INDICE





PRÓLOGO

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

VIAJES POR LOS ANDES COLOMBIANOS

I - DE LA COSTA A BOGOTÁ

CAPÍTULO I
En el Istmo de Panamá. Arribo a Colón. Viajes por el istmo, antes y hoy. Carácter del paisaje. El canal interoceánico. Panamá. Vista sobre el Océano Pacífico

CAPÍTULO II
En el litoral septentrional. Travesía del golfo del Darién. Cartagena. Arribo a Sabanilla (Salgar). Por ferrocarril a Barranquilla. La ciudad y sus habitantes. Historia e importancia de Barranquilla

CAPÍTULO III
En el río Magdalena. Champanes. Historia de la navegación fluvial. Partida. Estructura e instalación de un vapor del Magdalena. Tripulación y pasajeros. Un día a bordo. Paradas. El río Magdalena y su cauce. El caudal de agua. El cauce cambia de rumbo.

CAPÍTULO IV
Ascenso a la altiplanicie de Bogotá. Comienzo. Ruinas de un ferrocarril. La primera posada. Panorama de la Cordillera Central. Guaduas. Paisanos alemanes. Cambio de aspecto del paisaje. Villeta. Chimbe y Agualarga. Una carretera. Los Manzanos. Atravesando

II - BOGOTÁ Y LOS BOGOTANOS

CAPÍTULO I
La ciudad. Fundación y nombre. Ubicación. Elevación y vista sobre la montaña. Vista panorámica de Bogotá desde la cima; plano ajedrezado de la ciudad. Las calles. Disposición concéntrica. Las orillas de los riachuelos. Suburbios. Paseando la ciudad.

CAPÍTULO II
Los habitantes. Tipos de caballeros y su indumentaria. Las damas. Hombres y mujeres del pueblo. Tipos especiales. Los extranjeros. Número de habitantes. Clases sociales y composición etnográfica de la población. Apellidos y nombres. Nobleza y títulos.

CAPÍTULO III
Las clases elevadas. Descripción de una habitación y su instalación. Alimentación. Transcurso del día para los caballeros, las damas y los niños. Vida social. Diversiones y viajes  

CAPÍTULO IV
Las clases media e inferior. La clase media: habitación, ingresos, etc. La clase baja: habitación, instrucción y comportamiento, ingresos, situación social  

CAPÍTULO V
Clima e higiene. Temperatura y precipitaciones atmosféricas. Enfermedades que predominan. Médicos y farmacias. Higiene pública. Epidemias de viruela  

CAPÍTULO VI
Conexiones de Bogotá con el mundo. Su ubicación en la montaña. Viajeros. Movimiento de carga. Comunicaciones postales y telegráficas. Ideas sobre un traslado de la capital. Proyectos ferroviarios  

CAPÍTULO VII
Comunicaciones y comercio. Tráfico. El mercado. Variedades. Tiendas. Restaurantes y hoteles. Artesanía. Industrias. Almacenes. Comercio  

CAPÍTULO VIII
La vida intelectual, política y eclesiástica. Instrucción pública. Aislamiento intelectual de Bogotá. Retraso de la vida intelectual. Museos, etc. Arte, literatura y ciencias. Política. Vida religiosa y fiestas  

III - VIDA DE VIAJERO
Objeto y planeación de los viajes. Área recorrida. Literatura para el viajero. Información verbal. Excursiones a pie. Mula y caballo. Equipaje. Precio de los animales. ¿Tomarlos en alquiler o adquirirlos en propiedad? Guías y ayudantes.

IV - ESTAMPAS DE LA CORDILLERA DE BOGOTÁ

CAPÍTULO I
Estructura de la montaña y niveles de altura. Conformación geológica del terreno. Regiones de altura  

CAPÍTULO II
El paisaje civilizado. Tipo y belleza del paisaje. Arborescencia primitiva. Transformación del reino vegetal y animal por el hombre. Relación entre la altura y las plantas cultivables. Caña de azúcar. Café. Cacao. Añil. Tabaco. Ganadería.

CAPÍTULO III
El monte. Comparación con el bosque alemán y con la arborescencia de la tierra baja tropical. Impresión del paisaje. Dificultad de la exploración geográfica y geológica. Vientos y nieblas. Estado de los caminos. Lo que produce la selva.

