INDICE




CAPITULO XI

 

LEGACION EN EL ECUADOR

 

(Conflictos)

 

Llega el doctor Cuervo al Ecuador.-Su posición embarazosa.-Pide el gobierno granadino nuevos auxilios al Ecuador.-Reaparece Obando en Timbío.-Proyecta Flores enviar fuerzas a Popayán, y el doctor Cuervo se opone.-Ocupación de esta ciudad por los revolucionarios, y medidas que se toman en Quito. Conferencia entre el doctor Cuervo y el ministro de relaciones exteriores. - Transmítense a Flores facultades reservadas. Conducta de éste en Pasto y declaraciones del vicepresidente. Pide el doctor Cuervo explicaciones.-Pronunciamientos de Pasto y Túquerres.-Protesta del doctor Cuervo.-Contraprotesta y réplica.-Prepárase el doctor Cuervo a salir del Ecuador.-Mediación francesa y conferencias de 23 de junio.-Sucesos de Pasto.-Retirada de Flores a Túquerres y sus resaltados.-Pasos dados para tratar con Obando y explicaciones que pide el doctor Cuervo.-Derrota de Obando en la Chanca. Conducta doble de Flores.-Conferencia entre el doctor Cuervo y el general Daste.-Inculpaciones del general J. Posada Gutiérrez.

 

Dados a conocer, aunque sumariamente, los acontecimientos que llamaron al interior las tropas que habían estado obrando sobre Pasto, es tiempo de hablar de la legación del doctor Cuervo en el Ecuador. Siguiendo su viaje por Panamá, llegó a Guayaquil el 24 de octubre de 1840, después de haber padecido una enfermedad que lo puso a las puertas del sepulcro; y el que llevaba por misión hacer que cesasen las hostilidades de parte del Ecuador e impedir hasta donde fuera posible que interviniese en nuestras disensiones domésticas, se encontró con la novedad (son sus palabras) "de que por una de aquellas anomalías peregrinas en otros países, pero harto comunes en esta parte de la América, el general Flores había dejado de ser auxiliar de Noguera para serlo del general Herrán; que acaudillando tropas ecuatorianas había pisado el territorio sagrado de la patria, y en fin que, destruídas las fuerzas de Obando y fugitivo éste, quedaba ocupado el cantón de Pasto por una división extranjera. Esta, aunque tal triunfo fuese debido en su mayor parte a la lealtad y bravura de la guardia nacional de Pasto, se atribuyó toda la gloria, no muy brillante por cierto, jactándose de haber hecho en tres días lo que en quince meses no había conseguido el gobierno granadino con todos sus recursos. Comparóse con el de Farsalia al que se aclamaba vencedor de Huilquipamba, y a su regreso a Quito se le saludó con los títulos de |Salvador del Ecuador y |Libertador de la Nueva Granada. Se le erigieron monumentos de triunfo, se cantó una misa solemne con Te-Deum, en el sermón se le igualó a Dios, y se hicieron todas aquellas demostraciones con que la baja adulación tributa sus homenajes al poder. La Nueva Granada aparecía en el Ecuador como un pueblo imbécil que acababa de recibir del extranjero su salud, y los granadinos, transeúntes y avecindados, eran vistos con aquella plebeya arrogancia que a gente poco generosa da el sentimiento de la superioridad".

Sorprendido con cambios tan inesperados y lleno de embarazos en tan desairada situación, pide el doctor Cuervo a su gobierno aclaraciones sobre lo acaecido desde su salida de Bogotá y nuevas órdenes a que arreglar su conducta. El gobierno descuidó el darlas, confiando sin duda en que su representación obraría según conviniera en tan delicadas circunstancias.

No era ésta la única sorpresa ni el único golpe que le aguardaban en los primeros días de su permanencia en el Ecuador. Con fecha 7 de enero escribí reservadamente a don Ignacio Gutiérrez: "Ayer ha recibido el presidente del Ecuador una carta del señor Márquez en que le suplica que marche volando para la Nueva Granada con dos mil hombres, de los cuales ochocientos debieran seguir para el Valle del Cauca y el resto dirigirse a Bogotá con el mismo presidente a su cabeza. Yo me quedé estupefacto con la lectura de semejante carta, y si no hubiera estado toda ella escrita de puño y letra del señor Márquez, la habría creído apócrifa, así porque ni aun indica los grandes acontecimiento que le han impelido a dar un paso de tánta trascendencia, como porque no es ésta la manera con que se manejan los altos negocios entre gobierno civilizados que tienen constitución y leyes a que sujetarse aunque haya de largarse el pellejo. Por otra parte, después que Bogotá ha derrotado siempre a los socorreños y tunjanos que han osado atacarla, y que hoy presenta una hermosa actitud, no debe llamarse al extranjero para que la socorra y si en la pacificación de Pasto se creyó necesario el ajeno auxilio, no lo es ni debe serlo para conservar el orden público en el interior, a no ser que de una vez convengamos o en que somos unos imbéciles, o que todo el pueblo granadino niega su apoyo a la presente administración. El general Flores se ha encontrado perplejo y lleno de dudas, y habiendo querido oír mi opinión sobre ellas, especialmente si yo me encontraba dispuesto a celebrar un convenio relativo al auxilio pedido, le contesté con toda franqueza que como ministro público conocía y sabía cumplir mis deberes y nunca me prestaría a ningún acto que no fuese ejecutado por los trámites que establece el derecho internacional y que no estuviese en consonancia con los intereses y con la dignidad de mi patriar ignoro hasta ahora lo que definitivamente se resuelva sobre el particular; pero de todos modos yo me he lavado las manos como Pilato, teniendo presente no sólo mi posición sino la responsabilidad del señor Márquez, que arrebatado por el torrente de los sucesos ha dado un paso inconsulto, del que quizá ahora mismo está arrepentido" | (1) .

Ocho días después recibe por conducto de la secretaría de relaciones exteriores la orden para pedir oficialmente el auxilio en caso de que, sondeado el ánimo de Flores, apareciese dispuesto a proporcionarlo. Afortunadamente se excusó Flores diciendo no tener equipada una fuerza tan considerable y necesitar además el consentimiento del congreso, que aún no estaba reunido | (2) . El doctor Cuervo escribió oficial y privadamente a Bogotá, mostrando cuán arriesgado sería siempre semejante paso, sobre todo supuestos los antecedentes que mediaban con el Ecuador, para no contar la mengua de mezclar al extranjero en nuestras contiendas civiles. Mientras el gobierno granadino estaba esperando a sus libertadores del Ecuador, el doctor Cuervo penetra los amaños con que el general Flores tendía a apoderarse de la provincia de Pasto, ora como premio del auxilio dado para dispersar a Obando en Huilquipamba, ora como parte que le tocaba en la disolución de la República. Para colmo de sus angustias sabe por varios conductos, uno de ellos el gobernador de Pasto, y aun por cartas dirigidas al general Flores, las que éste se complacía en mostrar, que en Popayán mismo había disposiciones y aun proyectos de cambiar el pabellón granadino por el ecuatoriano.

En estas circunstancias se supo el nuevo pronunciamiento de Obando y Sarria en Timbío (febrero de 1841), con que los ecuatorianos vieron abrirse nuevos horizontes a su ambición, y pensaron en llegar a Popayán a extenderse hasta la cordillera central de los Andes granadinos, como lo pretendieron en 1830. Flores, queriendo granjear a la resolución que tenía formada el apoyo y sanción de opiniones respetables, reúne en la casa de gobierno una gran junta, a la que asistieron los altos funcionarios de la República, para dar cuenta de aquellos sucesos y anunciar que inmediatamente se pone en camino para Pasto con el fin de hacer marchar de allí una división a Popayán. No obstante el general aplauso con que fue acogida semejante determinación, hubo quien la objetara, como el vicepresidente Aguirre y don Vicente Rocafuerte. El último, viendo el asunto por el lado diplomático, calificó estos procederes de ejemplo funesto para el derecho internacional de las repúblicas de la América española. El doctor Cuervo, que había sido invitado expresamente, guardó silencio hasta que por el ministro de relaciones exteriores fue excitado a emitir su parecer y expresar en qué términos y con qué indemnización había de prestarse este segundo auxilio. Después de hacer notar la inconveniencia del lugar y de la forma para tratar un asunto diplomático, manifestó que no se hallaba autorizado para demandar el auxilio, el cual a más de no conformarse con las leyes granadinas, era inconveniente y aun humillante para la Nueva Granada. Con franqueza dijo que, consideradas las miras del gabinete ecuatoriano sobre las provincias meridionales, así como los sucesos de 1830 y las opiniones emitidas en las conferencias de 1832, el ofrecimiento de auxiliar a la Nueva Granada presentaba un carácter sospechoso que lo hacía inadmisible. Finalmente, esforzó estos motivos para no aceptar, refiriendo que el gobernador de Pasto le comunicaba que iba a mover unas fuerzas que unidas a las guardias nacionales de Patía, socorrieran a Popayán; sin hacer cuenta de las tropas que debían llegar del Cauca y del interior de la República, donde el gobierno acababa de obtener la victoria de Aratoca.

Como consecuencia de las razones alegadas por el ministro granadino, Flores desistió de su proyecto, y prometió que una pequeña columna de la división que se hallaba en Pasto acompañaría a la guardia nacional en su expedición, lo cual no llegó a verificarse porque el jefe ecuatoriano Carmen López se negó a dar las armas que debían servir a dicha guardia y que estaban depositadas en el parque granadino. Vino luégo la sangrienta jornada de García (12 de abril), en que Obando deshizo, las fuerzas de Borrero y le tomó prisionero, y la ocupación de Popayán por Sarria; Flores, temeroso por la división ecuatoriana acantonada en Pasto, marchó inmediatamente a reunirse a ella, prometiendo antes al doctor Cuervo que, como se tratase no ya de auxiliar al gobierno granadino sino de proveer a la seguridad del Ecuador, amenazado con el triunfo de los revolucionarios, por ningún caso emprendería cosa que fuese en menoscabo del primero. En vista de lo crítico de la situación, y de las promesas de Flores, el doctor Cuervo escribió al gobernador de la provincia de Pasto para que arreglándose a las instrucciones que le había dejado el general Herrán, obrase de acuerdo con el jefe ecuatoriano y le prestase toda clase de auxilios, procurando sí estar en comunicación constante con la legación granadina y con el gobierno de Bogotá, "a fin de que conservando en seguridad a los pueblos cuya custodia se le había encomendado, impidiera que por esta parte pudiesen aumentar sus fuerzas los revolucionarios; mientras que el legítimo gobierno apoyado en el valor y lealtad del pueblo granadino reparaba aquellas desgracias". "Mi opinión, decía, era que ya que las tropas ecuatorianas ocupaban a Pasto en calidad de auxiliares, debía sacarse por todo partido de esta circunstancia, el que conservasen en la provincia el orden y la tranquilidad pública, sin adelantar ningún paso que mancillase el honor de la patria y comprometiese la integridad de su territorio".

Una vez que los acontecimientos habían llevado hasta este punto las cosas, al representante de la Nueva Granada no le quedaba sino procurar se minorasen los males, y seguir ojo alerta la conducta de las tropas ecuatorianas. Y cierto que no eran vanos los motivos de recelo, pues todo anunciaba que el proceder de los auxiliares desdiría mucho de la hidalguía con que debieran portarse para con la nación que en su desgracia les abría las puertas. El 24 de abril invitó el ministro de relaciones exteriores al doctor Cuervo para una conferencia, y en ella le exigió que dijese categóricamente si las tropas ecuatorianas serían asistidas en lo sucesivo por el gobierno granadino conforme a lo estipulado, y si él mismo estaba autorizado para mudar las autoridades de la provincia encomendando los destinos a personas de la confianza del general Flores. Nuestro ministro contestó que, mientras durase la incomunicación de Pasto con su Gobierno, era imposible poner remedio a la falta de auxilios pecuniarios, y que la remoción de las autoridades y el nombramiento de otras era cosa ajena a las funciones naturales del carácter público de que estaba investido. De resultas de esto el gobierno del Ecuador resolvió (26 de abril) transmitir a Flores "las facultades necesarias para conservar con toda seguridad y dignidad las fuerzas ecuatorianas existentes en la provincia de Pasto y poner la República a cubierto de todo peligro". En estos términos se puso en conocimiento del ministro granadino, quien solicitó inútilmente se le aclarase la naturaleza y extensión de tales facultades. Ello es que apenas llegó Flores, comenzaron a cambiarse los empleados fieles a la Nueva Granada por otros adictos a la causa del Ecuador, a exigirse empréstitos y derramarse contribuciones como en país conquistado. Más todavía: el vicepresidente Aguirre encargado del poder ejecutivo declaró por un decreto el 6 de mayo que la provincia de Pasto no sería desamparada, que su seguridad, orden y tranquilidad eran intereses nacionales para el Ecuador; que se deseaba establecer sobre bases sólidas las relaciones que la naturaleza y la política prescriben para utilidad de los pueblos granadino y ecuatoriano; y que las personas que contrariasen de obra, de palabra o por escrito estos sentimientos, o más bien estas reglas de conducta, quedarían sujetas a las penas prescritas contra los conspiradores. Este lenguaje ambiguo, pero que todo el mundo entendía, no significaba otra cosa que la incorporación de Pasto; exigía pues explicaciones terminantes, y el doctor Cuervo las pidió inmediatamente contrayéndolas a estos tres puntos: 1° ¿Está dispuesto el gobierno ecuatoriano a mandar salir de Pasto las tropas ecuatorianas tan luégo como el gobierno granadino lo tenga por conveniente? 2º A virtud de declararse intereses nacionales para el Ecuador la tranquilidad, el orden y seguridad de Pasto, ¿se pretende o prepara la incorporación de aquella provincia a esta República sin las formalidades prescritas por el derecho de gentes? 3º El deseo manifestado de entablar relaciones con la Nueva Granada ¿envuelve el pensamiento de que no serán fiel y exactamente cumplidos en todas o en algunas de sus partes los tratados concluídos en Pasto a 8 de diciembre de 1832? Por toda contestación se le envió el preámbulo o parte motiva de las declaraciones mencionadas, con lo cual quedó la cuestión tan vaga e incierta como se estaba antes, y el doctor Cuervo insistió nuevamente el 11 de mayo en exigir explicaciones. Al otro día se publicó con ultrajante solemnidad la anexión de Pasto y Túquerres al Ecuador; el 13 negó el ministro las explicaciones, diciendo ser el decreto del 6 acto jurisdiccional del gobierno para la seguridad y orden interior do la República, y con notas de fecha anterior envió al doctor Cuervo copias de las actas de pronunciamiento y de los decretos en que eran aprobadas y acogidas.

