una cierta inquietud, como el presagio de una próxima desgracia, que no le dejaba saborear los goces de la cultura europea. No pudiendo resistir por más tiempo la ausencia, adelanta la vuelta a la patria, y después de un largo viaje sembrado de peligros y privaciones, ya a la puerta del suspirado hogar, sabe que la muerte acaba de arrebatar a su hijo Angel María, de seis años de edad (2 de marzo de 1837). Don Julio Arboleda, compañero de viaje, dándole el pésame, le escribía: "Y ¿qué deberá sentir usted, mi amigo, que tánto y tan tiernamente hablaba de sus niños, que le daba a úno gana de ser su hijo?"

A su llegada encontrábase en vísperas de subir al poder la fracción del partido dominante a que desde su juventud había pertenecido. Dados algunos días a su familia y a su aflicción, volvió a la vida pública con el ardor de quien, habiendo visto los países extraños, quisiera consagrarse todo al servicio del propio; así es que desde su regreso hasta la misión al Ecuador tuvo ingerencia en casi todos los ramos del gobierno. Reservándonos hablar con alguna detención sobre los cargos de mayor importancia, vemos por los datos que tenemos a la mano que fue presidente de la Sociedad de Educación Primaria; que como diputado por Chocontá a la cámara provincial de Bogotá promovió la creación en la Casa de Refugio de una sala de silo a semejanza de las que, para recibir a los hijos de los obreros mientras éstos se hallan ocupados en su trabajo, fundó Dionisio Cochin en París el año de 1828; y para que la escasez del tesoro no fuese obstáculo a su proyecto, donó los útiles y enseres necesarios que con este designio había conseguido en Europa | (1) . Como inspector del hospital, decaído por la negligencia de los empleados, puso en observancia el reglamento que redactó durante su gobernación; devolvió al establecimiento, sin aumentar los gastos ni desfalcar las rentas, su anterior prosperidad, y (dejando de mencionar otras mejoras) construyó un espacioso anfiteatro anatómico, provisto de los correspondientes utensilios y con todas las condiciones que requiere la salubridad pública | (2) . Al mismo tiempo dirigía y vigilaba diariamente la fábrica de la capilla del cementerio y desempeñaba no pocos encargos transitorios; entre éstos el de conferenciar en nombre del gobierno con los asentistas de la salina de Zipaquirá para la rescisión del contrato de 1834, lo que no tuvo efecto por no aceptar ellos las bases equitativas que se les proponían; y el de ser árbitro de la Sociedad Granadina de la Ferrería de Pacho, para decidir en las cuestiones que ésta tenía con la Compañía Franco-colombiana. El 20 de diciembre de 1836, durante su ausencia, le había elegido rector el claustro de la Universidad, y el general Santander le comunicaba en estos términos la noticia: "Los doctores de esta Universidad han anulado la sentencia pronunciada contra usted por Broussais en segunda instancia: ellos le han nombrado rector en concurrencia con el doctor Soto, y el gobierno ha aprobado la elección prometiéndose que usted acepte el rectorado por amor a la educación, por gratitud a los electores y por interés en favor de este establecimiento literario, que debiendo ser el primero de la República, es el último. Si mi interposición vale algo para con usted, me interpongo para que acepte". Obedeciendo a estas consideraciones tomó a su cargo el dar vida al descaecido instituto, empresa ardua, si no imposible, supuestas las dificultades que oponía el malhadado plan de estudios. Si no otra cosa hará grata su memoria el haber coadyuvado entonces a hacer a la instrucción superior uno de los beneficios de más monta que pudiera recibir; hablamos de la reforma de la educación y estudios eclesiásticos, que por largos años se habían seguido y dado bajo el mismo techo que los apropiados a otras facultades, sin que esfuerzo alguno bastase a evitar el daño que redundaba a la Iglesia de no formarse los jóvenes que se dedicaban a la carrera eclesiástica bajo la inspección exclusiva del prelado y con un régimen adecuado a su vocación. Desde los primeros días de la conquista de América los obispos trabajaron sin descanso en organizar seminarios para la formación de un clero nacional, y pronto lograron éxito tan feliz, que el monarca español dispensó a estos planteles su protección, imponiéndoles en cambio el deber de dar mayor ensanche a la educación; de aquí provino que tomaron el doble carácter de seminarios eclesiásticos y de establecimientos civiles, aunque mostrándose forzosamente desde luego los inconvenientes de mezclar fundaciones de naturaleza y objetos tan diferentes. En Bogotá, el arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero fundó en 1605 el colegio seminario de San Bartolomé y lo encomendó a los jesuítas, que lo dirigieron hasta su expulsión en 1767; en diciembre de 1771 la Junta de Aplicaciones quiso aprovechar para otros objetos el local (que después fue biblioteca y cuartel, y luégo hemos conocido como palacio presidencial), y destinó para seminario consiliar el colegio máximo de la Compañía, que, según parecer de Alcedo, era la casa más suntuosa y magnífica que tenía en toda la cristiandad después del Jesús de Roma, con condición de que se dividiera para servir de colegio de ordenados y de lugar de corrección para los eclesiásticos. A despecho de todo continuaron confundidas las enseñanzas, con la anomalía de tener el colegio por patronos al virrey y al arzobispo, de donde resultaban diarias competencias de jurisdicción que entorpecían los estudios y aun rompían la armonía entre las dos autoridades. Crecieron los embarazos hasta el punto de que por los años de 1792 el arzobispo don Baltasar Jaime Martínez Compañón se vio precisado a sostener a su costa el colegio de ordenados en el edificio de la Venerable Orden Tercera. Para remediar esto, propuso el virrey Ezpeleta al gobierno español que San Bartolomé fuese entregado al arzobispo para que sirviese exclusivamente de seminario, y que se mejoraran las enseñanzas civiles en el Colegio del Rosario; pero esto no pasó de un puro proyecto. El congreso de Colombia en 1823, a petición del señor Caicedo, provisor entonces y después arzobispo de Bogotá, decretó el establecimiento del colegio de ordenados, destinándole el convento de capuchinos con todas sus anexidades; llevose a efecto y floreció hasta la muerte de este prelado acaecida en 1832, con la cual decayó notablemente, y el local fue adjudicado por el gobierno al Colegio de La Merced. En consecuencia, los que seguían la carrera eclesiástica quedaron en peor condición que los otros estudiantes, pues la Universidad se convirtió en foco de propaganda materialista y utilitaria, y llegó a tánto la relajación, que según el decir de Santander, este establecimiento, debiendo ser el primero, vino a ser el último. El ilustrísimo Mosquera lamentaba como nadie este mal, y escribía por aquellos tiempos al doctor Cuervo que el materialismo y las doctrinas de Bentham estaban devorando la juventud; calamidad que pone en su punto declarando la imposibilidad de conseguir un clero ilustrado, único, en su concepto, capaz de contrastar la corriente devastadora, si hubiera por precisión de formarse en los mismos claustros donde brotaba el veneno que estaba llamado a combatir. Resuelto el sabio prelado a poner remedio, encarece al doctor Cuervo que visite los mejores seminarios de Europa y que junto con sus propias observaciones le lleve los libros y reglamentos que crea más aplicables al arzobispado. Ya se supondrá que poco esfuerzo tuve que hacer para cumplir un encargo en que, complaciendo a un amigo predilecto, prestaba un servicio a su patria. Rector luégo de la Universidad, apoyó y ayudó eficazmente los designios del arzobispo y no sería poca la parte que en la empresa le cupo, cuando al ver años después los opimos frutos que daba el seminario a la Iglesia y a la República, se gloriaba, escribiendo a su ilustre amigo, de su cooperación en obra tan beneficiosa | (3) .

