INDICE





PRÓLOGO

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

VIAJES POR LOS ANDES COLOMBIANOS

I - DE LA COSTA A BOGOTÁ

CAPÍTULO I
En el Istmo de Panamá. Arribo a Colón. Viajes por el istmo, antes y hoy. Carácter del paisaje. El canal interoceánico. Panamá. Vista sobre el Océano Pacífico

CAPÍTULO II
En el litoral septentrional. Travesía del golfo del Darién. Cartagena. Arribo a Sabanilla (Salgar). Por ferrocarril a Barranquilla. La ciudad y sus habitantes. Historia e importancia de Barranquilla

CAPÍTULO III
En el río Magdalena. Champanes. Historia de la navegación fluvial. Partida. Estructura e instalación de un vapor del Magdalena. Tripulación y pasajeros. Un día a bordo. Paradas. El río Magdalena y su cauce. El caudal de agua. El cauce cambia de rumbo.

CAPÍTULO IV
Ascenso a la altiplanicie de Bogotá. Comienzo. Ruinas de un ferrocarril. La primera posada. Panorama de la Cordillera Central. Guaduas. Paisanos alemanes. Cambio de aspecto del paisaje. Villeta. Chimbe y Agualarga. Una carretera. Los Manzanos. Atravesando

II - BOGOTÁ Y LOS BOGOTANOS

CAPÍTULO I
La ciudad. Fundación y nombre. Ubicación. Elevación y vista sobre la montaña. Vista panorámica de Bogotá desde la cima; plano ajedrezado de la ciudad. Las calles. Disposición concéntrica. Las orillas de los riachuelos. Suburbios. Paseando la ciudad.

CAPÍTULO II
Los habitantes. Tipos de caballeros y su indumentaria. Las damas. Hombres y mujeres del pueblo. Tipos especiales. Los extranjeros. Número de habitantes. Clases sociales y composición etnográfica de la población. Apellidos y nombres. Nobleza y títulos.

CAPÍTULO III
Las clases elevadas. Descripción de una habitación y su instalación. Alimentación. Transcurso del día para los caballeros, las damas y los niños. Vida social. Diversiones y viajes  

CAPÍTULO IV
Las clases media e inferior. La clase media: habitación, ingresos, etc. La clase baja: habitación, instrucción y comportamiento, ingresos, situación social  

CAPÍTULO V
Clima e higiene. Temperatura y precipitaciones atmosféricas. Enfermedades que predominan. Médicos y farmacias. Higiene pública. Epidemias de viruela  

CAPÍTULO VI
Conexiones de Bogotá con el mundo. Su ubicación en la montaña. Viajeros. Movimiento de carga. Comunicaciones postales y telegráficas. Ideas sobre un traslado de la capital. Proyectos ferroviarios  

CAPÍTULO VII
Comunicaciones y comercio. Tráfico. El mercado. Variedades. Tiendas. Restaurantes y hoteles. Artesanía. Industrias. Almacenes. Comercio  

CAPÍTULO VIII
La vida intelectual, política y eclesiástica. Instrucción pública. Aislamiento intelectual de Bogotá. Retraso de la vida intelectual. Museos, etc. Arte, literatura y ciencias. Política. Vida religiosa y fiestas  

III - VIDA DE VIAJERO
Objeto y planeación de los viajes. Área recorrida. Literatura para el viajero. Información verbal. Excursiones a pie. Mula y caballo. Equipaje. Precio de los animales. ¿Tomarlos en alquiler o adquirirlos en propiedad? Guías y ayudantes.

IV - ESTAMPAS DE LA CORDILLERA DE BOGOTÁ

CAPÍTULO I
Estructura de la montaña y niveles de altura. Conformación geológica del terreno. Regiones de altura  

CAPÍTULO II
El paisaje civilizado. Tipo y belleza del paisaje. Arborescencia primitiva. Transformación del reino vegetal y animal por el hombre. Relación entre la altura y las plantas cultivables. Caña de azúcar. Café. Cacao. Añil. Tabaco. Ganadería.

CAPÍTULO III
El monte. Comparación con el bosque alemán y con la arborescencia de la tierra baja tropical. Impresión del paisaje. Dificultad de la exploración geográfica y geológica. Vientos y nieblas. Estado de los caminos. Lo que produce la selva.