Por estos pronunciamientos se agregaba Pasto al Ecuador condicionalmente, es decir, en el caso de que los facciosos triunfasen en la Nueva Granada, mientras que Túquerres lo hacía absoluta e irrevocablemente (4 y 6 de mayo). El mismo día 4 escribió Flores al doctor Cuervo una carta en sumo grado melosa con el intento de atenuar la mala impresión que había de recibir; y para que se diese por satisfecho, no paraba hasta decir que el acta de pronunciamiento de Pasto había sido redactada por él mismo | (3) . Luégo que el gobierno de Quito sancionó la anexión, en medio de estrepitosa algazara, con repiques de campanas y salvas de artillería, se leyeron por bando las actas en toda la ciudad, y después se festejó el hecho con iluminaciones y con corridas de toros por dos días.

A pesar de las astucias y hasta de la fuerza misma que se emplearon para dar aspecto de popularidad al pronunciamiento, fue éste tan contrario al sentimiento general, que aun muchos de los que firmaron las actas, escribieron privadamente al doctor Cuervo que sólo lo habían hecho por librarse de las persecuciones y hasta forzados por los agentes de Flores, lo cual no impidió que se jurase la constitución del Ecuador, cambiándose el régimen político y administrativo y derogándose todas las disposiciones que pudieran recordar que aquel territorio había sido granadino. Sólo Barbacoas y Tumaco se mantuvieron fieles, y resistieron con igual firmeza a las sugestiones de los revolucionarios de la Nueva Granada, que a la insidiosa propaganda de los agentes del Ecuador. El ministro granadino, que seguía atentamente el curso de los acontecimientos, no dejó, despreciando todos los riesgos, de exhortarlos continuamente a dar a sus hermanos del sur saludable ejemplo de constancia.

Nada deja traslucir con tánta claridad los sentimientos que obraron en Flores al promover estos pronunciamientos como la carta que desde Pasto dirigió a Herrán y Mosquera el 13 de mayo. La copiamos de la |Gaceta de la Nueva Granada, número 518:

"Aventuro esta carta con un posta que mando por los páramos, para comunicar a ustedes lo siguiente: 1º Este país goza de paz y de tranquilidad: también está tranquilo el Ecuador. 2º Aunque tuvimos una crisis por consecuencia de la reunión del congreso, quise mandar mil hombres a Popayán luégo que Obando reapareció eh Timbío; mas el señor Cuervo se opuso a ello, por lo cual quedaron frustrados mis deseos, aunque salva mi responsabilidad particular para con ustedes. 3º | El 20 de abril llegué a esta ciudad, donde he visto los pronunciamientos desde Popayán hasta Antioquia, y las proclamas y cartas de Obando en que nos amenaza y da por hecho el triunfo de su causa en la Nueva Granada. Tanto por esto como por otras razones de mucho peso, que no puedo expresar en este papel, he influído para que Pasto se pronuncie por el Ecuador provisionalmente; y lo ha hecho así en términos muy honrosos para el gobierno y la nación granadina, pues ofrece cooperar al triunfo de dicho gobierno con el auxilio de las armas del Ecuador, y someterse después para que los límites se fijen donde convenga. Pero protesta al mismo tiempo que si triunfare la facción permanecerá unido al Ecuador, porque no puede obedecer a los mismos contra quienes ha combatido. Hago esta explicación para que todos sepan en la Nueva Granada que si triunfa el gobierno, Pasto pertenece a la Nueva Granada; y si los revolucionarios, Pasto no se someterá a ellos y continuará unido al Ecuador. 4º | Si para cuando llegue esta carta a manos de ustedes todavía se sostuvieren con esperanza de buen suceso, tengan entendido que estoy pronto a cooperar con ustedes hasta Popayán para facilitarles la pacificación de las provincias del interior; pues ni un solo día, ni un solo instante he variado de sentimientos y opinión. Cuando se abra la comunicación sabrán ustedes cuántos esfuerzos hice por auxiliar a Popayán, y la resistencia que opuso el señor Cuervo, quien podía oponerla".

De modo que Flores, sabedor de los desastres sobrevenidos a la causa del gobierno, reputaba por más que problemático que sus generales se sostuviesen todavía con esperanza de buen éxito al llegarles esta carta; por eso ha promovido los pronunciamientos, y por eso lo confiesa, que no lo hiciera en el caso contrario; por eso ha hecho declarar a Pasto que pertenecerá a la Nueva Granada si triunfa el gobierno y al Ecuador si los revolucionarios; todo esto envuelto en mal coloreadas protestas de lealtad. Además, como el doctor Cuervo era el único que había podido oponerse a sus pérfidos manejos, era menester ponerlo por blanco a la animadversión de sus conciudadanos, haciéndole responsable de las desgracias y aun de la ruina de su patria.

A la notificación de los pronunciamientos contestó el doctor Cuervo con la siguiente protesta:

"Quito, 31 de mayo de 1841.

"Adjuntas a las notas de S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador, una de 10 del presente y otra sin fecha, recibió el infrascrito copias de las actas de Pasto y de Túquerres separándose de la sociedad granadina y agregándose la ecuatoriana, el primero condicionalmente y el segundo de una manera absoluta; e igualmente los decretos de este gobierno en que solemnemente acoge tales pronunciamientos.

"Había demorado el infrascrito su contestación a dichas notas, porque sabiendo que se trataba de que Barbacoas y Tumaco siguiesen el ejemplo de los cantones susodichos, aguardaba saber el resultado de los pasos dados con este objeto, para hacer sobre todo las debidas reclamaciones. Instruído ahora de que aquellos habitantes, libres del poder de las bayonetas, han permanecido fieles a sus juramentos a pesar de los esfuerzos hechos por el comandante ecuatoriano Darío Morales, comisionado especialmente para seducirlos, pasa hoy a dar la presente respuesta que debe mirarse como una solemne protesta contra la conducta irregular del gobierno ecuatoriano y de sus agentes.

"Conocidos eran del infrascrito, hace algún tiempo, los proyectos de agregar al Ecuador el todo o la mayor parte de la provincia de Pasto, bien que nunca llegó a imaginarse que se eligiesen las circunstancias menos decorosas y se empleasen los medios más deshonrosos para llevarlos al cabo. Mas desde que en conferencia de 24 de abril último manifestó S. E. el señor Marcos al infrascrito la necesidad de remover a las autoridades de Pasto y nombrar otras de la confianza de S. E. el general Juan José Flores, y desde que, por decreto de 26 del mismo, el gobierno ecuatoriano transmitió a éste las "facultades necesarias para conservar en toda seguridad las fuerzas ecuatorianas existentes en Pasto y poner la República a cubierto de todo peligro", se dejó conocer que estaba muy cercano el día en que aquella obra debía consumarse. Seguidamente, y como para dar mayor fuerza a esta persuasión, se expidió el célebre decreto ejecutivo de 6 del corriente decidiendo implícitamente dicha agregación y conminando con severas penas a los que aun de palabra la contrariasen.

"En vano se denegó el infrascrito al cambio de las autoridades de Pasto, en vano pidió que se le hiciesen conocer la naturaleza y extensión de las facultades delegadas a S. E. el general Flores, y en vano en fin solicité oportunamente y en términos comedidos explicaciones francas y terminantes sobre el citado decreto. Desatendida su voz, todo anunciaba que pronto se recibirían en Quito algunas de esas actas con que en una gran parte de la América se cambian las instituciones, se destruyen los gobiernos, se violan los juramentos más sagrados, y se perpetúa ese sistema de anarquía y de desorden que hace perder la esperanza de ver establecido algún día en el mundo de Colón el imperio de la libertad bajo los auspicios del orden, de la civilización y de la moral. Llegaron en efecto las actas de Pasto y de Túquerres, la primera el día 9 y la segunda el 11 del corriente.

"Desde luego observó el infrascrito, tanto en las copias que de ellas le fueron comunicadas como en las que seguidamente se publicaron por bando, la falta de las firmas de los pronunciados, sin las cuales ninguna autenticidad tienen, ningún crédito merecen. Y si bien es cierto que en el número 387 de la. |Gaceta oficial aparecen suscritos algunos individuos,su número es tan corto que no puede llenar el objeto con que se hizo la publicación. Esta circunstancia y otras que van a expresarse, demuestran que los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres no han sido ni espontáneos ni populares, y que en ningún tiempo pueden dar el menor derecho al Ecuador sobre aquella parte del territorio granadino, aun prescindiendo de los sanos principios de la ciencia política y de la buena fe de los pactos internacionales que reprueban y condenan tan vicioso título de adquisición.

"Existen en poder del infrascrito comunicaciones oficiales y cartas de personas fidedignas, de las cuales resulta lo siguiente: 1º Que después de haberse empleado alternativamente los halagos y las amenazas, se exigió por último de los pastusos que, o contribuyesen con 7.500 pesos mensuales para el sostenimiento de la división ecuatoriana, o se sujetasen al yugo de las partidas de facciosos que amenazaban la provincia, o se pronunciasen agregándose al Ecuador; 2° Que fueron pocos y algunos de ellos sin importancia y sin mérito, los que se sometieron a esta última condición; 3º | Que muchos vecinos notables y de influjo se resistieron con firmeza a suscribir el pronunciamiento; 4° Que varios de los que prestaron sus firmas han protestado ante esta legación haberlo hecho por la fuerza, y han manifestado su lealtad a las instituciones granadinas; 5º | Que antes de haber sido firmadas las actas, se remitieron a esta capital, las acogió el gobierno y las hizo publicar por bando; 6º Que después de verificado todo esto se despacharon comisionados a los distritos parroquiales de los cantones de Pasto y de Túquerres para que recogiesen firmas; y 7º | Que a pesar de todo esto no componen los firmantes ni la quinta parte de los individuos que gozan de los derechos de ciudadanía en aquellos cantones.

"Hechos de tal naturaleza, públicos y notorios en toda la provincia de Pasto, bastan por sí solos para demostrar la impopularidad de los sucesos del 4 y 6 del corriente. Pasando luégo a su examen crítico y moral ¿cómo puede ni siquiera imaginarse que pueblos que aun estando bajo la influencia del gobierno ecuatoriano manifiestan hasta en los mismos pronunciamientos su adhesión a la sociedad granadina, se separasen de ella espontáneamente? ¿Cómo creer que al propio tiempo que tánto interés manifiestan por ver en ella restablecido el orden, la abandonasen echándose en los brazos del extranjero? ¿Cómo, en fin, suponerlos tan poco entendidos en sus negocios que quisiesen sustraerse de un régimen bajo el cual no pagan ni tributo, ni alcabala ni el derecho de patente de profesión y de industria? Que responda a esto quien conozca un poco a los hombres, sus inclinaciones, sus intereses y su instinto a buscar la felicidad.

"Supóngase empero por un instante a los pastusos, ingratos a las consideraciones que han obtenido en la familia granadina, altamente estúpidos en el discernimiento de lo que mejor les conviene, animados de ruines y bastardos sentimientos, y decididos unánimemente a pertenecer a la nación ecuatoriana, ¿sería regular, conveniente y legítima esta agregación? ¿Puede separarse del cuerpo político una simple fracción, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre y los motivos que a ello le impelan? Hé aquí una cuestión que por demasiado obvia y por estar su resolución al alcance de todos, no necesita de que se ocupe en su examen el infrascrito. Tan absurdas y peligrosas serían las consecuencias que de una respuesta afirmativa se seguirían, que muy pronto la República misma del Ecuador tendría que lamentarlas. La historia presenta a cada paso ejemplos de pueblos que por haber llegado a un completo estado de madurez o por otras razones, se han segregado de una asociación política para formar ellos otra independiente, contando con el poder y la fuerza bastantes para sostener su nacionalidad. Estos son hechos que el tiempo legitima y no reprueba la política. Pero segregarse un cantón o una provincia de un Estado para agregarse a otro, es procedimiento que condena la sana política, no menos que el interés recíproco de las naciones. Puede emigrar de un país el individuo que no está contento con el sistema político y legal, o con la conducta de los magistrados, o en fin con los hábitos de los particulares; pero lo que en esta materia es potestativo al individuo, no lo es a una fracción colectiva que quiera desmembrar el territorio del Estado. Sostener lo contrario es atacar la soberanía nacional, su indivisibilidad y su independencia, es establecer un principio más anárquico que cuantos ha proclamado audazmente la más desenfrenada demagogia.