Nombrado en 1837 administrador de las salinas de Zipaquirá, Nemocón y Tausa, condescendió con el gobierno en aceptar más bien la dirección general de la renta de tabacos, atenta la caída que tuvo este artículo en los mercados europeos, por efecto de cierto descuido en la venta de una cantidad considerable del de Girón, que se hallaba en mal estado. Por otra parte este destino se reputaba de mayor importancia, supuestas las esperanzas lisonjeras que se libraban en el incremento y prosperidad a que una atinada organización pudiera levantar esta renta. Con todos sus inconvenientes, el monopolio del tabaco que venía desde la Colonia, había sido conservado por una ley de 1821, temiéndose el desfalco que la supresión repentina hubiera ocasionado en la hacienda pública, no menos que con el benéfico designio de extender el cultivo y darlo libre cuando el comercio fuese de por sí capaz de sostener el impulso dado. Pensábase además que recibiendo esta renta como garantía los acreedores extranjeros se interesarían en abrirnos mercados en Europa y fomentar nuestra agricultura. Pero la dirección era dificultosa en sumo grado: si decimos que la producción era laboriosísima, incesante la vigilancia, los reglamentos enredados y viciosos, no daremos una idea de esta afanosa labor: el gobierno había de escoger las semillas, dirigir el cultivo, vigilar la cosecha y empaque, y buscar los mercados; todo con un tren de empleados y guardas numerosísimo y heterogéneo hasta no poder serlo más; y con una falta absoluta de unidad y fijeza, pues acá se producía el tabaco por medio de contratos, allá por administración o de ambas maneras. En esta confusión, que devoraba la mitad de la renta, era donde se esperaba que el doctor Cuervo introdujese orden y economía. Con este intento dictó muchas providencias eficaces, y la |Memoria que presentó a los cuatro meses de haberse encargado del ramo mereció particular elogio del gobierno y de los conocedores, por la suma de trabajo que encierra y por las ideas luminosas que propone para conseguir la prosperidad de la renta, simplificar la contabilidad igualándola a la de una casa de comercio, y obtener, reduciendo el personal, con menos trabajo, mejores resultados.

Disuelta Colombia, era así punto de honor como exigencia de la necesidad, que las tres naciones en que aquélla se dividió, determinasen cuanto antes lo que a cada una correspondía en la enorme deuda contraída para concluir la guerra de la independencia. Con este fin designó Venezuela en 1833 a don Santos Michelena, en calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, y llegado a Bogotá, se entendió con don Lino de Pombo, comisionado para el efecto por el gobierno de la Nueva Granada. Después de prolongadas discusiones se firmó en 23 de diciembre de 1834 la convención sobre reconocimiento y división de los créditos activos y pasivos de Colombia, basada en la población, según el censo de 1825; por manera que de cien unidades tocaban a la Nueva Granada las cincuenta, a Venezuela veintiocho y media, y al Ecuador veintiuna y media. El último, a causa de las discordias en que se abrasaba, no pudo pensar en estos asuntos, pero posteriormente accedió a la convención (22 de abril de 1837). Sólo Venezuela quedó contenta con el arreglo | (4) , como que al fin ella dictó las bases y casi las impuso; su congreso aprobó en breve la convención (28 de abril de 1835). En la Nueva Granada se oyeron por dondequiera voces de improbación, pues parecía una iniquidad que hubiésemos de cargar con la mitad de la deuda; y se protestaba que no era la población lo único que debía tomarse por norma en esta división, sino que debían tenerse en cuenta otras condiciones económicas de las tres naciones. En los congresos de 1835 y 1836 hubo, particularmente en la cámara de representantes, violentas discusiones, de que atrás dimos idea; intentóse reducir a Venezuela a entrar en nuevas negociaciones, y como estos esfuerzos saliesen vanos, el deseo de ahorrar sacrificios más costosos y la urgencia de definir una situación que imposibilitaba la organización del crédito público, movieron al presidente Márquez a pedir al congreso (6 de abril de 1837) que aprobase la convención firmada, como en seguida se hizo. No por tanto cesó el descontento ni cierta mala voluntad contra los que habían intervenido en el negocio; pero es muy probable que, aun tomadas otras bases, siempre fuera imposible hallar un corte estrictamente justo, y así jamás hubiera faltado qué criticar.

Conforme a la base indicada se dividía en la convención lo que debía Colombia por los empréstitos de 1822 y 1824 con sus intereses, el préstamo sin interés que generosamente hizo la legación de Méjico en Londres a nuestro ministro para sacarle de embarazos en momentos en que estaba comprometido su crédito junto con el de Colombia; la deuda consolidada al tres por ciento de interés anual y la consolidada al cinco por ciento; la deuda flotante radicada en las aduanas el 1° de enero de 1830, y la de tesorería hasta la misma fecha, en la cual se incluían los sueldos, pensiones, servicios, préstamos y contratas, junto con los sueldos y gastos de las legaciones de Colombia en el Brasil, en el Perú y en Méjico, los del consulado general en los Estados Unidos y los de conservación de los archivos colombianos en Londres y Lima; todo posterior al 1° de enero de 1830, los de la legación de Roma hasta el 24 de febrero de 1832, y todos los gastos del congreso constituyente de 1830. Pero no todas las deudas consolidadas habían sido inscritas en lo que se llamaba el gran libro de la deuda nacional colombiana, y era preciso que los acreedores presentasen sus títulos para admitirlos y reconocerlos en caso de ser conformes a las leyes y decretos de Colombia; las deudas flotante y de tesorería, de que habían de presentar una relación las tres repúblicas, debían repartirse adjudicando de preferencia a cada una de ellas lo que correspondía a sus propios ciudadanos o habitantes, haciendo oportunas compensaciones en caso de exceso o defecto por una parte u otra; para recoger en Europa los vales provenientes de los empréstitos dichos y cancelarlos cambiándolos por otros, cada república debía enviar un comisionado a Londres; para confrontar aquellos vales con el registro formado por los comisionados y anularlos después; para efectuar las delicadas operaciones relativas a la deuda doméstica; para oír cuantas reclamaciones se hiciesen contra Colombia por causas anteriores al 31 de diciembre de 1829; para liquidar y transigir equitativamente las que se apoyasen en sentencias ejecutoriadas, las que fueron reconocidas como justas por el gobierno colombiano y las que trajesen su origen de expoliaciones cometidas por corsarios colombianos, debía reunirse en Bogotá una comisión compuesta de tres ministros nombrados por cada una de las repúblicas interesadas. Venezuela envió a don Santos Michelena, el Ecuador a don Francisco Marcos y la Nueva Granada designó al doctor Cuervo. Instalóse la asamblea el 25 de abril de 1838 con no poco recelo del público, porque los antecedentes inclinaban a ver su tarea "erizada de dificultades" y hasta "se hacían fatídicos pronósticos" | (5) . A los pocos días se vieron disipados tales temores: la cultura, tino y circunspección con que se condujeron los plenipotenciarios, hicieron reinar en sus conferencias la más perfecta armonía y cordialidad, además que trabajaron tan asidua y escrupulosamente que su cometido pareció menos difícil a los de fuéra, y se concluyó antes de lo que se suponía. A la atención e imparcialidad que se requerían para poner cortapisas a las pretensiones o la mala fe de muchos reclamantes, era menester agregar una laboriosidad incansable. Después de examinar individualmente los títulos presentados para declararlos buenos o no, debían liquidarlos y cancelarlos con una nota firmada de todos los ministros; se llevaban por triplicado tres registros, uno de la deuda consolidable al cinco por ciento, otro de la de igual clase al tres por ciento, y el último de la flotante y de tesorerías. La suma de este , trabajo se estimará en su justa medida recordando que, después de haber negado muchas reclamaciones, la deuda total de Colombia fue en números redondos de 103.398.000 pesos, en que la extranjera ascendía a 34.065.000 y sus intereses a 29.450.000; la interior a 25.326.000, y sus intereses a 14.557.000; de todo lo cual correspondió a la Nueva Granada 51.699.000.

