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CAPITULO VIII

 

VIAJE A EUROPA

 

Sale el doctor Cuervo para Europa.-El Magdalena.-Cartagena, Travesía hasta Génova.-Sociedades de que se hace miembro en París.-Retrato de Caldas.-Medalla conmemorativa de la designación de las armas de la República.-Pinturas de Vásquez.-Clase de grabado.-Curso de las cosas públicas durante la ausencia del doctor Cuervo.-Muerte de José María Serna. Lucha electoral.-División de los liberales.-Triunfo de un candidato civil.-Asonada por la custodia de San Carlos.-Santander sobre estos sucesos.-Elección de Márquez.-El nuevo presidente.-Santander se hace jefe de la oposición.-Sus defectos y sus méritos.

 

Quebrantada pues su salud y decaído el ánimo, oye el doctor Cuervo a los médicos y se resuelve a buscar en un viaje al extranjero el restablecimiento de sus fuerzas. Salió de Bogotá el 3 de mayo de 1835, triste como si al arrancarse del seno de la familia temiera no volverla a ver.

Si ahora que la civilización va mejorando la condición del país no deja un viaje de inspirar temor al que lo acomete, a causa de los climas deletéreos, y de las pocas comodidades que se encuentran; entonces, cuando el vapor no surcaba aún las aguas del Magdalena y se navegaba lentísimamente en incómodas e infectas embarcaciones y a la merced de bogas incultos y voluntariosos, y el océano que los aguardaba se ofrecía a la imaginación lleno de terrores por las narraciones de los que lo habían cruzado en buque de vela, un viaje era un acto de valor que a muchos aun costaba la vida. Por eso hasta los de alma mejor templada al despedirse de los suyos dejaban deslizar una lágrima, en la que estaban simbolizados los peligros que los aguardaban; y para distraerse y minorar los excesivos gastos que se requerían, se formaban generalmente caravanas de amigos. El doctor Cuervo tuvo por compañeros a don Ignacio Gutiérrez y a don Andrés Caicedo, y a los jóvenes Francisco Caicedo Jurado, Cayetano Lombana y Mariano Uribe, que se dirigían a Francia a concluir sus estudios. El nueve de dicho mes se embarcaron en honda en el champán |Aníbal y comenzaron esa larga serie de horas mortales en que el calor y los insectos parecían conjurados para devorarlos, y en que aun el fresco de la noche es temeroso por las nuevas plagas que trae consigo.

Las selvas bravías y la soledad salvaje que atraviesa el Magdalena, el modo primitivo de navegarlo y las ruinas que el clima y las guerras han dejado en sus orillas, hubieron de inspirar melancólicas meditaciones al doctor Cuervo, como que en toda su vida no había tenido otro pensamiento que el de la prosperidad y grandeza de la nación. Afortunadamente por naturaleza y convicción era optimista, y acariciaba la esperanza de días mejores, enlazándola con los recuerdos de las recientes glorias de la República. Así lo asentaba en el brevísimo itinerario que día por día iba llevando:

"Yo como todo patriota (dice), he lamentado la suma despoblación de las hermosas y fértiles vegas de este importante canal, que está destinado por la naturaleza para fomentar el comercio de las provincias interiores de la Nueva Granada y con él su agricultura y sus artes. Si, como es de esperarse, se consolida el país, se introduce y arregla la navegación con el vapor y se estimula y consigue la inmigración de útiles y laboriosos extranjeros que cultiven el tabaco, el cacao, el café, el algodón, el añil, y entablen y mejoren las crías del ganado vacuno y caballar, las tierras que baña el Magdalena serán una fuente de riqueza para la nación, y un objeto de observación para el viajero, más bello ciertamente que el que ahora ofrece con su natural y selvática hermosura. Por lo demás, el Magdalena tiene la celebridad e importancia que le dan los recuerdos de los triunfos espléndidos conseguidos en él por los patriotas durante la guerra de la Independencia; y no es posible al pasar por los sitios de El Banco y Tenerife, dejar de pagar el tributo de admiración a los intrépidos generales Maza y Córdoba que con un puñado de valientes humillaron el orgullo y superioridad numérica de las huestes castellanas."

Al divisar a Cartagena, la saluda con el alborozo de quien guarda reverente en la memoria los hechos heroicos de esa ciudad, que son de los más bellos ornamentos de la historia americana. Con ligeras plumadas asienta en sus apuntes los fastos de aquella amurallada plaza, la más formidable de las antiguas colonias españolas, y después consigna las impresiones que en ella recibe:

"La población de Cartagena en 1810 pasaba de veinte mil almas, mas hoy alcanza apenas a diez mil: tiene muchas casas inhabitadas y medio destruídas, por consecuencia de la guerra; los edificios, sobre todo, que antes eran conventos de frailes, están desiertos y arruinados; aun las murallas mismas presentan en muchas partes un aspecto ruinoso: casi toda la artillería está desmontada, y las balas, las granadas, las palanquetas y otros elementos de guerra se hallan dispersos a la disposición de los particulares, que suelen aplicarlos a usos privados. A la verdad es inexplicable tánta indolencia en los funcionarios públicos, que con un poco más de celo podrían conservar sin grandes gastos las fortificaciones y los edificios públicos en un estado regular. A pesar de esto, Cartagena es bajo todos aspectos la segunda ciudad de la Nueva Granada: sus casas en lo general son grandes, bien construídas y amobladas con elegancia y aun con lujo; su alumbrado es el mejor o quizá el único de la República digno de este nombre; en ella reside el gobernador, un tribunal de apelaciones, un obispo y un brillante cuerpo universitario. Los cartageneros son activos, consagrados al trabajo, de buen trato y maneras agradables; las señoritas especialmente son graciosas, amables, amigas de la diversión, se visten con gusto, andan con gracia, y tienen la particularidad de preferir en sus afectos a los hijos del interior de la República y a los extranjeros. Por lo que mira al comercio, el de Cartagena es bastante animado, y lo será más todavía cuando se limpie y se ponga corriente el hermoso dique que comunica el mar con el Magdalena, porque entonces, libres los comerciantes de los gastos, molestias y dilaciones que ocasiona el camino por tierra hasta Barranca, importarán al interior los efectos y frutos extranjeros y exportarán los nacionales por aquel corto y seguro canal. La mansa, espaciosa y segura bahía de Cartagena atrae a su puerto con más aliciente que ninguno otro de la República a los buques que quieran cultivar relaciones mercantiles con nuestro país. En cuanto a nosotros, siempre recordaremos con placer y gratitud las exquisitas atenciones con que fuimos favorecidos durante nuestra mansión de treinta días en esta ciudad. Las personas más con decoradas nos visitaron y atendieron con afecto singular, y tuvimos el gusto de merecer la confianza y la franqueza de algunas familias distinguidas."

