INDICE





PRESENTACIÓN DE CARLOS JOSÉ REYES

PRÓLOGO

PREFACIO

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Francia - Las Azores - La costa de los Estados Unidos – Norfock - Washington - Calma chicha - Cartagena de Indias - Salida para Bogotá - Turbaco - Barranca - De Cartagena al Magdalena.

CAPÍTULO II
Salida de Barranca – El pueblo de Tenerife – Zambrano – La isla de San Pedro – Pinto – Santa Ana – Mompós - El gobernador de Mompós - Comercio de Mompós - Salida de Mompós - Margarita – Guamal - Peñón – Banco - La Sierra de Ocaña - Regidor - Río Viejo - M

CAPÍTULO III
Brazos del Magdalena - La Miel – Río Negro - Guarumo - El promontorio de Garderia - Los escollos de Perico - Honda - Descripción del Magdalena

CAPÍTULO IV
Camino de Honda a Bogotá - Río Seco - Venta Grande - La Montaña de Sargento - El valle de Guaduas - Villeta – Facatativa - Descripción del llano de Bogotá - El Salto de Tequendama – El puente natural de Pandi (Icononzo)

CAPÍTULO V
Viaje por la provincia de Socorro, situada al norte de Santafé de Bogotá.

CAPÍTULO VI
Estado del país desde 1498 hasta 1781 - Antiguos habitantes - Sus usos - Sus costumbres - Con quistas comerciales - Conquistas religiosas - Conquistas militares - Quesada - Debilitamiento de la población India - Los negros - Su estado y condición - Mezcla

CAPÍTULO VII
La revuelta del Socorro - Movimiento de 1794 - Virreyes españoles - Insurrección de Caracas en 1810 - Insurrección de Nueva Granada - El virrey Amar - Miranda – Bolívar – Monteverde - Conquista de Caracas - Bolívar pasa a Curaçao Sale de allí -

CAPÍTULO VIII
El virrey Sámano - Soldados españoles - Soldados americanos -  Bolívar entra en Santafé, pasa a Quito y luégo a Guayaquil -  Características de los principales generales.

CAPÍTULO IX
Nuevo gobierno - Constitución de Cúcuta - División del territorio en Departamentos -Renovación de los Cabildos - Leyes civiles – La justicia - El Congreso - El Poder Ejecutivo.

CAPÍTULO X
Regreso a Bogotá - Puente Real - Minas de cobre de Moniquirá - Chinquinquirá - Minas de sal de Zipaquirá.

CAPÍTULO XI
Fundación de Santafé de Bogotá - Clima - Casas – Interiores - La Catedral - Los conventos - El Hospital - Los colegios - El Palacio del Presidente - El Palacio de los Diputados - El Palacio del Senado - Las cárceles - La Casa de la Moneda y el Teatro

CAPÍTULO XII
Finanzas – Aguardiente – Papel sellado – Alcabala - Impuestos directos - Guerra - El ejército - Las piazas fuertes – Marina - Relaciones extranjeras.

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Bogotá para Popayán – Guaduas – Chaguaní – San Juan - Regreso a Guaduas - Breve estancia en esta ciudad - Beltrán - Ambalema - San Luis - Chaparral – Natagaima - Payandé - Samboja - Villavieja - Neiva.

CAPÍTULO II
Tambo del Hobo - Paso de Los Domingarios - Puente de cuerdas - La Plata - Pedregal - San Francisco - Inzá - La Montaña del Guanaco - Totoró - Paniquita - Popayán - El volcán de Puracé.

CAPÍTULO III
Descripción de Quito - Camino de Quito a Cuenca.

CAPÍTULO IV
Salida de Popayán - La mina de Alegrías Quilichao - El Cauca – Jamundí – Cali - Salida de Cali - Las Juntas.

CAPÍTULO V
Navegación peligrosa por el Dagua - Buenaventura - Descripción de la provincia del Chocó - Salida de Buenaventura en una goleta peruana - Llegada a Panamá - Observaciones acerca del Gran Océano.

CAPÍTULO VI
Descripción de la ciudad de Panamá - Las mujeres de Colombia.

CAPÍTULO VII
Descripción física de la República de Colombia – Montañas – Clima – Atmósfera – Estaciones – Temperatura – Vientos – Lluvias - Influencia tropical – Cosechas – Bosques – Ríos - Quebradas - Minas - Salinas - Volcanes - Lagos – Mares – Mareas

CAPÍTULO VIII
Población - Habitantes de los páramos - Los de las montañas en que se produce trigo - Los dos llanos - Indios bravos - Esclavos negros - Religión.

CAPÍTULO IX
Carácter de los colombianos.

CAPÍTULO X
Agricultura - Industria - Reflexiones sobre el banano – Minas - Moneda – Salinas - Comercio – Exportaciones - Importaciones.

CAPÍTULO XI
Vías de Comunicación por tierra y por agua - Leyes comerciales.

CAPÍTULO XII
Salida de Panamá - Cruces - El río Chagres - La Gorgona - Chagres.

CAPÍTULO XIII
Llegada a jamaica - Salida para Europa - Las Lucayas - Falmouth – Llegada a Francia.