CAPÍTULO IV
El páramo. Contornos y suelo de las cumbres. Condiciones atmosféricas. Vegetación. Vida de los moradores. Disposición anímica del viajero. Visita al Tablazo  

CAPÍTULO V
La altiplanicie de Bogotá. Panorama. En la remota antigüedad era una laguna. Alturas que la bordean. Las lagunas de Guatavita, de Guasca y de Suesca. Vegetación y cultivos. Desarrollo de la civilización  

CAPÍTULO VI
El Salto de Tequendama. Su fama. El camino de ida. La vista del Salto. Altura. La vegetación. Su origen  

CAPÍTULO VII
Fusagasugá y el puente natural de Pandi. Descenso a Fusagasugá. La planicie de Fusagasugá, una terraza de acarreo. El camino a Pandi. El puente natural y su origen  

CAPÍTULO VIII
El valle del río Bogotá. La laguna de Pedropalo. La vista desde Tena. La Mesa. El camino a Tocaima. De Tocaima a Peñalisa. El puente cerca de Girardot y el ferrocarril  

CAPÍTULO IX
Reino mineral y empresas industriales. El yacimiento de sal mineral de Zipaquirá. El monopolio de la sal. El carbón. La ferrería de Pacho. La ferrería de Subachoque. La curtimbre y fábrica de calzado de Agualarga. Situación del obrero alemán.  

CAPÍTULO X
Haciendas y estancias. Tierra baldía y distribución de la propiedad. Economía de las estancias. Economía de las haciendas. Construcciones rurales. El terrateniente. Relaciones laborales. Modo de vivir, instrucción y carácter de los campesinos  

CAPÍTULO XI
En una ciudad de provincia. Las localidades. Su origen, denominación y carácter. Su ubicación y planeación. Casas y calles. Particularidades históricas y climáticas. El tráfico. Condiciones sociales. Administración y política locales. El comercio. Fiestas

V - VIAJE A TRAVÉS DE LA CORDILLERA CENTRAL

CAPÍTULO I
La vertiente oriental de la Cordillera Central. Paisaje de conformación tobácea arriba de Honda. Paisaje de la Cordillera Central. Minería y pueblos. Huellas volcánicas cerca de Manzanares. La Picona. El páramo de Herveo  

CAPÍTULO II
En el valle del Cauca. Vista al valle del Cauca. Salamina. Comida antioqueña. Fuentes de aguas salinas. Un guardapuente alemán. El río Cauca. El distrito minero de Marmato y Supía. Carácter de las poblaciones de Riosucio, Quinchía y Ansermaviejo.

CAPÍTULO III
El páramo del Ruiz y Ambalema. Una vía carreteable. Un lodazal. Exhalaciones sulfurosas. Noches y excursiones en el páramo. Nieve y glaciares. Descenso por Líbano y Lérida a Ambalema. Cultivo de tabaco. Regreso a Bogotá

CAPÍTULO IV
Minas de oro y de plata. Clases de gangas y filones. Métodos de extracción y explotación. Aluviones auríferos. Extracción hidráulica  

CAPÍTULO V
Tumbas indias y antigüedades. En búsqueda de guacas. Sus diferentes formas. Significación científica

VI - UNA EXCURSIÓN A LOS LLANOS
Estaciones. El camino de Bogotá a Villavicencio. Primer vistazo a los llanos. Villavicencio. La selva de la planicie. A caballo a través de la llanura. La hacienda “Los Pavitos”. Los llaneros. Cultivos y ganadería. Perspectivas culturales de los llanos.

VII - VIAJES POR SANTANDER Y BOYACÁ

CAPÍTULO I
La laguna de Fúquene y las minas de esmeraldas de Muzo. La salina de Tausa. Paisaje cerca de Ubaté. Navegando por la laguna de Fúquene. Su profundidad y tentativas de desaguarla. Un santuario. Muzo. Esmeraldas y mariposas. La mina de cobre de Moniquirá.

CAPÍTULO II
De Vélez a Bucaramanga. Vélez. Formaciones calcáreas. Cresta de montaña y meseta a orillas del río Suárez. El valle de Sube. A través de la Mesa de Jéridas a Piedecuesta y Bucaramanga. Panorama desde el alto de Gualilo. Excursión a Montebello.

CAPÍTULO III
La tierra montañosa de Tunja y Sogamoso. Caminos de Bogotá a Tunja. El campo de la batalla de Boyacá. Carretera y ferrocarril. Tunja. La ferrería de Samacá. Paipa, Duitama, Santa Rosa, Belén. Caminos a Santander. La laguna de Tota. La sabana de Sogamoso.

