LOS PROGRESOS DE MEDELLIN
Medellín, mayo 20 de 1917
Quisiera hablar de todas las mejoras realizadas en Medellín
en los últimos veinticinco años, pero eso sería cosa de nunca
acabar, y no me alcanza el tiempo ni aun para conocerlas. No es la
más saliente muestra de progreso de la ciudad el que se haya
triplicado o cuadruplicado su población y el área, y el que por
dondequiera que uno pasa encuentre numerosas quintas y casas más
bellas, cómodas y lujosas que las anteriores: consiste, a mi modo
de ver, en la realización de ciertas mejoras de carácter público,
y, sobre todo, en su organización.
Antes no había en la ciudad una plaza especial destinada al
mercado o feria, y se celebraba en su principal, que hoy se llama
de Berrío y tiene en el centro una buena estatua del ilustre
gobernante (obra de Anderlini, discípulo de Tenerani, y contratada
por don Emiliano Isaza en Roma), rodeada de bonito jardín con
verja.
Hoy hay una extensa plaza cubierta, que tiene cinco anchas
galerías, de altos y sólidos techos, que van de Oriente a
Occidente, y otras tres que las comunican, de Norte a Sur, por los
extremos y por el centro, tan cómodas y capaces, que no se ve una
sola venta de víveres fuera de ellas. Tiene también una graciosa y
abundante fuente pública.
La plaza está edificada en el extremo sur de la ciudad, por
donde ésta se ha extendido menos a causa de que los terrenos por
allí son bastante húmedos. A pesar de esto, de que el barrio
contiguo es de los menos consumidores y de que dista de 1 a 3
kilómetros de lo más populoso y rico, no hay otra plaza de mercado
en Medellín. Esto sencillamente porque el espíritu práctico de este
pueblo ha hecho que no es necesite otra, a pesar de que las señoras
no hacen las compras y de que el servicio interior de las casas es
de lo más malo imaginable y no se encuentren servicio o pajes que
convengan en cargar un canasto de víveres. Es que en todas las
calles, casi en todas las esquinas, se han abierto grandes
almacenes de víveres y otros artículos de consumo diario, llamados
graneros en los cuales se encuentra del todo lo que hay en la plaza
y pueda necesitarse, al precio del mercado, si no a menor, porque
esos graneros pagan un bajo impuesto, al paso que en la plaza lo
pagaría. alto cada artículo, por el espacio que ocupara. Los
empresarios de esos almacenes reparten en las casas libretínes de
órdenes para que se les pida lo que necesite el consumidor, y todos
tienen teléfono para atender los pedidos y enviarlos a domicilio
sin recargar el precio y casi siempre sin pago al contado.
Los graneros no pagan impuesto alguno si sólo venden
víveres del país, pero como en todos ellos hay de los demás
artículos de consumo diario en los hogares, pagan de $ 0-50 a $ 3
por mes; si tienen también expendio de licores, entonces el
impuesto varía entre $ 1 y $ 20, según la categoría de la cantina ;
pero las cantinas gravadas con más de $ 5 son sólo los lujosas. El
uso de la chicha, que nos introdujo la invasión de 1876, y que
estaba bastante generalizado, se ha eliminado hasta el extremo de
que ya no hay en la ciudad sino una solachichería, la cual paga $
20 anuales por derecho de matrícula y $ 20 mensuales de
impuesto.