NOTAS Y ACLARACIONES
| CAPÍTULO X
 

 

Agricultura - Industria - Reflexiones sobre el banano – Minas - Moneda – Salinas - Comercio – Exportaciones - Importaciones.

 

La agricultura, que no deja de tener importancia carece de estímulo por falta de salida para sus productos, a tal punto que la mayor parte de las tierras son baldías.                                               

En las tierras frías se utiliza el arado porque lo permiten las llanuras que hay en ellas; en los valles cálidos no se emplea sino el azadón.

Aunque se haya apreciado el valor de las tierras muy por lo alto, se estima que producen un tres por ciento. Se exceptúa un reducido número de propietarios debido a una circunstancia especial: que teniendo inmensos terrenos con pastos, pueden criar infinidad de cabezas de ganado, cuya venta da una renta considerable.

La feracidad del suelo varía según su altura sobre el nivel del mar y según las regiones. No hay datos generales sobre el valor de las tierras. Claro está que las desmontadas valen más que los baldíos, y además son también las mejores. Sin embargo se estima que una tierra buena para el cultivo del trigo y para la cría de ganado vacuno, de unas treinta cuerdas de largo por quince de ancho, valdría en la región fría mil piastras, y en la región cálida, doscientas. Una cuerda equivale a sesenta y ocho metros.

Una tierra de pan llevar, sólo de doce cuerdas por seis, de pasto para ovejas, se estima que puede valer en tierra fría quinientas piastras, y en tierra caliente, ciento.

Hace tiempo se llegó a cambiar una tierra de alguna extensión por una mula ensillada. Todavía hoy se suelen hacer negocios por el estilo, pero dentro de poco, esto cambiará seguramente.

Las haciendas mejores son las que están en las proximidades de la ciudades, especialmente de Bogotá. Tienen edificios buenos, y los graneros parece que contienen bastante grano, y podrían tener más si se dedican menos terreno a los pastos; pero por otra parte, si se disminuyen la extensión de éstos ¿qué sería de la gran cantidad de mulas y de caballos indispensables para las comunicaciones? Porque el terreno es tan quebrado que se necesitan muchas bestias de carga para transportar poca cosa. Desde Bogotá a Sogamoso se podría subsanar ese inconveniente abriendo caminos carreteros.

Aunque la ganadería dé enormes beneficios, sobre todo cuando los animales se crían en los llanos, no han sabido los ganaderos imitar la prudente organización de los jesuitas, que, para evitar a los animales la transición demasiado brusca entre el clima de las orillas del Meta y el de las del Bogotá, tenían, a distancias determinadas fincas en que dejaban descansar al ganado varios días; de esa manera los animales se iban preparando poco a poco para soportar un clima tan diferente del en que habían nacido; se evitaban así pérdidas enormes cada año, pérdidas ocasionadas en su mayor parte; bien por el frío, bien por el desgaste que las piedras producen en los cascos demasiado blandos de los bueyes nacidos en el Meta. De todos los animales que atraviesan los páramos, los caballos son los que sufren menos percances.

El cultivo de los productos coloniales se ha perfeccionado mucho menos que el que hemos denominado |cultivo europe |o; el primero, aunque produce más por el valor de los productos, resulta menos ventajoso debido a la incuria del cultivador. Da pena ver el abandono del cultivo del cacao, del algodón y del azúcar; la indiferencia con que se dejan crecer, sin cuidado de ningún género, el café, el añil y el nopal, que se llena de cochinillas. El colono encantado con la abundancia que, sin trabajo, ve a su alrededor, se contenta con sangrar el pie de los bananos o con cortar la caña de azúcar, con cuyo jugo se emborracha.

El actual Gobierno de Colombia se dio cuenta de la necesidad de favorecer y alentar por todos los medios posibles la agricultura, y por Decreto de 11 de octubre de 1821 fijó un precio muy bajo para la venta de terrenos baldíos. Los daba a razón de dos piastras la fanegada en las inmediaciones de la costa, y de una piastra en el interior.

La fanegada de tierra se ha fijado en 100 varas cuadradas o 20 estadales, es decir, a 400 estadales cuadrados de superficie o 45.97 áreas francesas.

Esta generosa medida del Gobierno colombiano se amplió recientemente. La última Legislatura ha puesto a disposición del Gobierno 2.000.000 de fanegadas de tierra para que se distribuyan gratuitamente entre las familias extranjeras que quieran establecerse en el país, con la condición de roturar la parte correspondiente dentro del año en que la concesión les fuera hecha.

El mayor obstáculo pan el progreso de la agricultura en América del Sur lo constituye el cultivo del banano; cultivo que si es útil en las regiones templadas, porque permite aumentar el desarrollo de la industria, consagrando a las fábricas un número de brazos que en las regiones de clima más riguroso hay que dejar a la agricultura, resulta funesto en las tierras calientes, donde el excesivo calor incita al descanso y favorece la apatía natural de los habitantes de los trópicos.

En las llanuras de América del Sur, el banano debe producir los mismos efectos que la palmera datilera ha dado en África; el plátano hará beduinos en Occidente, lo mismo que el dátil ayuda a conservar los beduinos en Oriente. ¿Y cómo no estar convencido de ello al ver la abundancia de fruta que da esa planta, la rapidez de su crecimiento y la facilidad de su cultivo?

