PRESENTACIÓN
CARLOS JOSÉ
REYES
Gaspard-Théodore Mollien, hijo del conde Nicolás-François
Mollien, hombre de Estado financista de Rouen, venía de una familia
de comerciantes. Su padre había prestado importantes servicios al
gobierno francés desde los tiempos del antiguo régimen. Durante los
días de la revolución, fue mirado con desconfianza, en especial por
su amistad con el duque de La Rochefoucauld. Sin embargo, sus
capacidades administrativas y financieras le permitieron sobrevivir
a los fuertes cambios que se sucedieron en la Francia revolucionada
y en el posterior imperio napoleónico, consiguiendo llegara la
avanzada edad de noventa y dos años conviviendo y trabajando para
los más contradictorios regímenes.
El conde Mollien había adoptado un proyecto del famoso químico
Lavoisier para crear todo un riguroso sistema de impuestos que
rindió un excelente beneficio al fisco, pero a costa del
descontento general
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¹
.
La minuciosidad de sus observaciones sobre los aspectos
financieros del país sin duda inspiro a su hijo Gaspard, cuyos
viajes por África y América le permitieron realizar un estudio
comparativo entre los dos continentes, lleno de curiosas
anotaciones -en particular sobre los principales productos del
comercio, la agricultura y la minería- que pudieran interesar a los
comerciantes de la Francia posterior a los días del imperio
napoleónico.
En efecto, con la caída de Napoleón en Waterloo, el 18 de junio
de 1815, cuando se entrego a los ingleses que de inmediato lo
deportaron a la isla de Santa Elena; la situación de Europa cambió
por completo. Muchos militares de rango que habían visto un futuro
promisorio al lado de Napoleón o luchando contra él, se encontraron
sin un piso político con la derrota del Emperador de los franceses.
Los jóvenes, en particular; buscaban un nuevo espacio en el cual
hallar una pronta fortuna, bonotes y el reconocimiento general, que
antes encontraban en el campo de batalla. Pero después de la
Revolución Francesa, la caída del antiguo régimen y las guerras
napoleónicas; en Europa no se quería saber más de batallas ni oír
el ruido de los cañones.
Todos aquellos que se hallaban ansiosos de acción y aventura
tenían que buscarla en otra parte y en otros continentes: o bien
realizar expediciones al África o al Oriente, o bien buscar la
forma de desarrollar estas apetencias en la América insurgente, que
por aquellos días se encontraba en plena lucha para obtener su
independencia y libertad.
Gaspard-Théodore Mollien perteneció a esta clase de jóvenes que
no querían permanecer como pacíficos y obedientes servidores de la
monarquía restaurada, sino que intentaban hallar el aire libre en
otras latitudes. Había nacido en París en el año de 1796, poco
tiempo después de que su padre fuera arrestado, acusado de
complicidad con hacen dados partidarios del antiguo régimen
monárquico. Liberado después del 9º Termidor (Noviembre en el
calendario republicano francés), marchó a Inglaterra donde se
dedicó a estudiar el sistema financiero británico.
Gaspard-Théodore pudo darse cuenta en sus primeros años de la
importancia que su padre había ganado al vincularse al gobierno del
imperio napoleónico, como ministro del Tesoro. Su actividad fue muy
eficiente y reconocida por el propio Bonaparte, por la minuciosidad
y cuidado con las que ejecutaba cada una de sus operaciones.
Durante el período de los cien días realizó grandes esfuerzos por
salvar el imperio y apoyar a Napoleón, pero finalmente el destino
de Europa cambió con el triunfo de los ingleses en Waterloo. Esta
nueva situación obligó a Mollien a retirarse definitivamente del
poder, aunque en el año de 1819 fue nombrado par de Francia y
durante el resto de su larga vida fue consultado sobre los
distintos temas financieros y administrativos por el Estado
francés.
Es en este momento cuando su hijo Gaspard-Théodore decide salir
de Francia y buscar otros horizontes. Parte para el Senegal, a los
18 años como comisario de marina en un naviero francés. Sin
embargo, la primera aventura no tarda en presentarse, y el barco en
el que viajaba, llamado Medusa, encalla frente a las costas de
África y Mollien es uno de los que consigue salvarse llegando a la
playa en una canoa. Este recuerdo surgirá varias veces en sus
relatos de viaje cada vez que vuelve a enfrentarse al peligro en
tierras del Nuevo Mundo.
Su viaje al África resulta muy accidentado y difícil, pero esto
no impide que Mollien insista en adelantar sus exploraciones sobre
territorios desconocidos y misteriosos para Europa.
En África descubre las fuentes de los principales ríos de
Senegal, de Gambia y de Nigeria, proporcionando valiosos datos a
los estudios geográficos sobre el continente africano. A su regreso
a Francia en el año de 1820 publica una relación de sus
experiencias, con el título de Voyage dans l'intèrieur de
l'Áfrique, aux sources du Sénégal et de la Gambie ².
Mollien regresa a París pero no puede permanecer allí mucho
tiempo. Su pasión por los viajes lo conduce ahora a las tierras de
América; nata que emprende en el año de 1822.
Es importante ubicar este período en medio de los complejos
desarrollos de naciones como Francia y España después de las
guerras napoleónicas y la prisión de Bonaparte. El retorno de
Fernando VII al poder no logró satisfacer las aspiraciones de los
sectores liberales que lo habían defendido, tanto en las Juntas de
Sevilla como en las Cortes de Cádiz, en los años de 1811 y 1812. La
implantación del absolutismo y su falta de visión política, lo
llevaron a destruir del todo los esfuerzos de algunos pensadores
como el conde de Aranda y Campomanes, que intuían que las llamadas
"Provincias de Ultramar" (para no denominarlas
las colonias de América) requerían de una cierta autonomía y la
participación de sus representantes en las Cortes de España.
La expedición de reconquista y el triunfo de las fuerzas del
Pacificador Pablo Morillo se producen al mismo tiempo que la
derrota de Napoleón. La Restauración en Francia y la emergencia de
la Santa Alianza parecen augurar la derrota de los sistemas
republicanos y la omnipotencia de la monarquía como sistema
político. Sólo América se vislumbra como la excepción, erigiéndose
como el territorio de la libertad, los Estados Unidos, que habían
declarado su independencia el 4 de julio de 1776, comenzaban a
comportarse como una nación poderosa, y sus primeras constituciones
de Boston y Filadelfia influyeron sobre los proyectos
constitucionales de los primeros países independientes de
Suramérica; como Argentina o la Gran Colombia.