CAPÍTULO IV
La Sierra Nevada del Cocuy. El valle del río Sogamoso. La Sierra Nevada. Epoca para visitarla. Primera vista. El Pan de Azúcar. Vista de toda la sierra. Un pequeño glaciar. El ala norte de la sierra. El límite de las nieves perpetuas asciende.

CAPÍTULO V
Cúcuta. Minería en La Baja y Vetas. Pamplona. La penitenciaría. El camino a Cúcuta. Entrada a la ciudad. Terremotos. Arquitectura. Almacenes. Clima. Fiebre. Importancia comercial. Comunicaciones. El ferrocarril. La colonia alemana.

CAPÍTULO VI
En el río Zulia y en el lago de Maracaibo. Realización de las bestias en San Cristóbal. Por ferrocarril a Puerto Villamizar. Navegando en vapor por el río Zulia. El lago de Maracaibo. La ciudad de Maracaibo y sus alrededores.

VIII - DESARROLLO HISTÓRICO Y SITUACIÓN ACTUAL

CAPÍTULO I
La conquista española, la época colonial y la guerra de la independencia. El comienzo de la historia de Colombia. La conquista del país por los españoles. La formación política de la colonia. Política colonial española. Composición de la población.

CAPÍTULO II
La República de Nueva Granada. Relaciones con los Estados europeos. Composición de la nación. No hay motivo para conflictos internacionales. Carácter de la historia de Colombia. Sucesos entre 1830 y 1858. Liquidación de la República.

CAPÍTULO III
Los Estados Unidos de Colombia. La constitución de Rionegro: relación entre la nación y los Estados individuales; composición del gobierno nacional. Funcionarios y jueces. Aspectos progresistas. Leyes relativas a la política eclesiástica.

CAPÍTULO IV
La situación económica y el nivel cultural de Colombia. La escasa y dispersa población. Aprovechamiento de la selva. Agricultura, minería, industria. Importación y exportación. Escasez de bienestar. Distribución de la propiedad.

CAPÍTULO V
La posición del extranjero en Colombia. Nacionalidad y profesiones de los extranjeros. Ventajas y privaciones. Sus méritos para con Colombia. Actitud de los colombianos hacia los extranjeros. Posibilidades de incrementar la inmigración alemana
|2.  El paisaje civilizado 
 

 

Poco corresponde a nuestra imagen de lo tropical el paisaje que atravesamos en nuestro viaje de Honda a Bogotá y que se repite por todas partes en los alrededores de la altiplanicie. En tanto que la región baja se nos presentaba cubierta por monte ralo y poco crecido, podíamos observar zonas de bosque real y verdadero de mayor extensión al lado del camino ya a la altura de Agualarga, aunque la mayor parte de la región al alcance de nuestra vista está libre de todo monte, exhibiendo apenas árboles solitarios, tales como naranjos, mangos, totumos, ceibas (bombax ceiba) y otros que dan sombra a los ranchos dispersos en el paisaje y rodeados por pequeñas siembras de maíz, plátanos, caña de azúcar, café y otros cultivos, al igual que unos potreros de extensión un poco mayor, donde pastan reses, caballos y mulas. Pero entre tales cultivos y potreros hay trechos mayores intercalados, apenas cubiertos de rastrojo bajo y feo, a su vez agradablemente interrumpidos aquí y allá por el verde fresco de imponentes agrupaciones de guadua (bambú americano), o sin otro distintivo que la roca esquistosa, pelada, excepto unos pocos tallos de gramínea y herbácea que de ella brotan. 

Cierto que en aquel paisaje civilizado hay motivos que encantan los ojos, así sean unas flores bonitas, árboles imponentes y bien crecidos, pájaros resplandecientes de colores, mariposas multicolores, flotando de flor en flor en busca de miel, lo mismo que vistosas luciérnagas que graciosamente iluminan el camino de noche, aparentando a veces la escena de un pueblo lejano.

Pero con todo, tan solo a mayor distancia, donde ya se desvanecen los detalles para dar relieve a los bellos contornos y vivos colores, es cuando se produce la agradable impresión general del paisaje, siendo un azul intenso el matiz que prevalece en la tierra templada, como reflejo del firmamento. Mucho se parece al paisaje italiano, aunque tal vez le gana todavía en la grandiosidad de sus formaciones.

