CAPITULO XI
LEGACION EN EL ECUADOR
(Conflictos)
Llega el doctor Cuervo al
Ecuador.-Su posición embarazosa.-Pide el gobierno granadino nuevos
auxilios al Ecuador.-Reaparece Obando en Timbío.-Proyecta Flores
enviar fuerzas a Popayán, y el doctor Cuervo se opone.-Ocupación de
esta ciudad por los revolucionarios, y medidas que se toman en
Quito. Conferencia entre el doctor Cuervo y el ministro de
relaciones exteriores. - Transmítense a Flores facultades
reservadas. Conducta de éste en Pasto y declaraciones del
vicepresidente. Pide el doctor Cuervo
explicaciones.-Pronunciamientos de Pasto y Túquerres.-Protesta del
doctor Cuervo.-Contraprotesta y réplica.-Prepárase el doctor Cuervo
a salir del Ecuador.-Mediación francesa y conferencias de 23 de
junio.-Sucesos de Pasto.-Retirada de Flores a Túquerres y sus
resaltados.-Pasos dados para tratar con Obando y explicaciones que
pide el doctor Cuervo.-Derrota de Obando en la Chanca. Conducta
doble de Flores.-Conferencia entre el doctor Cuervo y el general
Daste.-Inculpaciones del general J. Posada Gutiérrez.
Dados a conocer, aunque sumariamente, los acontecimientos que
llamaron al interior las tropas que habían estado obrando sobre
Pasto, es tiempo de hablar de la legación del doctor Cuervo en el
Ecuador. Siguiendo su viaje por Panamá, llegó a Guayaquil el 24 de
octubre de 1840, después de haber padecido una enfermedad que lo
puso a las puertas del sepulcro; y el que llevaba por misión hacer
que cesasen las hostilidades de parte del Ecuador e impedir hasta
donde fuera posible que interviniese en nuestras disensiones
domésticas, se encontró con la novedad (son sus palabras)
"de que por una de aquellas anomalías peregrinas en otros
países, pero harto comunes en esta parte de la América, el general
Flores había dejado de ser auxiliar de Noguera para serlo del
general Herrán; que acaudillando tropas ecuatorianas había pisado
el territorio sagrado de la patria, y en fin que, destruídas las
fuerzas de Obando y fugitivo éste, quedaba ocupado el cantón de
Pasto por una división extranjera. Esta, aunque tal triunfo fuese
debido en su mayor parte a la lealtad y bravura de la guardia
nacional de Pasto, se atribuyó toda la gloria, no muy brillante por
cierto, jactándose de haber hecho en tres días lo que en quince
meses no había conseguido el gobierno granadino con todos sus
recursos. Comparóse con el de Farsalia al que se aclamaba vencedor
de Huilquipamba, y a su regreso a Quito se le saludó con los
títulos de
|Salvador del Ecuador y
|Libertador de la Nueva
Granada. Se le erigieron monumentos de triunfo, se cantó una
misa solemne con Te-Deum, en el sermón se le igualó a Dios, y se
hicieron todas aquellas demostraciones con que la baja adulación
tributa sus homenajes al poder. La Nueva Granada aparecía en el
Ecuador como un pueblo imbécil que acababa de recibir del
extranjero su salud, y los granadinos, transeúntes y avecindados,
eran vistos con aquella plebeya arrogancia que a gente poco
generosa da el sentimiento de la superioridad".
Sorprendido con cambios tan inesperados y lleno de embarazos en
tan desairada situación, pide el doctor Cuervo a su gobierno
aclaraciones sobre lo acaecido desde su salida de Bogotá y nuevas
órdenes a que arreglar su conducta. El gobierno descuidó el darlas,
confiando sin duda en que su representación obraría según
conviniera en tan delicadas circunstancias.
No era ésta la única sorpresa ni el único golpe que le
aguardaban en los primeros días de su permanencia en el Ecuador.
Con fecha 7 de enero escribí reservadamente a don Ignacio
Gutiérrez: "Ayer ha recibido el presidente del Ecuador una
carta del señor Márquez en que le suplica que marche volando para
la Nueva Granada con dos mil hombres, de los cuales ochocientos
debieran seguir para el Valle del Cauca y el resto dirigirse a
Bogotá con el mismo presidente a su cabeza. Yo me quedé estupefacto
con la lectura de semejante carta, y si no hubiera estado toda ella
escrita de puño y letra del señor Márquez, la habría creído
apócrifa, así porque ni aun indica los grandes acontecimiento que
le han impelido a dar un paso de tánta trascendencia, como porque
no es ésta la manera con que se manejan los altos negocios entre
gobierno civilizados que tienen constitución y leyes a que
sujetarse aunque haya de largarse el pellejo. Por otra parte,
después que Bogotá ha derrotado siempre a los socorreños y tunjanos
que han osado atacarla, y que hoy presenta una hermosa actitud, no
debe llamarse al extranjero para que la socorra y si en la
pacificación de Pasto se creyó necesario el ajeno auxilio, no lo es
ni debe serlo para conservar el orden público en el interior, a no
ser que de una vez convengamos o en que somos unos imbéciles, o que
todo el pueblo granadino niega su apoyo a la presente
administración. El general Flores se ha encontrado perplejo y lleno
de dudas, y habiendo querido oír mi opinión sobre ellas,
especialmente si yo me encontraba dispuesto a celebrar un convenio
relativo al auxilio pedido, le contesté con toda franqueza que como
ministro público conocía y sabía cumplir mis deberes y nunca me
prestaría a ningún acto que no fuese ejecutado por los trámites que
establece el derecho internacional y que no estuviese en
consonancia con los intereses y con la dignidad de mi patriar
ignoro hasta ahora lo que definitivamente se resuelva sobre el
particular; pero de todos modos yo me he lavado las manos como
Pilato, teniendo presente no sólo mi posición sino la
responsabilidad del señor Márquez, que arrebatado por el torrente
de los sucesos ha dado un paso inconsulto, del que quizá ahora
mismo está arrepentido"
|
(1)
.
Ocho días después recibe por conducto de la secretaría de
relaciones exteriores la orden para pedir oficialmente el auxilio
en caso de que, sondeado el ánimo de Flores, apareciese dispuesto a
proporcionarlo. Afortunadamente se excusó Flores diciendo no tener
equipada una fuerza tan considerable y necesitar además el
consentimiento del congreso, que aún no estaba reunido
|
(2)
. El doctor Cuervo
escribió oficial y privadamente a Bogotá, mostrando cuán arriesgado
sería siempre semejante paso, sobre todo supuestos los antecedentes
que mediaban con el Ecuador, para no contar la mengua de mezclar al
extranjero en nuestras contiendas civiles. Mientras el gobierno
granadino estaba esperando a sus libertadores del Ecuador, el
doctor Cuervo penetra los amaños con que el general Flores tendía a
apoderarse de la provincia de Pasto, ora como premio del auxilio
dado para dispersar a Obando en Huilquipamba, ora como parte que le
tocaba en la disolución de la República. Para colmo de sus
angustias sabe por varios conductos, uno de ellos el gobernador de
Pasto, y aun por cartas dirigidas al general Flores, las que éste
se complacía en mostrar, que en Popayán mismo había disposiciones y
aun proyectos de cambiar el pabellón granadino por el
ecuatoriano.
En estas circunstancias se supo el nuevo pronunciamiento de
Obando y Sarria en Timbío (febrero de 1841), con que los
ecuatorianos vieron abrirse nuevos horizontes a su ambición, y
pensaron en llegar a Popayán a extenderse hasta la cordillera
central de los Andes granadinos, como lo pretendieron en 1830.
Flores, queriendo granjear a la resolución que tenía formada el
apoyo y sanción de opiniones respetables, reúne en la casa de
gobierno una gran junta, a la que asistieron los altos funcionarios
de la República, para dar cuenta de aquellos sucesos y anunciar que
inmediatamente se pone en camino para Pasto con el fin de hacer
marchar de allí una división a Popayán. No obstante el general
aplauso con que fue acogida semejante determinación, hubo quien la
objetara, como el vicepresidente Aguirre y don Vicente Rocafuerte.
El último, viendo el asunto por el lado diplomático, calificó estos
procederes de ejemplo funesto para el derecho internacional de las
repúblicas de la América española. El doctor Cuervo, que había sido
invitado expresamente, guardó silencio hasta que por el ministro de
relaciones exteriores fue excitado a emitir su parecer y expresar
en qué términos y con qué indemnización había de prestarse este
segundo auxilio. Después de hacer notar la inconveniencia del lugar
y de la forma para tratar un asunto diplomático, manifestó que no
se hallaba autorizado para demandar el auxilio, el cual a más de no
conformarse con las leyes granadinas, era inconveniente y aun
humillante para la Nueva Granada. Con franqueza dijo que,
consideradas las miras del gabinete ecuatoriano sobre las
provincias meridionales, así como los sucesos de 1830 y las
opiniones emitidas en las conferencias de 1832, el ofrecimiento de
auxiliar a la Nueva Granada presentaba un carácter sospechoso que
lo hacía inadmisible. Finalmente, esforzó estos motivos para no
aceptar, refiriendo que el gobernador de Pasto le comunicaba que
iba a mover unas fuerzas que unidas a las guardias nacionales de
Patía, socorrieran a Popayán; sin hacer cuenta de las tropas que
debían llegar del Cauca y del interior de la República, donde el
gobierno acababa de obtener la victoria de Aratoca.
Como consecuencia de las razones alegadas por el ministro
granadino, Flores desistió de su proyecto, y prometió que una
pequeña columna de la división que se hallaba en Pasto acompañaría
a la guardia nacional en su expedición, lo cual no llegó a
verificarse porque el jefe ecuatoriano Carmen López se negó a dar
las armas que debían servir a dicha guardia y que estaban
depositadas en el parque granadino. Vino luégo la sangrienta
jornada de García (12 de abril), en que Obando deshizo, las fuerzas
de Borrero y le tomó prisionero, y la ocupación de Popayán por
Sarria; Flores, temeroso por la división ecuatoriana acantonada en
Pasto, marchó inmediatamente a reunirse a ella, prometiendo antes
al doctor Cuervo que, como se tratase no ya de auxiliar al gobierno
granadino sino de proveer a la seguridad del Ecuador, amenazado con
el triunfo de los revolucionarios, por ningún caso emprendería cosa
que fuese en menoscabo del primero. En vista de lo crítico de la
situación, y de las promesas de Flores, el doctor Cuervo escribió
al gobernador de la provincia de Pasto para que arreglándose a las
instrucciones que le había dejado el general Herrán, obrase de
acuerdo con el jefe ecuatoriano y le prestase toda clase de
auxilios, procurando sí estar en comunicación constante con la
legación granadina y con el gobierno de Bogotá, "a fin de
que conservando en seguridad a los pueblos cuya custodia se le
había encomendado, impidiera que por esta parte pudiesen aumentar
sus fuerzas los revolucionarios; mientras que el legítimo gobierno
apoyado en el valor y lealtad del pueblo granadino reparaba
aquellas desgracias". "Mi opinión, decía, era que
ya que las tropas ecuatorianas ocupaban a Pasto en calidad de
auxiliares, debía sacarse por todo partido de esta circunstancia,
el que conservasen en la provincia el orden y la tranquilidad
pública, sin adelantar ningún paso que mancillase el honor de la
patria y comprometiese la integridad de su
territorio".
Una vez que los acontecimientos habían llevado hasta este punto
las cosas, al representante de la Nueva Granada no le quedaba sino
procurar se minorasen los males, y seguir ojo alerta la conducta de
las tropas ecuatorianas. Y cierto que no eran vanos los motivos de
recelo, pues todo anunciaba que el proceder de los auxiliares
desdiría mucho de la hidalguía con que debieran portarse para con
la nación que en su desgracia les abría las puertas. El 24 de abril
invitó el ministro de relaciones exteriores al doctor Cuervo para
una conferencia, y en ella le exigió que dijese categóricamente si
las tropas ecuatorianas serían asistidas en lo sucesivo por el
gobierno granadino conforme a lo estipulado, y si él mismo estaba
autorizado para mudar las autoridades de la provincia encomendando
los destinos a personas de la confianza del general Flores. Nuestro
ministro contestó que, mientras durase la incomunicación de Pasto
con su Gobierno, era imposible poner remedio a la falta de auxilios
pecuniarios, y que la remoción de las autoridades y el nombramiento
de otras era cosa ajena a las funciones naturales del carácter
público de que estaba investido. De resultas de esto el gobierno
del Ecuador resolvió (26 de abril) transmitir a Flores
"las facultades necesarias para conservar con toda
seguridad y dignidad las fuerzas ecuatorianas existentes en la
provincia de Pasto y poner la República a cubierto de todo
peligro". En estos términos se puso en conocimiento del
ministro granadino, quien solicitó inútilmente se le aclarase la
naturaleza y extensión de tales facultades. Ello es que apenas
llegó Flores, comenzaron a cambiarse los empleados fieles a la
Nueva Granada por otros adictos a la causa del Ecuador, a exigirse
empréstitos y derramarse contribuciones como en país conquistado.
Más todavía: el vicepresidente Aguirre encargado del poder
ejecutivo declaró por un decreto el 6 de mayo que la provincia de
Pasto no sería desamparada, que su seguridad, orden y tranquilidad
eran intereses nacionales para el Ecuador; que se deseaba
establecer sobre bases sólidas las relaciones que la naturaleza y
la política prescriben para utilidad de los pueblos granadino y
ecuatoriano; y que las personas que contrariasen de obra, de
palabra o por escrito estos sentimientos, o más bien estas reglas
de conducta, quedarían sujetas a las penas prescritas contra los
conspiradores. Este lenguaje ambiguo, pero que todo el mundo
entendía, no significaba otra cosa que la incorporación de Pasto;
exigía pues explicaciones terminantes, y el doctor Cuervo las pidió
inmediatamente contrayéndolas a estos tres puntos: 1° ¿Está
dispuesto el gobierno ecuatoriano a mandar salir de Pasto las
tropas ecuatorianas tan luégo como el gobierno granadino lo tenga
por conveniente? 2º A virtud de declararse intereses nacionales
para el Ecuador la tranquilidad, el orden y seguridad de Pasto, ¿se
pretende o prepara la incorporación de aquella provincia a esta
República sin las formalidades prescritas por el derecho de gentes?