CAPÍTULO IV
El páramo. Contornos y suelo de las cumbres. Condiciones atmosféricas. Vegetación. Vida de los moradores. Disposición anímica del viajero. Visita al Tablazo  

CAPÍTULO V
La altiplanicie de Bogotá. Panorama. En la remota antigüedad era una laguna. Alturas que la bordean. Las lagunas de Guatavita, de Guasca y de Suesca. Vegetación y cultivos. Desarrollo de la civilización  

CAPÍTULO VI
El Salto de Tequendama. Su fama. El camino de ida. La vista del Salto. Altura. La vegetación. Su origen  

CAPÍTULO VII
Fusagasugá y el puente natural de Pandi. Descenso a Fusagasugá. La planicie de Fusagasugá, una terraza de acarreo. El camino a Pandi. El puente natural y su origen  

CAPÍTULO VIII
El valle del río Bogotá. La laguna de Pedropalo. La vista desde Tena. La Mesa. El camino a Tocaima. De Tocaima a Peñalisa. El puente cerca de Girardot y el ferrocarril  

CAPÍTULO IX
Reino mineral y empresas industriales. El yacimiento de sal mineral de Zipaquirá. El monopolio de la sal. El carbón. La ferrería de Pacho. La ferrería de Subachoque. La curtimbre y fábrica de calzado de Agualarga. Situación del obrero alemán.  

CAPÍTULO X
Haciendas y estancias. Tierra baldía y distribución de la propiedad. Economía de las estancias. Economía de las haciendas. Construcciones rurales. El terrateniente. Relaciones laborales. Modo de vivir, instrucción y carácter de los campesinos  

CAPÍTULO XI
En una ciudad de provincia. Las localidades. Su origen, denominación y carácter. Su ubicación y planeación. Casas y calles. Particularidades históricas y climáticas. El tráfico. Condiciones sociales. Administración y política locales. El comercio. Fiestas

V - VIAJE A TRAVÉS DE LA CORDILLERA CENTRAL

CAPÍTULO I
La vertiente oriental de la Cordillera Central. Paisaje de conformación tobácea arriba de Honda. Paisaje de la Cordillera Central. Minería y pueblos. Huellas volcánicas cerca de Manzanares. La Picona. El páramo de Herveo  

CAPÍTULO II
En el valle del Cauca. Vista al valle del Cauca. Salamina. Comida antioqueña. Fuentes de aguas salinas. Un guardapuente alemán. El río Cauca. El distrito minero de Marmato y Supía. Carácter de las poblaciones de Riosucio, Quinchía y Ansermaviejo.

CAPÍTULO III
El páramo del Ruiz y Ambalema. Una vía carreteable. Un lodazal. Exhalaciones sulfurosas. Noches y excursiones en el páramo. Nieve y glaciares. Descenso por Líbano y Lérida a Ambalema. Cultivo de tabaco. Regreso a Bogotá

CAPÍTULO IV
Minas de oro y de plata. Clases de gangas y filones. Métodos de extracción y explotación. Aluviones auríferos. Extracción hidráulica  

CAPÍTULO V
Tumbas indias y antigüedades. En búsqueda de guacas. Sus diferentes formas. Significación científica

VI - UNA EXCURSIÓN A LOS LLANOS
Estaciones. El camino de Bogotá a Villavicencio. Primer vistazo a los llanos. Villavicencio. La selva de la planicie. A caballo a través de la llanura. La hacienda “Los Pavitos”. Los llaneros. Cultivos y ganadería. Perspectivas culturales de los llanos.

VII - VIAJES POR SANTANDER Y BOYACÁ

CAPÍTULO I
La laguna de Fúquene y las minas de esmeraldas de Muzo. La salina de Tausa. Paisaje cerca de Ubaté. Navegando por la laguna de Fúquene. Su profundidad y tentativas de desaguarla. Un santuario. Muzo. Esmeraldas y mariposas. La mina de cobre de Moniquirá.

CAPÍTULO II
De Vélez a Bucaramanga. Vélez. Formaciones calcáreas. Cresta de montaña y meseta a orillas del río Suárez. El valle de Sube. A través de la Mesa de Jéridas a Piedecuesta y Bucaramanga. Panorama desde el alto de Gualilo. Excursión a Montebello.

CAPÍTULO III
La tierra montañosa de Tunja y Sogamoso. Caminos de Bogotá a Tunja. El campo de la batalla de Boyacá. Carretera y ferrocarril. Tunja. La ferrería de Samacá. Paipa, Duitama, Santa Rosa, Belén. Caminos a Santander. La laguna de Tota. La sabana de Sogamoso.

CAPÍTULO IV
La Sierra Nevada del Cocuy. El valle del río Sogamoso. La Sierra Nevada. Epoca para visitarla. Primera vista. El Pan de Azúcar. Vista de toda la sierra. Un pequeño glaciar. El ala norte de la sierra. El límite de las nieves perpetuas asciende.

CAPÍTULO V
Cúcuta. Minería en La Baja y Vetas. Pamplona. La penitenciaría. El camino a Cúcuta. Entrada a la ciudad. Terremotos. Arquitectura. Almacenes. Clima. Fiebre. Importancia comercial. Comunicaciones. El ferrocarril. La colonia alemana.

CAPÍTULO VI
En el río Zulia y en el lago de Maracaibo. Realización de las bestias en San Cristóbal. Por ferrocarril a Puerto Villamizar. Navegando en vapor por el río Zulia. El lago de Maracaibo. La ciudad de Maracaibo y sus alrededores.

