INDICE





PRESENTACIÓN DE CARLOS JOSÉ REYES

PRÓLOGO

PREFACIO

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Francia - Las Azores - La costa de los Estados Unidos – Norfock - Washington - Calma chicha - Cartagena de Indias - Salida para Bogotá - Turbaco - Barranca - De Cartagena al Magdalena.

CAPÍTULO II
Salida de Barranca – El pueblo de Tenerife – Zambrano – La isla de San Pedro – Pinto – Santa Ana – Mompós - El gobernador de Mompós - Comercio de Mompós - Salida de Mompós - Margarita – Guamal - Peñón – Banco - La Sierra de Ocaña - Regidor - Río Viejo - M

CAPÍTULO III
Brazos del Magdalena - La Miel – Río Negro - Guarumo - El promontorio de Garderia - Los escollos de Perico - Honda - Descripción del Magdalena

CAPÍTULO IV
Camino de Honda a Bogotá - Río Seco - Venta Grande - La Montaña de Sargento - El valle de Guaduas - Villeta – Facatativa - Descripción del llano de Bogotá - El Salto de Tequendama – El puente natural de Pandi (Icononzo)

CAPÍTULO V
Viaje por la provincia de Socorro, situada al norte de Santafé de Bogotá.

CAPÍTULO VI
Estado del país desde 1498 hasta 1781 - Antiguos habitantes - Sus usos - Sus costumbres - Con quistas comerciales - Conquistas religiosas - Conquistas militares - Quesada - Debilitamiento de la población India - Los negros - Su estado y condición - Mezcla

CAPÍTULO VII
La revuelta del Socorro - Movimiento de 1794 - Virreyes españoles - Insurrección de Caracas en 1810 - Insurrección de Nueva Granada - El virrey Amar - Miranda – Bolívar – Monteverde - Conquista de Caracas - Bolívar pasa a Curaçao Sale de allí -

CAPÍTULO VIII
El virrey Sámano - Soldados españoles - Soldados americanos -  Bolívar entra en Santafé, pasa a Quito y luégo a Guayaquil -  Características de los principales generales.

CAPÍTULO IX
Nuevo gobierno - Constitución de Cúcuta - División del territorio en Departamentos -Renovación de los Cabildos - Leyes civiles – La justicia - El Congreso - El Poder Ejecutivo.

CAPÍTULO X
Regreso a Bogotá - Puente Real - Minas de cobre de Moniquirá - Chinquinquirá - Minas de sal de Zipaquirá.

CAPÍTULO XI
Fundación de Santafé de Bogotá - Clima - Casas – Interiores - La Catedral - Los conventos - El Hospital - Los colegios - El Palacio del Presidente - El Palacio de los Diputados - El Palacio del Senado - Las cárceles - La Casa de la Moneda y el Teatro

CAPÍTULO XII
Finanzas – Aguardiente – Papel sellado – Alcabala - Impuestos directos - Guerra - El ejército - Las piazas fuertes – Marina - Relaciones extranjeras.

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Bogotá para Popayán – Guaduas – Chaguaní – San Juan - Regreso a Guaduas - Breve estancia en esta ciudad - Beltrán - Ambalema - San Luis - Chaparral – Natagaima - Payandé - Samboja - Villavieja - Neiva.

CAPÍTULO II
Tambo del Hobo - Paso de Los Domingarios - Puente de cuerdas - La Plata - Pedregal - San Francisco - Inzá - La Montaña del Guanaco - Totoró - Paniquita - Popayán - El volcán de Puracé.

CAPÍTULO III
Descripción de Quito - Camino de Quito a Cuenca.

CAPÍTULO IV
Salida de Popayán - La mina de Alegrías Quilichao - El Cauca – Jamundí – Cali - Salida de Cali - Las Juntas.

CAPÍTULO V
Navegación peligrosa por el Dagua - Buenaventura - Descripción de la provincia del Chocó - Salida de Buenaventura en una goleta peruana - Llegada a Panamá - Observaciones acerca del Gran Océano.

CAPÍTULO VI
Descripción de la ciudad de Panamá - Las mujeres de Colombia.