3º El deseo manifestado de entablar relaciones con la Nueva Granada
¿envuelve el pensamiento de que no serán fiel y exactamente
cumplidos en todas o en algunas de sus partes los tratados
concluídos en Pasto a 8 de diciembre de 1832? Por toda contestación
se le envió el preámbulo o parte motiva de las declaraciones
mencionadas, con lo cual quedó la cuestión tan vaga e incierta como
se estaba antes, y el doctor Cuervo insistió nuevamente el 11 de
mayo en exigir explicaciones. Al otro día se publicó con ultrajante
solemnidad la anexión de Pasto y Túquerres al Ecuador; el 13 negó
el ministro las explicaciones, diciendo ser el decreto del 6 acto
jurisdiccional del gobierno para la seguridad y orden interior do
la República, y con notas de fecha anterior envió al doctor Cuervo
copias de las actas de pronunciamiento y de los decretos en que
eran aprobadas y acogidas.
Por estos pronunciamientos se agregaba Pasto al Ecuador
condicionalmente, es decir, en el caso de que los facciosos
triunfasen en la Nueva Granada, mientras que Túquerres lo hacía
absoluta e irrevocablemente (4 y 6 de mayo). El mismo día 4
escribió Flores al doctor Cuervo una carta en sumo grado melosa con
el intento de atenuar la mala impresión que había de recibir; y
para que se diese por satisfecho, no paraba hasta decir que el acta
de pronunciamiento de Pasto había sido redactada por él mismo
|
(3)
. Luégo que el
gobierno de Quito sancionó la anexión, en medio de estrepitosa
algazara, con repiques de campanas y salvas de artillería, se
leyeron por bando las actas en toda la ciudad, y después se festejó
el hecho con iluminaciones y con corridas de toros por dos
días.
A pesar de las astucias y hasta de la fuerza misma que se
emplearon para dar aspecto de popularidad al pronunciamiento, fue
éste tan contrario al sentimiento general, que aun muchos de los
que firmaron las actas, escribieron privadamente al doctor Cuervo
que sólo lo habían hecho por librarse de las persecuciones y hasta
forzados por los agentes de Flores, lo cual no impidió que se
jurase la constitución del Ecuador, cambiándose el régimen político
y administrativo y derogándose todas las disposiciones que pudieran
recordar que aquel territorio había sido granadino. Sólo Barbacoas
y Tumaco se mantuvieron fieles, y resistieron con igual firmeza a
las sugestiones de los revolucionarios de la Nueva Granada, que a
la insidiosa propaganda de los agentes del Ecuador. El ministro
granadino, que seguía atentamente el curso de los acontecimientos,
no dejó, despreciando todos los riesgos, de exhortarlos
continuamente a dar a sus hermanos del sur saludable ejemplo de
constancia.
Nada deja traslucir con tánta claridad los sentimientos que
obraron en Flores al promover estos pronunciamientos como la carta
que desde Pasto dirigió a Herrán y Mosquera el 13 de mayo. La
copiamos de la
|Gaceta de la Nueva Granada, número 518:
"Aventuro esta carta con un posta que mando por los
páramos, para comunicar a ustedes lo siguiente: 1º Este país goza
de paz y de tranquilidad: también está tranquilo el Ecuador. 2º
Aunque tuvimos una crisis por consecuencia de la reunión del
congreso, quise mandar mil hombres a Popayán luégo que Obando
reapareció eh Timbío; mas el señor Cuervo se opuso a ello, por lo
cual quedaron frustrados mis deseos, aunque salva mi
responsabilidad particular para con ustedes. 3º
|
El 20 de
abril llegué a esta ciudad, donde he visto los pronunciamientos
desde Popayán hasta Antioquia, y las proclamas y cartas de Obando
en que nos amenaza y da por hecho el triunfo de su causa en la
Nueva Granada. Tanto por esto como por otras razones de mucho peso,
que no puedo expresar en este papel, he influído para que Pasto se
pronuncie por el Ecuador provisionalmente; y lo ha hecho así en
términos muy honrosos para el gobierno y la nación granadina, pues
ofrece cooperar al triunfo de dicho gobierno con el auxilio de las
armas del Ecuador, y someterse después para que los límites se
fijen donde convenga. Pero protesta al mismo tiempo que si
triunfare la facción permanecerá unido al Ecuador, porque no puede
obedecer a los mismos contra quienes ha combatido. Hago esta
explicación para que todos sepan en la Nueva Granada que si triunfa
el gobierno, Pasto pertenece a la Nueva Granada; y si los
revolucionarios, Pasto no se someterá a ellos y continuará unido al
Ecuador. 4º
|
Si para cuando llegue esta carta a manos de
ustedes todavía se sostuvieren con esperanza de buen suceso, tengan
entendido que estoy pronto a cooperar con ustedes hasta Popayán
para facilitarles la pacificación de las provincias del interior;
pues ni un solo día, ni un solo instante he variado de sentimientos
y opinión. Cuando se abra la comunicación sabrán ustedes cuántos
esfuerzos hice por auxiliar a Popayán, y la resistencia que opuso
el señor Cuervo, quien podía oponerla".
De modo que Flores, sabedor de los desastres sobrevenidos a la
causa del gobierno, reputaba por más que problemático que sus
generales se sostuviesen todavía con esperanza de buen éxito al
llegarles esta carta; por eso ha promovido los pronunciamientos, y
por eso lo confiesa, que no lo hiciera en el caso contrario; por
eso ha hecho declarar a Pasto que pertenecerá a la Nueva Granada si
triunfa el gobierno y al Ecuador si los revolucionarios; todo esto
envuelto en mal coloreadas protestas de lealtad. Además, como el
doctor Cuervo era el único que había podido oponerse a sus pérfidos
manejos, era menester ponerlo por blanco a la animadversión de sus
conciudadanos, haciéndole responsable de las desgracias y aun de la
ruina de su patria.
A la notificación de los pronunciamientos contestó el doctor
Cuervo con la siguiente protesta:
"Quito, 31 de mayo de 1841.
"Adjuntas a las notas de S. E. el señor ministro de
relaciones exteriores del Ecuador, una de 10 del presente y otra
sin fecha, recibió el infrascrito copias de las actas de Pasto y de
Túquerres separándose de la sociedad granadina y agregándose la
ecuatoriana, el primero condicionalmente y el segundo de una manera
absoluta; e igualmente los decretos de este gobierno en que
solemnemente acoge tales pronunciamientos.
"Había demorado el infrascrito su contestación a dichas
notas, porque sabiendo que se trataba de que Barbacoas y Tumaco
siguiesen el ejemplo de los cantones susodichos, aguardaba saber el
resultado de los pasos dados con este objeto, para hacer sobre todo
las debidas reclamaciones. Instruído ahora de que aquellos
habitantes, libres del poder de las bayonetas, han permanecido
fieles a sus juramentos a pesar de los esfuerzos hechos por el
comandante ecuatoriano Darío Morales, comisionado especialmente
para seducirlos, pasa hoy a dar la presente respuesta que debe
mirarse como una solemne protesta contra la conducta irregular del
gobierno ecuatoriano y de sus agentes.
"Conocidos eran del infrascrito, hace algún tiempo, los
proyectos de agregar al Ecuador el todo o la mayor parte de la
provincia de Pasto, bien que nunca llegó a imaginarse que se
eligiesen las circunstancias menos decorosas y se empleasen los
medios más deshonrosos para llevarlos al cabo. Mas desde que en
conferencia de 24 de abril último manifestó S. E. el señor Marcos
al infrascrito la necesidad de remover a las autoridades de Pasto y
nombrar otras de la confianza de S. E. el general Juan José Flores,
y desde que, por decreto de 26 del mismo, el gobierno ecuatoriano
transmitió a éste las "facultades necesarias para
conservar en toda seguridad las fuerzas ecuatorianas existentes en
Pasto y poner la República a cubierto de todo peligro", se
dejó conocer que estaba muy cercano el día en que aquella obra
debía consumarse. Seguidamente, y como para dar mayor fuerza a esta
persuasión, se expidió el célebre decreto ejecutivo de 6 del
corriente decidiendo implícitamente dicha agregación y conminando
con severas penas a los que aun de palabra la contrariasen.
"En vano se denegó el infrascrito al cambio de las
autoridades de Pasto, en vano pidió que se le hiciesen conocer la
naturaleza y extensión de las facultades delegadas a S. E. el
general Flores, y en vano en fin solicité oportunamente y en
términos comedidos explicaciones francas y terminantes sobre el
citado decreto. Desatendida su voz, todo anunciaba que pronto se
recibirían en Quito algunas de esas actas con que en una gran parte
de la América se cambian las instituciones, se destruyen los
gobiernos, se violan los juramentos más sagrados, y se perpetúa ese
sistema de anarquía y de desorden que hace perder la esperanza de
ver establecido algún día en el mundo de Colón el imperio de la
libertad bajo los auspicios del orden, de la civilización y de la
moral. Llegaron en efecto las actas de Pasto y de Túquerres, la
primera el día 9 y la segunda el 11 del corriente.
"Desde luego observó el infrascrito, tanto en las
copias que de ellas le fueron comunicadas como en las que
seguidamente se publicaron por bando, la falta de las firmas de los
pronunciados, sin las cuales ninguna autenticidad tienen, ningún
crédito merecen. Y si bien es cierto que en el número 387 de la.
|Gaceta oficial aparecen suscritos algunos individuos,su
número es tan corto que no puede llenar el objeto con que se hizo
la publicación. Esta circunstancia y otras que van a expresarse,
demuestran que los pronunciamientos de Pasto y de Túquerres no han
sido ni espontáneos ni populares, y que en ningún tiempo pueden dar
el menor derecho al Ecuador sobre aquella parte del territorio
granadino, aun prescindiendo de los sanos principios de la ciencia
política y de la buena fe de los pactos internacionales que
reprueban y condenan tan vicioso título de adquisición.
"Existen en poder del infrascrito comunicaciones
oficiales y cartas de personas fidedignas, de las cuales resulta lo
siguiente: 1º Que después de haberse empleado alternativamente los
halagos y las amenazas, se exigió por último de los pastusos que, o
contribuyesen con 7.500 pesos mensuales para el sostenimiento de la
división ecuatoriana, o se sujetasen al yugo de las partidas de
facciosos que amenazaban la provincia, o se pronunciasen
agregándose al Ecuador; 2° Que fueron pocos y algunos de ellos sin
importancia y sin mérito, los que se sometieron a esta última
condición; 3º
|
Que muchos vecinos notables y de influjo se
resistieron con firmeza a suscribir el pronunciamiento; 4° Que
varios de los que prestaron sus firmas han protestado ante esta
legación haberlo hecho por la fuerza, y han manifestado su lealtad
a las instituciones granadinas; 5º
|
Que antes de haber sido
firmadas las actas, se remitieron a esta capital, las acogió el
gobierno y las hizo publicar por bando; 6º Que después de
verificado todo esto se despacharon comisionados a los distritos
parroquiales de los cantones de Pasto y de Túquerres para que
recogiesen firmas; y 7º
|
Que a pesar de todo esto no componen
los firmantes ni la quinta parte de los individuos que gozan de los
derechos de ciudadanía en aquellos cantones.
"Hechos de tal naturaleza, públicos y notorios en toda
la provincia de Pasto, bastan por sí solos para demostrar la
impopularidad de los sucesos del 4 y 6 del corriente. Pasando luégo
a su examen crítico y moral ¿cómo puede ni siquiera imaginarse que
pueblos que aun estando bajo la influencia del gobierno ecuatoriano
manifiestan hasta en los mismos pronunciamientos su adhesión a la
sociedad granadina, se separasen de ella espontáneamente? ¿Cómo
creer que al propio tiempo que tánto interés manifiestan por ver en
ella restablecido el orden, la abandonasen echándose en los brazos
del extranjero? ¿Cómo, en fin, suponerlos tan poco entendidos en
sus negocios que quisiesen sustraerse de un régimen bajo el cual no
pagan ni tributo, ni alcabala ni el derecho de patente de profesión
y de industria? Que responda a esto quien conozca un poco a los
hombres, sus inclinaciones, sus intereses y su instinto a buscar la
felicidad.
"Supóngase empero por un instante a los pastusos,
ingratos a las consideraciones que han obtenido en la familia
granadina, altamente estúpidos en el discernimiento de lo que mejor
les conviene, animados de ruines y bastardos sentimientos, y
decididos unánimemente a pertenecer a la nación ecuatoriana, ¿sería
regular, conveniente y legítima esta agregación? ¿Puede separarse
del cuerpo político una simple fracción, cualesquiera que sean las
circunstancias en que se encuentre y los motivos que a ello le
impelan? Hé aquí una cuestión que por demasiado obvia y por estar
su resolución al alcance de todos, no necesita de que se ocupe en
su examen el infrascrito. Tan absurdas y peligrosas serían las
consecuencias que de una respuesta afirmativa se seguirían, que muy
pronto la República misma del Ecuador tendría que lamentarlas. La
historia presenta a cada paso ejemplos de pueblos que por haber
llegado a un completo estado de madurez o por otras razones, se han
segregado de una asociación política para formar ellos otra
independiente, contando con el poder y la fuerza bastantes para
sostener su nacionalidad. Estos son hechos que el tiempo legitima y
no reprueba la política. Pero segregarse un cantón o una provincia
de un Estado para agregarse a otro, es procedimiento que condena la
sana política, no menos que el interés recíproco de las naciones.
Puede emigrar de un país el individuo que no está contento con el
sistema político y legal, o con la conducta de los magistrados, o
en fin con los hábitos de los particulares; pero lo que en esta
materia es potestativo al individuo, no lo es a una fracción
colectiva que quiera desmembrar el territorio del Estado. Sostener
lo contrario es atacar la soberanía nacional, su indivisibilidad y
su independencia, es establecer un principio más anárquico que
cuantos ha proclamado audazmente la más desenfrenada demagogia.
