4. Minas de oro
y de plata
Sin haber tocado en nuestro viaje la propia región minera de
Colombia, o sea la Antioquia central, territorio con el mayor
número de minas en explotación actual, hemos tenido oportunidad de
obtener de propia vista una impresión general de lo que es la
minería colombiana, a través de nuestra visita a numerosas minas de
lado y lado de la cresta de la Cordillera
Central.
Entre las minas observadas pudimos comprobar las dos clases
principales de yacimiento de los metales preciosos, o sea el de
veta, lo mismo que el de arena metalífera (aluviones) con las
múltiples variaciones presentes en cada
cual.
En la pequeña empresa de Agua Bonita el oro yace encima de un
filón de cuarzo, encerrado en un gneis oscuro, encontrándose tanto
la galena como la pirita aurífera y también granos aislados de oro
en los lados de contacto del yacimiento con la roca y en el
interior del yacimiento mismo. La extracción del oro es el objeto
perseguido por la empresa, como lo es el fin principal de toda
explotación en Colombia o especialmente lo venía constituyendo en
el pasado. En la región minera de Santa Ana, en cambio, y
particularmente en Frías, la explotación de la plata es la
finalidad exclusiva de la obra. Suele encontrarse aquí en la
galena, como en la pirita y en la blenda de zinc, pero también en
las formas de plata prusita y de plata rojiza lo mismo que en
estado puro, encima de yacimientos de cuarzo depositados sobre
esquistos cristalinos. Diferente es la formación de los yacimientos
de Marmato, Supía y Riosucio, donde, probablemente al igual que en
la mayor parte de Antioquía, la roca mineral es un pórfido
diorítico, en gruesos filones intercalados entre los esquistos
cristalinos. Aquí el mineral de filón predominante es la piedra
calcárea, con pirita y blenda en lugar de la galena como portadores
de la propia plata. Esta es aurífera hasta el punto de encerrar
granos de oro puro.
En tanto que en Santa Ana y Frías se requieren pozos de mina de
considerable profundidad (en Frías hasta 135 metros) con desagües
bastante expansivos para extraer el mineral, la topografía misma
del terreno facilita la explotación en Marmato y sus alrededores,
por cuanto la marcada pendiente permite atacar los yacimientos
sencillamente por medio de socavones abiertos desde la pendiente
con varios pisos, uno encima del otro, de tal manera que a su paso
van cruzando los diferentes filones, simplificando así
considerablemente los trabajos tanto de extracción como de
desagüe.
Otra ventaja que tiene Marmato en comparación con Frías es la de
que la composición de su mineral permite refinarlo por medio de
amalgamación, en tanto que el mineral plomífero de Frías requiere
su fundición. No se puede subestimar esta ventaja, por cuanto el
simple proceso de amalgamación puede realizarse en el sitio, en
tanto que el establecimiento de fundiciones sería de poca
perspectiva en Colombia, en vista de su alto costo inicial y de la
carencia de las capacidades técnicas requeridas para su operación,
valiosa información que debo a Herr Greiffenstein, experto de la
industria metalúrgica y director de la fundición de Titiribí, única
en su género que existe en el país. Tanto así es que la compañía
inglesa que opera en Frías prefiere despachar el producto natural a
Swansea para su fundición, procedimiento más económico que la
instalación de una fundición propia, a pesar de los desmedidos
gastos de transporte que ello supone.
