|
CAPÍTULO
III
Descripción de
Quito - Camino de Quito a Cuenca.
Me hubiera gustado ir a Quito, pero la sublevación de Pasto y
del Patía no me permitía seguir ese camino sin exponerme a caer en
manos de los insurrectos, enemigos implacables de todos aquellos
que no combatían en su favor. Tuve, pues, que renunciar al placer
de visitar a Quito.
A cambio de las observaciones que hubiera podido recoger en el
camino que proyectaba seguir de Popayán a Guayaquil, haré un
análisis muy resumido del viaje de un bogotano por esas mismas
regiones
|
¹
.
Su relación servirá para completar el conocimiento de las
regiones montañosas de Colombia, de las que sólo he atravesado una
parte, y además es interesante conocer la opinión de un colombiano
sobre su país y sus compatriotas.
Quito
|
²
es la ciudad
de mayor población del Virreinato de Nueva Granada; sin parar
mientes en lo que al respecto dice Ulloa, que fija el número de sus
habitantes en 60.000, se estima generalmente que aquél puede ser de
35 a 40.000; casi todos ellos son indios o mestizos.
La mayor parte de las casas son de adobe y están mal
construidas. Los techos están cubiertos con hojas de maguey o de
chaguarquero
|(agave americana). El interior es muy sencillo;
sólo el salón donde se reciben las visitas está decorado; es esa la
sola habitación cuyas paredes están empapeladas o decoradas con
pinturas de lo más ordinarias. Algunos quinqués sujetos en las
paredes y una lámpara colgada del techo constituyen el alumbrado de
las casas. El piso está cubierto con alfombras que se fabrican en
el país, y el amueblado se completa con unas mesas para escribir y
unos canapés forrados de seda; la cama es el mueble principal:
suele estar en una alcoba con maderas talladas ricamente doradas y
con las paredes tapizadas de damasco o de terciopelo; las sábanas
de Holanda con encajes, se suelen cubrir con una colcha de
muselina; por el día se descorren las cortinas para que se vea la
cama, que es, repito, el mueble que constituye el lujo principal de
los quiteños.
A la entrada de las casas hay un vestíbulo; suele estar muy
sucio porque no lo limpian jamás. Los patios sirven de cuadras; la
alfalfa para los caballos
|(medicago sativa) la ponen en la
escalera; los corredores, las antecámaras, el interior de las casas
las cocinas, todo en una palabra, apesta y exhala un aire mefítico.
En casi todas las casas hay un gabinete en el que suelen retirarse
las señoras para hacer labores: se llama
|obrador. Esta
habitación es indispensable en Quito, donde las señoras se pasan la
vida sin hacer nada o de visitas. El
|obrador está bastante
bien decorado, aunque el gusto no presida la manera de amueblarlo.
En los tejados hay una terraza que las señoras adornan con macetas
de flores. Sirven esas terrazas para calentarse al sol y respirar
al aire libre; esto no siempre resulta agradable porque en ellas
están también los excusados, y además se aprovechan para lavar los
platos y tender la ropa.
Tanto la nobleza como la burguesía habitan los pisos altos de
las casas; el pueblo ocupa el entresuelo o piso bajo. Todas las
familias suelen alquilar alguna habitación, lo que hace que en cada
casa haya un barullo y un ruido infernal.
Las calles están mal empedradas, sucias y son estrechas: es muy
poco frecuente que las cosas tengan fuente; sólo se cuentan tres en
la ciudad; la cárcel no tiene nada de particular; el hospital es
pequeño y está mal cuidado; en cambio el hospicio para los pobres y
los huérfanos está muy bien atendido y se caracteriza por el orden
que reina y por la economía de su administración. En un momento
dado se tuvo la intención de establecer un depósito de mendicidad,
pero, como tantos otros proyectos, éste no se realizó. En Quito hay
pocos paseos; el más hermoso fue creado por el presidente Villa
Lengua, y lo destruyó su sucesor.
La vida en Quito es bastante cara; la carne de vaca no es de
buena calidad, y no siempre está úno seguro de que la haya; la de
cordero es todavía peor, por que solo se matan las ovejas viejas.