"Que nada valga sin embargo, y que ninguna fuerza tenga
lo anteriormente alegado: que los habitantes de los cantones de
Pasto y de Túquerres hayan podido y querido unánime y
espontáneamente agregarse al Ecuador; y que los principios del
derecho universal, la política general de las naciones y su propia
conveniencia no repugnen esta agregación. Aunque falso y
desatinado, se da por concedido todo esto; y concrétese la cuestión
al derecho especial y perfecto a que deban sujetarse Nueva Granada
y Ecuador. ¿Existen entre estas dos repúblicas pactos solemnes,
compromisos sagrados que fijan y determinan los derechos y
obligaciones de cada una de ellas? ¿Hay establecida en estos pactos
alguna regla sobre segregación de un pueblo del un Estado para
agregarse al otro? ¿Han concurrido tan graves circunstancias y tan
poderosos motivos que hagan excusable la violación de esa regla?
Tales son los puntos a que más especialmente contraerá su atención
el infrascrito porque son de interés general para la América, y
porque pertenecen, por su magnitud y trascendencia más a la moral
pública que al supremo dominio de la nación sobre cierta porción de
territorio.
"Desavenidas las repúblicas de Nueva Granada y del
Ecuador, precisamente por la posesión de la provincia de Pasto,
emplearon sucesivamente el medio de las negociaciones y aun el de
la fuerza de las armas para poner término a sus diferencias, hasta
que al fin concluyeron por medio de legítimos comisionados los
tratados de 8 de diciembre de 1832, los cuales fueron ratificados,
previa la aprobación de los respectivos cuerpos legislativos, por
los gobiernos granadino y ecuatoriano, y canjeadas las
ratificaciones el 15 de septiembre de 1835. En ellos se encuentran
los artículos siguientes:
"Los límites entre los dos Estados de la Nueva Granada
y del Ecuador, serán los que conforme a la ley de Colombia de
veinticinco de junio de mil ochocientos veinticuatro separaban las
provincias del antiguo departamento del Cauca del del Ecuador,
quedando por consiguiente incorporadas a la Nueva Granada las
provincias de Pasto y la Buenaventura, y al Ecuador los pueblos que
están al sur del río Carchi, línea fijada por el artículo 22 de la
expresada ley, entre las provincias de Pasto e Imbabura.
"Los Estados de la Nueva Granada y del Ecuador,
animados de los mejores deseos de que se conserve siempre la más
perfecta armonía y buena inteligencia entre las partes
contratantes, se obligan y comprometen a respetar sus límites
respectivos. Por consecuencia el Estado de la Nueva Granada
|no
podrá admitir pueblos que separándose de hecho del Estado del
Ecuador quieran agregarse a la Nueva Granada, ni el Estado del
Ecuador podrá admitir pueblos que, separándose de hecho del Estado
de la Nueva Granada quieran agregarse al Ecuador.
"Toda adquisición, cambio, enajenación o nueva
demarcación de territorio entre los Estados de la Nueva Granada y
del Ecuador,
|no podrá verificarse sino por medio de tratados
públicos celebrados entre sus gobiernos, conforme al derecho de
gentes."
"Hay pues un derecho escrito, un derecho perfecto que
arregla los límites territoriales de Nueva Granada y del Ecuador,
derecho acatado aun por las naciones menos cultas, y cuya violación
no puede cometerse sin mengua y sin desdoro, y derecho en fin, que
la misma constitución ecuatoriana ha reconocido y sancionado como
base fundamental de la organización política de este país. Su
artículo 3º
|
se expresa en estos términos: "El
territorio de la República del Ecuador comprende el de las
provincias de Quito, Chimborazo, Imbabura, Guayaquil, Manabí,
Cuenca, Loja y el Archipiélago de Galápagos, cuya principal isla se
conoce con el nombre de Floriana. Sus límites se fijarán por una
ley
|de acuerdo con los Estados limítrofes."
"Examínese ahora el contenido sustancial de los
pronunciamientos de Pasto y de Túquerres y lo que sobre ellos
resolvió el gobierno ecuatoriano. Por el artículo 1º del de Pasto
se conviene en "agregarse provisionalmente (este cantón),
a la República del Ecuador, ya
|porque éstos fueron los antiguos
votos de Pasto, etc "Y en el de Túquerres se declara:
"El cantón de Túquerres se reincorpora y vuelve al seno de
su antigua madre patria,
|es y será para siempre parte integrante
e indivisible de la República ecuatoriana, correrá su propia
suerte sea cual fuere, y entrará en participación de las
bendiciones que el cielo la dispensa con mano liberal."
Los decretos del gobierno ecuatoriano de 10 y 12 de este mismo mes
dicen así: "El gobierno de acuerdo con el dictamen unánime
de su consejo acoge solemnemente el pronunciamiento de (Pasto o
Túquerres) en los términos constantes del acta celebrada a (4 o 6)
del presente."
"Basta tener, no un entendimiento ilustrado, ni un buen
sentido, sino la menguada razón de un idiota, para reconocer la más
completa Oposición entre los artículos del tratado que quedan
citados y los decretos del gobierno del Ecuador, la más insigne
violación de solemnes y sagrados pactos, y la más notoria
infracción de las leyes fundamentales de esta República. No tiene
noticia el infrascrito de que a la vez y tan abiertamente nación
alguna haya quebrantado sus compromisos internacionales y sus
propias instituciones. Reservado estaba a un gobierno americano
para deshonra de los principios proclamados en esta parte del
mundo, presentar tan triste y deplorable ejemplo de precipitación y
ceguedad.
"No alcanza a descubrir el infrascrito las razones de
conveniencia y de alta política que puedan justificar la conducta
de los instigadores y acogedores de los pronunciamientos de Pasto y
Túquerres. La situación penosa en que se ha encontrado la Nueva
Granada, lejos de ser un motivo para desmembrarla su territorio, lo
es para tratarla con más exquisitos miramientos. En la adversidad
más bien que en la próspera fortuna, tienen derecho los pueblos, lo
mismo que los individuos, a que se les trate con toda
consideración; y de aquí nace la justicia con que las leyes civiles
y aun las eclesiásticas castigan con severísimas penas a los que
roban bienes de personas que han sufrido naufragio o un incendio en
sus propiedades.
"Sube de punto y mayor fuerza toma esta observación si
en tales circunstancias o en otras igualmente congojosas se da en
depósito alguna cosa, contándose con la lealtad y nobleza de quien
la recibe, y luégo el depositario se alza con ella bajo cualquier
pretexto qué sea. Entonces hay un abuso de confianza, una completa
felonía: la causa no está ya tánto bajo el dominio de la política y
de la ley, como bajo el de la moral, del honor y de la decencia; en
una palabra, su decisión es también de la competencia de quien ha
recibido una mediana educación social y religiosa. Este es el caso.
La historia lo dirá: "En sus días de conflicto la Nueva
Granada dio en guarda provincia de Pasto al gobierno ecuatoriano
que se decía su amigo y hermano: el gobierno ecuatoriano se
aprovechó de esta ocasión para hacer suya parte de la provincia
depositada, violando la fe de los pactos y las leyes del honor,
aunque sin dejar por eso de vocear amistad e interés por la Nación
Granadina". ¡Qué recuerdo, qué página para legar a la
posteridad!... Pero volvamos al examen de la cuestión
internacional.
"Cuando una nación está dividida por disensiones
intestinas debe observarse la más rigurosa neutralidad, sin atacar
ninguno de sus derechos: puede el Estado vecino ofrecerle sus
buenos oficios y todos los medios de reconciliación para calmar la
animosidad de los partidos; pero no puede ir más adelante sin
atacar la independencia y los derechos de la soberanía".
Así opina un publicista moderno justamente apreciado en Europa.
"Pero prescindiendo de lo que dice el conde de Garden y
de lo que puedan decir los maestros de derecho público más
acreditados, apela el infrascrito al ilustrado juicio de S. E. el
señor Marcos, que en nota de 12 de mayo del año anterior dijo al
secretario de relaciones exteriores de la Nueva Granada estas
notables palabras: "Sea cual fuere la urgente necesidad
que tiene esta República de darse una frontera que
|la ponga a
cubierto de toda agresión de los que en las provincias meridionales
de la Nueva Granada puedan sobreponerse a las leyes, NUNCA JAMAS
empleará otras vías que las de la negociación, ni otras fuerzas
que la razón, el convencimiento y la voluntad bien expresa de los
pueblos". Parece que un espíritu profético guiaba la pluma
de S. E. al prever acontecimientos que después se han realizado;
siendo por tanto muy de lamentarse que no se haya cumplido la
promesa, luégo que llegó la ocasión precisa para verificarlo. Así,
a la violación de un pacto sagrado y a la infracción de la
constitución ecuatoriana, tiene que añadir el infrascrito la falta
de cumplimiento de una palabra dada recientemente y con pleno
conocimiento de causa.
"Si el gobierno ecuatoriano, fiel a sus deberes y
consecuente con sus propios principios, hubiese respetado la
integridad del territorio granadino, no habría hecho más que imitar
la noble conducta del gobierno de Venezuela, y usar de una justa
reciprocidad con la nación granadina. Sabido de todos es que con
motivo de haber sido destruído el gobierno legítimo en Bogotá en
1830, la provincia de Casanare hizo un pronunciamiento agregándose
a Venezuela, y que el gobierno de aquella República no quiso
acogerlo; y nadie ignora que cuando en 1835 el congreso ecuatoriano
acordó agregar el Ecuador a la Nueva Granada en circunstancias de
haber sufrido por más de diez y seis meses una obstinada y
sangrienta guerra interior, se denegó el congreso granadino a
aceptar esta agregación, por más animado que estuviera de
sentimientos verdaderamente fraternales hacia los ecuatorianos, y
por más respetables que fueran los individuos comisionados para
presentar el acta y solicitar su favorable acogida.
"Y no podía ser de otra manera sin establecer
precedentes los más peligrosos a los derechos de las Naciones y a
la paz y buena inteligencia que entre sí deben guardar. ¿Cuál de
ellas hay en el antiguo o nuevo mundo que no haya sufrido y esté
expuesta a vaivenes y sacudimientos interiores, y a cambios de
instituciones, seguidos de guerras más o menos largas, más o menos
desastrosas? La historia de las naciones es la historia de sus
revoluciones. ¿Y qué deberá decirse de la América antes española
que, dividida en diferentes Estados, lucha hace treinta años, con
la anarquía y el desorden, fruto de una educación bárbara y
viciosa, sin que todavía pueda columbrarse la época en que,
encontrando su centro de gravedad, ponga término a los horrores y
escándalos a que hoy mismo sirve de teatro? Que a estos elementos
interiores de continuas revueltas se agregasen la mala fe y el
espíritu de rapiña del Estado vecino que quisiese explotar en
provecho propio las ajenas desdichas, ¿cuál sería entonces el
cuadro que presentaría el mundo americano? Más triste ciertamente
que el que ofrecían las
|hordas salvajes que habitaban, hace
trescientos años, estos países, siempre devorándose unas a otras,
sin nociones algunas de lo justo y de lo honesto, y sin el menor
respeto por las personas ni por las cosas. A tal extremo conduciría
a los pueblos de América el ejemplo dado por el gobierno
ecuatoriano, si por desgracia de la humanidad y de la política
encontrase imitadores.
"No querría el infrascrito hacer mérito de ciertos
actos con que se ha hecho resaltar más la desconsiderada y poco
amistosa conducta del mismo gobierno, si en ellos no encontrase
ofensas muy graves irrogadas a la nación granadina: habla de las
solemnidades con que fueron publicados en esta ciudad los
pronunciamientos de Pasto y de Túquerres, de los repiques de
campanas, salvas de artillería, iluminaciones, corridas de toros
por dos días, etc., dispuesto todo o al menos autorizado con el
silencio por el gobierno supremo y por sus agentes. ¿Qué fue,
preguntará el hombre moral y juicioso, lo que con tales regocijos
quiso celebrarse? ¿La agregación de una parte del territorio
granadino al Ecuador? Los regocijadores celebraron como un triunfo
la propia deshonra y la injusticia. ¿Las desgracias de la Nueva
Granada que facilitaban esta agregación? Ellos se igualaron
entonces con los salvajes, cuya ferocidad se complace con los
ajenos sufrimientos. El 12 de mayo de 1841, día del
|memorable bando, se vio el infrascrito insultado y humillado
estando al lado de un gobierno que se titula hermano, amigo y
auxiliar del de la Nueva Granada. Caro ha sido en verdad el auxilio
prestado para la pacificación de Pasto, y más caro habría sido si
se hubiese extendido hasta Popayán, porque en este caso la línea
fronteriza del Ecuador se habría fijado en la cordillera central de
los Andes por el Guanacas y el Quindío, como algunos lo han
pretendido, y parece que todavía lo pretenden. Las fiestas y
algazara habrían entonces llegado a su colmo.
"Un sentimiento de justicia y también de reconocimiento
obliga al infrascrito a confesar que en los hechos referidos
ninguna parte ha tomado la generalidad de los vecinos de Quito.
Ellos, como todos los demás ecuatorianos, no participan ni pueden
ser responsables de los desaciertos y de la torcida política de su
gobierno: el Ecuador, lo repetirá con el mayor gusto el
infrascrito, es un pueblo dócil, humano, hospitalario, en extremo
complaciente y digno, bajo todos aspectos, de la libertad y de los
dulces bienes de una civilización bien comprendida. La Nueva
Granada será siempre su fiel amiga y hermana, y hará en su obsequio
cuanto exijan los
|positivos intereses y la prosperidad
recíproca de ambos Estados.