Al contemplar una vertiente desde lejos, notamos con frecuencia que el monte en su parte inferior desaparece abruptamente desde una línea bien marcada, quedando del todo envuelto en nubes, a la vez que la zona cubierta de rastrojo que le sigue hacia abajo se presenta en pleno sol. Al principio me inclinaba a tomar este contraste por un fenómeno de la naturaleza, basado tal vez en una de sus leyes meteorológicas, que, confinando las nubes a las regiones superiores, permitía que estas se cubrieran de monte abundante, obligándole a la zona seca de abajo a contentarse con una mera capa de rastrojo. Pero a medida que extendí mis viajes a regiones menos habitadas o del todo despobladas tuve la sorpresa de notar que allí el monte cubría toda la vertiente, con nubes también más bajas y menos marcado el borde inferior de estas. Abandonando mi tesis anterior, hube de convencerme de que el contraste nada tiene que ver con el pretendido fenómeno de la naturaleza, obedeciendo en cambio exclusivamente a la obra humana de que al tumbar el bosque primario se habían provocado ciertas modificaciones de la atmósfera. En analogía con la primitiva Alemania como país cubierto de monte, al principio las vertientes de la cordillera de Bogotá estaban en su mayor parte ocupadas por abundante selva primaria. Pero en tanto que donde nosotros todo pedazo de terreno desmontado inmediatamente se toma en uso por la población apiñada, de una manera u otra, aquí suelen abandonarse campos y potreros apenas el suelo empieza a cansarse, hasta talando el monte para sacar provecho de la madera, pero sin preocuparse por el uso ulterior de la tierra. Del suelo así abandonado pronto viene a brotar toda clase de rastrojo inútil que no tardará en sufrir la misma suerte de los árboles removidos, a no ser que las corrientes de agua se encarguen de llevarse la desprotegida tierra laborable, destapando la capa inferior de esquistos que por más resistente que sea, no es apta para alimentar una vegetación digna de este nombre. 

Altamente acondicionado el carácter de este paisaje por el hombre, es interesante compararlo con el mantenido en su estado natural primitivo, ajeno a tal intervención. Es obvio que también tropecemos con la influencia del hombre al observar las especies de plantas que se cultivan en los campos, lo mismo que las clases de animales que pastan en los potreros. Los indios antiguos no conocían los animales domésticos, limitando sus reducidos cultivos alrededor del rancho al maíz, la <la mija quinoa> (chenopodium quinoa), la yuca, la arracacha, la papa, la batata, el cacao y el tabaco, adaptada su selección a las condiciones de altura y temperatura del ambiente. Fueron los europeos quienes pronto trajeron especies de los numerosos animales y plantas criados por el hombre para su provecho en el mundo antiguo. Intimamente ligados al paisaje, como componentes sobrentendidos suyos, están hoy el plátano y la caña de azúcar con su color verde claro, lo mismo que el cafeto con sus hojas verde oscuras parecidas a las del mirto, sus maravillosas flores blancas y sus cerezas rojas. Al efecto, el plátano logró diseminarse de tal manera que expertos botánicos durante mucho tiempo lo tomaban como originario de América. El que con las especies cultivables también la mala hierba y plantas de poca importancia hubieran encontrado su camino, no es de extrañar. Así que encontré nuestro digital (digitalis purpurea) en camino de regreso a su estado silvestre, en cantidades, no solamente en los alrededores de Bogotá, sino también en el páramo. 

En tanto que casi todo vegetal encontrará a determinado nivel de altura sus condiciones favorables, no hay, empero, ninguno capaz de adaptarse en todas las vertientes comprendidas entre las llanuras de la tierra caliente y las cimas cubiertas de nieves eternas. Tal vez es el maíz el que más se acerca a tal cualidad, pero aun así va perdiendo su fuerza germinativa al exponérsele tanto al calor máximo como al extremo frío. Las plantas útiles menos aptas para trocar su ambiente de pura tierra caliente por un nivel más alto para su cultivo son el cacao, el índigo, el tabaco y el arroz, así como el plátano hartón, una especie con frutos de mayor tamaño. En cambio, en la subida hasta la tierra templada se dan las demás clases de plátano, la caña de azúcar, la piña, la yuca y la mata de algodón, para encontrarse allí con el cafeto, el naranjo y la arracacha, pero todos estos vegetales ya no tienen sus condiciones ambientales propicias al pasar de los 2.000 metros sobre el nivel del mar, o sea al entrar a la tierra fría, con clima ya apto para el cultivo del trigo y la cebada, las legumbres y las frutas de nuestra patria y casi también para sembrar papa. Pero en vista de las facilidades ofrecidas para tales cultivos por las altiplanicies cercanas, son relativamente pocas las partes que hasta ahora para el hombre han merecido la pena de desmontarse con el mismo objeto. 