Habiéndose embarcado el 22 de abril en el bergantín sardo |San José con dirección a Marsella, pasaron el 6 de junio por el estrecho de Gibraltar. ''Al dirigir nuestras miradas'', dice el Itinerario, "hacia las costas de España, nuestros corazones se penetraron de una secreta y tierna alegría; y parece que la sangre que circula por nuestras arterias quería saludar con fuertes vibraciones la tierra de nuestros padres". Al día siguiente entran a la ciudad, y, prosigue la relación, "fue nuestro primer cuidado dirigirnos al templo de los católicos a dar gracias al Altísimo por el feliz viaje que habíamos llevado. Yo tenía un motivo peculiar para tributarias con más fervor, a saber: que ahora nueve años, en un festividad como la de hoy (pascua de Pentecostés) me uní con los vínculos del matrimonio a una esposa, cuyas virtudes han suavizado las penalidades de mi vida."

Nada merece tánto respeto como estas íntimas efusiones del alma, donde sin artificio aparecen los afectos en toda su pureza y verdad. Una frase, una palabra, es suficiente para sondear el carácter más reservado; y por esto en lo escondido del hogar y en el santuario del alma es donde se deben buscar los quilates, del verdadero repúblico; corno que en la calle, en la tribuna, el arte hace iguales a buenos y a malos. ''La virtud de un hombre", dice Pascal, "no debe medirse por sus discursos, sino por lo que hace ordinariamente". Tal vez para los que pesan el valor del hombre sólo por el poder que ejerce sin indagar sus virtudes privadas, serán baladíes e insignificantes éstas que el cariño nos hace estimar como prendas de gran precio; pero aunque se miren como pequeñeces, siempre será bello que lo primero que hace un viajero al pisar la playa extranjera tras largo navegar, sea correr a un templo a bendecir al Altísimo y a depositar al pie del altar un recuerdo a la amada compañera de su vida. Los apuntes del doctor Cuervo no son sino una muestra constante de la ternura de sus afectos; como prueba copiaremos dos fragmentos más. El 13 de junio, todavía a bordo del |San José "estuvimos", escribe, "frente a Cartagena de Levante, y celebramos en este día el cumpleaños, mi amigo Gutiérrez y mi pariente Lombana de sus respectivas madres, y yo el de mi tierno hijo Antonio Basilio. Se nos sirvió una frugal comida en que estaban mezcladas las gallinas y naranjas de Berbería, con las hortalizas y pan españoles y el buen dulce bogotano. Fue día de mucho contento y se expresaron tiernos sentimientos en este singular convite en que las producciones de África, Europa y América se encontraron reunidas para contribuir al regocijo de nuestros corazones". El 21 continúa: "El el sexto aniversario del nacimiento de mi querido Luis María, en cuyo obsequio hice sacrificar un cabrito, que comimos fraternalmente, acompañando colmadas copas de champaña y afectuosos brindis alusivos al objeto de la fiesta."

Creen ya tocar el término de su largo viaje al llegar el 24 a las inmediaciones de Marsella, pero el mar embravecido hace imposible arrimar al puerto, y sin esperanza de que el tiempo abonance, resuelven seguir hasta Génova, en donde desembarcan el 26 a los ciento quince días de haber salido de Bogotá; mas para colmo de las fatigas de tan abrumadora travesía los aguardaba una cuarentena de catorce días, que pasaron en una aseada aunque reducida pieza, contigua a la oficina de salubridad, porque estando el lazareto a dos millas de allí, el mar agitado no permitía llegar en lancha. En Génova visitan con atención los establecimientos de beneficencia, tales como el conservatorio de huérfanos, el colegio de sordomudos y el hospital, cuyos reglamentos consigue el doctor Cuervo, junto con infinidad de noticias sobremanera preciosas para quien, como él, tánto se desvelaba en beneficio de las clase menesterosas. En fin, tomando el 30 un coche particular se dirigen a París por la vía de Turín:

Durante su permanencia en Europa y sobre todo en Francia, no cesó de estudiar los progresos de la civilización, con especialidad en cuanto concierne a la mejora individual; se relacionó con personas que por su posición y conocimientos podían imponerle en los asuntos administrativos que ansiaba conocer; y se consagró a indagar en orden a instrucción pública y beneficencia lo que mejor se adaptaba a las necesidades de nuestra patria. En junio de 1836 se recibió de miembro de la |Societé de la morale chrétienne, cuyas secciones se ocupaban en promover la abolición de la esclavitud y la trata, la moralización de las prisiones, la colocación de los huérfanos, las obras de caridad y beneficencia, la paz, el progreso moral, la rehabilitación de los criminales que han cumplido sus condenas. Desde su fundación en 1821 había contado y contaba en su seno la flor y nata de los liberales de Francia, y por este tiempo le daban gran realce Lamartine y otros, discurriendo en sus sesiones sobre los temas que más preocupados traían los espíritus. De miembros no menos distinguidos se gloriaba la |Societé pour l'instruction élémentaire, de que el doctor Cuervo fue hecho correspondiente en agosto del mismo año | (1) , como éste era el modelo que había servido para la que existía en Bogotá, era importante aprovechar la generosidad con que, por sus institutos mismos, brindaba a los extranjeros toda clase de noticias que pudieran contribuir al progreso de la instrucción primaria. Julio Simon | (2) dice con gracia que entre los miembros de la Sociedad de la moral cristiana había hasta uno que otro cristiano, y lo mismo puede decirse de la otra. Más bien dominaba en ellas aquel espíritu de filantropía sentimental que bajo tántas formas se manifestó en Francia desde la Restauración; así que por ahí pasaron haciendo pie más o menos tiempo muchos sansimonianos y furieristas. En general todos eran sinceros, generosos y dispuestos a trabajar de corazón por el bien de sus semejantes; de suerte que sus luces y esfuerzos daban útiles enseñanzas a quien quisiese aprovecharlas con discernimiento. Además frecuentó la casa del barón de Gérando, donde estuvo en contacto con gran parte de los que representaban el movimiento filosófico y literario de Francia.

