INDICE





PRESENTACIÓN DE CARLOS JOSÉ REYES

PRÓLOGO

PREFACIO

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Francia - Las Azores - La costa de los Estados Unidos – Norfock - Washington - Calma chicha - Cartagena de Indias - Salida para Bogotá - Turbaco - Barranca - De Cartagena al Magdalena.

CAPÍTULO II
Salida de Barranca – El pueblo de Tenerife – Zambrano – La isla de San Pedro – Pinto – Santa Ana – Mompós - El gobernador de Mompós - Comercio de Mompós - Salida de Mompós - Margarita – Guamal - Peñón – Banco - La Sierra de Ocaña - Regidor - Río Viejo - M

CAPÍTULO III
Brazos del Magdalena - La Miel – Río Negro - Guarumo - El promontorio de Garderia - Los escollos de Perico - Honda - Descripción del Magdalena

CAPÍTULO IV
Camino de Honda a Bogotá - Río Seco - Venta Grande - La Montaña de Sargento - El valle de Guaduas - Villeta – Facatativa - Descripción del llano de Bogotá - El Salto de Tequendama – El puente natural de Pandi (Icononzo)

CAPÍTULO V
Viaje por la provincia de Socorro, situada al norte de Santafé de Bogotá.

CAPÍTULO VI
Estado del país desde 1498 hasta 1781 - Antiguos habitantes - Sus usos - Sus costumbres - Con quistas comerciales - Conquistas religiosas - Conquistas militares - Quesada - Debilitamiento de la población India - Los negros - Su estado y condición - Mezcla

CAPÍTULO VII
La revuelta del Socorro - Movimiento de 1794 - Virreyes españoles - Insurrección de Caracas en 1810 - Insurrección de Nueva Granada - El virrey Amar - Miranda – Bolívar – Monteverde - Conquista de Caracas - Bolívar pasa a Curaçao Sale de allí -

CAPÍTULO VIII
El virrey Sámano - Soldados españoles - Soldados americanos -  Bolívar entra en Santafé, pasa a Quito y luégo a Guayaquil -  Características de los principales generales.

CAPÍTULO IX
Nuevo gobierno - Constitución de Cúcuta - División del territorio en Departamentos -Renovación de los Cabildos - Leyes civiles – La justicia - El Congreso - El Poder Ejecutivo.

CAPÍTULO X
Regreso a Bogotá - Puente Real - Minas de cobre de Moniquirá - Chinquinquirá - Minas de sal de Zipaquirá.

CAPÍTULO XI
Fundación de Santafé de Bogotá - Clima - Casas – Interiores - La Catedral - Los conventos - El Hospital - Los colegios - El Palacio del Presidente - El Palacio de los Diputados - El Palacio del Senado - Las cárceles - La Casa de la Moneda y el Teatro

CAPÍTULO XII
Finanzas – Aguardiente – Papel sellado – Alcabala - Impuestos directos - Guerra - El ejército - Las piazas fuertes – Marina - Relaciones extranjeras.

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO I
Salida de Bogotá para Popayán – Guaduas – Chaguaní – San Juan - Regreso a Guaduas - Breve estancia en esta ciudad - Beltrán - Ambalema - San Luis - Chaparral – Natagaima - Payandé - Samboja - Villavieja - Neiva.

CAPÍTULO II
Tambo del Hobo - Paso de Los Domingarios - Puente de cuerdas - La Plata - Pedregal - San Francisco - Inzá - La Montaña del Guanaco - Totoró - Paniquita - Popayán - El volcán de Puracé.

CAPÍTULO III
Descripción de Quito - Camino de Quito a Cuenca.

CAPÍTULO IV
Salida de Popayán - La mina de Alegrías Quilichao - El Cauca – Jamundí – Cali - Salida de Cali - Las Juntas.

CAPÍTULO V
Navegación peligrosa por el Dagua - Buenaventura - Descripción de la provincia del Chocó - Salida de Buenaventura en una goleta peruana - Llegada a Panamá - Observaciones acerca del Gran Océano.

CAPÍTULO VI
Descripción de la ciudad de Panamá - Las mujeres de Colombia.

CAPÍTULO VII
Descripción física de la República de Colombia – Montañas – Clima – Atmósfera – Estaciones – Temperatura – Vientos – Lluvias - Influencia tropical – Cosechas – Bosques – Ríos - Quebradas - Minas - Salinas - Volcanes - Lagos – Mares – Mareas

CAPÍTULO VIII
Población - Habitantes de los páramos - Los de las montañas en que se produce trigo - Los dos llanos - Indios bravos - Esclavos negros - Religión.

CAPÍTULO IX
Carácter de los colombianos.

CAPÍTULO X
Agricultura - Industria - Reflexiones sobre el banano – Minas - Moneda – Salinas - Comercio – Exportaciones - Importaciones.

CAPÍTULO XI
Vías de Comunicación por tierra y por agua - Leyes comerciales.

CAPÍTULO XII
Salida de Panamá - Cruces - El río Chagres - La Gorgona - Chagres.

CAPÍTULO XIII
Llegada a jamaica - Salida para Europa - Las Lucayas - Falmouth – Llegada a Francia.

NOTAS Y ACLARACIONES
PRESENTACIÓN

 

CARLOS JOSÉ REYES

 

Gaspard-Théodore Mollien, hijo del conde Nicolás-François Mollien, hombre de Estado financista de Rouen, venía de una familia de comerciantes. Su padre había prestado importantes servicios al gobierno francés desde los tiempos del antiguo régimen. Durante los días de la revolución, fue mirado con desconfianza, en especial por su amistad con el duque de La Rochefoucauld. Sin embargo, sus capacidades administrativas y financieras le permitieron sobrevivir a los fuertes cambios que se sucedieron en la Francia revolucionada y en el posterior imperio napoleónico, consiguiendo llegara la avanzada edad de noventa y dos años conviviendo y trabajando para los más contradictorios regímenes.

El conde Mollien había adoptado un proyecto del famoso químico Lavoisier para crear todo un riguroso sistema de impuestos que rindió un excelente beneficio al fisco, pero a costa del descontento general | ¹ .

La minuciosidad de sus observaciones sobre los aspectos financieros del país sin duda inspiro a su hijo Gaspard, cuyos viajes por África y América le permitieron realizar un estudio comparativo entre los dos continentes, lleno de curiosas anotaciones -en particular sobre los principales productos del comercio, la agricultura y la minería- que pudieran interesar a los comerciantes de la Francia posterior a los días del imperio napoleónico.

