|
CAPÍTULO X
Agricultura - Industria -
Reflexiones sobre el banano – Minas - Moneda – Salinas -
Comercio – Exportaciones - Importaciones.
La agricultura, que no deja de tener importancia carece de
estímulo por falta de salida para sus productos, a tal punto que la
mayor parte de las tierras son baldías.
En las tierras frías se utiliza el arado porque lo permiten las
llanuras que hay en ellas; en los valles cálidos no se emplea sino
el azadón.
Aunque se haya apreciado el valor de las tierras muy por lo
alto, se estima que producen un tres por ciento. Se exceptúa un
reducido número de propietarios debido a una circunstancia
especial: que teniendo inmensos terrenos con pastos, pueden criar
infinidad de cabezas de ganado, cuya venta da una renta
considerable.
La feracidad del suelo varía según su altura sobre el nivel del
mar y según las regiones. No hay datos generales sobre el valor de
las tierras. Claro está que las desmontadas valen más que los
baldíos, y además son también las mejores. Sin embargo se estima
que una tierra buena para el cultivo del trigo y para la cría de
ganado vacuno, de unas treinta cuerdas de largo por quince de
ancho, valdría en la región fría mil piastras, y en la región
cálida, doscientas. Una cuerda equivale a sesenta y ocho
metros.
Una tierra de pan llevar, sólo de doce cuerdas por seis, de
pasto para ovejas, se estima que puede valer en tierra fría
quinientas piastras, y en tierra caliente, ciento.
Hace tiempo se llegó a cambiar una tierra de alguna extensión
por una mula ensillada. Todavía hoy se suelen hacer negocios por el
estilo, pero dentro de poco, esto cambiará seguramente.
Las haciendas mejores son las que están en las proximidades de
la ciudades, especialmente de Bogotá. Tienen edificios buenos, y
los graneros parece que contienen bastante grano, y podrían tener
más si se dedican menos terreno a los pastos; pero por otra parte,
si se disminuyen la extensión de éstos ¿qué sería de la gran
cantidad de mulas y de caballos indispensables para las
comunicaciones? Porque el terreno es tan quebrado que se necesitan
muchas bestias de carga para transportar poca cosa. Desde Bogotá a
Sogamoso se podría subsanar ese inconveniente abriendo caminos
carreteros.
Aunque la ganadería dé enormes beneficios, sobre todo cuando los
animales se crían en los llanos, no han sabido los ganaderos imitar
la prudente organización de los jesuitas, que, para evitar a los
animales la transición demasiado brusca entre el clima de las
orillas del Meta y el de las del Bogotá, tenían, a distancias
determinadas fincas en que dejaban descansar al ganado varios días;
de esa manera los animales se iban preparando poco a poco para
soportar un clima tan diferente del en que habían nacido; se
evitaban así pérdidas enormes cada año, pérdidas ocasionadas en su
mayor parte; bien por el frío, bien por el desgaste que las piedras
producen en los cascos demasiado blandos de los bueyes nacidos en
el Meta. De todos los animales que atraviesan los páramos, los
caballos son los que sufren menos percances.
El cultivo de los productos coloniales se ha perfeccionado mucho
menos que el que hemos denominado
|cultivo europe
|o; el
primero, aunque produce más por el valor de los productos, resulta
menos ventajoso debido a la incuria del cultivador. Da pena ver el
abandono del cultivo del cacao, del algodón y del azúcar; la
indiferencia con que se dejan crecer, sin cuidado de ningún género,
el café, el añil y el nopal, que se llena de cochinillas. El colono
encantado con la abundancia que, sin trabajo, ve a su alrededor, se
contenta con sangrar el pie de los bananos o con cortar la caña de
azúcar, con cuyo jugo se emborracha.
El actual Gobierno de Colombia se dio cuenta de la necesidad de
favorecer y alentar por todos los medios posibles la agricultura, y
por Decreto de 11 de octubre de 1821 fijó un precio muy bajo para
la venta de terrenos baldíos. Los daba a razón de dos piastras la
fanegada en las inmediaciones de la costa, y de una piastra en el
interior.
La fanegada de tierra se ha fijado en 100 varas cuadradas o 20
estadales, es decir, a 400 estadales cuadrados de superficie o
45.97 áreas francesas.
Esta generosa medida del Gobierno colombiano se amplió
recientemente. La última Legislatura ha puesto a disposición del
Gobierno 2.000.000 de fanegadas de tierra para que se distribuyan
gratuitamente entre las familias extranjeras que quieran
establecerse en el país, con la condición de roturar la parte
correspondiente dentro del año en que la concesión les fuera
hecha.