Avivado con la distancia su amor a la patria y el en por sus glorias, hizo litografiar para circularlo en Europa y América, un bello retrato de don Francisco José de Caldas, ejemplar insigne de la altura a que pueden rayar en la raza hispanoamericana las facultades intelectuales y las virtudes cívicas. Al pie del retrato trazó los siguientes rasgos biográficos:

"Nació en Popayán, ciudad notable de la Nueva Granada en la América meridional. Dotado de talento y de una aplicación sin igual, cultivó con provecho las ciencias físicas y matemáticas, especialmente la botánica y la astronomía, en la que hizo adelantos importantes, a pesar de que carecía de recursos y de todo estímulo, bajo la dominación de un gobierno colonial y opresor. Debiose a sus propios esfuerzos el descubrimiento de medir las alturas con el termómetro y el agua hirviendo, sobre lo cual escribió una memoria que ha merecido el aprecio de los sabios de Europa. En el |Semanario que publicaba en Santa Fe de Bogotá, por los años de 1808 y 1809, reveló verdades utilísimas a los agricultores, despertó el amor a las ciencias y animé el espíritu público. Fue uno de los primeros ciudadanos que en 1810 levantaron el grito de |Libertad e independencia, a cuya causa consagró sin limitación alguna su pluma y aun su espada; y cuando en 1816 la suerte de las armas puso al país, por segunda vez, bajo la dominación española, |Caldas fue también una de las primeras víctimas sacrificadas por el jefe expedicionario don Pablo Morillo. Subió al cadalso con la firmeza de un republicano, y desde allí enseñé prácticamente a vivir y morir por la patria. Las ciencias lo lloran como al infortunado Lavoisier, y sus compatriotas tributan constantemente a su memoria el homenaje de gratitud y admiración. R C."

Movido por los mismos sentimientos hizo en este mismo viaje acuñar en la casa de moneda de París una medalla de plata de 37 milímetros, con las armas de la República, y en la orla esta leyenda: |República de la Nueva Granada, con una estrella radiante; en el reverso una corona de encina, y en el área esta inscripción dividida en ocho líneas: |Al Congreso - |de 1834 - |que decretó - |las armas - |de la - |República - |R. Cuervo; la última en caracteres más pequeños. Destiné esta medalla para regalarla especialmente a los que habían intervenido en la designación del escudo nacional, que para él, lo mismo que para los demás fundadores de la Nueva Granada, era como la coronación de sus esfuerzos y el emblema de todas sus esperanzas.

También es digno de consignar aquí el empeño que tomó por hacer conocer en Europa las pinturas de nuestro paisano Vásquez, y ver si se podían realizar las que trajo pertenecientes a la Capilla del Sagrario, que pasan por las mejores, y que, de acuerdo con la autoridad eclesiástica, le habían dado los patronos de aquella iglesia para que las vendiera. Desgraciadamente la opinión que tenemos de Vásquez es en extremo exagerada. El mérito de nuestro pintor es relativo: grande para nosotros, si se ve la época y el teatro en que trabajó, pero pequeño, insignificante, al lado de los maestros inmortales. Ni cómo podía ser de otra manera si Bogotá, donde nació y vivió, era apenas una aglomeración informe de emigrantes, sin la menor idea de lo que es el ideal y la belleza Un poeta, un filósofo pueden formarse en medio del desierto, pero al pintor no le es dado brotar y desarrollarse sino en medio de la civilización y de la opulencia. Hoy mismo que nuestra América ha adelantado tánto, las bellas artes están todavía en mantillas, por falta de la atmósfera vivificadora que ha de hacer las crecer. Las pinturas de Vásquez son para nos otros de suma importancia y necesarias para la historia del arte en nuestro suelo, y deben conservarse como monumento, pero nunca como obras acabadas, pues si en Vásquez se deben admirar el talento y la fecundidad, también se deben deplorar defectos que no cuadran con la idea que se tiene de un pintor excelente.

Un biógrafo del pintor bogotano da a entender, movido de entusiasmo por su paisano, que en Europa no se hicieron los estudios con la atención y el escrúpulo debidos; que si se hicieran, afirma, se le reconociera el mérito y hoy los museos se disputarían sus obras. Dejando a un lado que el doctor Cuervo y don Ignacio Gutiérrez, que compartía con él el encargo, no eran personas que fácilmente se dejaran impresionar por la opinión del primer conocedor, y que los centros que frecuentaban en París los ponían en contacto con los primeros artistas, nosotros hemos tenido ocasión de oír de los más afamados expertos de Europa, con motivo de otros cuadros de Vásquez, la corroboración de lo que se dijo a nuestro padre hace más de medio siglo, y lo mismo oirá todo el que quiera darle al pintor bogotano una gloria que no le corresponde.