El nombre de Bolívar era ya conocido en la Europa de 1820. No
sólo se trataba de las anécdotas del "sombrero
Bolívar" que se había impuesto en el medio parisino como
símbolo de las libertades republicanas, sino que la fama del
Libertador de América comenzaba a ser ampliamente conocida en
Inglaterra y Francia. Los ingleses, muy cautelosos, tras sus
alianzas con tos españoles partidarios de Femando VII para derrocar
a Napoleón, no querían intervenir de un modo directo en las guerras
americanas. Por eso los voluntarios que se Incorporaron a la
llamada "Legión Británica" lo hicieron en forma
particular, aun que con la secreta complacencia de las autoridades
de Su Majestad Británica. Los ingleses habían intentado invadir
territorios americanos, y así se había sucedido la frustrada toma
de Buenos Aires en 1806, después de la cual optaron por continuar
la política de la piratería en el Caribe y las ayudas secretas a
los independentistas americanos, con el objeto de expandir sus
operaciones mercantiles con tas burguesías criollas de las nuevas
naciones republicanas recién liberadas de España.
También los franceses, tras la destrucción del imperio
napoleónico, pusieron sus ojos en la América libre Algunos lo
habían intentado en el siglo XVIII desde distintas perspectivas. En
la primera mitad del siglo, con la expedición científica de La
Condamine; así como con la presencia de La Fayette durante la
guerra de Independencia Americana. A comienzos del siglo XIX fueron
varios los nombres de franceses vinculados a las guerras
libertadoras de Bolívar. Otros vinieron atraídos por la posibilidad
de negociar con tas nuevas naciones, abrir mercados o simplemente
investigar estas posibilidades en un mundo que antes tenía sus
puertos y el monopolio de sus mercados bajo el dominio excluyente
del imperio español. Entre los primeros podríamos citar a Antonio
Bailly, Pedro Labatut, Manuel Roergas Serviez o Luis Aury. Otros,
como Louis Perú de Lacroix llegaron tarde a los tiempos de la gesta
heroica y tuvieron que registrar con pesadumbre el melancólico
ocaso del Libertador.
Gaspard-Théodore Mollien pertenece a la segunda clase de
viajeros. Sin intereses militares ni aventureros en el sentido de
conquistas o apetencias de poder, Mollien se dedicó a observar la
geografía; las ciudades y las gentes de Colombia; deteniéndose
sobre algunos aspectos principales como los productos más
apetecibles de su agricultura, para ser exportados, las riquezas
mineras y la incipiente artesanía.
Sus juicios sobre las ciudades, los hombres y el devenir
histórico de la nueva republica no parecen tener en cuenta lo
reciente de las luchas libertadoras, y más bien comprende estas
guerras y batallas como una contienda civil doméstica.
Sus páginas parten de los conceptos de "civilización y
barbarie"; o sea de la mirada del europeo civilizado sobre
los mundos considerados primarios de África y América. Estos ojos
del colonizador no permiten descubrir los aspectos originales y
novedosos que puedan contener las culturas diversas de los
continentes que no son Europa, sino que sus actitudes y
manifestaciones son analizadas en una relación comparativa con sus
propios valores culturales, asumidos como los modelos de la
civilización en términos absolutos. Sin embargo en las anotaciones
de Mollien sobre muchos aspectos de la personalidad americana se
encuentran aciertos y anticipaciones indudables. No deja de ser
interesante que el joven viajero francés arribe a Colombia tan sólo
cuatro años después de la batalla de Boyacá y dos años posteriores
al Congreso de Cúcuta que determina la Constitución de Colombia
como república independiente. Quizá Mollien, al hablar del Gobierno
de Colombia, no le da la suficiente importancia al hecho de que
tanto este gobierno como las personas que lo componen han surgido
de una guerra de casi una década, tras el primer grito de
independencia; y que apenas inician la construcción de un país que
da los primeros pasos por sus propios medios y que aún no ha sido
reconocido por las principales naciones de la tierra.
Mollien decide viajar al continente americano cuando se entera
de que se va a enviar un buque de guerra francés al Caribe para
proteger el comercio en las islas del mar de las Antillas, algunas
de las cuales pertenecieron a Francia hasta los primeros años del
siglo XIX; como fue el caso de Haití. Las primeras imágenes que
tiene del Nuevo Mundo son las de los Estados Unidos, país en el
cual observa las profundas diferencias raciales que desembocarán,
medio siglo más tarde; en la llamada "Guerra de
Secesión".
Mollien llega a Cartagena en 1823, poco después de haber sido
tomada por los patriotas. La ciudad había resistido varios asedios
el de Bolívar contra Manuel del Castillo y Rada en medio de las
contiendas entre centralistas y federalistas, en el año de 1815, y
luego el de Pablo Morillo, que la ciudad intentó resistir hasta el
heroísmo, entregando a sus mejores hombres al cadalso instaurado
por el Pacificador.
El último sitio entablado frente a las murallas de la ciudad fue
el de los patriotas, comandados por José María Córdova y Hermógenes
Maza, por tierra, así como por el coronel venezolano Mariano
Montilla. La liberación de Cartagena tuvo un puntal definitivo en
el golpe dado por mar por parte del coronel José Padilla. Mientras
por tierra se simulaba un ataque general bajo el mando del conde
sueco Federico Aldecreutz,Padilla se apoderó de la flota española
después de echar a pique el bergantín Andaluz
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³
.
La ciudad había padecido toda clase de penurias durante los
sitios sucesivos, siendo el más terrible y cruento de todos el que
sus habitantes padecieron ante las fuerzas del Pacificador Pablo
Morillo. Las palabras del capitán Rafael Sevilla, testigo de esta
acción, dan un cuadro vívido y dantesco de la situación en la que
se encontraban los cartageneros en el momento en que los españoles
entraron al recinto amurallado:
No eran hombres, sino esqueletos; hombres y mujeres, vivos
retratos de la muerte, se agarraban a las paredes para poder andar
sin caerse: tal era el hambre horrible que habían sufrido.