El mayor obstáculo pan el progreso de la agricultura en América
del Sur lo constituye el cultivo del banano; cultivo que si es útil
en las regiones templadas, porque permite aumentar el desarrollo de
la industria, consagrando a las fábricas un número de brazos que en
las regiones de clima más riguroso hay que dejar a la agricultura,
resulta funesto en las tierras calientes, donde el excesivo calor
incita al descanso y favorece la apatía natural de los habitantes
de los trópicos.
En las llanuras de América del Sur, el banano debe producir los
mismos efectos que la palmera datilera ha dado en África; el
plátano hará beduinos en Occidente, lo mismo que el dátil ayuda a
conservar los beduinos en Oriente. ¿Y cómo no estar convencido de
ello al ver la abundancia de fruta que da esa planta, la rapidez de
su crecimiento y la facilidad de su cultivo?
Dondequiera que el hombre, para comer, no tenga que trabajar la
tierra, se hace nómada; cuando el hombre se ha creado la necesidad
de alimentarse de maíz, arroz, gachas de harina o de otros
cereales, por muy grandes que sean las cosechas, se apega al
terruño, tiene residencia fija.
Por el contrario, en las regiones en que el agua de coco, el
cogollo de una palmera, el dátil, la resma de una mimosa, el fruto
de la higuera, basta para acallar las necesidades de su mesa, el
hombre vive errante y no se encariña con ningún sitio. ¿Por qué
habría de establecerse en un lugar determinado, si la naturaleza le
obsequia con los mismos alimentos en todas partes? En viaje
constante, de vez en cuando se sienta, descansa, saca algunas
frutas de su zurrón, come, duerme, recoge la tienda y se va a otra
parte.
La Naturaleza, cuya munificencia es infinita en los países
cálidos, no se ha limitado en Colombia a suministrar al hombre
alimento sin esfuerzo y sin trabajo, sino que le ha dado infinidad
de plantas de las cuales saca un sinnúmero de cosas útiles. Talvez
las más útiles de todas sean el agave y la cañabrava; se dan en
todas partes y suelen formar alrededor de las viviendas setos vivos
muy resistentes.
Con la fibra del agave se hacen alpargatas, telas de envolver,
cuerdas y albardas para las mulas; con la cañabrava se hacen
sombreros. No necesitan estas plantas cuidados de ningún género.
Para sacar la fibra se utilizan dos palos atados uno a otro que
hacen las veces del peine con que se rastrilla el cáñamo. Para
utilizar la cañabrava, basta un cuchillo para cortar las pajas de
la finura que se desee.
Esta facilidad con que se obtiene todo sin gran trabajo no es la
única causa que detiene el progreso de la industria y mantiene su
rutina entre los colombianos; pero, ¿cómo podrían apartarse de la
rutina mientras una competencia extranjera ahogue el impulso de su
industria? A esto obedece que la loza que fabrican no sea sino una
alfarería mal barnizada; que las telas de algodón sean de dibujos y
de tejido ordinarios; que sillas, mesas, camas y, en una palabra,
todos los muebles que se fabrican sean pesados y carezcan de
elegancia. No se conoce la fabricación del vidrio: éste se importa
de Inglaterra.
En resumen, salvo en las ciudades del litoral y en las capitales
frecuentadas constantemente por los extranjeros, el resto del país
se encuentra, desde el punto de vista de las artes y de la
industria, en el mismo estado de adelanto que Europa en tiempos de
Fernando y de Isabel. Es un cuadro vivo del siglo XV; las
remembranzas de esa centuria se advierten en los usos, las
costumbres y hábitos de las gentes; las costumbres del pueblo
recuerdan esa época pretérita; la industria es tan rudimentaria
como lo era en aquel entonces, porque los españoles no favorecían
su desarrollo en sus colonias, desarrollo que por lo demás era
también muy escaso en la propia metrópoli.
Y sin embargo, ya dije que hay algunos edificios que denotan
buen gusto y un talento notable; esas obras merecen la atención por
cuanto no es fácil formarse idea del trabajo que costó su
edificación. En 1814, para edificar la catedral de Santafé, el
arquitecto tuvo que empezar por enseñar a algunos muchachos a
labrar la piedra; luégo hubo que fabricar una serie de herramientas
y de artefactos que hasta entonces no se conocían. El empedrado de
las calles exige mucho tiempo y trabajo, porque los obreros no
utilizan sino unas palancas, a lo sumo de un pie de largo; emplean
sacos en vez de carretillas, y por palas unos pedazos de cuero.
Cosa análoga sucede con los otros trabajos; las herramientas más
sencillas, o no las hay en el país o están mal hechas, y por lo
tanto son deficientes para los trabajos finos.
Si los productos de la agricultura y de la industria de Colombia
ofrecen poco interés para Europa, durante mucho tiempo no tendrá
que temer una competencia que pudiera serle desventajosa; no sucede
lo mismo con los de la minería, que podría llegar a alcanzar una
gran importancia en cuanto la exploten gentes más preparadas.