La leche no tiene nata, el queso es detestable, y como no le ponen
sal, casi siempre está echado a perder, a pesar de que el quiteño
consume grandes cantidades de queso, lo toma con la sopa, con las
mermeladas con el chocolate; por la mañana, por la tarde, en una
palabra, a todas horas.
La sal la traen de Guayaquil: la gris se prefiere a la blanca.
El azúcar es caro y malo, proviene de Ibarra; el quintal cuesta por
lo menos 20 piastras y a veces sube hasta 30. El artículo de
consumo que más se vende y que fabrican los molinos de azúcar de
Ibarra es la
|raspadura, una especie de chicha; el pueblo
bebe una cantidad considerable. El cacao viene de Guayaquil y es
inferior en calidad al de Timaná y al del Magdalena. Las mermeladas
que se confeccionan en Quito son regulares, las patatas,
excelentes, constituyen el principal alimento; el maíz tiene poco
sabor: la altitud es la causa de su insipidez; las coles y las
lechugas son buenas; en toda época se dan las peras, las manzanas,
varias clases de duraznos, las naranjas, las cidras, los limones,
las fresas, las moras, los higos chumbos
|(cactus opuntia),
los aguacates, las guamas
|(mimosa Inga), las papayas y los
melones; de tierra caliente se traen los plátanos y unas ciruelas
pequeñas.
El agua de Quito es mala; el pan no es bueno, a pesar de estar
bien cocido, porque con la harina de trigo se mezclan las de
guisantes, lentejas y avena.
Quito encerrada en sus montañas y no pudiendo traer nada de
Europa sino a precios fabulosos, ha tenido, por fuerza, que crear
algunas industrias: hay fábricas de tejidos cuyos artículos
fuertes, aunque ordinarios tienen mucha aceptación en Antioquia, en
el Chocó, en Timaná, en Barbacoas y en Guayaquil; esta última los
paga en cacao, y las otras con el oro de sus minas.
Las artes lo mismo que la industria carecen de modelos; están en
la infancia; la escultura de cuyos ejemplares están cuajados todos
los monumentos, es bárbara todavía; los Fidias sin aspiración de
esta ciudad, serviles imitadores de sus predecesores, siguen
representando a San Antonio de Padua con un niño en brazos, a Santo
Domingo con un perro a sus pies, a los ángeles con colas de pavo
real, y a todos en éxtasis. Con la pintura sucede lo mismo que con
la escultura, y la arquitectura está tan atrasada como las dos
primeras; ahora bien: la pasamanería se perfecciona. No sucede lo
mismo con la carpintería la ebanistería, la orfebrería y la
cerrajería. Los sastres y los zapateros carecen en absoluto de
gusto.
Puede decirse de los conventos de Quito lo que de todos los
demás y de todos las instituciones que envejecen: los escándalos de
los partidos, las intrigas que los dividen, las simonías, el
despotismo de los vencedores para con los vencidos, la hipocresía,
las bajas complacencias de los prelados para con sus amigos, la
sensualidad, los gastos profanos, todo esto encuentra en ellos
ambiente propicio para desarrollarse; en una palabra, para llegar a
ocupar el puesto de provincial, que confiere un poder casi absoluto
en el convento, juntamente con la libre disposición de las rentas y
con la facultad de prodigar las riquezas, no hay vicio con que no
se deshonre el clero regular de Quito.
Hay dos colegios: el principal está dirigido por los dominicos
las vanas discusiones, la poca severidad para el estudio y para el
orden, los muchos recreos y el atildamiento en el vestir, tal es la
disciplina de esta casa de enseñanza. El Colegio de San Luis no
está mejor regentado.
La Universidad de Quito está constituida por un número infinito
de doctores de toda casta, condición y pelaje, presididos por un
rector elegido por ellos mismos. Si se exceptúan unos cuantos que
se han formado en el recuento del estudio, los demás son de una
ignorancia supina, razón por la cual en los exámenes hacen gala de
una indulgencia excesiva; nunca niegan nada, nunca amonestan al
alumno, los examinados siempre contestan bien. Júzguese por esto si
los alumnos tendrán ganas de llegar a ser ellos a su vez doctores!
Así, Quito es el único país que desmiente el proverbio
|Non omnes
doctores.