VIII - DESARROLLO HISTÓRICO Y SITUACIÓN ACTUAL

CAPÍTULO I
La conquista española, la época colonial y la guerra de la independencia. El comienzo de la historia de Colombia. La conquista del país por los españoles. La formación política de la colonia. Política colonial española. Composición de la población.

CAPÍTULO II
La República de Nueva Granada. Relaciones con los Estados europeos. Composición de la nación. No hay motivo para conflictos internacionales. Carácter de la historia de Colombia. Sucesos entre 1830 y 1858. Liquidación de la República.

CAPÍTULO III
Los Estados Unidos de Colombia. La constitución de Rionegro: relación entre la nación y los Estados individuales; composición del gobierno nacional. Funcionarios y jueces. Aspectos progresistas. Leyes relativas a la política eclesiástica.

CAPÍTULO IV
La situación económica y el nivel cultural de Colombia. La escasa y dispersa población. Aprovechamiento de la selva. Agricultura, minería, industria. Importación y exportación. Escasez de bienestar. Distribución de la propiedad.

CAPÍTULO V
La posición del extranjero en Colombia. Nacionalidad y profesiones de los extranjeros. Ventajas y privaciones. Sus méritos para con Colombia. Actitud de los colombianos hacia los extranjeros. Posibilidades de incrementar la inmigración alemana
|2.  En el valle del Cauca 
 

 

Al descender del páramo de Herveo, pronto nos hallamos en presencia de un amplio panorama que se extiende en las direc­ciones oeste y noroeste. Montañas y valles, en su mayor parte cubiertos de espeso monte, se presentan en inmensa confusión a nuestros pies. Tan solo a enorme distancia la alta cresta de la Cordillera Occidental con los farallones de Citará guarnecidos de puntas, interfiere en el fondo del paisaje. Completamente diferente se presenta aquí el carácter de la cuenca del río Cauca en comparación con el del sector comprendido entre Popayán y Cartago, o sea el llamado valle del Cauca, donde llanuras de enorme anchura y de carácter estepario acompañan al río, en tanto que aquí habría de buscar mucho para reunir siquiera un solo kilómetro cuadrado de terreno plano. 

A más o menos una jornada abajo del páramo de Herveo tenemos la población de Salamina, situada en una loma angosta, circundada casi por todos lados de valles hondos. Fundada apenas en 1827, hoy tendrá sus 5.000 habitantes. Su ubicación, muy atrayente desde el punto de vista estético, deja mucho que desear, en cambio, en cuanto a posibilidades de desarrollo en la vida práctica. Incomodado por lo penoso del acceso a la población, el movimiento del tráfico ya está empezando a eludirla, desviándose por caminos laterales. Otro problema es el del aprovisionamiento de agua potable, con la necesidad de traerla desde lejos. Por otra parte, la elevación de 1.820 metros sobre el nivel del mar proporciona el clima más agradable, fuera de la vista amplia que se goza desde las salidas de la población es única, ya que abarca tanto la montaña del otro lado del valle del Cauca con los pintorescos grupos de casas de Marmato como, en el horizonte atrás, la cresta principal de la Cordillera Occidental, a la vez que hacia el norte alcanza a divisarse la enorme encorvadura del río Cauca, abierta hacia el oeste, que se produce al suroeste de Abejorral, lo mismo que el cono tan audazmente conformado del Cerro Bravo cerca de Fredonia. 

Un inconveniente capaz de afectar el disfrute de la vida es la mala alimentación. A pesar de su sitio al lado del gran camino real, que conecta Medellín con Manizales y la llanura superior del río Cauca, Salamina no tiene, o por lo menos no tenía en aquel entonces, lo que se entiende por buena posada. Al efecto logré a duras penas encontrar albergue para dos días en una casa particular. A pesar de toda su buena voluntad empeñada, el ama de casa no logró proveer una alimentación más o menos al gusto, habida cuenta que la comida antioqueña es bastante diferente de la acostumbrada en las demás partes del país, pero, a mi modo de ver, no precisamente en su favor. Cierto que es más nutritiva, pero a la vez menos grata al paladar. En favor de la alimentación antioqueña viene hablando el papel que en ella juega la le­che, que, dicho sea de paso, en Colombia no se ofrece sino en sus ciudades mayores. Pero en lugar de saborearla en su estado puro, en Antioquia se acostumbra cocinarla con granos de maíz. La mazamorra, como se llama ahora, es bien diferente de la sopa de harina de maíz, conocida bajo el mismo nombre en los Estados orientales del país. Sin duda tiene bastante valor nutritivo, pero combinada con un sabor insípido y un poco agrio. El maíz es el cereal predilecto de los antioqueños, toda vez que escasean las tierras cultivables en alturas para producir centeno y trigo. En consecuencia, el pan de trigo, si bien se consigue en las ciudades mayores, en el campo suele reemplazarse con la arepa, un panecito hecho de harina de maíz, sin sal y carente de sabor. Como postre es costumbre mordiscar una mazorca tostada. Otro plato favorito son los fríjoles negros, alimento que no ha de faltar en ninguna comida, reemplazando con frecuencia a la carne, tanto en la mesa de los pobres como entre los más acomodados. Contrariando la usanza cundinamarquesa, tanto las papas como los plátanos y la yuca son de consumo muy inferior. La costumbre de tomar café casi no se conoce, en tanto que el chocolate suele mezclarse con harina por considerarlo así más saludable. | 

