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INDICE
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"Con lo cual se termina la presente, quedando los
empleados visitantes altamente satisfechos por el orden, actividad
y celo con que el señor Alcalde cumple con sus obligaciones.
"RUFINO GUTIÉRREZ--JESÚS MARÍA FORERO ACEBEDO-
APARICIO ROMERO-Isauro Hernández, Secretario - Leovigildo
Otálora,
Secretario del Alcalde - Ernesto Restrepo, Secretario ad
hoc"
El Alcalde del Distrito, señor Aparicio Romero, es un joven
laborioso y consagrado, que ha contribuido no poco con su tino y
energía a la moralización de aquel pueblo.
Según Cobett, fray Andrés Bufas fue el primero que trató de
reducir a los indios y de aplicarlos al cultivo de La tierra, pero
nosotros no hemos encontrado el nombre de este misionero en el
Ocáriz, y sólo sí el de fray Lorenzo de Rufas, que fue Provincial
dé la Orden de San Agustín, natural de la exinguída ciudad de
Victoria.
En los libros parroquiales hay asentadas partidas desde
1662, en que figura como Cura fray Fernando de Satcedo ; en 1669,
fray Bartolomé de Berganzo y Gamboa , 1680, fray Antonio Montero 5
1685, fray Lacas do Cárdenas ; 1689, fray Gregorio de Aguduelo ;
1690, fray Pedro Avendaño; 1692, fray Miguel de Munar; 1704, fray
José de Mesa; 1718, doctor Juan María Céspedes; 1719, fray
Francisco de San José; 1723; fray Miguel de Rivas y Guinea ; 1729,
fray Jacinto de Salavarrieta; 1742, fray José de Trellerás y
Eguiluz
1
;1770,
doctor Antonio Pichó , 1774 a 1792, doctor Manuel Andrade, Rector
del Colegio Real Mayor y Seminario y abogado de la Real Audiencia,
tuvo como Excusador al doctor Hipólito Casiano García. El doctor
Andrade, miembro de una de las principales familias de Bogotá, fue
Fiscal del Concilio que convocó en el año de 1774 el Arzobispo
Camacho, y más tarde Canónigo de la Catedral, donde tuvo que sufrir
bastante con sus compañeros de coro, don Juan Cabrera y don Nicolás
Cuervo, por ser amigos de la Independencia, pues el Consejo de
Purificación los hostilizó durante los años de 1816 y 1817, hasta
que en este último, en el mes de abril, murió agobiado de años y de
pesares. Por indicación suya se designó a fray Domingo Petrez para
dirigir la reconstrucción de la Catedral. La fuente pública de San
Victorino fue costeada por 61 de su peculio desde el río del
Arzobispo, y le costó más de $ 6,000, y el órgano de la Capilla del
Sagrario, que le costó otro tanto, lo hizo venir de Sevilla; 1795,
doctor Pablo José Quintana; 1797 a 1799, doctor Andrés Rosillo,
natural del Socorro, colegial de Nuestra Señora del Rosario, bien
conocido en la historia de nuestra Independencia por el importante
papel que en ella hizo, por haber sido Deán de la Catedral, por
la prisión en el convento de capuchinos, de donde lo sacó el pueblo
de Bogotá el 20 de julio; por su valiente defensa del Arzobispo
señor Sacristán ; por su destierro a España en la época del General
Morillo, de donde volvió a la Patria, a causa de los disturbios
promovidos por Ríego; por la especie de cisma que promovió con la
erección del Obispado del Socorro, y por su subsiguiente
arrepentimiento. En el presente siglo ha tenido Fómeque los
siguientes Curas: 1800, doctor Joaquín Rey de Andrade; 1801 a 1808,
doctor Juan Ignacio Moreno, quien en este último año cedió el
Curato a fray José Chavarría, Prior de agustinos descalzos; 1811,
doctor José Luis Castañeda; 1812, doctor Marcelino Castro, notable
en ciencias, y uno de los sacerdotes que hayan tenido mejor
biblioteca entre nosotros ; 1814 a 1849, doctor Joaquín
Antonio Nieto, sacerdote que ha dejado imperecedera memoria entre
sus feligreses, por su piedad, virtud y ciencia, y por los grandes
beneficios que le debe la población; 1849, doctor Gil Delgadillo;
1850, doctor José María Castillo, fundador de la Democrática en
Fómeque, que recibió en castigo de este error el ser arrojado de la
parroquia por sus propios discípulos, y tuvo que irse a
Chiquinquirá, donde regentó un colegio; 1856, doctor Juan Manuel
García Tejada, que fue posteriormente Obispo de Pasto ; 1875,
doctor Graciano Fajardo; 1878 a 1883, doctor José D. Vargas, quien
permutó el Curato en este último año por el dé Punza con el doctor
José Nepomuceno Lozano, actual Cura. El doctor Lozano es sacerdote
de grandes virtudes, de no escasa ilustración, de energía
incontrastable, progresista y estudioso.