Con el fin de cumplir convenientemente la le de 20 de abril de 1836, dirigida a uniformar las monedas de la República, comisionó el gobierno al doctor Cuervo para contratar un grabador hábil que se encargase de este trabajo en la casa de moneda de Bogotá. El contrato se celebró en París y fue aprobado con vivas expresiones de satisfacción y agradecimiento. A poco de llegado el artista M. Lefévre, se abrió (21 de junio de 1837) en la casa de moneda la clase gratuita de grabado, a que fue uno de los primeros asistentes el entonces joven Ramón Torres Méndez, que con el tiempo alcanzó tan distinguido puesto entre los pintores nacionales | (3) .

Desde la separación del doctor Cuervo y durante su ausencia continuaron los motivos de queja y oposición para con el gobierno de Santander; fue el primero en el orden del tiempo una nueva escena de sangre que impresionó vivamente a la capital. Don José María Serna, complicado, como ya vimos, en la conspiración de 1833, había estado prófugo y escapado a todas las pesquisas. Al fin se tuvo noticia de que andaba por los páramos de Carupa, en el cantón de Ubaté, y de este lugar salieron en su persecución. El, bien persuadido de la suerte que le aguardaba, resistió disparando una pistola sobre el primero que se le acercó; no obstante, herido él mismo, fue preso y conducido a Bogotá. Condenado a muerte, se negó la conmutación de la pena contra el voto del vicepresidente Márquez  (voto que después |La Bandera Nacional, en nombre del |progreso, calificó de |retrógrado) | (4) , y la ejecución se llevó a efecto el viernes 24 de abril de 1835.

Pero fue sobre todo al acercarse la elección de presidente, que debía verificarse en agosto de 1836, cuando más se avivó el espíritu de resistencia. La fracción exagerada del partido dominante, a que adhería el presidente, y que había mantenido vivos y atizado los odios, aseguraba que correría la Nueva Granada a su ruina si se ponía en manos de un civil, diciendo no ser llegada todavía la época de hacer tan arriesgado ensayo, y que para salvar el país se necesitaba un hombre de espada ante quien temblasen los enemigos del orden. Este hombre no era para ellos otro que Obando. Los liberales moderados, anhelosos de ver el advenimiento de una éra de paz y de concordia, ansiaban por tener un gobierno civil cuyo jefe representase la parte culta y letrada de la nación. Estimulábalos lisonjeramente el ejemplo que había dado Venezuela eligiendo para la primera magistratura al doctor Vargas, "sin más recomendación que su virtud, sin más mérito que su saber y su amor desinteresado a la patria", y el Ecuador nombrando a Rocafuerte, amigo en París cuando joven de Bolívar y de Cabal, y de cuyos buenos estudios y cumplidas dotes de caballero oímos hacer gratos recuerdos a su compañero en esos tiempos el centenario químico Chevreul.

Algunos liberales pusieron los ojos en el doctor Vicente Azuero, cuyo saber y patriotismo no podía; revocarse a duda, pero inaceptable para un cargo de tánta gravedad por lo fogoso de sus pasiones y sus doctrinas utópicas en materia de gobierno. Otros con mejor acuerdo presentaron como candidato al doctor José Ignacio Márquez, que había dado en su corta administración prendas seguras de su capacidad y de su espíritu moderado y conciliador. Los bolivianos de otro tiempo y todos los descontentos de la administración que terminaba, sin titubear se adhirieron a esta candidatura.

El 22 de marzo la mayoría de la cámara de representantes (29 contra 23) declaró que el gobierno había procedido inconstitucionalmente en el modo de celebrar con el ministro de Venezuela la convención sobre el repartimiento de la deuda colombiana, de donde se originaron las renuncias de don Lino de Pombo, secretario del interior y relaciones exteriores, y de don Francisco Soto, de hacienda, como para aprontarse a la acusación que debía acarrearles su participación en este negocio. Antes se había controvertido con diferentes razones la convención dicha, sin que fuese móvil exclusivo de la aprobación o improbación la buena o mala voluntad al gobierno; pero en este lance el presidente, muy irritado, sugirió, en un mensaje harto altanero, con su reticencia y sus puntos suspensivos, que en la conducta de la cámara se mezclaban intentos electorales; y lo mismo y en el mismo tono hizo don Florentino González, que reemplazó a Pombo, en el Manifiesto a la Nación que con tal motivo extendió de orden del poder ejecutivo. Si esto era así, grande debía de ser ya la división del partido que venía en el poder. El gobierno empezó a usar de toda su influencia para alcanzar el triunfo del candidato de sus simpatías, y se juzgó que había el intento de imponer a Obando como sucesor del presidente actual; dábase ya como cierta su elección, y por el mes de mayo circuló en la capital el programa en que el confiado candidato declaraba la conducta que se proponía observar, prometiendo que no perdería de vista la enérgica y sabia administración del general Santander y que se consideraría feliz si alcanzaba a imitar este modelo. Comenzaron con esto a enfriarse muchos amigos de Santander, a alejarse de él y aun sostener la candidatura de Márquez; por el mes de junio era público que así lo habían hecho Acosta, Acevedo y el general López | (5) ; y en el mes de septiembre estaban ya tan unidos los que constituían la nueva oposición, que firman confundidos bolivianos con liberales, todos conocidos y muchos de gran representación, una solicitud para que sea nombrado el general López gobernador de la provincia de Bogotá | (6) .

Gracias a esta disgregación de los liberales, Obando, que en un principio tenía todas las probabilidades de ser elegido, fue perdiendo terreno, y sus partidarios, sintiendo la efervescencia que habían suscitado y viéndose vencidos en el campo electoral, abrieron, aunque tarde, los ojos, y decidieron votar en el congreso por Azuero, después de haberlo combatido con el mismo encarnizamiento que a Márquez: triunfaba así la opinión nacional en favor de un candidato civil | (7) .