"Que nada valga sin embargo, y que ninguna fuerza tenga lo anteriormente alegado: que los habitantes de los cantones de Pasto y de Túquerres hayan podido y querido unánime y espontáneamente agregarse al Ecuador; y que los principios del derecho universal, la política general de las naciones y su propia conveniencia no repugnen esta agregación. Aunque falso y desatinado, se da por concedido todo esto; y concrétese la cuestión al derecho especial y perfecto a que deban sujetarse Nueva Granada y Ecuador. ¿Existen entre estas dos repúblicas pactos solemnes, compromisos sagrados que fijan y determinan los derechos y obligaciones de cada una de ellas? ¿Hay establecida en estos pactos alguna regla sobre segregación de un pueblo del un Estado para agregarse al otro? ¿Han concurrido tan graves circunstancias y tan poderosos motivos que hagan excusable la violación de esa regla? Tales son los puntos a que más especialmente contraerá su atención el infrascrito porque son de interés general para la América, y porque pertenecen, por su magnitud y trascendencia más a la moral pública que al supremo dominio de la nación sobre cierta porción de territorio.

"Desavenidas las repúblicas de Nueva Granada y del Ecuador, precisamente por la posesión de la provincia de Pasto, emplearon sucesivamente el medio de las negociaciones y aun el de la fuerza de las armas para poner término a sus diferencias, hasta que al fin concluyeron por medio de legítimos comisionados los tratados de 8 de diciembre de 1832, los cuales fueron ratificados, previa la aprobación de los respectivos cuerpos legislativos, por los gobiernos granadino y ecuatoriano, y canjeadas las ratificaciones el 15 de septiembre de 1835. En ellos se encuentran los artículos siguientes:

"Los límites entre los dos Estados de la Nueva Granada y del Ecuador, serán los que conforme a la ley de Colombia de veinticinco de junio de mil ochocientos veinticuatro separaban las provincias del antiguo departamento del Cauca del del Ecuador, quedando por consiguiente incorporadas a la Nueva Granada las provincias de Pasto y la Buenaventura, y al Ecuador los pueblos que están al sur del río Carchi, línea fijada por el artículo 22 de la expresada ley, entre las provincias de Pasto e Imbabura.

"Los Estados de la Nueva Granada y del Ecuador, animados de los mejores deseos de que se conserve siempre la más perfecta armonía y buena inteligencia entre las partes contratantes, se obligan y comprometen a respetar sus límites respectivos. Por consecuencia el Estado de la Nueva Granada |no podrá admitir pueblos que separándose de hecho del Estado del Ecuador quieran agregarse a la Nueva Granada, ni el Estado del Ecuador podrá admitir pueblos que, separándose de hecho del Estado de la Nueva Granada quieran agregarse al Ecuador.

"Toda adquisición, cambio, enajenación o nueva demarcación de territorio entre los Estados de la Nueva Granada y del Ecuador, |no podrá verificarse sino por medio de tratados públicos celebrados entre sus gobiernos, conforme al derecho de gentes."

"Hay pues un derecho escrito, un derecho perfecto que arregla los límites territoriales de Nueva Granada y del Ecuador, derecho acatado aun por las naciones menos cultas, y cuya violación no puede cometerse sin mengua y sin desdoro, y derecho en fin, que la misma constitución ecuatoriana ha reconocido y sancionado como base fundamental de la organización política de este país. Su artículo 3º | se expresa en estos términos: "El territorio de la República del Ecuador comprende el de las provincias de Quito, Chimborazo, Imbabura, Guayaquil, Manabí, Cuenca, Loja y el Archipiélago de Galápagos, cuya principal isla se conoce con el nombre de Floriana. Sus límites se fijarán por una ley |de acuerdo con los Estados limítrofes."

"Examínese ahora el contenido sustancial de los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres y lo que sobre ellos resolvió el gobierno ecuatoriano. Por el artículo 1º del de Pasto se conviene en "agregarse provisionalmente (este cantón), a la República del Ecuador, ya |porque éstos fueron los antiguos votos de Pasto, etc "Y en el de Túquerres se declara: "El cantón de Túquerres se reincorpora y vuelve al seno de su antigua madre patria, |es y será para siempre parte integrante e indivisible de la República ecuatoriana, correrá su propia suerte sea cual fuere, y entrará en participación de las bendiciones que el cielo la dispensa con mano liberal." Los decretos del gobierno ecuatoriano de 10 y 12 de este mismo mes dicen así: "El gobierno de acuerdo con el dictamen unánime de su consejo acoge solemnemente el pronunciamiento de (Pasto o Túquerres) en los términos constantes del acta celebrada a (4 o 6) del presente."

"Basta tener, no un entendimiento ilustrado, ni un buen sentido, sino la menguada razón de un idiota, para reconocer la más completa Oposición entre los artículos del tratado que quedan citados y los decretos del gobierno del Ecuador, la más insigne violación de solemnes y sagrados pactos, y la más notoria infracción de las leyes fundamentales de esta República. No tiene noticia el infrascrito de que a la vez y tan abiertamente nación alguna haya quebrantado sus compromisos internacionales y sus propias instituciones. Reservado estaba a un gobierno americano para deshonra de los principios proclamados en esta parte del mundo, presentar tan triste y deplorable ejemplo de precipitación y ceguedad.

"No alcanza a descubrir el infrascrito las razones de conveniencia y de alta política que puedan justificar la conducta de los instigadores y acogedores de los pronunciamientos de Pasto y Túquerres. La situación penosa en que se ha encontrado la Nueva Granada, lejos de ser un motivo para desmembrarla su territorio, lo es para tratarla con más exquisitos miramientos. En la adversidad más bien que en la próspera fortuna, tienen derecho los pueblos, lo mismo que los individuos, a que se les trate con toda consideración; y de aquí nace la justicia con que las leyes civiles y aun las eclesiásticas castigan con severísimas penas a los que roban bienes de personas que han sufrido naufragio o un incendio en sus propiedades.

"Sube de punto y mayor fuerza toma esta observación si en tales circunstancias o en otras igualmente congojosas se da en depósito alguna cosa, contándose con la lealtad y nobleza de quien la recibe, y luégo el depositario se alza con ella bajo cualquier pretexto qué sea. Entonces hay un abuso de confianza, una completa felonía: la causa no está ya tánto bajo el dominio de la política y de la ley, como bajo el de la moral, del honor y de la decencia; en una palabra, su decisión es también de la competencia de quien ha recibido una mediana educación social y religiosa. Este es el caso. La historia lo dirá: "En sus días de conflicto la Nueva Granada dio en guarda provincia de Pasto al gobierno ecuatoriano que se decía su amigo y hermano: el gobierno ecuatoriano se aprovechó de esta ocasión para hacer suya parte de la provincia depositada, violando la fe de los pactos y las leyes del honor, aunque sin dejar por eso de vocear amistad e interés por la Nación Granadina". ¡Qué recuerdo, qué página para legar a la posteridad!... Pero volvamos al examen de la cuestión internacional.

"Cuando una nación está dividida por disensiones intestinas debe observarse la más rigurosa neutralidad, sin atacar ninguno de sus derechos: puede el Estado vecino ofrecerle sus buenos oficios y todos los medios de reconciliación para calmar la animosidad de los partidos; pero no puede ir más adelante sin atacar la independencia y los derechos de la soberanía". Así opina un publicista moderno justamente apreciado en Europa.

"Pero prescindiendo de lo que dice el conde de Garden y de lo que puedan decir los maestros de derecho público más acreditados, apela el infrascrito al ilustrado juicio de S. E. el señor Marcos, que en nota de 12 de mayo del año anterior dijo al secretario de relaciones exteriores de la Nueva Granada estas notables palabras: "Sea cual fuere la urgente necesidad que tiene esta República de darse una frontera que |la ponga a cubierto de toda agresión de los que en las provincias meridionales de la Nueva Granada puedan sobreponerse a las leyes, NUNCA JAMAS empleará otras vías que las de la negociación, ni otras fuerzas que la razón, el convencimiento y la voluntad bien expresa de los pueblos". Parece que un espíritu profético guiaba la pluma de S. E. al prever acontecimientos que después se han realizado; siendo por tanto muy de lamentarse que no se haya cumplido la promesa, luégo que llegó la ocasión precisa para verificarlo. Así, a la violación de un pacto sagrado y a la infracción de la constitución ecuatoriana, tiene que añadir el infrascrito la falta de cumplimiento de una palabra dada recientemente y con pleno conocimiento de causa.

"Si el gobierno ecuatoriano, fiel a sus deberes y consecuente con sus propios principios, hubiese respetado la integridad del territorio granadino, no habría hecho más que imitar la noble conducta del gobierno de Venezuela, y usar de una justa reciprocidad con la nación granadina. Sabido de todos es que con motivo de haber sido destruído el gobierno legítimo en Bogotá en 1830, la provincia de Casanare hizo un pronunciamiento agregándose a Venezuela, y que el gobierno de aquella República no quiso acogerlo; y nadie ignora que cuando en 1835 el congreso ecuatoriano acordó agregar el Ecuador a la Nueva Granada en circunstancias de haber sufrido por más de diez y seis meses una obstinada y sangrienta guerra interior, se denegó el congreso granadino a aceptar esta agregación, por más animado que estuviera de sentimientos verdaderamente fraternales hacia los ecuatorianos, y por más respetables que fueran los individuos comisionados para presentar el acta y solicitar su favorable acogida.

"Y no podía ser de otra manera sin establecer precedentes los más peligrosos a los derechos de las Naciones y a la paz y buena inteligencia que entre sí deben guardar. ¿Cuál de ellas hay en el antiguo o nuevo mundo que no haya sufrido y esté expuesta a vaivenes y sacudimientos interiores, y a cambios de instituciones, seguidos de guerras más o menos largas, más o menos desastrosas? La historia de las naciones es la historia de sus revoluciones. ¿Y qué deberá decirse de la América antes española que, dividida en diferentes Estados, lucha hace treinta años, con la anarquía y el desorden, fruto de una educación bárbara y viciosa, sin que todavía pueda columbrarse la época en que, encontrando su centro de gravedad, ponga término a los horrores y escándalos a que hoy mismo sirve de teatro? Que a estos elementos interiores de continuas revueltas se agregasen la mala fe y el espíritu de rapiña del Estado vecino que quisiese explotar en provecho propio las ajenas desdichas, ¿cuál sería entonces el cuadro que presentaría el mundo americano? Más triste ciertamente que el que ofrecían las |hordas salvajes que habitaban, hace trescientos años, estos países, siempre devorándose unas a otras, sin nociones algunas de lo justo y de lo honesto, y sin el menor respeto por las personas ni por las cosas. A tal extremo conduciría a los pueblos de América el ejemplo dado por el gobierno ecuatoriano, si por desgracia de la humanidad y de la política encontrase imitadores.

"No querría el infrascrito hacer mérito de ciertos actos con que se ha hecho resaltar más la desconsiderada y poco amistosa conducta del mismo gobierno, si en ellos no encontrase ofensas muy graves irrogadas a la nación granadina: habla de las solemnidades con que fueron publicados en esta ciudad los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres, de los repiques de campanas, salvas de artillería, iluminaciones, corridas de toros por dos días, etc., dispuesto todo o al menos autorizado con el silencio por el gobierno supremo y por sus agentes. ¿Qué fue, preguntará el hombre moral y juicioso, lo que con tales regocijos quiso celebrarse? ¿La agregación de una parte del territorio granadino al Ecuador? Los regocijadores celebraron como un triunfo la propia deshonra y la injusticia. ¿Las desgracias de la Nueva Granada que facilitaban esta agregación? Ellos se igualaron entonces con los salvajes, cuya ferocidad se complace con los ajenos sufrimientos. El 12 de mayo de 1841, día del |memorable bando, se vio el infrascrito insultado y humillado estando al lado de un gobierno que se titula hermano, amigo y auxiliar del de la Nueva Granada. Caro ha sido en verdad el auxilio prestado para la pacificación de Pasto, y más caro habría sido si se hubiese extendido hasta Popayán, porque en este caso la línea fronteriza del Ecuador se habría fijado en la cordillera central de los Andes por el Guanacas y el Quindío, como algunos lo han pretendido, y parece que todavía lo pretenden. Las fiestas y algazara habrían entonces llegado a su colmo.

"Un sentimiento de justicia y también de reconocimiento obliga al infrascrito a confesar que en los hechos referidos ninguna parte ha tomado la generalidad de los vecinos de Quito. Ellos, como todos los demás ecuatorianos, no participan ni pueden ser responsables de los desaciertos y de la torcida política de su gobierno: el Ecuador, lo repetirá con el mayor gusto el infrascrito, es un pueblo dócil, humano, hospitalario, en extremo complaciente y digno, bajo todos aspectos, de la libertad y de los dulces bienes de una civilización bien comprendida. La Nueva Granada será siempre su fiel amiga y hermana, y hará en su obsequio cuanto exijan los |positivos intereses y la prosperidad recíproca de ambos Estados.