"Los hechos y motivos que quedan mencionados inducirían
al infrascrito a declarar terminadas sus funciones diplomáticas
cerca del gobierno del Ecuador y rotos los pactos que ligan a esta
República con la de la Nueva Granada, si tal procedimiento no
llevase envuelto el rompimiento entre dos países que formaron antes
una sola familia. En tal concepto, y consultando los principios de
moderación y de prudencia que han guiado su conducta, se limita
|por ahora a otro paso no desconocido en los fastos de la
diplomacia. Solicita pues formalmente:
"Que el gobierno ecuatoriano revoque solemnemente los
decretos que ha dictado acogiendo las inconstitucionales y
tumultuarias actas de Pasto y de Túquerres, y restituya las cosas
al estado que tenían antes del día 4 del mes
corriente."
"En caso de no disponerlo así, el infrascrito declara
desde ahora suspensas sus funciones de agente de la Nueva Granada
en esta ciudad, protesta contra la violación de los tratados que
ligan a las dos repúblicas y hace responsable al gobierno de la del
Ecuador de las consecuencias y resultados de la misma
violación.
"Cualesquiera que sean la marcha y término de este
desagradable negocio, se complacerá siempre el infrascrito
repitiéndose de S. E. el señor Marcos muy atento, obsecuente
servidor,
"Rufino Cuervo
"A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del
Ecuador."
"Desazonó en alto punto mi lenguaje al gobierno
ecuatoriano (dice el doctor Cuervo en la nota dirigida al de la
Nueva Granada en 14 de enero de 1842), encargóse a varias personas
la redacción de un proyecto de contestación, y se propusieron
diferentes medios para expelerme del Ecuador, y castigar lo que
aquí se llamó
|mi osadía. Creyéndose este gobierno heredero
natural del de la Nueva Granada, como su hermano y auxiliar, me
apodó faccioso y desleal, porque no convine en tan extraño modo de
heredar. Por fin, después de diez y ocho días
|
(4)
se dio una respuesta furibunda y
de largo aliento, reducida toda ella a probar que era legítima la
agregación de Pasto y Túquerres al Ecuador; que la Nueva Granada se
encontraba en estado perfecto de guerra civil, con cuyos bandos
podía tratarse conforme al derecho de gentes; que el gobierno
granadino era quien en diferentes épocas y ocasiones había violado
los tratados públicos; y que su ministro en Quito era un
descomedido e irreverente, y como tal, digno de ser echado del
país, para lo cual se me acompañó el correspondiente pasaporte. A
las cuarenta y ocho horas de haber recibido esta que se llamó
|contraprotesta, dirigí mi
|réplica, vindicándome del
cargo de descomedido y sedicioso que se me había hecho, defendiendo
a mi gobierno de haber violado los tratados públicos, y refutando
los erróneos y anárquicos principios proclamados por el
ministerio." Hé aquí la réplica:
"Quito, 20 de junio de 1841.
"Antes de ayer a las cuatro de la tarde recibió el
infrascrito encargado de negocios de la Nueva Granada la nota que
S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del Ecuador se
sirvió dirigirle con fecha 18 del corriente, en contestación a la
protesta de esta legación de 31 del mes anterior, y también el
pasaporte para dejar el territorio ecuatoriano con las personas de
su comitiva.
"Contraída la mencionada nota, no tanto a responder los
argumentos y razones que contiene la protesta, cuanto a los
términos en que está concebida y expresada, a los cuales se
califica de 'inmoderados, irreverentes y aun sediciosos', hasta el
punto de compararla con la carta inserta en
|El Antioqueño
número 11, debe el infrascrito a su propio decoro y a la dignidad
de la nación que representa ocuparse preferentemente de esta
materia exponiendo al gobierno ecuatoriano y a los pueblos de
América los justos motivos que le han impelido y las órdenes
terminantes a que se ha arreglado al protestar contra la
tumultuaria agregación de los cantones de Pasto y de Túquerres al
Ecuador.
"Desde que comenzaron a ser descubiertas del
infrascrito las medidas tomadas por el gobierno ecuatoriano para
segregar de la sociedad granadina la provincia de Pasto, pidió en
comedidas y corteses razones las convenientes explicaciones sobre
esta materia, teniendo en consideración no solamente los intereses
granadinos cuya defensa le está encomendada, sino también los del
Ecuador, y más que todo la buena inteligencia entre los dos países.
Sus solicitudes sin embargo fueron completamente desatendidas.
"La primera tuvo lugar en 27 de abril último, con
ocasión de haberse otorgado una autorización vaga y extraordinaria
a S. E. el general Juan José Flores para obrar en la provincia de
Pasto. S. E. el señor Marcos manifestó en nota de 29 del mismo
abril que no le era dado trasmitir a la legación copia del acta del
Consejo a que se refería esta autorización.
"Comunicado que le fue el decreto ejecutivo de 6 de
mayo, solicitó el infrascrito, con fecha 8, explicaciones francas y
terminantes que le hiciesen conocer la política del gobierno
ecuatoriano sobre el negocio en cuestión. La respuesta a esta
segunda demanda se redujo a la remisión de una especie de proclama
que, aunque escrita con énfasis, nada dice en sustancia.
"Insistióse por la legación en que el gobierno
ecuatoriano se explicase con la franqueza debida a su propia
dignidad. La contestación fue una absoluta negativa fundada en
motivos sobre cuyo valor él público habrá pronunciado su
juicio.
"En estas circunstancias, y cuando la denegación de las
explicaciones pedidas era ya un principio de mala inteligencia
entre los dos Estados, se recibieron en la capital, se acogieron
por el gobierno y se publicaron por bando los tumultuarios
pronunciamientos de Pasto y de Túquerres agregándose al Ecuador. La
conducta del gobierno ecuatoriano se presentó entonces en toda su
claridad, es decir: injusta, irregular y altamente ofensiva a los
derechos del gobierno y pueblo granadinos; haciéndola más odiosa
las circunstancias que antecedieron, acompañaron y siguieron a
aquellos actos. A pesar de todo esto y de que los más estrechos
deberes obligaban al infrascrito a protestar inmediatamente contra
tan insigne violación de los tratados que ligan a la Nueva Granada
con el Ecuador, quiso antes de dar este paso tentar otros medios
conciliatorios y prudentes, para que en ningún tiempo pudiera
imputársele precipitación o escasa solicitud por este país.
Dirigióse en efecto a varias personas de valía influyentes en el
Ecuador, interesando fuertemente aun sus relaciones personales con
el objeto de que el gobierno ecuatoriano volviese sobre sus pasos
de una manera espontánea y decorosa, salvando su propio honor, y
librando al infrascrito de los graves y penosos compromisos en que
le había colocado. Mas todo fue en vano; y después de diez y nueve
días de una angustiosa expectación tuvo que dirigir la protesta a
que ha contestado S. E. el señor Marcos con una furibunda
catilinaria.
"Las personas imparciales y entendidas que aprecien
debidamente la gravedad y extensión del negocio, no menos que la
justicia que en él asiste a la nación granadina, no encontrarán en
aquel documento cosa alguna que reprueben los miramientos debidos a
los gobiernos y a los hombres. Si son fuertes los hechos y razones
alegadas, no es culpa del infrascrito que también lo sean las
consecuencias. El lenguaje de la verdad siempre es enérgico y
mortificante para quien se ha separado de la senda de la justicia.
Ni entre los antiguos ni entre los modernos se encuentra un solo
escritor que no se exprese con vehemencia al hablar de asuntos en
que se interesan la libertad y honra de la patria, los derechos de
la humanidad, la fidelidad en los pactos, la hidalguía de los
sentimientos. Por eso se ha dicho que la materia de un escrito
decide del género de su estilo.
"Si se examinan las composiciones diplomáticas del
presente siglo se verá en todas ellas un lenguaje nervioso y
enfadado cuando se trata de las ofensas hechas a un gobierno por
otro gobierno. En este lenguaje habló en 1826 el ministro de
relaciones exteriores de Portugal, don Francisco Almeida, al
embajador español conde de Casa Flores con motivo de haber pasado
del territorio de España a la provincia de Alentejo algunos
individuos a turbar la paz pública; de él usó el gabinete de
Petersburgo en 1828 al expresar los motivos de rompimiento con el
imperio otomano; y antes de estas fechas, en 1806, el príncipe
Talleyrand dirigió amargas y sentidas quejas al gobierno
pontificio, sin que por eso, ni por el doble respeto debido al
soberano temporal de Roma y Vicario de Jesucristo en la tierra, se
haya calificado de
|irreverente y
|descomedido al
primer diplomático de Europa; así como tampoco nadie censura ya que
la demanda de satisfacciones hecha por una nación poderosa vaya
acompañada de una escuadra, cuya voz muda no es menos destemplada
que las más virulentas expresiones. Ultimamente, si se quiere una
prueba más de la desagradable sensación que causa la sola sospecha
de que no sea cumplida una estipulación internacional, recuerde S.
E. el señor Marcos los términos de que usó en un documento solemne
y oficial el presidente Jakson el año de 1836 al hablar, no de una
cuestión de honor o de alta política, sino del pago de unos
millones de francos que el gobierno francés se había obligado a
indemnizar al de la Unión americana. ¿Cuál debería ser pues el
lenguaje de un patriota y pundonoroso ministro que al sentimiento
de las dolencias que aquejan a su patria tenía que agregar el que
inspira la irregular conducta de un gobierno amigo y hermano?
¿Había de dirigir notas de felicitación por los antisociales y
escandalosos pronunciamientos de Pasto y de Túquerres?
"Al formalizar la protesta de 31 del próximo pasado, el
infrascrito no sólo no ha contrariado la política del gobierno
constitucional de la Nueva Granada, sino que se ha arreglado
estrictamente a las instrucciones que le fueron dadas desde que
salió de Bogotá en el mes de agosto del año anterior; y si bien es
cierto que después de aquella época han tenido lugar nuevos
acontecimientos, ellos en nada las han alterado, mucho menos
después que en comunicación de 30 de diciembre último se le dijo
por el secretario de relaciones exteriores granadino lo siguiente:
'Las nuevas instrucciones que solicita se darán a V. S. luégo que
el Consejo de Estado haya evacuado el dictamen que se le ha pedido
en el negocio relativo a la venida de algunas tropas ecuatorianas
al territorio de la provincia de Pasto, cuyo dictamen aguarda el
poder ejecutivo para resolver aquel grave negocio.' Estas nuevas
instrucciones no han llegado a la legación, bien porque no hayan
sido extendidas y comunicadas, o bien por la turbación de los
tiempos que han impedido la comunicación con Bogotá; pero en el
caso de haberlas acordado, es indudable que sólo se habrán referido
al hecho de la marcha de tropas ecuatorianas a la provincia de
Pasto, y no a la de Popayán y menos aún a la cesión de aquel
territorio, pues ésta sólo podía ser el resultado de un tratado
público conforme a los principios del derecho internacional y a las
instituciones granadinas y ecuatorianas.
"Semejante estado de cosas trazó por sí mismo la
política que el infrascrito debía adoptar en el desempeño de sus
funciones. Ella ha estado reducida: 1° A no solicitar, promover ni
mendigar el auxilio de fuerza extranjera para terminar las
cuestiones domésticas de la Nueva Granada; y 2º A respetar los
|hechos existentes relacionados con la ocupación de Pasto por
tropas ecuatorianas a virtud de arreglos especiales con un general
granadino, y también las
|consecuencias naturales de estos
mismos hechos hasta la resolución definitiva del gobierno
granadino. Toca a éste y a los políticos justos e ilustrados de la
América juzgar si ha sido o no acertada y circunspecta esta
política. Su fallo, y no el juicio apasionado de quien tiene
interés en cohonestar a todo trance procedimientos indebidos,
decidirá la cuestión.
"Servirá entre tanto de satisfacción al infrascrito: 1º
Haber ajustado su conducta a las instituciones políticas de su
patria y también a las del Ecuador; 2º Haber instado y requerido
oportunamente al gobernador de Pasto indicándole las medidas más
adecuadas, tanto para facilitar auxilios a la división ecuatoriana,
como para enviar la guardia nacional de aquella ciudad a Popayán,
lo cual no se verificó por no haber entregado el jefe ecuatoriano
las armas del parque granadino, como consta de documentos
existentes en el archivo de la legación; siendo por tanto inexacto
y aventurado aquello de que 'ninguna cooperación prometía el
representante de la Nueva Granada'; y 3º
|
Haberse conformado
con la opinión bien pronunciada de varios ecuatorianos respetables,
entre ellos el ilustrado y benemérito señor Rocafuerte y el mismo
señor vicepresidente de la República, cuando en la reunión del 9 de
febrero último no quiso solicitar el auxilio para Popayán sobre la
base de
|indemnizaciones, cuya naturaleza deseó conocer S. E.
el señor Marcos. Si por una parte los sucesos de armas han sido
desgraciados al gobierno constitucional, los pronunciamientos de
Pasto y de Túquerres han manifestado por otra la previsión de quien
no se prestó dócilmente a pedir un auxilio interesado de parte del
que lo daba, y nada eficaz para curar radicalmente los males del
pueblo granadino. Asombra ciertamente que se presente como un grave
cargo un procedimiento en que no es poca la parte que ha tenido el
actual jefe del gobierno ecuatoriano.
"Desentendiéndose S. E. el señor Marcos de la mayor
parte de los hechos que contiene la protesta en comprobación de la
violencia y torpes manejos empleados en la agregación de Pasto y
Túquerres al Ecuador, pregunta con especialidad: '¿No será más
natural suponer que la marcha (del comandante Darío Morales) a
Barbacoas tenga por objeto algún asunto del servicio?' De
documentos pasados a la legación por el jefe político de Barbacoas,
encargado de la gobernación de Pasto, aparece que dicho comandante
fue conduciendo pliegos con el fin de que se hiciese el
pronunciamiento de agregación al Ecuador, en lo cual trabajó hasta
donde le fue posible, según dicen las cartas particulares. No
pasará mucho tiempo sin que vean la luz pública éstos y otros
documentos interesantes.
"Entrando ahora al examen del punto vital de la
cuestión, a saber la subsistencia de los tratados concluídos en
Pasto a 8 de diciembre de 1832, responderá el infrascrito a las
ligeras indicaciones que sobre él se permite hacer S. E. el señor
Marcos.