Las monjas. Bien sea timidez natural de su sexo bien sea efecto
de la reclusión en que se las mantiene, o de la vigilancia que
ejercen los obispos, las víctimas de la avaricia de los padres, de
la envidia de los hermanos o de la desesperación conyugal y muchas
veces de un amor excesivo al Señor, son las que practican más
concienzudamente las virtudes a cuyo culto han consagrado su vida.
También hay algunas que sucumben, y hasta la orden austera de Santa
Teresa se ha relajado mucho; pero por lo menos no se advierte ese
desorden escandaloso que con tánta frecuencia propina los conventos
de frailes. Las mujeres, a veces, tienen debilidades; los hombres,
casi siempre vicios.
Para ir de Quito a Cuenca se va primero a Turubamba; todas las
posadas que úno encuentra en el camino están provistas de pan de
queso y de chicha; luégo se pasa por las ciudades cuyos nombres
vamos a citar:
Machake, a 0º25’
|
de latitud sur, cuenta 2.200
habitantes, de los cuales 800 son indios. El termómetro Réaumur
habitualmente marca en el pueblo 6º
|
sobre cero.
Salquilice, a 0º50’10’’ de latitud sur; hay
fábricas de chucherías.
Taquaco. Al salir de este pueblo se atraviesa un páramo de tres
o cuatro leguas para llegar a Tihua. La región donde está enclavado
este caserío está llena de rebaños de ovejas, cuya lana es muy
apreciada.
Taguolo, a 0º53’’
|
de latitud sur; produce caña
de azúcar; se hacen muchas mermeladas.
Macuchimina es rico en minas; la región está cortada de tal modo
por tántos precipicios y tántos ríos, entre otros al Yana, el Yacu
y el Pilalo, que no se puede viajar por ella sino a lomo de indio.
Los bosques de Macuchimina producen quina en abundancia.
Pilalo. Este pueblo tiene 2.000 almas. En los meses de julio,
agosto y septiembre, los vientos soplan con violencia
extremada.
Al salir de Pilalo se dirige uno hacia Ambato. La región que se
atraviesa antes de llegar a Ambato está cubierta de arena que
vomitan los volcanes.
Ambato es un pueblo bonito las calles están tiradas a cordel,
las casas son agradables; las que están un poco alejadas del centro
del pueblo están rodeadas de un seto vivo constituido por
chumberas, ciruelos, perales, duraznos y otros muchos árboles
frutales; algunos cactos cubiertos de cochinilla consolidan esos
setos y los hacen impenetrables. Todas las chozas aisladas y
semiocultas por una cortina de follaje producen un efecto
delicioso. Las iglesias son de madera y de escasa elevación en
razón a los temblores. Ambato ha sido destruido más de una vez por
estos cataclismos. La población numerosa y en general en situación
desahogada se compone en gran parte de indios.
Al salir de Ambato para ir a Cuenca se atraviesa el puente y el
pueblo de Querro, el páramo de Sabanag, la aldea de Ilapo, el llano
de Tapi; al salir de éste se pasa por las ruinas de Riobamba, que
fue destruida el 4 de febrero de 1797 por un terremoto. Los
habitantes que escaparon con vida de los estragos de este
cataclismo trataron de fundar otra Riobamba en el llano de Tapi.
Este poblado se va formando lentamente, como si bajo la amenaza de
las sacudidas del Chimborazo, del Guairazo, del Tunguragua y del
Altar, volcanes que le rodean por todas partes, temiese verse de
nuevo aplastado bajo las masas incandescentes que lanzan esos
colosos de los Andes. Las minas de la antigua Riobamba se adivinan
más bien que se ven. Esta tierra desolada inspira tal amor a
algunos de sus habitantes, que éstos han preferido correr el riesgo
de verse sepultados como lo fueron sus padres, antes que abandonar
los manes de las personas amadas. Así, las chozas míseras que hay
por allí adquieren cuando se las contempla, la belleza de esos
altares que evocan el culto a la amistad y el amor a la patria.
Después de haber recorrido una región en la que sólo se ven los
estragos causados por los terremotos, se llega a Guamote, que está
situado a 1º55’
|
de latitud sur. Allí ya se distinguen
perfectamente los dos ramales de la cordillera. El del Oeste es el
menos elevado. Se ve el ancho corte que la Naturaleza ha abierto
para dar salida a las aguas. Este se inicia, en la provincia de
Esmeraldas, en Tuipulco, y en la de Marañon, en Totorillos. La
abertura o corte a que nos referimos constituye el lecho profundo
del río Guayaquil.