El 16 de mayo de 1839 se concluyó la liquidación y división, y el acuerdo de la junta de ese día fue como el finiquito de la cuenta de la Nueva Granada con Colombia, pues su plenipotenciario presentó 3.019.518 pesos y 1 real y 6/8 de real en vales de deuda consolidada de Colombia de inscripción al cinco y al tres por ciento, para cubrir el déficit que le resultó en su cupo de deuda consolidable y flotante.

El doctor Cuervo tuvo auxiliar incomparable en el celo e inteligencia de don Juan Antonio Marroquín, que fue nombrado por el gobierno granadino para preparar y ordenar los documentos que se presentasen, y formó de ellos un índice tan claro y bien dispuesto, que facilitó muchísimo el trabajo.

Salido tan felizmente de este encargo, fue llamado el doctor Cuervo a la dirección del crédito nacional, en reemplazo de don José Manuel Restrepo, que la desempeñaba interinamente; cargo en que debía reducir a efecto los deberes que la nación había contraído al hacer la división de los créditos colombianos. Sin embargo, no pudo tomar posesión de él hasta pasados algunos meses, quedando entre tanto en esta ardua faena don Ignacio Gutiérrez, porque al ver a un amigo suyo muy querido amenazado de grave e inminente pérdida si un abogado hábil no defendía sus intereses en la provincia de Antioquia, emprendió el viaje en seguida, separándose de los destinos que ocupaba.

Dejamos a Santander dispuesto con sus adictos a hostilizar al presidente que, a despecho de sus votos y de sus esfuerzos, la mayoría nacional había elegido. Organo de esta oposición fue |La Bandera Nacional, redactada por el mismo Santander, don Florentino González y don Lorenzo María Lleras, y cuyo tono acre y lenguaje descompuesto recordaban |El Cachaco. Anunció desde el primer número sus intenciones hostiles, las siguió con tenacidad, se propasó a amenazar con un 25 de septiembre, y aun pretendió sembrar la cizaña en la sociedad fingiendo una odiosa diferencia de nobles y plebeyos; esto al mismo tiempo que de otros modos se ponía en la costa unos contra otros a los blancos y a los pardos y se daba pábulo a todo linaje de pretensiones o rivalidades locales a fin de resucitar el federalismo. Para hacer rostro a esta publicación se fundaron varios periódicos, entre los cuales ocupó el primer lugar |El Argos, de que salieron setenta y ocho números desde 26 de noviembre de 1837 a 19 de mayo de 1839. Figuraron entre sus principales redactores don Juan de Dios Aranzazu, don Lino de Pombo y el doctor Cuervo. Como muestra de su tono y estilo y porque pinta en breves rasgos la conducta de los opositores, copiaremos algunos períodos de un artículo titulado |¿Qué pretende la oposición? Después de exponer los caracteres y fines de una oposición razonable, continúa:

"Examinemos ahora cuáles son los intereses, cuáles los principios en cuyo sostenimiento y triunfo está empeñado el partido santanderista. Se quiere aliviar a la agricultura de las cargas que la agobian, quitar las restricciones al comercio, mejorar y facilitar las vías de comunicación, fundar el crédito público, extender y mejorar la instrucción primaria y secundaria? Estos son objetos que ocupan preferentemente la atención del gobierno, como puede verse en las exposiciones de los secretarios de Estado al congreso. ¿Se aspira a que la libertad civil y política sea una realidad en la Nueva Granada y a que todos los ciudadanos gocen de una perfecta seguridad en sus personas y propiedades? Cualquiera que viva en este país contestará que estos bienes se poseen. ¿Qué es lo que pretende pues la oposición? Satisfacer miserables pasioncillas, vengar injustos resentimientos, hacer triunfar su orgullo ofendido y echar abajo la presente administración no por medios lícitos y nobles sino por los de la difamación y la calumnia. Allá en Europa la oposición se hace a la política o a la tendencia de los gabinetes; acá en nuestra tierra se dirige a los empleos y a los que los obtienen, si no son de la comunión íntima del ex-presidente.

"Observemos de paso la conducta de esos señores en las cámaras legislativas. Encarécese de un extremo a otro de la República que se mejore la administración de justicia, que se dé una buena ley de policía, que se simplifique la administración local, que se introduzca el orden en la enseñanza pública para que corresponda a las necesidades del pueblo, que se codifiquen las leyes de aduana, que se dé impulso a la importante renta del tabaco, etc.: ahí están durmiendo los proyectos presentados sobre estos interesantes ramos del servicio público, sin que ninguno de los que se titulan amigos del pueblo y representantes del |progreso, levante su voz para hacerlos despertar, discutir y aprobar. Pero que se trate de una cuestión de poco o ningún interés nacional, como la del juez de hacienda del Cauca, la de la provisión de la escuela de Chipatá u otra semejante en que puedan hacerse inculpaciones odiosas al ejecutivo, la oposición entonces levanta su voz de trueno, hay discursos preparados de antemano, furibundas catilinarias, energía, heroísmo, desafío a los peligros de la muerte, etc. ¿Para qué? Para combatir al honrado ciudadano que preside a la nación por los votos de ésta y contra los deseos de su antecesor, y que sin medios ni elementos para oprimir al pueblo, sólo tiene en su apoyo la fuerza moral que da la opinión. ¡Menguado y bien triste heroísmo el que se quiere hacer valer contra quien no opone más armas, ni más medios de defensa que los de la razón, ni más auxilios que sus notorios precedentes de probidad y de saber.

"Se dice empero que el señor Márquez se ha puesto a la cabeza de la facción goda o santuarista, y que los antiguos patriotas son perseguidos o postergados. ¡Calumniosa imputación! Son acaso godos o santuaristas, el siempre adicto a los principios republicanos general López, el coronel González el doctor Soto, los señores Gómez, Larrota y Torices, los Mosqueras y otros muchos ciudadanos ilustres y distinguidos a quienes el presidente ha llamado a los destinos públicos?... Porque no se persigue o no se insulta a ciertas y determinadas personas, objeto de la animadversión de unos pocos, porque la impasible conducta del gobierno va reuniendo a los ciudadanos a quienes una política turbulenta tendría siempre divididos; y en fin, porque poco a poco se van cicatrizando las heridas de la patria: "Todo es perdido, se grita, la administración es retrógrada y hostil a los patriotas. El general Santander, este hombre de nuestros recuerdo y de nuestras esperanzas, no es buscado y consultado para todos los negocios, no se dan a sus ahijados los mejores puestos y sus enemigos o malquerientes se pasean impunemente. ¡Qué maldad!"