En efecto, con la caída de Napoleón en Waterloo, el 18 de junio de 1815, cuando se entrego a los ingleses que de inmediato lo deportaron a la isla de Santa Elena; la situación de Europa cambió por completo. Muchos militares de rango que habían visto un futuro promisorio al lado de Napoleón o luchando contra él, se encontraron sin un piso político con la derrota del Emperador de los franceses. Los jóvenes, en particular; buscaban un nuevo espacio en el cual hallar una pronta fortuna, bonotes y el reconocimiento general, que antes encontraban en el campo de batalla. Pero después de la Revolución Francesa, la caída del antiguo régimen y las guerras napoleónicas; en Europa no se quería saber más de batallas ni oír el ruido de los cañones.

Todos aquellos que se hallaban ansiosos de acción y aventura tenían que buscarla en otra parte y en otros continentes: o bien realizar expediciones al África o al Oriente, o bien buscar la forma de desarrollar estas apetencias en la América insurgente, que por aquellos días se encontraba en plena lucha para obtener su independencia y libertad.

Gaspard-Théodore Mollien perteneció a esta clase de jóvenes que no querían permanecer como pacíficos y obedientes servidores de la monarquía restaurada, sino que intentaban hallar el aire libre en otras latitudes. Había nacido en París en el año de 1796, poco tiempo después de que su padre fuera arrestado, acusado de complicidad con hacen dados partidarios del antiguo régimen monárquico. Liberado después del 9º Termidor (Noviembre en el calendario republicano francés), marchó a Inglaterra donde se dedicó a estudiar el sistema financiero británico.

Gaspard-Théodore pudo darse cuenta en sus primeros años de la importancia que su padre había ganado al vincularse al gobierno del imperio napoleónico, como ministro del Tesoro. Su actividad fue muy eficiente y reconocida por el propio Bonaparte, por la minuciosidad y cuidado con las que ejecutaba cada una de sus operaciones. Durante el período de los cien días realizó grandes esfuerzos por salvar el imperio y apoyar a Napoleón, pero finalmente el destino de Europa cambió con el triunfo de los ingleses en Waterloo. Esta nueva situación obligó a Mollien a retirarse definitivamente del poder, aunque en el año de 1819 fue nombrado par de Francia y durante el resto de su larga vida fue consultado sobre los distintos temas financieros y administrativos por el Estado francés.

Es en este momento cuando su hijo Gaspard-Théodore decide salir de Francia y buscar otros horizontes. Parte para el Senegal, a los 18 años como comisario de marina en un naviero francés. Sin embargo, la primera aventura no tarda en presentarse, y el barco en el que viajaba, llamado Medusa, encalla frente a las costas de África y Mollien es uno de los que consigue salvarse llegando a la playa en una canoa. Este recuerdo surgirá varias veces en sus relatos de viaje cada vez que vuelve a enfrentarse al peligro en tierras del Nuevo Mundo.

Su viaje al África resulta muy accidentado y difícil, pero esto no impide que Mollien insista en adelantar sus exploraciones sobre territorios desconocidos y misteriosos para Europa.

En África descubre las fuentes de los principales ríos de Senegal, de Gambia y de Nigeria, proporcionando valiosos datos a los estudios geográficos sobre el continente africano. A su regreso a Francia en el año de 1820 publica una relación de sus experiencias, con el título de Voyage dans l'intèrieur de l'Áfrique, aux sources du Sénégal et de la Gambie ².

Mollien regresa a París pero no puede permanecer allí mucho tiempo. Su pasión por los viajes lo conduce ahora a las tierras de América; nata que emprende en el año de 1822.

Es importante ubicar este período en medio de los complejos desarrollos de naciones como Francia y España después de las guerras napoleónicas y la prisión de Bonaparte. El retorno de Fernando VII al poder no logró satisfacer las aspiraciones de los sectores liberales que lo habían defendido, tanto en las Juntas de Sevilla como en las Cortes de Cádiz, en los años de 1811 y 1812. La implantación del absolutismo y su falta de visión política, lo llevaron a destruir del todo los esfuerzos de algunos pensadores como el conde de Aranda y Campomanes, que intuían que las llamadas "Provincias de Ultramar" (para no denominarlas las colonias de América) requerían de una cierta autonomía y la participación de sus representantes en las Cortes de España.

La expedición de reconquista y el triunfo de las fuerzas del Pacificador Pablo Morillo se producen al mismo tiempo que la derrota de Napoleón. La Restauración en Francia y la emergencia de la Santa Alianza parecen augurar la derrota de los sistemas republicanos y la omnipotencia de la monarquía como sistema político. Sólo América se vislumbra como la excepción, erigiéndose como el territorio de la libertad, los Estados Unidos, que habían declarado su independencia el 4 de julio de 1776, comenzaban a comportarse como una nación poderosa, y sus primeras constituciones de Boston y Filadelfia influyeron sobre los proyectos constitucionales de los primeros países independientes de Suramérica; como Argentina o la Gran Colombia.

El nombre de Bolívar era ya conocido en la Europa de 1820. No sólo se trataba de las anécdotas del "sombrero Bolívar" que se había impuesto en el medio parisino como símbolo de las libertades republicanas, sino que la fama del Libertador de América comenzaba a ser ampliamente conocida en Inglaterra y Francia. Los ingleses, muy cautelosos, tras sus alianzas con tos españoles partidarios de Femando VII para derrocar a Napoleón, no querían intervenir de un modo directo en las guerras americanas. Por eso los voluntarios que se Incorporaron a la llamada "Legión Británica" lo hicieron en forma particular, aun que con la secreta complacencia de las autoridades de Su Majestad Británica. Los ingleses habían intentado invadir territorios americanos, y así se había sucedido la frustrada toma de Buenos Aires en 1806, después de la cual optaron por continuar la política de la piratería en el Caribe y las ayudas secretas a los independentistas americanos, con el objeto de expandir sus operaciones mercantiles con tas burguesías criollas de las nuevas naciones republicanas recién liberadas de España.

También los franceses, tras la destrucción del imperio napoleónico, pusieron sus ojos en la América libre Algunos lo habían intentado en el siglo XVIII desde distintas perspectivas. En la primera mitad del siglo, con la expedición científica de La Condamine; así como con la presencia de La Fayette durante la guerra de Independencia Americana. A comienzos del siglo XIX fueron varios los nombres de franceses vinculados a las guerras libertadoras de Bolívar. Otros vinieron atraídos por la posibilidad de negociar con tas nuevas naciones, abrir mercados o simplemente investigar estas posibilidades en un mundo que antes tenía sus puertos y el monopolio de sus mercados bajo el dominio excluyente del imperio español. Entre los primeros podríamos citar a Antonio Bailly, Pedro Labatut, Manuel Roergas Serviez o Luis Aury. Otros, como Louis Perú de Lacroix llegaron tarde a los tiempos de la gesta heroica y tuvieron que registrar con pesadumbre el melancólico ocaso del Libertador.