"Es un principio inconcuso entre los publicistas de más
nota, comenzando por Grocio y Puffendorf y acabando por Bello, que
ni las revueltas políticas ni los cambios en la forma de gobierno
alteran los pactos internacionales. Oigase lo que sobre el
particular dice el profundo Klübert: 'La inviolabilidad de los
tratados públicos es una ley igualmente santa para todos los
miembros y partes del Estado, puesto que en nombre de todos ellos
se concluyen, y no dejan de ser obligatorios sino con la completa
destrucción del Estado; por manera que los cambios que sobrevienen
en la constitución nacional, o en la persona del gobierno, no
pueden perjudicarles.' Ni debe ser de otro modo sin destruir por
sus cimientos las relaciones de los pueblos, colocándoles en una
posición hipotética y precaria. Aun en las mismas monarquías en las
cuales el monarca representa la soberanía, ninguna novedad induce
en los tratados la sucesión de las personas y ni aun el cambio de
dinastía, sino en casos raros y enteramente excepcionales. ¿Qué
deberá decirse, pues, de las repúblicas americanas en que se ha
proclamado como el primer dogma político la soberanía nacional, y
los pactos internacionales no son valederos sin la aprobación del
cuerpo legislativo?
"Sentado esto como una máxima fundamental, ¿podrá
sostenerse racionalmente que por encontrarse la Nueva Granada
dividida en bandos que se tratan como enemigos y cuando ya esa
guerra es civil' pueden acogerse actos ilegales, en infracción de
los públicos y solemnes tratados que ligan a las dos repúblicas?
Han caducado éstos y también los que ha celebrado la Nueva Granada
con otras naciones del antiguo y nuevo continente, o ha perdido
ella su rango de nación, porque una parte del pueblo opine por la
federación y otra parte por el régimen unitario? ¿Se imagina alguno
que ha sido despedazada y dividida, como la Polonia entre sus
poderosos vecinos? Aun cuando el Istmo de Panamá,
|por
ejemplo, se constituyese como Estado soberano e independiente,
conservaría siempre la Nueva Granada su nacionalidad, así como la
conservó la España después de la emancipación de Portugal y de
otras de sus posesiones, y como recientemente la conservó también
la Holanda después de la separación de la Bélgica, sin que a nadie
se le haya ocurrido aseverar que por tales acontecimientos dejaron
de figurar entre las naciones aquellas sociedades o no eran
obligatorios sus tratados.
"Inconducente a la cuestión actual es el ejemplo que se
cita del país de Zug y de la ciudad de Zurich. Basta tener un
mediano conocimiento en la historia para saber la notoria
diferencia que hay entre la situación, las circunstancias y régimen
político de Pasto. Los primeros fueron abandonados por sus
soberanos, y el segundo no lo ha sido ni lo será jamás por la Nueva
Granada. El hecho solo de haber sido confiada su custodia al
gobierno ecuatoriano demuestra que el granadino ha querido
conservarlo bajo la seguridad que le daban las relaciones amistosas
y los tratados solemnes entre los dos países; lo cual constituye
por sí solo un estado de cosas particular que no es fácil encontrar
en otras naciones, ni aun para justificar los hechos propios con
malos procederes ajenos.
"Extraordinaria sorpresa han causado al infrascrito las
cláusulas siguientes: 'Desde el 9 de abril de 1838 demostró el
gobierno del infrascrito (señor Marcos) que el tratado de Pasto
había sido manifiestamente violado en Nueva Granada, y se solicitó
instantemente la reparación que era indispensable. ¿Y qué se
consiguió? Nada más que respuestas evasivas como la del ministro de
relaciones exteriores (administración del señor Márquez) en 21 de
agosto del mismo año.' Declara la legación que esta aserción es
inexacta e infundada, y que si S. E. el señor Marcos se hubiese
expresado con más franqueza y menos ambigüedad, obtendría una
respuesta satisfactoria y victoriosa. En negocios de tánta magnitud
debe hablarse con toda claridad para no comprometer el nombre de
las naciones.
"El gobierno del Ecuador, asegura S. E., ha esperado el
cumplimiento de promesas que deben ser inviolables y tiene también
derecho para exigir que ellas sean cumplidas
|sin efugios ni
dilación, aludiendo sin duda a la cesión del territorio que
está aquende del Guáitara. Aunque no conoce el infrascrito los
términos en que tales promesas se hicieron, dalas por efectivas y
se extiende hasta suponer que a la voluntad de hacerlas reunió el
promitente el poder de cumplirlas. ¿No es ésta una razón de más
para que el gobierno ecuatoriano hubiese aguardado obtener por las
vías legales el territorio que deseaba? ¿No ha perdido con la
apropiación
|de hecho los derechos que pudiera haber
adquirido a virtud de la promesa? Punto es éste que las leyes
civiles tienen decidido de acuerdo con los principios de la
justicia universal, y su decisión no es favorable al gabinete del
Ecuador.
'Ignora el infrascrito cuáles sean los datos y documentos
fehacientes que se tengan para comprobar que las autoridades
granadinas protegieron y fomentaron las expediciones salidas de
Pasto para turbar el orden público en el Ecuador, mucho más después
que el gobierno de la Nueva Granada dio, según se dice
generalmente, al de esta república las convenientes explicaciones
sobre el particular. Si hubiera de hacerse una inquisición de todos
los actos ejercidos en esta materia por ambos gobiernos, quizá
aparecerían algunos no muy favorables al del Ecuador. Pero otra es
la cuestión en el estado actual de las cosas.
"Pactos existen, dice la llamada contraprotesta de S.
E., que obligan al gobierno granadino a sostener la guarnición
ecuatoriana... y no ha cumplido con ello; y de aquí se pretende
deducir un cargo formidable contra la Nueva Granada, confundiéndose
los tratados públicos de 1832 con la mera
|esponsión de un
general granadino que todavía no ha sido aprobada. Ante la opinión
del mundo ilustrado jamás servirá de justificación a los
pronunciamientos de Pasto la escasez de aquella tesorería para
proveer el mantenimiento y gastos de la división ecuatoriana; así
porque no ha sido culpa del gobierno granadino, sino efecto del
estado de incomunicación con la capital, la falta de envío de
dinero a dicha ciudad, como porque después de las generosas ofertas
del gabinete ecuatoriano, era de esperarse que supliese dichos
gastos de la propia manera que los cubre hoy por su cuenta, y sin
la seguridad del reintegro a que en el primer caso tendría justo
derecho. Quizá habría sido mejor que no se hubiese tocado este
punto, en que por lo mismo que se atraviesan unos pocos miles de
pesos, se resiste la delicadeza a examinarlo. El Ecuador ha tenido
que deplorar más de una vez los motines militares por no haberse
pagado sus ajustamientos a los cuerpos; pero el ejemplo de una
desenfrenada soldadesca no es digno de imitación.
"Prescinde por ahora el infrascrito de la conducta
observada por la división ecuatoriana en Pasto, porque habiéndose
pasado con nota de 24 de marzo último documentos importantes sobre
la materia a S. E. el señor Marcos, ha podido consultarlos antes de
aventurar un juicio muy equivocado: prescinde también de la alusión
ofensiva de que 'el Ecuador... proporcionó... los medios para poner
a la tierra granadina en posesión de bienes que allá se
evaporaron'; prescinde igualmente de la peregrina interpretación
dada a la nota del mismo señor ministro de 12 de mayo del año
anterior, la cual no es admisible ni aun entre las sutilezas del
foro; y prescinde por último de las solemnidades del bando del 12
del pasado, acerca del cual ninguna explicación ha dado el gobierno
ecuatoriano. Hechos y expresiones son éstas cuyo examen analítico
tiene que omitir quien no abriga el inhumano y antipatriótico
designio de ver degollarse dos pueblos hermanos. Día vendrá en que,
sucediendo la calma a la borrasca, se den las correspondientes
explicaciones sobre todo.
"Tampoco se ocupará el infrascrito en contestar el
cargo que se le hace por haber declarado suspensas sus funciones
diplomáticas, si no se revocaban los decretos que acogieron los
pronunciamientos de Pasto y de Túquerres. Tan prudente y mesurado
paso, sobre no ser desconocido en los fastos de la diplomacia,
revela la pacífica intención de dar lugar a que el tiempo y la
reflexión ilustrasen mejor al gabinete ecuatoriano, sin exponer a
este país a las consecuencias de terminar
|motu
|proprio la misión, como ha podido hacerse por la gravedad
del caso, según el sentir de los mejores publicistas, entre ellos
el ilustrado americano Bello. El gobierno ecuatoriano empero,
avanzando más allá de lo que el derecho ordena y la prudencia
aconseja, ha llevado las cosas al último extremo expidiendo su
pasaporte al ministro de una nación que lejos de ser la ofensora es
la ofendida.
"No terminará el infrascrito esta nota sin expresar a
S. E. el señor Marcos la profunda pena que le ha causado el que
hayan sido atribuídos a mala parte los justos elogios que del
pueblo ecuatoriano se permitió hacer en la protesta. Recuerde S. E.
que en iguales términos está concebida la nota de la legación de 8
de mayo y todas las demás en que ha sido preciso tocar este punto
para interesar al gobierno ecuatoriano en la conservación de la paz
exterior. Siendo la opinión pública la guía de los gobiernos
populares representativos, no es fuéra del caso, ni mucho menos una
interpelación mal intencionada, recordarla a éstos cuando, como en
el negocio presente, no es general ni uniforme. Así se acostumbra
entre las naciones más cultas, cuyo ejemplo debe imitarse. Además,
la opinión y los sentimientos del gobierno granadino han sido
iguales en circunstancias idénticas a las presentes, como puede
verse en la parte resolutiva de la declaratoria de guerra al
gobierno ecuatoriano de 15 de septiembre de 1832, cuyas formales
palabras son las siguientes: 'Que no reputa como enemigos a los
pueblos de los departamentos del Ecuador, Asuay y Guayaquil, a
quienes siempre reconoce como
|hermanos.' Por lo que
personalmente hace al infrascrito, su larga carrera pública es la
mejor prueba de que nunca ha pertenecido a bandos ni parcialidades,
ni se ha mezclado en revoluciones y trastornos; siéndole por
consiguiente muy sensible que se traduzca en sentido contrario la
sincera expresión de gratitud hacia un pueblo que, lejos de
injuriarle, le ha dispensado franca y cordial hospitalidad, y cuya
dicha y reposo serán el objeto de sus más constantes esfuerzos.
Solamente bajo un gobierno suspicaz, allá en los tiempos luctuosos
de que habla Tácito, se calificaban de crímenes los más nobles
sentimientos.
"Al dejar esta ciudad en fuerza de su deber y
correspondiendo a las disposiciones del gobierno ecuatoriano, es
muy grato al infrascrito reiterar sus sinceros votos por la honrosa
y pacífica terminación de las desavenencias entre las repúblicas de
Nueva Granada y Ecuador, con cuyo objeto hará de su parte los más
patrióticos esfuerzos, así como le es igualmente satisfactorio
asegurar a S. E. el señor Marcos los ingenuos sentimientos de
particular aprecio con que invariablemente es su muy atento y
obediente servidor.
"Rufino Cuervo
"A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores del
Ecuador."
Las protestas del doctor Cuervo fueron reproducidas en los
periódicos extranjeros y reconocidas debidamente como documentos de
indisputable importancia para la historia diplomática de América;
mas el Ecuador, ciego de engreimiento, las miró como un ultraje a
su dignidad, como una voz discorde en su triunfo, y aun llegó a
lisonjearse con la idea de sostener por medio de las armas los
agravios que sus documentos oficiales contenían. Ni es de extrañar
esto, porque el Ecuador aspiraba entonces a desempeñar un gran
papel en la política americana: el inquieto general Flores, que era
quien lo vivificaba, quería confederarse con Bolivia para hacer la
guerra al Perú y despojarlo de las provincias limítrofes, mientras
astutamente se entremetía en los asuntos domésticos de la Nueva
Granada para desmembrarla.
Preparábase el doctor Cuervo a salir del Ecuador, cuando recibió
una nota del encargado de negocios de Francia en Quito, el señor
W
|. Mendeville, en que ofrecía su mediación para restablecer
las relaciones y componer las desavenencias entre las dos naciones.
El ministro granadino, después de haber cumplido con su deber, no
podía rehusar ofrecimiento tan generoso, con el cual se ahorrarían
a su patria graves complicaciones, precisamente cuando se
encontraba ella en las circunstancias más críticas y aflictivas. El
mismo había leído en un periódico extranjero el convenio de Itagüí,
por el cual se retiraba Borrero al Cauca dejando a Salvador Córdoba
en posesión de Antioquia (3 de febrero), lo que constituía un gran
triunfo para la revolución; y oficialmente y por la imprenta se
aseguraba en el Ecuador que el gobierno granadino había sido
derrocado. Abriéronse las conferencias el 23 de junio en la casa de
la legación francesa. El doctor Cuervo expuso primeramente que,
considerándose como
|ministro en marcha por haberle expedido
su pasaporte el gobierno ecuatoriano, le parecía que antes de dar
principio a las conferencias debía examinarse este punto. Declarado
que hubo el comisionado del Ecuador, don Pedro José Arteta, que su
gobierno daba por retirado el pasaporte, presentó como base, para
las estipulaciones que debían acordarse, que los cantones de
Barbacoas y Tumaco se pusiesen bajo las leyes y autoridades del
Ecuador hasta que se restableciese la paz en la Nueva Granada y
pudiesen entenderse amistosa y lealmente los dos gobiernos. El
ministro granadino no accedió a esto por creerlo tan contrario a
sus instrucciones como a los principios que había consignado en sus
notas al ministro de relaciones exteriores del Ecuador. El señor
Arteta pidió entonces al doctor Cuervo que presentara otra base
para el convenio; éste lo hizo asentando que después de haber
formalizado su protesta de 31 de mayo anterior contra los
pronunciamientos por los cuales Pasto y Túquerres se agregaban al
Ecuador, había llenado el deber que le imponían las instrucciones
de un gobierno; y que negándose el Ecuador a revocar los decretos
con que acogió dichos pronunciamientos, parecía lo natural que los
dos gobiernos se entendiesen para las explicaciones y arreglos
ulteriores, quedando las cosas en el estado que de hecho tenían en
esos momentos; que para el efecto el gobierno ecuatoriano podía
nombrar un comisionado que pasase a Bogotá, con instrucciones a su
agente diplomático para que se entendiese con el gobierno de la
Nueva Granada que por su parte el encargado de negocios granadino
despacharía otro comisionado que condujese la correspondencia de la
legación y diese los informes que se le pidieran; y que entre tanto
debían considerarse como subsistentes las relaciones de amistad y
buena inteligencia entre las dos repúblicas, dándose las más
completas garantías a las personas y propiedades de los ciudadanos
de ambos Estados, especialmente a los habitantes de Pasto. El
comisionado del Ecuador aceptó esta propuesta, indicando que
también sería oportuno que se asegurase de la manera más firme el
tráfico y comercio de los cantones de Barbacoas y Tumaco con los de
Pasto y Túquerres y con las provincias del Ecuador. Consideradas
estas indicaciones y de acuerdo en un todo con el señor Mendeville,
se convino en los artículos siguientes:
"1º El encargado de negocios de la Nueva Granada,
Rufino Cuervo, suspenderá su marcha del territorio ecuatoriano,
teniéndose por retirado el pasaporte que se le había expedido.