En su mayoría los cultivos, y especialmente los de plantas alimenticias, están radicados alrededor de los ranchos, en siembras de poca extensión, cultivándose en mayor escala tan solo unas pocas especies que solemos nombrar de coloniales, con destino ya sea para la exportación o para el uso doméstico. 

Areas de extensión enorme se dedican a los cañaverales, cuyo ocupante, la caña de azúcar (saccharum officinarum L.), aquí simplemente llamada caña, no depende del ciclo general del calendario, madurando durante todo el año, y dando para un solo corte anual en las regiones elevadas, a cambio de dos en tierra caliente. De no cortarse a tiempo, la mata suele secarse pronto, pero con cortes oportunos puede ofrecer cosechas durante decenios. El transporte de la caña cortada del campo al trapiche acostumbra verificarse por medio de bueyes. El trapiche antiguo está equipado con cilindros horizontales de madera que giran a fuerza de caballos o de bueyes, a diferencia de algunas plantas modernas ya existentes, con máquinas de hierro instaladas y movidas por aprovechamiento hidráulico o a vapor. Unicamente la parte inferior de la caña contiene zumo suficiente para la molienda, mientras que la parte de arriba con las hojas sirve de forraje. El residuo seco que sale del trapiche, o sea el bagazo, constituye el apreciado combustible para hervir el zumo exprimido y así convertido en espesa melaza, o miel como se le llama, producto en que termina el proceso de elaboración en muchos trapiches, que se vierte en los zurrones, una especie de costales de cuero, para despacharse al mercado o a las tiendas. Pero de continuarse el proceso de hervir la miel, y con la ayuda de moldes, esta se transforma en el azúcar en rama de color entre amarillo y carmelita, o sea la panela, alimento predilecto para arrieros, colectores de corteza de quina y demás gente viajera. El azúcar refinado, producido apenas en pequeña escala, acostumbra carecer del color níveo tan apreciado entre nosotros. De importancia incomparablemente mayor son, por otra parte, las bebidas elaboradas con la miel, tales como la chicha, el guarapo, el anisado y, en menor escala, el ron. Observando las cantidades de panela, dulces, guarapo, chicha y anisado consumidas por habitante, pronto dejamos de extrañar el hecho de que las áreas cultivadas con cañaverales en Colombia van en la misma relación con el número de habitantes como las usadas para la producción de centeno en Alemania, pero con la particularidad de gastarse los productos de la caña exclusivamente dentro del país. Obviamente las áreas sembradas de caña podrían aumentarse considerablemente todavía en caso de que la exportación de azúcar fuera factible. Pero al paso que vamos, las condiciones para competir Colombia con éxito, tanto en los Estados Unidos como en Europa, con los productores de las Indias Occidentales, lo mismo que con el azúcar de remolacha alemán, todavía demorarán mucho en alcanzarse, debido al estado lamentable en que se hallan las vías de comunicación en el país, a la vez que a la carencia tanto de la técnica como de la maquinaria requeridas para producir un azúcar refinada de primera clase. 