Pasadas las elecciones, se ofreció un incidente que excitó contra Santander y sus amigos el espíritu religioso de la población de Bogotá. El extranjero Juan Francisco Arganil se presentó denunciando como perteneciente al ramo de temporalidades una custodia valiosísima que había sido de los jesuítas expulsados en 1767, y pidiendo que se le adjudicase mediante la consignación de cierta suma en documentos de deuda consolidada, con forme a un decreto dado por Bolívar el 27 de febrero de 1830. La autoridad competente dispuso que mientras se averiguaba a quién correspondía la rica alhaja, se tuviese depositada en la tesorería de hacienda, y se señaló el 22 de octubre para trasladarla. Irritó sobremanera a la gente piadosa la circunstancia de estar sirviendo actualmente la custodia para el culto, y más que todo el carácter de Arganil, sujeto entremetido, amigo de bullir en todos los negocios y profesiones y a quien comúnmente se tenía por un desaforado y sanguinario jacobino que había llegado al país huyendo el castigo de sus desmanes en la revolución francesa | (8) . Para impedir que se llevara a efecto la entrega se agolpó una gran muchedumbre, sobre todo mujeres, a la iglesia y a la calle del convento de La Enseñanza, donde estaba la custodia. Al empleado que iba por ella, le llenaron de insultos, y al fin no se la dejaron sacar. El arzobispo trató de apaciguar el tumulto, y también fue desacatado. Al caer de la tarde crecía el alboroto, sin que valiera la intervención de los dos hermanos, el canónigo y el general Herrán; antes se dirigieron los asonados a palacio dando vivas y mueras, hasta que el gobernador, don Florentino González, logró dispersarlos a eso de la diez de la noche, llevando a algunos a la cárcel. El día siguiente era domingo, y aprovechando la calma de esta tregua, el lunes temprano se llevó la custodia a la tesorería sin aparato ni contradicción alguna. A pocos días el cura de la catedral, doctor don Domingo A. Riaño, ocurrió al juez competente, y tras un largo pleito quedó esta parroquia en legítima posesión de la disputada prenda | (9) .

Lo que venimos relatando es comentario del siguiente pasaje de una carta del general Santander dirigida al doctor Cuervo en 30 de diciembre de 1836, la cual, con todas sus disculpas y paliativos, es testimonio elocuente de los hechos:

"En la cuestión eleccionaria, ha habido más pasiones viles que patriotismo. La venganza y los resentimientos han obrado más que el interés por el progreso de las instituciones y del orden. Yo, como soy veterano en esto de ser calumniado por la impronta, he mirado con desprecio las calumnias de una docena de escritores miserables 'que no pueden soportar mi superioridad en servicios, fidelidad y amor a las libertades nacionales en todos tiempos'. He opinado por Obando |quand méme... porque mi conciencia de patriota me lo aconsejó y la opinión de hombres muy respetables en la Nueva Granada me reforzó la mía. Como hombre comprometido en el sistema predominante, he debido buscar quien nos dé garantías; como amante de la libertad, quien sostenga las instituciones republicanas con vigor y energía. A nadie he comprometido a seguir mi opinión; con ninguna persona que ha opinado de diferente modo he roto mis anteriores relaciones. He sido tolerante, he practicado los principios teóricos de libertad de pensamiento, y me he portado como caballero: de otro modo que hubiera obrado, ya estaría nombrado Obando de presidente; pero yo me habría impuesto la responsabilidad de todos sus actos indebida y malamente. No opiné por Márquez porque es vicepresidente; no debía tampoco reunirme al bolivianismo y al fanatismo, que tienen mucha parte en su elección; tampoco por Azuero porque con sus teorías podría llevarnos al galope para el abismo; ni por Soto porque no me parece aparente su carácter para presidente en 1837, ni por López porque es menester dejar reservas; ni por Rafael Mosquera por su notoria |nonchalance. Larga es de proseguir esta materia.

"Pero hoy, después de lo que ha pasado de junio a esta parte y del resultado de las asambleas electorales, yo votaría por Azuero, si fuera miembro del congreso. Esto no quiere decir que yo voy a trabajar en el negocio: nada de eso. Que el congreso haga lo que le parezca. No tomaré cartas en el particular. Obedeceré al que nombre el congreso, lo sostendré contra toda revolución y le ayudaré si lo necesita. Si la administración subsiguiente quisiere servir de instrumento de mis enemigos para perseguirme, ella habrá adelantado mucho para su ruina y descrédito en prestarse a ello. Yo tengo el orgullo y estoy creyendo que valgo algo en la Nueva Granada: Bolívar me lo hizo creer desde que me despreció y persiguió injustamente."

En esta carta aparece también el principal argumento que se aducía contra la elección de Márquez, y de que tánto se abusó después para hacer dudosa la legitimidad de su gobierno: decíase que por ser vicepresidente no podía ser elegido presidente. Pero la constitución era clarísima: en su artículo 103 decía: "Los que hubieren ejercido el poder ejecutivo por dos años a lo menos, inmediatamente antes de la elección ordinaria, no podrán ser elegidos presidente y vicepresidente de la república en el inmediato período." Se trataba pues de ejercer el poder ejecutivo y no de ser vicepresidente, cosas que la misma constitución distinguía perfectamente en los artículos 94, 98 y 101. Como Márquez no había ejercido por dos años el poder ejecutivo antes de su elección, el congreso con toda justicia le declaró constitucionalmente electo el 4 de marzo de 1837.

Es cierto que lo que más oponían los adversos a Márquez era el artículo 98 de la constitución, que tratando de los casos de falta absoluta en que el vicepresidente debía ser sustituído por el presidente del consejo de Estado, sólo señalaba los de muerte, destitución o renuncia, y no el de ser elegido para la presidencia; por lo cual, quedando de este modo vacante el puesto de Márquez, no habría quien le reemplazase, y podría suceder que faltara quien ejerciese el poder ejecutivo. Pero admitida como estaba por el artículo copiado arriba la constitucionalidad de la elección, semejante deficiencia de redacción afectaba más bien el título con que esotro funcionario pudiera suplir la falta del vicepresidente | (10) . Para remover toda duda, dio el congreso, después de acaloradísimas discusiones, la ley de 12 de mayo de 1837, según la cual siempre que conforme a la constitución debiera encargarse del poder ejecutivo el vicepresidente y faltara éste, debía hacerlo el presidente del Consejo de Estado.

