ANTIOQUIA
Antioquia, mayo 6 de 1917
Vine prevenido para encontrar aquí ruinas semejantes a las
de Leiva, porque tal es la fama que han esparcido en todo el
Departamento, y aun en Bogotá, los que han trabajado ante los
Representantes de la Santa Sede para que se retiren de su antiguo
asiento el Seminario Conciliar, las comunidades religiosas y la
Sede del Obispado. Sin embargo, yo, que acostumbro fijarme en todo
y hacer comparaciones, puedo asegurar que si no ha progresado la
población desde 1871 que la conocí, tampoco ha decaído de manera
sensible, a pesar de que se han retirado algunas familias de las
más notables para establecerse en Bogotá y Medellín.
Cierto que no es hoy lo que fue hasta 1850, antes de
presentarse la peste que arruinó por completo sus riquísimos
cacaotales, y antes de pasar la cabecera política a Medellín y de
dividir la primitiva Diócesis en dos; pero de las antiguas casas e
iglesias no hay una en ruinas, ni puede mostrarse un lote en que
haya desaparecido un solo edificio. Puede decirse que si no ha
triunfado, al menos no ha sido vencida en la cruel lucha que ha
tenido que sostener con una suerte adversa, lo ha dejado arruinar
los grandes y comodísimos edificios públicos y privados que le legó
la Colonia, pero tampoco ha levantado más de diez de cuarenta. años
para acá. En el de 1871, que estuve la primera vez aquí, no había
mercado público, porque los vecinos se proveían en las tiendas de
todo lo necesario, fuera de que las Familias principales tenían
haciendas que eran verdaderas despensas. Hoy hay mercado semanal,
aunque no muy concurrido y abastecido, y feria quincenal de ganado
de todas clases, algo animada.
De las viviendas de paja que había en la parte baja, en el
extremo oriental del barrio de Santa Lucia, sí han desaparecido
bastantes, y no se han reemplazado.
Para que se forme juicio exacto de lo que es hoy la que fue
cuna en el país de tantas familias ilustres, suministraré algunos
datos tan precisos y completos como me lo permita la premura del
tiempo, y sin que me deje ofuscar por el cariño que tengo a esta
ciudad.
En una cuchilla llana y de suave inclinación, que desciende
hacia el oriente de la Cordillera Occidental, entre el Tumaco, río
grande y torrentoso, y la quebrada de Cardoso, con anchura de unos
300 metros, está edificada la ciudad, que sólo tiene tres cuadras
de Norte a Sur y unas veinte de Occidente a Oriente. Eso por lo que
hace a edificación compacta, que en el descenso al río y a la
quebrada y del otro lado de esta hay algunos edificios de modesta
construcción.
La población fue fundada por Jorge Robledo el 20 de enero
de 1541, en el valle de Ebéjico-no en el vallecito de la banda
derecha del Cauca, donde hoy está la población de Ebéjico, sino en
una de la banda izquierda, donde más tarde se fundó el pueblo de
Frontino,-y el 3 de diciembre de 1542 la trasladó a su actual
asiento el Capitán Juan de Cabrera, a quien debe considerarse como
el verdadero fundador. En 1544 Carlos V le dio el título de ciudad,
y por Cédula de 7 de febrero de 1545 la Reina doña Juana (la Loca)
le concedió derecho al uso de escudo de armas. Entonces dependía de
Popayán en lo político y administrativo, y en 1579 fue separada de
esta dependencia y se creó la Gobernación de Antioquia. El primer
Gobernador fue Gaspar de Rodas. En aquel tiempo el comercio se
hacía con Quito y Lima, por tierra y por la vía de Popayán, y con
Mariquita y Bogotá por la vía de los ríos Samaná y La Miel, poco
más o menos por la que hasta hace poco se llamó camino de la
montuna, del cual dejó imperecedera memoria el pintor Torres en su
cuadros de costumbres nacionales.