"Los hechos y motivos que quedan mencionados inducirían al infrascrito a declarar terminadas sus funciones diplomáticas cerca del gobierno del Ecuador y rotos los pactos que ligan a esta República con la de la Nueva Granada, si tal procedimiento no llevase envuelto el rompimiento entre dos países que formaron antes una sola familia. En tal concepto, y consultando los principios de moderación y de prudencia que han guiado su conducta, se limita |por ahora a otro paso no desconocido en los fastos de la diplomacia. Solicita pues formalmente:

"Que el gobierno ecuatoriano revoque solemnemente los decretos que ha dictado acogiendo las inconstitucionales y tumultuarias actas de Pasto y de Túquerres, y restituya las cosas al estado que tenían antes del día 4 del mes corriente."

"En caso de no disponerlo así, el infrascrito declara desde ahora suspensas sus funciones de agente de la Nueva Granada en esta ciudad, protesta contra la violación de los tratados que ligan a las dos repúblicas y hace responsable al gobierno de la del Ecuador de las consecuencias y resultados de la misma violación.

"Cualesquiera que sean la marcha y término de este desagradable negocio, se complacerá siempre el infrascrito repitiéndose de S. E. el señor Marcos muy atento, obsecuente servidor,

"Rufino Cuervo

"A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador."

"Desazonó en alto punto mi lenguaje al gobierno ecuatoriano (dice el doctor Cuervo en la nota dirigida al de la Nueva Granada en 14 de enero de 1842), encargóse a varias personas la redacción de un proyecto de contestación, y se propusieron diferentes medios para expelerme del Ecuador, y castigar lo que aquí se llamó |mi osadía. Creyéndose este gobierno heredero natural del de la Nueva Granada, como su hermano y auxiliar, me apodó faccioso y desleal, porque no convine en tan extraño modo de heredar. Por fin, después de diez y ocho días | (4) se dio una respuesta furibunda y de largo aliento, reducida toda ella a probar que era legítima la agregación de Pasto y Túquerres al Ecuador; que la Nueva Granada se encontraba en estado perfecto de guerra civil, con cuyos bandos podía tratarse conforme al derecho de gentes; que el gobierno granadino era quien en diferentes épocas y ocasiones había violado los tratados públicos; y que su ministro en Quito era un descomedido e irreverente, y como tal, digno de ser echado del país, para lo cual se me acompañó el correspondiente pasaporte. A las cuarenta y ocho horas de haber recibido esta que se llamó |contraprotesta, dirigí mi |réplica, vindicándome del cargo de descomedido y sedicioso que se me había hecho, defendiendo a mi gobierno de haber violado los tratados públicos, y refutando los erróneos y anárquicos principios proclamados por el ministerio." Hé aquí la réplica:

"Quito, 20 de junio de 1841.

"Antes de ayer a las cuatro de la tarde recibió el infrascrito encargado de negocios de la Nueva Granada la nota que S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador se sirvió dirigirle con fecha 18 del corriente, en contestación a la protesta de esta legación de 31 del mes anterior, y también el pasaporte para dejar el territorio ecuatoriano con las personas de su comitiva.
 

"Contraída la mencionada nota, no tanto a responder los argumentos y razones que contiene la protesta, cuanto a los términos en que está concebida y expresada, a los cuales se califica de 'inmoderados, irreverentes y aun sediciosos', hasta el punto de compararla con la carta inserta en |El Antioqueño número 11, debe el infrascrito a su propio decoro y a la dignidad de la nación que representa ocuparse preferentemente de esta materia exponiendo al gobierno ecuatoriano y a los pueblos de América los justos motivos que le han impelido y las órdenes terminantes a que se ha arreglado al protestar contra la tumultuaria agregación de los cantones de Pasto y de Túquerres al Ecuador.

"Desde que comenzaron a ser descubiertas del infrascrito las medidas tomadas por el gobierno ecuatoriano para segregar de la sociedad granadina la provincia de Pasto, pidió en comedidas y corteses razones las convenientes explicaciones sobre esta materia, teniendo en consideración no solamente los intereses granadinos cuya defensa le está encomendada, sino también los del Ecuador, y más que todo la buena inteligencia entre los dos países. Sus solicitudes sin embargo fueron completamente desatendidas.

"La primera tuvo lugar en 27 de abril último, con ocasión de haberse otorgado una autorización vaga y extraordinaria a S. E. el general Juan José Flores para obrar en la provincia de Pasto. S. E. el señor Marcos manifestó en nota de 29 del mismo abril que no le era dado trasmitir a la legación copia del acta del Consejo a que se refería esta autorización.

"Comunicado que le fue el decreto ejecutivo de 6 de mayo, solicitó el infrascrito, con fecha 8, explicaciones francas y terminantes que le hiciesen conocer la política del gobierno ecuatoriano sobre el negocio en cuestión. La respuesta a esta segunda demanda se redujo a la remisión de una especie de proclama que, aunque escrita con énfasis, nada dice en sustancia.

"Insistióse por la legación en que el gobierno ecuatoriano se explicase con la franqueza debida a su propia dignidad. La contestación fue una absoluta negativa fundada en motivos sobre cuyo valor él público habrá pronunciado su juicio.

"En estas circunstancias, y cuando la denegación de las explicaciones pedidas era ya un principio de mala inteligencia entre los dos Estados, se recibieron en la capital, se acogieron por el gobierno y se publicaron por bando los tumultuarios pronunciamientos de Pasto y de Túquerres agregándose al Ecuador. La conducta del gobierno ecuatoriano se presentó entonces en toda su claridad, es decir: injusta, irregular y altamente ofensiva a los derechos del gobierno y pueblo granadinos; haciéndola más odiosa las circunstancias que antecedieron, acompañaron y siguieron a aquellos actos. A pesar de todo esto y de que los más estrechos deberes obligaban al infrascrito a protestar inmediatamente contra tan insigne violación de los tratados que ligan a la Nueva Granada con el Ecuador, quiso antes de dar este paso tentar otros medios conciliatorios y prudentes, para que en ningún tiempo pudiera imputársele precipitación o escasa solicitud por este país. Dirigióse en efecto a varias personas de valía influyentes en el Ecuador, interesando fuertemente aun sus relaciones personales con el objeto de que el gobierno ecuatoriano volviese sobre sus pasos de una manera espontánea y decorosa, salvando su propio honor, y librando al infrascrito de los graves y penosos compromisos en que le había colocado. Mas todo fue en vano; y después de diez y nueve días de una angustiosa expectación tuvo que dirigir la protesta a que ha contestado S. E. el señor Marcos con una furibunda catilinaria.

"Las personas imparciales y entendidas que aprecien debidamente la gravedad y extensión del negocio, no menos que la justicia que en él asiste a la nación granadina, no encontrarán en aquel documento cosa alguna que reprueben los miramientos debidos a los gobiernos y a los hombres. Si son fuertes los hechos y razones alegadas, no es culpa del infrascrito que también lo sean las consecuencias. El lenguaje de la verdad siempre es enérgico y mortificante para quien se ha separado de la senda de la justicia. Ni entre los antiguos ni entre los modernos se encuentra un solo escritor que no se exprese con vehemencia al hablar de asuntos en que se interesan la libertad y honra de la patria, los derechos de la humanidad, la fidelidad en los pactos, la hidalguía de los sentimientos. Por eso se ha dicho que la materia de un escrito decide del género de su estilo.

"Si se examinan las composiciones diplomáticas del presente siglo se verá en todas ellas un lenguaje nervioso y enfadado cuando se trata de las ofensas hechas a un gobierno por otro gobierno. En este lenguaje habló en 1826 el ministro de relaciones exteriores de Portugal, don Francisco Almeida, al embajador español conde de Casa Flores con motivo de haber pasado del territorio de España a la provincia de Alentejo algunos individuos a turbar la paz pública; de él usó el gabinete de Petersburgo en 1828 al expresar los motivos de rompimiento con el imperio otomano; y antes de estas fechas, en 1806, el príncipe Talleyrand dirigió amargas y sentidas quejas al gobierno pontificio, sin que por eso, ni por el doble respeto debido al soberano temporal de Roma y Vicario de Jesucristo en la tierra, se haya calificado de |irreverente y |descomedido al primer diplomático de Europa; así como tampoco nadie censura ya que la demanda de satisfacciones hecha por una nación poderosa vaya acompañada de una escuadra, cuya voz muda no es menos destemplada que las más virulentas expresiones. Ultimamente, si se quiere una prueba más de la desagradable sensación que causa la sola sospecha de que no sea cumplida una estipulación internacional, recuerde S. E. el señor Marcos los términos de que usó en un documento solemne y oficial el presidente Jakson el año de 1836 al hablar, no de una cuestión de honor o de alta política, sino del pago de unos millones de francos que el gobierno francés se había obligado a indemnizar al de la Unión americana. ¿Cuál debería ser pues el lenguaje de un patriota y pundonoroso ministro que al sentimiento de las dolencias que aquejan a su patria tenía que agregar el que inspira la irregular conducta de un gobierno amigo y hermano? ¿Había de dirigir notas de felicitación por los antisociales y escandalosos pronunciamientos de Pasto y de Túquerres?

"Al formalizar la protesta de 31 del próximo pasado, el infrascrito no sólo no ha contrariado la política del gobierno constitucional de la Nueva Granada, sino que se ha arreglado estrictamente a las instrucciones que le fueron dadas desde que salió de Bogotá en el mes de agosto del año anterior; y si bien es cierto que después de aquella época han tenido lugar nuevos acontecimientos, ellos en nada las han alterado, mucho menos después que en comunicación de 30 de diciembre último se le dijo por el secretario de relaciones exteriores granadino lo siguiente: 'Las nuevas instrucciones que solicita se darán a V. S. luégo que el Consejo de Estado haya evacuado el dictamen que se le ha pedido en el negocio relativo a la venida de algunas tropas ecuatorianas al territorio de la provincia de Pasto, cuyo dictamen aguarda el poder ejecutivo para resolver aquel grave negocio.' Estas nuevas instrucciones no han llegado a la legación, bien porque no hayan sido extendidas y comunicadas, o bien por la turbación de los tiempos que han impedido la comunicación con Bogotá; pero en el caso de haberlas acordado, es indudable que sólo se habrán referido al hecho de la marcha de tropas ecuatorianas a la provincia de Pasto, y no a la de Popayán y menos aún a la cesión de aquel territorio, pues ésta sólo podía ser el resultado de un tratado público conforme a los principios del derecho internacional y a las instituciones granadinas y ecuatorianas.

"Semejante estado de cosas trazó por sí mismo la política que el infrascrito debía adoptar en el desempeño de sus funciones. Ella ha estado reducida: 1° A no solicitar, promover ni mendigar el auxilio de fuerza extranjera para terminar las cuestiones domésticas de la Nueva Granada; y 2º A respetar los |hechos existentes relacionados con la ocupación de Pasto por tropas ecuatorianas a virtud de arreglos especiales con un general granadino, y también las |consecuencias naturales de estos mismos hechos hasta la resolución definitiva del gobierno granadino. Toca a éste y a los políticos justos e ilustrados de la América juzgar si ha sido o no acertada y circunspecta esta política. Su fallo, y no el juicio apasionado de quien tiene interés en cohonestar a todo trance procedimientos indebidos, decidirá la cuestión.

"Servirá entre tanto de satisfacción al infrascrito: 1º Haber ajustado su conducta a las instituciones políticas de su patria y también a las del Ecuador; 2º Haber instado y requerido oportunamente al gobernador de Pasto indicándole las medidas más adecuadas, tanto para facilitar auxilios a la división ecuatoriana, como para enviar la guardia nacional de aquella ciudad a Popayán, lo cual no se verificó por no haber entregado el jefe ecuatoriano las armas del parque granadino, como consta de documentos existentes en el archivo de la legación; siendo por tanto inexacto y aventurado aquello de que 'ninguna cooperación prometía el representante de la Nueva Granada'; y 3º | Haberse conformado con la opinión bien pronunciada de varios ecuatorianos respetables, entre ellos el ilustrado y benemérito señor Rocafuerte y el mismo señor vicepresidente de la República, cuando en la reunión del 9 de febrero último no quiso solicitar el auxilio para Popayán sobre la base de |indemnizaciones, cuya naturaleza deseó conocer S. E. el señor Marcos. Si por una parte los sucesos de armas han sido desgraciados al gobierno constitucional, los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres han manifestado por otra la previsión de quien no se prestó dócilmente a pedir un auxilio interesado de parte del que lo daba, y nada eficaz para curar radicalmente los males del pueblo granadino. Asombra ciertamente que se presente como un grave cargo un procedimiento en que no es poca la parte que ha tenido el actual jefe del gobierno ecuatoriano.

"Desentendiéndose S. E. el señor Marcos de la mayor parte de los hechos que contiene la protesta en comprobación de la violencia y torpes manejos empleados en la agregación de Pasto y Túquerres al Ecuador, pregunta con especialidad: '¿No será más natural suponer que la marcha (del comandante Darío Morales) a Barbacoas tenga por objeto algún asunto del servicio?' De documentos pasados a la legación por el jefe político de Barbacoas, encargado de la gobernación de Pasto, aparece que dicho comandante fue conduciendo pliegos con el fin de que se hiciese el pronunciamiento de agregación al Ecuador, en lo cual trabajó hasta donde le fue posible, según dicen las cartas particulares. No pasará mucho tiempo sin que vean la luz pública éstos y otros documentos interesantes.

"Entrando ahora al examen del punto vital de la cuestión, a saber la subsistencia de los tratados concluídos en Pasto a 8 de diciembre de 1832, responderá el infrascrito a las ligeras indicaciones que sobre él se permite hacer S. E. el señor Marcos.

