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El Sur de Colombia y el Ecuador
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Guateque
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De Guateque a Tunja
Tunja
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De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
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Girardot
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Los Progresos de Medellín
Sopetrán
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El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
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SOPETRAN

Sopetrán. mayo 2 de 1917

    Salí de Medellín a las seis y media por el camino llamado del Picacho, que viene a encontrar cerca del llano de Ovejas el departamental que parte de Bello por la cuesta de La Delgadita. Con el tiempo, si se le hacen algunas reparaciones, aquél será el preferido, año que no se aprovecha un trayecto del Ferrocarril Frente al Edén se pasa el río Medellín  por un largo y bonito puente colgante, y después empieza un suave ascenso asta llegar al páramo. En él encontré peones y caballerías cargados con cantinas de leche, que en Medellín se vende a $ 0-05 el vaso chico. También me crucé con algunas cargas de maíz y frijoles que llevaban de aquí, y con unas veinte cargas de aguacates.

    En un punto llamado Gallinazo, casi en la unión del camino que traía con el del Tigre, y muy cerca de la partida del de la Banca, me acerqué a una casa de teja de las de mejor apariencia a hacer preparar de almorzar. Creo que esa es la mejor fonda del camino, y como tal me la recomendaron. Para que se juzgue cómo andan las cosas por estos caminos de Occidente daré algunos pormenores de cómo me fue allí.

    Me recibieron dos mujeres atentas y amables, que estaban fumando tabaco, con las cabezas cubiertas con pañuelos que apenas puede adivinarse que fueron blancos, y eso que por allí hay muchas y cristalinas aguas corrientes. Como atenuante diré que esa meseta es casi tan fría como la Sabana de Bogotá, y que en Antioquia fuman a todas horas y en cualquiera ocupación y circunstancias todas las mujeres del pueblo, inclusive las cocineras y sirvientas de las principales casas, hasta cuando están en los más delicados oficios domésticos. He visto fumando a niños de dos a tres años de edad.

     Las dueñas de la fonda se prestaron con mucho gusto a preparar el almuerzo, pero no había mas que huevos, arepas, chocolate detestable  y café todavía peor, que más parecía agua de panela de color tinto, y un pedazo de yuca. Papas no las había, a pesar de que por allí se produce bien el tubérculo, como pude verlo en diminutas huertas. Pedí.  un tenedor, y resultó que en esa famosa fonda no lo había, ni tampoco cuchillo de mesa. Al sacar utensilios del estuche de viaje fue la admiración de las buenas mujeres: "Siempre es muy curioso, decían; qué queridito es esto, ¡ah ingleses!" El almuerzo me costó $ 0-13, y fue condimentado con preguntas sin fin, porque a las gentes del pueblo que encuentra uno en los campos y caminos tiene que darles cuenta de cómo se llama, de dónde viene, para dónde va, qué negocio tiene, qué hay de nuevo en la capital, y en ocasiones hasta qué hay de la guerra  que " los ingleses" nos van a hacer.

     El camino de la Banca, de pendiente suave, se halla en muy buen estado, pero no es suficientemente ancho. Me pareció estar viajando por los del Departamento de Nariño, que por lo general son los mejores del país, y, sobre todo, me acordé mucho de don Pedro Restrepo Uribe, quien como Presidente de Antioquia fue el iniciador e impulsor de las  variantes de nuestras primitivas vías, que eran todas por las trochas que se abrieron los colonos por las cuchillas y los cerros más elevados  como para buscar puntos de mira para saber a dónde dirigirse. El ejemplo de aquel Gobernante se ha seguido, y hoy los caminos de Antioquia son bastante buenos y desmienten la fama nacional que tienen.

     Después de atravesar por algunas horas la monótona y triste meseta del ancho ramal que separa la hoya del Cauca de la de su afluente  el Porce, empieza el descenso que conduce al valle de Sopetrán y Antioquia por entre campos bonitos, dedicados especialmente a la industria pecuaria. Desde esas travesías, como acá se dice, se domina aquel valle con el majestuoso río que lo atraviesa por la mitad, de Sur a Norte, y los ríos Tonusco y Aurra, que le salen de Occidente y de Oriente,  respectivamente, casi al frente el uno del otro. El descenso de la cumbre a Yumbo por el ferrocarril del Pacífico es muy semejante a este camino.