Gaspard-Théodore Mollien pertenece a la segunda clase de viajeros. Sin intereses militares ni aventureros en el sentido de conquistas o apetencias de poder, Mollien se dedicó a observar la geografía; las ciudades y las gentes de Colombia; deteniéndose sobre algunos aspectos principales como los productos más apetecibles de su agricultura, para ser exportados, las riquezas mineras y la incipiente artesanía.

Sus juicios sobre las ciudades, los hombres y el devenir histórico de la nueva republica no parecen tener en cuenta lo reciente de las luchas libertadoras, y más bien comprende estas guerras y batallas como una contienda civil doméstica.

Sus páginas parten de los conceptos de "civilización y barbarie"; o sea de la mirada del europeo civilizado sobre los mundos considerados primarios de África y América. Estos ojos del colonizador no permiten descubrir los aspectos originales y novedosos que puedan contener las culturas diversas de los continentes que no son Europa, sino que sus actitudes y manifestaciones son analizadas en una relación comparativa con sus propios valores culturales, asumidos como los modelos de la civilización en términos absolutos. Sin embargo en las anotaciones de Mollien sobre muchos aspectos de la personalidad americana se encuentran aciertos y anticipaciones indudables. No deja de ser interesante que el joven viajero francés arribe a Colombia tan sólo cuatro años después de la batalla de Boyacá y dos años posteriores al Congreso de Cúcuta que determina la Constitución de Colombia como república independiente. Quizá Mollien, al hablar del Gobierno de Colombia, no le da la suficiente importancia al hecho de que tanto este gobierno como las personas que lo componen han surgido de una guerra de casi una década, tras el primer grito de independencia; y que apenas inician la construcción de un país que da los primeros pasos por sus propios medios y que aún no ha sido reconocido por las principales naciones de la tierra.

Mollien decide viajar al continente americano cuando se entera de que se va a enviar un buque de guerra francés al Caribe para proteger el comercio en las islas del mar de las Antillas, algunas de las cuales pertenecieron a Francia hasta los primeros años del siglo XIX; como fue el caso de Haití. Las primeras imágenes que tiene del Nuevo Mundo son las de los Estados Unidos, país en el cual observa las profundas diferencias raciales que desembocarán, medio siglo más tarde; en la llamada "Guerra de Secesión".

Mollien llega a Cartagena en 1823, poco después de haber sido tomada por los patriotas. La ciudad había resistido varios asedios el de Bolívar contra Manuel del Castillo y Rada en medio de las contiendas entre centralistas y federalistas, en el año de 1815, y luego el de Pablo Morillo, que la ciudad intentó resistir hasta el heroísmo, entregando a sus mejores hombres al cadalso instaurado por el Pacificador.

El último sitio entablado frente a las murallas de la ciudad fue el de los patriotas, comandados por José María Córdova y Hermógenes Maza, por tierra, así como por el coronel venezolano Mariano Montilla. La liberación de Cartagena tuvo un puntal definitivo en el golpe dado por mar por parte del coronel José Padilla. Mientras por tierra se simulaba un ataque general bajo el mando del conde sueco Federico Aldecreutz,Padilla se apoderó de la flota española después de echar a pique el bergantín Andaluz | ³ .

La ciudad había padecido toda clase de penurias durante los sitios sucesivos, siendo el más terrible y cruento de todos el que sus habitantes padecieron ante las fuerzas del Pacificador Pablo Morillo. Las palabras del capitán Rafael Sevilla, testigo de esta acción, dan un cuadro vívido y dantesco de la situación en la que se encontraban los cartageneros en el momento en que los españoles entraron al recinto amurallado:

No eran hombres, sino esqueletos; hombres y mujeres, vivos retratos de la muerte, se agarraban a las paredes para poder andar sin caerse: tal era el hambre horrible que habían sufrido. Veintidós días hacía que no comían otra cosa que cueros remojados en tanques de tenería. Mujeres que habían sido ricas y hermosas; hombres que pertenecían a lo más granado de aquel entonces opulento centro mercantil de ambos mundos; todos aquellos sin distinción de sexos ni de clases que podían moverse, se precipitaban, empujándose y atropellándose, sobre nuestros soldados, no para combatirlos, sino para registrarles las mochillas en busca de un mendrugo de pan o de algunas galletas | 4 .

El propio Morillo había escrito al ministro de Guerra de España:

La ciudad presentaba el espectáculo más horroroso a nuestra vista. Las calles estaban llenas de cadáveres que Infestaban el al rey la mayor parte de los habitantes se hallaban moribundospor resultados del hambre | 5 .

Esta era una ciudad muy diferente a la que había vivido tiempos de esplendor en los siglos XVII y XVIII. La Cartagena visitada por Mollien no se había repuesto aún de estas terribles pruebas, y por lo tanto sus opiniones no podían ser muy favorables. Encontró la ciudad pobre, sucia, de calles estrechas y sin muchos atractivos, lo cual nos resulta del todo sorpresivo frente a la imagen que hoy tenemos de la ciudad heroica y en especial de los tesoros coloniales de su sector amurallado. Sin embargo, el viajero francés que recién llegaba a las tierras de lo que hasta unos pocos años atrás había sido el virreinato de la Nueva Granada, no tenía por qué conocer estos dolorosos antecedentes, y sus juicios estaban dictados por sus primeras impresiones.

Pronto tendría que enfrentase a otras experiencias que le resultaban sorpresivas y contradictorias, sin llegar a descubrir su razón de ser. Por ejemplo, al emprender el viaje hacia el interior del país, casi se presenta una disputa, porque el mulero que llevaba los equipajes y baúles del francés pronunció el nombre de Santafé en vez de Bogotá.

Mollien, como tantos otros viajeros del siglo XIX, habla sobre los peligros de un río Magdalena que ya no existe. Por aquellos mismos días el cónsul inglés James Handerson había perdido a uno de sus hijos devorado por un caimán en las playas del río. Esta naturaleza primitiva y casi deshabitada contrasta en todos sus aspectos con el río que hoy conocemos, habitado en todas las zonas de su recorrido, y con muy pocos ejemplares de la fauna y la flora que vieron los distintos viajeros, como José Celestino Mutis, Humboldt y tantos otros.