En 1894 se dio al servicio esta plaza en virtud de contrato
celebrado por el Concejo con la familia Amador. Las principales
condiciones del contrato fueron: privilegio por veinticinco años
en un radio de diez cuadras, con derecho a cobrar por los puestos
que se ocupen con tendidos o con mesas, a razón de $ 0-05 diarios
por metro cuadrado o fracción, y de $ 0-10 si se ocupan con cómodas
o tiendas. Por su parte los empresarios se comprometieron a dar al
Municipio del 20 por 100 del producto bruto y a entregarle la
plaza, sin que tuviera que pagarles un centavo, al vencimiento de
los veinticinco años. Compárense las condiciones de este contrato
con las ruinosísimas convenidas para la plaza de Girardot. El
plazo no se vence hasta el 22 de junio de 1919, pero el Concejo
celebró este año, con mucho acierto, un contrato con los
empresarios, por el cual se le hizo la entrega el 22 de abril
pasado, mediante el pago de $ 29,120, por los meses que dejan de
beneficiar el negocio, y entran en la cesión de la plaza cuatro
pajas de agua y las instalaciones de luz eléctrica y teléfonos.
Otra obligación que contrajeron los empresarios, y
cumplieron, fue la de abrir las cuatro avenidas que rodean la plaza
y varias calles adyacentes. entre ellas una muy larga y ancha que
va hasta el río y es hoy la vía más directa y cómoda para ir al
rico poblado de América Todas esas calles están llenas de fábricas,
almacenes y viviendas confortables.
Al recibir el Concejo la plaza implantará grandes mejoras
en lo material y en su reglamentación, y destinará sección especial
para el expendio de carnes, o hará una nueva plaza que tenga todas
las condiciones higiénicas necesarias.
Antes de establecerse esta plaza construyó una el señor
Rafael Flórez, de Bogotá, pero hubo que abandonarla porque a causa
de sus condiciones no concurrían a ella los vivanderos, y al fin la
compró el Municipio y la adaptó para escuelas.
La instalación telefónica data del 1.° de junio de 1915, en
virtud del contrato de opción celebrado por el Municipio con una
compañía antioqueña, que está dividida en seis mil acciones de a $
10, de las cuales suscribió él 3,600. La concesión, sin privilegio,
se hizo por cuarenta años, pudiendo el Distrito adquirir la empresa
a los dos, mediante el pago del 12 por 100 de interés sobre el
capital invertido, más el 10 por 100 sobre las utilidades habidas,
o a los diez años dando solamente el 10 por 100 de prima.
De las utilidades, que en los dos años han sido más de $
30.000, la Compañía ha empleado una parte en mejorar la empresa, y
tiene una reserva que pensaba destinar a pedir una instalación más
poderosa, y que en lugar de eso repartirá como dividendo, a razón
del 50 por 100 por cada acción.
El Concejo resolvió ahora hacer uso del derecho de opción
que se reservó, y en tal virtud en junio próximo recibirá la
empresa, y con lo que le corresponde como dividendo por las 3,600
acciones casi alcanzará á pagar lo que se debe a los otros
accionistas.
Las líneas del teléfono van subterráneas, en casetas de
material, pues aquí no hay en las calles postes que estorben.
Los aparatos colocados son sólo 989, porque la instalación
no tiene potencia para más, y de esos hay 20 en los campos, hasta a
15 kilómetros de distancia. Hay demanda de cerca de 400 aparatos
más, los cuales no podrán instalarse hasta que venga una planta más
poderosa que pedirá el Municipio.
Cada aparato pega $ 2 en casas particulares y $ 2-60 en
oficinas públicas o privadas. Por el contrato primitivo se concedió
al Municipio el uso gratuito de 15 aparatos, y las demás entidades
pagan los suyos.
El local de la planta, que costó $ 7,000, ha duplicado de
valor en los dos años.
Medellín, mayo 22 de 1919
Medellín ha llevado a feliz término muy valiosas obras de
mejora por iniciativa pública y privada; pero a pesar de que sus
rentas, $ 265,614, son tan altas como las de algunos departamentos,
y aun más, y tiene propiedades muy valiosas, ha descuidado algunas
obras de absoluta necesidad, como la del acueducto y
alcantarillado, y otras de capital importancia, como la
construcción de un edificio para oficinas públicas, pues las del
Distrito están alojadas en piezas que apenas serían pasables en una
pobre parroquia. El salón de sesiones del Concejo y su mobiliario
me causaron vergüenza, y mucho más después de haber conocido otros,
como el de Honda, por ejemplo. Mis paisanos se disculpan con el
proyecto que tienen de edificar un gran palacio municipal y pedir
entonces un rico mobiliario al Extranjero, para lo cual están
levantando los planos y cuentan con un lote de casi media manzana
en, el centro de la ciudad.
