INTRODUCCION
En los primeros días de junio de 1882 recibí una invitación del
recién nombrado Embajador de la Gran Bretaña en Colombia, señor J.
P. Harris-Gastrell, para acompañarlos a él y a su hijo de veinte
años, a Bogotá. Para mí, como geógrafo, toda oportunidad de conocer
regiones lejanas había de ser altamente llamativa, pues el geógrafo
debe dedicar sus estudios primero a la naturaleza misma, para luego
ir completándolos con la ayuda de los libros. Aun a falta de
problemas concretos por resolver, el contacto directo y vivo con un
país extraño es el mejor puente de por sí para llegar a comprender
las descripciones de otras partes del mundo en general. Y
Suramérica tenía para mi una atracción especial, pues, casualmente,
era el continente que más me había fascinado durante mis últimos
años de estudiante. Sin duda, yo era todavía muy joven, pues había
terminado, hacía medio año apenas, mis estudios académicos y
carecía, por lo tanto, de práctica suficiente para levantar croquis
de índole geográfica-geológica sobre el mismo campo, uno de los
requisitos especiales para aprovechar bien la oportunidad. La
invitación me llegó inmediatamente después de haber sufrido un
agobiador luto. La partida estaba prevista para después de quince
días con la urgencia para mi de arreglar mientras tanto un número
de asuntos personales y de conseguir todo mi equipo. Pero las
condiciones de la posición que ocuparía eran llamativas, con
término obligante para mi de un solo año y la posibilidad de viajar
después libremente por el país. ¿Encontraría yo otra oportunidad
similar en caso de declinar semejante oferta? Mejor me pareció
descartar todos mis escrúpulos, aceptando de una vez, y así lo
hice.
El poco tiempo que me dejaban mis preparativos lo aproveché para
procurarme, en forma compendiosa, los conocimientos sobre Colombia
disponibles entre nosotros y para familiarizarme con los rasgos
esenciales de su geografía. Esto para poder tratar de catalogar y
entender, desde un principio, el cúmulo de impresiones que me
esperarían a mi entrada al país. Quisiera invitar al lector a
acompañarme echando un vistazo al mapa lo mismo que a una
descripción de Colombia. Creo que así favoreceríamos nuestro empeño
de configurar en un solo cuadro las observaciones que la ruta de
viaje nos brindara.
Aprendemos primero que Colombia es idéntica a la Nueva Granada,
república esta convertida a principios de los años sesenta en una
confederación con el nombre de Estados Unidos de Colombia
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(1)
. Más atrás el mismo
nombre se había aplicado a una región de mayor extensión, es decir
a la república, forjada durante la guerra de la independencia
contra España (1819-1830) por el Virreinato de Nueva Granada, la
Capitanía General de Caracas y el Gobierno Presidencial de Quito.
Esta unión, empero, pronto volvió a disolverse, para ser
reemplazada por las repúblicas de Nueva Granada, Venezuela y
Ecuador, correspondientes a los distritos administrativos
españoles. Muchos votos, especialmente en Suramérica, se habían
levantado en favor de una separación de la parte meridional del
continente occidental, para formar un continente propio bajo el
nombre de su descubridor, al cual, por mala suerte suya, otro se
había preferido para aplicarlo al nuevo mundo. Pero hay más razones
en su favor, la moción no prosperó, así que Colombia, en la
geografía política de hoy, es un concepto que abarca la antigua
Nueva Granada. Lectores propensos a criticar podrían censurar mi
modo de escribir “Kolumbien” (en alemán) en lugar de
Colombia o, por lo menos, Columbia. Ciertamente, en español es
“Colombia”, en memoria de Cristóbal Colón, el célebre
descubridor, que en su lenguaje de origen es Colombo. Pero los
alemanes lo llamamos Columbus, y, por lo tanto, nos consideramos
justificados para escribir con “u” también el apelativo
del país que lleva su nombre. Y por añadidura, séanos permitido
reemplazar, la para nosotros extraña terminación en “a”
por aquella en “en”, lo mismo que la inicial C por K.
Colombia es, pues, una confederación de nueve Estados, cuyos
nombres creo que sobrará mencionar aquí, para no recargar la
memoria del lector. Al paso que iremos visitando aquellos Estados,
más fácil será memorizar sus nombres. Por ahora apenas estamos
empeñados en formarnos un concepto
general.