En este punto, el aspecto singular de las observaciones de Mollien radica en la comparación que hace entre los negros del Senegal, con lo que considera: "El negro degenerado del Magdalena". Desde luego, los negros senegaleses eran hombres libres, aunque los europeos y en especial los portugueses los persiguieran -sobre todo en las costas- para venderlos en los mercados de América, mientras los negros americanos eran esclavos y siguieron siéndolo en los primeros años de la Independencia.

En todo este primer viaje Mollien observa los temores y preparativos de defensa de las principales ciudades de la costa Caribe y de las riberas del Magdalena para defenderse de un nuevo ataque de las fuerzas realistas. En Cartagena y Mompós se tenía la sospecha de una nueva invasión española comandada por el feroz lugarteniente de Boves, Francisco Tomás Morales. Al final de la travesía; al arribar al puerto de Honda Mollien concluye:

"No hay nada más espantoso que un viaje por el Magdalena".

Estando en Honda Mollien se entera de que cerca de quince años antes, o sea; alrededor de 1807 ó 1808, se produjo un violento terremoto en la región.

Al avanzar en su viaje, las observaciones de Mollien se van atenuando y haciendo menos severas, pues descubre en el valle de Guaduas y luego en la Sabana de Bogotá un ambiente de corte europeo. Al llegar al Salto de Tequendama, tan cantado por los poetas y descrito en la mayoría de los relatos de viajeros, Mollien tiene una visión fantástica, de evidente inspiración romántica: imagina a Bolívar sobre la roca; contemplando sus revoluciones, y a Sámano como un monstruo salvaje, despeñando toros hacía el abismo, para ver el espectáculo de cómo los despedazaba la furia de las aguas | 6 .

Esta imagen mítica de Bolívar -semejante al delirio sobre el Chimborazo que se atribuye al Libertador- se crea ante la ausencia del guerrero que se hallaba por aquel entonces en plena campaña del Sur; enfrentando en Lima las controversias locales entre Torre Tagle y Riva Agüero, antes de haber conseguido la independencia definitiva de España, pues las fuerzas españolas aún se encontraban en la sierra. El viaje de Mollien se produce un año antes de las batallas finales de Junín y Ayacucho, y por lo tanto, por aquellos días la gloria de Bolívar se hallaba en su plenitud, sin los contradictores que tuvo después de 1826 y 1827, luego de haber concebido su Constitución para Bolivia.

La Gaceta de Colombia, en su edición del domingo 2 de marzo de 1823, registra la llegada de Mollien a Bogotá:

RELACIONES EXTERIORES.

El señor Gaspar Moliens (sic), caballero de la legión de honor que vino a Cartajena (sic) el 18 de noviembre último en la corbeta de guerra Tarn de S.M. cristianísima, llegó a esta capital el 19 del Corriente | 7 .

Las opiniones de Mollien sobre los generales patriotas no se conocieron durante su viaje; sin duda el francés se cuidó de manifestar sus opiniones, que habrían afectado su permanencia en la nueva república.

Las primeras noticias de estas opiniones aparecen publicadas en la Revista Enciclopédica del mes de noviembre del año de 1825, y de allí las toma La Gaceta de Colombia para presentarlas a sus lectores. Allí se habla de cómo Mollien ha publicado una segunda edición, corregida y aumentada, sobre la obra que relata sus impresiones del viaje a Colombia. La Gaceta dice al respecto:

Los autores de la Revista han examinado esta obra; y la han juzgado en general defectuosa por la parcialidad que el viajero descubre contra la República, por algunas inesactitudes (sic) y esajeraciones (sic), y por las fastidiosas minuciosidades que contiene; sin embargo de esto también confiesan que en el viaje se encuentran noticias apreciables y actos de justicia departe del autor. El artículo de la Revista concluye así:

"Mr. Mollien afecta siempre presentar el estado de la República de Colombia bajo un punto de vista poco favorable: él sospecha de la moderación de Bolívar, y de los sentimientos republicanos del pueblo. Según su opinión, todo es precario en aquella República y las Instituciones no tienen garantía alguna para su estabilidad: Mollien recapitula cuidadosamente todas las causas que deben embarazar al gobierno, y comprometer los destinos del pueblo. Ciertamente, las dificultades que presenta el estado de Colombia son grandes, y no sería prueba de amistad hacía ella el ocultárselas. Mientras mejor las conosca (sic), más segura debe estar de triunfar de ellas: pero lejos de desalentada, es necesario mostrarle todas las posibilidades de triunfo. Es preciso considerar el punto de donde ha partido Colombia, y el punto a donde a (sic) llegado; después de una lucha de 15 años casi no hay un pueblo que haya empleado mejor un espacio de tiempo tan codo: después de haberse libertado por las armas, se ha constituido por las leyes. Cuatro años solamente han corrido desde la publicación de la ley fundamental y demás leyes civiles sancionadas en la célebre sesión del Congreso reunido en el Rosa río de Cúcuta, y ya es fácil descubrir que todas las semillas de prosperidad germinan y producirán sus frutos. Se diría que el hombre se ha empeñado en contrariar el curso de una naturaleza pródiga y jenerosa (sic): hoy que hombres nuevos están dispuestos a ayudarla, ¿quién se atrevería a fijar un término a sus beneficios | 8 .

La propia Gaceta de Colombia había dado muestras de un indudable respeto a las libertades de prensa y opinión, tanto en relación con Gaspard Mollien como con otros personajes nacionales y extranjeros. En una edición anterior sostenía:

La República de Colombia, aunque armada y dispuesta a dar cien batallas no ha cerrado el libro de las leyes; ellas se cumplen y se observan con todo el celo que cabe en nuestro presente estado: los especuladores tienen seguridad, y los viajeros como Moliens (sic) no son incomodados ni detenidos, no obstante que su conducta Inspire sospechas | 9 .

¿Cuáles eran las opiniones y actitudes de Mollien que pudieran generar sospechas al gobierno republicano de la naciente Colombia? Las sospechas, sin duda; se referían a sus visitas y anotaciones sobre el estado del país en sus diversas provincias y regiones. ¿Quién lo enviaba, y con qué objeto? No era, en efecto, un ministro del gobierno francés, ni un enviado directo de ninguna entidad, academia o institución. Y en cuanto a las opiniones, ellas serían conocidas muy pronto, y en un alarde de ecuanimidad y tolerancia, La Gaceta de Colombia publicó el capítulo más controvertido de estas relaciones, haciendo algunas anotaciones al margen para aclarar conceptos del viajero francés, pero sin omitir renglón alguno de su texto. Es interesante observar el punto en donde La Gaceta responde las opiniones del viajero francés. Dice, por ejemplo, en un segmento de su texto:

Los soldados de Bolívar alistados bajo las banderas de un jefe compatriota suyo combatían con ardor, y sus mismos compañeros de armas estaban adheridos a él no obstante el celo con que se ve elevado a un igual. Su ignorancia concebía mal las palabras Independencia y Libertad pero eran sensibles a las distinciones y Bolívar sabía crearlas y distribuirlas juiciosamente | 10 .