     Cuando anduve por Boyacá hice notar que allí las mujeres todavía desempeñan el oficio de bestias de carga, y eso no es sólo allá: en estas tierras también encontré algunas con tercios pesados.

     Llegué a Sopetrán a las cinco y media y me alojé en su más recomendado hotel establecido en casa alta y baja, situada en la esquina de la plaza y que tiene en el balcón llamativa muestra..

     Antes de dar algunas noticias de la población pintaré el hotel, pero no vaya a juzgarse por éste de lo que ella es, pues hay aquí familias que viven con comodidad, en casas buenas, grandes y bien amuebladas, y  las hay de vieja alcurnia que sostienen su rango con decoro, y el indumento de las señoras y de los caballeros es como el de cualquiera otra población de tierra cálida en el país. De lo que es indicante el hotel es del aislamiento y de la falta de relaciones comerciales de este pueblo. Algún día, aunque tarde quizá, esta situación cambiará, y entonces , nuestros descendientes encontrarán modo de alojarse más cómodamente.

     No hay en el hotel más comensal permanente que el médico, un joven de Medellín, que se ocupa la parte alta de la casa, a la cual no subí. Allí hay un foco eléctrico, y en la baja otro con larguísimo alambre para que sirva en el comedor, los corredores, la cocina y los cuartos de huéspedes; y no es porque sea caro el servicio de alumbrado, pues una lámpara de diez y seis bujías sólo cuesta $ 0-30 al mes, con la circunstancia de que no cobran nada por la instalación.

     Después de sufrir el consabido e infalible interrogatorio sobre mi nombre, procedencia, destino, etc., se me alojó en una pieza baja, donde hay tres camas tendidas de tal modo que me llené de temor de que no llegara el equipaje; comí casi tan mal como en la fonda de El Gallinazo Como el peón no llegó al fin, tuve que resignarme a que me prepararan una cama para pasar la noche. Los tendidos eran tan sucios que sobre ellos pase la ruana y me abrigarme con la toalla de baño que traje sobre la montura, y eso que sacaron a relucir la única sábana que me dijeron que tenían limpia. Porque la lámpara eléctrica la necesitaban en otros lugares, me pusieron una vela de sebo, pues no había en el hotel una sola bujía de otra clase.

    El peón llegó tarde al día siguiente, y me apresuré a abrir el equipaje para sacar los útiles de aseo en primer término. Entonces fue de verse la admiración de la señora de la casa, la cocinera, la sirvienta y dos niños chicos que me rodearon, todos ellos fumando, a curiosear lo que traía, catres de viaje sí conocían porque unos ingenieros antioqueños que pasaron para el Chocó los traían; pero les eran desconocidos otros objetos de esos que cargan en el resto del país hasta las personas no muy acomodadas.

    La señora de la casa me preguntó si yo era "muy rico," y la cocinera que si era inglés. Para no recargar demasiado los colores de este cuadro, agrego que para escribir tuve que servirme de la mesa del comedor, porque no había otra en toda la casa.

    La población no ha progresado casi nada de veintiséis años a esta parte : bien pocas serán las casas que se han construido desde entonces. Las calles con las mismas; tortuosas, estrechas, pendientes. Por lo que se ve en almacenes y tiendas, el movimiento comercial debe de ser reducido.

    La iglesia, con dos torres no desairadas, es de tres naves, grande, muy aseada, con elegante altar, buen pavimento, pocas y muy  regulares imágenes, muchas bancas decentes y tantos reclinatorios que me figuro cómo será el desorden que hacen las señoras para escoger y colocar los suyos cuando asisten a una función religiosa. También tiene reloj público con campanas muy sonoras, que dan hasta los cuartos de hora.

    En la plaza principal, que tiene pila con abundante agua, se celebra mercado diario no muy abastecido; el de los domingos lo es mucho y de gran concurrencia. Hay algunas hermosas ceibas y varios frondosos mangos llenos de fruto maduro.

    La población está edificada en un recodo que hace el poco llano valle en la, salida de la torrentosa quebrada La Sopetrán.