Será muy difícil que los europeos pueden vender a Colombia
cobre, hierro y plomo en cuanto esos minerales se extraigan en
cantidad suficiente de las montañas del Opón, de Trujillo, de
Moniquirá y de Guanacas
|
¹
. Cuando el laboreo de las minas de oro y de
plata de Mariquita se perfeccione, su producción se triplicará;
resultado tanto más necesario para el país cuanto éste sólo negocia
con los ingleses, que no importan nada o casi nada, y tiene por lo
tanto que pagarles con los metales preciosos que antes se llevaban
los españoles. Esos metales toman el camino de Jamaica con tal
rapidez y en tan gran cantidad, que muy pronto en el país del oro
no se encontraría una molécula si no fuera porque los ingleses
imprimen la mayor actividad posible a la explotación de esas
minas.
Las del Chocó y Popayán siguen en explotación: ésta es
deficiente. Los negros, siempre dispuestos a alistarse como
soldados, dejan casi abandonados los más ricos placeres.
Una mina que emplea sesenta esclavos y que da al año veinte
libras de oro, se considera como bastante buena.
Antes de la revolución de América del Sur, las Casas de Moneda
de Nueva Granada producían:
Santafé
|
2
Popayán
Piastras Piastras
1801 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.506.356 962.748
1802 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.240.476 962.748
1803 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.192.791 965.686
1804 . . . . . . . . . . . . . . . . 1.274.576
663.696
5.214.199 3.554378
No debe sorprender la cantidad considerable de oro que los
ingleses sacan de Colombia a pesar de la disminución de la
producción de inca de Moneda, si se considera que proviene en gran
parte de la fundación de las joyas y de las vajillas, de las que
todo el mundo se despoja. Por el país circula mucha moneda falsa;
muchas de las piececillas, designadas con el nombre de
|pesetas, son falsas; es de advertir que vienen de Jamaica y
de Curazao.
Hay unas provincias que producen oro. Hasta ahora ese metal se
ha descubierto en mayor cantidad en la Cordillera Occidental y
principalmente de las inmediaciones de las playas del Gran Océano;
sin embargo, Santafé recibe cantidades importantes de Pamplona y de
Girón; el oro de esta última procedencia es el más estimado; se
paga a 1.300 francos la libra, peso de Enarco. La provincia de
Antioquia esta llena de minas de oro
|
³
que antes producían grandes cantidades; el oro
tenía mucha demanda, y aunque fuese de baja ley (diez y ocho
quilares) se pagaba a 10 francos 40 céntimos el castellano (2
adarmes 6 granos).
En la provincia de Antioquia se extrae en gran cantidad de oro
de muy poca ley, llamado
|oro bajo, que no se paga sino de
tres a seis reales el castellano.
Se ha venido observando que el oro se suele encontrar en zonas
situadas a una altitud media, pero sin embargo, Pamplona está casi
en la región de los páramos, y Santa Rosa, en la provincia de
Antioquia, está situada a 1.324 toesas sobre el nivel del mar. Las
minas del Chocó y de Barbacoas se consideran como las más ricas;
las del Cauca, aunque ricas, lo son mucho menos; parece como si la
abundancia de oro en el Chocó influyese en su calidad, que no es
tan buena. El oro de esa región, casi siempre unido al platino, no
se suele pagar a más de 12 reales el castellano.
En todas esas regiones hay muchas minas de plata. Las mas
célebres son las de Mariquita; las hay también en Pamplona, Leiva y
en la región de la ciudad de La Plata, que debe su nombre, según
dicen a las minas de plata que se descubrieron. Ya explicamos los
motivos que impulsaron a España para cerrar esas minas, motivos que
con el régimen actual han desaparecido; por esta razón varios
ingleses han pensado ya en explotar las de Mariquita, pues los
extranjeros pueden lo mismo que los nacionales poseer y explotar
las minas.
Las minas de hierro, cobre y plomo abundan en el país; las de
cobre y de plomo se explotan con algún cuidado; de las de hierro
nadie se ocupa.
En Muzo había en explotación minas de esmeraldas y se había
sacado una cantidad considerable de esas piedras preciosas, de las
que están recargados los mantos de las madonas de las iglesias.
Cuando España prohibió continuar la explotación, no se pudo
presumir más razón para ello que la codicia.
Se encuentran también otras piedras preciosas como cornalinas,
ágatas, etc.
Pamplona es célebre por sus canteras de mica, y Zipaquirá por su
mina de sal gema.