Dondequiera que el hombre, para comer, no tenga que trabajar la tierra, se hace nómada; cuando el hombre se ha creado la necesidad de alimentarse de maíz, arroz, gachas de harina o de otros cereales, por muy grandes que sean las cosechas, se apega al terruño, tiene residencia fija.

Por el contrario, en las regiones en que el agua de coco, el cogollo de una palmera, el dátil, la resma de una mimosa, el fruto de la higuera, basta para acallar las necesidades de su mesa, el hombre vive errante y no se encariña con ningún sitio. ¿Por qué habría de establecerse en un lugar determinado, si la naturaleza le obsequia con los mismos alimentos en todas partes? En viaje constante, de vez en cuando se sienta, descansa, saca algunas frutas de su zurrón, come, duerme, recoge la tienda y se va a otra parte.

La Naturaleza, cuya munificencia es infinita en los países cálidos, no se ha limitado en Colombia a suministrar al hombre alimento sin esfuerzo y sin trabajo, sino que le ha dado infinidad de plantas de las cuales saca un sinnúmero de cosas útiles. Talvez las más útiles de todas sean el agave y la cañabrava; se dan en todas partes y suelen formar alrededor de las viviendas setos vivos muy resistentes.

Con la fibra del agave se hacen alpargatas, telas de envolver, cuerdas y albardas para las mulas; con la cañabrava se hacen sombreros. No necesitan estas plantas cuidados de ningún género. Para sacar la fibra se utilizan dos palos atados uno a otro que hacen las veces del peine con que se rastrilla el cáñamo. Para utilizar la cañabrava, basta un cuchillo para cortar las pajas de la finura que se desee.

Esta facilidad con que se obtiene todo sin gran trabajo no es la única causa que detiene el progreso de la industria y mantiene su rutina entre los colombianos; pero, ¿cómo podrían apartarse de la rutina mientras una competencia extranjera ahogue el impulso de su industria? A esto obedece que la loza que fabrican no sea sino una alfarería mal barnizada; que las telas de algodón sean de dibujos y de tejido ordinarios; que sillas, mesas, camas y, en una palabra, todos los muebles que se fabrican sean pesados y carezcan de elegancia. No se conoce la fabricación del vidrio: éste se importa de Inglaterra.

En resumen, salvo en las ciudades del litoral y en las capitales frecuentadas constantemente por los extranjeros, el resto del país se encuentra, desde el punto de vista de las artes y de la industria, en el mismo estado de adelanto que Europa en tiempos de Fernando y de Isabel. Es un cuadro vivo del siglo XV; las remembranzas de esa centuria se advierten en los usos, las costumbres y hábitos de las gentes; las costumbres del pueblo recuerdan esa época pretérita; la industria es tan rudimentaria como lo era en aquel entonces, porque los españoles no favorecían su desarrollo en sus colonias, desarrollo que por lo demás era también muy escaso en la propia metrópoli.

Y sin embargo, ya dije que hay algunos edificios que denotan buen gusto y un talento notable; esas obras merecen la atención por cuanto no es fácil formarse idea del trabajo que costó su edificación. En 1814, para edificar la catedral de Santafé, el arquitecto tuvo que empezar por enseñar a algunos muchachos a labrar la piedra; luégo hubo que fabricar una serie de herramientas y de artefactos que hasta entonces no se conocían. El empedrado de las calles exige mucho tiempo y trabajo, porque los obreros no utilizan sino unas palancas, a lo sumo de un pie de largo; emplean sacos en vez de carretillas, y por palas unos pedazos de cuero. Cosa análoga sucede con los otros trabajos; las herramientas más sencillas, o no las hay en el país o están mal hechas, y por lo tanto son deficientes para los trabajos finos.

Si los productos de la agricultura y de la industria de Colombia ofrecen poco interés para Europa, durante mucho tiempo no tendrá que temer una competencia que pudiera serle desventajosa; no sucede lo mismo con los de la minería, que podría llegar a alcanzar una gran importancia en cuanto la exploten gentes más preparadas.

Será muy difícil que los europeos pueden vender a Colombia cobre, hierro y plomo en cuanto esos minerales se extraigan en cantidad suficiente de las montañas del Opón, de Trujillo, de Moniquirá y de Guanacas | ¹ . Cuando el laboreo de las minas de oro y de plata de Mariquita se perfeccione, su producción se triplicará; resultado tanto más necesario para el país cuanto éste sólo negocia con los ingleses, que no importan nada o casi nada, y tiene por lo tanto que pagarles con los metales preciosos que antes se llevaban los españoles. Esos metales toman el camino de Jamaica con tal rapidez y en tan gran cantidad, que muy pronto en el país del oro no se encontraría una molécula si no fuera porque los ingleses imprimen la mayor actividad posible a la explotación de esas minas.

Las del Chocó y Popayán siguen en explotación: ésta es deficiente. Los negros, siempre dispuestos a alistarse como soldados, dejan casi abandonados los más ricos placeres.

Una mina que emplea sesenta esclavos y que da al año veinte libras de oro, se considera como bastante buena.