En Guamote hace mucho frío, y sin embargo no se cansa úno de
admirar su situación; es de las más pintorescas. Guamote está
rodeado de montañas muy altas; el terreno en que se levanta este
caserío constituye una isla formada por dos ríos cuyas márgenes son
en extremo fértiles. Guamote no tiene más que unas cuantas chozas
de paja y una iglesia.
Y sin embargo esta aldehuela fue el foco donde se inició el
terrible movimiento que en 1803 asoló estas comarcas. La palabra
|aduana, cuyo significado la gente de estas montañas no
alcanza a comprender, y algunos nuevos derechos o impuestos que se
quisieron establecer, hicieron estallar esa sublevación: no hay que
buscar otra razón a este movimiento; en él no se advierte ninguna
de las características que han marcado las revoluciones en los
otros países. Recordando los esfuerzos que hubo que hacer cuando se
intentó establecer en esta región de la provincia de Quito el
estanco del tabaco y del aguardiente los indios temieron que se
tratase otra vez de someterles. Algunas palabras imprudentes
bastaron para que cogieran las armas y las teas. De repente ese
odio que sienten contra el mestizo y que sólo estaba adormecido, se
despertó en ellos, se excitaron con la matanza, y la carnicería
marcó la huella de su paso. En efecto, el indio, tan cobarde cuando
es el más débil, se hace cruel e implacable cuando se siente el más
fuerte. Si ve que se le teme, amenaza, hiere y mata; él, que huye a
la vista de una espada cuando no le animan el odio o la cólera.
Esta vasta conspiración dirigida principalmente contra los
blancos, que debía extenderse por todas estas montañas, fue
iniciada prematuramente por los habitantes de Guamote. Las otras
aldeas que debían tomar parte en el movimiento no estaban aún
listas para secundarlo; el movimiento fracasó y fue sofocado. Se
hizo un escarmiento terrible para asustar a los indios Guamote fue
arrasado.
Siguiendo por el camino de Cuenca nos encontramos con Puma
Chaca; aquí es donde se empieza a bajar: los pueblos y los cultivos
abundan más. Lo mismo que en el Cabo de Buena Esperanza, se emplean
los caballos para trillar los cereales.
Se llega después a Alausi, caserío que está situado a
2
|o20' de latitud sur; tiene 5.500 habitantes, de los
cuales 2.000 son indios. En Alausi empiezan esos inmensos bosques
que se extienden hasta el Gran Océano. Puma Chaca, donde uno se
detiene, está a la misma latitud que Quito. De aquí se entra ya en
el Asuay. Este páramo es pedregoso. Las partes más elevadas llegan
hasta la altitud donde la vegetacián termina. Al salir de Puma
Chaca, a las cinco de la mañana, se empieza a subir sin cesar hasta
Sabanag, que es una meseta en la que se descansa. De ésta se pasa a
la de Piches, en la que se siente un frío glacial. La subida hasta
Litan es suave, pero larguísma. Aquí es donde en realidad empieza
el páramo de Asuay, tumba de muchos viajeros. Cuando sopla el
viento del Este es tal la cantidad de granizo y de nieve que
arrastra, que el aire se Oscurece; el viajero, pasmado de frío, con
el agua hasta las rodillas, siente que sus miembros se agarrotan, y
a veces, si tiene la suerte de escapar a la muerte, se queda
lisiado. En el Asuay hay un estanque de unas 70 varas de largo (180
pies); la temperatura del agua de esa charca es de 9º sobre cero.
Más allá hay otra que mide de 500 a 600 varas de largo por unas 200
a 300 de ancho. No muy lejos de este sitio empieza el llano de
Puyal, peligroso por los pantanos profundos que se encuentran en
él; al final del Puyal están las ruinas de un palacio de los incas,
construido con piedras y sin argamasa: los indios han demostrado
tener un gusto muy singular al escoger el emplazamiento de esta
casa de recreo, pues durante ocho meses del año llueve y graniza en
esos parajes.