Veintidós días hacía que no comían otra cosa que cueros remojados
en tanques de tenería. Mujeres que habían sido ricas y hermosas;
hombres que pertenecían a lo más granado de aquel entonces opulento
centro mercantil de ambos mundos; todos aquellos sin distinción de
sexos ni de clases que podían moverse, se precipitaban, empujándose
y atropellándose, sobre nuestros soldados, no para combatirlos,
sino para registrarles las mochillas en busca de un mendrugo de pan
o de algunas galletas
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4
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El propio Morillo había escrito al ministro de Guerra de
España:
La ciudad presentaba el espectáculo más horroroso a nuestra
vista. Las calles estaban llenas de cadáveres que Infestaban el al
rey la mayor parte de los habitantes se hallaban moribundospor
resultados del hambre
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Esta era una ciudad muy diferente a la que había vivido tiempos
de esplendor en los siglos XVII y XVIII. La Cartagena visitada por
Mollien no se había repuesto aún de estas terribles pruebas, y por
lo tanto sus opiniones no podían ser muy favorables. Encontró la
ciudad pobre, sucia, de calles estrechas y sin muchos atractivos,
lo cual nos resulta del todo sorpresivo frente a la imagen que hoy
tenemos de la ciudad heroica y en especial de los tesoros
coloniales de su sector amurallado. Sin embargo, el viajero francés
que recién llegaba a las tierras de lo que hasta unos pocos años
atrás había sido el virreinato de la Nueva Granada, no tenía por
qué conocer estos dolorosos antecedentes, y sus juicios estaban
dictados por sus primeras impresiones.
Pronto tendría que enfrentase a otras experiencias que le
resultaban sorpresivas y contradictorias, sin llegar a descubrir su
razón de ser. Por ejemplo, al emprender el viaje hacia el interior
del país, casi se presenta una disputa, porque el mulero que
llevaba los equipajes y baúles del francés pronunció el nombre de
Santafé en vez de Bogotá.
Mollien, como tantos otros viajeros del siglo XIX, habla sobre
los peligros de un río Magdalena que ya no existe. Por aquellos
mismos días el cónsul inglés James Handerson había perdido a uno de
sus hijos devorado por un caimán en las playas del río. Esta
naturaleza primitiva y casi deshabitada contrasta en todos sus
aspectos con el río que hoy conocemos, habitado en todas las zonas
de su recorrido, y con muy pocos ejemplares de la fauna y la flora
que vieron los distintos viajeros, como José Celestino Mutis,
Humboldt y tantos otros.
En este punto, el aspecto singular de las observaciones de
Mollien radica en la comparación que hace entre los negros del
Senegal, con lo que considera: "El negro degenerado del
Magdalena". Desde luego, los negros senegaleses eran
hombres libres, aunque los europeos y en especial los portugueses
los persiguieran -sobre todo en las costas- para venderlos en los
mercados de América, mientras los negros americanos eran esclavos y
siguieron siéndolo en los primeros años de la Independencia.
En todo este primer viaje Mollien observa los temores y
preparativos de defensa de las principales ciudades de la costa
Caribe y de las riberas del Magdalena para defenderse de un nuevo
ataque de las fuerzas realistas. En Cartagena y Mompós se tenía la
sospecha de una nueva invasión española comandada por el feroz
lugarteniente de Boves, Francisco Tomás Morales. Al final de la
travesía; al arribar al puerto de Honda Mollien concluye:
"No hay nada más espantoso que un viaje por el
Magdalena".
Estando en Honda Mollien se entera de que cerca de quince años
antes, o sea; alrededor de 1807 ó 1808, se produjo un violento
terremoto en la región.
Al avanzar en su viaje, las observaciones de Mollien se van
atenuando y haciendo menos severas, pues descubre en el valle de
Guaduas y luego en la Sabana de Bogotá un ambiente de corte
europeo. Al llegar al Salto de Tequendama, tan cantado por los
poetas y descrito en la mayoría de los relatos de viajeros, Mollien
tiene una visión fantástica, de evidente inspiración romántica:
imagina a Bolívar sobre la roca; contemplando sus revoluciones, y a
Sámano como un monstruo salvaje, despeñando toros hacía el abismo,
para ver el espectáculo de cómo los despedazaba la furia de las
aguas
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6
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Esta imagen mítica de Bolívar -semejante al delirio sobre el
Chimborazo que se atribuye al Libertador- se crea ante la ausencia
del guerrero que se hallaba por aquel entonces en plena campaña del
Sur; enfrentando en Lima las controversias locales entre Torre
Tagle y Riva Agüero, antes de haber conseguido la independencia
definitiva de España, pues las fuerzas españolas aún se encontraban
en la sierra. El viaje de Mollien se produce un año antes de las
batallas finales de Junín y Ayacucho, y por lo tanto, por aquellos
días la gloria de Bolívar se hallaba en su plenitud, sin los
contradictores que tuvo después de 1826 y 1827, luego de haber
concebido su Constitución para Bolivia.
La Gaceta de Colombia, en su edición del domingo 2 de marzo de
1823, registra la llegada de Mollien a Bogotá:
RELACIONES EXTERIORES.
El señor Gaspar Moliens (sic), caballero de la legión de honor
que vino a Cartajena (sic) el 18 de noviembre último en la corbeta
de guerra Tarn de S.M. cristianísima, llegó a esta capital el 19
del Corriente
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7
.
Las opiniones de Mollien sobre los generales patriotas no se
conocieron durante su viaje; sin duda el francés se cuidó de
manifestar sus opiniones, que habrían afectado su permanencia en la
nueva república.