Los cafetales sin duda tienen desarrollo y producción favorables en las regiones relativamente bajas, pero la calidad de su grano dista mucho de igualar a la proveniente de mayores alturas, hecho que últimamente ha empezado a inducir a los productores a abandonar sus plantaciones productoras de grano inferior. Las cosechas superiores se obtienen en las regiones de Sasaima y Tena y otras de condiciones similares, en alturas de 1.000 a 1.700 metros sobre el nivel del mar. Parece ser la irradiación solar excesiva la que hace sufrir al café, motivo por el cual se trata de protegerlo en muchas partes, primero con la siembra de matas de plátano de crecimiento rápido entre los cafetos, para luego cambiarlos de preferencia por árboles mimosas, cuyas copas dejan una sombra benigna. El caficultor cauteloso no deja pasar sus cafetos de una altura de 1 a 1½ metros, facilitando así la faena de la cosecha y consiguiendo a la vez un crecimiento a lo ancho más compacto. A los tres años de sembrado, el cafeto comienza a producir, para compensar con buenas cosechas durante muchos años sucesivos el cuido esmerado que se le brinde. Mientras su florescencia cae en los meses de noviembre y diciembre, los de abril y mayo son de sazón y recolección. Cogidas las cerezas de café, estas pasan por una descerezadora para quitarles su pulpa y luego por un proceso que abarca el despulpe, el lavado y el secado en pergamino. Terminado este último, el grano se escoge para luego empacarlo con destino a su exportación. Cierto es que también la explotación del café va sufriendo por las deficientes vías de comunicación, permitiendo, sin embargo y a pesar de las cotizaciones un tanto desfavorables en el mercado mundial, su cultivo provechoso en regiones de la cordillera no demasiado apartadas. El consumo dentro del país es menor del que podría esperarse, limitándose los usuarios a la gente acomodada de las ciudades y, cosa extraña, al pueblo de las zonas lejanas, que, en efecto, lo usa en infusión un tanto diluida y sin leche ni azúcar, a diferencia de la gran masa de la población que prefiere el chocolate como bebida diaria. 

Contrario al cafeto, el cacao se da únicamente en las regiones bajas, con un límite de altura de 1.000 metros más o menos. Necesita bastante humedad, motivo por el cual los lugares preferidos para su cultivo son los suelos de las cuencas fluviales y las vegas. Más todavía que el cafeto, el árbol del cacao requiere para su desarrollo de protección contra los rayos solares directos, exigiéndole al cultivador por lo tanto sembrar árboles, en contra de su inclinación generalizada a destruirlos. En la cordillera de Bogotá los cacaotales no son muy frecuentes, ya que sus regiones habitadas por regla general se encuentran en alturas que exceden el ambiente requerido para el cultivo, y teniendo en cuenta, por otra parte, que a distancia tolerable, o sea en el valle del alto Magdalena, se está produciendo la almendra de primera calidad, especialmente en las cercanías de Neiva. 

Relativamente pocos son también los cultivadores de añil y de tabaco. El primero, «indigofera» de varias especies, es una pequeña papilionácea con hojas que contienen la buscada materia colorante. Estas, cortadas cada dos meses, se pasan a un tanque de mayor capacidad, para en él ser prensadas bajo afluencia de agua. De allí la tinta así extraída fluye a otro tanque, para ser batida por medio de una rueda grande, proceso que provoca la precipitación de la indigotina. Esta se hierve, para luego secarla por algún tiempo y a continuación prensarla, para formar pequeños cubos que así entran al comercio. De las añilerías con plantaciones en mayor escala en la actualidad no queda sino una, la de los señores Nietos, cerca de Peñalisa (Ricaurte), a orillas del río Magdalena. Todas las demás, que habían aparecido entre los años de 1860 y 1870 volvieron a fracasar, ya sea por lo excesivo de las inversiones iniciales o por error cometido en su ubicación.

Los cultivos de tabaco, que encuentran mejores condiciones para su desarrollo por el otro lado del río Magdalena, cerca de Ambalema, no son tampoco frecuentes en la cordillera de Bogotá. Es también en las cercanías de Peñalisa donde existe la mayor plantación, por la cual el señor Nieto, su dueño, tuvo la amabilidad de pasearme. Habiendo quedado las hojas colgadas por espacio de dos semanas en construcciones especiales (caneyes) levantadas para su secamiento inicial, empacadas en tercios, se llevan a la fábrica para ser prensadas y sometidas a otro proceso secador, terminado el cual quedan listas para la elaboración de cigarros. Más de cincuenta trabajadoras estaban dedicadas en aquel entonces a extender y alisar las hojas, a la vez que otras tantas se ocupaban en la elaboración del producto final. El paso a la fabricación para el consumo doméstico había sido consecuencia directa del aumento del gravamen sobre el tabaco decretado por Alemania, país a donde se solía exportar hasta entonces la hoja en rama. El cigarro de primera calidad tiene hoy un precio de 20 pesos por mil, o empacado en cajas de 25 pesos por mil. Las cajas son manufacturadas en Hamburgo, pero de cedro colombiano. La calidad del tabaco parece haber decaído en el curso de los últimos años, no solamente aquí sino en todo el país. A menos que una detenida investigación determine otra causa, el empobrecimiento del suelo ha de tomarse por la más probable (véase parte V-a, capítulo 3°). 