Esta mina está situada como sucede en Colombia con la mayor
parte de las de su especie al pie de un páramo. El espectáculo que
ofrece es imponente. La sal, como si fuera una roca inmensa de
cristal, brilla con destellos deslumbrantes cuando los rayos del
sol hieren sus prismas. Cuesta mucho trabajo extraería, y sólo a
fuerza de golpes de pico se logran sacar algunos bloques. Se les
echa en seguida en una charca formada, al pie de la mina, por las
lluvias. Esa agua va por una tubería de arcilla a las distintas
secciones donde se hierve durante un día y una noche para evaporar
el sulfuro. Para esta operación se utilizan vasijas de barro, todas
de la misma forma aunque de diferente tamaño. Las más grandes
cuestan un real y no se utilizan sino una sola vez. Los indios
ayudados por algunos negros, son los que suelen trabajar en esta
mina. Constituye para ellos, puede decirse, un trabajo hereditario,
puesto que fueron ellos los primeros en explotar esa mina
riquísima, y se siguen empleando en su explotación sus mismos
procedimientos, lo que equivale a decir que éstos son de lo más
primitivos.
La mina de Zipaquirá no es la única en su género: existen
también las de Tausa y Nemocón, que están situadas en terrenos
similares todas tres son de una riqueza y de una abundancia
inextinguibles; la sal de Nemocón la más apreciada, es exactamente
igual a las sales gemas de Europa.
La sal de Zipaquirá se suele vender a 6 o a 7 reales la arroba
(25 libras); se consume una cantidad considerable.
El producto de la mina de Zipaquirá, mal administrada, cuyos
gastos de explotación son enormes debido al costo de las vasijas de
barro, y de la madera, que se trae de muy lejos, puesto que no la
hay en la región circunvecina, se eleva por año a cerca de 150.000
piastras. De esa cifra hay que deducir los gastos de
administración. Hay tántas salinas en el país, que el producto de
esa mina habrá de disminuir a medida que las otras salinas se vayan
explotando.
Un inglés, un tal Thomson, so pretexto de perfeccionar el
sistema de explotación que hasta ahora se venía empleando en la
mina de Zipaquirá, ha obtenido el privilegio exclusivo, mediante el
pago mensual al Gobierno de 5.000 piastras.
Hay algunas minas de salitre: las de Tunja, descubiertas por
Jollivet, miembro de la Convención las explota desde la muerte de
éste un colombiano de apellido Baños. El producto es apenas
regular.
El comercio interior no deja de tener actividad; la pequeñez de
las transacciones se compensa con su continuidad; no hay comercio
más activo, por ejemplo, que el de la sal; ésta en tiempo del
Virreinato venía a ser una especie de moneda tan corriente como la
de plata, y cuyo valor casi invariable, servía para fijar el precio
de muchas compras. No hay cambio mas lucrativo ni más frecuente que
el de la sal por azúcar y telas.
No se hacen operaciones comerciales como no produzcan un
beneficio de ciento por ciento; éste es el único aliciente para
arrostrar las penalidades de los caminos.
El cacao es, después de la sal, la mercancía más importante, y
su consumo es tan prodigioso como su abundancia. El cacao del
Magdalena es el preferido; en Neiva y en Timaná se vende a 30
piastras la carga de diez arrobas; en Antioquia a 40 piastras, y a
50 en Cartagena, por los portes. Cúcuta produce una cantidad
considerable que se exporta a Europa, vía Maracaibo; el de
Guayaquil, que se envía al Perú y a Méjico, constituye la riqueza
de aquel puerto.
La harina, cuyo precio en Bogotá es de 8 piastras la carga (10
arrobas), no es ni tánta ni tan buena para que pueda abastecer los
puertos de la República y competir con las magníficas harinas de
América del Norte, que se obtienen a 10 piastras el barril.
El azúcar, a pesar de la gran cantidad que se produce, se
consume todo en el país, debido a lo mucho que ese producto les
gusta a los españoles. Sin embargo, dado el bajo precio del azúcar
del Socorro, de Guaduas y del Cauca, se estima que con un cultivo
más racional y con caminos un poco mejores, se debería trayéndolo
de esa provincias del interior, pagarlo más barato en Cartagena,
Panamá y en los otros puertos de la República, en los que el precio
asciende a 4 reales la libra, mientras que en el interior se paga a
5 y a 10 reales la arroba.
El café se cultiva escasamente, y es poco apreciado por los
habitantes de la cordillera; se vende todavía en las boticas; su
precio es de 2 reales la libra; la cosecha podría ser veinte veces
mayor que la de toda Jamaica. Si ésta en Colombia alcanzase esa
proporción, el aliciente del bajo precio determinaría a todos los
ingleses y a los americanos a consumir café, que ya muchos de ellos
prefieren el té. ¿Qué pasaría entonces con esa rama tan importante
del comercio de China?
Como el tabaco es de uso casi universal entre los
hispanoamericanos la calidad suele ser buena; pues es más por gusto
que por cálculo por lo que se ha perfeccionado el cultivo de esta
planta. El tabaco del Cauca es el que tiene más fama; los de Girón,
Ambalema y Varinas más suaves, son los preferidos por los
europeos.