La Gaceta |responde con brillante ironía a las afirmaciones de Mollien:

Deben dar gracias a Mollien todos los generales y jefes del Ejército libertador por el buen concepto que le han merecido. Es una fortuna haber creado una República, sin entender lo que era Independencia y Libertad.

Al referirse a Simón Bolívar; Mollien dice:

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Aunque su educación hubiese sido muy descuidada, su mansión en Europa por algún tiempo le vió con gusto decidido por el estudio de las lenguas y de la historia. Sus progresos fueron rápidos. Lo hemos comparado con Sartorio.

En su defensa del Libertador; La Gaceta se torna más enfática en sus argumentos:

Nuestro silencio acerca de esta comparación no se recibirá por aquiescencia de nuestra parte. Dijimos con anticipación que el viajero francés había dejado correr la pluma con parcialidad en odio de la República y de sus ilustres apoyos y defensores.

Prosiguen los comentarios de Mollien sobre Bolívar:

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Sus modos de hacer la guerra, sus marchas precipitadas para buscar al enemigo, la celeridad con que recorre distancias inmensas, para encontrarlo dará mas la idea de un guerrillero atrevido que de un general hábil que tiene a sus órdenes grandes masas. Dos mil hombres más quizá le embarazarían en sus proyectos.

La Gaceta contesta a estas afirmaciones del modo siguiente:

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Ciertamente que la batalla de Carabobo se parece mucho a un combate de guerrillas. También se parece la campaña del Perú donde los belijerantes (sic) han tenido a sus órdenes fuertes masas de combatientes. El afamado Canterac, el nunca bien ponderado La Serna, el celebrado Valdés, etc., etc., podrán decirle al señor Mollien y a cuantos quieran preguntarles: ¿Si Bolívar es apenas un guerrillero atrevido?

El concepto de lucha de guerrillas era el que se tenía de las incursiones de Páez y el propio Bolívar en la campaña de Venezuela; y el que imaginaron Barreiro y Jiménez después de los primeros encuentros con las fuerzas patriotas en Gámeza y Tópaga; pero esta opinión cambiaría por completo después de la batalla de Boyacá. Allí los comandantes españoles tuvieron que reconocer que no se trataba de un simple ejército de pordioseros al que no resultaría difícil destruir. En su parte al rey al tener noticias de los resultados de esta batalla, el Pacificador Pablo Morillo tuvo que reconocer que los ejércitos realistas habían sido destrozados.

Sin embargo, al emprender un viaje de Bogotá al Socorro, Mollien afirma en sus notas de viaje:

Apoco de haber salido de Tiribita pasé por el campo de Batalla de Boyacá, donde los españoles, en 1819, perdieron una batalla contra los patriotas.

En sus comentarios sobre Bolívar; Mollien hace algunas afirmaciones que serían rebatidas por los acontecimientos políticos de unos cuatro o cinco años más tarde:

Todavía nadie ha jemido (sic) con la tiranía de Bolívar, y si no se empezase a desterrar los descontentos y a confiscárseles sus bienes, no se podría acusar sino de algunas represalias en la guerra.

En este punto responde de nuevo La Gaceta con inocultable ironía:

La Gaceta de Madrid, que hizo un estracto (sic) de este Viaje, cuidó de callar esta narración y otros puntos, y sólo presentó la parte que podía convenir al gobierno español. Haciendo una vez un Jeneral el boletín de una batalla omitió de intento hablar del número de muertos y heridos de su ejército; y reconvenido por un oficial de por qué no hacía memoria de ellos, respondió: "Ese es cuidado del enemigo; él los pondrá en su boletín".

Mollien es parco en sus declaraciones sobre el general Santander. El propio Bolívar escribe al vicepresidente, desde Potosí, y le comenta:

       Tengo idea del viaje del señor Mollien, que hace a usted justicia sin restricción y a los demás les dá más o menos duro | ¹¹ .

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Dos meses más tarde escribe a Santander desde Chuquisaca:

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|He visto el estracto de Mollien y las notas que ha tenido la bondad de hacer poner a sus observaciones. De todo doy a usted las gracias | 12 .

Sí el juicio hecho sobre el vicepresidente es benévolo y en él como dice Bolívar, "se hace justicia " a Santander, las opiniones del francés sobre el Palacio de Gobierno donde se encuentra el despacho del hombre de las leyes son críticas y un tanto despectivas. En este aspecto coinciden con las encuestas por otro viajero, el coronel estadounidense William Duane:

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Al igual que Mollien, sentí no poca desilusión cuando me llevaron a la residencia del poder ejecutivo, que en algunos libros recibe la denominación de "Palacio del Virrey". (...) "El Palacio auténtico fue destruido durante la revolución, como resultado de los diversos asaltos a que se vió sometida la ciudad, tomada o retomada seis o siete veces | 13 .

En estas últimas observaciones se equivoca Duane por completo, o combina los relatos escuchados en la capital con su propia fantasía.

El antiguo "Palacio de los Virreyes" estaba situado en la esquina sur-oriental de la Plaza Mayor (hoy "Plaza de Bolívar" y sufrió graves daños durante el terremoto de 1785. Luego, en el año de 1786, fue destruido por completo a causa de un incendio producido por causas desconocidas. Después de la Independencia; el general Santander, en uso de sus facultades como vicepresidente y encargado del Ejecutivo en ausencia del titular, comenzó a ejercer sus funciones en una casona situada en el costado nor-occidental de la plaza; en el mismo sitio donde más tarde se levantaron las "Galerías", también destruidas por el fuego en 1901. Más tarde Bolívar estuvo al frente de la Presidencia en el "Palacio de San Carlos", en la calle del Coliseo, donde tuvo lugar la nefanda conspiración septembrina.

Después de una primera visita a Bogotá, Mollien se dirige hacia el norte del país, hasta llegar al Socorro, y regresa a la capital por la vía de Chiquinquirá y Zipaquirá. Se trata de un recorrido con variadas observaciones sobre el estado de los caminos, la producción agrícola y la minería; que anticipaba en cierta forma los posteriores escritos de Manuel Ancízar en su interesante Peregrinación de Alpha.