"Es un principio inconcuso entre los publicistas de más nota, comenzando por Grocio y Puffendorf y acabando por Bello, que ni las revueltas políticas ni los cambios en la forma de gobierno alteran los pactos internacionales. Oigase lo que sobre el particular dice el profundo Klübert: 'La inviolabilidad de los tratados públicos es una ley igualmente santa para todos los miembros y partes del Estado, puesto que en nombre de todos ellos se concluyen, y no dejan de ser obligatorios sino con la completa destrucción del Estado; por manera que los cambios que sobrevienen en la constitución nacional, o en la persona del gobierno, no pueden perjudicarles.' Ni debe ser de otro modo sin destruir por sus cimientos las relaciones de los pueblos, colocándoles en una posición hipotética y precaria. Aun en las mismas monarquías en las cuales el monarca representa la soberanía, ninguna novedad induce en los tratados la sucesión de las personas y ni aun el cambio de dinastía, sino en casos raros y enteramente excepcionales. ¿Qué deberá decirse, pues, de las repúblicas americanas en que se ha proclamado como el primer dogma político la soberanía nacional, y los pactos internacionales no son valederos sin la aprobación del cuerpo legislativo?

"Sentado esto como una máxima fundamental, ¿podrá sostenerse racionalmente que por encontrarse la Nueva Granada dividida en bandos que se tratan como enemigos y cuando ya esa guerra es civil' pueden acogerse actos ilegales, en infracción de los públicos y solemnes tratados que ligan a las dos repúblicas? Han caducado éstos y también los que ha celebrado la Nueva Granada con otras naciones del antiguo y nuevo continente, o ha perdido ella su rango de nación, porque una parte del pueblo opine por la federación y otra parte por el régimen unitario? ¿Se imagina alguno que ha sido despedazada y dividida, como la Polonia entre sus poderosos vecinos? Aun cuando el Istmo de Panamá, |por ejemplo, se constituyese como Estado soberano e independiente, conservaría siempre la Nueva Granada su nacionalidad, así como la conservó la España después de la emancipación de Portugal y de otras de sus posesiones, y como recientemente la conservó también la Holanda después de la separación de la Bélgica, sin que a nadie se le haya ocurrido aseverar que por tales acontecimientos dejaron de figurar entre las naciones aquellas sociedades o no eran obligatorios sus tratados.

"Inconducente a la cuestión actual es el ejemplo que se cita del país de Zug y de la ciudad de Zurich. Basta tener un mediano conocimiento en la historia para saber la notoria diferencia que hay entre la situación, las circunstancias y régimen político de Pasto. Los primeros fueron abandonados por sus soberanos, y el segundo no lo ha sido ni lo será jamás por la Nueva Granada. El hecho solo de haber sido confiada su custodia al gobierno ecuatoriano demuestra que el granadino ha querido conservarlo bajo la seguridad que le daban las relaciones amistosas y los tratados solemnes entre los dos países; lo cual constituye por sí solo un estado de cosas particular que no es fácil encontrar en otras naciones, ni aun para justificar los hechos propios con malos procederes ajenos.

"Extraordinaria sorpresa han causado al infrascrito las cláusulas siguientes: 'Desde el 9 de abril de 1838 demostró el gobierno del infrascrito (señor Marcos) que el tratado de Pasto había sido manifiestamente violado en Nueva Granada, y se solicitó instantemente la reparación que era indispensable. ¿Y qué se consiguió? Nada más que respuestas evasivas como la del ministro de relaciones exteriores (administración del señor Márquez) en 21 de agosto del mismo año.' Declara la legación que esta aserción es inexacta e infundada, y que si S. E. el señor Marcos se hubiese expresado con más franqueza y menos ambigüedad, obtendría una respuesta satisfactoria y victoriosa. En negocios de tánta magnitud debe hablarse con toda claridad para no comprometer el nombre de las naciones.

"El gobierno del Ecuador, asegura S. E., ha esperado el cumplimiento de promesas que deben ser inviolables y tiene también derecho para exigir que ellas sean cumplidas |sin efugios ni dilación, aludiendo sin duda a la cesión del territorio que está aquende del Guáitara. Aunque no conoce el infrascrito los términos en que tales promesas se hicieron, dalas por efectivas y se extiende hasta suponer que a la voluntad de hacerlas reunió el promitente el poder de cumplirlas. ¿No es ésta una razón de más para que el gobierno ecuatoriano hubiese aguardado obtener por las vías legales el territorio que deseaba? ¿No ha perdido con la apropiación |de hecho los derechos que pudiera haber adquirido a virtud de la promesa? Punto es éste que las leyes civiles tienen decidido de acuerdo con los principios de la justicia universal, y su decisión no es favorable al gabinete del Ecuador.

'Ignora el infrascrito cuáles sean los datos y documentos fehacientes que se tengan para comprobar que las autoridades granadinas protegieron y fomentaron las expediciones salidas de Pasto para turbar el orden público en el Ecuador, mucho más después que el gobierno de la Nueva Granada dio, según se dice generalmente, al de esta república las convenientes explicaciones sobre el particular. Si hubiera de hacerse una inquisición de todos los actos ejercidos en esta materia por ambos gobiernos, quizá aparecerían algunos no muy favorables al del Ecuador. Pero otra es la cuestión en el estado actual de las cosas.

"Pactos existen, dice la llamada contraprotesta de S. E., que obligan al gobierno granadino a sostener la guarnición ecuatoriana... y no ha cumplido con ello; y de aquí se pretende deducir un cargo formidable contra la Nueva Granada, confundiéndose los tratados públicos de 1832 con la mera |esponsión de un general granadino que todavía no ha sido aprobada. Ante la opinión del mundo ilustrado jamás servirá de justificación a los pronunciamientos de Pasto la escasez de aquella tesorería para proveer el mantenimiento y gastos de la división ecuatoriana; así porque no ha sido culpa del gobierno granadino, sino efecto del estado de incomunicación con la capital, la falta de envío de dinero a dicha ciudad, como porque después de las generosas ofertas del gabinete ecuatoriano, era de esperarse que supliese dichos gastos de la propia manera que los cubre hoy por su cuenta, y sin la seguridad del reintegro a que en el primer caso tendría justo derecho. Quizá habría sido mejor que no se hubiese tocado este punto, en que por lo mismo que se atraviesan unos pocos miles de pesos, se resiste la delicadeza a examinarlo. El Ecuador ha tenido que deplorar más de una vez los motines militares por no haberse pagado sus ajustamientos a los cuerpos; pero el ejemplo de una desenfrenada soldadesca no es digno de imitación.

"Prescinde por ahora el infrascrito de la conducta observada por la división ecuatoriana en Pasto, porque habiéndose pasado con nota de 24 de marzo último documentos importantes sobre la materia a S. E. el señor Marcos, ha podido consultarlos antes de aventurar un juicio muy equivocado: prescinde también de la alusión ofensiva de que 'el Ecuador... proporcionó... los medios para poner a la tierra granadina en posesión de bienes que allá se evaporaron'; prescinde igualmente de la peregrina interpretación dada a la nota del mismo señor ministro de 12 de mayo del año anterior, la cual no es admisible ni aun entre las sutilezas del foro; y prescinde por último de las solemnidades del bando del 12 del pasado, acerca del cual ninguna explicación ha dado el gobierno ecuatoriano. Hechos y expresiones son éstas cuyo examen analítico tiene que omitir quien no abriga el inhumano y antipatriótico designio de ver degollarse dos pueblos hermanos. Día vendrá en que, sucediendo la calma a la borrasca, se den las correspondientes explicaciones sobre todo.

"Tampoco se ocupará el infrascrito en contestar el cargo que se le hace por haber declarado suspensas sus funciones diplomáticas, si no se revocaban los decretos que acogieron los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres. Tan prudente y mesurado paso, sobre no ser desconocido en los fastos de la diplomacia, revela la pacífica intención de dar lugar a que el tiempo y la reflexión ilustrasen mejor al gabinete ecuatoriano, sin exponer a este país a las consecuencias de terminar |motu |proprio la misión, como ha podido hacerse por la gravedad del caso, según el sentir de los mejores publicistas, entre ellos el ilustrado americano Bello. El gobierno ecuatoriano empero, avanzando más allá de lo que el derecho ordena y la prudencia aconseja, ha llevado las cosas al último extremo expidiendo su pasaporte al ministro de una nación que lejos de ser la ofensora es la ofendida.

"No terminará el infrascrito esta nota sin expresar a S. E. el señor Marcos la profunda pena que le ha causado el que hayan sido atribuídos a mala parte los justos elogios que del pueblo ecuatoriano se permitió hacer en la protesta. Recuerde S. E. que en iguales términos está concebida la nota de la legación de 8 de mayo y todas las demás en que ha sido preciso tocar este punto para interesar al gobierno ecuatoriano en la conservación de la paz exterior. Siendo la opinión pública la guía de los gobiernos populares representativos, no es fuéra del caso, ni mucho menos una interpelación mal intencionada, recordarla a éstos cuando, como en el negocio presente, no es general ni uniforme. Así se acostumbra entre las naciones más cultas, cuyo ejemplo debe imitarse. Además, la opinión y los sentimientos del gobierno granadino han sido iguales en circunstancias idénticas a las presentes, como puede verse en la parte resolutiva de la declaratoria de guerra al gobierno ecuatoriano de 15 de septiembre de 1832, cuyas formales palabras son las siguientes: 'Que no reputa como enemigos a los pueblos de los departamentos del Ecuador, Asuay y Guayaquil, a quienes siempre reconoce como |hermanos.' Por lo que personalmente hace al infrascrito, su larga carrera pública es la mejor prueba de que nunca ha pertenecido a bandos ni parcialidades, ni se ha mezclado en revoluciones y trastornos; siéndole por consiguiente muy sensible que se traduzca en sentido contrario la sincera expresión de gratitud hacia un pueblo que, lejos de injuriarle, le ha dispensado franca y cordial hospitalidad, y cuya dicha y reposo serán el objeto de sus más constantes esfuerzos. Solamente bajo un gobierno suspicaz, allá en los tiempos luctuosos de que habla Tácito, se calificaban de crímenes los más nobles sentimientos.

"Al dejar esta ciudad en fuerza de su deber y correspondiendo a las disposiciones del gobierno ecuatoriano, es muy grato al infrascrito reiterar sus sinceros votos por la honrosa y pacífica terminación de las desavenencias entre las repúblicas de Nueva Granada y Ecuador, con cuyo objeto hará de su parte los más patrióticos esfuerzos, así como le es igualmente satisfactorio asegurar a S. E. el señor Marcos los ingenuos sentimientos de particular aprecio con que invariablemente es su muy atento y obediente servidor.

"Rufino Cuervo

"A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador."

Las protestas del doctor Cuervo fueron reproducidas en los periódicos extranjeros y reconocidas debidamente como documentos de indisputable importancia para la historia diplomática de América; mas el Ecuador, ciego de engreimiento, las miró como un ultraje a su dignidad, como una voz discorde en su triunfo, y aun llegó a lisonjearse con la idea de sostener por medio de las armas los agravios que sus documentos oficiales contenían. Ni es de extrañar esto, porque el Ecuador aspiraba entonces a desempeñar un gran papel en la política americana: el inquieto general Flores, que era quien lo vivificaba, quería confederarse con Bolivia para hacer la guerra al Perú y despojarlo de las provincias limítrofes, mientras astutamente se entremetía en los asuntos domésticos de la Nueva Granada para desmembrarla.

Preparábase el doctor Cuervo a salir del Ecuador, cuando recibió una nota del encargado de negocios de Francia en Quito, el señor W |. Mendeville, en que ofrecía su mediación para restablecer las relaciones y componer las desavenencias entre las dos naciones. El ministro granadino, después de haber cumplido con su deber, no podía rehusar ofrecimiento tan generoso, con el cual se ahorrarían a su patria graves complicaciones, precisamente cuando se encontraba ella en las circunstancias más críticas y aflictivas. El mismo había leído en un periódico extranjero el convenio de Itagüí, por el cual se retiraba Borrero al Cauca dejando a Salvador Córdoba en posesión de Antioquia (3 de febrero), lo que constituía un gran triunfo para la revolución; y oficialmente y por la imprenta se aseguraba en el Ecuador que el gobierno granadino había sido derrocado. Abriéronse las conferencias el 23 de junio en la casa de la legación francesa. El doctor Cuervo expuso primeramente que, considerándose como |ministro en marcha por haberle expedido su pasaporte el gobierno ecuatoriano, le parecía que antes de dar principio a las conferencias debía examinarse este punto. Declarado que hubo el comisionado del Ecuador, don Pedro José Arteta, que su gobierno daba por retirado el pasaporte, presentó como base, para las estipulaciones que debían acordarse, que los cantones de Barbacoas y Tumaco se pusiesen bajo las leyes y autoridades del Ecuador hasta que se restableciese la paz en la Nueva Granada y pudiesen entenderse amistosa y lealmente los dos gobiernos. El ministro granadino no accedió a esto por creerlo tan contrario a sus instrucciones como a los principios que había consignado en sus notas al ministro de relaciones exteriores del Ecuador. El señor Arteta pidió entonces al doctor Cuervo que presentara otra base para el convenio; éste lo hizo asentando que después de haber formalizado su protesta de 31 de mayo anterior contra los pronunciamientos por los cuales Pasto y Túquerres se agregaban al Ecuador, había llenado el deber que le imponían las instrucciones de un gobierno; y que negándose el Ecuador a revocar los decretos con que acogió dichos pronunciamientos, parecía lo natural que los dos gobiernos se entendiesen para las explicaciones y arreglos ulteriores, quedando las cosas en el estado que de hecho tenían en esos momentos; que para el efecto el gobierno ecuatoriano podía nombrar un comisionado que pasase a Bogotá, con instrucciones a su agente diplomático para que se entendiese con el gobierno de la Nueva Granada que por su parte el encargado de negocios granadino despacharía otro comisionado que condujese la correspondencia de la legación y diese los informes que se le pidieran; y que entre tanto debían considerarse como subsistentes las relaciones de amistad y buena inteligencia entre las dos repúblicas, dándose las más completas garantías a las personas y propiedades de los ciudadanos de ambos Estados, especialmente a los habitantes de Pasto. El comisionado del Ecuador aceptó esta propuesta, indicando que también sería oportuno que se asegurase de la manera más firme el tráfico y comercio de los cantones de Barbacoas y Tumaco con los de Pasto y Túquerres y con las provincias del Ecuador. Consideradas estas indicaciones y de acuerdo en un todo con el señor Mendeville, se convino en los artículos siguientes:

"1º El encargado de negocios de la Nueva Granada, Rufino Cuervo, suspenderá su marcha del territorio ecuatoriano, teniéndose por retirado el pasaporte que se le había expedido.