CAPÍTULO VII
Descripción física de la República de Colombia – Montañas – Clima – Atmósfera – Estaciones – Temperatura – Vientos – Lluvias - Influencia tropical – Cosechas – Bosques – Ríos - Quebradas - Minas - Salinas - Volcanes - Lagos – Mares – Mareas

CAPÍTULO VIII
Población - Habitantes de los páramos - Los de las montañas en que se produce trigo - Los dos llanos - Indios bravos - Esclavos negros - Religión.

CAPÍTULO IX
Carácter de los colombianos.

CAPÍTULO X
Agricultura - Industria - Reflexiones sobre el banano – Minas - Moneda – Salinas - Comercio – Exportaciones - Importaciones.

CAPÍTULO XI
Vías de Comunicación por tierra y por agua - Leyes comerciales.

CAPÍTULO XII
Salida de Panamá - Cruces - El río Chagres - La Gorgona - Chagres.

CAPÍTULO XIII
Llegada a jamaica - Salida para Europa - Las Lucayas - Falmouth – Llegada a Francia.

NOTAS Y ACLARACIONES
| CAPÍTULO III
 

 

Descripción de Quito - Camino de Quito a Cuenca.

 

Me hubiera gustado ir a Quito, pero la sublevación de Pasto y del Patía no me permitía seguir ese camino sin exponerme a caer en manos de los insurrectos, enemigos implacables de todos aquellos que no combatían en su favor. Tuve, pues, que renunciar al placer de visitar a Quito.

A cambio de las observaciones que hubiera podido recoger en el camino que proyectaba seguir de Popayán a Guayaquil, haré un análisis muy resumido del viaje de un bogotano por esas mismas regiones | ¹ .

Su relación servirá para completar el conocimiento de las regiones montañosas de Colombia, de las que sólo he atravesado una parte, y además es interesante conocer la opinión de un colombiano sobre su país y sus compatriotas.

Quito | ² es la ciudad de mayor población del Virreinato de Nueva Granada; sin parar mientes en lo que al respecto dice Ulloa, que fija el número de sus habitantes en 60.000, se estima generalmente que aquél puede ser de 35 a 40.000; casi todos ellos son indios o mestizos.

La mayor parte de las casas son de adobe y están mal construidas. Los techos están cubiertos con hojas de maguey o de chaguarquero |(agave americana). El interior es muy sencillo; sólo el salón donde se reciben las visitas está decorado; es esa la sola habitación cuyas paredes están empapeladas o decoradas con pinturas de lo más ordinarias. Algunos quinqués sujetos en las paredes y una lámpara colgada del techo constituyen el alumbrado de las casas. El piso está cubierto con alfombras que se fabrican en el país, y el amueblado se completa con unas mesas para escribir y unos canapés forrados de seda; la cama es el mueble principal: suele estar en una alcoba con maderas talladas ricamente doradas y con las paredes tapizadas de damasco o de terciopelo; las sábanas de Holanda con encajes, se suelen cubrir con una colcha de muselina; por el día se descorren las cortinas para que se vea la cama, que es, repito, el mueble que constituye el lujo principal de los quiteños.

A la entrada de las casas hay un vestíbulo; suele estar muy sucio porque no lo limpian jamás. Los patios sirven de cuadras; la alfalfa para los caballos |(medicago sativa) la ponen en la escalera; los corredores, las antecámaras, el interior de las casas las cocinas, todo en una palabra, apesta y exhala un aire mefítico. En casi todas las casas hay un gabinete en el que suelen retirarse las señoras para hacer labores: se llama |obrador. Esta habitación es indispensable en Quito, donde las señoras se pasan la vida sin hacer nada o de visitas. El |obrador está bastante bien decorado, aunque el gusto no presida la manera de amueblarlo. En los tejados hay una terraza que las señoras adornan con macetas de flores. Sirven esas terrazas para calentarse al sol y respirar al aire libre; esto no siempre resulta agradable porque en ellas están también los excusados, y además se aprovechan para lavar los platos y tender la ropa.

Tanto la nobleza como la burguesía habitan los pisos altos de las casas; el pueblo ocupa el entresuelo o piso bajo. Todas las familias suelen alquilar alguna habitación, lo que hace que en cada casa haya un barullo y un ruido infernal.