Después de dos años de lucha en defensa del poder civil y de haber arrostrado la maledicencia y la rabia de los escritores de la oposición, pareciendo que el Gobierno había acallado con su comportamiento los gritos de las pasiones, al desaparecer |La Bandera Nacional, fue dado a los redactores de |El Argos decir despidiéndose del público:

"Tocamos a retirada cuando ya no hay enemigos con quienes combatir, cuando el horizonte político se presenta claro y despejado, y dejamos consignados en |El Argos nuestros principios para que ahora y en más lejana época se nos juzgue por ellos...

"Nada pierde el país con que en pos de |La Bandera Nacional desaparezca |El Argos, establecido para contrarrestarla. Resuelto ya favorable y definitivamente el gran problema que por dos años ha estado examinándose, a saber: si era todavía posible que a la voluntad nacional legalmente expresada se sobrepusiesen voluntades o pretensiones individuales, como en épocas anteriores de recordación infausta, cualesquiera otras cuestiones son de un interés secundario y pasajero, y sobrarán bien cortadas plumas que las analicen y aclaren. Las nuéstras no se empeñan, además, en polémicas políticas en que no dé honra el triunfo, o disculpe el vencimiento la pujanza de los adversarios.

"Próxima está, y se acerca bajo las más bellas apariencias, la nueva campaña eleccionaria... Por nuestra parte, no permaneceremos indiferentes e inertes cuando suene la hora de entusiasmo y movimiento para todo buen ciudadano; y sea cual fuere el nombre que salga favorecido de la urna de las elecciones, consideraremos siempre como un deber honroso prestar apoyo y cooperación a los funcionarios públicos legítimamente constituídos, si respetan las leyes, si gobiernan conforme a las reglas que ellas les prescriben, si sostienen en todas circunstancias la dignidad del país y la de sus respectivos puestos, y si los vemos solícitos en promover la prosperidad nacional."

Por aquí se ve una vez más que el origen de esta lucha no fue otro que el despecho de Santander. Márquez y los suyos se jactaban de liberales en el concepto de que sostenían sin contemplación de ningún linaje las leyes y la voluntad nacional expresada conforme a ellas, y aseguraban a todos el uso de sus derechos sin distinción de partidos ni de precedentes gratos o ingratos. Puestos en este terreno, se hacían sordos a la grita de la otra fracción liberal tanto como a las quejas y reclamaciones de los descontentos de antes que con sus votos habían contribuído al triunfo. Bien es verdad que se complacía el nuevo gobierno en ser fiel a su programa, cuando podía probar a la oposición que no había, como le echaban en cara, tal liga con el fanatismo y la intolerancia, fantasmas que asustaban a todos los liberales. Así, muy a los principios (27 de agosto de 1837) se previno a los gobernadores, que teniéndose informes seguros de que en algunos monasterios de regulares había novicios, donados o devotos menores de veinticinco años, sin demora cortasen este abuso, cumpliendo el artículo 5° de la ley de 4 de marzo de 1826, según la cual el jefe político debía hacer salir del convento o monasterio al individuo que se hallase en tal caso, para devolverlo a casa de su padre, tutor o curador. Dictando esta providencia hacían ver a Santander que ahora se tenía más vigilancia en el particular, y | que de haber connivencia con el fanatismo, como decían, mayor había existido en su tiempo. Poco después renovaron muchos padres de familia y otras personas respetables las antiguas gestiones para que se excluyesen de la enseñanza las obras de Tracy y de Bentham, y el poder ejecutivo se negó a ello, fundándose sin duda en que puesto en todo su vigor por la ley de 30 de mayo de 1835 el plan de estudios de 1826, que las designaba como texto, y desechadas por el congreso peticiones semejantes, tales obras debían mirarse como apoyadas por la mayoría nacional | (6) .

Entre estas disputas, que pudiéramos llamar caseras, la paz continuada de algunos años y la aplicación constante y desinteresada de los gobernantes a promover el bien común habían llevado la República a la situación más lisonjera. En su mensaje constitucional de 1839 anunciaba el presidente al congreso que las rentas nacionales se habían aumentado considerablemente y aun excedido bastante a los gastos, y que el ejército permanente se había ido disminuyendo a medida que la tranquilidad se afianzaba en todo el territorio. El secretario de hacienda, sentadas las bases del crédito público con el arreglo de los negocios colombianos, aseguraba que "en una época no muy lejana quedaría la deuda (interior) extinguida, si así se tenía por conveniente, o adquiriría un precio tan subido que sirviese para fomentar la industria y riqueza públicas, aumentando los valores en circulación." La instrucción y el bienestar se generalizaban. La industria empezaba a desarrollarse: la ferrería de Pacho, las fábricas de loza | (7) , cristal y papel en Bogotá, producían ya artículos que consentían esperar rápida mejora e incremento. Acaso en ningún otro punto de nuestra historia ha habido ocasión más favorable para asentar el orden y dejar correr la nación por el rumbo de larga prosperidad y bonanza. Faltó sin embargo cordura y patriotismo, y desde entonces vamos de peligro en peligro, cuando no de escollo en escollo.

Los que lamentaban que el cambio de personas no hubiera traído consigo una reforma correspondiente en ciertos puntos, especialmente en la enseñanza, se resignaban a aguardarla de la mejora de las leyes, acarreada por una suave modificación de las ideas dominantes y por una nueva organización de los partidos. Pero había entre estos descontentos una turba bullanguera que a todas horas invocaba la religión y de todo se asustaba, no viendo dondequiera sino impíos conspirados para destruírla. A efecto de obrar de consuno se reunieron en la sociedad que llamaron |Católica, y tomaron a pechos lograr representación en la cámara de provincia y en el congreso. En las elecciones del año de 1838 para senadores y representantes tuvieron algún peso los votos de los afiliados y adictos: al año siguiente, después de una cuaresma en que muchos predicadores hablaron duramente contra el gobierno, pintando con negros colores la impiedad e inmoralidad de los institutores, legisladores y magistrados | (8) , obtuvieron un espléndido triunfo, dejando apenas y como de gracia pasar en la cámara de provincia a don Pastor Ospina y don Francisco Javier Zaldúa entre todos los candidatos ministeriales para representantes. Los santanderistas, que no podían ver a la |Católica y atacaban al gobierno porque no la disolvía, fundaron la |Democrática republicana, de que resultó que las dos se enzarzaron en vergonzosas disputas.