"2º El gobierno del Ecuador enviará, lo más pronto
posible, un comisionado a Bogotá con instrucciones a su agente
diplomático, residente en aquella ciudad, con el fin de que dé
explicaciones convenientes al gobierno granadino, y active la
conclusión de nuevos tratados, sobre bases recíprocamente
ventajosas a ambos países.
"3º
|
El encargado de negocios de la Nueva Granada
despachará, por su parte, otro comisionado que informe a su
gobierno de todo lo ocurrido y solicite instrucciones a las cuales
arregle su conducta ulterior.
"4º
|
Mientras que se entienden y arreglan los dos
gobiernos, conforme al derecho de gentes, se mantendrán las cosas
en el estado que hoy tienen, sin alterarse las relaciones de
amistad y buena inteligencia entre las dos repúblicas.
"5º
|
Ni por el gobierno de la Nueva Granada ni
por el del Ecuador podrán ser molestados por sus opiniones y
conducta política anteriores, los habitantes de los cantones que
comprende la provinia de Pasto, ni serán perseguidos o
extorsionados bajo ningún motivo ni pretexto.
"6º Las relaciones de tráfico y comercio entre los
cantones de Barbacoas y Tumaco con los de Pasto y Túquerres, lo
mismo que con las provincias del Ecuador, subsistirán bajo la más
completa seguridad y buena fe, respetándose religiosamente las
propiedades de sus respectivos habitantes."
Los negociadores se aplazaron para el día siguiente con el fin
de firmar el acta protocolizada. Abierta la sesión, el comisionado
del Ecuador habló el primero, diciendo que, a intento de que los
puntos acordados no fueran a sufrir desaprobación o retardo, los
había puesto anticipadamente en noticia de su gobierno, y que éste
deseaba se redactase el artículo 4º en los términos siguientes:
"Mientras se entienden o arreglan los dos gobiernos,
conforme al derecho de gentes, la provincia de Pasto queda bajo la
dependencia del Ecuador, sin que las ocurrencias del mes pasado
puedan alterar las relaciones de amistad y buena inteligencia entre
las dos repúblicas." Como manifestase el ministro
granadino que no convenía en que se hiciese la menor variación o
reforma en lo acordado el día anterior, solicitó el comisionado del
Ecuador que por un artículo adicional se pactase que
"entre tanto que se restableciese la paz en la Nueva
Granada, hubiese guarniciones ecuatorianas en los cantones de
Barbacoas y Tumaco". Opúsose nuestro ministro a la entrada
de tropas ecuatorianas en estos cantones, fundándose en que con
ella se destruiría el
|statu quo acordado el día anterior
como medio conducente, aunque provisional y transitorio, para que
los dos gobiernos pudiesen llegar a un arreglo conforme al derecho
de gentes; en que con los pronunciamientos de Pasto y Túquerres,
verificados mientras estas comarcas se hallaban guarnecidas por
fuerzas del Ecuador, quedaron insubsistentes los convenios
celebrados con el general Herrán; en que Tumaco y Barbacoas podían
defenderse de por sí en caso de cualquier peligro; en que estas
poblaciones no admitirían sin sumo desagrado auxilios del Ecuador,
de lo que podrían sobrevenir consecuencias alarmantes; y finalmente
en que, aun llegado el caso de una invasión repentina, podría
proveerse a la seguridad del Ecuador colocando destacamentos en
varias posiciones ventajosas de los aledaños. Vencido en este
punto, propuso sucesivamente el ecuatoriano que "ni la
Nueva Granada ni el Ecuador pudieran, hasta el restablecimiento de
la paz, introducir tropas en los cantones de Barbacoas y
Tumaco"; que "en caso de que alguno de dichos
pueblos fuese ocupado por alguna o algunas de las partidas de la
facción del general Obando, pudiese el gobierno del Ecuador remitir
tropas a cualquiera de esos puntos, con el fin de arrojar de ellos
a los facciosos y restablecer el orden legal"; o que
"se fijase de una vez lo que podría hacer el Ecuador en
semejante caso". El doctor Cuervo se rehusó a todo esto,
como era debido. En lo que sí convino fue en que reconocida la
imposibilidad en que por el momento se hallaban los mineros y
cambistas de Barbacoas para conducir los oros a las casas de moneda
de Popayán y Bogotá, pudieran sacarse para el Ecuador, ofreciendo
que haría el gobierno las indicaciones oportunas a fin de que,
sometiéndose el asunto a la Junta de Hacienda, se dictasen por ella
las medidas generales interinas más convenientes, así para el
ensayo legal como para las seguridades que debían exigirse en el
pago de fundición, quinto, amonedación y demás derechos; de forma
que al mismo tiempo que se consultasen los intereses particulares,
se asegurase el pago exacto y puntual de una de las contribuciones
de la nación granadina, sin la menor defraudación y dando cuenta
oportunamente al gobierno granadino.
Con esto se firmaron las conferencias, en que el menos perspicaz
penetra por una parte el designio de apoderarse de toda la
provincia de Pasto, tratando de asir la menor prenda que pudiera
dar a entender que la Nueva Granada había abdicado una mínima parte
de su soberanía, y por otra encuentra la habilidad que defiende
todas las entradas y pone a salvo los derechos y la honra de la
nación.
Los apuntes del doctor Cuervo nos describen así la situación de
Pasto:
"Entre tanto que se echaban en Quito los cimientos de
reconciliación y estrecha amistad entre la Nueva Granada y el
Ecuador, tenían lugar en Pasto sucesos de grande entidad. Los
indios de La Laguna, a quienes Flores agasajaba con esmero
apellidándolos los tiroleses de América, por su destreza en el
manejo del fusil, le pidieron un día armas y jefe para ir a
combatir a los facciosos que amagaban a la provincia. Todo les fue
concedido, y habiendo marchado camino del Juanambú, asesinaron al
comandante Ramón Villota, y se dividieron en partidas de guerrilla,
siendo su jefe un tal Simón Josa, indio brioso y esforzado.
Despechado por tan inesperada perfidia, mandó flores incendiar el
pueblo de La Laguna y conducir a Pasto las mujeres y niños que en
él se encontrasen; represalia atroz no disculpable ni aun en el
ardor que produce una larga y sangrienta refriega.
"Por el mismo tiempo salió de Pasto con cien jinetes y
algunos infantes el coronel ecuatoriano José Martínez, en dirección
al Mayo, donde trabó el 19 de junio a las doce de la noche un
combate que dio por resultado retirarse los facciosos al pueblo de
Veinticuatro. Al despuntar el alba del día siguiente recomenzó la
pelea con las partidas reunidas de Estanislao España y Fidel
Torres, y después de algunas horas decidióse la victoria por estos
últimos, escapando a duras penas el coronel Martínez con ocho de
los suyos.
"Al principiar el mes de julio se alzaron en masa
contra la dominación ecuatoriana los pueblos de Túquerres, con
excepción del de Pupiales. Además del enojo que causaba a aquellos
vecinos el verse agregados al Ecuador, mostrábanse quejosos por los
atropellamientos de algunas autoridades y por los excesos e
impunidas violencias que había cometido la columna ecuatoriana
|Pichincha. Fomentaban además el descontento las
predicaciones de los curas y las exhortaciones del obispo auxiliar
de Pasto. Distinguióse por el ardor con que tomó a pechos la causa
granadina el cura de Carlosama, don Juan José Arellano, quien,
saliendo de Barbacoas, insurreccionó el destacamento ecuatoriano
que estaba en El Guambo, y animaba a los pueblos con su presencia y
con su ejemplo. En Túquerres se apoderaron los levantados de
algunos fusiles y municiones.
"Acontecimiento tan poco previsto complicó más y más la
situación de Flores, quien hostigado por los lagunas y por los
vencedores en Veinticuatro, forzado a rechazar a veces no sin
pérdida diarias embestidas y escaso ya de vituallas para el
mantenimiento de sus tropas, temió con razón ver cortada su
comunicación con Quito; mayormente después que se le avisó haber
sido destruído el puente del Guáitara. En consecuencia emprendió su
retirada de Pasto el 8 del mismo julio, encaminándose por el paso
del Funes y molestado siempre por las partidas enemigas que le
causaban no poco azoramiento y pérdidas. El 13 llegó a Pupiales, y
en los días siguientes tuvieron sus tropas que sostener varias
escaramuzas y reencuentros con la gente que había venido de Pasto
persiguiéndolo y con los paisanos de Túquerres, hasta obligar a
todas estas partidas a repasar el Guáitara. El 20 quiso repasarlo
también el general Flores, mas no lo pudo lograr por la resistencia
que le opusieron las fuerzas contrarias y por estar el río
sumamente crecido. Fijó entonces su campo en Túquerres y pidió
refuerzos a Quito.
"Terrible fue para el amor propio de Flores su retirada
de Pasto, y no lo fue menos para los miembros del gobierno
ecuatoriano, quienes empezaron a manifestar en todos sus actos
grande aturdimiento y desmaña, y renovaron respecto de mí
anteriores recelos y desconfianzas, achacándome que era autor y
director de los sucesos de Túquerres."
Subió a tánto la ojeriza de los gobernantes del Ecuador contra
el doctor Cuervo, que aun se hizo capítulo de la amistad que le
profesaba el antiguo y benemérito coronel de Colombia don Francisco
Madrid para darle de baja en el ejército ecuatoriano; se interceptó
y violó su correspondencia oficial, y continuamente se le espiaba y
vigilaba como persona sospechosa.
En cuanto a los efectos que produjo la retirada de Flores en los
sucesos de la Nueva Granada, continúan así los apuntes
referidos:
"Vista por otro lado la retirada del general Flores de
Pasto, ella perjudicó no poco a la causa del gobierno legítimo
granadino. Las fuerzas de los facciosos habían crecido y debían
seguir creciendo con las que antes sostenían al gobierno, las
cuales, estrechadas entre someterse a un usurpador extranjero o a
un revoltoso nacional, preferían, aunque con dolor, este último
extremo. Verificóse así especialmente en el cantón de Túquerres,
cuyos habitantes laboriosos, obedientes y de natural pacífico se
unieron en gran número, después de dicha retirada, a los enemigos
de ese mismo legítimo gobierno granadino a quien siempre se
mostraron leales, más bien que aguantar en silencio la coyunda
ecuatoriana: prueba evidente, que no debe desaprovecharse, de que
en las convulsiones políticas la necesidad, el miedo o el acaso
colocan en uno u otro bando a muchos de los que siguen opiniones
opuestas. Gran quebranto recibió de todo esto la causa nacional,
así como de haberse abandonado posiciones ventajosísimas en que
había de encastillarse Obando. Así que por las estrechas miras y
mermado tacto político de los hombres de Estado del Ecuador, se
perdió la única ventaja que pudiera aguardarse de la malhadada
intervención."
Flores antes de salir de Pasto llegó a figurarse que los
levantamientos indicados se debían a nuevos triunfos de Obando, y
empezó a dar trazas de entenderse con él; así fue que le envió por
comisionado a Popayán al coronel José María Villamil con el fin
ostensible de celebrar un convenio militar. Y como si estos pasos
no fuesen ya bien eficaces, el gobierno de Quito lo apremia para
que a la mayor brevedad éntre en relaciones con aquel caudillo,
arreglando la cuestión de límites y auxiliándolo con eficacia para
terminar cuanto antes la guerra en provecho de los revolucionarios.
Sabedor el doctor Cuervo de tan maquiavélico proceder, pasa la
comunicación siguiente:
"Quito, 30 de julio de 1841.
"El infrascrito encargado de negocios de la Nueva
Granada tiene la honra de dirigirse al señor ministro de relaciones
exteriores del Ecuador con el objeto formal de pedir francas,
prontas y positivas explicaciones sobre los hechos y puntos
siguientes:
"1º El acuerdo del gobierno ecuatoriano para transigir
de cualquier modo la cuestión de Pasto y poner término a la guerra
en que se ha empeñado, se entiende hasta el punto de entrar en
arreglos con el jefe disidente José María Obando, aun sobre límites
de la Nueva Granada y Ecuador, como lo ha expresado sin rebozo un
miembro del consejo y otras personas de importancia?
"2º Habiendo llegado antes de ayer de Túquerres el
señor coronel Manuel Zubiría trayendo tres cartas para el
infrascrito, una de S. E. el general Flores, otra del general Daste
y otra del señor jefe de E. M
|. Nicolás Vernaza, ¿qué motivo
tuvo el gobierno para ordenar al expresado coronel que no entregase
dichas cartas, someter después a consulta del consejo este negocio,
que con mucha justicia ha ocupado la atención pública, dando lugar
a toda clase de comentarios?
"El infrascrito espera que en esta ocasión será
favorecido por S
|. E. el señor Marcos con una respuesta
terminante y directa, para evitar la repetición de notas que no
conducirían a ningún resultado lisonjero.
"Acepte V
|. E., etc.