Los holandeses compraban antes diez mil quintales de tabaco de
Varinas, que vendían luégo bajo el nombre de tabaco de Holanda.
El Gobierno tiene el tabaco sometido al régimen de estanco; lo
compra al cultivador a 30 céntimos la libra, y lo vende a 1 franco
30. La exportación de este producto, quitándosela al monopolio,
produciría al Gobierno cuatro veces más por razón de impuesto, pues
el de aduanas, aunque deficiente en cuanto a la vigilancia, es más
eficaz aún que los impuestos indirectos.
El Gobierno ha dispuesto por una ley que el excedente del tabaco
se envíe a los puertos más inmediatos, para venderlo al extranjero;
pero a pesar de esta sabia medida, no se suele encontrar en ellos
sino tabaco de La Habana o de los Estados Unidos.
El algodón, mal cultivado, se consume casi todo en el país, y su
cosecha apenas si permite cargar cinco o seis buques que tocan en
Cartagena o en Santa Marta. Caracas que fomenta más ese cultivo, ha
hecho de él una de sus principales exportaciones. Andando el tiempo
se verán campos inmensos cubiertos de esa riquísima borra.
La quina de Loja, que se exporta por Guayaquil, constituye una
de las ramas más importantes del comercio de esa provincia. Se han
exportado más de 10.000 cargas anuales. Esa cantidad ha debido
disminuir desde que se ha averiguado que la del Alto Magdalena es
de muy buena calidad. La quina de Loja tendrá menos demanda todavía
cuando la de Pitayón se conozca en el mercado extranjero.
Las maderas tintóreas constituyen el principal objeto del
comercio marítimo, y son los únicos productos que los ingleses
toman a cambio de sus géneros.
Las pieles o cueros que sirven para envolver el cacao, o de cama
a la gente, no abundan en la cordillera; antes se encontraban en
grandes cantidades en Caracas, ya que se exportaban por el puerto
de La Guaira 50.000 al año; su número ha disminuido
considerablemente desde la guerra. Por otra parte, los transportes,
en algunas regiones, aumentan considerablemente el precio, pues
comprados a 4 reales en el Magdalena, valen hasta 12 y 14 reales en
Cartagena.
Los ingleses compran mucha concha de tortuga en el golfo de
Darién, en las islas de San Blas y en la costa del chocó; no se
suelte pagar a más de 4 piastras la libre; se podía exportar una
cantidad considerable.
Las perlas, que en Europa se cree que constituyen la riqueza de
estas regiones, sólo dejan un exiguo beneficio; se estima que el
valor de las que se exportan por Panamá no excede de 40.000
piastras; tal vez Riohacha no produzca tanto.
El nácar, que desde hace ya varios años compite con el de
Oriente, y que se vende a 10 pisas el miliar de conchas, no tiene
demanda.
La pesca de perlas ha sido concedida a un sobrino de Cochrane
para aumentar los ingresos. Desde Riohacha basa las islas del rey
Jorge, en el Pacífico, los ingleses van a tener campanas y buzos, y
dentro de poco se dedicarán exclusivamente a esa pesca. Pondrán
talvez en práctica el proyecto de un vecino de Guayaquil de traer
los buzos de las islas de las Amigos para emplearlos en la pesca de
perlas en Panamá.
Pasando ahora a un examen más general de las exportaciones de
Colombia, veremos cómo las de las provincias de Caracas, que antes
ascendían a 4.400.000 piastras, han disminuído desde hace algunos
años. Esto se comprueba por el número de barcos que entran en La
Guaira, que es el puerto más frecuentado de la provincia de
Caracas. En 1809, los barcos que tocaban en él ascendían a 338
mientras que en 1823 sólo entraron 228; de otra parte, las
exportaciones, que antes de la revolución, por este puerto nada más
alcanzaban la cifra de 2.805.225 piastras, hoy sólo llegan a la
tercera parte. Desde luégo se comprenderá que estas cifras son sólo
aproximadas.
La guerra, al dispersar los esclavos, arruinó muchas
explotaciones agrícolas; sin embargo todavía se sigue produciendo
en Caracas una cantidad considerable de cacao, café, añil, algodón,
cobre, bueyes, mulas y caballos. La Guaira, que forma parte de esa
provincia, produce además una gran cantidad de bálsamo de copaiba;
y la de Varinas, como ya se dijo, 10.000 quintales de excelente
tabaco
|
4
.