Las calles están mal empedradas, sucias y son estrechas: es muy poco frecuente que las cosas tengan fuente; sólo se cuentan tres en la ciudad; la cárcel no tiene nada de particular; el hospital es pequeño y está mal cuidado; en cambio el hospicio para los pobres y los huérfanos está muy bien atendido y se caracteriza por el orden que reina y por la economía de su administración. En un momento dado se tuvo la intención de establecer un depósito de mendicidad, pero, como tantos otros proyectos, éste no se realizó. En Quito hay pocos paseos; el más hermoso fue creado por el presidente Villa Lengua, y lo destruyó su sucesor.

La vida en Quito es bastante cara; la carne de vaca no es de buena calidad, y no siempre está úno seguro de que la haya; la de cordero es todavía peor, por que solo se matan las ovejas viejas. La leche no tiene nata, el queso es detestable, y como no le ponen sal, casi siempre está echado a perder, a pesar de que el quiteño consume grandes cantidades de queso, lo toma con la sopa, con las mermeladas con el chocolate; por la mañana, por la tarde, en una palabra, a todas horas.

La sal la traen de Guayaquil: la gris se prefiere a la blanca. El azúcar es caro y malo, proviene de Ibarra; el quintal cuesta por lo menos 20 piastras y a veces sube hasta 30. El artículo de consumo que más se vende y que fabrican los molinos de azúcar de Ibarra es la |raspadura, una especie de chicha; el pueblo bebe una cantidad considerable. El cacao viene de Guayaquil y es inferior en calidad al de Timaná y al del Magdalena. Las mermeladas que se confeccionan en Quito son regulares, las patatas, excelentes, constituyen el principal alimento; el maíz tiene poco sabor: la altitud es la causa de su insipidez; las coles y las lechugas son buenas; en toda época se dan las peras, las manzanas, varias clases de duraznos, las naranjas, las cidras, los limones, las fresas, las moras, los higos chumbos |(cactus opuntia), los aguacates, las guamas |(mimosa Inga), las papayas y los melones; de tierra caliente se traen los plátanos y unas ciruelas pequeñas.

El agua de Quito es mala; el pan no es bueno, a pesar de estar bien cocido, porque con la harina de trigo se mezclan las de guisantes, lentejas y avena.

Quito encerrada en sus montañas y no pudiendo traer nada de Europa sino a precios fabulosos, ha tenido, por fuerza, que crear algunas industrias: hay fábricas de tejidos cuyos artículos fuertes, aunque ordinarios tienen mucha aceptación en Antioquia, en el Chocó, en Timaná, en Barbacoas y en Guayaquil; esta última los paga en cacao, y las otras con el oro de sus minas.

Las artes lo mismo que la industria carecen de modelos; están en la infancia; la escultura de cuyos ejemplares están cuajados todos los monumentos, es bárbara todavía; los Fidias sin aspiración de esta ciudad, serviles imitadores de sus predecesores, siguen representando a San Antonio de Padua con un niño en brazos, a Santo Domingo con un perro a sus pies, a los ángeles con colas de pavo real, y a todos en éxtasis. Con la pintura sucede lo mismo que con la escultura, y la arquitectura está tan atrasada como las dos primeras; ahora bien: la pasamanería se perfecciona. No sucede lo mismo con la carpintería la ebanistería, la orfebrería y la cerrajería. Los sastres y los zapateros carecen en absoluto de gusto.

Puede decirse de los conventos de Quito lo que de todos los demás y de todos las instituciones que envejecen: los escándalos de los partidos, las intrigas que los dividen, las simonías, el despotismo de los vencedores para con los vencidos, la hipocresía, las bajas complacencias de los prelados para con sus amigos, la sensualidad, los gastos profanos, todo esto encuentra en ellos ambiente propicio para desarrollarse; en una palabra, para llegar a ocupar el puesto de provincial, que confiere un poder casi absoluto en el convento, juntamente con la libre disposición de las rentas y con la facultad de prodigar las riquezas, no hay vicio con que no se deshonre el clero regular de Quito.

Hay dos colegios: el principal está dirigido por los dominicos las vanas discusiones, la poca severidad para el estudio y para el orden, los muchos recreos y el atildamiento en el vestir, tal es la disciplina de esta casa de enseñanza. El Colegio de San Luis no está mejor regentado.