En muchas de sus anotaciones, Mollien hace severas críticas a los nacionales,que podrían proyectarse sobre nuestro propio presente; ciento setenta años más tarde. En ellas habla de cómo el Código de Aduanas es burlado por los ciudadanos, que se dedican al contrabando con el mayor descaro.

Los temas políticos tampoco escapan a su mirada europea. Antes de que hubieran circulado rumores sobre la implantación posible de la monarquía en Colombia, afirma:

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Si Bolívar pidiera a sus soldados la corona, estos lo llevarían en triunfo.

La primera parte de sus impresiones sobre Colombia, recogidas en el año de 1823, terminan planteando la notoria influencia inglesa sobre el país que acaba de obtener su independencia, en los aspectos militares, políticos y comerciales, pero al mismo tiempo subraya la influencia cultural de los franceses. Desde luego, es interesante observar que esta última influencia ya venía de la propia España, a causa de la ilustración en los tiempos borbónicos. En los últimos 30 años del siglo XVIII el pensamiento ilustrado desempeñó un papel crucial en la toma de conciencia de los nacionales hasta llegar a la traducción de Los Derechos del Hombre del texto francés por parte de don Antonio Nariño.

La segunda parte de los cuadernos de viaje de Monsieur Mollien se inicia con el viaje del francés hacía el sur, con destino a Popayán, partiendo por el camino de Guaduas. En las riberas del Magdalena descubre las plantaciones de tabaco de Ambalema y el algodón de los alrededores de El Espinal y El Guamo, y al observar los cultivos y las rudimentarias técnicas empleadas, compara la cultura de América con la del África. Al recorrer las poblaciones de Chaparral, El Saldaña; Purificación y Natagaima, alude a la proliferación de casos observados en gentes que padecen la enfermedad del bocio. Este aspecto de la salud pública llamará su atención, especialmente en las poblaciones de tierra caliente.

Mollien pasa por Villavieja y Aipe, y su curiosidad es atraída por este último, que es un pueblo de indios, según oye decir, duchos en astrología.

Al llegar a Neiva se interesa por la forma como se desarrolla la técnica de la artesanía, y en especial la manera de aplicar los barnices, que nos recuerda las técnicas del llamado "barniz de Pasto":

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El obrero pone la resma en la boca, la masca, la extiende en láminas y la aplica sobre los colores pintados en la madera.

Resulta por lo menos curioso que ésta sea una de las pocas referencias dadas por el viajero francés a lo largo de su libro, relacionada con el trabajo y la producción artesanal. Sin duda ha llegado a un país naciente, en un momento en que muchos de los hombres en edad y con capacidades de desarrollar ciertos trabajos han partido hacia el sur con los ejércitos libertadores, y otras provincias y territorios apenas comienzan a organizar la vida social dentro del sistema republicano. En la mayor parte de las cosas, incluso en las relaciones de trabajo, el comercio, los aranceles aduaneros y los sistemas de impuestos, los cambios no se producen de inmediato. Se necesitarían tres décadas más allí de la Independencia para que los cambios fueran realmente significativos, como sucedió a mediados de siglo con el desarrollo de los gremios artesanales, la comisión corográfica y la libertad de los esclavos. De ahí que en sus observaciones Mollien no descubra un país del todo nuevo en su vida social sino más bien unas formas de relación humana, laboral y cultural, heredadas de los tiempos coloniales de las cuales apenas se comenzaba a consolidar la independencia política.

Mollien prosigue su viaje remontando la cordillera de los Andes, por los helados páramos de esta zona; hasta llegar a Popayán. Describe la ciudad comparándola con Bogotá. Su intención era proseguir hacia Quito, pero la situación de orden público se lo impide.

En realidad, lo que sucede -y que el viajero francés no está en condiciones de comprender en toda su complejidad-, consiste en que los indígenas de las provincias de Pasto y el Patía, comandados por el guerrillero Agualongo, son realistas convencidos y están dispuestos a defender las banderas de Fernando VII hasta la última gota de su sangre.

Esta fue una de las pocas regiones de Suramérica en la cual Bolívar no contó con ninguna ayuda de la población civil. Los indígenas habían recibido cédulas reales que les conferían poderes sobre sus resguardos, y por esto se sintieron amenazados por los independentistas, pues temieron que al romper con España, perderían todos sus fueros.

Por otra parte, los habitantes de Pasto y del Patía eran campesinos encerrados en sus parcelas, aislados de los poderes centrales y muy poco amigos de recibir la visita de extraños a sus territorios y costumbres. En esto podrían tener algunas semejanzas con los campesinos hoscos y montunos del país Vasco español. La rebelión de Agustín Agualongo y sus fieles montoneras fue reconocida por el propio Fernando VII. Hasta allí llegaron noticias de su fidelidad, en una lucha contra lo imposible, pues el caudillo indígena resolvió seguir combatiendo después de que los propios ejércitos españoles habían reconocido su derrota. Como en el argumento de una tragedia antigua; Agualongo recibió la Cédula Real que le otorgaba el grado de general de brigada de los ejércitos realistas, el mismo día en que iba a ser fusilado por las fuerzas patriotas. | 14

Al pasar por la región de Popayán y sus alrededores, Mollien alude a la descripción de Caldas, hecha en 1805, al efectuar un viaje durante el cual se dedicó al mismo tiempo al comercio y a la investigación científica. Aunque había estudiado derecho en Santafé, Caldas no se interesó por el ejercicio de esta profesión, a la cual había sido conducido por voluntad de su padre. Caldas decidió salir de Popayán, al no sentirse a gusto en un bufete de jurista; y prefirió recorrer los caminos y cambiar de climas en actividades comerciales como vendedor ambulante. Sin embargo, estos viajes no frustraron ni lo distrajeron de sus intereses científicos, por cuanto le permitieron hacer sus observaciones sobre el "Influjo del clima en los seres organizados"; además de elaborar escritos tales como Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de Bogotá, con relación a la economía y al comercio. | 15

Mollien hizo algunos estudios sobre el valle del Puracé y de allí se dirigió a Cali. Durante este viaje por el Valle del Cauca volvió a traer a cuento diversas comparaciones entre estos territorios y tas tierras del África que había visitado unos años antes. Al llegara Cali registró complacido la inauguración de un colegio. Seguramente se trató de uno de los primeros centros educativos establecidos en la provincia colombiana durante los primeros lustros de la vida independiente.

Después de salir de Cali, Mollien visita a Buenaventura y algunas tierras del Chocó, mientras prepara su viaje a Panamá, donde tomará el barco que lo llevará de regreso a Francia. En su descripción narra en detalle las duras condiciones del viaje y se lamenta del estado de extrema miseria de Buenaventura, pese a las espléndidas condiciones naturales de su situación en el Pacífico.

