CAROLINA
Amalfi, junio 5 de 1917
El día 1.° salí de Anorí como a las once, describiendo un
gran círculo de 7 kilómetros que podrían reducirse a lo poco más
haciendo un camino recto y más plano hasta el caserío de
Chamuscados. Hay en éste una pobre capilla en construcción, Cura
párroco y Escuelas de varones y de niñas, y bastantes casitas a lo
largo de la vía, la cual va por una cuchillas, contiguas unas a
otras. Cerca está la mina de oro de San Benigno, que ha dado vida
al caserío.
Son muy pocas las aberturas que se encuentran en esta ruta,
la cual atraviesa en casi toda su extensión, en lo que es
jurisdicción de Anorí, por entre bosque virgen.
En el kilómetro 10 hay una quebrada grande sin puente, lo
cual me causo extrañeza, porque aquel Distrito se esmera mucho por
mantener expeditas sus vías de comunicación.
En el kilómetro 13, cerca de las minas de El Desquite, San
Lorenzo y Las Juntas, está el chico caserío de El Roble, a lo largo
del camino. Hay allí una Escuela alternada.
Hasta el kilómetro 17 se viene subiendo y bajando cerros
no muy elevados, pero sí escabrosos, sin costear uno solo, en
dirección Sur hacía la hoya del río Porce. Allí ya se sube a la
cima de la sierra que separa las aguas de ese río de las del
Nechí.
Un aguacero fortísimo que empezó desde que salí de Anorí y
casi no del iba caminar a las malas, me obligó a quedarme en un
miserable rancho que hay en y es lugar, habitado sólo por negro
viejo. El lugar en que está un rancho es conocido con el nombre de
cobarde, pero el Obispo, en su última visita, pastoral, le cambió
este nombre por el de Campoalegre, cuando no lo es aun para los que
llegamos a él a Defender del malísimo tiempo.
Madrugué el día 2 y seguí por todos los pisos de la
serranía en dirección aproximada al Occidente, teniendo a la
izquierda y a la vista. a grandísima profundidad, el río Porce, que
por allí corre en dirección contraria, y a la derecha, también a la
vista, la hoya de los afluentes del Nechi si el más elevado y
agudo de esos picos se costea, de manera que es constante el subir
y bajar.
En el propio punto en que parten límites Anorí y Carolina
está el poste del kilómetro 26, que es el último que se ve en ese
camino, y allí terminan también los desagües, las reparaciones y
los desmontes bien hechos. Hay dos casitas, y en una de ellas
Escuela alternada que costea Anorí, con 21 niños y 27 niñas. Las
habitaciones de los campesinos es tan diseminadas en la sierra y
sus flancos.
Algo más adelante está el pequeño caserío de paja llamado
Mal abrigo, donde hay Escuela alternada, y como una legua más
adelante el de Guanteros, poco más grande que el anterior pero sin
Escuela.
Antes de llegar allí, cuando se han andado como cuatro
leguas por las crestas de la serranía, sale el río Porce en
dirección Sur a Norte y se le junta el Guadalupe. Se sigue la misma
sierra casi dos leguas, teniendo ya a mano izquierda el Guadalupe y
a la derecha el Sao Juan, tributario del Nechí, hasta llegar a un
cerrito que domina la aldea de Guadalupe. Del famoso salto de este
nombre, al cual dan en las geografías la altura de 250 metros y
dicen que es el más notable de Colombia después del Tequendama, no
se ve por este camino más que el desprendimiento de la altura y la
gran cuenca en que cae; se oye el ruido que hace la cascada, y se
reciben los vapores húmedos que de y la se desprenden, pues por
elevación es corta la distancia.
La aldea de Guadalupe está asentada en un vallecito poco
llano formado sobre los terrenos de donde se desprende el salto, y
como a dos kilómetros de él. Tiene plaza bien delineado, más de 150
casas de regular apariencia, y algunas de ellas de teja; una
Escuela de niños con dos Maestros y 110 matriculados, y una de
niñas con 70 discípulas. Hay Cura párroco, Corregidor y Juez
Municipal.
En jurisdicción de este Corregimiento de Carolina está el
valle del río San Juan que es donde más panela se produce en el
Distrito, pues hay 19 trapichee. Los vecinos de la aldea aseguran
que ella con sus contornos tiene la mitad de la población y la
mayor parte de la riqueza agrícola del Municipio, y han solicitado
con empeño la erección del Distrito.
No les será difícil conseguirlo si votan por un Diputado de
influencia política en la Asamblea. Esto es lo único que se
requiere para conseguir en cuerpos colegiados entre nosotros lo que
se desea en esas materias.