Las primeras noticias de estas opiniones aparecen publicadas en
la Revista Enciclopédica del mes de noviembre del año de 1825, y de
allí las toma La Gaceta de Colombia para presentarlas a sus
lectores. Allí se habla de cómo Mollien ha publicado una segunda
edición, corregida y aumentada, sobre la obra que relata sus
impresiones del viaje a Colombia. La Gaceta dice al respecto:
Los autores de la Revista han examinado esta obra; y la han
juzgado en general defectuosa por la parcialidad que el viajero
descubre contra la República, por algunas inesactitudes (sic) y
esajeraciones (sic), y por las fastidiosas minuciosidades que
contiene; sin embargo de esto también confiesan que en el viaje se
encuentran noticias apreciables y actos de justicia departe del
autor. El artículo de la Revista concluye así:
"Mr. Mollien afecta siempre presentar el estado de la
República de Colombia bajo un punto de vista poco favorable: él
sospecha de la moderación de Bolívar, y de los sentimientos
republicanos del pueblo. Según su opinión, todo es precario en
aquella República y las Instituciones no tienen garantía alguna
para su estabilidad: Mollien recapitula cuidadosamente todas las
causas que deben embarazar al gobierno, y comprometer los destinos
del pueblo. Ciertamente, las dificultades que presenta el estado de
Colombia son grandes, y no sería prueba de amistad hacía ella el
ocultárselas. Mientras mejor las conosca (sic), más segura debe
estar de triunfar de ellas: pero lejos de desalentada, es necesario
mostrarle todas las posibilidades de triunfo. Es preciso considerar
el punto de donde ha partido Colombia, y el punto a donde a (sic)
llegado; después de una lucha de 15 años casi no hay un pueblo que
haya empleado mejor un espacio de tiempo tan codo: después de
haberse libertado por las armas, se ha constituido por las leyes.
Cuatro años solamente han corrido desde la publicación de la ley
fundamental y demás leyes civiles sancionadas en la célebre sesión
del Congreso reunido en el Rosa río de Cúcuta, y ya es fácil
descubrir que todas las semillas de prosperidad germinan y
producirán sus frutos. Se diría que el hombre se ha empeñado en
contrariar el curso de una naturaleza pródiga y jenerosa (sic): hoy
que hombres nuevos están dispuestos a ayudarla, ¿quién se atrevería
a fijar un término a sus beneficios
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8
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La propia Gaceta de Colombia había dado muestras de un indudable
respeto a las libertades de prensa y opinión, tanto en relación con
Gaspard Mollien como con otros personajes nacionales y extranjeros.
En una edición anterior sostenía:
La República de Colombia, aunque armada y dispuesta a dar cien
batallas no ha cerrado el libro de las leyes; ellas se cumplen y se
observan con todo el celo que cabe en nuestro presente estado: los
especuladores tienen seguridad, y los viajeros como Moliens (sic)
no son incomodados ni detenidos, no obstante que su conducta
Inspire sospechas
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9
.
¿Cuáles eran las opiniones y actitudes de Mollien que pudieran
generar sospechas al gobierno republicano de la naciente Colombia?
Las sospechas, sin duda; se referían a sus visitas y anotaciones
sobre el estado del país en sus diversas provincias y regiones.
¿Quién lo enviaba, y con qué objeto? No era, en efecto, un ministro
del gobierno francés, ni un enviado directo de ninguna entidad,
academia o institución. Y en cuanto a las opiniones, ellas serían
conocidas muy pronto, y en un alarde de ecuanimidad y tolerancia,
La Gaceta de Colombia publicó el capítulo más controvertido de
estas relaciones, haciendo algunas anotaciones al margen para
aclarar conceptos del viajero francés, pero sin omitir renglón
alguno de su texto. Es interesante observar el punto en donde La
Gaceta responde las opiniones del viajero francés. Dice, por
ejemplo, en un segmento de su texto:
Los soldados de Bolívar alistados bajo las banderas de un jefe
compatriota suyo combatían con ardor, y sus mismos compañeros de
armas estaban adheridos a él no obstante el celo con que se ve
elevado a un igual. Su ignorancia concebía mal las palabras
Independencia y Libertad pero eran sensibles a las distinciones y
Bolívar sabía crearlas y distribuirlas juiciosamente
|
10
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La Gaceta
|responde con brillante ironía a las
afirmaciones de Mollien:
Deben dar gracias a Mollien todos los generales y jefes del
Ejército libertador por el buen concepto que le han merecido. Es
una fortuna haber creado una República, sin entender lo que era
Independencia y Libertad.
Al referirse a Simón Bolívar; Mollien dice:
|
Aunque su educación hubiese sido muy descuidada, su mansión en
Europa por algún tiempo le vió con gusto decidido por el estudio de
las lenguas y de la historia. Sus progresos fueron rápidos. Lo
hemos comparado con Sartorio.
En su defensa del Libertador; La Gaceta se torna más enfática en
sus argumentos:
Nuestro silencio acerca de esta comparación no se recibirá por
aquiescencia de nuestra parte. Dijimos con anticipación que el
viajero francés había dejado correr la pluma con parcialidad en
odio de la República y de sus ilustres apoyos y defensores.
Prosiguen los comentarios de Mollien sobre Bolívar:
|
Sus modos de hacer la guerra, sus marchas precipitadas para
buscar al enemigo, la celeridad con que recorre distancias
inmensas, para encontrarlo dará mas la idea de un guerrillero
atrevido que de un general hábil que tiene a sus órdenes grandes
masas. Dos mil hombres más quizá le embarazarían en sus
proyectos.
La Gaceta contesta a estas afirmaciones del modo siguiente:
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Ciertamente que la batalla de Carabobo se parece mucho a un
combate de guerrillas. También se parece la campaña del Perú donde
los belijerantes (sic) han tenido a sus órdenes fuertes masas de
combatientes. El afamado Canterac, el nunca bien ponderado La
Serna, el celebrado Valdés, etc., etc., podrán decirle al señor
Mollien y a cuantos quieran preguntarles: ¿Si Bolívar es apenas un
guerrillero atrevido?
El concepto de lucha de guerrillas era el que se tenía de las
incursiones de Páez y el propio Bolívar en la campaña de Venezuela;
y el que imaginaron Barreiro y Jiménez después de los primeros
encuentros con las fuerzas patriotas en Gámeza y Tópaga; pero esta
opinión cambiaría por completo después de la batalla de Boyacá.
Allí los comandantes españoles tuvieron que reconocer que no se
trataba de un simple ejército de pordioseros al que no resultaría
difícil destruir. En su parte al rey al tener noticias de los
resultados de esta batalla, el Pacificador Pablo Morillo tuvo que
reconocer que los ejércitos realistas habían sido destrozados.