Como dato curioso-aunque lo considero muy exagerado, pues
no se conforma con relaciones escritas por cronistas dignos de
crédito que concurrieron a la conquista de estas tierras-copio lo
que dice de Santafé de Antioquia el agustino fray Jerónimo de
Escobar, Procurador y Visitador de la Diócesis de Popayán, en
relación escrito en 1582 próximamente :
"Fue en su principio cuando se descubrió una
provincia muy grande, de grandes señores, donde había más de cien
mil indios; eran muy guerreros unos con otros, comían carne humana,
e había carnicería entre ellos de esta propia carne. A sus propios
hijos los criaban e engordaban para su propio regalo, e guardaban
para se los comer en fiestas e bailes, como quien engorda lechones,
sin necesidad de comidas sino sólo por vicio y enseñamiento del
demonio lo hacían. Habrán quedando como ochocientos indios, e
habían más de seiscientos esclavos, los cuales todos sacan oro en
un cerro famosísimo que llaman los indios Buriticá, adonde ya se ha
sacado gran riqueza; sacase cada año cincuenta, mil pesos de oro;
es tierra adonde hay muy poco orden y justicia, e como está
imposibilitada, por ser la entrada tan peligrosa, ni Obispo en lo
espiritual ni Gobernador en lo temporal castigan los delitos, e así
hay mil insolencias."
En 1679 había llegado a tal extremo la decadencia de
Antioquia, por la competencia que le hacía la naciente villa de
Medellín, cuya fundación fue autorizada por Real Cédala de 26 da
noviembre de ese año, que el 7 de enero los principales vecinos de
la ciudad en representación elevada al Rey Se pidieron que
" se agregue esta ciudad a la villa de Medellín y seamos
de su vecindad en la misma forma que antes los que habitaban en la
villa lo eran de ésta," y daban por razón de su solicitud
que había llegado la ciudad a tanta miseria y aniquilación, pues
se compone de diez y ocho vecinos que es imposible que diez y ocho
vecinos que somos podamos tolerar las cargas de una ciudad cabeza
de Gobierno que ya sólo el nombre le queda.
El Ilustrísimo señor doctor don Juan Gómez de Frías vino de
España como Obispo de Popayán y entró por Antioquia en 1716. Este
territorio hacía parte de su Diócesis, Encontró que no había en la
ciudad una escueta de Gramática, y promovió la fundación de un
colegio a cargo de los Padres jesuitas, La idea fue muy bien
recibida. Don José Blanco, vecino de Honda; entregó al Padre Mateo
Milbela, Procurador de la Orden, $ 40,000 para la fundación del
colegio, y en la escritura que otorgó el -21 de octubre 1720 dijo
que si la fundación no se hacia en el término de diez años, debía
devolvérsele la suma. Algunos vecinos de Antioquia ofrecieron
completar $ 60.000 con la misma condición. Por Real Cédula de 5 de
septiembre de 1723 se concedió licencia para la fundación; los
encargados de hacerla fueron los padres José de Molina y Fernando
de Vergara, quienes presentaron la Cédula en septiembre de 1726 al
Gobernador de la Provincia, Capitán don Jacinto Guerra Calderón,
siendo Alcaldes el Alférez don Mateo de Ceballos y el Teniente
General de Caballería don, Pedro de Toledo y Silva, y Procurador
General don Alejandro González de la Madrid. El Cura cedió a la
comunidad de los jesuitas la capilla que había dedicada a Santa
Bárbara, con todas sus alhajas, y el Obispo de Popayán aprobó esta
donación con la condición de que se celebrara cada año la fiesta de
la Santa. El edificio cedido fue avaluado entonces en $ 7,000. El
Obispo de Popayán, don Salvador Jiménez de Enciso, cedió al colegio
en 1824 $. 300 anuales, Cuando por real decreto de Carlos III, de
27 de febrero de 1767, se mandó expulsar a los jesuitas, se
comisionó para dar cumplimiento a la Real Orden al Gobernador de la
Provincia , don José Barón de Chaves, y entonces sólo había cuatro
Padres, a quienes se expulsó el 1.° de agosto de aquel año.