Rufino Cuervo."
Por once días aguardó inútilmente que se le contestase; al cabo
de ellos recordó al ministro con una nota verbal que se le debía
una respuesta; pero también guardó silencio. El 12 de agosto llega
a la legación el capitán Zarama como correo de gabinete con la
noticia de la brillante victoria de La Chanca, obtenida sobre
Obando el 11 de julio por las fuerzas del gobierno, y el doctor
Cuervo se la comunica al ministro. Ala mañana siguiente se le
corresponde con una calurosa felicitación, y pasadas algunas horas
se le dan todas las explicaciones que había pedido. Asegurábasele
que el gobierno jamás había pensado en entrar en relaciones con los
revolucionarios; aserto que el anterior obstinado silencio
infirmaba visiblemente. Era además notorio que desde el 7 de agosto
había llegado al cuartel general del presidente del Ecuador, Blas
Brusual como plenipotenciario de Obando; desgraciadamente para éste
el 9 pasó Zarama por el cantón de Túquerres, envió a Flores las
comunicaciones de Mosquera en que le noticiaba la victoria de La
Chanca con los demás triunfos del gobierno, y se desvanecieron como
humo los tratos entablados
|
(5)
. No tenemos documentos que muestren los
pormenores exactos de lo que allí se convenía. Se ha querido paliar
esta confabulación con la conferencia celebrada por Brusual con el
coronel Vernaza, representante de Flores, el día 13, y reducida a
que se permitiese a Obando y a los suyos libre tránsito por el
Ecuador hasta embarcarse para salir al extranjero; pero la voz
pública daba por cierto que antes de esta fecha se pactaba cosa muy
diferente y todo en perjuicio de la Nueva Granada. Las cartas de
Flores al doctor Cuervo dan alguna luz sobre el particular, a pesar
del disimulo y maña con que están escritas. En la de 16 de agosto,
sin darse absolutamente por entendido de las noticias que ya sabía,
y contestando a la carta en que se le hablaba de los proyectos del
gobierno de Quito para negociar con Obando sobre límites, se
expresaba así: ''Creo excusado decir a V
|. que soy el mismo
que usted conoció en Quito, esto es, el mismo amigo de usted y el
mismo amigo de la Nueva Granada, firme en sus opiniones y
principios. En prueba de esta verdad ya sabrá usted que no he
querido prestarme a la celebración de ningún tratado o convenio que
pueda menguar el honor de la Nueva Granada y comprometer sus más
caros intereses, y que aun he preferido correr todos los azares de
la guerra y de la revolución antes que abandonar un puesto que
habría facilitado al enemigo de los dos gobiernos y de las dos
naciones sus empresas ambiciosas." Aquí so capa de amistad
y buena obra parece no haber en realidad sino el pensamiento de
imponer de antemano una justificación. Al día siguiente después de
recibida la correspondencia del doctor Cuervo relativa a los
triunfos memorados, le escribe: "Las conferencias que le
acompaño (las de Brusual y Vernaza) le revelarán la firmeza con que
he rechazado sus proposiciones. Fácil debe ser a usted comprender
que se me han hecho otras proposiciones privadas que también he
rechazado." En suma, pues, Obando sí hizo a Flores
proposiciones en perjuicio de la Nueva Granada; que Flores mismo no
Podía en esos momentos confesar que las aceptaba, es evidente. Mas
ninguna necesidad hay de derramarse en conjeturas, porque estos
proyectos fueron tan notorios en el Ecuador, que don Modesto
Larrea, caballero tan culto como ilustrado que en 1830 se granjeó
general simpatía en Bogotá, y el mismo que había de firmar en 1846
con el general Herrán el convenio en que se sellaron las antiguas y
buenas relaciones de los dos Estados, declaró en la Convención de
1843 que nadie se atrevería a negar que el gobierno ecuatoriano
había acordado entrar en relaciones sobre límites con el faccioso
Obando en 1841
|
(6)
.
Todo concurre, pues, a afianzar la creencia de que la victoria de
La Chanca hizo por el momento en el ánimo de Flores el mismo efecto
que en el ministerio de Quito
|
(7)
.
Flores, que con cuanto había acaecido no las tenía todas
consigo, llegó a concebir el recelo de que la Nueva Granada le
haría la guerra, y comenzó a temporizar con los revolucionarios. En
una carta dejó entender al doctor Cuervo que Obando no renunciaba a
sus esperanzas, y que él le tenía ahí a la mano para cualquiera
contingencia de guerra o de que no se le cumpliese lo ofrecido (17
de agosto). Esto pareció tan grave a nuestro ministro, que lo
trascribió en seguida a su gobierno 22 de agosto). En Quito se
decía también públicamente que Obando iba a ser la vanguardia de
Flores. Comoquiera que sea, el último resolvió valerse de sus
recelos, reales o fingidos, para asustar y sacar buen partido en
las negociaciones que estaba impaciente de entablar. El doctor
Cuervo, que había recibido cartas del general Mosquera en que le
decía contar con cuatro mil veteranos para hacer respetar a la
Nueva Granada, daba largas a las repetidas instancias con que el
jefe ecuatoriano le llamaba a su cuartel general, juzgando que el
respaldo de una división veterana facilita el arreglo de las
cuestiones internacionales; pero no tanto que el tiempo pasaba y no
había noticia de que se movieran los tales cuatro mil hombres, cayó
en la cuenta de que con frecuencia en ciertos militares la
fanfarronería los lleva a alejarse de la verdad y a alucinar a los
que creen en ellos. Para impedir pues que Flores, afirmándose en la
idea de que la Nueva Granada iba a hacerle la guerra, engrosase sus
fuerzas con los restos y partidas de facciosos que aun quedaban por
Pasto, resolvió trasladarse a Túquerres, dispuesto a esgrimir, si
menester fuese, las mismas armas que en estos días usaba la falaz
política ecuatoriana.
Después de protestar su inocencia en los sucesos de Pasto y
asegurar que estaba ya despachado para Bogotá un jefe con el
encargo de dar las explicaciones estipuladas en el convenio de 23
de junio, acabó el presidente del Ecuador por proponer al doctor
Cuervo la celebración de un tratado de límites, por el cual se
cediesen al Ecuador los cantones de Túquerres, Barbacoas y Tumaco,
de conformidad con lo prometido desde 1840 por los generales Herrán
y Mosquera. Negóse a ello el ministro granadino alegando la falta
de poder y de instrucciones de su gobierno, y además lo inoportuno
de las circunstancias. Pero éstas exigían una solución inmediata;
la sugirió la ceguedad de Flores, que atribuyendo a las promesas
puramente personales de Herrán y Mosquera una importancia que no
podían tener en mi país gobernado constitucionalmente, cifraba la
principal queja del Ecuador en que, no viéndose el resultado de
tales promesas, era seguro que estos generales las habían hecho sin
intención de cumplirlas; así fue que se contentó con que el
ministro granadino le garantizase la lealtad y buena fe con que
ellos procedieron y habían de proceder. El doctor Cuervo no dudó
hacerlo, porque claro era, como él decía al gobierno granadino, que
en su carácter público y aun en el privado no habría venido bien
poner en duda la probidad e hidalguía de sentimientos, no ya de dos
hombres prominentes de su patria, pero ni del último ciudadano
honrado de ella. Celebróse la conferencia de 4 de septiembre de
1841 entre el ministro granadino y el general Bernardo Daste,
plenipotenciario del gobierno del Ecuador. Por ella consiguió
nuestro negociador su principal objeto, a saber: que Flores
retirase su apoyo a los facciosos y que, quebrantando lo pactado
con Brusual, se comprometiese a no dejarlos embarcar para la Nueva
Granada. En cuanto a la cuestión capital del tratado de límites, es
evidente que no hizo otra cosa que deslumbrar al plenipotenciario
ecuatoriano y a Flores, usando expresiones hábilmente combinadas
que produjesen efecto leídas de ligero, pero que examinadas con
cuidado, en vista de las promesas de Herrán y Mosquera, sólo
contienen la garantía de la buena fe y lealtad de nuestros
generales, sin comprometimiento alguno para la nación. Para que
constase siempre que en cuanto a cesión de territorio las promesas
de que se trataba eran personales, no hizo mención de los
documentos oficiales que andaban impresos sino de una carta
particular de Herrán; por otra parte salvó su honradez recordando
que aun el tratado que ahí mismo se celebrase quedaría sujeto a la
aprobación de su gobierno, que era como sugerir que con más razón
lo estaban promesas privadas. Esquivó tocar él mismo la cuestión de
límites, para lo cual no estaba autorizado, e igualmente entrar en
discusiones que hubieran imposibilitado la consecución inmediata de
lo que pretendía; mas no por eso desaproveché la ocasión de asentar
su sentir sobre la naturaleza del tratado que debía celebrarse.
"Su opinión era, dijo, que, estando tan estrechamente
unidos los pueblos granadino y ecuatoriano, en recuerdos y
esperanzas, en intereses y sentimientos, debían adelantar un poco
más sus relaciones respecto del comercio y auxilios recíprocos para
sostener su independencia y soberanía nacional; todo lo cual
quedaría arreglado por un tratado definitivo luégo que se hubiera
verificado la pacificación de Pasto." En comprobación de
este juicio copiamos la parte correspondiente de la
conferencia:
"El mismo señor Baste expuso que su gobierno le tiene
autorizado para celebrar definitivamente el tratado de límites
territoriales entre las repúblicas del Ecuador y Nueva Granada,
bajo las bases ofrecidas por SS. EE. los generales Herrán y
Mosquera, que son dar por línea divisoria el río Guáitara,
siguiendo el curso del Patía hasta su desembocadero al mar; que
este deseo razonable se aviva más y más al considerar que ya se
nota en los pueblos del Ecuador algún desasosiego, después de los
sacrificios que han hecho en el período de un año y después de los
azares que han corrido para cumplir los compromisos que contrajo el
gobierno ecuatoriano con el de la Nueva Granada; que a esto se
agrega que, como lo sabe el señor Cuervo, el cantón de Tumaco
|
(8)
se considera
como en depósito por haber pertenecido al Ecuador antes de 1810,
según se colige del artículo 1º del tratado adicional celebrado en
Pasto, pertenencia que jamás se ha disputado el Ecuador, ni pudiera
disputársele, porque no era dable que con un mismo principio (el
del
|uti possidetis de 1810) se exigiesen dos cosas
contradictorias; que lejos de abrigar una mezquina desconfianza
acerca de las promesas tántas veces reiteradas, el gobierno
ecuatoriano y S. E. el general Flores en especial tienen la misma
viva fe en la lealtad del gobierno granadino y en el honor de sus
dos esclarecidos generales; pero que siendo, por otra parte,
indispensable abrir una nueva campaña, la cual demanda mayores
sacrificios, parece excusable que se anhele por un tratado que
arregle los intereses de las dos naciones. Finalmente, que si este
tratado es satisfactorio, cual espera el pueblo ecuatoriano, tendrá
este motivo más de apreciar al granadino, en cuyo honor y gloria se
interesa, y de reconocer los constantes y buenos deseos del
honorable señor Cuervo.
"El ministro granadino contestó que por carta
particular de S. E. el general Herrán está impuesto de las promesas
de que habla el honorable señor Baste
|
(9)
, y que no vacila en asegurar que serán
fiel y rigurosamente cumplidas, estando a la cabeza del gobierno
granadino el mismo general Herrán que las hizo, y no pudiendo dudar
un momento de su lealtad y buena fe, ni tampoco de la de S. E. el
general Mosquera: que si en el transcurso de un año nada se ha
adelantado y concluído sobre el particular, debe buscarse la causa
de ello en la situación apurada y congojosa en que se ha encontrado
la Nueva Granada, lidiando con las facciones más encarnizadas que
pueden producir el espíritu demagógico y bastardas y rencorosas
pasiones; y que aun hoy mismo está bregando por exterminar los
restos de esas facciones, que han venido a guarecerse en las
ásperas breñas de Pasto; que tal estado de cosas no es, sin duda,
el más aparente para un arreglo de límites, que sólo puede
ejecutarse bajo los auspicios de la paz, consultando los verdaderos
intereses de ambos países; que además de esto carece de los plenos
poderes especiales cuales los exige el derecho de gentes, para la
celebración de un tratado en forma; que en la actualidad no puede
hacer otra cosa para tranquilizar el ánimo del gobierno ecuatoriano
sino dar cuantas seguridades le permita su carácter público de que
los ofrecimientos de que se trata
|
(10)
no han sido vanas palabras, como no ha
dejado de propalarse siniestramente; que entre los gobiernos, lo
mismo que entre los individuos, debe confiarse en la moralidad de
los hombres, en las leyes del honor y en el sagrado de la palabra;
que sin esta confianza no debía contarse con ninguna seguridad ni
en el tratado que hoy se hiciera, pues siempre quedaría sujeto a la
aprobación del gobierno; y por último, que su opinión era que
estando tan estrechamente unidos los pueblos granadino y
ecuatoriano en recuerdos y esperanzas, en intereses y sentimientos,
debían adelantar un poco más sus relaciones respecto del comercio y
auxilios recíprocos para sostener su independencia y soberanía
nacional; todo lo cual quedará arreglado por un tratado definitivo
luégo que se haya verificado la pacificación de
Pasto."
El general Posada en sus
|Memorias (tomo II, página 259),
después de copiar esto mismo, agrega algunas apreciaciones que
iremos comentando una por una:
"Ni el general Herrán ni el general Mosquera reclamaron
de los términos tan fuertemente expresivos de la esforzada validez
que dio el negociador granadino a los ofrecimientos que hicieron al
presidente del Ecuador, promesas en las que el señor Cuervo
consideraba comprometido el honor, la buena fe, la lealtad de ambos
generales, y esto dicho en su carácter oficial y en un acto tan
solemne como el de una conferencia diplomática, lo que hasta cierto
punto comprometía también la dignidad de la República."