No deja de ser estremecedor leer estas observaciones, ciento setenta años después, al comprobar que todo cuanto dice el viajero francés puede aplicarse al presente:

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Una docena de chozas habitadas por negros y mulatos, un cuartel con una guardia de once soldados, tres piezas puestas en batería; la casa del gobernador, lo mismo que la de la Aduana, es de paja y de bambúes, situada en la islita de Cascajal cubierta de hierbas, espinos, fango, serpientes y sapos: esto es Buenaventura | 16 .

Sin embargo, Mollien le ve grandes posibilidades futuras de desarrollo, pues la ciudad se halla en un punto estratégico en la Costa Pacífica. El presente, sin embargo, no puede ser más dramático, tal como lo comprueba al visitar algunos poblados del Chocó:

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Sus chozas no son más que cloacas inmundas.

A la vez; constata pugnas entre las distintas razas y culturas que habitan el litoral:

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Los indios sienten una antipatía marcadísima por los negros; aunque, por temor, les dan como a los blancos el título de amo.

Sin duda todo le resulta duro y desconocido a Mollien en esta zona; cuya conquista y colonización fue difícil desde la llegada misma de los españoles. Es interesante ver cómo desde los primeros relatos de un español como Pascual de Andagoya; redactados con tres siglos de anterioridad, pueden establecerse algunas constantes como son la humedad, la tierra pantanosa de difícil acceso, el clima insalubre, y pese a todo ello, las posibilidades de la región en un futuro hipotético, que aún sigue siendo incierto en los tiempos presentes.

En el momento de prepararse para abordar el barco que lo alejará de las tierras colombianas, el viajero francés tiene algunas sorpresas. La primera es el encuentro con un grupo de compatriotas suyos; lo cual le proporciona una gran alegría pues nunca hubiera imaginado descubrir a gentes de su lengua y cultura en la remota región de Cascajal Luego, al subir al barco, un detalle llama su atención al ver que la nave está comandada por un nativo:

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Entre los marineros había dos genoveses; no puede menos de extrañar que dos compatriotas de Cristóbal Colón estuviesen a las órdenes de un capitán indio.

Desde luego, las relaciones en el Nuevo Mundo comenzaban a cambiar, aunque aún resultaran insólitas a los ojos europeos, acostumbrados a mandar.

En esta última parte Mollien insiste en sus argumentos en defensa de las posibilidades futuras de la Costa Pacífica. En Buenaventura ve al puerto que enlaza a Panamá con otros importantes centros de comercio del Pacífico, tales como Paita y Guayaquil. Por allí circulan algunos de los productos de mayor valor en un potencial mercado internacional como la plata, el oro, el coco, la sal, las cebollas, el cacao, el café y las maderas.

La última ciudad que Mollien descubre en su viaje es Panamá, y desde ese entonces la ve como un cruce de caminos apto para el comercio y la realización de toda clase de negocios. La ciudad, hasta un año antes, había estado en poder de los españoles, y según narra Mollien, los panameños, al temer un conflicto entre Bolívar e Iturbide, resolvieron incorporarse a Colombia. Algunas de sus observaciones no dejan de ser curiosas:

En Cartagena no se encuentra una silla, pero aquí se está materialmente agobiado por los muebles.

Desde aquel entonces ya se encontraban tiendas surtidas con artículos de los Estados Unidos, y una gran cantidad de vinos y licores de todas clases.

En relación con los comportamientos sociales, Mollien observa algunas características muy caribeñas, en especial en lo que se refiere a los conflictos interraciales entre los dos sexos:

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En un baile que hubo apoco tiempo de llegar yo, las señoras blancas se negaron a bailar con los oficiales negros de la guarnición; fue preciso que los | maridos Interpusieran toda su autoridad para que consintiesen en bailar con ellos.

De cualquier modo, el carácter de las mujeres y sus relaciones matrimoniales tenían un sello del todo diferente al de las ciudades del interior:

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A las mujeres todo les está permitido: diversión, visitas y bailes, sin que estén construidas por la vigilancia de sus maridos, que pocas veces las acompañan | 17 .

Por esta razón, Mollien recoge las diferencias entre las mujeres de ciudades como Bogotá o Popayán y las de las costas o las riberas del Magdalena. Estas llaman a las de tierra fría lanudas; y las lanudas llaman a las otras calentanas. Es curioso observar que la denominación de lanuda había sido aplicada unos años antes por el sabio Mutis a la vegetación de los páramos, en plantas como el frailejón y otras especies.

Al terminar el relato propiamente dicho de su viaje, Mollien dedica los capítulos finales de su libro a hacer una cuidadosa descripción de la República de Colombia; detallando algunos aspectos que le parecen de importancia y que no dejan de tener interés al compararlos con los actuales. Cuando leemos estas líneas podemos percibir con certeza que el país ha cambiado más en el último siglo que con todas las transformaciones que hubieran podido sucederse a lo largo de su historia anterior, desde los tiempos más remotos. Mollien habla por ejemplo de la Sierra Nevada del Cocuy y sus alrededores, poniendo énfasis en la proliferación y limpieza de las aguas, a las cuales considera una gran riqueza natural.

Su visión global del país difiere en forma notable de nuestro presente:

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La soledad es tan profunda, los | bosques tan impenetrables, las montañas tan inaccesibles, los seres viven tan aislados, que todo, en una palabra, salvo las ciudades y los puertos, se encuentra en estado tan salvaje como cuando llegaron los españoles.

Al acercarse al estudio de las posibilidades de la producción y el comercio, el francés compara estos aspectos en las montañas y los llanos y valles. Desde aquellos días comprende que se trata de un país "multi-étnico y multi-cultural'; como se diría en el lenguaje contemporáneo. En sus notas se descubren notables intuiciones y algunas afirmaciones que resultaron proféticas:

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La independencia ha realizado las aspiraciones de los individuos, pero no ha satisfecho las esperanzas de las razas: todas aspiran al poder.

Mollien destaca el carácter pacífico de las gentes de los Andes, en comparación con el carácter violento de las de tierra caliente. Constata que estas últimas desprecian a las primeras, y las llaman "blanquillos".

Al hablar de los llaneros, los compara con los beduinos árabes, analogía que resulta acertada si recordamos el papel desempeñado por los centauros llaneros en las principales batallas de la Independencia, desde Casanare hasta el Orinoco.