Desde 1597, se pensó en la erección del Obispado de
Antioquia, pues el 16 de junio de aquel año el Rey Felipe II
preguntó al Presidente de la Real Audiencia don Francisco de Sande
si convendría, hacer la erección, y le pidió algunos informes sobre
la región.
El Oidor y Visitador don Juan Antonio Mon y Velarde solicitó
la erección al Arzobispo Virrey y le informaba que los diezmos de
la Provincia producían anualmente 20,595 castellanos. El sucesor de
este Virrey, señor Ezpeleta, apoyó la solicitud ante Carlos IV, y
éste concedió la licencia el 4 de agosto de 1803. Por Bula de 31 de
agosto de 1804 del Padre Santo, Pío VII, se creó el Obispado, pero
se dispuso que la erección no tuviera efecto mientrasviviera el
Obispo que había entonces en Popayán, de cuya jurisdiccióndependía
Antioquia. Muerto el Obispo en 1809, se nombró para la nueva
Diócesis al doctor Ignacio Arancivia, Canónigo de la Catedral de
Méjico, quien murió antes de posesionarse. Por esto y por la guerra
de la Independencia .que sobre vino al año siguiente, no se
efectuó la erección hasta 1819. El 17 de junio de este año fue
nombrado Obispo fray Bernardo Cano, quien aceptó, recibió las Bula
y se puso en marcha, pero no vino sino hasta La Habana, y de allí
regresó a España, porque el Congreso de Colombia resolvió que no
podía entrar al país si no reconocía la independencia. Después el
señor Cano se encargó del Obispado de Canarias.
En 1808 el doctor don Frutos Joaquín Gutiérrez había
publicado una disertación en que proponía la creación de ocho
Obispados en el Nuevo Reino de Granada, entre ellos el de
Antioquia La situación en que se hallaba el país hizo que se
demorara hasta el año de 1827 la provisión del Obispado. En ese
año se desmembró formalmente de Popayán el territorio de la
Diócesis de Antioquia. y en Consistorio de 21 de mayo fue nombrado
Obispo fray Mariano Garnica y Dorjuela, quien tomó posesión en
Medellín el 12 de marzo de 1828 El señor Garnica nació en
Chiquinquirá en 1770 y murió en Medellín el 16 de agosto de
1832
Para suceder al señor Garnica, el Congreso de 1832 eligió
Obispo aldoctor Juan N. Azuero. y como este sacerdote de ideas
avanzadas y que ni siquiera usaba traje talar no aceptó, las
Cámara eligieron, el 27 de abril de 1834, al doctor José María
Estévez, y el Padre Santo lo preconizó e 19 de diciembre del mismo
año, pero no tomó posesión porque había muerto el 15 de octubre
anterior.
El 13 de marzo siguiente las mismas Cámaras eligieron al
doctor Juan de la Cruz Gómez Plata, y el 24 de julio ratificó el
Padre Santo la elección. Fue consagrado en Bogotá por el
Ilustrísimo señor Arzobispo Mosquera, y el 12 de julio de 1836
vino a encargarse del Obispado El señor Gómez Plata reorganizó el
Seminario, y solemnemente inauguro los estudios el 4 de septiembre
de este ultimo año. En 1840, disgustadoporque el Jefe
revolucionario Coronel Salvador Córdoba, puso presos a dos
sacerdotes, el señor Gómez Plata se fue para Bogotá, de donde
regreso después que la revolución fue vencida y murió en Ríonegro
el 1° de diciembre de 1850.
Para sucederlo nombró el Padre Santo al presbítero Domingo
Antonio Riaño el 13 de enero de 1854 se consagró en Bogotá el 25
demarzo del año siguiente, y el 8 de noviembre del mismo hizo su
entrada,a la ciudad de Antioquia.