Los generales Herrán y Mosquera no reclamaron, ni pudieron ni
quisieron reclamar, porque ellos mismos se creían comprometidos a
cumplir su palabra, es decir, a emplear todo su influjo particular
para que el tratado de límites se hiciese conforme a los deseos del
Ecuador. El carácter privado de estas promesas era cosa entendida
entre los dos negociadores y constaba de documentos oficiales, de
suerte que por ellas en nada se comprometía para con el Ecuador el
gobierno granadino; tanto más que en el lugar cuestionado no se
esfuerza la
|validez o firmeza obligatoria de tales promesas
en absoluto, sino la buena fe con que se hicieron y la lealtad con
que serían cumplidas. Vamos ahora a ver como procedieron nuestros
dos generales, y por su conducta aparecerá que el doctor Cuervo
nada afirmó que ellos no estuviesen entonces dispuestos a ejecutar.
Herrán habla en estos términos escribiendo al doctor Cuervo el 3 de
agosto de 1842:
''Es tan pronunciada, tan enérgica y tan unánime la oposición
que hay en la Nueva Granada con respecto a la cesión del cantón de
Túquerres proyectada, que no hay poder humano capaz de
contrariarla, gracias a los pronunciamientos que tántos dolores de
cabeza te causaron; gracias al manejo que el Ecuador tuvo con el
cantón de Barbacoas, y más que todo, gracias al trato que te dio el
señor Marcos, tu
|rendído servidor. No es menos la impresión
de horror y de descrédito que aquí se tiene por los pasos que dio
el Ecuador para tratar con Obando y las consideraciones que en
Quito se tributaron a su mujer.
"Desde que yo vine de Pasto principié a influir con
activo empeño, pero de un modo franco, razonable y decente para
popularizar la fijación de límites en el Guáitara. Encontré apoyo y
grande cooperación, logré generalizar las más vivas simpatías en
favor del Ecuador, todo estaba hecho: hice más de lo que ofrecí
particularmente al general Flores. Sábese lo ocurrido en el sur, y
todo cambia a un extremo contrario. Mis amigos que habían convenido
ya conmigo, me dicen: ¿Será honor para la Nueva Granada hacer
concesiones a un gobierno que en nuestros conflictos usurpó una
parte de nuestro territorio, que por sus manejos tomó incremento la
facción de Obando, que es responsable de la pérdida de Popayán, que
hostilizó al cantón de Barbacoas por su fidelidad, que inició
tratados con Obando, que ultrajó y despidió escandalosamente a
nuestro encargado de negocios? Me reconvienen, diciéndome: ¿Es el
Ecuador el fiel aliado de quien usted nos respondía? ¿Y si ahora le
concedemos que se extienda hasta el Guáitara, no pretenderá en
seguida extenderse hasta Guanacas y Quindío ?
"Me he extendido mucho en un negocio que aún no te
había tocado y sobre el cual me proponía ahora decirte solamente
cuatro palabras; pero no he podido contenerme, porque he sido
víctima inocente de intrigas y mala fe."
El general Mosquera contestando al doctor Cuervo la carta que le
escribió el mismo día de las conferencias y comunicándole lo hecho
en ellas, se expresa así: "Los pasos que usted ha dado
están enteramente de acuerdo con las miras del gobierno granadino.
Otro tanto digo con respecto a la celebración del tratado de
límites y de las oportunas respuestas que usted dio, haciendo honor
a nuestras promesas particulares, y de que estoy yo sumamente
reconocido, y lo será el general Herrán, cuyo honor y lealtad está
fijado en su corazón como sobre una base de diamante." No
paró aquí Mosquera: en la respuesta que dio al discurso que le
dirigió Flores el 4 de octubre al encontrarse en Pasto, y que el
mismo general Posada califica de feliz, profirió estas palabras que
él mismo trae (pág. 261): "Os repito con lealtad y buena
fe los ofrecimientos que en asocio de S. E. el general Herrán os
hice, de contribuir a la conclusión de un tratado de límites con la
república del Ecuador, satisfactorio para ambas naciones, para lo
cual emplearé todo el influjo que mi carácter público pueda darme y
el que me faciliten mis relaciones personales; y es seguro que el
general Herrán hará lo mismo." Todavía pasó más adelante:
el 3 de noviembre siguiente acordó y firmó por medio de un
comisionado, que no fue otro que el mismo general Posada, la
esponsión de Pasto por la cual se cedían al Ecuador los cantones de
Túquerres y Tumaco, compuestos de quince parroquias con una
población de 38.281 habitantes; convenio que produjo tan
desagradable impresión, que el gobierno lo improbó a despecho de
las instancias de Mosquera para que lo aprobara. El general Posada
pasa sobre este punto como sobre brasas, tal quo se olvida de
referir la materia del convenio y hasta la parte que en ello tuvo
|
(11)
.
"El resultado de este incidente, que se presentó al
principio con un carácter grave (continúa Posada) fue que el
general Flores se dio por satisfecho con la confianza que
manifestaba nuestro ministro en que se haría un arreglo conforme a
las promesas hechas por los generales Herrán y Mosquera, y quedó el
asunto terminado por entonces." Si el incidente a algunos
pareció grave, no lo fue, por la cuenta, ni para Mosquera ni para
Posada. Repetirnos que la confianza del ministro granadino no se
refería a que el tratado sería conforme a las promesas, sino a que
éstas se cumplirían. Por otra parte, las personas imparciales y
bien impuestas en los acontecimientos reconocieron desde un
principio la habilidad con que el doctor Cuervo logró el objeto con
que vino a Túquerres.
|El Comercio de Lima, en su número
correspondiente al 23 de noviembre de 1841, después de un juicio
desapasionado de los últimos sucesos de la Nueva Granada, se
resumía así: "Todos han jugado al
|engañado
engañado. Obando quería apoyarse en Flores para hacer triunfar
su partido, y Flores quería apoyarse en Obando para hacerse dueño
de la provincia de Pasto. Cuervo les ganó de mano a ambos, y
desbarató sus proyectos, porque ni el uno consiguió la menor
ventaja en favor de su partido, ni el otro ha adquirido más títulos
a la provincia de Pasto que los que emanan de simples promesas
individuales, que no son ni pueden ser obligatorias a la nación
granadina. Todo ha quedado en el mismo estado que tenía en octubre
de 1841"
|
(12)
.
"Es también de notarse (concluye Posada) que nuestro
ministro no hubiera hecho observación alguna a la alusión del
ministro ecuatoriano respecto al principio adoptado del
|uti
possidetis de 1810 por las nuevas repúblicas, porque ese
principio no podía alegarse por la del Ecuador, por cuanto las
provincias que después formaron la república de este nombre eran,
en 1810, parte integrante del virreinato del Nuevo Reino de
Granada, y así fue que cuando dicha república, a la disolución de
la Gran Colombia, se constituyó, no lo alegó directa ni
indirectamente para fijar sus límites. Pretendió después hacer
valer las actas proditorias de 1830, porlas que todo el
departamento (hoy Estado) del Cauca se agregó al Ecuador para
eludir el juicio a que fueron llamados los generales Obando y López
por el general Urdaneta, todo lo que ya es conocido del
lector." Para mejor inteligencia de este punto copiaremos
el artículo 1º adicional del tratado concluído entre la Nueva
Granada y el Ecuador el 8 de diciembre de 1832, siendo comisionados
por parte de la primera el general José María Obando y el entonces
coronel Joaquín Posada Gutiérrez:
"Habiéndose manifestado por parte del Ecuador que los
puertos de Tola y Tumaco, comprendidos en la provincia de la
Buenaventura por la ley colombiana de veinticinco de junio de 1824,
sobre división territorial, debieran corresponder y pertenecer a
aquel Estado, a mérito de que aun antes del año de 1810 estaban
incorporados al territorio de la presidencia y gobernación de
Quito; y no reputándose autorizados los comisionados de la Nueva
Granada para acordar cosa alguna en este punto, han convenido en
que el gobierno del Ecuador se entienda con el de la Nueva Granada
a fin de que por medio de pactos o estipulaciones particulares se
arregle y determine."
Aquí se ve que el comisionado del Ecuador manifestó que Tola y
Tumaco debieran corresponder a este Estado por haber pertenecido
desde antes de 1810 a la presidencia de Quito; por manera que sí se
alegó el principio del
|uti possidetis, y nuestros
negociadores, cediendo a aquella indicación, dejaron indeciso el
derecho de la Nueva Granada en este punto. De aquí la delicada
situación del doctor Cuervo, cuando se le alegó que Tumaco, fiel
ahora como antes a la Nueva Granada, no le pertenecía
definitivamente según el contexto de los tratados cuya observancia
venía sosteniendo tan ardorosamente. No le quedó pues otro camino
que eludir completamente toda discusión sobre el particular. En las
conferencias que precedieron a la esponsión de Pasto y en las
cuales designé Mosquera al mismo inculpador Posada para celebrarla,
Flores repitió con respecto a Tumaco el mismo argumento del
|uti
possidetis, y el general granadino nada replicó ni apuntó; sin
embargo, para él no tiene nuestro historiador palabra alguna de
reproche
|
(13)
.
Nosotros disculpamos, y cualquiera disculpará, que el general
Posada se sienta empachado para confesar que con Obando en 1832 y
con Mosquera en 1841, es decir con los dos hombres contra quienes
enderezó casi exclusivamente sus
|Memorias, dejó primero
indecisos los derechos de la Nueva Granada a parte de su
territorio, y luégo cedió esta misma parte con otra. Pero lo que no
queremos calificar es que por una especie de diversión militar
trate de resguardar su reputación, callando la parte que en todo
esto le cupo y extendiéndose en acriminar al que en época tan
luctuosa defendió con más energía la integridad nacional.
FIN DE TOMO I
|
(1)
|
Un fragmento de la carta del señor Márquez fue publicado en
|El Día de 19 de diciembre de 1844.
|
|
(2)
|
Véase la carta de Flores al doctor Cuervo, publicada en
|El
Día de 16 de enero de 1842 (*).
(*) En el tomo II del
|Epistolario (1920) publicamos la correspondencia de Flores
al respecto. (Nota de Luis Augusto Cuervo.)
|
|
(3)
|
Véase la carta en el tomo II del
|Epistolario, página 64.
(Nota de Luis Augusto Cuervo.)
|
|
(4)
|
El señor Cevallos dice que fue público haberse retardado la
contestación mientras llegaban de Pasto las instrucciones de
Flores.
|Resumen de la historia del Ecuador, V, 381. El mismo
respetable historiador se expresa así con respecto al documento
dicho: "Larga y minuciosa fue la contestación, y si no
salió asistida de buenas razones, porque ciertamente era
indefendible tan mala causa, salieron manifiestas y confesadas las
intenciones de que
|el depositario (son palabras del señor
Cuervo en su oficio del 31 de mayo)
|tenía que alzarse con la
cosa depositada, ya que explayándose amargamente acerca de los
términos que había empleado el agente granadino para pedir la
devolución del depósito, se negó a entrar en lo sustancial del
oficio que contestaba: ¿Por que? Porque siendo objeto de
|discusiones positivas, los gobiernos son los que solamente
negocian, y los agentes diplomáticos no son más que sus
órganos; y porque,
|ignorando el Gobierno que el señor Cuervo
esté provisto de instrucciones y poderes con este fin,
consideró no ser oportuno examinar las contiendas que pueden
originarse de las actas populares de la provincia de Pasto.
Desestimando en resolución el
|ultimátum, por conceptuarlo
fuéra de los límites que pudieran tener las instrucciones del señor
Cuervo, concluyó acompañando al oficio el pasaporte respectivo para
el agente y más personas de su comitiva, en cumplimiento, dice, de
una disposición
|muy expresa que había recibido a tal
respecto''. Por este análisis podrá el lector formar concepto de la
nota, que a causa de su extensión no podemos incluir aquí.
|
|
(5)
|
En el Ecuador se ha dicho que Flores supo la derrota de La
Chanca el día 5, con lo cual se desvanecería el cargo de haberse
tratado de potencia a potencia con el comisionado de Obando,
llegado el 7; pero es imposible que, recibida la noticia por Flores
con tánta anticipación, no la hubiese hecho saber en Quito antes
que la llevase Zarama.
|
|
(6)
|
Véase
|El Día de
|9 de abril de 1843.
|
|
(7)
|
Para establecer las debidas responsabilidades, si las hubiere,
en esta delicada cuestión internacional, deben consultarse los
|Apuntamientos del general Obando (Nota de Luis Augusto
Cuervo).
|
|
(8)
|
En las
|Memorias del general Posada se lee
equivocadamente
|Túquerres en lugar de
|Tumaco. El
comisionado Daste se olvidaba de que nuestro secretario de
relaciones exteriores declaró
|terminantemente en nota de 31
de mayo de 1836 que Tola pertenecía legítimamente al Ecuador.
|
|
(9)
|
Esto es, las promesas de emplear todo su influjo personal para
obtener la celebración del tratado en los términos deseados por el
Ecuador.
|
|
(10)
|
Es decir, los de emplear nuestros generales todo su influjo
personal para obtener la celebración del tratado en los términos
deseados por el Ecuador.
|
|
(11)
|
Véase Cevallos,
|Resumen de la historia del Ecuador, tomo
V, pp. 386, 389; y
|Gaceta de la Nueva Granada, número 883,
de 1º de junio de 1847.
|
|
(12)
|
El artículo de
|El Comercio parece fue escrito por el
mismo doctor Cuervo. Véase la carta del cónsul de Colombia en Lima,
don José del Carmen Triunfo, publicada en el tomo II del
|Epistolario, página 152 (Nota de Luis Augusto Cuervo).
|
|
(13)
|
Esta era la tesis que a todo trance venia sosteniendo el
Ecuador. Don P. F. Cevallos
|(Ubi supra, V, p. 390) dice que
el principal objeto de la misión de don Marcos Espinel, que
presento sus credenciales de encargado de negocios del Ecuador en
Bogotá por diciembre de 1840, era solicitar la devolución de
Tumaco, y funda el derecho de la reclamación en que Tumaco fue
incorporado a la presidencia de Quito en virtud de un decreto
expedido por el virrey de Santa Fe en 1805, y confirmado por real
cédula de 13 de julio de 1807.
|