Sin embargo, al emprender un viaje de Bogotá al Socorro, Mollien
afirma en sus notas de viaje:
Apoco de haber salido de Tiribita pasé por el campo de Batalla
de Boyacá, donde los españoles, en 1819, perdieron una batalla
contra los patriotas.
En sus comentarios sobre Bolívar; Mollien hace algunas
afirmaciones que serían rebatidas por los acontecimientos políticos
de unos cuatro o cinco años más tarde:
Todavía nadie ha jemido (sic) con la tiranía de Bolívar, y si no
se empezase a desterrar los descontentos y a confiscárseles sus
bienes, no se podría acusar sino de algunas represalias en la
guerra.
En este punto responde de nuevo La Gaceta con inocultable
ironía:
La Gaceta de Madrid, que hizo un estracto (sic) de este Viaje,
cuidó de callar esta narración y otros puntos, y sólo presentó la
parte que podía convenir al gobierno español. Haciendo una vez un
Jeneral el boletín de una batalla omitió de intento hablar del
número de muertos y heridos de su ejército; y reconvenido por un
oficial de por qué no hacía memoria de ellos, respondió:
"Ese es cuidado del enemigo; él los pondrá en su
boletín".
Mollien es parco en sus declaraciones sobre el general
Santander. El propio Bolívar escribe al vicepresidente, desde
Potosí, y le comenta:
Tengo idea del viaje del señor Mollien, que hace a usted
justicia sin restricción y a los demás les dá más o menos
duro
|
¹¹
.
|
Dos meses más tarde escribe a Santander desde Chuquisaca:
|
|He visto el estracto de Mollien y las notas que ha tenido la
bondad de hacer poner a sus observaciones. De todo doy a usted las
gracias
|
12
.
Sí el juicio hecho sobre el vicepresidente es benévolo y en él
como dice Bolívar, "se hace justicia " a
Santander, las opiniones del francés sobre el Palacio de Gobierno
donde se encuentra el despacho del hombre de las leyes son críticas
y un tanto despectivas. En este aspecto coinciden con las encuestas
por otro viajero, el coronel estadounidense William Duane:
|
Al igual que Mollien, sentí no poca
desilusión cuando me llevaron a la residencia del poder ejecutivo,
que en algunos libros recibe la denominación de "Palacio
del Virrey". (...) "El Palacio auténtico fue
destruido durante la revolución, como resultado de los diversos
asaltos a que se vió sometida la ciudad, tomada o retomada seis o
siete veces
|
13
.
En estas últimas observaciones se equivoca Duane por completo, o
combina los relatos escuchados en la capital con su propia
fantasía.
El antiguo "Palacio de los Virreyes" estaba
situado en la esquina sur-oriental de la Plaza Mayor (hoy
"Plaza de Bolívar" y sufrió graves daños durante
el terremoto de 1785. Luego, en el año de 1786, fue destruido por
completo a causa de un incendio producido por causas desconocidas.
Después de la Independencia; el general Santander, en uso de sus
facultades como vicepresidente y encargado del Ejecutivo en
ausencia del titular, comenzó a ejercer sus funciones en una casona
situada en el costado nor-occidental de la plaza; en el mismo sitio
donde más tarde se levantaron las "Galerías",
también destruidas por el fuego en 1901. Más tarde Bolívar estuvo
al frente de la Presidencia en el "Palacio de San
Carlos", en la calle del Coliseo, donde tuvo lugar la
nefanda conspiración septembrina.
Después de una primera visita a Bogotá, Mollien se dirige hacia
el norte del país, hasta llegar al Socorro, y regresa a la capital
por la vía de Chiquinquirá y Zipaquirá. Se trata de un recorrido
con variadas observaciones sobre el estado de los caminos, la
producción agrícola y la minería; que anticipaba en cierta forma
los posteriores escritos de Manuel Ancízar en su interesante
Peregrinación de Alpha.
En muchas de sus anotaciones, Mollien hace severas críticas a
los nacionales,que podrían proyectarse sobre nuestro propio
presente; ciento setenta años más tarde. En ellas habla de cómo el
Código de Aduanas es burlado por los ciudadanos, que se dedican al
contrabando con el mayor descaro.
Los temas políticos tampoco escapan a su mirada europea. Antes
de que hubieran circulado rumores sobre la implantación posible de
la monarquía en Colombia, afirma:
|
Si Bolívar pidiera a sus soldados la
corona, estos lo llevarían en triunfo.
La primera parte de sus impresiones sobre Colombia, recogidas en
el año de 1823, terminan planteando la notoria influencia inglesa
sobre el país que acaba de obtener su independencia, en los
aspectos militares, políticos y comerciales, pero al mismo tiempo
subraya la influencia cultural de los franceses. Desde luego, es
interesante observar que esta última influencia ya venía de la
propia España, a causa de la ilustración en los tiempos borbónicos.
En los últimos 30 años del siglo XVIII el pensamiento ilustrado
desempeñó un papel crucial en la toma de conciencia de los
nacionales hasta llegar a la traducción de Los Derechos del Hombre
del texto francés por parte de don Antonio Nariño.
La segunda parte de los cuadernos de viaje de Monsieur Mollien
se inicia con el viaje del francés hacía el sur, con destino a
Popayán, partiendo por el camino de Guaduas. En las riberas del
Magdalena descubre las plantaciones de tabaco de Ambalema y el
algodón de los alrededores de El Espinal y El Guamo, y al observar
los cultivos y las rudimentarias técnicas empleadas, compara la
cultura de América con la del África. Al recorrer las poblaciones
de Chaparral, El Saldaña; Purificación y Natagaima, alude a la
proliferación de casos observados en gentes que padecen la
enfermedad del bocio. Este aspecto de la salud pública llamará su
atención, especialmente en las poblaciones de tierra caliente.
Mollien pasa por Villavieja y Aipe, y su curiosidad es atraída
por este último, que es un pueblo de indios, según oye decir,
duchos en astrología.
Al llegar a Neiva se interesa por la forma como se desarrolla la
técnica de la artesanía, y en especial la manera de aplicar los
barnices, que nos recuerda las técnicas del llamado
"barniz de Pasto":
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El obrero pone la resma en la boca,
la masca, la extiende en láminas y la aplica sobre los colores
pintados en la madera.