La elección de Márquez merecía ser recibida con júbilo por la mayoría de la nación, pues sus antecedentes eran esclarecidos cuanto pueden serlo en un ciudadano de una república libre. No bien entró el Libertador a la capital después de la victoria de Boyacá, llamó a Márquez a una fiscalía de la Corte Suprema. Electo diputado a la Convención de Cúcuta antes de contar veinticinco años, ejerció grande influencia en esta corporación, compuesta de los hombres más eminentes de Venezuela y de la Nueva Granada, y la presidió más de ocho veces, tocándole el honor de recibir el juramento al Libertador. Intendente de Boyacá, no sólo promovió todo linaje de mejoras, sino que ostentó su lealtad a los principios liberales estorbando eficacísimamente la formación de actas de dictadura. Fue presidente de la Convención de Ocaña, y en la época triste que siguió a esta asamblea, llamado en calidad de liberal a la prefectura de Cundinamarca y luégo a la secretaría de hacienda, eran sus opiniones acatadas por Bolívar. Secretario también de Mosquera, fue, con Azuero, de los más odiados y perseguidos por los triunfadores del Santuario. Restablecido el gobierno legítimo en 1831, volvió a la secretaría de hacienda y redactó el plan orgánico que dio vida a ésta. Figuró en la Convención de la Nueva Granada, y elegido vicepresidente de la República, la rigió por siete meses con tal tino y consagración, que al entrar el presidente Santander, la constitución estaba planteada, el gobierno organizado y la concordia en camino de afianzarse. Dotado de clarísima inteligencia y ayudado de los profundos estudios que le calificaban de jurisperito eminente, desembrollaba las cuestiones más arduas y descubría las providencias más oportunas; dialéctico consumado, afluente y ardoroso, arrollaba a sus contrarios en los debates parlamentarios; su actividad verdaderamente maravillosa todo lo emprendía y todo lo concluía sin aguardar la ayuda de subalternos.

Desde su primera alocución al subir a la presidencia confirmó las esperanzas que de él habían concebido los que, anhelando por un gobierno nacional, pensaban que todos los granadinos eran igualmente desinteresados y leales, y que, llamados a los puestos públicos, ni faltarían a sus juramentos ni tendrían otra norma que el procomún. Para su ministerio conservó a dos de los que acompañaban a su antecesor, que fueron el general Antonio Obando en el despacho de guerra y marina y don Lino de Pompo en el del interior y relaciones exteriores, y llamó para la cartera de hacienda a don Juan de Dios Aranzazu, entonces y después dio destinos de consideración los individuos mas notables entre los adversos a su elección, sin obedecer a otra consideración que al mérito personal: así, Azuero fue invitado servir una legación importante. Soto nombrado contador general mayor de hacienda, después de haberlo ofrecido otra legación, el coronel González jefe militar y gobernador del Socorro, don Ezequiel Rojas secretario de la comisión fiscal en Londres y gobernador de Pamplona, y muchos otros que sería largo enumerar. En su porte y vida privada fue ejemplo de sencillez y dignidad republicanas, como que siguió viviendo en su casa particular sin guardia ni aparato.