Como el señor Riaño se resistiera a someterse a las
leyesde tuición el General Tomas Cipriano de Mosquera lo hizo ir a
Medellín con pretexto de tener una conferencia con él. Después de
ultrajarlo y atormentarlo allí lo confino a Iscuandé en el Estado
de Cauca, a orillas del mar Pacifico e 20 de noviembre de 1862 De
Medellín salió escoltado por fuerza pública, y tras muchas
penalidades en el camino llego al lugar de su destino el 19 de
febrero de 1863. En julio siguiente el Gobernador de Barbacoas le
avisó que podía regresar a su Diócesis; se pusoen marcha, y al
llegar a Popayán el Gobernador de allí le exigió el juramento que
se había resistido a prestar, y como el ilustre Prelado no se
sometiera a esa exigencia, se le retuvo en esa ciudad hasta agosto
de l864, que se le volvió a autorizar para seguir a Antioquia.
Cuando pasó por el Espinal, en el Tolima, el Gobernador José María
Alvarez lo redujo a prisión, y el 2 de febrero de 1865 ese
Gobernador dictó un decreto por el cual extrañó del país al
Prelado. En el Ecuador se le dio asilo, y murió en Quito el 20 de
julio de 1866. El anciano y virtuoso mártir nació en Sotaquirá el
12 de mayo de 1788.
En ausencia del Prelado quedó encargado de la Diócesis, como
Vicario el presbítero Lino Garro, a quien confinó al Chocó junto
con otros sacerdotes el Prefecto Pascual Bravo, porque no
atendieron la exigencia que les hizo de volver a prestar juramento
de sometimiento a las leyes de tuición.
Por Bula de 14 de febrero de 1869 se traslado a Medellín la
cabecera de la Diócesis, se pidió el nombre de Diócesis de Medellín
y Antioquia, y se nombró Obispo al presbítero doctor Valerio A.
Jiménez. y como Auxiliar, con derecho a sucesión, al presbítero
doctor José Joaquín Isaza, Obispo in partibus de Evaria, El señor
Jiménez renunció pronto el Obispado, y se hizo cargo como titular
un Auxiliar. El doctor Isaza nació en Ríonegro el 8 de noviembre de
1820 ; recibió en Bogotá el grado de doctor en Teología, Derecho
Canónico y Jurisprudencia; fue Secretario del Ilustrísimo señor
Arzobispo Mosquera de 1843 a 1846 ; sufrió destierro a Venezuela en
1851, impuesto por el Presidente General José Hilario López, y
murió en Medellín el 27 de diciembre se 1874.
Volvió a encargarse de la Diócesis, que ya era sólo de
Medellín el señor Jiménez, pues por Bala de 29 de enero de 1873 se
habían formado de ella los dos Obispados de Medellín y de
Antioquia. Este quedó muy reducido, y por decreto de 16 de abril de
1875 se le agregó, segregando le de aquél lo que formaba la
Provincia del Norte del Estado de Antioquia, la parroquia de San
Pedro y toda la región del mismo Estado que demora al occidente del
río Cauca.
El 21 de marzo de 1873 fue preconizado Obispo de la
restablecida Diócesis de Antioquia el presbítero Joaquín Guillermo
González ; recibió la consagración en Medellín de manos del Obispo
Isaza el 21 de septiembre del mismo año, y el 25 dé ese mes hizo la
entrada a la capital de la Diócesis.
El Ilustrísimo señor González nombró Rector del Seminario al
distinguido médico doctor José María Martínez Pardo, Durante la
revolución que empezó en 1876 el Congreso dictó la Ley 37, de 12 de
mayo de 1877, por la cual declaró privados a perpetuidad del
derecho de ejercer sus funciones y los extrañó de la Republica por
diez años, a los Obispos de Antioquia, señor González ; de Popayán,
doctor Carlos Bermúdez; de Pasto, doctor Manuel Canuto Restrepo, y
de Medellín, doctor José Ignacio Montoya, al discutirse en la
Cámara de Representantes esa Ley, el Diputado doctor José María
Quijano Wallis, comisionado para conceptuar sobre el proyecto,
rindió informe en que dijo :
".No conozco detalles especiales de la conducta de
los Obispos de Antioquia, pero a buscar por sus pastorales
incendiarias, y teniendo en cuenta que fueron escogidos para el
Estado rebelde, creo muy justo hacer extensiva a ellos la acción de
la ley cuyo proyecto examino."