Terminada mi permanencia de dos días en Salamina, continué el viaje en dirección oeste. Al igual que todos los caminos que salen de la población, también el nuestro empezó con una fuerte bajada, en este caso al valle del río Chambery, para volver por su otro lado a subir a casi la misma altura y, siguiendo en general el curso del río Pozo, bajar gradualmente al río Cauca. Durante toda la jornada encontramos apenas unos cuantos ranchos solitarios. Tampoco la salina de Pozo es cosa que merezca el calificativo de empresa. Al efecto, es un simple techo de paja, debajo del cual media docena de peones vienen dedicándose a evaporar el agua salina de los dos manantiales que surgen de una roca conformada en serpentina. Las regiones occidentales, a diferencia de la Cordillera Oriental, carecen de yacimientos de sal mineral, disponiendo en su lugar de fuentes de agua salina, por medio de cuya evaporación se elabora la sal, en un proceso primitivo. Su contenido de yodo, si bien le da un sabor y olor desagradables, por otra parte le confiere según Boussingault, el efecto saludable de combatir en sus consumidores la presentación del coto, tan frecuente en la Cordillera Oriental, como afeador y debilitante de las fuerzas de la voluntad e inteligencia en sus víctimas. 

Con el Alto Bonito hemos escalado la última sierra de la montaña que nos separaba del río Cauca. Cubierta de espesa selva, la falda desciende en forma empinada hacia el río, pero, debido al clima malsano, no ha venido ejerciendo ninguna atracción sobre el hombre para establecerse allí. Pasando en descenso rápido al río, nuestro camino le sigue por varios kilómetros en dirección norte, hasta llegar al puente de Cana, en el cual un ciudadano alemán de apellido Henker, oriundo de Freiberg, con 77 años de edad ejerce el oficio de vigilante. Llegado al país como minero ya hace 59 años, Herr Henker había venido acumulando cierta fortuna, para luego volver a perderla totalmente en especulaciones mineras, y otras. Ahora lo encontramos al servicio de los dueños de algunas minas vecinales como vigilante del puente que ellos en común habían construido sobre el Cauca. Sabido es que en gente iletrada la larga permanencia en un país extraño suele llevar al olvido de su idioma nativo, sin que la lengua de la patria adoptiva llegue a tanto como a ocupar su lugar, así que, en el caso presente, el español hablado viene mezclándose con palabras alemanas, al paso que al hablarse en alemán, la mezcla es con palabras del idioma español. Fácilmente se explica que a Herr Henker al comienzo de nuestra charla le resultara difícil encontrar las palabras alemanas correspondientes, con la consecuencia de empezar y volver a empezar hablándome en español, hasta cuando, provocado por mi reacción risueña, cayó en la cuenta. Pero desde el principio de nuestro encuentro me había saludado con tanta afectuosidad como para demostrar su sincera alegría. No importa cuán largo sea el tiempo de su ausencia y cuánto el alcance de la pérdida de contacto con su tierra, si es un buen hombre, la mera entrevista con un paisano despierta los más variados recuerdos de la juventud, la alegría por el regalo de la oportunidad de escuchar y hablar la lengua nativa, y la felicidad de encontrar un eco de su amor a la patria, y a todo lo que ella sigue significándole, y todo eso acompañado por la preocupación constante de no perder ni palabra de lo que el bienvenido visitante inesperado por su parte le pudiera contar. No hay duda de que a él, todavía desconocido hace una hora y con ánimo de volver a desaparecer al cabo de un rato, el paisano le significará una infinidad más que todos sus contactos de todos los días juntos! 

El río Cauca es el mayor afluente, o mejor dicho, un gemelo del río Magdalena, pues ambos nacen en el Páramo de las Papas, a poca distancia el uno del otro, para recorrer más o menos paralelamente una distancia correspondiente a siete grados de latitud y unirse bajo los nueve y medio grados de latitud. norte, donde la Cordillera Central se hunde por debajo de la llanura. Pero en tanto que el río Magdalena, con las amplias llanuras que lo acompañan de lado y lado hasta bien río arriba, interrumpe su navegabilidad apenas una vez a consecuencia de los rápidos de Honda, el Cauca sigue como torrente en su largo trayecto entre Cartago y Cáceres, impidiendo así que hayan adquirido importancia para el transporte fluvial su parte inferior que atraviesa la selva, y el trayecto, de por sí navegable, comprendido entre Cali y Cartago en el valle del Cauca. | 

Dediquémonos ahora a conocer el Cauca en su curso por la montaña. Va pasando por un valle rocoso tan estrecho que ni para la construcción de un rancho quedaría campo y que apenas para vegas muy pequeñas deja espacio por el lado interior de las curvas. El río pasa raudo y espumante, llevando consigo rocas de considerable tamaño y rocalla. En las rocas de la orilla, alisadas por las aguas, observamos gigantescas “macetas” entalladas por los remolinos en tiempos, de crecida. Una navegación por el río así ni siquiera se puede imaginar, toda vez que hasta su cruce en canoa, practicado hasta hace poco, era tan problemático que las empresas mineras resolvieron construir un puente. 