La Universidad de Quito está constituida por un número infinito de doctores de toda casta, condición y pelaje, presididos por un rector elegido por ellos mismos. Si se exceptúan unos cuantos que se han formado en el recuento del estudio, los demás son de una ignorancia supina, razón por la cual en los exámenes hacen gala de una indulgencia excesiva; nunca niegan nada, nunca amonestan al alumno, los examinados siempre contestan bien. Júzguese por esto si los alumnos tendrán ganas de llegar a ser ellos a su vez doctores! Así, Quito es el único país que desmiente el proverbio |Non omnes doctores.

Las monjas. Bien sea timidez natural de su sexo bien sea efecto de la reclusión en que se las mantiene, o de la vigilancia que ejercen los obispos, las víctimas de la avaricia de los padres, de la envidia de los hermanos o de la desesperación conyugal y muchas veces de un amor excesivo al Señor, son las que practican más concienzudamente las virtudes a cuyo culto han consagrado su vida. También hay algunas que sucumben, y hasta la orden austera de Santa Teresa se ha relajado mucho; pero por lo menos no se advierte ese desorden escandaloso que con tánta frecuencia propina los conventos de frailes. Las mujeres, a veces, tienen debilidades; los hombres, casi siempre vicios.

Para ir de Quito a Cuenca se va primero a Turubamba; todas las posadas que úno encuentra en el camino están provistas de pan de queso y de chicha; luégo se pasa por las ciudades cuyos nombres vamos a citar:

Machake, a 0º25’ | de latitud sur, cuenta 2.200 habitantes, de los cuales 800 son indios. El termómetro Réaumur habitualmente marca en el pueblo 6º | sobre cero.

Salquilice, a 0º50’10’’ de latitud sur; hay fábricas de chucherías.

Taquaco. Al salir de este pueblo se atraviesa un páramo de tres o cuatro leguas para llegar a Tihua. La región donde está enclavado este caserío está llena de rebaños de ovejas, cuya lana es muy apreciada.

Taguolo, a 0º53’’ | de latitud sur; produce caña de azúcar; se hacen muchas mermeladas.

Macuchimina es rico en minas; la región está cortada de tal modo por tántos precipicios y tántos ríos, entre otros al Yana, el Yacu y el Pilalo, que no se puede viajar por ella sino a lomo de indio. Los bosques de Macuchimina producen quina en abundancia.

Pilalo. Este pueblo tiene 2.000 almas. En los meses de julio, agosto y septiembre, los vientos soplan con violencia extremada.

Al salir de Pilalo se dirige uno hacia Ambato. La región que se atraviesa antes de llegar a Ambato está cubierta de arena que vomitan los volcanes.

Ambato es un pueblo bonito las calles están tiradas a cordel, las casas son agradables; las que están un poco alejadas del centro del pueblo están rodeadas de un seto vivo constituido por chumberas, ciruelos, perales, duraznos y otros muchos árboles frutales; algunos cactos cubiertos de cochinilla consolidan esos setos y los hacen impenetrables. Todas las chozas aisladas y semiocultas por una cortina de follaje producen un efecto delicioso. Las iglesias son de madera y de escasa elevación en razón a los temblores. Ambato ha sido destruido más de una vez por estos cataclismos. La población numerosa y en general en situación desahogada se compone en gran parte de indios.

Al salir de Ambato para ir a Cuenca se atraviesa el puente y el pueblo de Querro, el páramo de Sabanag, la aldea de Ilapo, el llano de Tapi; al salir de éste se pasa por las ruinas de Riobamba, que fue destruida el 4 de febrero de 1797 por un terremoto. Los habitantes que escaparon con vida de los estragos de este cataclismo trataron de fundar otra Riobamba en el llano de Tapi. Este poblado se va formando lentamente, como si bajo la amenaza de las sacudidas del Chimborazo, del Guairazo, del Tunguragua y del Altar, volcanes que le rodean por todas partes, temiese verse de nuevo aplastado bajo las masas incandescentes que lanzan esos colosos de los Andes. Las minas de la antigua Riobamba se adivinan más bien que se ven. Esta tierra desolada inspira tal amor a algunos de sus habitantes, que éstos han preferido correr el riesgo de verse sepultados como lo fueron sus padres, antes que abandonar los manes de las personas amadas. Así, las chozas míseras que hay por allí adquieren cuando se las contempla, la belleza de esos altares que evocan el culto a la amistad y el amor a la patria.