"2º El gobierno del Ecuador enviará, lo más pronto posible, un comisionado a Bogotá con instrucciones a su agente diplomático, residente en aquella ciudad, con el fin de que dé explicaciones convenientes al gobierno granadino, y active la conclusión de nuevos tratados, sobre bases recíprocamente ventajosas a ambos países.

"3º | El encargado de negocios de la Nueva Granada despachará, por su parte, otro comisionado que informe a su gobierno de todo lo ocurrido y solicite instrucciones a las cuales arregle su conducta ulterior.

"4º | Mientras que se entienden y arreglan los dos gobiernos, conforme al derecho de gentes, se mantendrán las cosas en el estado que hoy tienen, sin alterarse las relaciones de amistad y buena inteligencia entre las dos repúblicas.

"5º | Ni por el gobierno de la Nueva Granada ni por el del Ecuador podrán ser molestados por sus opiniones y conducta política anteriores, los habitantes de los cantones que comprende la provinia de Pasto, ni serán perseguidos o extorsionados bajo ningún motivo ni pretexto.

"6º Las relaciones de tráfico y comercio entre los cantones de Barbacoas y Tumaco con los de Pasto y Túquerres, lo mismo que con las provincias del Ecuador, subsistirán bajo la más completa seguridad y buena fe, respetándose religiosamente las propiedades de sus respectivos habitantes."

Los negociadores se aplazaron para el día siguiente con el fin de firmar el acta protocolizada. Abierta la sesión, el comisionado del Ecuador habló el primero, diciendo que, a intento de que los puntos acordados no fueran a sufrir desaprobación o retardo, los había puesto anticipadamente en noticia de su gobierno, y que éste deseaba se redactase el artículo 4º en los términos siguientes: "Mientras se entienden o arreglan los dos gobiernos, conforme al derecho de gentes, la provincia de Pasto queda bajo la dependencia del Ecuador, sin que las ocurrencias del mes pasado puedan alterar las relaciones de amistad y buena inteligencia entre las dos repúblicas." Como manifestase el ministro granadino que no convenía en que se hiciese la menor variación o reforma en lo acordado el día anterior, solicitó el comisionado del Ecuador que por un artículo adicional se pactase que "entre tanto que se restableciese la paz en la Nueva Granada, hubiese guarniciones ecuatorianas en los cantones de Barbacoas y Tumaco". Opúsose nuestro ministro a la entrada de tropas ecuatorianas en estos cantones, fundándose en que con ella se destruiría el |statu quo acordado el día anterior como medio conducente, aunque provisional y transitorio, para que los dos gobiernos pudiesen llegar a un arreglo conforme al derecho de gentes; en que con los pronunciamientos de Pasto y Túquerres, verificados mientras estas comarcas se hallaban guarnecidas por fuerzas del Ecuador, quedaron insubsistentes los convenios celebrados con el general Herrán; en que Tumaco y Barbacoas podían defenderse de por sí en caso de cualquier peligro; en que estas poblaciones no admitirían sin sumo desagrado auxilios del Ecuador, de lo que podrían sobrevenir consecuencias alarmantes; y finalmente en que, aun llegado el caso de una invasión repentina, podría proveerse a la seguridad del Ecuador colocando destacamentos en varias posiciones ventajosas de los aledaños. Vencido en este punto, propuso sucesivamente el ecuatoriano que "ni la Nueva Granada ni el Ecuador pudieran, hasta el restablecimiento de la paz, introducir tropas en los cantones de Barbacoas y Tumaco"; que "en caso de que alguno de dichos pueblos fuese ocupado por alguna o algunas de las partidas de la facción del general Obando, pudiese el gobierno del Ecuador remitir tropas a cualquiera de esos puntos, con el fin de arrojar de ellos a los facciosos y restablecer el orden legal"; o que "se fijase de una vez lo que podría hacer el Ecuador en semejante caso". El doctor Cuervo se rehusó a todo esto, como era debido. En lo que sí convino fue en que reconocida la imposibilidad en que por el momento se hallaban los mineros y cambistas de Barbacoas para conducir los oros a las casas de moneda de Popayán y Bogotá, pudieran sacarse para el Ecuador, ofreciendo que haría el gobierno las indicaciones oportunas a fin de que, sometiéndose el asunto a la Junta de Hacienda, se dictasen por ella las medidas generales interinas más convenientes, así para el ensayo legal como para las seguridades que debían exigirse en el pago de fundición, quinto, amonedación y demás derechos; de forma que al mismo tiempo que se consultasen los intereses particulares, se asegurase el pago exacto y puntual de una de las contribuciones de la nación granadina, sin la menor defraudación y dando cuenta oportunamente al gobierno granadino.

Con esto se firmaron las conferencias, en que el menos perspicaz penetra por una parte el designio de apoderarse de toda la provincia de Pasto, tratando de asir la menor prenda que pudiera dar a entender que la Nueva Granada había abdicado una mínima parte de su soberanía, y por otra encuentra la habilidad que defiende todas las entradas y pone a salvo los derechos y la honra de la nación.

Los apuntes del doctor Cuervo nos describen así la situación de Pasto:

"Entre tanto que se echaban en Quito los cimientos de reconciliación y estrecha amistad entre la Nueva Granada y el Ecuador, tenían lugar en Pasto sucesos de grande entidad. Los indios de La Laguna, a quienes Flores agasajaba con esmero apellidándolos los tiroleses de América, por su destreza en el manejo del fusil, le pidieron un día armas y jefe para ir a combatir a los facciosos que amagaban a la provincia. Todo les fue concedido, y habiendo marchado camino del Juanambú, asesinaron al comandante Ramón Villota, y se dividieron en partidas de guerrilla, siendo su jefe un tal Simón Josa, indio brioso y esforzado. Despechado por tan inesperada perfidia, mandó flores incendiar el pueblo de La Laguna y conducir a Pasto las mujeres y niños que en él se encontrasen; represalia atroz no disculpable ni aun en el ardor que produce una larga y sangrienta refriega.

"Por el mismo tiempo salió de Pasto con cien jinetes y algunos infantes el coronel ecuatoriano José Martínez, en dirección al Mayo, donde trabó el 19 de junio a las doce de la noche un combate que dio por resultado retirarse los facciosos al pueblo de Veinticuatro. Al despuntar el alba del día siguiente recomenzó la pelea con las partidas reunidas de Estanislao España y Fidel Torres, y después de algunas horas decidióse la victoria por estos últimos, escapando a duras penas el coronel Martínez con ocho de los suyos.

"Al principiar el mes de julio se alzaron en masa contra la dominación ecuatoriana los pueblos de Túquerres, con excepción del de Pupiales. Además del enojo que causaba a aquellos vecinos el verse agregados al Ecuador, mostrábanse quejosos por los atropellamientos de algunas autoridades y por los excesos e impunidas violencias que había cometido la columna ecuatoriana |Pichincha. Fomentaban además el descontento las predicaciones de los curas y las exhortaciones del obispo auxiliar de Pasto. Distinguióse por el ardor con que tomó a pechos la causa granadina el cura de Carlosama, don Juan José Arellano, quien, saliendo de Barbacoas, insurreccionó el destacamento ecuatoriano que estaba en El Guambo, y animaba a los pueblos con su presencia y con su ejemplo. En Túquerres se apoderaron los levantados de algunos fusiles y municiones.

"Acontecimiento tan poco previsto complicó más y más la situación de Flores, quien hostigado por los lagunas y por los vencedores en Veinticuatro, forzado a rechazar a veces no sin pérdida diarias embestidas y escaso ya de vituallas para el mantenimiento de sus tropas, temió con razón ver cortada su comunicación con Quito; mayormente después que se le avisó haber sido destruído el puente del Guáitara. En consecuencia emprendió su retirada de Pasto el 8 del mismo julio, encaminándose por el paso del Funes y molestado siempre por las partidas enemigas que le causaban no poco azoramiento y pérdidas. El 13 llegó a Pupiales, y en los días siguientes tuvieron sus tropas que sostener varias escaramuzas y reencuentros con la gente que había venido de Pasto persiguiéndolo y con los paisanos de Túquerres, hasta obligar a todas estas partidas a repasar el Guáitara. El 20 quiso repasarlo también el general Flores, mas no lo pudo lograr por la resistencia que le opusieron las fuerzas contrarias y por estar el río sumamente crecido. Fijó entonces su campo en Túquerres y pidió refuerzos a Quito.

"Terrible fue para el amor propio de Flores su retirada de Pasto, y no lo fue menos para los miembros del gobierno ecuatoriano, quienes empezaron a manifestar en todos sus actos grande aturdimiento y desmaña, y renovaron respecto de mí anteriores recelos y desconfianzas, achacándome que era autor y director de los sucesos de Túquerres."

Subió a tánto la ojeriza de los gobernantes del Ecuador contra el doctor Cuervo, que aun se hizo capítulo de la amistad que le profesaba el antiguo y benemérito coronel de Colombia don Francisco Madrid para darle de baja en el ejército ecuatoriano; se interceptó y violó su correspondencia oficial, y continuamente se le espiaba y vigilaba como persona sospechosa.

En cuanto a los efectos que produjo la retirada de Flores en los sucesos de la Nueva Granada, continúan así los apuntes referidos:

"Vista por otro lado la retirada del general Flores de Pasto, ella perjudicó no poco a la causa del gobierno legítimo granadino. Las fuerzas de los facciosos habían crecido y debían seguir creciendo con las que antes sostenían al gobierno, las cuales, estrechadas entre someterse a un usurpador extranjero o a un revoltoso nacional, preferían, aunque con dolor, este último extremo. Verificóse así especialmente en el cantón de Túquerres, cuyos habitantes laboriosos, obedientes y de natural pacífico se unieron en gran número, después de dicha retirada, a los enemigos de ese mismo legítimo gobierno granadino a quien siempre se mostraron leales, más bien que aguantar en silencio la coyunda ecuatoriana: prueba evidente, que no debe desaprovecharse, de que en las convulsiones políticas la necesidad, el miedo o el acaso colocan en uno u otro bando a muchos de los que siguen opiniones opuestas. Gran quebranto recibió de todo esto la causa nacional, así como de haberse abandonado posiciones ventajosísimas en que había de encastillarse Obando. Así que por las estrechas miras y mermado tacto político de los hombres de Estado del Ecuador, se perdió la única ventaja que pudiera aguardarse de la malhadada intervención."

Flores antes de salir de Pasto llegó a figurarse que los levantamientos indicados se debían a nuevos triunfos de Obando, y empezó a dar trazas de entenderse con él; así fue que le envió por comisionado a Popayán al coronel José María Villamil con el fin ostensible de celebrar un convenio militar. Y como si estos pasos no fuesen ya bien eficaces, el gobierno de Quito lo apremia para que a la mayor brevedad éntre en relaciones con aquel caudillo, arreglando la cuestión de límites y auxiliándolo con eficacia para terminar cuanto antes la guerra en provecho de los revolucionarios. Sabedor el doctor Cuervo de tan maquiavélico proceder, pasa la comunicación siguiente:

"Quito, 30 de julio de 1841.

"El infrascrito encargado de negocios de la Nueva Granada tiene la honra de dirigirse al señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador con el objeto formal de pedir francas, prontas y positivas explicaciones sobre los hechos y puntos siguientes:

"1º El acuerdo del gobierno ecuatoriano para transigir de cualquier modo la cuestión de Pasto y poner término a la guerra en que se ha empeñado, se entiende hasta el punto de entrar en arreglos con el jefe disidente José María Obando, aun sobre límites de la Nueva Granada y Ecuador, como lo ha expresado sin rebozo un miembro del consejo y otras personas de importancia?

"2º Habiendo llegado antes de ayer de Túquerres el señor coronel Manuel Zubiría trayendo tres cartas para el infrascrito, una de S. E. el general Flores, otra del general Daste y otra del señor jefe de E. M |. Nicolás Vernaza, ¿qué motivo tuvo el gobierno para ordenar al expresado coronel que no entregase dichas cartas, someter después a consulta del consejo este negocio, que con mucha justicia ha ocupado la atención pública, dando lugar a toda clase de comentarios?