Allende el río Cauca entramos al Estado del Cauca, con el río Arquia como frontera, al paso que por la orilla derecha sigue extendiéndose el Estado de Antioquia, hasta llegar al río Chinchiná. Por marcada pendiente sube el camino a Marmato, pasando a una hora escasa por la aldea de Quebrada, cuya población, compuesta de negros, está dedicada a la remunerativa ocupación de terminar de explotar, mediante lavado, los escombros dejados por las empresas mineras. Cerca de la mayor de ellas, perteneciente a una compañía inglesa, está ubicada la población de Marmato, a una altura de 1.400 metros. Al cabo de otro cuarto de hora de camino en leve ascenso llegamos a la mina Echendía, cuyo director, Herr Greiffenstein, oriundo de Gross-Gerau, amablemente me brindó su hospitalidad por un par de días. En los alrededores se hallan dispersas numerosas minas de menor escala, de propiedad, una parte, de la compañía inglesa, y otra de varios empresarios criollos. Como una de las regiones mineras más ricas del país, Marmato y sus alrededores tienen para su desarrollo el único freno de no pertenecer al Estado de Antioquia sino al del Cauca, muy decaído como tal. 

El antiguo centro de la región, la población de Supía (la vega de Supía, a 1.220 metros), está situado a algunas horas al sur­oeste de Marmato, en un valle encajonado y completamente cerrado, sobre un terreno de aluvión aurífero. Las minas siguen extendiéndose hacia el sur hasta Riosucio (1.780 metros) por lo menos, pero su explotación por ahora carece de importancia. A una milla de distancia de las minas de plata existen yacimientos de un carbón muy parecido al que tenemos cerca de Bogotá, cuya explotación está destinándose a la empresa amalgamadora de Marmato. Desde luego el fenómeno de la estrecha cercanía entre el carbón y los minerales, que en la región central de Antioquia se repite, ha de resultar de suma importancia para el desarrollo de la minería. 

Un ciudadano británico, que era residente de la región hace unos decenios, me había pintado a Riosucio como puro pueblo indio. Pero gracias a la inmigración antioqueña, que pasando por la frontera de su Estado, venía penetrando al del Cauca, desde entonces debido a su empuje aquellos pueblos indios han despertado de su estancamiento. Comparado con el interior de Antioquia, con su mezcla casi completa entre blancos e indios, aquí estamos ante el inusitado fenómeno de vernos enfrentados a un alto porcentaje de indios puros o poco mezclados. Recordando mis observaciones hechas en los pueblos de la Cordillera Oriental, habría esperado todo lo contrario. La aldea de Quinchía, situada media jornada al sur de Riosucio, todavía se halla en el estado antiguo descrito, es decir, de casi puro pueblo indio, caracterizándose por su estructura nada común, de una sola vía de larga extensión, con una iglesia de aspecto pobre, construida a su final al través de la vía, para así dejarla como callejón sin salida. No hace mucho había venido el primer antioqueño para establecer su tienda en el pueblo y ganar pronto, gracias a su experiencia e inteligencia sobresalientes, marcada influencia sobre sus conciudadanos. En cambio, a Ansermaviejo, ubicado a otra media jornada hacia el sur, los antioqueños todavía no han penetrado. Población antigua, fundada por los españoles en 1539 bajo el nombre de Santa Ana de los Caballeros, fue abandonada más tarde por una parte de sus habitantes, presentándose hoy como localidad miserable, llena de pasto su plaza y con caballos y burros como comensales nocturnos. 

Ocupado, en parte, con el estudio de las minas y, en parte, con la visita a antiguas tumbas indias, había pasado tres semanas sobre la orilla izquierda del Cauca. Ahora, en Ansermaviejo, era preciso tomar una decisión sobre mis planes futuros. Desde tiempos atrás había estado animado por el deseo de dirigirme a Cartago, de paso a Popayán, cogiendo el camino, bien sea a través del valle pantanoso e insalubre del río Risaralda o bien a lo largo de la árida loma de Belalcázar, para luego seguir desde Cartago río Cauca arriba por las amplias llanuras hasta Popayán y después de cruzar allí la Cordillera Central, aprovechar el valle del Alto Magdalena para regresar a Bogotá. Pero fueron dos los motivos que me hicieron cambiar de parecer. Primero el hecho de ya haber explorado aquellas regiones los doctores Reiss y Stübel y segundo el estado un tanto estropeado de mi salud. Ambos me motivaron a preferir el camino directo vía Manizales, para luego en lo posible dedicar el tiempo así ganado a la continuación de mis investigaciones de la Cordillera Oriental. 