Después de haber recorrido una región en la que sólo se ven los estragos causados por los terremotos, se llega a Guamote, que está situado a 1º55’ | de latitud sur. Allí ya se distinguen perfectamente los dos ramales de la cordillera. El del Oeste es el menos elevado. Se ve el ancho corte que la Naturaleza ha abierto para dar salida a las aguas. Este se inicia, en la provincia de Esmeraldas, en Tuipulco, y en la de Marañon, en Totorillos. La abertura o corte a que nos referimos constituye el lecho profundo del río Guayaquil.

En Guamote hace mucho frío, y sin embargo no se cansa úno de admirar su situación; es de las más pintorescas. Guamote está rodeado de montañas muy altas; el terreno en que se levanta este caserío constituye una isla formada por dos ríos cuyas márgenes son en extremo fértiles. Guamote no tiene más que unas cuantas chozas de paja y una iglesia.

Y sin embargo esta aldehuela fue el foco donde se inició el terrible movimiento que en 1803 asoló estas comarcas. La palabra |aduana, cuyo significado la gente de estas montañas no alcanza a comprender, y algunos nuevos derechos o impuestos que se quisieron establecer, hicieron estallar esa sublevación: no hay que buscar otra razón a este movimiento; en él no se advierte ninguna de las características que han marcado las revoluciones en los otros países. Recordando los esfuerzos que hubo que hacer cuando se intentó establecer en esta región de la provincia de Quito el estanco del tabaco y del aguardiente los indios temieron que se tratase otra vez de someterles. Algunas palabras imprudentes bastaron para que cogieran las armas y las teas. De repente ese odio que sienten contra el mestizo y que sólo estaba adormecido, se despertó en ellos, se excitaron con la matanza, y la carnicería marcó la huella de su paso. En efecto, el indio, tan cobarde cuando es el más débil, se hace cruel e implacable cuando se siente el más fuerte. Si ve que se le teme, amenaza, hiere y mata; él, que huye a la vista de una espada cuando no le animan el odio o la cólera.

Esta vasta conspiración dirigida principalmente contra los blancos, que debía extenderse por todas estas montañas, fue iniciada prematuramente por los habitantes de Guamote. Las otras aldeas que debían tomar parte en el movimiento no estaban aún listas para secundarlo; el movimiento fracasó y fue sofocado. Se hizo un escarmiento terrible para asustar a los indios Guamote fue arrasado.

Siguiendo por el camino de Cuenca nos encontramos con Puma Chaca; aquí es donde se empieza a bajar: los pueblos y los cultivos abundan más. Lo mismo que en el Cabo de Buena Esperanza, se emplean los caballos para trillar los cereales.

Se llega después a Alausi, caserío que está situado a 2 |o20' de latitud sur; tiene 5.500 habitantes, de los cuales 2.000 son indios. En Alausi empiezan esos inmensos bosques que se extienden hasta el Gran Océano. Puma Chaca, donde uno se detiene, está a la misma latitud que Quito. De aquí se entra ya en el Asuay. Este páramo es pedregoso. Las partes más elevadas llegan hasta la altitud donde la vegetacián termina. Al salir de Puma Chaca, a las cinco de la mañana, se empieza a subir sin cesar hasta Sabanag, que es una meseta en la que se descansa. De ésta se pasa a la de Piches, en la que se siente un frío glacial. La subida hasta Litan es suave, pero larguísma. Aquí es donde en realidad empieza el páramo de Asuay, tumba de muchos viajeros. Cuando sopla el viento del Este es tal la cantidad de granizo y de nieve que arrastra, que el aire se Oscurece; el viajero, pasmado de frío, con el agua hasta las rodillas, siente que sus miembros se agarrotan, y a veces, si tiene la suerte de escapar a la muerte, se queda lisiado. En el Asuay hay un estanque de unas 70 varas de largo (180 pies); la temperatura del agua de esa charca es de 9º sobre cero. Más allá hay otra que mide de 500 a 600 varas de largo por unas 200 a 300 de ancho. No muy lejos de este sitio empieza el llano de Puyal, peligroso por los pantanos profundos que se encuentran en él; al final del Puyal están las ruinas de un palacio de los incas, construido con piedras y sin argamasa: los indios han demostrado tener un gusto muy singular al escoger el emplazamiento de esta casa de recreo, pues durante ocho meses del año llueve y graniza en esos parajes.