Antes de la revolución de América del Sur, las Casas de Moneda de Nueva Granada producían:

                                         Santafé | 2   Popayán
                                         Piastras    Piastras

1801 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.506.356   962.748
1802 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.240.476   962.748
1803 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.192.791   965.686
1804 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.274.576  663.696

                                       5.214.199  3.554378


No debe sorprender la cantidad considerable de oro que los ingleses sacan de Colombia a pesar de la disminución de la producción de inca de Moneda, si se considera que proviene en gran parte de la fundación de las joyas y de las vajillas, de las que todo el mundo se despoja. Por el país circula mucha moneda falsa; muchas de las piececillas, designadas con el nombre de |pesetas, son falsas; es de advertir que vienen de Jamaica y de Curazao.

Hay unas provincias que producen oro. Hasta ahora ese metal se ha descubierto en mayor cantidad en la Cordillera Occidental y principalmente de las inmediaciones de las playas del Gran Océano; sin embargo, Santafé recibe cantidades importantes de Pamplona y de Girón; el oro de esta última procedencia es el más estimado; se paga a 1.300 francos la libra, peso de Enarco. La provincia de Antioquia esta llena de minas de oro | ³ que antes producían grandes cantidades; el oro tenía mucha demanda, y aunque fuese de baja ley (diez y ocho quilares) se pagaba a 10 francos 40 céntimos el castellano (2 adarmes 6 granos).

En la provincia de Antioquia se extrae en gran cantidad de oro de muy poca ley, llamado |oro bajo, que no se paga sino de tres a seis reales el castellano.

Se ha venido observando que el oro se suele encontrar en zonas situadas a una altitud media, pero sin embargo, Pamplona está casi en la región de los páramos, y Santa Rosa, en la provincia de Antioquia, está situada a 1.324 toesas sobre el nivel del mar. Las minas del Chocó y de Barbacoas se consideran como las más ricas; las del Cauca, aunque ricas, lo son mucho menos; parece como si la abundancia de oro en el Chocó influyese en su calidad, que no es tan buena. El oro de esa región, casi siempre unido al platino, no se suele pagar a más de 12 reales el castellano.

En todas esas regiones hay muchas minas de plata. Las mas célebres son las de Mariquita; las hay también en Pamplona, Leiva y en la región de la ciudad de La Plata, que debe su nombre, según dicen a las minas de plata que se descubrieron. Ya explicamos los motivos que impulsaron a España para cerrar esas minas, motivos que con el régimen actual han desaparecido; por esta razón varios ingleses han pensado ya en explotar las de Mariquita, pues los extranjeros pueden lo mismo que los nacionales poseer y explotar las minas.

Las minas de hierro, cobre y plomo abundan en el país; las de cobre y de plomo se explotan con algún cuidado; de las de hierro nadie se ocupa.

En Muzo había en explotación minas de esmeraldas y se había sacado una cantidad considerable de esas piedras preciosas, de las que están recargados los mantos de las madonas de las iglesias. Cuando España prohibió continuar la explotación, no se pudo presumir más razón para ello que la codicia.

Se encuentran también otras piedras preciosas como cornalinas, ágatas, etc.

Pamplona es célebre por sus canteras de mica, y Zipaquirá por su mina de sal gema.

Esta mina está situada como sucede en Colombia con la mayor parte de las de su especie al pie de un páramo. El espectáculo que ofrece es imponente. La sal, como si fuera una roca inmensa de cristal, brilla con destellos deslumbrantes cuando los rayos del sol hieren sus prismas. Cuesta mucho trabajo extraería, y sólo a fuerza de golpes de pico se logran sacar algunos bloques. Se les echa en seguida en una charca formada, al pie de la mina, por las lluvias. Esa agua va por una tubería de arcilla a las distintas secciones donde se hierve durante un día y una noche para evaporar el sulfuro. Para esta operación se utilizan vasijas de barro, todas de la misma forma aunque de diferente tamaño. Las más grandes cuestan un real y no se utilizan sino una sola vez. Los indios ayudados por algunos negros, son los que suelen trabajar en esta mina. Constituye para ellos, puede decirse, un trabajo hereditario, puesto que fueron ellos los primeros en explotar esa mina riquísima, y se siguen empleando en su explotación sus mismos procedimientos, lo que equivale a decir que éstos son de lo más primitivos.

La mina de Zipaquirá no es la única en su género: existen también las de Tausa y Nemocón, que están situadas en terrenos similares todas tres son de una riqueza y de una abundancia inextinguibles; la sal de Nemocón la más apreciada, es exactamente igual a las sales gemas de Europa.

La sal de Zipaquirá se suele vender a 6 o a 7 reales la arroba (25 libras); se consume una cantidad considerable.

El producto de la mina de Zipaquirá, mal administrada, cuyos gastos de explotación son enormes debido al costo de las vasijas de barro, y de la madera, que se trae de muy lejos, puesto que no la hay en la región circunvecina, se eleva por año a cerca de 150.000 piastras. De esa cifra hay que deducir los gastos de administración. Hay tántas salinas en el país, que el producto de esa mina habrá de disminuir a medida que las otras salinas se vayan explotando.