El camino de bajada al río Cauca a través de espeso monte era pendiente y fangoso. Tan solo en el trayecto inferior tropecé con establecimientos mayores en número, haciendas por lo general recién fundadas desde Manizales, con destino a la ceba del ganado proveniente de las llanuras cálidas del alto Magdalena y del alto Cauca. En las inmediaciones del río sigue el monte espeso, pero ahora con el decidido predominio de los bambúes como parte integrante. El fondo entre los abismos profundos y calientes tiene fama de malsano, con todas las perspectivas de no abarcar, tampoco dentro de mucho tiempo, otros pobladores fuera de los pocos barqueros moradores de sus ranchos allí levantados. Ellos sí son indispensables, pues a falta de más puentes arriba de el de Cana, la canoa resta como único medio para cruzar el río, demasiado hondo aquí e impetuoso como para hacerlo cabalgando. Y aun así, en épocas de creciente ni la canoa sirve, con la interrupción completa de la comunicación entre las dos orillas por días o semanas como consecuencia. 

Desde la orilla opuesta el camino asciende al alto del Cacique, para volver a descender por el otro lado con casi igual pérdida de altura, a la meseta bastante ancha del río Chinchiná, el cual corre aquí todavía en dirección paralela al Cauca, para desembocar luego en este en un punto situado un poco más al norte. La meseta misma es bastante pelada y arenosa, en marcado contraste con la pendiente en su fondo, que está cubierta con un espeso monte de guaduas. Pasados los ranchos encima del Cacique, durante las dos horas siguientes no encontramos ni rastro de moradas humanas, para luego atravesar regiones cada vez más habitadas. Una jornada en camino de ascenso casi continuo nos deja en Manizales. 

Manizales, | | (1) situada a 2.130 metros sobre el nivel del mar, es decir a 500 metros menos que Bogotá, es difamada en toda Antioquia por su clima frío, fenómeno que probablemente puede atribuirse a los vientos helados que a menudo vienen soplando desde los nevados del Ruiz y Santa Isabel. Desde la loma que se extiende al oeste de la ciudad se nos ofrece una encantadora vista panorámica sobre los imponentes nevados y el páramo de Aguacatal en el sureste y el este respectivamente, en tanto que hacia el oeste se nos presenta el valle del Cauca seguido por la región montañosa de Ansermaviejo y Marmato, con la sierra cerrada de la Cordillera Occidental en el fondo. Hacia el norte observamos el camino que por Salamina conduce a Medellín, venciendo en su curso valles profundos uno tras otro. Volviéndonos ahora hacia el sur, admiramos el marcado descenso de la colina de Manizales hacia el río Chinchiná, sobre cuya orilla izquierda se divisa la aldea de Santa María, que ya pertenece al territorio caucano. Manizales está ubicada en la punta de una ancha mesa ondulada, que por un lado se reclina sobre la loma de la montaña y cuyos otros tres costados terminan en brusco declive. Si a tales condiciones estratégicas agregamos el hecho de que de la ciudad salen los caminos hacia los pasos tanto por el Aguacatal como por el Ruiz, fácil nos resulta comprender a Manizales como una fortaleza natural de montaña, que con razón se considera llave natural de la región. Por esta razón allí se halla acuartelado permanentemente un batallón de la guardia colombiana, a efecto de poder operar contra los Estados de Antioquia o Cauca, segun fuere el caso. | |