Para mejorar su causa procuraron aquéllos granjearse el apoyo de monseñor Cayetano Baluffi, primer representante de la Santa Sede en Bogotá, que miraba de reojo al gobierno porque no había contentado algunas pretensiones suyas tan singulares como la de que la nación había de darle alojamiento y señalarle sueldo del erario público | (9) . Para festejarlo el día de su santo (agosto de 1838) costearon su retrato, y se lo llevaron procesionalmente a su casa. En conclusión, los de la |Católica supieron insinuarse con él a punto de indisponerle contra el arzobispo, que no podía convenir en que gentes ignorantes y alborotadas comprometiesen la causa de la Iglesia. Cuando el señor Mosquera fue elegido para la mitra de Bogotá por el congreso de 1834, no se le conocía sino por los elogios que de su vasta ilustración, austeridad de costumbres, sólida piedad y decisión en favor de todo progreso razonable, hacían varios caballeros que le habían tratado en Popayán, entre los cuales figuraba el doctor Cuervo; mientras su concurrente el doctor Juan de la Cruz Gómez Plata, a más de su incontestable mérito, contaba con generales simpatías como cura que era de la principal parroquia de la capital. Hizo su entrada el 21 de septiembre de 1835 con tal frialdad del público, que sus amigos tuvieron por qué afligirse. Los canónigos le aguardaban más con curiosidad que bien dispuestos en su favor; pero se refiere que al ver su distinguida presencia y oírle entonar en la catedral el |Sit nomen Domini benedictum, con aquella voz majestuosa que llenaba todo el ámbito del templo, uno de ellos dijo a su vecino: "Este no es un tonto". Con la cultura de sus maneras y lo caballeroso de su porte se fue granjeando con igual facilidad las voluntades de todos los que se le acercaban. Valiéndose de este ascendiente, se dedicó a poner por obra los proyectos que tenía trazados por la noticia de los males que aquejaban a la sociedad en su diócesis. Desde el instante en que supo su elección, no vio para ellos otro remedio que la formación de un clero piadoso e ilustrado y la educación de la niñez, puntos a que redujo todo su programa en la bella pastoral con que por primera vez se dirigió a su rebaño. Por eso puso todo empeño en el progreso de la Sociedad de Instrucción Primaria, de la cual fue en breve presidente; por eso facilitó la fundación de escuelas en los conventos de monjas | (10) y la promovió dondequiera que su influencia pudiera asegurar una buena educación religiosa; por eso no paré hasta poner el seminario bajo su inmediata dirección: obras todas que requerían calma y suma prudencia. Esto no lo ven ni estiman, antes lo censuran y aborrecen, los espíritus impacientes que quisieran curarlo todo por medio de conflictos. Así la posición del prelado fue muy embarazosa, porque al haberse colocado a la cabeza de estos católicos indisciplinados para romper con el gobierno, hubiera dañado gravísimamente a la causa de la Iglesia; y mirándolos con desvío, se atrajo su malquerencia | (11) . El tiempo, como siempre, dio la razón al buen juicio, y la |Católica dejó de sí triste recuerdo en los hombres verdaderamente religiosos.

Aunque los que estaban en el gobierno no tuviesen en este punto las ideas muy asentadas, eran todos tolerantes y patriotas, buena premisa para aguardar tiempos más faustos. Si no cerraron las puertas a los santanderistas, tampoco fueron esquivos con los enemigos de éstos, tal que a mediados de 1838 figuraban ya en el ministerio los dos generales Herrán y Mosquera, lo que naturalmente los separó más y más cada día de sus antiguos Compañeros; y como en la política militante, cuanto más se aleja uno de un partido tanto se allega al otro, era de prever la fusión completa de los que igualaba la ojeriza de Santander.

La calma de que nos hablaba |El Argos era como la ceniza puesta sobre el fuego traidor que dentro de corto tiempo había de abrasar la República. El 16 de julio de 1839 llegó a Bogotá la noticia de graves ocurrencias en Pasto. En otro lugar se hizo mención de la ley del congreso de Cúcuta por la cual se suprimían los conventos en que no hubiese a lo menos ocho religiosos de misa; esta ley se confirmó y amplió con la adicional de 7 | de abril de 1826, y sin embargo de eso no se llevó a efecto en todas partes. Bolívar, ejerciendo la autoridad dictatorial, restableció los conventos suprimidos (10 de julio de 1828), excepto aquellos cuyos edificios, conforme a las leyes dichas, estuviesen ya sirviendo de colegios u hospitales, con el considerando de que esta supresión había causado mucho disgusto en los pueblos. La convención de la Nueva Granada declaró nulo este decreto (ley de 13 de enero de 1832), si bien luégo exceptuó y dejó en pie los conventos de la provincia de Pasto y el de agustinos descalzos llamado de la Candelaria del Desierto en la de Tunja. Los de aquella provincia dejaban mucho que desear en su conducta. El gobernador en nota oficial decía al obispo de Popayán "que muchos de los religiosos ni vivían en los conventos, ni siquiera llevaban el vestido de tales"; el presbítero don Francisco de la Villota en carta al mismo obispo lamentaba con amargura que "al tiempo que los seglares más relajados y aun los soldados se acercaban a la iglesia de la misión, los religiosos se iban alejando con los sombreritos en la mano a trotar calles" (2 de abril de 1839) | (12) . Con esto y con haber decretado el congreso del Ecuador la supresión de los conventillos, deseaba el obispo que igual cosa se hiciera con los que quedaban en su diócesis, dependientes, por una anomalía no rara entonces, de los provinciales de Quito y seguros por tanto de no ser vigilados por sus superiores. Los diputados de Pasto propusieron la medida en el congreso de 1839, y éste por decreto de 5 de junio suprimió los cuatro conventos de la Merced, Santo Domingo, San Francisco y San Agustín, destinando por mitad sus bienes y rentas para fomentar las misiones de Mocoa y para los establecimientos de educación de la provincia. Cuando se trató de ponerlo en ejecución, se amotinó el pueblo con voz de que se quería destruir la religión, y asediando al gobernador y a la escasa fuerza de que disponía, los redujeron a firmar una capitulación humillante. En ella figuran como jefes de los amotinados el presbítero Villota, que tan mal hablaba de los frailes, y el teniente coronel Antonio Mariano Alvarez, confidente y brazo derecho de Obando.

Como cualquiera puede figurárselo, al saberse en Bogotá lo acaecido, los santanderistas (que se bautizaban ya con el nombre de |progresistas) obedecieron a sus sentimientos mirando con indignación semejante desmán del fanatismo, y los de la |Católica simpatizaron con él, a pesar de que el arzobispo lo condenaba diciendo que "en ningún caso pueden justificarse actos revolucionarios con pretextos religiosos" | (13) . El gobierno, improbadas rotundamente las capitulaciones, nombró en seguida al general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón secretario del interior y relaciones exteriores, para que sin demora fuese a Pasto a restablecer el orden, si el gobernador no lo hubiese logrado ya.