Desde el cerro que domina a la aldea se abandona la sierra
por donde se había marchado como seis leguas, y se entra en las
cuencas que forman vertientes del río Guadalupe. De éstas hay cinco
quebradas bastante grandes sin puentes, y dos de ellas de muy
difícil y peligroso paso por las muchas piedras de sus cauces.
Toda la vía que sigue es de subidas y bajadas más o menos
largas y penosas, de fácil corrección, pero no abandonadas y mucho
menos tan bien atendidas como las de Anori.
Llegué a Carolina a las seis de la tarde y me alojé en el
Hotel Yarumal, recientemente abierto, el mejor servido que he
encontrado desde que pisé el norte de Antioquia.
La población de Carolina, como todas las de esta región, se
empezó a fundar por mineros del centro que venían atraídos pop la
riqueza aurífera El poblado que había, que no he podido averiguar
si tenía otro nombre, ni en qué lugar preciso estaba, lo hizo
trasladar a su actual asiento y le puso el nombre de Carolina del
Príncipe el Oidor Mon y Velarde los años de 1783 a 1785, y en 1814
fue elevado a la categoría de Distrito
Consta hoy de nueve manzanas compactamente edificadas y con
bastantes buenas casas, algunas de ellas de dos pisos. Está en un
valle ameno regado por abundantes y buenas aguas. Las calles son
rectas y no todas llanas; pero sí lo es la amplia y única plaza,
que tiene buena pila y algunos árboles. Casi todas las casas de la
plaza son de dos pisos, y las aceras, lo mismo que las demás de la
población, son malísimas, empedrabas con guijarros chicos y casi
intransitables cuando llueve, por lo resbalosos que se ponen.
La iglesia, grande, de tres naves, está muy desmantelada;
tiene mal piso de ladrillos y frontis no desairado pero
pintarrajado con muy mal gusto. Hay un reloj público. El frontis
tiene una sola puerta, pero hay dos más laterales. Afea mucho el
exterior del templo el que no le hayan dado una mano de mezcla o
de cal a la parte posterior. :No hay otra iglesia o capilla en el
poblado.
Sí en la parroquial la misa mayor, y me hizo malísima
impresión el ver que toda clase de gente masculina, desde muchachos
juguetones hasta viejos andrajosos, asiste a los edificios en el
presbiterio, lo mismo que el gran desorden que forman mujeres de
toda clase social y edad revoloteando por el templo en busca de sus
reclinatorios para llevarlos a otro lugar con gran ruido. Pocas
son las mujeres que no asisten a la misa con esos muebles, y no hay
una sola banca. Por fortuna el uso de los reclinatorio está ya
limitadísimo en Medellín, y como eso es cuestión de moda e
imitación, cuando Santa Rosa y Yarumal sigan el ejemplo de la
capital, todas estas poblaciones menores relegarán tos reclinatorio
y apelarán a las bancas.
Es tal el imperio de la moda, que no se fija en condiciones
de higiene y bienestar. Como por ser Medellín tierra cálida no se
usan muchos vidrios en las ventanas, las cuales se dejan abiertas,
lo mismo que las puertas de las piezas, y ve uno a las señoras
sentadas en aquéllas hasta entrada la coche, así es Santa Rosa, que
es un páramo más frío que Bogotá, las puertas y ventanas sin
vidrios se tienen abiertas de par en par hasta tarde, y en ellas se
ve a las niñas. La única diferencia es que las santarrosanas no
tienen pláticas nocturnas por la ventana con sus amartelados, ni
las sirvientas con los suyos imitan en las puertas a sus amas.
Me dirán que a qué conducen observaciones como las
anteriores, y a eso contesto que la experiencia me ha demostrado
que muchos defectos de esta clase se corrigen con sólo llamar la
atención a ellos.
En los alrededores de la población de Carolina fueron los
combates de junio de 1861, que dieron por resultado el desbande de
la invasión que trajo de la Costa Atlántica el General Ramón Santo
Domingo Vila y en el que este Jefe y sus principales compañeros
quedaron prisioneros. En esos combates perdió Antioquia varias
personas importantes, entre otras al joven Elíseo Arbeláez, quien
era una promesa para el país.
El clima de la población debe ser bueno, a juzgar por el
aspecto de los vecinos. Su altura sobre el nivel del mar es de
1,840 metros, y la temperatura, 19 grados.
No es mucho el movimiento comercial que se nota, y el
mercado muy pareció medianamente concurrido y abastecido. Se
beneficien mensualmente, una vez por semana, 73 cabezas de ganado
mayor y 119 del menor:
Las aguas que entran al poblado pertenecen al Municipio, y
hay ocho fuentes públicas. A las casas no van por cañerías.
Hay oficina de Correos y Telégrafos nacional y de Notaría y
Registro. Prestan el servicio de Policía, sin uniformar, tres
Agentes en el poblado y doy en la aldea de Guadalupe.