Los Estados Unidos de Colombia ocupan el rincón noroeste de
Suramérica, formando el único país de esta parte del continente
cuyas costas están bañadas por los océanos Atlántico y Pacífico. Es
parte integrante de Colombia, pues, el istmo de Panamá, a través
del cual, tal vez ya dentro de pocos años, la ciencia y la
iniciativa humanas llegarán a unir los dos mares. Por el angosto
costado noroeste restante, el país linda con Costa Rica, por el
este con Venezuela, por el sureste con el Brasil y Perú y por el
sur con Ecuador. Pero ni las fronteras con las vecinas repúblicas
españolas ni aquellas con el imperio del Brasil, están acordadas
con precisión, hallándose en disputa áreas tan enormes que llegan a
las 9.000 millas cuadradas alemanas o sea medio millón de
kilómetros cuadrados. Colombia tiene hoy una extensión indiscutida
de 15.000 millas cuadradas, equivalentes a unos 850.000 kilómetros
cuadrados, pero sus pretensiones van a un total de 24.000 millas
cuadradas, o sea 1.320.000 kilómetros cuadrados. Vale decir que su
territorio actual, que mide una y media veces el nuestro, llegaría
a dos y media veces tal extensión.
Este vasto territorio cabe subdividirlo en tres sectores
naturales, de los cuales uno, o sea el Istmo de Panamá, ya forma
parte de América Central; los otros dos pertenecen a Suramérica. De
estos el oeste es montañoso, componiéndose de vastas llanuras el
del este, con declive hacia los ríos Orinoco y Amazonas y
atravesadas por afluentes de los dos. Alrededor de 1.500 millas
cuadradas (88.000 kilómetros cuadrados) corresponden al Istmo de
Panamá, 8.900 millas cuadradas (490.000 kilómetros cuadrados), o
sea un poco menos que la superficie del imperio alemán, al terreno
montañoso con sus llanuras bajas encerradas, y 4.600 a 13.400
millas cuadradas (250.000 a 740.000 kilómetros cuadrados), según
como se acuerden las fronteras, a las llanuras orientales. El
territorio montañoso está formado por el extremo septentrional de
los Andes, que, pasando por todo lo largo del continente, muestra
aquí una fisonomía enteramente propia. Las dos cordilleras
distinguidas en el Ecuador tienen su continuación como tales en
Colombia, aquí bajo los nombres de Cordillera Occidental y
Cordillera Central. Pero en tanto que allí en medio de ellas hay
apenas más depresiones elevadas, aquí las dos cordilleras están
separadas por las cuencas profundas de los ríos Patía y Cauca. Más
hacia el norte se funden en la formación irregular del territorio
montañoso de Antioquia, el que, bajo los 8° de latitud
septentrional más o menos, inicia su declive hacia las llanuras de
la costa. Pero a estas dos cordilleras, en Colombia se agregan dos
más, primero, la relativamente baja serranía de Baudó en el oeste
del país, situada al norte de la Bahía de Buenaventura, y separada
de la Cordillera Occidental por las cuencas de los ríos San Juan y
Atrato; y luego, en el este, la Cordillera Oriental, que, según los
libros de enseñanza, se desvía de la Cordillera Central en el
llamado “nudo de Pasto”. Esta última expresión, desde
luego, es incorrecta, pues nudos de montaña no existen. Pero por
impedir la impenetrable selva el acceso para una investigación
científica, por ahora no es posible corregir tal término. Más hacia
el norte, la Cordillera Oriental va separándose poco a poco de la
Cordillera Central, para así dar campo al valle del río Magdalena,
el que va ensanchándose a medida que sigue al norte, para
finalmente perderse en las llanuras de la costa. Al este de estas
últimas ya en inmediación de la costa, tenemos la Sierra Nevada de
Santa Marta, a cuyo borde oriental se arrima el brazo más
occidental de la Cordillera Oriental, cuyo macizo principal, en
cambio, se desvía hacia el noroeste para penetrar con profundidad a
Venezuela.
A principios del siglo XVI los españoles descubrieron este país
y lo conquistaron rápidamente. No nos alcanza el tiempo para
ocuparnos aquí de releer la historia de esta conquista. Además
carecemos todavía del interés y de la inteligencia suficientes,
requisitos indispensables que ciertamente se nos presentarán una
vez hayamos conocido todo el país. Por ahora nos limitamos a
recordar que el país siguió durante tres siglos como colonia
española, recuperando su independencia, en unión con Venezuela y
Ecuador, apenas en la segunda década del siglo presente. Pero de
esos países, poco después volvió a separarse, para llevar su vida
libre primero como República de Nueva Granada y luego como Estados
Unidos de Colombia.
De la población y del estado de su cultura no es posible
formarnos una imagen bastante clara con base en nuestros estudios
fugaces. Los escritores del país describen como de raza blanca a
más de la mitad del pueblo. En cambio, viajeros europeos refieren
mayoría de indios y negros, o por lo menos de mestizos y mulatos.
Los primeros no se cansan de alabar la cultura intelectual y el
carácter de su pueblo, los últimos están usando colores más oscuros
para su cuadro. Mientras aquellos tienen por iguales los niveles de
cultura suyo y europeo, las narraciones de muchos europeos reflejan
condiciones medio bárbaras.
Pero ¿para qué preocuparnos aquí de tales discrepancias, estando
a pocas semanas de llegar al país y poder formarnos un juicio con
base en nuestra propia experiencia?
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Después de concluir mis viajes, Colombia se ha
convertido en estado unitario.(Regresar a
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