Hallábase el general Obando en Popayán cuando llegó allí Herrán, yendo de Bogotá a Pasto (27 de julio). Aquél, que durante la contienda electoral en que fue vencido, y después, se había portado con bastante dignidad, protestando siempre que defendería la constitución, se desazonó mucho al ver que la pacificación dé Pasto se había encomendado a otro que a él, y viendo que se sospechaba que los facciosos no obraban sin su consentimiento y apoyo, se puso en camino para Bogotá. Sobre su permanencia en esta ciudad nos da pormenores la correspondencia de un amigo del doctor Cuervo (quien empleó en su viaje a Antioquia los meses que van de agosto a enero), y de ella copiamos algunos pasajes:

|"30 de agosto de 1839. Obando llegó aquí antes de ayer. Se hacen mil conjeturas sobre su venida; él dice que viene a pasear y porque lo hostilizaban en Popayán y quería que el Gobierno vigilara de cerca su conducta. Ayer fue a ver al vicepresidente. Creo que no piensa visitar a Márquez. Yo lo visité ayer con Ignacio (Gutiérrez), y estuvo muy afectuoso conmigo. Por fuéra dicen que viene a desafiar a Tomás Mosquera, a quien se le atribuyen los impresos que te incluyo.

|"19 de septiembre. El correo pasado te mandé un papel que publicó Obando, y hoy te envío la respuesta, que dicen es escrita por Tomás Mosquera. Obando no ha visitado al señor Márquez, pero se presentó al gobernador, ofreciendo sus servicios. Ya te supondrás cuántas conjeturas hacen sobre su venida y permanencia en esta ciudad.

|"11 de octubre. Obando está tratando de hacerse popular. Los sábados va a cacería, y el pasado se han reunido más de ciento treinta cazadores, y a todos les ha hecho mucho cariño y a todos los ha tratado con mucha familiaridad. Florentino (González) y el doctor Soto no salen de casa de Obando. Santander muy lleno de lacras en Tocaima, pero desde allá aguijonea la cosa. Ya habrás visto el empeño que hay en despopularizar a Herrán.

|"25 de octubre. Obando sigue callado y cazando todos los sábados.

|"22 de noviembre. El lunes de la presente semana (19 de noviembre) desafió el general Obando al general Mosquera a las cinco de la tarde, y se tiraron a las seis y media abajo del cementerio. No corrió sangre. Durán, el coronel, fue el padrino de Obando, y Joaquín Acosta el de Mosquera. Se dice que la pistola de Mosquera le faltó al hacer el tiro, y habiendo resistido el de Obando, tiró al aire. Tuvieron una explicación, volvieron juntos tuteándose y en la apariencia están en armonía."

Estas menudencias ofrecerán sin duda cierto interés cómico al lector que recuerde que Mosquera y Obando, émulos mezquinos desde antigua data, habían peleado en campos opuestos; que en la guerra inminente iban a figurar como los caudillos más nombrados; y que, acabada ella, se dieron por la imprenta a largas y descompuestas disputas.

La oposición, vuelta en sí, vio que la facción de Pasto era cosa que podía beneficiarse en daño del gobierno, y privadamente y con sus publicaciones se propuso fomentarla, no descuidando congraciarse con los de la |Católica. A tiempo que Obando trabajaba para hacerse popular, sus copartidarios concentraban sus fuerzas con el fin de desacreditar a Herrán, haciendo prever funestos resultados de su ida al sur. Sin embargo, tales presagios no se cumplieron. Pensando aquel general someter por medios pacíficos a los revoltosos, partió de Popayán, sin tropa, para Pasto, donde desengañados a ellos de que el gobierno no accedía a sus pretensiones, pusieron en tal aprieto a Herrán, que tuvo que salir precipitadamente por la noche, convencido de la necesidad de emplear la fuerza. Hízólo así, y sus tropas veteranas desbarataron en Buesaco a las colecticias del enemigo (31 de agosto). Con esta derrota y el indulto otorgado a los vencidos pareció restablecida la paz. Los frailes y otros de los caudillos pasaron al Ecuador para desde allí encender de nuevo la guerra.

Lo que a todo esto pasaba en la capital nos lo pintan los fragmentos de cartas que en seguida copiamos:

|"20 de septiembre. Hemos estado a pique de que esta pobre patria sufra mucho, pues, a decir verdad de algo muy serio se trataba. Aquí se ha hecho y se hace lo posible por extraviar la Opinión; y si el valiente y caballeroso general Herrán sufre un descalabro en Pasto, es opinión común que habríamos tenido que lidiar con revoluciones en esta capital. Las temo por la patria, y no por nada personal. No somos gentes que nos asustamos con gritos, voladores ni aun quizá con metralla un poco cerca, y el brillante escuadrón de Franco y los sabaneros y algo más se llevan de calle a dos sociedades católicas y a una oposición. Nada temas, que nos encontramos fuertes. |Juan de Dios Aranzazu.

|"27 de septiembre. El |progreso asociado de algo de |catolicismo propalaba que eran invenciones nuéstras las noticias que publicaron las gacetas extraordinarias que te envié; que el general Herrán estaba perdido, y que los males que iba a sufrir la República eran el resultado de los desaciertos del gobierno en la cuestión de Pasto. El pueblo oye siempre que se habla a sus desconfianzas, y el viernes, fecha de mi última carta, se buscaban firmas para una representación pidiendo la destitución del ministerio y que no se hiciese guerra a Pasto. Parece ser que los más empeñados en esta pobre parodia de lo que sucedió el año de 30 eran Mantilia y Froes, Beriñas y Gaitán. Nosotros todo lo sabíamos, conocíamos la tendencia de ese paso y de las muchas y ridículas chispas circulantes; escuchábamos el susurro de una revuelta, y nos aprestarnos. El espíritu público comenzó a despertarse, y otra representación en sentido contrario a la que pensaba arrojarnos de unos puestos en que nos hallamos violentos, se había presentado también, mucho más respetable, a lo que creo, por el número y la calidad de las firmas.

''Llegó el sábado a las seis el posta que condujo el parte oficial de la batalla de Buesaco y muchas cartas particulares de oficiales de la columna, y ya no hubo pretexto para las chispas y embustes; la conducta de la administración estaba justificada, y el desaliento se difundió por las filas del |progreso, y hubo en el pueblo una verdadera alegría. ¿Creerás que esos hombres del movimiento rápido, los patriotas por antonomasia, no han podido ocultar su enojo por el triunfo de Herrán, ni han escondido sus simpatías por la causa de Pasto? Sí lo creerás, porque sabes a qué punto extravía y pervierte el espíritu de partido. Véngase ahora con rebajar la gloria de ese modesto general y de su columna. ¡Triste la situación de un granadino a quien mortifican los triunfos nacionales y el vencimiento de una facción asquerosa y mugrienta, como lo es el fanatismo! Pues triste y todo, esa es la del |progreso.

"Dice Herrán en carta particular al presidente que ha descubierto por allá |mirabilia. Es de suponerse que él recoja, si no todas, muchas de las cartas que se escriben aquí alentando a la facción.

