INDICE




Prólogo
Usme
Chipaque
Une
Fosca
Cáqueza
Quetame
Fómeque
Choachí
Villavicencio
Facatativá
Madrid
Mosquera
Funza
Cota
Suba
Engativá
De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
Salgar
Bolívar
Andes
Jardín
Jericó
Támesis
Valparaíso
Caramanta
Ríosucio y Supía
Anserma
Santa Bárbara
Fredonia
Copacabana y don Matías
Santa Rosa de Osos
Entreríos
Yarumal
Ituango
San Andrés
Angostura
Campamento
Anorí
Carolina
Amalfi
Remedios
Segovia
Yolombó
San Roque
Santo Domingo
CAROLINA

 

Amalfi, junio 5 de 1917

    El día 1.° salí de Anorí como a las once, describiendo un gran círculo de 7 kilómetros que podrían reducirse a lo poco más haciendo un camino recto y más plano hasta el caserío de Chamuscados. Hay en éste una pobre capilla en construcción, Cura párroco y Escuelas de varones y de niñas, y bastantes casitas a lo largo de la vía, la cual va por una cuchillas, contiguas unas a otras. Cerca está la mina de oro de San Benigno, que ha dado vida al caserío.

    Son muy pocas las aberturas que se encuentran en esta ruta, la cual atraviesa en casi toda su extensión, en lo que es jurisdicción de Anorí, por entre bosque virgen. 

      En el kilómetro 10 hay una quebrada grande sin puente, lo cual me causo extrañeza, porque aquel Distrito se esmera mucho por mantener expeditas sus vías de comunicación.

      En el kilómetro 13, cerca de las minas de El Desquite, San Lorenzo y Las Juntas, está el chico caserío de El Roble, a lo largo del camino. Hay allí una Escuela alternada.

      Hasta el kilómetro 17 se viene subiendo y bajando cerros no muy elevados, pero sí escabrosos, sin costear uno solo, en dirección Sur hacía la hoya del río Porce. Allí ya se sube a la cima de la sierra que separa  las aguas de ese río de las del Nechí.

      Un aguacero fortísimo que empezó desde que salí de Anorí y casi no del iba caminar a las malas, me obligó a quedarme en un miserable  rancho que hay en  y es lugar, habitado sólo por negro viejo. El lugar  en que está un rancho es conocido con el nombre de cobarde, pero el Obispo, en su última visita, pastoral, le cambió este nombre por el de Campoalegre, cuando no lo es aun para los que llegamos a él a Defender del malísimo tiempo.

      Madrugué el día 2 y seguí por todos los pisos de la serranía en dirección aproximada al Occidente, teniendo a la izquierda y a la vista. a grandísima profundidad, el río Porce, que por allí corre en dirección contraria, y a la derecha, también a la vista, la hoya de los afluentes  del Nechi si el más elevado y agudo de esos picos se costea, de manera que es constante el subir y bajar.

     En el propio punto en que parten límites Anorí y Carolina está el poste del kilómetro 26, que es el último que se ve en ese camino, y allí  terminan también los desagües, las reparaciones y los desmontes bien hechos. Hay dos casitas, y en una de ellas Escuela alternada que costea  Anorí, con 21 niños y 27 niñas. Las habitaciones de los campesinos es tan diseminadas en la sierra y sus flancos.

     Algo más adelante está el pequeño caserío de paja llamado Mal abrigo, donde hay Escuela alternada, y como una legua más adelante el  de Guanteros, poco más grande que el anterior pero sin Escuela.

     Antes de llegar allí, cuando se han andado como cuatro leguas por las crestas de la serranía, sale el río Porce en dirección Sur a Norte y se le junta el Guadalupe. Se sigue la misma sierra casi dos leguas, teniendo ya a mano izquierda el Guadalupe y a la derecha el Sao Juan, tributario del Nechí, hasta llegar a un cerrito que domina la aldea de Guadalupe. Del famoso salto de este nombre, al cual dan en las geografías la altura de 250 metros y dicen que es el más notable de Colombia después del Tequendama, no se ve por este camino más que el desprendimiento de la altura y la gran cuenca en que cae; se oye el ruido que hace la cascada, y se reciben los vapores húmedos que de y la se desprenden, pues por elevación es corta la distancia.

     La aldea de Guadalupe está asentada en un vallecito poco llano formado sobre los terrenos de donde se desprende el salto, y como a dos kilómetros de él. Tiene plaza bien delineado, más de 150 casas de regular apariencia, y algunas de ellas de teja; una Escuela de niños con dos Maestros y 110 matriculados, y una de niñas con 70 discípulas. Hay Cura párroco, Corregidor y Juez Municipal.

     En jurisdicción de este Corregimiento de Carolina está el valle del río San Juan que es donde más panela se produce en el Distrito, pues hay 19 trapichee. Los vecinos de la aldea aseguran que ella con sus contornos tiene la mitad de la población y la mayor parte de la riqueza agrícola del Municipio, y han solicitado con empeño la erección del Distrito.