Un inglés, un tal Thomson, so pretexto de perfeccionar el sistema de explotación que hasta ahora se venía empleando en la mina de Zipaquirá, ha obtenido el privilegio exclusivo, mediante el pago mensual al Gobierno de 5.000 piastras.

Hay algunas minas de salitre: las de Tunja, descubiertas por Jollivet, miembro de la Convención las explota desde la muerte de éste un colombiano de apellido Baños. El producto es apenas regular.

El comercio interior no deja de tener actividad; la pequeñez de las transacciones se compensa con su continuidad; no hay comercio más activo, por ejemplo, que el de la sal; ésta en tiempo del Virreinato venía a ser una especie de moneda tan corriente como la de plata, y cuyo valor casi invariable, servía para fijar el precio de muchas compras. No hay cambio mas lucrativo ni más frecuente que el de la sal por azúcar y telas.

No se hacen operaciones comerciales como no produzcan un beneficio de ciento por ciento; éste es el único aliciente para arrostrar las penalidades de los caminos.

El cacao es, después de la sal, la mercancía más importante, y su consumo es tan prodigioso como su abundancia. El cacao del Magdalena es el preferido; en Neiva y en Timaná se vende a 30 piastras la carga de diez arrobas; en Antioquia a 40 piastras, y a 50 en Cartagena, por los portes. Cúcuta produce una cantidad considerable que se exporta a Europa, vía Maracaibo; el de Guayaquil, que se envía al Perú y a Méjico, constituye la riqueza de aquel puerto.

La harina, cuyo precio en Bogotá es de 8 piastras la carga (10 arrobas), no es ni tánta ni tan buena para que pueda abastecer los puertos de la República y competir con las magníficas harinas de América del Norte, que se obtienen a 10 piastras el barril.

El azúcar, a pesar de la gran cantidad que se produce, se consume todo en el país, debido a lo mucho que ese producto les gusta a los españoles. Sin embargo, dado el bajo precio del azúcar del Socorro, de Guaduas y del Cauca, se estima que con un cultivo más racional y con caminos un poco mejores, se debería trayéndolo de esa provincias del interior, pagarlo más barato en Cartagena, Panamá y en los otros puertos de la República, en los que el precio asciende a 4 reales la libra, mientras que en el interior se paga a 5 y a 10 reales la arroba.

El café se cultiva escasamente, y es poco apreciado por los habitantes de la cordillera; se vende todavía en las boticas; su precio es de 2 reales la libra; la cosecha podría ser veinte veces mayor que la de toda Jamaica. Si ésta en Colombia alcanzase esa proporción, el aliciente del bajo precio determinaría a todos los ingleses y a los americanos a consumir café, que ya muchos de ellos prefieren el té. ¿Qué pasaría entonces con esa rama tan importante del comercio de China?

Como el tabaco es de uso casi universal entre los hispanoamericanos la calidad suele ser buena; pues es más por gusto que por cálculo por lo que se ha perfeccionado el cultivo de esta planta. El tabaco del Cauca es el que tiene más fama; los de Girón, Ambalema y Varinas más suaves, son los preferidos por los europeos.

Los holandeses compraban antes diez mil quintales de tabaco de Varinas, que vendían luégo bajo el nombre de tabaco de Holanda.

El Gobierno tiene el tabaco sometido al régimen de estanco; lo compra al cultivador a 30 céntimos la libra, y lo vende a 1 franco 30. La exportación de este producto, quitándosela al monopolio, produciría al Gobierno cuatro veces más por razón de impuesto, pues el de aduanas, aunque deficiente en cuanto a la vigilancia, es más eficaz aún que los impuestos indirectos.

El Gobierno ha dispuesto por una ley que el excedente del tabaco se envíe a los puertos más inmediatos, para venderlo al extranjero; pero a pesar de esta sabia medida, no se suele encontrar en ellos sino tabaco de La Habana o de los Estados Unidos.

El algodón, mal cultivado, se consume casi todo en el país, y su cosecha apenas si permite cargar cinco o seis buques que tocan en Cartagena o en Santa Marta. Caracas que fomenta más ese cultivo, ha hecho de él una de sus principales exportaciones. Andando el tiempo se verán campos inmensos cubiertos de esa riquísima borra.

La quina de Loja, que se exporta por Guayaquil, constituye una de las ramas más importantes del comercio de esa provincia. Se han exportado más de 10.000 cargas anuales. Esa cantidad ha debido disminuir desde que se ha averiguado que la del Alto Magdalena es de muy buena calidad. La quina de Loja tendrá menos demanda todavía cuando la de Pitayón se conozca en el mercado extranjero.

Las maderas tintóreas constituyen el principal objeto del comercio marítimo, y son los únicos productos que los ingleses toman a cambio de sus géneros.

Las pieles o cueros que sirven para envolver el cacao, o de cama a la gente, no abundan en la cordillera; antes se encontraban en grandes cantidades en Caracas, ya que se exportaban por el puerto de La Guaira 50.000 al año; su número ha disminuido considerablemente desde la guerra. Por otra parte, los transportes, en algunas regiones, aumentan considerablemente el precio, pues comprados a 4 reales en el Magdalena, valen hasta 12 y 14 reales en Cartagena.