"Su indulto ha tenido por motivo, a lo que infiero, el deseo de ahogar la rebelión en la clemencia. Era necesario tenerla con los cabecillas, porque éstos disponen a su albedrío de las masas, y Herrán, como sabes, es muy inclinado a lo generoso y caballeresco. Por una que otra palabra que oigo proferir por esos mundos, parece que comienzan a tomarlo por candidato, y si concluye sus negocios de Pasto con el aire con que los ha principiado, es más que probable que su nombre sostenga la lucha presidencial. Que se preparen ahora con Florentino y comparsa, porque eso de haber vencido a lo que decían ellos invencible, y eso de que haya alguien que pronuncie un nombre presidencial que no sea de los de su lechigada, es un atentado que debe castigarse con denuestos y procacidades. |El mismo.

|"25 de octubre. Mucho deseo que se agite pronto la cuestión eleccionaria, y ya me parece que estamos en vísperas. Alejado como estoy de ella, sí comprendo bien que Herrán es el candidato de la gente de nuestro color. Ya esto me parece cosa decidida. Sé que don Rafael (Mosquera) trabaja decididamente por él en el sur, y que muy de buena fe no quiere que se le tenga presente. Sírvate esto de gobierno. A mí me parece que, habiéndose ocupado de mucho tiempo atrás todas las banderías eh combatir a este candidato, lo íbamos a perder porque habían logrado despopularizarlo | (14) , así como creo que la campaña con Herrán es ganada. Bogotá está por él, el ejército ídem, administrativos y católicos también: ¿quién queda en contra? La oposición necesariamente se divide:, ya el partido de Azuero comienza a mostrarse disgustado. Este no transige. Obando está aquí fuéra de combate; Murillo y Rojas son los únicos que sé lo sostienen. |El mismo."

La candidatura de Herrámi nació pues del triunfo de Buesaco, y de ella puede asegurarse que data el partido que después se llamó conservador. En torno de aquel nombre se unieron los liberales que sostenían a todo trance el orden legal contra cualquiera revolución, y los que deseaban ver el principio religioso acatado y francamente apoyado como elemento de moralidad civil y privada. Para mantener el programa que brotaba de esta unión, derramaron copiosamente su sangre en la encarnizada lucha que sobrevino, y por medio del congreso de 1840 dieron sanción legal a sus principios, imponiendo penas a los catedráticos que en las universidades u otros establecimientos de instrucción pública inculcasen principios subversivos o doctrinas contrarias a los dogmas y moral del Evangelio, y derogando las disposiciones del plan de estudios de 1826 en cuanto a la designación de los libros por que debían darse las lecciones (ley de 16 de mayo de 1840) | (15) .

Ocupados los partidos en sus combinaciones y esperanzas, cayó como el primer rayo anunciador de horrenda tempestad el descubrimiento que se hizo en el sur, con circunstancias las más casuales, por no decir providenciales, de testigos y papeles que fortalecían las sospechas relativas a la responsabilidad de Obando en el asesinato del mariscal Sucre. Instruído el correspondiente sumario, libró el juez de Pasto exhorto al de Popayán para que remitiesen preso a Obando, el cual, temeroso de ser llevado de Bogotá con escolta, se puso espontáneamente en camino para comparecer en juicio. "El general Obando", escribía don Ignacio Gutiérrez el 6 de diciembre, "se fue hace ocho días muy satisfecho de Bogotá y particularmente de Tomás Mosquera, a quien llama caballero a boca llena. Suceden cosas en el mundo que causan risa y llanto al mismo tiempo. Parece que va con intención de nombrar a J. Mosquera para que lo defienda como abogado, y aseguran que la cosa va a ponerse tan clara, que quedará probado que, lejos de haber muerto Obando a Sucre, es todo lo contrario, que Sucre es el que ha muerto a Obando. Allá lo veredes."

Lo que se vio fue que Obando, sin llegar adonde decía ir, corrió a ponerse a la cabeza del movimiento revolucionario que acababa de estallar en Timbío; lo que se vio fue que reducido por el conciliador Herrán a que, depuestas las armas, se acogiese con todos los suyos a una amnistía, y se sujetase él mismo, mirando por su propia reputación, al juicio iniciado, convino en todo, y estando preso en Pasto en una casa particular y tratado con las más exquisitas consideraciones, se fugó con otros de los acusados (5 de julio), y se unió a Noguera, guerrillero sanguinario y feroz que transcurrido apenas un mes del indulto de Buesaco, sorprendió y pasó a cuchillo un destacamento del gobierno, proclamando la agregación de Pasto al Ecuador, de donde para el efecto recibía toda clase de auxilios.

Desde los primeros amagos de incendio volvieron los enemigos del gobierno a servirse de la prensa para atacarle con la violencia de que son monumento |El Correo, El Latigazo y otras publicaciones. Uno de los primeros en salirles al encuentro fue |El Observador (septiembre de 1839), redactado por don Lino de Pombo, y en el cual, entre otros, colaboraron don Ignacio Gutiérrez y el doctor Cuervo con artículos de política y de costumbres. Escrito con decisión y esmerada claridad, desbarató los artificios con que se preparaba la revolución, reducidos primero a desacreditar a Herrán, y después a exhibir a Obando como víctima de una maquinación que le colocaba "entre la venganza y la muerte". Se abstuvo de incluir los artículos fuertes que sobre asuntos políticos se le enviaban, "porque", decía el redactor, "la moderación ha sido de mucho tiempo atrás, es y será nuestra divisa" (numero 5º). | Conforme fueron acalorándose las invectivas de |El Correo, pareció floja esta delicadeza. Al saberse el pronunciamiento de Obando y Sarria en Timbío, llegó a su colmo la irritación de uno y otro lado, y se sintió la necesidad de un periódico en que la defensa y el ataque correspondieran a la indignación provocada por el desenlace de las tramas revolucionarias. Acudió a satisfacerla don José Vicente Martínez, congregando a los escritores más valientes, y en primera línea a los redactores de |El Argos, para fundar otra publicación que bajo el nombre de |Libertad y Orden, lema de la República, combatiese a sus implacables enemigos. Se publicaron treinta y cuatro números en el curso del año de 1840, distinguiéndose en ellos artículos de gran mérito, entre los cuales obtuvieron mucho aplauso los que llevaban por título |La Administración y los facciosos, por su fuego patriótico, y las |Cartas del estudiante, por su gracia y atildada forma.

La conciencia de haber servido a la patria defendiendo el derecho y trabajando por sacar airoso un gobierno civil, fue siempre para los redactores de |El Argos y de |Libertad y Orden fuente de la más pura satisfacción. Uno de ellos, Aranzazu, estando aquejado de la larga y dolorosa enfermedad que había de acarrearle la muerte, escribía al doctor Cuervo las siguientes líneas (22 de junio de 1842), en que se ve la frescura y jovialidad de su carácter en medio de su ardiente patriotismo y de sus ideas todavía algo escépticas:

"Mi querido amigo: Ayer he recibido tu apreciable del 24 del pasado, y aquí me tienes sentado ya en la poltrona contestándotela: esto te hará ver (si es que alcanzas a ver desde allá) que ya estoy bastante mejorado de mis males. Todavía me encuentro completamente tullido, disposición de lo alto, para no andar por ahí en malos pasos.

"Me recuerdas nuestros felices tiempos, nuestros días faustos de |La Miscelánea y la pérdida de tres de sus colaboradores, pérdida de no fácil reparación para la República y para la amistad. Nosotros les hemos sobrevivido, pero no tardaremos en irlos a buscar, y cuando llegue el día, se cumplirá entonces un decreto necesario y justo por lo mismo. Nos embarcaremos desde las riberas engañosas del tiempo para las oscuras de la eternidad, y si este Mahoma no fuese un grandísimo embustero, allá encontraríamos nuestras huríes, y la pasaríamos de perlas.