También las exportaciones de Nueva Granada han disminuido algún
tanto: antes, al tratar de las rentas de Colombia la estimé, lo
mismo que las de las provincias de Caracas, en 4.000.000 de
piastras
|
5
. Esa
cantidad es más bien la del valor de los productos del país que
podrían exportarse fácilmente, que la de las verdaderas
exportaciones de Nueva Granada, pues varios autores coinciden en
avaluar éstas nada más que en 2.500.000 piastras; sin embargo, si
se piensa en la prodigiosa cantidad de azúcar que se desperdicia
por el procedimiento defectuoso empleado para la destilación de los
aguardientes; al algodón y al añil que necesitan los fabricantes
del país, y que emplean mucho más del requerido para la fabricación
de las telas; y en fin, si se tiene en cuenta la gran cantidad de
cacao que se envía a las provincias de los llanos y que se paga en
ganados y en otros productos, habrá que convenir en que, por una
parte, las pérdidas debidas a la ignorancia de los cultivadores y
de los fabricantes, y por otra parte, el comercio a base de trueque
establecido entre Nueva Granada y la Capitanía general de Caracas y
las provincias septentrionales del Perú, pueden, sin temor a
sobrestimarse, elevar en los años de prosperidad las exportaciones
de Nueva Granada a 4.000.000 de piastras. No obstante, se considera
que sólo las tres octavas partes de esa cantidad van ahora a parar
al extranjero.
Esta situación durara aun algún tiempo; anualmente le cuesta a
Colombia 500.000 piastras, o sean 25.000.000 de francos en diez
años; es decir, la mitad de la plata y del oro amonedado que poseía
el país antes de la revolución. Si esta cantidad considerable, que
pasó a Inglaterra para equilibrar la balanza de las importaciones y
de las exportaciones, produjo una gran miseria en Nueva Granada,
con el tiempo podrá originar un gran beneficio; veamos cómo y por
qué: De los 4.000.000 de productos coloniales que produce el país,
van al extranjero las tres octavas partes; otras tres octavas
partes se emplean, con gran pérdida para el comercio, debido a la
falta de conocimientos de química y de mecánica de los colombianos,
y las dos octavas partes restantes van a parar a los Llanos. La
afición de los habitantes de estas regiones al azúcar y al cacao,
la necesidad apremiante que tienen los habitantes de los Andes de
tener ganados, mantendrán constantemente las relaciones comerciales
de esas dos regiones, que perdurarán a pesar de que se haga la paz
con España y de la facilidad de encontrar nuevos mercados. El
millón de piastras, que debido a la guerra va a parar a los Llanos,
no irá al comercio extranjero; pero la necesidad de satisfacer las
demandas de Europa y de restablecer el equilibrio entre las
exportaciones y las importaciones, provocará, sin duda alguna,
mayor actividad y aumento en la agricultura.
Lista de
mercancías que se consumen en la República de Colombia
|
|
Nomenclatura
|
|
Precios en Jamaica
|
|
Precios en Santafé
|
|
|
Frs. Cts.
|
|
Frs. Cts.
|
|
Paños finos 5\4, azul y negro, la yarda
|
30 00 a 35 00
|
65 00 a 70 00
|
|
Paños finos 5\4, carmesí, la yarda
|
30 00 " 35 00
|
65 00 " 70 00
|
|
Paños finos 5/4, entre fino azul y negro, la yarda
|
17 00 " 18 00
|
35 00 " 38 00
|
|
Paños finos 3/4, ordinarios azul y negro, la yarda
|
7 50 " 8 00
|
14 00 " 15 00
|
|
Casimires finos 3/4, colores varios, la yarda
|
10 00 " 11 00
|
16 00 " 17 00
|
|
Casimires 3/4, entrefino, colores varios, la yarda
|
4 50 " 5 00
|
8 50 " 9 00
|
|
Calicós 5/4, 36 anas, la pieza
|
55 00 " 60 00
|
80 00 " 90 00
|
|
Calicós 3/4, 34 anas, la pieza
|
30 00 " 35 00
|
60 00 " 65 00
|
|
Tela de algodón blanca 5/4, 15 anas, la pieza
|
19 00 " 20 00
|
30 00 " 35 00
|
|
Tela de algodón azul 6/4, 15 anas, la pieza
|
25 00 " 30 00
|
45 00 " 50 00
|
|
Tela de algodón satinada 3/4, la ana, la pieza
|
2 50 " 3 00
|
4 50 " 5 00
|
|
Bazín blanco y de color, la ana
|
3 00 " 3 50
|
5 00 " 5 50
|
|
Nanquín azul, la pieza
|
7 00 " 8 00
|
14 00 " 15 00
|
|
Nanquín amarillo, ancho
|
4 50 " 5 00
|