    No les será difícil conseguirlo si votan por un Diputado de influencia política en la Asamblea. Esto es lo único que se requiere para conseguir en cuerpos colegiados entre nosotros lo que se desea en esas materias.

    Desde el cerro que domina a la aldea se abandona la sierra por donde se había marchado como seis leguas, y se entra en las cuencas que forman vertientes del río Guadalupe. De éstas hay cinco quebradas bastante grandes sin puentes, y dos de ellas de muy difícil y peligroso paso por las muchas piedras de sus cauces.

    Toda la vía que sigue es de subidas y bajadas más o menos largas y penosas, de fácil corrección, pero no abandonadas y mucho menos tan bien atendidas como las de Anori.

     Llegué a Carolina a las seis de la tarde y me alojé en el Hotel Yarumal, recientemente abierto, el mejor servido que he encontrado desde que pisé el norte de Antioquia.

     La población de Carolina, como todas las de esta región, se empezó a fundar por mineros del centro que venían atraídos pop la riqueza aurífera El poblado que había, que no he podido averiguar si tenía otro nombre, ni en qué lugar preciso estaba, lo hizo trasladar a su actual asiento y le puso el nombre de Carolina del Príncipe el Oidor Mon y Velarde los años de 1783 a 1785, y en 1814 fue elevado a la categoría de Distrito

     Consta hoy de nueve manzanas compactamente edificadas y con bastantes buenas casas, algunas de ellas de dos pisos. Está en un valle ameno regado por abundantes y buenas aguas. Las calles son rectas y no todas llanas; pero sí lo es la amplia y única plaza, que tiene buena  pila y algunos árboles. Casi todas las casas de la plaza son de dos pisos, y las aceras, lo mismo que las demás de la población, son malísimas,  empedrabas con guijarros chicos y casi intransitables cuando llueve, por lo resbalosos que se ponen.

     La iglesia, grande, de tres naves, está muy desmantelada; tiene mal piso de ladrillos y frontis no desairado pero pintarrajado con muy mal  gusto. Hay un reloj público. El frontis tiene una sola puerta, pero hay dos más laterales. Afea mucho el exterior del templo el que no le hayan  dado una mano de mezcla o de cal a la parte posterior. :No hay otra iglesia o capilla en el poblado.

     Sí en la parroquial la misa mayor, y me hizo malísima impresión el ver que toda clase de gente masculina, desde muchachos juguetones  hasta viejos andrajosos, asiste a los edificios en el presbiterio, lo mismo que el gran desorden que forman mujeres de toda clase social y edad revoloteando por el templo en busca de sus reclinatorios para llevarlos a  otro lugar con gran ruido. Pocas son las mujeres que no asisten a la misa con esos muebles, y no hay una sola banca. Por fortuna el uso de los reclinatorio está ya limitadísimo en Medellín, y como eso es cuestión de moda e imitación, cuando Santa Rosa y Yarumal sigan el ejemplo de la capital, todas estas poblaciones menores relegarán tos reclinatorio y apelarán a las bancas.

     Es tal el imperio de la moda, que no se fija en condiciones de higiene y bienestar. Como por ser Medellín tierra cálida no se usan muchos vidrios en las ventanas, las cuales se dejan abiertas, lo mismo que  las puertas de las piezas, y ve uno a las señoras sentadas en aquéllas hasta entrada la coche, así es Santa Rosa, que es un páramo más  frío que Bogotá, las puertas y ventanas sin vidrios se tienen abiertas de par en par hasta tarde, y en ellas se ve a las niñas. La única diferencia  es que las santarrosanas no tienen pláticas nocturnas por la ventana con sus amartelados, ni las sirvientas con los suyos imitan en  las puertas a sus amas.

     Me dirán que a qué conducen observaciones como las anteriores, y a eso contesto que la experiencia me ha demostrado que muchos defectos de esta clase se corrigen con sólo llamar la atención a ellos.

      En los alrededores de la población de Carolina fueron los combates de junio de 1861, que dieron por resultado el desbande de la invasión que trajo de la Costa Atlántica el General Ramón Santo  Domingo Vila y en el que este Jefe y sus principales compañeros quedaron prisioneros. En esos combates perdió Antioquia varias personas importantes, entre otras al joven Elíseo Arbeláez, quien era una promesa  para el país.

     El clima de la población debe ser bueno, a juzgar por el aspecto de los vecinos. Su altura sobre el nivel del mar es de 1,840 metros, y  la temperatura, 19 grados.

     No es mucho el movimiento comercial que se nota, y el mercado muy pareció medianamente concurrido y abastecido. Se beneficien mensualmente, una vez por semana, 73 cabezas de ganado mayor y 119 del  menor:

     Las aguas que entran al poblado pertenecen al Municipio, y hay ocho fuentes públicas. A las casas no van por cañerías.