"El infrascrito espera que en esta ocasión será favorecido por S |. E. el señor Marcos con una respuesta terminante y directa, para evitar la repetición de notas que no conducirían a ningún resultado lisonjero.

"Acepte V |. E., etc.

Rufino Cuervo."

Por once días aguardó inútilmente que se le contestase; al cabo de ellos recordó al ministro con una nota verbal que se le debía una respuesta; pero también guardó silencio. El 12 de agosto llega a la legación el capitán Zarama como correo de gabinete con la noticia de la brillante victoria de La Chanca, obtenida sobre Obando el 11 de julio por las fuerzas del gobierno, y el doctor Cuervo se la comunica al ministro. Ala mañana siguiente se le corresponde con una calurosa felicitación, y pasadas algunas horas se le dan todas las explicaciones que había pedido. Asegurábasele que el gobierno jamás había pensado en entrar en relaciones con los revolucionarios; aserto que el anterior obstinado silencio infirmaba visiblemente. Era además notorio que desde el 7 de agosto había llegado al cuartel general del presidente del Ecuador, Blas Brusual como plenipotenciario de Obando; desgraciadamente para éste el 9 pasó Zarama por el cantón de Túquerres, envió a Flores las comunicaciones de Mosquera en que le noticiaba la victoria de La Chanca con los demás triunfos del gobierno, y se desvanecieron como humo los tratos entablados | (5) . No tenemos documentos que muestren los pormenores exactos de lo que allí se convenía. Se ha querido paliar esta confabulación con la conferencia celebrada por Brusual con el coronel Vernaza, representante de Flores, el día 13, y reducida a que se permitiese a Obando y a los suyos libre tránsito por el Ecuador hasta embarcarse para salir al extranjero; pero la voz pública daba por cierto que antes de esta fecha se pactaba cosa muy diferente y todo en perjuicio de la Nueva Granada. Las cartas de Flores al doctor Cuervo dan alguna luz sobre el particular, a pesar del disimulo y maña con que están escritas. En la de 16 de agosto, sin darse absolutamente por entendido de las noticias que ya sabía, y contestando a la carta en que se le hablaba de los proyectos del gobierno de Quito para negociar con Obando sobre límites, se expresaba así: ''Creo excusado decir a V |. que soy el mismo que usted conoció en Quito, esto es, el mismo amigo de usted y el mismo amigo de la Nueva Granada, firme en sus opiniones y principios. En prueba de esta verdad ya sabrá usted que no he querido prestarme a la celebración de ningún tratado o convenio que pueda menguar el honor de la Nueva Granada y comprometer sus más caros intereses, y que aun he preferido correr todos los azares de la guerra y de la revolución antes que abandonar un puesto que habría facilitado al enemigo de los dos gobiernos y de las dos naciones sus empresas ambiciosas." Aquí so capa de amistad y buena obra parece no haber en realidad sino el pensamiento de imponer de antemano una justificación. Al día siguiente después de recibida la correspondencia del doctor Cuervo relativa a los triunfos memorados, le escribe: "Las conferencias que le acompaño (las de Brusual y Vernaza) le revelarán la firmeza con que he rechazado sus proposiciones. Fácil debe ser a usted comprender que se me han hecho otras proposiciones privadas que también he rechazado." En suma, pues, Obando sí hizo a Flores proposiciones en perjuicio de la Nueva Granada; que Flores mismo no Podía en esos momentos confesar que las aceptaba, es evidente. Mas ninguna necesidad hay de derramarse en conjeturas, porque estos proyectos fueron tan notorios en el Ecuador, que don Modesto Larrea, caballero tan culto como ilustrado que en 1830 se granjeó general simpatía en Bogotá, y el mismo que había de firmar en 1846 con el general Herrán el convenio en que se sellaron las antiguas y buenas relaciones de los dos Estados, declaró en la Convención de 1843 que nadie se atrevería a negar que el gobierno ecuatoriano había acordado entrar en relaciones sobre límites con el faccioso Obando en 1841 | (6) . Todo concurre, pues, a afianzar la creencia de que la victoria de La Chanca hizo por el momento en el ánimo de Flores el mismo efecto que en el ministerio de Quito | (7) .

Flores, que con cuanto había acaecido no las tenía todas consigo, llegó a concebir el recelo de que la Nueva Granada le haría la guerra, y comenzó a temporizar con los revolucionarios. En una carta dejó entender al doctor Cuervo que Obando no renunciaba a sus esperanzas, y que él le tenía ahí a la mano para cualquiera contingencia de guerra o de que no se le cumpliese lo ofrecido (17 de agosto). Esto pareció tan grave a nuestro ministro, que lo trascribió en seguida a su gobierno 22 de agosto). En Quito se decía también públicamente que Obando iba a ser la vanguardia de Flores. Comoquiera que sea, el último resolvió valerse de sus recelos, reales o fingidos, para asustar y sacar buen partido en las negociaciones que estaba impaciente de entablar. El doctor Cuervo, que había recibido cartas del general Mosquera en que le decía contar con cuatro mil veteranos para hacer respetar a la Nueva Granada, daba largas a las repetidas instancias con que el jefe ecuatoriano le llamaba a su cuartel general, juzgando que el respaldo de una división veterana facilita el arreglo de las cuestiones internacionales; pero no tanto que el tiempo pasaba y no había noticia de que se movieran los tales cuatro mil hombres, cayó en la cuenta de que con frecuencia en ciertos militares la fanfarronería los lleva a alejarse de la verdad y a alucinar a los que creen en ellos. Para impedir pues que Flores, afirmándose en la idea de que la Nueva Granada iba a hacerle la guerra, engrosase sus fuerzas con los restos y partidas de facciosos que aun quedaban por Pasto, resolvió trasladarse a Túquerres, dispuesto a esgrimir, si menester fuese, las mismas armas que en estos días usaba la falaz política ecuatoriana.

Después de protestar su inocencia en los sucesos de Pasto y asegurar que estaba ya despachado para Bogotá un jefe con el encargo de dar las explicaciones estipuladas en el convenio de 23 de junio, acabó el presidente del Ecuador por proponer al doctor Cuervo la celebración de un tratado de límites, por el cual se cediesen al Ecuador los cantones de Túquerres, Barbacoas y Tumaco, de conformidad con lo prometido desde 1840 por los generales Herrán y Mosquera. Negóse a ello el ministro granadino alegando la falta de poder y de instrucciones de su gobierno, y además lo inoportuno de las circunstancias. Pero éstas exigían una solución inmediata; la sugirió la ceguedad de Flores, que atribuyendo a las promesas puramente personales de Herrán y Mosquera una importancia que no podían tener en mi país gobernado constitucionalmente, cifraba la principal queja del Ecuador en que, no viéndose el resultado de tales promesas, era seguro que estos generales las habían hecho sin intención de cumplirlas; así fue que se contentó con que el ministro granadino le garantizase la lealtad y buena fe con que ellos procedieron y habían de proceder. El doctor Cuervo no dudó hacerlo, porque claro era, como él decía al gobierno granadino, que en su carácter público y aun en el privado no habría venido bien poner en duda la probidad e hidalguía de sentimientos, no ya de dos hombres prominentes de su patria, pero ni del último ciudadano honrado de ella. Celebróse la conferencia de 4 de septiembre de 1841 entre el ministro granadino y el general Bernardo Daste, plenipotenciario del gobierno del Ecuador. Por ella consiguió nuestro negociador su principal objeto, a saber: que Flores retirase su apoyo a los facciosos y que, quebrantando lo pactado con Brusual, se comprometiese a no dejarlos embarcar para la Nueva Granada. En cuanto a la cuestión capital del tratado de límites, es evidente que no hizo otra cosa que deslumbrar al plenipotenciario ecuatoriano y a Flores, usando expresiones hábilmente combinadas que produjesen efecto leídas de ligero, pero que examinadas con cuidado, en vista de las promesas de Herrán y Mosquera, sólo contienen la garantía de la buena fe y lealtad de nuestros generales, sin comprometimiento alguno para la nación. Para que constase siempre que en cuanto a cesión de territorio las promesas de que se trataba eran personales, no hizo mención de los documentos oficiales que andaban impresos sino de una carta particular de Herrán; por otra parte salvó su honradez recordando que aun el tratado que ahí mismo se celebrase quedaría sujeto a la aprobación de su gobierno, que era como sugerir que con más razón lo estaban promesas privadas. Esquivó tocar él mismo la cuestión de límites, para lo cual no estaba autorizado, e igualmente entrar en discusiones que hubieran imposibilitado la consecución inmediata de lo que pretendía; mas no por eso desaproveché la ocasión de asentar su sentir sobre la naturaleza del tratado que debía celebrarse. "Su opinión era, dijo, que, estando tan estrechamente unidos los pueblos granadino y ecuatoriano, en recuerdos y esperanzas, en intereses y sentimientos, debían adelantar un poco más sus relaciones respecto del comercio y auxilios recíprocos para sostener su independencia y soberanía nacional; todo lo cual quedaría arreglado por un tratado definitivo luégo que se hubiera verificado la pacificación de Pasto." En comprobación de este juicio copiamos la parte correspondiente de la conferencia:

"El mismo señor Baste expuso que su gobierno le tiene autorizado para celebrar definitivamente el tratado de límites territoriales entre las repúblicas del Ecuador y Nueva Granada, bajo las bases ofrecidas por SS. EE. los generales Herrán y Mosquera, que son dar por línea divisoria el río Guáitara, siguiendo el curso del Patía hasta su desembocadero al mar; que este deseo razonable se aviva más y más al considerar que ya se nota en los pueblos del Ecuador algún desasosiego, después de los sacrificios que han hecho en el período de un año y después de los azares que han corrido para cumplir los compromisos que contrajo el gobierno ecuatoriano con el de la Nueva Granada; que a esto se agrega que, como lo sabe el señor Cuervo, el cantón de Tumaco | (8) se considera como en depósito por haber pertenecido al Ecuador antes de 1810, según se colige del artículo 1º del tratado adicional celebrado en Pasto, pertenencia que jamás se ha disputado el Ecuador, ni pudiera disputársele, porque no era dable que con un mismo principio (el del |uti possidetis de 1810) se exigiesen dos cosas contradictorias; que lejos de abrigar una mezquina desconfianza acerca de las promesas tántas veces reiteradas, el gobierno ecuatoriano y S. E. el general Flores en especial tienen la misma viva fe en la lealtad del gobierno granadino y en el honor de sus dos esclarecidos generales; pero que siendo, por otra parte, indispensable abrir una nueva campaña, la cual demanda mayores sacrificios, parece excusable que se anhele por un tratado que arregle los intereses de las dos naciones. Finalmente, que si este tratado es satisfactorio, cual espera el pueblo ecuatoriano, tendrá este motivo más de apreciar al granadino, en cuyo honor y gloria se interesa, y de reconocer los constantes y buenos deseos del honorable señor Cuervo.

"El ministro granadino contestó que por carta particular de S. E. el general Herrán está impuesto de las promesas de que habla el honorable señor Baste | (9) , y que no vacila en asegurar que serán fiel y rigurosamente cumplidas, estando a la cabeza del gobierno granadino el mismo general Herrán que las hizo, y no pudiendo dudar un momento de su lealtad y buena fe, ni tampoco de la de S. E. el general Mosquera: que si en el transcurso de un año nada se ha adelantado y concluído sobre el particular, debe buscarse la causa de ello en la situación apurada y congojosa en que se ha encontrado la Nueva Granada, lidiando con las facciones más encarnizadas que pueden producir el espíritu demagógico y bastardas y rencorosas pasiones; y que aun hoy mismo está bregando por exterminar los restos de esas facciones, que han venido a guarecerse en las ásperas breñas de Pasto; que tal estado de cosas no es, sin duda, el más aparente para un arreglo de límites, que sólo puede ejecutarse bajo los auspicios de la paz, consultando los verdaderos intereses de ambos países; que además de esto carece de los plenos poderes especiales cuales los exige el derecho de gentes, para la celebración de un tratado en forma; que en la actualidad no puede hacer otra cosa para tranquilizar el ánimo del gobierno ecuatoriano sino dar cuantas seguridades le permita su carácter público de que los ofrecimientos de que se trata | (10) no han sido vanas palabras, como no ha dejado de propalarse siniestramente; que entre los gobiernos, lo mismo que entre los individuos, debe confiarse en la moralidad de los hombres, en las leyes del honor y en el sagrado de la palabra; que sin esta confianza no debía contarse con ninguna seguridad ni en el tratado que hoy se hiciera, pues siempre quedaría sujeto a la aprobación del gobierno; y por último, que su opinión era que estando tan estrechamente unidos los pueblos granadino y ecuatoriano en recuerdos y esperanzas, en intereses y sentimientos, debían adelantar un poco más sus relaciones respecto del comercio y auxilios recíprocos para sostener su independencia y soberanía nacional; todo lo cual quedará arreglado por un tratado definitivo luégo que se haya verificado la pacificación de Pasto."