Los ingleses compran mucha concha de tortuga en el golfo de Darién, en las islas de San Blas y en la costa del chocó; no se suelte pagar a más de 4 piastras la libre; se podía exportar una cantidad considerable.

Las perlas, que en Europa se cree que constituyen la riqueza de estas regiones, sólo dejan un exiguo beneficio; se estima que el valor de las que se exportan por Panamá no excede de 40.000 piastras; tal vez Riohacha no produzca tanto.

El nácar, que desde hace ya varios años compite con el de Oriente, y que se vende a 10 pisas el miliar de conchas, no tiene demanda.

La pesca de perlas ha sido concedida a un sobrino de Cochrane para aumentar los ingresos. Desde Riohacha basa las islas del rey Jorge, en el Pacífico, los ingleses van a tener campanas y buzos, y dentro de poco se dedicarán exclusivamente a esa pesca. Pondrán talvez en práctica el proyecto de un vecino de Guayaquil de traer los buzos de las islas de las Amigos para emplearlos en la pesca de perlas en Panamá.

Pasando ahora a un examen más general de las exportaciones de Colombia, veremos cómo las de las provincias de Caracas, que antes ascendían a 4.400.000 piastras, han disminuído desde hace algunos años. Esto se comprueba por el número de barcos que entran en La Guaira, que es el puerto más frecuentado de la provincia de Caracas. En 1809, los barcos que tocaban en él ascendían a 338 mientras que en 1823 sólo entraron 228; de otra parte, las exportaciones, que antes de la revolución, por este puerto nada más alcanzaban la cifra de 2.805.225 piastras, hoy sólo llegan a la tercera parte. Desde luégo se comprenderá que estas cifras son sólo aproximadas.

La guerra, al dispersar los esclavos, arruinó muchas explotaciones agrícolas; sin embargo todavía se sigue produciendo en Caracas una cantidad considerable de cacao, café, añil, algodón, cobre, bueyes, mulas y caballos. La Guaira, que forma parte de esa provincia, produce además una gran cantidad de bálsamo de copaiba; y la de Varinas, como ya se dijo, 10.000 quintales de excelente tabaco | 4 .

También las exportaciones de Nueva Granada han disminuido algún tanto: antes, al tratar de las rentas de Colombia la estimé, lo mismo que las de las provincias de Caracas, en 4.000.000 de piastras | 5 . Esa cantidad es más bien la del valor de los productos del país que podrían exportarse fácilmente, que la de las verdaderas exportaciones de Nueva Granada, pues varios autores coinciden en avaluar éstas nada más que en 2.500.000 piastras; sin embargo, si se piensa en la prodigiosa cantidad de azúcar que se desperdicia por el procedimiento defectuoso empleado para la destilación de los aguardientes; al algodón y al añil que necesitan los fabricantes del país, y que emplean mucho más del requerido para la fabricación de las telas; y en fin, si se tiene en cuenta la gran cantidad de cacao que se envía a las provincias de los llanos y que se paga en ganados y en otros productos, habrá que convenir en que, por una parte, las pérdidas debidas a la ignorancia de los cultivadores y de los fabricantes, y por otra parte, el comercio a base de trueque establecido entre Nueva Granada y la Capitanía general de Caracas y las provincias septentrionales del Perú, pueden, sin temor a sobrestimarse, elevar en los años de prosperidad las exportaciones de Nueva Granada a 4.000.000 de piastras. No obstante, se considera que sólo las tres octavas partes de esa cantidad van ahora a parar al extranjero.

Esta situación durara aun algún tiempo; anualmente le cuesta a Colombia 500.000 piastras, o sean 25.000.000 de francos en diez años; es decir, la mitad de la plata y del oro amonedado que poseía el país antes de la revolución. Si esta cantidad considerable, que pasó a Inglaterra para equilibrar la balanza de las importaciones y de las exportaciones, produjo una gran miseria en Nueva Granada, con el tiempo podrá originar un gran beneficio; veamos cómo y por qué: De los 4.000.000 de productos coloniales que produce el país, van al extranjero las tres octavas partes; otras tres octavas partes se emplean, con gran pérdida para el comercio, debido a la falta de conocimientos de química y de mecánica de los colombianos, y las dos octavas partes restantes van a parar a los Llanos. La afición de los habitantes de estas regiones al azúcar y al cacao, la necesidad apremiante que tienen los habitantes de los Andes de tener ganados, mantendrán constantemente las relaciones comerciales de esas dos regiones, que perdurarán a pesar de que se haga la paz con España y de la facilidad de encontrar nuevos mercados. El millón de piastras, que debido a la guerra va a parar a los Llanos, no irá al comercio extranjero; pero la necesidad de satisfacer las demandas de Europa y de restablecer el equilibrio entre las exportaciones y las importaciones, provocará, sin duda alguna, mayor actividad y aumento en la agricultura.