Resulta por lo menos curioso que ésta sea una de las pocas
referencias dadas por el viajero francés a lo largo de su libro,
relacionada con el trabajo y la producción artesanal. Sin duda ha
llegado a un país naciente, en un momento en que muchos de los
hombres en edad y con capacidades de desarrollar ciertos trabajos
han partido hacia el sur con los ejércitos libertadores, y otras
provincias y territorios apenas comienzan a organizar la vida
social dentro del sistema republicano. En la mayor parte de las
cosas, incluso en las relaciones de trabajo, el comercio, los
aranceles aduaneros y los sistemas de impuestos, los cambios no se
producen de inmediato. Se necesitarían tres décadas más allí de la
Independencia para que los cambios fueran realmente significativos,
como sucedió a mediados de siglo con el desarrollo de los gremios
artesanales, la comisión corográfica y la libertad de los esclavos.
De ahí que en sus observaciones Mollien no descubra un país del
todo nuevo en su vida social sino más bien unas formas de relación
humana, laboral y cultural, heredadas de los tiempos coloniales de
las cuales apenas se comenzaba a consolidar la independencia
política.
Mollien prosigue su viaje remontando la cordillera de los Andes,
por los helados páramos de esta zona; hasta llegar a Popayán.
Describe la ciudad comparándola con Bogotá. Su intención era
proseguir hacia Quito, pero la situación de orden público se lo
impide.
En realidad, lo que sucede -y que el viajero francés no está en
condiciones de comprender en toda su complejidad-, consiste en que
los indígenas de las provincias de Pasto y el Patía, comandados por
el guerrillero Agualongo, son realistas convencidos y están
dispuestos a defender las banderas de Fernando VII hasta la última
gota de su sangre.
Esta fue una de las pocas regiones de Suramérica en la cual
Bolívar no contó con ninguna ayuda de la población civil. Los
indígenas habían recibido cédulas reales que les conferían poderes
sobre sus resguardos, y por esto se sintieron amenazados por los
independentistas, pues temieron que al romper con España, perderían
todos sus fueros.
Por otra parte, los habitantes de Pasto y del Patía eran
campesinos encerrados en sus parcelas, aislados de los poderes
centrales y muy poco amigos de recibir la visita de extraños a sus
territorios y costumbres. En esto podrían tener algunas semejanzas
con los campesinos hoscos y montunos del país Vasco español. La
rebelión de Agustín Agualongo y sus fieles montoneras fue
reconocida por el propio Fernando VII. Hasta allí llegaron noticias
de su fidelidad, en una lucha contra lo imposible, pues el caudillo
indígena resolvió seguir combatiendo después de que los propios
ejércitos españoles habían reconocido su derrota. Como en el
argumento de una tragedia antigua; Agualongo recibió la Cédula Real
que le otorgaba el grado de general de brigada de los ejércitos
realistas, el mismo día en que iba a ser fusilado por las fuerzas
patriotas.
|
14
Al pasar por la región de Popayán y sus alrededores, Mollien
alude a la descripción de Caldas, hecha en 1805, al efectuar un
viaje durante el cual se dedicó al mismo tiempo al comercio y a la
investigación científica. Aunque había estudiado derecho en
Santafé, Caldas no se interesó por el ejercicio de esta profesión,
a la cual había sido conducido por voluntad de su padre. Caldas
decidió salir de Popayán, al no sentirse a gusto en un bufete de
jurista; y prefirió recorrer los caminos y cambiar de climas en
actividades comerciales como vendedor ambulante. Sin embargo, estos
viajes no frustraron ni lo distrajeron de sus intereses
científicos, por cuanto le permitieron hacer sus observaciones
sobre el "Influjo del clima en los seres
organizados"; además de elaborar escritos tales como
Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de Bogotá, con
relación a la economía y al comercio.
|
15
Mollien hizo algunos estudios sobre el valle del Puracé y de
allí se dirigió a Cali. Durante este viaje por el Valle del Cauca
volvió a traer a cuento diversas comparaciones entre estos
territorios y tas tierras del África que había visitado unos años
antes. Al llegara Cali registró complacido la inauguración de un
colegio. Seguramente se trató de uno de los primeros centros
educativos establecidos en la provincia colombiana durante los
primeros lustros de la vida independiente.
Después de salir de Cali, Mollien visita a Buenaventura y
algunas tierras del Chocó, mientras prepara su viaje a Panamá,
donde tomará el barco que lo llevará de regreso a Francia. En su
descripción narra en detalle las duras condiciones del viaje y se
lamenta del estado de extrema miseria de Buenaventura, pese a las
espléndidas condiciones naturales de su situación en el
Pacífico.
No deja de ser estremecedor leer estas observaciones, ciento
setenta años después, al comprobar que todo cuanto dice el viajero
francés puede aplicarse al presente:
|
Una docena de chozas habitadas por
negros y mulatos, un cuartel con una guardia de once soldados, tres
piezas puestas en batería; la casa del gobernador, lo mismo que la
de la Aduana, es de paja y de bambúes, situada en la islita de
Cascajal cubierta de hierbas, espinos, fango, serpientes y sapos:
esto es Buenaventura
|
16
.
Sin embargo, Mollien le ve grandes posibilidades futuras de
desarrollo, pues la ciudad se halla en un punto estratégico en la
Costa Pacífica. El presente, sin embargo, no puede ser más
dramático, tal como lo comprueba al visitar algunos poblados del
Chocó:
|
Sus chozas no son más que cloacas
inmundas.
A la vez; constata pugnas entre las distintas razas y culturas
que habitan el litoral:
|
Los indios sienten una antipatía
marcadísima por los negros; aunque, por temor, les dan como a los
blancos el título de amo.
Sin duda todo le resulta duro y desconocido a Mollien en esta
zona; cuya conquista y colonización fue difícil desde la llegada
misma de los españoles. Es interesante ver cómo desde los primeros
relatos de un español como Pascual de Andagoya; redactados con tres
siglos de anterioridad, pueden establecerse algunas constantes como
son la humedad, la tierra pantanosa de difícil acceso, el clima
insalubre, y pese a todo ello, las posibilidades de la región en un
futuro hipotético, que aún sigue siendo incierto en los tiempos
presentes.