    Hay oficina de Correos y Telégrafos nacional y de Notaría y Registro. Prestan el servicio de Policía, sin uniformar, tres Agentes en el  poblado y doy en la aldea de Guadalupe.

     Las principales industrias son el cultivo del maíz, frisoles, arroz, caña de azúcar y cacao, la minería y la ganadería; ninguna de ellas en  muy grande escala. Tres de las minas son servidas por fuerza hidráulica.

     El catastro le da el valor de $ 237,280 a la propiedad raíz del Municipio, y sus habitantes son 6,363, según el censo de 1912, modificado en 1916; el de 1-870 le daba 4,667 (El censo de 1918 le da 6,805  habitantes). En este año hubo 317 nacimientos, 156 defunciones y 45 matrimonios. De los nacimientos 77 fueron hijos ilegítimos. En 1874 hubo 345 nacimientos, de ellos 53 hijos ilegítimos, 60 defunciones y 57 matrimonios.

     En edificio comprado por colecta pública hay un hospital subvencionado por el Departamento con $ 10 mensuales y por el Distrito con $ 15, manejado por una junta de vecinos, y en el cual se sostienen cinco enfermos.

     El presupuesto de las notas comunes es de $ 7,928, y el de instrucción pública de $ 1.43-97.

     Son propiedades del Municipio la casa consistorial, de dos pisos, con capacitad para todas las oficinas, inclusive las nacionales, y una incómoda e insegura cárcel, dos buenos edificios de dos pisos para las Escuelas urbanas ; otros dos de un piso para las de Guadalupe, casa para oficinas públicas y matadero allí mismo; un lote para edificar otra casa para escuela en Carolina ; un rancho para una Escuela rural; el edificio de la planta eléctrica, y una casita que se compró con el objeto de destinarla a la planta, pero que resultó que no sirvió para ello.

     Las Escuelas son: dos urbanas, con cuatro Maestros cada una: la de niños con 179 matriculados, y la de niñas con 170. Las rurales son dos alternadas, una de varones y una de niñas, con 267 alumnos por junto.

    El alambrado público es empresa del Municipio, quien para establecerlo consiguió un empréstito en Medellín de $ 2,000, al 15 por 100 anual, con un año de plazo, prorrogable por otro. La plaza y las calles tienen 57 focos de 25, 50, 60 y 100 bujías; en las oficinas públicas y en las Escuelas hay 7 focos ; en la iglesia 33, los cuales se dan gratuitamente, pero cuando los particulares celebran fiestas religiosas por su cuenta costean el alumbrado. Los focos tomados por los vecinos son 80, de a 20 bujías, y pagan a $ 0-30 por mes. No hay postes en las calles. La caída que mueve la planta está a dos kilómetros de distancia.

    Al llegar a Carolina encontré el fenómeno de marcar el reloj público la misma hora de Anorí, y digo fenómeno, porque todos los relojes públicos marchan con tal anarquía, que siempre había encontrado entre el de un Distrito y el de su vecino diferencias no menores de quince minutos.

    Los sueldos de los Telegrafistas, cuando no son de oficinas repetidoras o de traslación, son muy reducidos. Muchos de esos empleados están casados y tienen hijos donde sirven el empleo. Sí se les promueve a otra oficina se les obliga a hacer un grave sacrificio. Convendría tener en cuenta esa circunstancia al tratar de nuevos nombramientos, y que para ello se llevara nota en la Jefatura del ramo.

     El territorio del Distrito de Carolina es muy reducido, porque de él se desprendió hace pocos años el Municipio de Gómez Plata.

     Desde Yarumal, Ituango, etc. vengo oyendo a las gentes de los campos quejarse de la mala situación producida por pérdida de cosechas a causa de las lluvias y de la plaga de langosta de hace unos cuatro años, y notando que eso campesinos tienen que ir a la venta del pueblo semanalmente a comprar el maíz y los frísoles para el diario sustento. Pocas semanas hace que cogieron cosechas abundantes de esos cereales, y como no tienen hábitos de orden, ahorro y economía, sacaron todos sus frutos a venderlos en el mercado, a bajo precio, pues había abundancia, porque todos los productores hacían eso mismo al propio tiempo, no reservando casi nada para los días venideros. Los cosecheros de climas cálidos se disculpan de esa imprevisión con la polilla o gorgojo que destruye los granos. Este peligro lo conjuran los habitantes de la Provincia de Caldas, entre Popayán y Pasto, dando un hervor  al maíz todavía sin desgranar y a los frisóles ya desgranados, y así muere el germen de la polilla, y guardan el fruto que necesitan para su  alimento hasta la cosecha siguiente. Nada pierde el grano en sus condiciones nutritivas y de sabor, aunque no sirve como semilla.

     ¡ Cuánto convendría a nuestros campesinos que se les enseñara a  seguir el ejemplo de los habitantes de las cabeceras del Patía!

anterior índice siguiente