 

Lista de mercancías que se consumen en la República de Colombia

 

| Nomenclatura | Precios en Jamaica | Precios en Santafé
| Frs.          Cts.   | Frs.         Cts.  
Paños finos 5\4, azul y negro, la yarda 30 00 a 35 00 65 00 a 70 00
Paños finos 5\4, carmesí, la yarda     30 00 " 35 00 65 00 " 70 00
Paños finos 5/4, entre fino azul y negro, la yarda   17 00 " 18 00   35 00 " 38 00
Paños finos 3/4, ordinarios azul y negro, la yarda  7 50 " 8 00    14 00 " 15 00
Casimires finos 3/4, colores varios, la yarda  10 00 " 11 00    16 00 " 17 00
Casimires 3/4, entrefino, colores varios, la yarda  4 50 " 5 00   8 50 "   9 00
Calicós 5/4, 36 anas, la pieza   55 00 " 60 00    80 00 " 90 00
Calicós 3/4, 34 anas, la pieza    30 00 " 35 00   60 00 " 65 00
Tela de algodón blanca 5/4, 15 anas, la pieza  19 00 " 20 00    30 00 " 35 00
Tela de algodón azul 6/4, 15 anas, la pieza  25 00 " 30 00   45 00 " 50 00
Tela de algodón satinada 3/4, la ana, la pieza   2 50 " 3 00   4 50 " 5 00
Bazín blanco y de color, la ana 3 00 " 3 50  5 00 " 5 50
Nanquín azul, la pieza 7 00 " 8 00  14 00 " 15 00
Nanquín amarillo, ancho 4 50 " 5 00  11 00 " 12 00
Nanquín amarillo estrecho, la pieza 3 50 " 4 00  6 50 " 7 00
Calmuck 5/4, la yarda 5 00 " 5 25  8 50 " 9 00
Indianas de colores finos, 20 anas, la pieza 25 00 " 25 50  40 00 " 45 00
Indianas 24 anas, la pieza 15 00 " 15 50  25 00 " 30 00
Cintas estampadas, 24 anas, números 1 a 3, la pieza 2 00 " 10 00  3 50 " 20 00
Cintas de raso, de colores ordinarios, números 1 a 6, la pieza  7 00 " 12 00  10 00 " 25 00
Seda torzal cannesí, azul y negro, la libra 15 00 " 16 00  35 00 " 40 00
Pañuelos de muselina, blancos, la docena 15 50 " 16 00  25 00 " 30 00
Pañuelos ordinarios, la docena 25 00 " ----  40 00 " 45 00
Chales de algodón con dibujos 5/4, la docena 2 00 " 2 25  3 00 " 3 50
Chales de casimir 5/4, el chal 18 00 " 20 00  30 00 " 35 00
Bretaña de algodón, 4 anas, la pieza 15 00 " 16 00  25 00 " 30 00
Bretaña de hilo, 6 anas, la pieza 3 00 " 3 50  5 00 " 6 00
Pañuelos con dibujos, de algodón, la docena 60 00 " 65 00  90 00"100 00
Medias de algodón finas, la docena 60 00 " 65 00  100 00"110 00
Medias de algodón ordinarias, la docena 15 00 " 18 00  30 00 " 40 00
Bayetas 26 anas, la pieza 150 00"160 00  320 00"350 00
Papel, la resma 25 00 " 30 00  50 00 " 60 00
Muselina blanca, 9 anas, la pieza 20 00 " ----  40 00 " 50 00
Percal blanco, 9 anas, la pieza 20 00 " ----  35 00 " 40 00
Sombreros para hombres finos 25 00 " ---- 80 00 " ----
Hierro en barras, el quintal 40 00 " 50 00  100 00"120 00
Acero, el quintal 55 00 " 60 00  140 00"150 00
Hojalata (la caja de 300 láminas) 60 00 " 75 00  150 00"170 00
Aguardiente barril de 80 botellas 150 00"165 00 350 00"375 00
Vinos secos de España, damajuana de 20 botellas 25 00 " 30 00 100 00"120 00
Vinos de Burdeos, la caja de 25 botellas 25 00 " ---- 80 00 " 90 00
Almendras secas, el quintal 170 00 " ----  330 00"350 00
Pasas, caja de 25 libras 15 00 " ----  40 00 " 50 00
Zapatos para señora, la docena 96 00 " 0
Terciopelo de algodón, la ana 3 00 "  ---- 6 00
Lienzo de Irlanda, la pieza de 19 anas 40 00  


En resumen, considero que las exportaciones han experimentado, desde la revolución, una disminución por valor de 500.000 piastras, mientras que antes excedían las importaciones en una suma equivalente, ya que en vez de equilibrar la balanza comercial con dinero, Colombia recibía una gran cantidad de numerario de Méjico a través de España | 6 .

Las importaciones las hacen casi exclusivamente los comerciantes de Jamaica; pueden ascender a 800.000 de piastras; una gran parte de esa cantidad se paga en dinero, porque, además de las razones que he expuesto antes, los habitantes de la América Meridional, únicos comerciantes que van a Jamaica, que es donde las compras se realizan, encuentran más cómodo efectuarlas a crédito o negociarlas al contado, que de tomarse la molestia de hacer los cargamentos en su país. No comprenden del mismo modo que los españoles la venta al detal de sus mercancías. Caracas ha conservado, mejor que Nueva Granada, el comercio de cambio porque llegan más extranjeros a sus pueblos. Guayaquil tiene también esa misma ventaja.