El último Arzobispo que visitó a Fómeque fue el Ilustrísimo
señor Herrán, en 1856.
El 26 de septiembre de 1854 atacaron en la población don
Carlos Muñoz y don Carlos Bonitto a las fuerzas dictatoriales que
mandaba don Bonifacio Ramos, y las hicieron rendir después de un
corto combate.
El 24 de noviembre de 1876 el Coronel Benito López, con el
Batallón Ospina y las guerrillas de Choachí y Ubaque, hizo rendir a
una fuerza nacional que estaba atrincherada en la iglesia, para lo
cual incendió una casa contigua a ésta.
Dios guarde a usted muchos años.
RUFINO GUTIÉRREZ-Ernesto Restrepo, Secretario ad hoc.
1 En los libros
parroquiales encontramos la relación de un terremoto habido en
Fómeque, en la época del doctor Trelleras y Eguiluz:
"En 17 días del mes de agosto del año 1743, vine
yo, el Maestro fray José Trelleras y Eguiluz, por Cura de este
pueblo de Nuestra Señora de la limpia Concepción de Fómeque, y a
los 18 días del mes de octubre del mismo año, a las nueve y media
del día, viernes, comenzó por debajo de la tierra un ruido tan
grande, que no se puede explicar su estruendo; ello parecía al oído
el sonido de un río caudaloso; sonaba como un fuego voraz que a la
batiente del aire abrasaba un monte, y sonaba como ecos que lleva
el aire de una pieza de artillería; finalmente,era un estrépito tan
confuso y sordo, que no tiene semejante a quien poderlo asimilar; y
luego, incontinente, se sintió un terremoto grande, que arruinó la
iglesia de este pueblo en todo su cañón, y a la capilla mayor la
trajo al suelo. La casa del Cura, de tapia, le hizo divisiones por
todas partes, y sacó su puerta principal abajo. La casa cural. de
paja, además de estar ella dañada, abrió sus techados y bahareques.
Duró este terremoto entre el espacio de un miserere. Repitió otro
entre breve tiempo; otro cuasi al tanto del primero, y acabó de
echar a tierra la capilla mayor, quedando sólo las tapias, todo
terciado, rajado, y así el demás resto de la iglesia. De este
temblor cayó el campanario, y una campana vino a parar al pie de
una tapia del lado de la plaza, abajo del altozano, y por todas
partes cayeron pedazos de enmaderados, y la mayor parte de las
tejas cayeron a los lados, quedándose en el techo unas en montón y
otras al caer inmediatamente. Todas las tirantas de la iglesia
quedaron dislocadas, y al caer el bautisterio y sacristía. Pasado
este terremoto, luego de otro breve espacio, acometió otro pequeño,
y pasado éste, entre la mitad de un cuarto de hora, vino otro al
tanto del primero. Cada uno de los terremotos grandes duraba como
el espacio de un miserere, y más. Otros terremotos sucedieron
después, pequeños, que lo afirmaron muchos. Hasta la tarde que,
venida la gente, se sacaron las imágenes de Nuestra Señora, la
original. del altar mayor, intacta, sin la menor lesión. Sólo sí se
le cayó la corona, aun estando con tornillo en la cabeza. Yo estoy
por afirmar que si el susto no me engañó, cuando se sacó la
Emperatriz de los cielos y tierra, siendo su rostro rozagante, dé
la más especial encarnación, a mí me pareció descolorida y como
de cera blanca. Se sacó a Nuestro Dios Sacramentado, y el
tabernáculo no padeció ruina de consideración. El altar del Cristo
Crucificado se maltrató, y una imagen de Nuestra Señora de la
Concepción cayó y se quebró la cara y las narices, y otra de Santa
Rita de Casia las manos y la nariz. El altar de Jesús Nazareno
también se dañó, y a la imagen de Jesús quitó la cabeza,
partiéndola por la parte del cerebro. Otras ruinas hubo de menor
consideración. Los demás altares e imágenes no peligraron. A la
lámpara sólo se le quebró la pera de debajo. Pusieron en una casa
cerca del convento (la cural), que se hallaba vacía, con la mayor
decencia posible, a Cristo Sacramentado, a María Santísima y a las
demás imágenes, y estando ajustando altar para la Virgen, como a
las cuatro de la tarde, vino otro terremoto como casi el primero.