Mucho se habló sobre que los descontentos de la elección del nuevo presidente intentaban por me dio de una revuelta impedir que se posesionara; pero sea de ello lo que fuere, nada bastó para desarmar la sañosa oposición que, sin saber cómo iba a gobernar, empezaron a hacerle sus émulos desde el día en que fue elegido. El general Santander, que al bajar de su elevado puesto recibió de los habitantes de la capital una sincera demostración del reconocimiento público, pudo dar a la posteridad el noble ejemplo de un viejo militar que después de haber gobernado por largos años a su patria, deja el mando sin pesar y presta su apoyo al civil que le sucede; pero no lo hizo así, y dio el paso inconsulto de declararse desde luego su adversario, más con el despecho de quien no sale con su pretensión que con aquel puro civismo de que siempre se había gloriado. Un dicho vulgar enseña que el ascenso de personas humildes a puestos de representación da a conocer los quilates de su carácter, y la experiencia comprueba que el mismo efecto se observa al pasar a la vida común después de muchos años de mando. Defectos hay que se disimulan bien con un cargo elevado: la dureza y el entre metimiento aparecen como energía y celo; la suficiencia, el ansia de aura popular, la jactancia de los propios servicios semejan elevación de sentimientos, conciencia del propio valer y de la dignidad del empleo; en el que manda nada de esto ofende sino a caracteres muy dignos y enteros, pero en su particular es a todos insoportable. La justicia pide que, reconocidos los altos merecimientos de Santander, confesemos no haber estado exentos de algunas de estas mezquindades, que han hecho su memoria menos grata que debiera, sobre todo por haberlas manifestado en los últimos tiempos de su vida, con que ha sacado verdadera la sentencia del gran dramático inglés: "El mal que los hombres hacen les sobrevive, al paso que el bien se entierra a menudo con sus huesos" | (11) . Difícilmente pudo borrarse de la memoria que al día siguiente de pisar las costas de su patria en 1832, ofició al secretario de hacienda para preguntarle "cuál era la deuda que tenía contra el Estado, y quién, cuándo y en dónde se le pagaría" | (12) ; tampoco se olvidó su excesivo rigor con los conspiradores de 1833; tampoco que por abril y mayo de 1837, acabado de salir de la presidencia y sin tener cargo alguno público, asistía diariamente al local del congreso para conferenciar con los diputados amigos y sugerirles proyectos y medios de entorpecer y hostilizar al Gobierno, y no se retiraba hasta haber estimulado con su presencia las discusiones; tampoco la arrogancia con que se apropió para sí y para su círculo el título de patriotas, jurando implacable guerra aun a los mejores ciudadanos, como no le siguieran incondicionalmente y osando requerir con altanería a las autoridades | (13) ; ni tampoco las inconsecuencias en que incurría al proponerse espiar y acriminar los actos de su sucesor. Así cuando clamaba por haber sido removidos dos empleados, enemigos procaces del Gobierno, se le echaba en cara que él había adoptado una absoluta y confesada exclusión para quien no fuera su amigo político; cuando exigía que se examinase si los individuos de la tropa llenaban las condiciones legales para ser electores, le advertían que en los años anteriores jamás le había ocurrido tal escrúpulo; cuando proclamó en el congreso la santidad del derecho de insurrección, a todos se les vino a la memoria el castigo de los conspiradores de 1833. Por el contrario, pocos quieren hoy recordar que Santander conservó en 1816 las reliquias del ejército granadino en las inhospitalarias llanuras del Arauca y del Apure; que organizó la división de vanguardia que por las Termópilas de Paya | (14) abrió el camino hasta Boyacá, y aseguró con su actividad el éxito de la aventurada empresa cuando al asomar a la cordillera el ejército carecía de todo: que a su inteligencia y pasmosa eficacia desde que se encargó de la vicepresidencia de Cundinamarca y después de la de Colombia, se debió la pronta y multiplicada organización de los varios cuerpos que salieron contra el enemigo, su instrucción, equipo y armamento, igualmente que la marina de la República | (15) ; elementos y cooperación a que debió Bolívar combatir gloriosamente en Bomboná, Sucre triunfar en Pichincha, y sin los cuales las jornadas de Junín y Ayacucho no hubieran dado libertad al Perú; por manera que, como acertadamente ha apuntado un escritor ilustre que casi por los mismos términos enumera estos merecimientos, de Santander podemos decir con mejor derecho y mayor exactitud que los franceses de Carnot, que |organizó la victoria | (16) . Muy pocos quieren recordar que mientras ganaban nuestros guerreros nombre inmortal, él creaba el gobierno de Colombia y planteaba la libertad civil y política; por lo cual Bolívar, al saber que la Gran Bretaña había reconocido como nación a Colombia, le escribía: "Yo me con gratulo a mí mismo, a mi patria y a V. E, por el término de una empresa que colma de bendiciones al pueblo, de laureles a los soldados y de gloria al gobierno, que ha sido el arquitecto de esta prodigiosa creación. El ejército en el campo y V. E. en la administración son los autores de la existencia y de la libertad de Colombia. El primero ha dado vida al suelo de sus padres y de sus hijos, y V. E. la libertad, porque ha hecho regir las leyes en medio del ruido de las armas y de las cadenas. V. E. ha resuelto el más sublime problema de la política: si un pueblo esclavo puede ser libre" | (17) . Muy pocos quieren recordar que con este prestigio fue centro de cohesión para la Nueva Granada, y que con su entereza republicana afianzó la paz a la sombra del severo cumplimiento de las leyes y creó el espíritu de nacionalidad. Muy pocos hablan ya del orden y economía que asentó en la hacienda pública; muy pocos de su amor a la juventud y su celo por la difusión de las luces | (18) ; muy pocos de aquella afable llaneza con que se confundía entre los ciudadanos sin desdoro de su posición oficial ni de su dignidad personal; muy pocos, en suma, del magistrado que tenía por principio hacer sensible dondequiera la acción del gobierno, interviniendo en cuanto lo exigía la utilidad pública, bien diferente de como se lo imaginan los que le dan por corifeo de novísimas ideas disociadoras. Pero a la manera que, habiendo venido a ser el nombre de Bolívar enseña de un partido, casi nadie mentaba al héroe por muchos años después de su muerte sin asociarle el triste recuerdo de la dictadura; así tuvo Santander la debilidad de hacerse centro de intrigas y dar el primer impulso para una de las más sangrientas revoluciones de nuestra patria, y no es mucho que su nombre, arrojado entre la discordia de los partidos, sea infamado por unos y glorificado por otros sólo en atención a la impresión última que como hombre de partido les dejó. Para Bolívar la hora de la justicia y de la indulgencia ha llegado; razonable es esperar que llegue también para Santander. Refresquemos pues la memoria de sus beneficios para que cubra sus defectos y las inconsecuencias de sus últimos días.