En el momento de prepararse para abordar el barco que lo alejará
de las tierras colombianas, el viajero francés tiene algunas
sorpresas. La primera es el encuentro con un grupo de compatriotas
suyos; lo cual le proporciona una gran alegría pues nunca hubiera
imaginado descubrir a gentes de su lengua y cultura en la remota
región de Cascajal Luego, al subir al barco, un detalle llama su
atención al ver que la nave está comandada por un nativo:
|
Entre los marineros había dos
genoveses; no puede menos de extrañar que dos compatriotas de
Cristóbal Colón estuviesen a las órdenes de un capitán indio.
Desde luego, las relaciones en el Nuevo Mundo comenzaban a
cambiar, aunque aún resultaran insólitas a los ojos europeos,
acostumbrados a mandar.
En esta última parte Mollien insiste en sus argumentos en
defensa de las posibilidades futuras de la Costa Pacífica. En
Buenaventura ve al puerto que enlaza a Panamá con otros importantes
centros de comercio del Pacífico, tales como Paita y Guayaquil. Por
allí circulan algunos de los productos de mayor valor en un
potencial mercado internacional como la plata, el oro, el coco, la
sal, las cebollas, el cacao, el café y las maderas.
La última ciudad que Mollien descubre en su viaje es Panamá, y
desde ese entonces la ve como un cruce de caminos apto para el
comercio y la realización de toda clase de negocios. La ciudad,
hasta un año antes, había estado en poder de los españoles, y según
narra Mollien, los panameños, al temer un conflicto entre Bolívar e
Iturbide, resolvieron incorporarse a Colombia. Algunas de sus
observaciones no dejan de ser curiosas:
En Cartagena no se encuentra una
silla, pero aquí se está materialmente agobiado por los
muebles.
Desde aquel entonces ya se encontraban tiendas surtidas con
artículos de los Estados Unidos, y una gran cantidad de vinos y
licores de todas clases.
En relación con los comportamientos sociales, Mollien observa
algunas características muy caribeñas, en especial en lo que se
refiere a los conflictos interraciales entre los dos sexos:
|
En un baile que hubo apoco tiempo de
llegar yo, las señoras blancas se negaron a bailar con los
oficiales negros de la guarnición; fue preciso que los
|
maridos Interpusieran toda su autoridad para que
consintiesen en bailar con ellos.
De cualquier modo, el carácter de las mujeres y sus relaciones
matrimoniales tenían un sello del todo diferente al de las ciudades
del interior:
|
A las mujeres todo les está
permitido: diversión, visitas y bailes, sin que estén construidas
por la vigilancia de sus maridos, que pocas veces las acompañan
|
17
.
Por esta razón, Mollien recoge las diferencias entre las mujeres
de ciudades como Bogotá o Popayán y las de las costas o las riberas
del Magdalena. Estas llaman a las de tierra fría lanudas; y las
lanudas llaman a las otras calentanas. Es curioso observar que la
denominación de lanuda había sido aplicada unos años antes por el
sabio Mutis a la vegetación de los páramos, en plantas como el
frailejón y otras especies.
Al terminar el relato propiamente dicho de su viaje, Mollien
dedica los capítulos finales de su libro a hacer una cuidadosa
descripción de la República de Colombia; detallando algunos
aspectos que le parecen de importancia y que no dejan de tener
interés al compararlos con los actuales. Cuando leemos estas líneas
podemos percibir con certeza que el país ha cambiado más en el
último siglo que con todas las transformaciones que hubieran podido
sucederse a lo largo de su historia anterior, desde los tiempos más
remotos. Mollien habla por ejemplo de la Sierra Nevada del Cocuy y
sus alrededores, poniendo énfasis en la proliferación y limpieza de
las aguas, a las cuales considera una gran riqueza natural.
Su visión global del país difiere en forma notable de nuestro
presente:
|
La soledad es tan profunda, los
|
bosques tan impenetrables, las montañas tan inaccesibles,
los seres viven tan aislados, que todo, en una palabra, salvo las
ciudades y los puertos, se encuentra en estado tan salvaje como
cuando llegaron los españoles.
Al acercarse al estudio de las posibilidades de la producción y
el comercio, el francés compara estos aspectos en las montañas y
los llanos y valles. Desde aquellos días comprende que se trata de
un país "multi-étnico y multi-cultural'; como se diría en
el lenguaje contemporáneo. En sus notas se descubren notables
intuiciones y algunas afirmaciones que resultaron proféticas:
|
La independencia ha realizado las
aspiraciones de los individuos, pero no ha satisfecho las
esperanzas de las razas: todas aspiran al poder.
Mollien destaca el carácter pacífico de las gentes de los Andes,
en comparación con el carácter violento de las de tierra caliente.
Constata que estas últimas desprecian a las primeras, y las llaman
"blanquillos".
Al hablar de los llaneros, los compara con los beduinos árabes,
analogía que resulta acertada si recordamos el papel desempeñado
por los centauros llaneros en las principales batallas de la
Independencia, desde Casanare hasta el Orinoco.
Al hablar de los colombianos, Mollien no oculta un tono irónico,
impregnado de la superioridad europea. Por eso deja traslucir un
aire burlón al referirse a la admiración que los colombianos de
aquellos días profesaban por sus sabios y científicos como Zea o
Caldas. Al respecto, no está de más traer a colación una carta del
propio Caldas a su primo Santiago Arroyo, donde le comunica las
dudas frente a su propia experiencia científica, en comparación con
las posibilidades que Europa brinda a quienes deciden seguir el
camino de la investigación:
|
Mi amado don Santiago:
|En el pasado escribí a usted con pretensiones de encargos de
libros, y sobre todo, sobre aquellos tomos del conde de Buffon, que
sospecho sea la historia de las
|aves de ese genio original y
profundo. ¿Que no pueda conseguir un ejemplar completo de su
Historia Natural?
|Vivimos, amigo, en un país en que se nos ha
cerrado el camino a la sabiduría. Si contáramos en la Europa que
había un pueblo con cerca de 300 años de fundación, bajo la
dominación de una nación culta, que todos los días pasa a los
primeros puestos la parte más ilustrada de ella, que hay colegios,
universidad, doctores que inundan los pueblos, y se dijera que no
se halla en él un ejemplar de La filosofía botánica de Linneo,
|que es raro el conde de Buffon, que apenas se ven las obras
maestras en todo género, ¿no creerán que les hablábamos de los
calmucos y de los tártaros y a buen escapar de los lapones? La
imposibilidad de instruirnos parece invencible. A
|cuatromil
leguas de distancia de la metrópoli, añada fuerzas marítimas de La
Gran Bretaña que cierran la comunicación de España con sus
colonias, y casi desesperamos de poder algún día saber lo
|
que un niño europeo. Dejemos esas ideas tristes y hablemos
de otra cosas
|
18
.