También otras plantas útiles vienen cultivándose aquí y allá en mayor escala, tales como el arroz, el maíz, el plátano y otras más pero, por lo menos en grado igual, si no en mayor escala que los cultivos, el carácter del paisaje civilizado viene determinado por la ganadería, aunque las vertientes de la tierra templada carecen de potreros con áreas semejantes a las encontradas en las llanuras al pie de la montaña. No obstante, el suelo del monte tallado, sembrado de gramíneas extrañas, tales como la guinea y el pará (panicum maximum y panicum molle) ha llegado a producir potreros de superior calidad, que le ofrecen al ganado alimento más abundante, para obtenerlo más gordo y pesado. A la vez que estos potreros en la montaña media constituyen el mejor ambiente para criar mulas, no solamente por la mayor facilidad de adaptarse la mula ahí nacida y crecida tanto al clima caliente como al frío, sino también por aprender el animal casi incidentalmente su arte tan indispensable de trepar por terrenos quebrados, que tanto esfuerzo impone a sus congéneres de la altiplanicie, a pesar de su mayor estatura y aspecto más imponente. Los caballos oriundos de la sabana, en cambio, tienen fama de ser los más finos y vistosos del país. Siendo las vías de comunicación en su gran mayoría caminos de herradura, obvio es para Colombia que los caballos, y más aún las mulas, vienen desempeñando un papel mucho más importante en la vida que los caballos en nuestra tierra. Así que el campesino en pequeño, ya sea dueño o arrendatario, suele tener su cabalgadura, a menudo una yegua, que a la vez le sirve para cría, o por lo menos un buey a cuyo lomo carga sus cosechas para el mercado, animales que a la vez le sirven en sus faenas agrícolas, por ejemplo en los trapiches. El buey también es animal de tiro para mover los carros pesados de dos ruedas por los caminos carreteables, hasta el punto de servir aun de animal de carga cuando los caminos por su estado en extremo defectuoso así lo requieren. Vacas lecheras casi no existen. Siendo por lo tanto la producción de carne el único objeto de la ganadería, las reses van pastando tranquilamente en los potreros sin otro ánimo distinto al de conseguir su alimentación, hasta cuando lleguen al estado de sacrificarlas. En tanto que las ovejas se encuentran en mayor número en las regiones de mayor altura, los cerdos y las gallinas no suelen faltar en ninguna casa colombiana, excepción hecha de las ciudades mayores. Lo mismo que los perros ordinarios, son animales domésticos en el verdadero sentido de la palabra, viviendo, así sea dentro del mismo rancho o a su lado, y alimentándose de los desperdicios de la cocina y tal vez de un poco de maíz. A diferencia del carácter casi virgen del paisaje que todavía observamos en la tierra baja del río Magdalena, sobre todo arriba del arco grande que forma éste cerca de Tamalameque, interrumpida la selva apenas por unos parches insignificantes de tierra desmontada, en las vertientes de la cordillera de Bogotá el hombre ha puesto pie firme ya en mayor escala, estampándole al paisaje el signo de su presencia y de su labor. En casi todas partes la vista tropieza con ranchos solitarios, mientras que pueblos como ciudades aparecen a mayores distancias. Más intenso se nota el tráfico, el contacto entre la gente es más estrecho, en estado de mayor desarrollo se presenta el bienestar material al igual que la cultura general. El carácter agravante que sin duda opone la montaña al intercambio no ha podido afectar mayormente el aprovechamiento de las ventajas que las regiones montañosas ofrecen, por otra parte, para el desarrollo de la vida del hombre y de su cultura. Ahí tenemos ante todo el clima más fresco y, por lo tanto, menos enervante, que lo anima a trabajar, empezando por la necesidad de satisfacer las mayores exigencias de carácter inmediato, en cuanto a vestimenta y habitación se refiere. Otra ventaja es la de que la menor exuberancia de la vegetación silvestre hace menos estorbo a los cultivos, por cuanto menos esfuerzos requieren ellos para evitar que aquella vuelva a sofocarlos. Y finalmente, ventajosa resulta también la mayor reducción del peligro que en las regiones de menor altura amenaza tanto al hombre como a su obra, proveniente del reino animal. No cabe duda que estos factores han contribuido decisivamente al nivel de cultura alcanzado en estas regiones en comparación con el de la selva en tierra baja.

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