Después de pasar el Alto de la Virgen se llega a Delek, aldea
poblada de indios. El aspecto del paisaje es más risueño los
caminos son mejores, la población es más densa; todo anuncia la
proximidad de una ciudad importante; no se engaña uno, se llega a
Cuenca, que está situada en una llanura de considerable extensión
cuya elevación sobre el nivel del mar es de 1.279 toesas.
La temperatura de Cuenca es agradable; de día pocas veces baja
de 12º y nunca sube de 15; las noches son muy frescas, pues el
termómetro con frecuencia no pasa de 6º.
El cielo a veces se cubre de nubes pero llueve menos que en
Quito, y las tormentas que estallan en los meses de octubre y de
marzo son de corta duración. Las lluvias, frecuentes en los
equinoccios, son más bien raras en los solsticios: entonces las
nubes se disipan, el cielo azul resplandece; es la estación de los
días buenos con esta diferencia, sin embargo, durante el solsticio
de primavera hay tres o cuatro meses magníficos mientras que
durante el de invierno hay unos quince o treinta días de
lluvia.
La región donde se alza Cuenca es llana arenosa y árida. Las
calles, tiradas a cordel, tienen cada una 125 varas (323 pies) de
largo por 12 varas de ancho (31 pies). La mayor parte de ellas
están empedradas.
Cuenca es la única ciudad que tiene la ventaja de tener agua en
todos los barrios. Todas las casas, que están construidas con
ladrillos sin cocer, carecen de elegancia y de adornos; son muy
bajas y sucias. La suciedad es una de las características de la
provincia de Quito.
Las iglesias son pobres y están mal decoradas. La ciudad carece
de edificios, si se exceptúa el colegio de los jesuitas. El
capítulo de la Catedral está constituido por un deán, un
archidiácono, un penitenciario, un doctoral y dos diáconos. El
gobernador tiene un sueldo de 2.500 piastras. El número de
habitantes es de 19.000, incluidos 3.000 indios. Hay conventos de
frailes dominicos, franciscanos, agustinos, de San Juan de Dios,
bethelmitas y carmelitas. Se cuentan dos parroquias: San Blas y San
Sebastián; los conventos de Cuenca dependen de los de Quito. La
falta total de instrucción y de conocimientos hace que el clero de
esta ciudad sea muy inferior al de Quito. Se trabaja la concha con
bastante gusto; el arte de moldar en cera y el de la escultura se
van perdiendo.
La sociedad de Cuenca se compone de tres clases: la nobleza, que
no hace absolutamente nada, la burguesía, que se dedica al
comercio, y el pueblo, que se ocupa en los trabajos más duros, pues
los curas y los jefes (me refiero a los indios) le abruman con las
cargas más penosas.
Cuenca recibe de Piura el algodón y el jabón; de Guayaquil, el
cacao, el arroz, la sal, el pescado, el vino, el aceite, y de
Europa, la loza; de Quito algunas telas ordinarias; en cambio
suministra a Loja y a Guayaquil los granos y los productos de las
montañas que la rodean.
El valle del Paute depende de la jurisdicción de Cuenca; está a
siete leguas al nordeste de esta ciudad; se han descubierto minas
de mercurio. Los bosques que pueblan las montañas vecinas producen
mucha quina, que en el país se conoce con el nombre de
|pata de
gallinazo;
|
se cosecha a una altura superior en 403 varas
a la de Quito.
San Cristóbal, en las orillas del Supay, Uccu y Qualacéo, está
en la jurisdicción de Paute. En los alrededores se cosechan la
cochinilla y caña de azúcar; se explotan también minas de oro.
Guagal-Suma es una colina famosa en la región porque se sospecha
que en ella los indios continúan sacrificando niños a los manes de
sus incas; el cristianismo y la vigilancia de los españoles no
pudieron conseguir la abolición de esta costumbre bárbara. Los
indios, a pesar de no tener ni historiadores ni monumentos, no han
olvidado ni sus antiguos amos ni sus pasadas desgracias.
|
1
|
Viaje de Caldas manuscrito 1805.
Este americano nacido en Bogotá (sic) se distinguió por su afición
a la botánica; fue fusilado en 1816 por orden del virrey.
|
|
2
|
Quito comunica por el camino de
Malbucho con el puerto de Carondelet, en el Pacífico.
|