Todavía hacia la mitad de los años cuarenta, toda la región de Manizales estaba ocupada por una espesa selva, así que Karl Degenhardt, entusiasta científico minero alemán, en su empeño de escalar el Ruiz, había de abrirse paso a través de ella para llegar hasta el pie del nevado. Habiéndole gustado la región al antioqueño Palacios, compañero del minero, este regresó allí en septiembre de 1848 con el objeto de fundar una localidad, que ya a los dos años fue encontrada como meritoria para elevarla a distrito, es decir, a comunidad política de carácter independiente. Fundaciones por el estilo no tenían nada de excepcional en la región, si queremos acordarnos de las siguientes: Abejorral, fundada en 1811, Aguaduas en 1820, Salamina en 1824 y Neira apenas hace un par de años. Para seguir, está en camino de constituirse otro número de pueblos más al sur de los mencionados, ya en territorio del Cauca. Ya en posesión y explotación de la mayor parte de lo que hoy es Antioquia, los antiguos indios en su gran mayoría cayeron víctimas de los conquistadores españoles. Los sobrevivientes se concentraron luego en un área estrecha, demarcada más o menos por las poblaciones de Antioquia, Santa Rosa de Osos, Medellín y Rionegro, en tanto que las regiones marginadas volvieron a cubrirse nuevamente de monte. Apenas hacia fines del siglo pasado el considerable aumento de la población demandaba más espacio para vivir. Para suplirlo, nuevas comunidades se establecieron en las áreas boscosas del rededor, pero siempre con miras a la cercanía del pueblo de origen, ampliándose así la periferia del territorio poblado. Obvio es que ese proceso no se desarrollaba con penetración de igual rapidez en las diferentes direcciones. Así que, dadas las condiciones más favorables, el mayor progreso se manifestaba en el costado derecho, oeste, del río Cauca, haciendo avanzar aquella cadena de pueblos nuevos hasta llegar a las llanuras cercanas a Cartago, ya pobladas por habitantes caucanos. Pero a diferencia del estado de pueblo o de ciudad de provincia, en que quedaban las fundaciones en su mayoría, Manizales se desarrollaba rápidamente para llegar a ciudad de 12 a 15 mil habitantes. ¡Qué contraste con Ansermaviejo! Este, fundado apenas completada la conquista, en tanto que Manizales de origen tan reciente; Anserma decaída hasta acercarse a la muerte, en contraste con la vida plena y palpitante que domina a Manizales; Anserma una ciudad de provincia sin ninguna importancia, comparada con Manizales, ya una gran urbe en la escala colombiana. 

Y no vayamos a suponer que Manizales contara con condiciones previas especialmente favorables a su rápido desarrollo, pues no es centro de una región minera, tal como Medellín, ni participa en la exportación de quina, café, pieles, etc., como los centros comerciales de la Cordillera Oriental. Simplemente está dedicada a fomentar el intercambio comercial entre la región central de Antioquia con su riqueza en yacimientos minerales y el sur del país y el Cauca, territorios que derivan su subsistencia de la ganadería. El ganado levantado casi sin costo alguno en las sabanas del alto Cauca y Magdalena, se traslada para su ceba a los ricos potreros mantenidos en las cercanías de Manizales, para luego ser consumido en la Antioquia central. Al mismo centro de consumo llega el cacao producido en la región de Pereira y Cartago, en reemplazo del cultivado cerca de la ciudad de Antioquia, cuyas plantaciones desde los años cincuenta se hallan afectadas por la llamada “mancha”. Finalmente también los productos agrícolas comunes y corrientes, tales como la caña de azúcar, el plátano, el maíz y otros, encuentran sus compradores allí mismo, en intercambio con los minerales, cuyo equivalente les sirve a las regiones agrícolas para pagar sus importaciones de mercancías europeas. Tanta importancia ha venido adquiriendo el comercio doméstico, que ha permitido a las casas comerciales manizaleñas independizarse de Medellín, para traer por su cuenta y directamente los productos europeos y norteamericanos por la vía de Honda. También ha venido desarrollándose Manizales como uno de los centros principales de la actividad de los representantes viajeros de casas europeas, ya que allí es donde suelen aprovisionarse los comerciantes de los pueblos menores situados entre Cartago por un lado y Salamina y Marmato por el otro. 

Sin duda alguna prevalece la situación de Manizales en inmediaciones de la frontera entre los Estados de Antioquia y Cauca, como factor favorecedor de la importancia adquirida, ya que el comerciante antioqueño, promotor del intercambio, por más complaciente que sea su actitud para con el productor caucano, no se aviene a trasladar su negocio hacia el otro lado de la frontera, con perjuicio de sacrificar tanto la garantía legal como las facilidades del servicio de pagos que le viene brindando su tierra. Al sur de Manizales los nevados se oponen a todo paso a través de la cordillera en un trayecto de unos cincuenta kilómetros de largo, es decir hasta dar con el camino que pasa por el Quindío, uniendo a Cartago con Ibagué. En consecuencia, toda la región comprendida entre Cartago y Manizales forzosamente ha de abastecerse de mercancías por intermedio de esta última. Al efecto, las condiciones topográficas son más favorables para la comunicación que las que prevalecen cerca de Salamina, sin hablar de otras posibles ventajas, tan solo determinables a raíz de datos más detallados de la región. Lo que de todos modos constituye un regalo saludable es el clima fresco y reconfortante con su efecto favorable tanto sobre el carácter como sobre la actividad y la fuerza de la población. Tanto así es que estas ventajas climáticas han sido la causa para vencer el temor a la repercusión de los terremotos, especialmente frecuentes aquí, tal vez por la cercanía del volcánico Ruiz, y suficientemente intensos para haber destruido la ciudad ya varias veces, por lo menos en parte. Para subrayar citamos a mi paisano Schenck, quien con base en sus observaciones dice: “Tan solo por corto tiempo los frecuentes y fuertes terremotos de los años de 1875 y 1878 han podido detener el crecimiento de la ciudad. Bastaban algunos meses sin repetirse la sacudida, para tranquilizar los corazones pusilánimes, y provocar el regreso de quienes se habían puesto a salvo, junto con nuevos inmigrantes, así que pronto se observaron en todas partes carpinteros y albañiles poniendo manos a la obra de reconstrucción. Convencidos de la oportunidad de hacer plata en Manizales y resueltos a aprovecharla, los emprendedores antioqueños se sobrepusieron a todo el miedo que el resentido Ruiz había logrado infundir, por justificado que fuera”. También a los dos y medio años de la observación precedente, encontré la ciudad en un estado de esperanzado crecimiento. Como una alusión al latente peligro inherente al suelo, me sorprendió la construcción realizada en madera de la gran mayoría de las casas recién elevadas, con marcado efecto favorable también sobre su aspecto exterior. Sacudidas también ha habido en el ínterin, a veces con consecuencias devastadoras, pero tal como antes, sin mayor efecto retardador en el crecimiento de la ciudad. 