Al hablar de los colombianos, Mollien no oculta un tono irónico, impregnado de la superioridad europea. Por eso deja traslucir un aire burlón al referirse a la admiración que los colombianos de aquellos días profesaban por sus sabios y científicos como Zea o Caldas. Al respecto, no está de más traer a colación una carta del propio Caldas a su primo Santiago Arroyo, donde le comunica las dudas frente a su propia experiencia científica, en comparación con las posibilidades que Europa brinda a quienes deciden seguir el camino de la investigación:

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Mi amado don Santiago:

|En el pasado escribí a usted con pretensiones de encargos de libros, y sobre todo, sobre aquellos tomos del conde de Buffon, que sospecho sea la historia de las |aves de ese genio original y profundo. ¿Que no pueda conseguir un ejemplar completo de su Historia Natural? |Vivimos, amigo, en un país en que se nos ha cerrado el camino a la sabiduría. Si contáramos en la Europa que había un pueblo con cerca de 300 años de fundación, bajo la dominación de una nación culta, que todos los días pasa a los primeros puestos la parte más ilustrada de ella, que hay colegios, universidad, doctores que inundan los pueblos, y se dijera que no se halla en él un ejemplar de La filosofía botánica de Linneo, |que es raro el conde de Buffon, que apenas se ven las obras maestras en todo género, ¿no creerán que les hablábamos de los calmucos y de los tártaros y a buen escapar de los lapones? La imposibilidad de instruirnos parece invencible. A |cuatromil leguas de distancia de la metrópoli, añada fuerzas marítimas de La Gran Bretaña que cierran la comunicación de España con sus colonias, y casi desesperamos de poder algún día saber lo | que un niño europeo. Dejemos esas ideas tristes y hablemos de otra cosas | 18 .

Sin duda; antes de Caldas y el período ilustrado de la Expedición Botánica, era casi imposible hallar los textos de los sabios que comenzaban a cambiar el panorama del conocimiento en Europa y en el mundo entero. Caldas se lamenta y piensa en Europa, como la tierra prometida, consciente de las dificultades que debe vencer para desarrollar sus inquietudes científicas. Por esta razón, los resultados de su obra; junto con los de Jorge Tadeo Lozano, Sinforoso Mutis y otros resultan tan valiosos para los habitantes de la naciente Colombia; que debe dibujar los perfiles de una posible identidad. Para el francés, en cambio, esta actitud es casi un motivo de buda; pues no podría aceptar de ningún modo una comparación de los sabios europeos con sus émulos americanos, así como no había aceptado tampoco la analogía entre Bolívar y Napoleón.

Las últimas observaciones de Mollien se refieren a los cultivos y productos de exportación, como las maderas, el cacao, el tabaco, la quina y el algodón. En relación con el café, que apenas comenzaba a cultivarse en estas tierras, afirma: "El café se cultiva escasamente, y es poco apreciado por los habitantes de la cordillera. Se vende todavía en las boticas".

Muy lejos estaba el viajero francés en saber que este grano, llegado hacía unas pocas décadas del África; se convertiría con el tiempo en uno de los mejores cafés suaves del mundo y el principal producto de exportación colombiana durante muchos años.

Por aquellos días franceses e ingleses comenzaban a aparecer en tierras colombianas, buscando captar los mercados de las nuevas naciones. Estos tiempos de transición habían creado en las gentes una notable desconfianza; no sólo ante la posibilidad de una nueva y aún más drástica reconquista española, sino ante sus propios libertadores. Por eso Mollien afirma que pudo darse cuenta de la forma como las gentes ocultaban sus riquezas, quizá para alejarlas de la voracidad de los soldados y las necesidades del gobierno.

Su última reflexión sobre Panamá tiene un carácter profético:

|En Francia se creía que Colombia pensaba abrir un canal para comunicar los dos mares por el Itsmo de Panamá. Esta república no tiene medios suficientes para emprender una obra de esa envergadura, tan costosa y tan llena de dificultades. Además; haría mal en realizarla, porque se atravesaría su territorio sin tener que solicitar su autorización y hasta tal vez sin pagarle ningún derecho de paso.

Es curioso que estas palabras las diga un viajero francés, medio siglo antes de que su patria se interesara en la apertura del Canal de Panamá. Ya vendrían viajeros y científicos como Luciano Napoleón-Bonaparte Wise y Eliseo Reclús, dispuestos a investigar el mejor camino, y más tarde Lesseps para iniciar las obras del Canal y Philiphe Buneau-Varilla para colaborar con la separación del Istmo y la entrega de la zona del Canal a los Estados Unidos. Pero ésta es otra historia que sera contada años más tarde por las voces de otros viajeros.

Santafe de Bogotá, agosto de 1992

 

 

1 Grand Dictionaire Universel du XIX Siécle, Larousse, París, 1874.
2 Viaje al interior del África, a las fuentes del Senegal y de La Gambia, París, 1820, Volumen en 8o. con mapas y figuras.
3 Eduardo Lemaitre Román, Historia General de Cartagena, Tomo III, p. 215, publicaciones del Banco de la República, Bogotá, 1983.
4 Capitán Rafael Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, Editorial América, Madrid, 1916, PP. 55 y 68, citado por Eduardo Lemaitre en su Historia General de Cartagena.
5 Eduardo Lemaitre, op. cit., p. 159.
6 Mollien: Primera parte, Capítulo IV.
7 Febrero de 1823. La noticia salió en primera página en La Gaceta de Colombia, en su edición del siguiente 2 de marzo.
8 La Gaceta de Colombia, domingo 6 de agosto de 1826.
9 La Gaceta de Colombia, domingo 27 de marzo de 1825.
10 Ésta y las siguientes citaciones del capitulo VIII de Mollien y las respuestas de La Gaceta fueron publicadas por ese periódico en su edición del 7 de agosto de 1825.
11 Carta de Bolívar a Santander firmada en Potosí el 21 de octubre de 1825.
12 Carta firmada por Bolívar en Chuquisaca, el 27 de diciembre de 1825. Aquí el Libertador se refiere a las notas que hemos citado anteriormente.
13  William Duane, |Viaje a la Gran Colombia en los años 1822-1823.
14  Alberto Miramón |Hombres del tiempo heroico, Segunda parte: "El cabecilla indomable", Empresa Nacional de Publicaciones, Bogotá, D.E., 1956.
15 A este Estudio, en especial, parece referirse Mollien, quien como Caldas, critica el mal estado de los caminos y hace observaciones sobre las alturas de las montañas y las poblaciones que encuentra a su paso. El trabajo de Caldas fue publicado en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, el 8 de diciembre de 1807.
16 Capítulo V de la Segunda parte.
17 Capítulo VI de la Segunda parte.
18 Carta de Caldas a su primo Santiago Pérez de Arroyo y Valencia, fechada en Popayán el 20 de marzo de 1801.

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