Después de pasar el Alto de la Virgen se llega a Delek, aldea poblada de indios. El aspecto del paisaje es más risueño los caminos son mejores, la población es más densa; todo anuncia la proximidad de una ciudad importante; no se engaña uno, se llega a Cuenca, que está situada en una llanura de considerable extensión cuya elevación sobre el nivel del mar es de 1.279 toesas.

La temperatura de Cuenca es agradable; de día pocas veces baja de 12º y nunca sube de 15; las noches son muy frescas, pues el termómetro con frecuencia no pasa de 6º.

El cielo a veces se cubre de nubes pero llueve menos que en Quito, y las tormentas que estallan en los meses de octubre y de marzo son de corta duración. Las lluvias, frecuentes en los equinoccios, son más bien raras en los solsticios: entonces las nubes se disipan, el cielo azul resplandece; es la estación de los días buenos con esta diferencia, sin embargo, durante el solsticio de primavera hay tres o cuatro meses magníficos mientras que durante el de invierno hay unos quince o treinta días de lluvia.

La región donde se alza Cuenca es llana arenosa y árida. Las calles, tiradas a cordel, tienen cada una 125 varas (323 pies) de largo por 12 varas de ancho (31 pies). La mayor parte de ellas están empedradas.

Cuenca es la única ciudad que tiene la ventaja de tener agua en todos los barrios. Todas las casas, que están construidas con ladrillos sin cocer, carecen de elegancia y de adornos; son muy bajas y sucias. La suciedad es una de las características de la provincia de Quito.

Las iglesias son pobres y están mal decoradas. La ciudad carece de edificios, si se exceptúa el colegio de los jesuitas. El capítulo de la Catedral está constituido por un deán, un archidiácono, un penitenciario, un doctoral y dos diáconos. El gobernador tiene un sueldo de 2.500 piastras. El número de habitantes es de 19.000, incluidos 3.000 indios. Hay conventos de frailes dominicos, franciscanos, agustinos, de San Juan de Dios, bethelmitas y carmelitas. Se cuentan dos parroquias: San Blas y San Sebastián; los conventos de Cuenca dependen de los de Quito. La falta total de instrucción y de conocimientos hace que el clero de esta ciudad sea muy inferior al de Quito. Se trabaja la concha con bastante gusto; el arte de moldar en cera y el de la escultura se van perdiendo.

La sociedad de Cuenca se compone de tres clases: la nobleza, que no hace absolutamente nada, la burguesía, que se dedica al comercio, y el pueblo, que se ocupa en los trabajos más duros, pues los curas y los jefes (me refiero a los indios) le abruman con las cargas más penosas.

Cuenca recibe de Piura el algodón y el jabón; de Guayaquil, el cacao, el arroz, la sal, el pescado, el vino, el aceite, y de Europa, la loza; de Quito algunas telas ordinarias; en cambio suministra a Loja y a Guayaquil los granos y los productos de las montañas que la rodean.

El valle del Paute depende de la jurisdicción de Cuenca; está a siete leguas al nordeste de esta ciudad; se han descubierto minas de mercurio. Los bosques que pueblan las montañas vecinas producen mucha quina, que en el país se conoce con el nombre de |pata de gallinazo; | se cosecha a una altura superior en 403 varas a la de Quito.

San Cristóbal, en las orillas del Supay, Uccu y Qualacéo, está en la jurisdicción de Paute. En los alrededores se cosechan la cochinilla y caña de azúcar; se explotan también minas de oro. Guagal-Suma es una colina famosa en la región porque se sospecha que en ella los indios continúan sacrificando niños a los manes de sus incas; el cristianismo y la vigilancia de los españoles no pudieron conseguir la abolición de esta costumbre bárbara. Los indios, a pesar de no tener ni historiadores ni monumentos, no han olvidado ni sus antiguos amos ni sus pasadas desgracias.

 

 

1
Viaje de Caldas manuscrito 1805. Este americano nacido en Bogotá (sic) se distinguió por su afición a la botánica; fue fusilado en 1816 por orden del virrey.
2
Quito comunica por el camino de Malbucho con el puerto de Carondelet, en el Pacífico.

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