Las mercancías detalladas en el cuadro adjunto son las que más demanda tienen y cuya venta está siempre asegurada.

La quincalla surtida proporcionaría buenas ganancias, pues no se hacen en el país palas, azadones ni cerraduras; se importan las limas, sierras, martillos, etc., etc.

Los artículos de lujo son todavía demasiado caros para los colombianos, bien porque ésos se hayan arruinado con la guerra, o porque la pérdida de una parte de su fortuna con la revolución les haya inducido a ocultar la mayor parte de la mina con objeto de sustraerla a la rapacidad de los soldados y a las necesidades del Gobierno. Las señoras de la capital no compran al año cincuenta chales y veinte piezas de telas de seda; no compran sino baratijas. Además una gran parte de la población sólo usa trajes o vestidos hechos con tela de algodón o de lana fabricadas en el país.

Lo que perjudica mucho a nuestro comercio es, por una parte, la clase magnífica de nuestras mercancías, que obliga a venderlas a altos precios, y por otra, nuestra repugnancia a conceder largos plazos a los compradores. A esto obedece que nuestros patios, a pesar de su calidad superior a la de los ingleses, se vendan menos que éstos; que nuestros lienzos se compren menos que los de Irlanda y que los de Rusia, y que las sedas de China se prefieran a las nuéstras. Talvez nuestros géneros de algodón podían imponerse exclusivamente en el mercado si su precio fuese menos elevado. Hé aquí por qué esta clase de géneros de Inglaterra es la preferida, a pesar de considerarse los dibujos de sus telas menos bonitos que los nuéstros. En los puertos del mar de las Antillas se prefieren los vinos y los aceites de España, y las harinas y salazones de los Estados Unidos a los productos similares de Francia. En las provincias de la costa del Pacífico todavía se prefieren más, en razón del bajo precio a que se venden, los vinos del Perú, los aceites de Chile y las salazones de Costa Rica. A juzgar por estos datos, cabe colegir que dentro de poco Colombia importará todos estos artículos de los países vecinos sin tener que recurrir a importados de Europa.

La moneda es la misma de la época española; pero ya se empieza a sustituirla por otra; las monedas de plata que ahora se acuñan tienen una ley algo inferior a la de las antiguas. Parece que la moneda de oro no ha sido alterada; se acaba de crear una de cobre por valor de 1.900.000 piastras; es la primera vez que se usa en el país ese metal para las monedas. Las de oro llevan por efigie una cabeza de la Libertad, y las de plata un gorro frigio.

Todo el comercio marítimo se hace por los puertos de La Guaira, Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Chagres, Porto Bello, Panamá y Guayaquil. Los extranjeros frecuentan poco los puertos de Santo Tomé, Puerto Cabello, Maracaibo, en el mar de las Antillas, y Buenaventura, en el Pacífico.

Los ingleses tuvieron gran acierto al establecer Consulados en La Guaira (puerto de Venezuela); en Maracaibo, que es una de las principales salidas de la cordillera; en Cartagena, verdadera puerta del Magdalena; en Panamá, que es la llave del Pacífico, y se extraña uno al ver que no los tienen en Santo Tomé y en Guayaquil.

Algunos barcos franceses y muchos de los Estados Unidos con cargamentos de harina, bacalao y madera, hacen la competencia a los ingleses; los buques de estos últimos, después de descargar las telas que traen se vuelven con lastre de oro y plata, despojos de América | 7 .

El miedo a los piratas, cuyo número es considerable en los archipiélagos que se extienden a lo largo de la costa de América desde el Darién hasta el río Bravo, la poca costumbre que tienen las provincias de comunicarse entre sí la escasez de productos, la facilidad que dan los buques ingleses, todo esto se opone al desarrollo del cabotaje entre los puertos del mar de las Antillas; éste no se realiza en grande escala sino en la costa del Pacífico, y no son los colombianos quienes lo hacen. Buques del Perú cargados de cebollas, ajos, cebolletas y sombreros de paja, son los que van a Panamá, de donde regresan cargados con las mercancías inglesas para su país. Sin su concurso en el Pacífico y sin el de los buques ingleses en el mar de las Antillas y en el Atlántico, ¿cómo se podrían establecer comunicaciones entre los departamentos con las piraguas, que son las embarcaciones que constituyen, por lo general, la marina de Colombia?

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1 |Véase sección Notas y aclaraciones, al final de la obra.
2 Véase sección Notas y aclaraciones, al final de la obra.
3 El jornal de un número es de 2 frs. 50.
4 En la elaboración del tabaco se emplea el carbonato de Sosa natural.
5 |Véase sección Notas y aclaraciones al final de la obra.
6 Los productos coloniales no han subido de precio en los puertos de Colombia, desde la revolución, sino por su escasez. Esta carestía es la que ha impedido que la diferencia entre las importaciones y las exportaciones fuese inferior a la que he señalado. Pero con la independencia, pronto excederán del límite que alcanzaron bajo el antiguo régimen.
7 Las importaciones de los ingleses en toda América ascienden cada año a cerca de 275.000.000 de francos; el total de las exportaciones del resto de Europa en América no alcanza, a lo sumo, a la tercera parte de esa suma.

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