Esta casa no se daño sino fue en los emparedados, A la oración vino
otro temblor pequeño; de aquí a poco otro más recio, y en todos el
ruido primero, con más o menos estruendo, y de aquí se continuaron
los terremotos, en especial a las cinco de la mañana y de noche,
como en el espacio de más de un mes, que contar el numero de ellos
no pude saberlo de cierto, porque unos sentían y otros no. Los ríos
crecieron con ímpetu y los pozos rompieron bocas. La tierra por
todas partes se abrió por todo el contorno, en unos lugares más que
en otros. Los volcanes son incontables y muchos taparon los
caminos. Todo este tiempo hacían unos truenos sordos. No quedó casa
de paja que no se dañara. En Guachavita cayó la cocina de Ventura
Riberos, y entre sus peligros saco de ella. Juana de Torres un hijo
suyo pequeño. En Tibrotes, estando las gentes de una casa
desgranando maíz, arrancó la casa y la echó distante de las
«entes, quedando ellas descubiertas y en la sabana. Los volcanes
taparon los caminos y quedó la gente enterrada entre sus peñas. En
Tengavitá un volcán tapó a una muchachona, hija de Patino, con 16
reses y un perrito, habiendo sólo librado una india y un buey. En
Guachavita se abrió la tierra junto al sitio en donde se hallaba
Felipe Rubio desyerbando su cana, y entre tanto peligro, sólo aquel
espacio donde él se hallaba no abrió, viéndose ya sorbido entre sus
honduras. Cuente Cáqueza las ruinas de su iglesia, y Ubaque las
suyas, v Choachí, y Une, y Chipaque las que padeció, que sólo
cuento por mayor las de Fómeque."Después, el día 1° de
noviembre, como a las nueve de la noche, se eclipsó la luna por
espacio de tres horas más o menos. En este pueblo se hicieron
rogativas y procesión, y duró Nuestro Amo descubierto a los 18 de
noviembre, porque se esperaba un eclipse de sol. Fueron muchas las
calamidades, pero creo que se cogió mucho fruto para Dios, porque
se hizo cuaresma con haberse confesado toda la gente, comulgado y
asistido frecuentemente a misa y otras devociones todo este tiempo,
puntualmente, y levantado la iglesia de paja que se halla
presente, con mucha brevedad. Sea Dios bendito para siempre, que
por estos medios buscó a las almas, apartándolas de los peligros
del alma, y trayéndolas a su santo servicio. Esta relación hago,
porque se perpetúe su memoria para escarmiento de los mortales, y
para que el celo de los señores Curas mantenga el que todos los
años, el día 18 de octubre, se descubra, a Nuestro Amo y se le
cante misa solemne, y se haga alguna plática trayendo esta memoria
santa para enmienda de los venideros. En fe de lo que digo es
cierto, lo afirmo.
FR. JOSÉ TRELLERAS Y EGUILUZ"
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