"Otra vez |La Miscelánea; muy jóvenes, en la edad bulliciosa, en la estación de los mágicos placeres, ya defendíamos los sanos principios y procurábamos ser útiles a la patria; más tarde, en |El Argos y en |Libertad y Orden, volvimos a defenderlos, y acaso llegará otra vez el día en que lanzándonos nuevamente a la liza, acreditemos que el hielo de los años no siempre entibia el patriotismo; que no hemos de esperar la muerte en cuclillas, como tánto salvaje que así pasa su vida."

Para nosotros es además satisfactorio citar la parte del doctor Cuervo en la redacción de |El Argos, por ver comprobado ahí uno de los rasgos que más le caracterizaron: el desprendimiento, especialmente en lo relativo a la instrucción pública. Tratando de la escasez de las rentas de las universidades y de las reformas que podrían introducirse, propone el periódico (número 17), como una de las economías que debían introducirse en la central, de que el doctor Cuervo era rector, rebajar el sueldo de este cargo a seiscientos pesos anuales, de ochocientos que se le asignaron cuando las rentas eran más cuantiosas.

 

(1) Véase |El Amigo del Pueblo de 7 de octubre de 1838. Este periódico encomia la generosidad del donador, comparándola con la conducta de otros hombres públicos que salen de su patria; hace presente lo meritorio de la obra y recuerda lo que la República y en especial la provincia de Bogotá deben al doctor Cuervo, cuyo celo y desinterés propone como digno de imitación.
(2) El doctor Cuervo fue nombrado inspector el 20 de octubre de 1838, y a los tres meses enumeraba |El Argos en estos términos las mejoras hechas: "Se ha dado una nueva distribución a las salas para los enfermos, a fin de que estén éstos separados según sus clases y sean mejor auxiliados; se han construído doscientas camas de madera pintadas y en la forma conveniente para que ningún enfermo presencie los sufrimientos y agonías de otro; se han hecho doscientos colchones con sus correspondientes almohadas, igual número de frazadas y de colchas, y cuatrocientas sábanas; se ha comprado un servicio de loza fina de la fábrica bogotana con la marca del hospital para dar de comer a los enfermos, y se ha obtenido de un ciudadano el suficiente número de cucharas de metal para el mismo objeto; se ha fabricado un fogón de hornillas de reverbero que economiza cuarenta pesos de leña al mes y otros dos comunes para preparar las aguas y tisanas: se ha separado un claustro para la habitación y manejo de los religiosos a fin de que puedan cumplir mejor con las reglas de su orden, quedando el otro para los empleados civiles de la casa; se ha resanado y blanqueado el edificio; se ha destinado una pieza decente y provista de ataúdes y paños negros para el depósito de los cadáveres mientras son conducidos al cementerio; en una palabra, se ha hecho en tres meses cuanto no se hizo cuando el hospital contaba con cuantiosos fondos". En vista del estado próspero del establecimiento, el gobernador de la provincia dirigió al doctor Cuervo una expresiva comunicación, que transmitió también al gobierno para que se publicara en la |Gaceta. Véase el número de 24 de marzo de 1839.
(3) El arzobispo representó al congreso pidiendo la separación de los estudios y reclamando el edificio perteneciente al seminario en 2 de abril de 1838; |El Argos de 6 de mayo publica con aplauso el proyecto aprobado ya por el senado; pero no fue sancionado definitivamente hasta el 28 de abril de 1840. El seminario se instaló solemnemente el 4 de octubre del mismo año. De los documentos agregados por el arzobispo a su representación hemos tomado las noticias históricas que damos en el texto.
(4) Véase, por lo que hace al Ecuador, Cevallos, |Resumen de la historia del Ecuador, tomo V, p. 329 (2ª edición).
(5) Palabras del secretario de hacienda de la Nueva Granada en su |Memoria al Congreso de 1839.
(6) Véase |El Argos de 26 de agosto de 1838. En el artículo a que nos referimos se alega este hecho en defensa de Márquez contra Murillo, que en el |Opúsculo (a que debió éste su primera celebridad) le acusaba de haber procurado antes de su elección captarse el apoyo de los fanáticos argumentando en los exámenes públicos de los colegios contra las doctrinas de Bentham y Tracy. |El Amigo del Pueblo (número del 10 de marzo de 1839) refiere que cuando se dio la orden sobre novicios menores de veinticinco años, Santander "iba a los conventos a quejarse de la desgracia de los tiempos y la fatalidad de la administración".
(7) El privilegio para la fabricación de loza fina en las provincias internas de la Nueva Granada se concedió a la compañía de Rufino Cuervo y socios el 23 de marzo de 1832. Esta sociedad se llamó de |Industria bogotana. Véase la |Gaceta de 29 de junio de 1834. Sobre el estado de las fábricas dichas a principios de 1839, véase la |Gaceta de 24 de febrero de este año impresa en papel bogotano.
(8) El jefe político de Bogotá en una comunicación al arzobispo especificó los predicadores, las iglesias y algunos de los conceptos que se expresaron en los sermones.
(9) Don Fernando Loreazana, secretario de la legación granadina en Roma, escribía privadamente: ''Veo que comienzan a realizarse los temores que había yo concebido acerca de la ida a Bogotá y carácter del señor Baluffi. Por lo mismo no creo inútil prevenir a usted que ni la Corte Romana está contenta de su conducta, según tengo entendido."
(10) Véase en la |Gaceta de 17 de septiembre de 1837 la comunicación en que participa la instalación de la escuela del convento de Santa Inés con cuarenta niñas, siguiéndose el método de enseñanza mutua y simultanea en que las religiosas fueron amaestradas por el conocido institutor don J. | M. Triana. En la |Gaceta de 20 de mayo de | 1838 anuncia haberse abierto la de Santa Clara con cincuenta niñas. Debemos advertir que el arzobispo en la primera de dichas comunicaciones asienta haberse ajustado en este asunto al breve de su Santidad de 13 de abril de 1816, por el cual quedan facultados los arzobispos y obispos para hacer a las religiosas las dispensaciones necesarias para el establecimiento de las escuelas. En el mismo breve se apoyaba la cédula española de 8 de julio de 1816, y en el mismo la ley colombiana de 6 de agosto de 1821, que disponía se establecieran escuelas de niñas en todos los conventos de religiosas; de modo que esta última no era tan arbitraria e inconsiderada como alguien ha pretendido.
(11) No faltaron publicaciones contra el arzobispo, como |El Tempanador |, obra de un religioso, propagador entusiasta de las sociedades católicas. El título dice cuál sería ella.
(12) Véase la |Gaceta de 21 de julio de 1839.
(13) Véase en la |Gaceta de 21 de julio el ofrecimiento que de sus servicios hace al gobierno don Lorenzo María Lleras; y en la de 28 de julio la circular dirigida a los curas por el arzobispo con ocasión de los sucesos de Pasto.
(14) Don Ignacio Gutiérrez escribía: ''Me pregunta V. qué hay de presidente, o mejor dicho de candidato; y responderé que la opinión más pronunciada es por Rafael Mosquera, que representa el principio del gobierno civil sostenido en |El Argos y en |El Observador, y tiene menos inconvenientes que los demás''.
(15) El presidente en su mensaje constitucional al congreso del mismo año esforzó la necesidad de dar a la juventud una sólida educación moral y religiosa y de alejarla de doctrinas que conduzcan a la inmoralidad y el ateismo.

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