11 00 " 12 00
|
|
Nanquín amarillo estrecho, la pieza
|
3 50 " 4 00
|
6 50 " 7 00
|
|
Calmuck 5/4, la yarda
|
5 00 " 5 25
|
8 50 " 9 00
|
|
Indianas de colores finos, 20 anas, la pieza
|
25 00 " 25 50
|
40 00 " 45 00
|
|
Indianas 24 anas, la pieza
|
15 00 " 15 50
|
25 00 " 30 00
|
|
Cintas estampadas, 24 anas, números 1 a 3, la pieza
|
2 00 " 10 00
|
3 50 " 20 00
|
|
Cintas de raso, de colores ordinarios, números 1 a 6, la
pieza
|
7 00 " 12 00
|
10 00 " 25 00
|
|
Seda torzal cannesí, azul y negro, la libra
|
15 00 " 16 00
|
35 00 " 40 00
|
|
Pañuelos de muselina, blancos, la docena
|
15 50 " 16 00
|
25 00 " 30 00
|
|
Pañuelos ordinarios, la docena
|
25 00 " ----
|
40 00 " 45 00
|
|
Chales de algodón con dibujos 5/4, la docena
|
2 00 " 2 25
|
3 00 " 3 50
|
|
Chales de casimir 5/4, el chal
|
18 00 " 20 00
|
30 00 " 35 00
|
|
Bretaña de algodón, 4 anas, la pieza
|
15 00 " 16 00
|
25 00 " 30 00
|
|
Bretaña de hilo, 6 anas, la pieza
|
3 00 " 3 50
|
5 00 " 6 00
|
|
Pañuelos con dibujos, de algodón, la docena
|
60 00 " 65 00
|
90 00"100 00
|
|
Medias de algodón finas, la docena
|
60 00 " 65 00
|
100 00"110 00
|
|
Medias de algodón ordinarias, la docena
|
15 00 " 18 00
|
30 00 " 40 00
|
|
Bayetas 26 anas, la pieza 150
|
00"160 00
|
320 00"350 00
|
|
Papel, la resma
|
25 00 " 30 00
|
50 00 " 60 00
|
|
Muselina blanca, 9 anas, la pieza
|
20 00 " ----
|
40 00 " 50 00
|
|
Percal blanco, 9 anas, la pieza
|
20 00 " ----
|
35 00 " 40 00
|
|
Sombreros para hombres finos
|
25 00 " ----
|
80 00 " ----
|
|
Hierro en barras, el quintal 40
|
00 " 50 00
|
100 00"120 00
|
|
Acero, el quintal
|
55 00 " 60 00
|
140 00"150 00
|
|
Hojalata (la caja de 300 láminas)
|
60 00 " 75 00
|
150 00"170 00
|
|
Aguardiente barril de 80 botellas
|
150 00"165 00
|
350 00"375 00
|
|
Vinos secos de España, damajuana de 20 botellas
|
25 00 " 30 00
|
100 00"120 00
|
|
Vinos de Burdeos, la caja de 25 botellas
|
25 00 " ----
|
80 00 " 90 00
|
|
Almendras secas, el quintal 170
|
00 " ----
|
330 00"350 00
|
|
Pasas, caja de 25 libras
|
15 00 " ----
|
40 00 " 50 00
|
|
Zapatos para señora, la docena
|
96 00 "
|
0
|
|
Terciopelo de algodón, la ana
|
3 00 "
|
---- 6 00
|
|
Lienzo de Irlanda, la pieza de 19 anas
|
40 00
|
|
En resumen, considero que las exportaciones han experimentado,
desde la revolución, una disminución por valor de 500.000 piastras,
mientras que antes excedían las importaciones en una suma
equivalente, ya que en vez de equilibrar la balanza comercial con
dinero, Colombia recibía una gran cantidad de numerario de Méjico a
través de España
|
6
.
Las importaciones las hacen casi exclusivamente los comerciantes
de Jamaica; pueden ascender a 800.000 de piastras; una gran parte
de esa cantidad se paga en dinero, porque, además de las razones
que he expuesto antes, los habitantes de la América Meridional,
únicos comerciantes que van a Jamaica, que es donde las compras se
realizan, encuentran más cómodo efectuarlas a crédito o negociarlas
al contado, que de tomarse la molestia de hacer los cargamentos en
su país. No comprenden del mismo modo que los españoles la venta al
detal de sus mercancías. Caracas ha conservado, mejor que Nueva
Granada, el comercio de cambio porque llegan más extranjeros a sus
pueblos. Guayaquil tiene también esa misma ventaja.
Las mercancías detalladas en el cuadro adjunto son las que más
demanda tienen y cuya venta está siempre asegurada.
La quincalla surtida proporcionaría buenas ganancias, pues no se
hacen en el país palas, azadones ni cerraduras; se importan las
limas, sierras, martillos, etc., etc.
Los artículos de lujo son todavía demasiado caros para los
colombianos, bien porque ésos se hayan arruinado con la guerra, o
porque la pérdida de una parte de su fortuna con la revolución les
haya inducido a ocultar la mayor parte de la mina con objeto de
sustraerla a la rapacidad de los soldados y a las necesidades del
Gobierno. Las señoras de la capital no compran al año cincuenta
chales y veinte piezas de telas de seda; no compran sino baratijas.