(1) En el mismo día se recibió don Ignacio Gutiérrez. |Bulletin de la Societé pour l'insiruction élémentaire, Nº 91-92, Julio y agosto de 1836.
(2) |Notice historique sur la vie et les travaux de M. Michel Chevalier.
(3) Véase la Gaceta de la Nueva Granada, Nos. 294 y 301.
(4) Véase el Argos de 26 de agosto de 1838.
(5) Así lo hallamos en carta de una persona de nuestra familia.
(6) |Gaceta de la Nueva Granada, Nº 262.
(7) Los escrutinios dieron por resultado 615 votos en favor de Márquez, 541 en favor de Obando, y 164 en favor de Azuero; al perfeccionarse la elección por el congreso obtuvo Márquez 58 votos, Azuero 21 y Obando 17.
(8) Se ha dicho (v. gr. |Gaceta de Colombia, suplemento al número de 28 de septiembre de 1828) que Arganil era portugués. En una carta de recomendación que este sujeto dio al doctor Cuervo en 1835 para el conde de Survilliers, o sea José Bonaparte, carta que encontramos cerrada con lacre y con un sello en que se reconoce el busto de Napoleón, y carta que el doctor Cuervo no tuvo ni la curiosidad de abrir, se leen estas frases: |''Les Bourbons ne souilleront pas longtemps notre chére patrie". ''Oui, Monseigneur, quoique bien plus ágé que vous, et dans des circonstances difficiles, je me flatte néanmoins de voir se réaliser mes espérances et d'en jouir mes derniers jours au milieu de mes concitoyens''. ''Je suis Francais mais je ne fais pas consister la gloire et la dignité de la France á se montrer sévére envers les faibles et souple avec les puissants''. En toda ella se muestra muy adicto y agradecido a los Bonapartes.
(9) Sentenciose en última instancia este ruidoso pleito el 17 de mayo de 1839; con tal motivo hubo cohetes y algazara al publicarse la sentencia, y por la noche vítor y serenata al abogado defensor y a los jueces. El lector verá con gusto la descripción de la custodia, tomada de un documento autorizado:
''La custodia preciosa. Es de una rara de alto, de oro, dividido en tres cuerpos: los radios, el mástil y el pedestal. Tiene en el circulo del viril cuarenta y dos perlas finas; en el círculo concéntrico a ése, noventa y seis esmeraldas por el frente y otras tantas por detrás; en el otro círculo, noventa y tres esmeraldas por el frente y ciento ocho por detrás; en el cuarto círculo, ciento veintinueve esmeraldas por el frente y otras tantas por detrás; en el quinto círculo, que es formado por una guirnalda de uvas, tiene por el frente ochenta amatistas y otras tantas por detrás; en la cruz tiene once esmeraldas por el frente y otras tantas por detrás; el pie de la cruz tiene una esmeralda en forma de ojo de buey, y sobre la cabeza del ángel, que forma el mástil, un topacio y ocho esmeraldas por el frente y una amatista grande por el otro lado. En los veintidós radios mayores tiene ciento noventa y ocho esmeraldas por el frente y otras tantas por detrás; y en los medios radios veinte perlas finas de medio taladro; en el cinturón del ángel hay un jacinto y una esmeralda, más grandes que los doce rubíes que la circundan; en los pies tiene cuatro diamantes y en la espalda once; en el pecho tiene diez rubíes y cuatro diamantes. La peaña tiene cuatrocientas una esmeraldas y ocho amatistas, siendo de advertir que faltan cuatro remates. El peso total de la alhaja e de diez y nueve libras y ocho onzas.''
(10) Entre las muchas publicaciones ocasionadas por este debate merece especial mención el folleto anónimo de don José Vicente Martínez, titulado Palma de oro, en que se esfuerzan todas las razones en favor de la constitucionalidad de la elección de Márquez.
(11) Julius Caesar, III, 2.
(12) |Gaceta de la Nueva Granada, número 50 (9 de septiembre de 1832).
(13) Véase en el |Argos de 27 de mayo de 1838 una muestra de esto en el requerimiento que hizo sobre elecciones al alcalde y junta parroquial de las Nieves el 14 del mismo mes, y la oportuna respuesta que recibió.
(14) Expresión feliz de Bolívar en comunicación referente al acta hecha en Cundinamarca para reconocer el gobierno y la república de Colombia: "V. E. estaba llamado por su nacimiento, valor, virtudes y talentos a ser el primer jefe de la nación granadina; y V. E. ha preferido ser el primer súbdito de Colombia. Yo que sé más que otro alguno a cuánto tenía derecho V. E. de aspirar, me asombro al contemplar cuánto V. E. ha renunciado por aumentar sus títulos a la gratitud nacional. ¡Títulos que ya parecían completos! ¿No fue V. E. el primero que levantó un ejército para oponerse a la invasión de Casanare por nuestros enemigos? ¿No fue V. E. el primero que restableció el orden y una sabia administración en las provincias libres de Nueva Granadal No fue V. E. el primero en apresurarse a dar el complemento a su libertad? ¿A abrirnos el camino por las Termópilas de Paya? No fue V. E. el primero en derramar su sangre en Gámeza? ¿El primero en Vargas y Boyacá en prodigar su vida? No ha justificado V. E. mi elección por su inteligencia, economía y rectitud en el gobierno de la Nueva Granada? Es pues V. E. el más acreedor a la gratitud de Colombia, que por mi órgano la manifiesta a V. E.'' (Socorro, 25 de febrero de 1820).
(15) Así lo declaró con absoluta unanimidad la cámara de representantes en 1823, dándole por merecedor del título de General en Jefe; voto que hizo suyo Bolívar al manifestar su sentimiento de que la cámara se le hubiera anticipado en este acto de justicia. |Gaceta de 8 de agosto de 1824.
(16) Don Antonio José de Sucre en |El Correo Nacional, de Bogotá, el 25 de octubre de 1890.
(17) Se ha sugerido con maligna agudeza que el calificativo de |Hombre de las Leyes que dio Bolívar a Santander es denigrativo, como si hubiera dicho |leguleyo hombre que para todo trae a colación las leyes, para todo las halla o acomoda. Esta comunicación, fechada en Arequipa el 8 de junio de 1825, explica el pensamiento de Bolívar, tanto más que el calificativo dicho es anterior a toda discordancia entre los dos personajes. Véase |El Constitucional de Bogotá, número del 18 de mayo de 1826, página 3ª columna 3ª.
(18) Mucho se ha dicho contra Santander por haber patrocinado en la enseñanza los libros de Tracy y Bentham, haciéndole único responsable de los males que sus doctrinas han causado; pero debe considerarse que él no los llevó ni escogió, sino que siguió, como la mayor parte de los hombres públicos de nuestra nación, la corriente del liberalismo español. Más natural es suponer que Santander, militar, se dejase llevar por el parecer de personas como las que redactaron el plan de estudios de 1826, que no que él les impusiese sus opiniones. Por el hecho de haber prohibido Bolívar estas enseñanzas, declarando que a su influencia corruptora se debió la conspiración de septiembre, acabó esto de volverse cuestión de partido. El congreso de 1835 puso otra vez en vigor el plan y con él dichas enseñanzas, y no valieron las representaciones de varias cámaras de provincia y respetables vecindarios para que el congreso de 1836 las prohibiese de nuevo, pues aunque en el senado se aprobó un proyecto en este sentido, la cámara de representantes lo negó. En la resolución que por medio del secretario Pombo dictó en 1835 el poder ejecutivo sobre la solicitad de la dirección general de instrucción pública para que se suprimiera la enseñanza de Bentham, se ve claro que el espíritu de partido andaba en todo esto. Reconociendo lo peligroso del texto, atribuye el alarma que excita a preocupaciones parecidas a las que ha habido contra las doctrinas liberales. El gobierno que siguió al de Santander continuó sus ideas hasta el día en que se encontró a la cabeza de otro partido.

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