La segunda clase principal de los yacimientos de oro la
constituyen las arenas y gravas con sus granos auríferos
entremezclados. Al efecto, pasadas las crecientes, se pueden
observar negros sentados en las vegas de numerosos ríos y
riachuelos, ocupados en lavar aquella materia en batea de madera, a
fin de recoger los granitos de oro con ella arrancados y llevados
por las aguas. Pero oro en cantidades mayores que en esos aluviones
de reciente formación se encuentra entre los sedimentos de rocalla
depositados a mayor nivel encima del granito y de los esquistos
cristalinos en todas las faldas orientales de la Cordillera
Central. Basándose en la superficie, en parte lisa, de las rocas
originales y los huecos tallados en ellas, mineros ingleses y
americanos han llegado a la suposición de que aquella rocalla sea
de origen presumiblemente glacial, hipótesis al parecer reñida con
la realidad, por cuanto el material no tiene absolutamente nada en
común con la morrena, faltando además todo indicio de que los
heleros hubieran bajado aquí hasta los mil metros y menos sobre el
nivel del mar. Tal como en California, constituyen sedimentos
fluviales de tiempos antiguos, con la sola duda admisible de si el
lecho de aquellos ríos era idéntico al actual o transcurría en
dirección distinta. Esos sedimentos suelen cambiar de espesor en
relación con el nivel de su sitio, prevaleciendo en su composición
ya más material cristalino de la remota antigüedad, ya más
sustancia de reciente formación volcánica. En general el oro
aparece acompañado de rocalla de grueso calibre y de color rodeno,
compuesto de granito y de esquistos cristalinos, puesto que
proviene de las auríferas vetas de cuarzo que tales rocas contienen
y que por otra parte, debido a su mayor peso, requiere para su
arrastre una fuerza del agua igual a la que sería capaz de llevarse
también rocas de cierto tamaño.
De esa rocalla depositada a mayor altura los negros suelen sacar
el oro a su manera, primitiva en extremo, excepción hecha de unos
pocos sitios donde una compañía inglesa tiene instalada su empresa
para la explotación al por mayor, por ejemplo en Malpaso. Al
efecto, máquinas hidráulicas se encargan de extraer el metal
precioso en un proceso del todo idéntico al que viene empleándose
en California y que paso a describir aquí. Empieza por un fuerte
chorro de agua dirigido contra los sedimentos auríferos, para
aflojar la terrera, arrastrando rocalla y tierra. El agua cargada
de esas materias se recoge en un canal construido de tablones de
madera al pie de la pared ribereña, en la cual su recia corriente
pronto se tranquiliza, refrenada por las piedras colocadas al
efecto en el fondo del canal, dándole así oportunidad de
desembarazarse de su carga más pesada, que es el oro, para seguir
llevando las partículas térreas más livianas. Ahora el mercurio
regado por el canal se encarga de atrapar el oro para amalgamarlo.
Al cabo de unas semanas se procede a descubrir el canal a fin de
recoger la amalgama y fundirla, obteniendo así el oro puro. Para
recoger hasta sus últimos residuos, también las tablas del canal se
queman de vez en cuando, con el objeto de entresacar el oro de las
cenizas. Desde luego, comparados con los de Frías, por ejemplo, los
gastos de transporte son muy reducidos, puesto que toda la rica
explotación no llega a exceder una carga de mula por semana.
Tampoco la mano de obra requerida para semejante explotación
hidráulica es cosa del otro mundo, en tanto que las inversiones
iniciales para la instalación sí son de considerable cuantía, ya
que comprenden tanto el valor costoso de la tubería de hierro
requerida como el transporte de ella, al igual que la traída de la
corriente de agua. Es por lo tanto el cuantioso capital fijo
indispensable el que ha mantenido limitado hasta ahora el número de
minas hidráulicas en Colombia. Estas, naturalmente, tampoco serían
operables en todos los casos de presencia de arenas y gravas
auríferas, ya que de igual importancia que ellas es la posibilidad
de traer la corriente de agua en suficiente cantidad. En California
se ha llegado hasta prohibir hace poco este tipo de explotación, en
determinadas partes, habida cuenta de la destrucción de tierras
cultivables en las zonas situadas abajo de las minas por medio de
la acumulación de sus cascotes, perjuicio que en Colombia por ahora
apenas es de prever, ya que las minas en su gran mayoría están
ubicadas en plena selva.