Las principales industrias son el cultivo del maíz,
frisoles, arroz, caña de azúcar y cacao, la minería y la ganadería;
ninguna de ellas en muy grande escala. Tres de las minas son
servidas por fuerza hidráulica.
El catastro le da el valor de $ 237,280 a la propiedad raíz
del Municipio, y sus habitantes son 6,363, según el censo de 1912,
modificado en 1916; el de 1-870 le daba 4,667 (El censo de 1918 le
da 6,805 habitantes). En este año hubo 317 nacimientos, 156
defunciones y 45 matrimonios. De los nacimientos 77 fueron hijos
ilegítimos. En 1874 hubo 345 nacimientos, de ellos 53 hijos
ilegítimos, 60 defunciones y 57 matrimonios.
En edificio comprado por colecta pública hay un hospital
subvencionado por el Departamento con $ 10 mensuales y por el
Distrito con $ 15, manejado por una junta de vecinos, y en el cual
se sostienen cinco enfermos.
El presupuesto de las notas comunes es de $ 7,928, y el de
instrucción pública de $ 1.43-97.
Son propiedades del Municipio la casa consistorial, de dos
pisos, con capacitad para todas las oficinas, inclusive las
nacionales, y una incómoda e insegura cárcel, dos buenos edificios
de dos pisos para las Escuelas urbanas ; otros dos de un piso para
las de Guadalupe, casa para oficinas públicas y matadero allí
mismo; un lote para edificar otra casa para escuela en Carolina ;
un rancho para una Escuela rural; el edificio de la planta
eléctrica, y una casita que se compró con el objeto de destinarla a
la planta, pero que resultó que no sirvió para ello.
Las Escuelas son: dos urbanas, con cuatro Maestros cada
una: la de niños con 179 matriculados, y la de niñas con 170. Las
rurales son dos alternadas, una de varones y una de niñas, con 267
alumnos por junto.
El alambrado público es empresa del Municipio, quien para
establecerlo consiguió un empréstito en Medellín de $ 2,000, al 15
por 100 anual, con un año de plazo, prorrogable por otro. La plaza
y las calles tienen 57 focos de 25, 50, 60 y 100 bujías; en las
oficinas públicas y en las Escuelas hay 7 focos ; en la iglesia 33,
los cuales se dan gratuitamente, pero cuando los particulares
celebran fiestas religiosas por su cuenta costean el alumbrado. Los
focos tomados por los vecinos son 80, de a 20 bujías, y pagan a $
0-30 por mes. No hay postes en las calles. La caída que mueve la
planta está a dos kilómetros de distancia.
Al llegar a Carolina encontré el fenómeno de marcar el reloj
público la misma hora de Anorí, y digo fenómeno, porque todos los
relojes públicos marchan con tal anarquía, que siempre había
encontrado entre el de un Distrito y el de su vecino diferencias no
menores de quince minutos.
Los sueldos de los Telegrafistas, cuando no son de oficinas
repetidoras o de traslación, son muy reducidos. Muchos de esos
empleados están casados y tienen hijos donde sirven el empleo. Sí
se les promueve a otra oficina se les obliga a hacer un grave
sacrificio. Convendría tener en cuenta esa circunstancia al tratar
de nuevos nombramientos, y que para ello se llevara nota en la
Jefatura del ramo.
El territorio del Distrito de Carolina es muy reducido,
porque de él se desprendió hace pocos años el Municipio de Gómez
Plata.
Desde Yarumal, Ituango, etc. vengo oyendo a las gentes de
los campos quejarse de la mala situación producida por pérdida de
cosechas a causa de las lluvias y de la plaga de langosta de hace
unos cuatro años, y notando que eso campesinos tienen que ir a la
venta del pueblo semanalmente a comprar el maíz y los frísoles para
el diario sustento. Pocas semanas hace que cogieron cosechas
abundantes de esos cereales, y como no tienen hábitos de orden,
ahorro y economía, sacaron todos sus frutos a venderlos en el
mercado, a bajo precio, pues había abundancia, porque todos los
productores hacían eso mismo al propio tiempo, no reservando casi
nada para los días venideros. Los cosecheros de climas cálidos se
disculpan de esa imprevisión con la polilla o gorgojo que destruye
los granos. Este peligro lo conjuran los habitantes de la Provincia
de Caldas, entre Popayán y Pasto, dando un hervor al maíz todavía
sin desgranar y a los frisóles ya desgranados, y así muere el
germen de la polilla, y guardan el fruto que necesitan para su
alimento hasta la cosecha siguiente. Nada pierde el grano en sus
condiciones nutritivas y de sabor, aunque no sirve como
semilla.
¡ Cuánto convendría a nuestros campesinos que se les
enseñara a seguir el ejemplo de los habitantes de las cabeceras
del Patía!