El general Posada en sus |Memorias (tomo II, página 259), después de copiar esto mismo, agrega algunas apreciaciones que iremos comentando una por una:

"Ni el general Herrán ni el general Mosquera reclamaron de los términos tan fuertemente expresivos de la esforzada validez que dio el negociador granadino a los ofrecimientos que hicieron al presidente del Ecuador, promesas en las que el señor Cuervo consideraba comprometido el honor, la buena fe, la lealtad de ambos generales, y esto dicho en su carácter oficial y en un acto tan solemne como el de una conferencia diplomática, lo que hasta cierto punto comprometía también la dignidad de la República." Los generales Herrán y Mosquera no reclamaron, ni pudieron ni quisieron reclamar, porque ellos mismos se creían comprometidos a cumplir su palabra, es decir, a emplear todo su influjo particular para que el tratado de límites se hiciese conforme a los deseos del Ecuador. El carácter privado de estas promesas era cosa entendida entre los dos negociadores y constaba de documentos oficiales, de suerte que por ellas en nada se comprometía para con el Ecuador el gobierno granadino; tanto más que en el lugar cuestionado no se esfuerza la |validez o firmeza obligatoria de tales promesas en absoluto, sino la buena fe con que se hicieron y la lealtad con que serían cumplidas. Vamos ahora a ver como procedieron nuestros dos generales, y por su conducta aparecerá que el doctor Cuervo nada afirmó que ellos no estuviesen entonces dispuestos a ejecutar. Herrán habla en estos términos escribiendo al doctor Cuervo el 3 de agosto de 1842:

''Es tan pronunciada, tan enérgica y tan unánime la oposición que hay en la Nueva Granada con respecto a la cesión del cantón de Túquerres proyectada, que no hay poder humano capaz de contrariarla, gracias a los pronunciamientos que tántos dolores de cabeza te causaron; gracias al manejo que el Ecuador tuvo con el cantón de Barbacoas, y más que todo, gracias al trato que te dio el señor Marcos, tu |rendído servidor. No es menos la impresión de horror y de descrédito que aquí se tiene por los pasos que dio el Ecuador para tratar con Obando y las consideraciones que en Quito se tributaron a su mujer.

"Desde que yo vine de Pasto principié a influir con activo empeño, pero de un modo franco, razonable y decente para popularizar la fijación de límites en el Guáitara. Encontré apoyo y grande cooperación, logré generalizar las más vivas simpatías en favor del Ecuador, todo estaba hecho: hice más de lo que ofrecí particularmente al general Flores. Sábese lo ocurrido en el sur, y todo cambia a un extremo contrario. Mis amigos que habían convenido ya conmigo, me dicen: ¿Será honor para la Nueva Granada hacer concesiones a un gobierno que en nuestros conflictos usurpó una parte de nuestro territorio, que por sus manejos tomó incremento la facción de Obando, que es responsable de la pérdida de Popayán, que hostilizó al cantón de Barbacoas por su fidelidad, que inició tratados con Obando, que ultrajó y despidió escandalosamente a nuestro encargado de negocios? Me reconvienen, diciéndome: ¿Es el Ecuador el fiel aliado de quien usted nos respondía? ¿Y si ahora le concedemos que se extienda hasta el Guáitara, no pretenderá en seguida extenderse hasta Guanacas y Quindío ?

"Me he extendido mucho en un negocio que aún no te había tocado y sobre el cual me proponía ahora decirte solamente cuatro palabras; pero no he podido contenerme, porque he sido víctima inocente de intrigas y mala fe."

El general Mosquera contestando al doctor Cuervo la carta que le escribió el mismo día de las conferencias y comunicándole lo hecho en ellas, se expresa así: "Los pasos que usted ha dado están enteramente de acuerdo con las miras del gobierno granadino. Otro tanto digo con respecto a la celebración del tratado de límites y de las oportunas respuestas que usted dio, haciendo honor a nuestras promesas particulares, y de que estoy yo sumamente reconocido, y lo será el general Herrán, cuyo honor y lealtad está fijado en su corazón como sobre una base de diamante." No paró aquí Mosquera: en la respuesta que dio al discurso que le dirigió Flores el 4 de octubre al encontrarse en Pasto, y que el mismo general Posada califica de feliz, profirió estas palabras que él mismo trae (pág. 261): "Os repito con lealtad y buena fe los ofrecimientos que en asocio de S. E. el general Herrán os hice, de contribuir a la conclusión de un tratado de límites con la república del Ecuador, satisfactorio para ambas naciones, para lo cual emplearé todo el influjo que mi carácter público pueda darme y el que me faciliten mis relaciones personales; y es seguro que el general Herrán hará lo mismo." Todavía pasó más adelante: el 3 de noviembre siguiente acordó y firmó por medio de un comisionado, que no fue otro que el mismo general Posada, la esponsión de Pasto por la cual se cedían al Ecuador los cantones de Túquerres y Tumaco, compuestos de quince parroquias con una población de 38.281 habitantes; convenio que produjo tan desagradable impresión, que el gobierno lo improbó a despecho de las instancias de Mosquera para que lo aprobara. El general Posada pasa sobre este punto como sobre brasas, tal quo se olvida de referir la materia del convenio y hasta la parte que en ello tuvo | (11) .

"El resultado de este incidente, que se presentó al principio con un carácter grave (continúa Posada) fue que el general Flores se dio por satisfecho con la confianza que manifestaba nuestro ministro en que se haría un arreglo conforme a las promesas hechas por los generales Herrán y Mosquera, y quedó el asunto terminado por entonces." Si el incidente a algunos pareció grave, no lo fue, por la cuenta, ni para Mosquera ni para Posada. Repetirnos que la confianza del ministro granadino no se refería a que el tratado sería conforme a las promesas, sino a que éstas se cumplirían. Por otra parte, las personas imparciales y bien impuestas en los acontecimientos reconocieron desde un principio la habilidad con que el doctor Cuervo logró el objeto con que vino a Túquerres. |El Comercio de Lima, en su número correspondiente al 23 de noviembre de 1841, después de un juicio desapasionado de los últimos sucesos de la Nueva Granada, se resumía así: "Todos han jugado al |engañado engañado. Obando quería apoyarse en Flores para hacer triunfar su partido, y Flores quería apoyarse en Obando para hacerse dueño de la provincia de Pasto. Cuervo les ganó de mano a ambos, y desbarató sus proyectos, porque ni el uno consiguió la menor ventaja en favor de su partido, ni el otro ha adquirido más títulos a la provincia de Pasto que los que emanan de simples promesas individuales, que no son ni pueden ser obligatorias a la nación granadina. Todo ha quedado en el mismo estado que tenía en octubre de 1841" | (12) .

"Es también de notarse (concluye Posada) que nuestro ministro no hubiera hecho observación alguna a la alusión del ministro ecuatoriano respecto al principio adoptado del |uti possidetis de 1810 por las nuevas repúblicas, porque ese principio no podía alegarse por la del Ecuador, por cuanto las provincias que después formaron la república de este nombre eran, en 1810, parte integrante del virreinato del Nuevo Reino de Granada, y así fue que cuando dicha república, a la disolución de la Gran Colombia, se constituyó, no lo alegó directa ni indirectamente para fijar sus límites. Pretendió después hacer valer las actas proditorias de 1830, porlas que todo el departamento (hoy Estado) del Cauca se agregó al Ecuador para eludir el juicio a que fueron llamados los generales Obando y López por el general Urdaneta, todo lo que ya es conocido del lector." Para mejor inteligencia de este punto copiaremos el artículo 1º adicional del tratado concluído entre la Nueva Granada y el Ecuador el 8 de diciembre de 1832, siendo comisionados por parte de la primera el general José María Obando y el entonces coronel Joaquín Posada Gutiérrez:

"Habiéndose manifestado por parte del Ecuador que los puertos de Tola y Tumaco, comprendidos en la provincia de la Buenaventura por la ley colombiana de veinticinco de junio de 1824, sobre división territorial, debieran corresponder y pertenecer a aquel Estado, a mérito de que aun antes del año de 1810 estaban incorporados al territorio de la presidencia y gobernación de Quito; y no reputándose autorizados los comisionados de la Nueva Granada para acordar cosa alguna en este punto, han convenido en que el gobierno del Ecuador se entienda con el de la Nueva Granada a fin de que por medio de pactos o estipulaciones particulares se arregle y determine."

Aquí se ve que el comisionado del Ecuador manifestó que Tola y Tumaco debieran corresponder a este Estado por haber pertenecido desde antes de 1810 a la presidencia de Quito; por manera que sí se alegó el principio del |uti possidetis, y nuestros negociadores, cediendo a aquella indicación, dejaron indeciso el derecho de la Nueva Granada en este punto. De aquí la delicada situación del doctor Cuervo, cuando se le alegó que Tumaco, fiel ahora como antes a la Nueva Granada, no le pertenecía definitivamente según el contexto de los tratados cuya observancia venía sosteniendo tan ardorosamente. No le quedó pues otro camino que eludir completamente toda discusión sobre el particular. En las conferencias que precedieron a la esponsión de Pasto y en las cuales designé Mosquera al mismo inculpador Posada para celebrarla, Flores repitió con respecto a Tumaco el mismo argumento del |uti possidetis, y el general granadino nada replicó ni apuntó; sin embargo, para él no tiene nuestro historiador palabra alguna de reproche | (13) .

Nosotros disculpamos, y cualquiera disculpará, que el general Posada se sienta empachado para confesar que con Obando en 1832 y con Mosquera en 1841, es decir con los dos hombres contra quienes enderezó casi exclusivamente sus |Memorias, dejó primero indecisos los derechos de la Nueva Granada a parte de su territorio, y luégo cedió esta misma parte con otra. Pero lo que no queremos calificar es que por una especie de diversión militar trate de resguardar su reputación, callando la parte que en todo esto le cupo y extendiéndose en acriminar al que en época tan luctuosa defendió con más energía la integridad nacional.

FIN DE TOMO I
(1) Un fragmento de la carta del señor Márquez fue publicado en |El Día de 19 de diciembre de 1844.
(2) Véase la carta de Flores al doctor Cuervo, publicada en |El Día de 16 de enero de 1842 (*).
(*) En el tomo II del |Epistolario (1920) publicamos la correspondencia de Flores al respecto. (Nota de Luis Augusto Cuervo.)
(3) Véase la carta en el tomo II del |Epistolario, página 64. (Nota de Luis Augusto Cuervo.)
(4) El señor Cevallos dice que fue público haberse retardado la contestación mientras llegaban de Pasto las instrucciones de Flores. |Resumen de la historia del Ecuador, V, 381. El mismo respetable historiador se expresa así con respecto al documento dicho: "Larga y minuciosa fue la contestación, y si no salió asistida de buenas razones, porque ciertamente era indefendible tan mala causa, salieron manifiestas y confesadas las intenciones de que |el depositario (son palabras del señor Cuervo en su oficio del 31 de mayo) |tenía que alzarse con la cosa depositada, ya que explayándose amargamente acerca de los términos que había empleado el agente granadino para pedir la devolución del depósito, se negó a entrar en lo sustancial del oficio que contestaba: ¿Por que? Porque siendo objeto de |discusiones positivas, los gobiernos son los que solamente negocian, y los agentes diplomáticos no son más que sus órganos; y porque, |ignorando el Gobierno que el señor Cuervo esté provisto de instrucciones y poderes con este fin, consideró no ser oportuno examinar las contiendas que pueden originarse de las actas populares de la provincia de Pasto. Desestimando en resolución el |ultimátum, por conceptuarlo fuéra de los límites que pudieran tener las instrucciones del señor Cuervo, concluyó acompañando al oficio el pasaporte respectivo para el agente y más personas de su comitiva, en cumplimiento, dice, de una disposición |muy expresa que había recibido a tal respecto''. Por este análisis podrá el lector formar concepto de la nota, que a causa de su extensión no podemos incluir aquí.
(5) En el Ecuador se ha dicho que Flores supo la derrota de La Chanca el día 5, con lo cual se desvanecería el cargo de haberse tratado de potencia a potencia con el comisionado de Obando, llegado el 7; pero es imposible que, recibida la noticia por Flores con tánta anticipación, no la hubiese hecho saber en Quito antes que la llevase Zarama.
(6) Véase |El Día de |9 de abril de 1843.
(7) Para establecer las debidas responsabilidades, si las hubiere, en esta delicada cuestión internacional, deben consultarse los |Apuntamientos del general Obando (Nota de Luis Augusto Cuervo).
(8) En las |Memorias del general Posada se lee equivocadamente |Túquerres en lugar de |Tumaco. El comisionado Daste se olvidaba de que nuestro secretario de relaciones exteriores declaró |terminantemente en nota de 31 de mayo de 1836 que Tola pertenecía legítimamente al Ecuador.
(9) Esto es, las promesas de emplear todo su influjo personal para obtener la celebración del tratado en los términos deseados por el Ecuador.
(10) Es decir, los de emplear nuestros generales todo su influjo personal para obtener la celebración del tratado en los términos deseados por el Ecuador.
(11) Véase Cevallos, |Resumen de la historia del Ecuador, tomo V, pp. 386, 389; y |Gaceta de la Nueva Granada, número 883, de 1º de junio de 1847.
(12) El artículo de |El Comercio parece fue escrito por el mismo doctor Cuervo. Véase la carta del cónsul de Colombia en Lima, don José del Carmen Triunfo, publicada en el tomo II del |Epistolario, página 152 (Nota de Luis Augusto Cuervo).
(13) Esta era la tesis que a todo trance venia sosteniendo el Ecuador. Don P. F. Cevallos |(Ubi supra, V, p. 390) dice que el principal objeto de la misión de don Marcos Espinel, que presento sus credenciales de encargado de negocios del Ecuador en Bogotá por diciembre de 1840, era solicitar la devolución de Tumaco, y funda el derecho de la reclamación en que Tumaco fue incorporado a la presidencia de Quito en virtud de un decreto expedido por el virrey de Santa Fe en 1805, y confirmado por real cédula de 13 de julio de 1807.

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