Además una gran parte de la población sólo usa trajes o vestidos
hechos con tela de algodón o de lana fabricadas en el país.
Lo que perjudica mucho a nuestro comercio es, por una parte, la
clase magnífica de nuestras mercancías, que obliga a venderlas a
altos precios, y por otra, nuestra repugnancia a conceder largos
plazos a los compradores. A esto obedece que nuestros patios, a
pesar de su calidad superior a la de los ingleses, se vendan menos
que éstos; que nuestros lienzos se compren menos que los de Irlanda
y que los de Rusia, y que las sedas de China se prefieran a las
nuéstras. Talvez nuestros géneros de algodón podían imponerse
exclusivamente en el mercado si su precio fuese menos elevado. Hé
aquí por qué esta clase de géneros de Inglaterra es la preferida, a
pesar de considerarse los dibujos de sus telas menos bonitos que
los nuéstros. En los puertos del mar de las Antillas se prefieren
los vinos y los aceites de España, y las harinas y salazones de los
Estados Unidos a los productos similares de Francia. En las
provincias de la costa del Pacífico todavía se prefieren más, en
razón del bajo precio a que se venden, los vinos del Perú, los
aceites de Chile y las salazones de Costa Rica. A juzgar por estos
datos, cabe colegir que dentro de poco Colombia importará todos
estos artículos de los países vecinos sin tener que recurrir a
importados de Europa.
La moneda es la misma de la época española; pero ya se empieza a
sustituirla por otra; las monedas de plata que ahora se acuñan
tienen una ley algo inferior a la de las antiguas. Parece que la
moneda de oro no ha sido alterada; se acaba de crear una de cobre
por valor de 1.900.000 piastras; es la primera vez que se usa en el
país ese metal para las monedas. Las de oro llevan por efigie una
cabeza de la Libertad, y las de plata un gorro frigio.
Todo el comercio marítimo se hace por los puertos de La Guaira,
Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Chagres, Porto Bello, Panamá y
Guayaquil. Los extranjeros frecuentan poco los puertos de Santo
Tomé, Puerto Cabello, Maracaibo, en el mar de las Antillas, y
Buenaventura, en el Pacífico.
Los ingleses tuvieron gran acierto al establecer Consulados en
La Guaira (puerto de Venezuela); en Maracaibo, que es una de las
principales salidas de la cordillera; en Cartagena, verdadera
puerta del Magdalena; en Panamá, que es la llave del Pacífico, y se
extraña uno al ver que no los tienen en Santo Tomé y en
Guayaquil.
Algunos barcos franceses y muchos de los Estados Unidos con
cargamentos de harina, bacalao y madera, hacen la competencia a los
ingleses; los buques de estos últimos, después de descargar las
telas que traen se vuelven con lastre de oro y plata, despojos de
América
|
7
.
El miedo a los piratas, cuyo número es considerable en los
archipiélagos que se extienden a lo largo de la costa de América
desde el Darién hasta el río Bravo, la poca costumbre que tienen
las provincias de comunicarse entre sí la escasez de productos, la
facilidad que dan los buques ingleses, todo esto se opone al
desarrollo del cabotaje entre los puertos del mar de las Antillas;
éste no se realiza en grande escala sino en la costa del Pacífico,
y no son los colombianos quienes lo hacen. Buques del Perú cargados
de cebollas, ajos, cebolletas y sombreros de paja, son los que van
a Panamá, de donde regresan cargados con las mercancías inglesas
para su país. Sin su concurso en el Pacífico y sin el de los buques
ingleses en el mar de las Antillas y en el Atlántico, ¿cómo se
podrían establecer comunicaciones entre los departamentos con las
piraguas, que son las embarcaciones que constituyen, por lo
general, la marina de Colombia?
__________
|
1
|
|Véase sección Notas y
aclaraciones, al final de la obra.
|
|
2
|
Véase sección Notas y aclaraciones, al
final de la obra.
|
|
3
|
El jornal de un número es de 2 frs. 50.
|
|
4
|
En la elaboración del tabaco se emplea el carbonato de Sosa
natural.
|
|
5
|
|Véase sección Notas y aclaraciones al final de la
obra.
|
|
6
|
Los productos coloniales no han subido de precio en los puertos
de Colombia, desde la revolución, sino por su escasez. Esta
carestía es la que ha impedido que la diferencia entre las
importaciones y las exportaciones fuese inferior a la que he
señalado. Pero con la independencia, pronto excederán del límite
que alcanzaron bajo el antiguo régimen.
|
|
7
|
Las importaciones de los ingleses en toda América ascienden
cada año a cerca de 275.000.000 de francos; el total de las
exportaciones del resto de Europa en América no alcanza, a lo sumo,
a la tercera parte de esa suma.
|