    Las rentas comunes del Municipio están presupuestas para este año en $ 8,779-60, y las de instrucción pública en $ 2,387-11.

    Hay ,buen alumbrado eléctrico establecido por una Compañía particular, de la cual es accionista el Distrito. No se cobra nada por instalar el alumbrado en casas particulares, y sólo $ 0-30 mensuales por el servicio de toda la noche por lámparas de diez y seis bujías. Para el alambrado de las calles y de las oficinas públicas hay 65 focos de a 40, 60 y 100 bujías, por el cual paga el Municipio $ 60 por mes. Los alambres de la luz no están en postes que estorben el tránsito en las calles y den a éstas feo aspecto, porque ese es privilegio exclusivo de la capital de la Nación.

    Hay hospital bien servido por tres Hermanas de la Caridad, en el cual el término medio de enfermos es doce, y se halla establecido en, local capaz que con tal objeto donó don Anacleto Velásquez. La Nación lo auxilia con $ 15 mensuales; el Departamento con $ 25, y el Municipio con $ 20. La instrucción pública marcha bien, pues cuenta el Municipio con una escuela superior de varones y otra de mujeres; tres de primeras letras para varones y dos para mujeres, todas urbanas, con 1,172 alumnos; las rurales son dos de varones, dos de niñas y once alternadas, con 578 matriculados. Todas las escuelas urbanas están instaladas en buenos locales de propiedad del Municipio, quien también posee cómodos edificios para todas las oficinas públicas. El de la casa consistorial, que es grande y de dos pisos, situado en la plaza, fue reedificado hace poco con recursos que suministró el Departamento, no sé en qué forma y condiciones. Hasta antes de esta reconstrucción se veían en las barandas  del balcón las señales de las balas de la descarga que mandó hacer Vicente Cardona (a. Calviché) en mayo de 1854 contra el Gobernador de Antioquia José Justo Pavón, y causó la muerte de éste, porque al fin se decidió contra la dictadura de Meló. También murió a causa de esa descarga Manuel María Mesa, Secretario de Pavón.

     Sopetrán tiene 10,590 habitantes, según el último censo (El de 1918 le da 10,084.); en el catastro su propiedad raíz está avaluada en $ 308,132 ; la altura sobre el nivel del mar es de 850 metros, y la temperatura de 25.°

     La principal industria del Municipio, casi la única, es la agricultura, además, en todas las casas de gente no muy acomodada se ve a hombres y mujeres ocupados en la fabricación de sombreros de iraca para el consumo en diferentes lugares dé la Nación y para la exportación.

     Las casas algo retiradas del centro son casi todas de paja, como no pocas de las más centrales ; tienen grandes solares con graciosas cercas de limoneros entretejidos, llenos de frondosos árboles del pan, cocoteros, mangos, aguacates, mameyes, nísperos, mamoncillos, zapotes, naranjos y toda suerte de árboles frutales de tierra caliente.

     Por el color de los vecinos se ve que Sopetrán es buen clima, aunque hay bastante carate. Los negros no son allí muy abundantes, pero si se nota bastante la influencia de la sangre indígena en la gente del pueblo.

     Probablemente el nombre de la población le viene del de la imagen muy venerada que hay en su iglesia y es conocida con el de Nuestra Señora de Sopetrán. El origen y procedencia de esta imagen son los siguientes : por allá de 1665 a 1675, estando de paso por el caserío que había aquí el Gobernador de la Provincia de Antioquia, don Diego Radillo y Arce, enfermó gravemente una hija suya, y para que recuperara la salud hizo el voto de hacer traer una copia de la imagen de la Santísima Virgen que se venera en España en la población de Sopetrán, de Castilla la Nueva, a cuatro leguas de Guadalajara, desde 1017, año en que se apareció al Infante Petrán, hijo del Rey moro de Toledo, y lo convirtió al catolicismo. La niña del Gobernador curo de su dolencia, y se cumplió la promesa hecha.

     Sopetrán figura como parroquia desde 1793. Sin embargo, don Francisco Silvestre, Gobernador que fue de la Provincia, dice en relación escrita en 1776 que en Sopetrán había Cura y 50 tributarios.

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