Sin duda; antes de Caldas y el período ilustrado de la
Expedición Botánica, era casi imposible hallar los textos de los
sabios que comenzaban a cambiar el panorama del conocimiento en
Europa y en el mundo entero. Caldas se lamenta y piensa en Europa,
como la tierra prometida, consciente de las dificultades que debe
vencer para desarrollar sus inquietudes científicas. Por esta
razón, los resultados de su obra; junto con los de Jorge Tadeo
Lozano, Sinforoso Mutis y otros resultan tan valiosos para los
habitantes de la naciente Colombia; que debe dibujar los perfiles
de una posible identidad. Para el francés, en cambio, esta actitud
es casi un motivo de buda; pues no podría aceptar de ningún modo
una comparación de los sabios europeos con sus émulos americanos,
así como no había aceptado tampoco la analogía entre Bolívar y
Napoleón.
Las últimas observaciones de Mollien se refieren a los cultivos
y productos de exportación, como las maderas, el cacao, el tabaco,
la quina y el algodón. En relación con el café, que apenas
comenzaba a cultivarse en estas tierras, afirma: "El café
se cultiva escasamente, y es poco apreciado por los habitantes de
la cordillera. Se vende todavía en las boticas".
Muy lejos estaba el viajero francés en saber que este grano,
llegado hacía unas pocas décadas del África; se convertiría con el
tiempo en uno de los mejores cafés suaves del mundo y el principal
producto de exportación colombiana durante muchos años.
Por aquellos días franceses e ingleses comenzaban a aparecer en
tierras colombianas, buscando captar los mercados de las nuevas
naciones. Estos tiempos de transición habían creado en las gentes
una notable desconfianza; no sólo ante la posibilidad de una nueva
y aún más drástica reconquista española, sino ante sus propios
libertadores. Por eso Mollien afirma que pudo darse cuenta de la
forma como las gentes ocultaban sus riquezas, quizá para alejarlas
de la voracidad de los soldados y las necesidades del gobierno.
Su última reflexión sobre Panamá tiene un carácter
profético:
|En Francia se creía que Colombia pensaba abrir un canal para
comunicar los dos mares por el Itsmo de Panamá. Esta república no
tiene medios suficientes para emprender una obra de esa
envergadura, tan costosa y tan llena de dificultades. Además; haría
mal en realizarla, porque se atravesaría su territorio sin tener
que solicitar su autorización y hasta tal vez sin pagarle ningún
derecho de paso.
Es curioso que estas palabras las diga un viajero francés, medio
siglo antes de que su patria se interesara en la apertura del Canal
de Panamá. Ya vendrían viajeros y científicos como Luciano
Napoleón-Bonaparte Wise y Eliseo Reclús, dispuestos a investigar el
mejor camino, y más tarde Lesseps para iniciar las obras del Canal
y Philiphe Buneau-Varilla para colaborar con la separación del
Istmo y la entrega de la zona del Canal a los Estados Unidos. Pero
ésta es otra historia que sera contada años más tarde por las voces
de otros viajeros.
Santafe de Bogotá, agosto de 1992
|
1
|
Grand Dictionaire Universel du XIX Siécle, Larousse, París,
1874.
|
|
2
|
Viaje al interior del África, a las fuentes del Senegal y de La
Gambia, París, 1820, Volumen en 8o. con mapas y figuras.
|
|
3
|
Eduardo Lemaitre Román, Historia General de Cartagena, Tomo
III, p. 215, publicaciones del Banco de la República, Bogotá,
1983.
|
|
4
|
Capitán Rafael Sevilla, Memorias de un oficial del ejército
español, Editorial América, Madrid, 1916, PP. 55 y 68, citado por
Eduardo Lemaitre en su Historia General de Cartagena.
|
|
5
|
Eduardo Lemaitre, op. cit., p. 159.
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|
6
|
Mollien: Primera parte, Capítulo IV.
|
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7
|
Febrero de 1823. La noticia salió en primera página en La
Gaceta de Colombia, en su edición del siguiente 2 de marzo.
|
|
8
|
La Gaceta de Colombia, domingo 6 de agosto de 1826.
|
|
9
|
La Gaceta de Colombia, domingo 27 de marzo de 1825.
|
|
10
|
Ésta y las siguientes citaciones del capitulo VIII de Mollien y
las respuestas de La Gaceta fueron publicadas por ese periódico en
su edición del 7 de agosto de 1825.
|
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11
|
Carta de Bolívar a Santander
firmada en Potosí el 21 de octubre de 1825.
|
|
12
|
Carta firmada por Bolívar en Chuquisaca, el 27 de diciembre de
1825. Aquí el Libertador se refiere a las notas que hemos citado
anteriormente.
|
|
13
|
William Duane,
|Viaje a la Gran Colombia en los años
1822-1823.
|
|
14
|
Alberto Miramón
|Hombres del tiempo heroico, Segunda
parte: "El cabecilla indomable", Empresa Nacional
de Publicaciones, Bogotá, D.E., 1956.
|
|
15
|
A este Estudio, en especial, parece referirse Mollien, quien
como Caldas, critica el mal estado de los caminos y hace
observaciones sobre las alturas de las montañas y las poblaciones
que encuentra a su paso. El trabajo de Caldas fue publicado en el
Semanario del Nuevo Reino de Granada, el 8 de diciembre de
1807.
|
|
16
|
Capítulo V de la Segunda parte.
|
|
17
|
Capítulo VI de la Segunda parte.
|
|
18
|
Carta de Caldas a su primo Santiago
Pérez de Arroyo y Valencia, fechada en Popayán el 20 de marzo de
1801.
|