El comercio de Manizales está, al igual que el de Medellín, exclusivamente en manos de antioqueños, formando así un contraste característico con el movimiento comercial de las ciudades costeñas y de la Cordillera Oriental, lo mismo que de Cali en el valle del Cauca, lugares que tienen como fundadores y todavía hoy como dirigentes de numerosas casas comerciales de mayor envergadura a extranjeros, con predominio de alemanes. En parte esta diferencia tal vez se explica por las circunstancias específicas inherentes al comercio de Manizales, por cuanto en él predomina el movimiento interno entre los Estados del Cauca y Antioquía, en tanto que en lo internacional carece de productos propios para exportar en compensación con los bienes europeos que viene importando. Carácter de validez aparente tiene el reparo hecho con frecuencia a la aplicación de tal criterio también a Medellín, teniendo en cuenta que el despacho de oro y plata extraídos puede verificarse directamente por parte de las empresas mineras casi sin requerir la intervención del comercio, mientras que este en la compra de quina, café y pieles para su exportación necesariamente ha de empeñar su actividad independiente con la implicación de todos los riesgos del caso. Pero fuera de la escasez de otros artículos de exportación, distintos de los metales preciosos, ya citados, es el carácter nacional de los antioqueños mismos el que impide a los comerciantes europeos radicarse en su territorio. Son ellos comerciantes ultra-astutos y acostumbrados a vivir tan modestamente a la vez, que el comerciante europeo orientado hacia mejores condiciones de vida, no es capaz de competir con ellos. 

Los antioqueños | (2) indudablemente forman la raza más peculiar y más recia de todos los colombianos. Durante mucho tiempo casi totalmente aislados por montañas y montes, han venido desarrollándose dentro de una independencia punto menos que completa, para apenas hace poco haber entrado en mayores relaciones con la demás población colombiana. En tanto que zambos y mulatos van ocupando apenas las faldas norteñas del territorio montañoso, y habiendo completamente desaparecido los indios puros, existe una compenetración absoluta de la sangre blanca con la india, mezcla en la cual tiene su origen el género humano que hoy nos impresiona por su alta estatura y su fuerte conformación. Su fisonomía, a menudo típicamente judía, se debe a una inmigración de judíos españoles ocurrida en el siglo XVII. En mayor grado que en las demás regiones del país, cada cual es dueño de sí mismo, trabajando con ahínco su tierra, cuidando su ganado o pasando con sus bestias por los caminos, dedicado a los negocios. La alimentación es sencilla pero nutritiva, y a no ser que por su bonita casa de habitación, aun la gente acomodada no aspira a ningún otro lujo. Con frecuencia las muchachas se casan a los catorce años, en tanto que los jóvenes a los dieciocho, y, lejos de infecundos, tan tempranos enlaces de ordinario irán acompañados por numerosa prole. La intimidad del hogar ha venido manteniéndose relativamente pura y patriarcal. “Inmune a las influencias extrañas, e indiferente a lo que pasa fuera de su montaña, el antioqueño continúa viviendo con la ideología de sus antepasados, conservador en su carácter, sus costumbres y su tradición”. Poco inclinado hacia la unión, considera a Antioquia como a su patria en lugar de toda Colombia, reaccionando con recelo a todo lo que pudiera significar centralización o igualación. Las manías innovadoras de tendencia liberal destinadas tanto por el gobierno central de Bogotá como por el Estado caucano para congraciar al país, merecen su desafecto rotundo, hasta el extremo de haber a menudo combatido abiertamente los principios liberales a órdenes de sus jefes de partido. Si bien es cierto que el Estado de Antioquía hoy por hoy tiene un gobierno liberal, impuesto por presión de los Estados vecinos, no cabe duda que la mayoría de los antioqueños pertenece al partido conservador. 

 

(1) Véase la descripción de F. von Schenck, en “Petermanns Mitteilungen” 1883, págs. 217, etc. (Regresar a 1)
(2) “Petermanns Mitteilungen”, 1883, pág. 218. (Regresar a 2)

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