|INTRODUCCION
En nuestra época —en Colombia como en Suecia— pocas
personas están enteradas de que, inmediatamente después de la
guerra de independencia de los Estados Grancolombianos, los
contactos políticos y comerciales entre los dos países fueron
asombrosamente más intensos de lo que tal vez pueda figurarse.
Los suecos, aliados con Gran Bretaña en los últimos años del
vasto conflicto napoleónico y como este poder fuera de la Sacra
Alianza, compartían con los ingleses la esperanza de hallar en
Colombia un mercado para sus artículos de exportación, reemplazando
en parte la anterior preponderancia económica del dominio español.
Al mismo tiempo un entendimiento con las nuevas repúblicas
hispanoamericanas estuvo conforme con la orientación de la política
exterior del Rey de Suecia (por la unión personal de ambas coronas,
también de Noruega) Carlos XIV Juan, antiguo Mariscal Bernadotte de
Francia y ayudante del Emperador Napoléon.
La pequeña isla de San Bartolomé, en aquel tiempo bajo soberanía
sueca, fue una de las bases del apoyo sueco a la República
Grancolombiana. Sin embargo, muchos de los contactos y
negociaciones tuvieron lugar en Londres entre los agentes
diplomáticos de Colombia y Suecia.
Poder europeo de segundo orden, el Reino Unido de Suecia y
Noruega no logró realizar una política adversa a los intereses de
los miembros de la Sacra Alianza, notablemente los de Rusia como
aliado de España.
Negociaciones secretas para vender a Colombia unos buques de
guerra de Suecia resultaron en 1825, después de la entrega de la
fragata
|af Chapman y el buque de línea
|Tapperheten,
en un escándalo político, que implicó indirectamente al Rey mismo.
Reveladas por el Ministro español en Estocolmo, las negociaciones
fueron criticadas por el representante de Rusia ante la Corte
Sueca, y futuras ventas tuvieron que ser anuladas ante la actitud
amenazadora del gran poder zarista.
En el mismo año de 1825 un grupo familiar de suecos se había
instalado en Antioquia, principalmente tomando parte en la
explotación de las minas en esta parte de Colombia.
Precursores fueron Carlos Ulrich von Hauswolff (1791-1843) y
Pedro Nisser (1799-1878), más tarde seguidos por Carlos Segismundo
von Greiff (de Greiff; 1793-1870) y otros. (Véase Dr. Gabriel
Giraldo Jaramillo: Colombia y Suecia, Relaciones Culturales,
Madrid, 1960).
Ya había visitado a Bogotá, en 1823, un agente del Gobierno
Sueco, Severin Lorich, Cónsul de Suecia en Filadelfia, EE. UU. Sin
embargo, en vista de las posibilidades de un intercambio comercial,
von Hauswolff y Nisser ensayaron interesar aún más al Ministro de
Relaciones Exteriores en Estocolmo para enviar otros representantes
a Colombia.
Fue asignado el Teniente de Marina Carl August Gosselman, quien
en los años 1836-1839 hizo una gira por Sudamérica en misión
oficial.
Nacido en Ystad —al sur de Suecia— el 17 de Junio de
1799 y fallecido en Nyköping —cerca de Estocolmo— el 4 de
abril de 1843, Gosselman ya había visitado a Colombia en los años
1825-1826. Llegando como sobrecargo del buque “Cristóbal
Colón”, cuyo armador fue el mencionado von Hauswolff, logró
recorrer varias partes de este país. Rindió cuenta de sus aventuras
en 1827 con su libro “Resa i Colombia aren 1825 och 1826”
que aquí se presenta al público colombiano en traducción al español
por la señora Ann-Christien Flink de Pereira.
Es la segunda vez que se ha traducido al español una obra de
Gosselman, habiendo sido la primera el “Informe sobre los
Estados Sudamericanos en los años 1837 y 1838” —
(Estocolmo, 1962).
“Viaje por Colombia” alcanzó gran éxito no solo en
Suecia sino también en una versión alemana. Es considerado como un
clásico de la literatura de viajes en Colombia.
Tiene el autor gran talento narrativo, especialmente en la
descripción del paisaje y los retratos de las personas que
encuentra en sus correrías. La frescura y la individualidad que
caracterizan sus observaciones, sin las frases estereotípicas de su
época, hacen fácil al lector de hoy saborear una obra de hace 150
años, con los ojos de un reportero más bien que de un oficial
burocrático.
Gosselman llegó a Colombia saturado de prejuicios que ni
siquiera hace esfuerzos para disimular. Con gran largueza y muchas
veces con tendencias racistas critica este forastero de las afueras
de Europa septentrional, condiciones y comportamientos que no le
parecen conforme a su fondo de realismo nórdico y luteranismo
frío.
Sin embargo, bajo la influencia de un ambiente que aprende más y
más a apreciar, gradualmente se nota un cambio que a veces parece
desconcertar al oficial sueco, básicamente honesto y abierto en sus
impresiones.
Comparaciones y paralelos entre la inmediata realidad y su
patria lejana no resultan siempre como en la primera parte de su
libro, a favor de su país nativo.
Aun sin agradarle nunca el litoral Caribe, es con articulado
sentimiento de nostalgia y pérdida como Gosselman sale de Cartagena
el 8 de octubre de 1826, despidiéndose de sus compatriotas von
Hauswolff y el Conde Federico Tomás de Adlercreutz (1793-1852),
antiguo edecán de Bolívar y Gobernador de Mompox.
Las vagas cumbres de la Sierra Nevada de Santa Marta se sumergen
por la popa del bergantín inglés “The Countess of
Chichester” en último saludo de “detta sa sköna land
hvars fysiska natur är sa otroligt rik och omväxlande”: Ese
país tan bello, con una naturaleza tan increíblemente rica y
variada.
Este país grandioso y maravilloso que se llama Colombia.
Bogotá, 6 de enero de 1979.
|HANS E. SKOLD
Embajador de Suecia