Lo más lamentable no es la falta de agua, que la hay en
relativa abundancia, sino la malísima condición de sus cañerías y
carencia de alcantarillado. Los acueductos y desagües son
superficiales, como eran los de Bogotá antes de que don Higinio
Cualla y don Ramón Jimeno dotaron a la capital de alcantarillas y
acueducto.
Aquí ahora, como entonces en esa ciudad, y en mayor escala,
las aguas de consumo que van a las casas llegan mezcladas con las
de los desagües, porque las cañerías de unas y otras fueron
construidas por peones ignorantes, empleando en ellas de los únicos
atanores y adobes que se fabrican en esta tierra, que son de
arcilla de tan mala calidad que la humedad del subsuelo los deshace
y el paso de un carro por las calles los rompe. Esta es una de las
principales razones para que no tenga tranvía ciudad tan extensa y
rica y de tanto movimiento como Medellín, pues se alega que el peso
de los carros destruiría todas las cañerías.
En 1913 el Concejo contrató en Francia al ingeniero
hidráulico M. René Rigal, quien hizo un detenido estudio y presentó
informe detallado respecto a la manera de hacer el acueducto en
Medellín. En ese informe propone traer el agua de la quebrada de
Piedrasblacoas, a 15 kilómetros de distancia de Medellín, tomándola
de un lugar que está a 2,330 metros de altura sobre el nivel del
mar (Medellín está a 1,479), y especifica el modo de distribuirla,
establecer depósitos, filtros, desagües y alcantarillas, y aun la
tarifa.
Con algunas modificaciones aceptó el Distrito ese proyecto,
y para arbitrar fondos para su realización emitió el año pasado un
empréstito de $ 400,000 en oro inglés, garantizado con todas las
rentas municipales, cuyo producto debe invertirse exclusivamente en
la construcción del acueducto.
Por no necesitarse por el momento toda la suma solicitada,
sólo se ofreció a la Suscripción pública la de $ 100,000, que
fueron cubiertos inmediatamente en Medellín, y se habría suscrito
la totalidad si el Concejo no hubiere resuelto reservar los $
300,000 restantes para ofrecerlos a medida que lo exijan los gastos
de la obra.
Las principales condiciones de esta operación, que tanto
honor hace al crédito y al tino del Municipio, y que es la primera
de esa naturaleza que se celebra en Colombia, son las
siguientes:
El empréstito se ofrece en cuatro series de $ 100,000, en
bonos de diferentes valores marcados así: A, 1,000 bonos de a $ 50,
B, 1,250 de a $ 20, y C. 2,500 de a $ 1 .
Si las solicitudes exceden-como excedieron-de la cantidad
ofrecida, la distribución se hace a prorrata entre los
solicitantes, pero no 80 admiten en el prorrateo las particiones
de menos de $ 50. Los bonos son al portador y ganan un interés del
10 por 1000 anual, pagadero por trimestres vencidos, y se destinan
$15,000 anuales para el pago de los intereses y amortización del
capital. De esta manera el empréstito de cada $ 100,000 queda
totalmente amortizado en once años y medio.
También apropia el Municipio la suma anual de $ 800 por cada
serie, para el pago de premios de dos sorteos semestrales de a $
400 que se hacen entre los bonos emitidos, en esta forma: los $ 400
se distribuyen en ocho premios de a $ 50, que se rifan cuatro entre
los bonos de la letra A y dos entre cada una de las letras B y C.
Los que resulten favorecidos por la suerte reciben el valor del
respectivo premio junto con el capital que representan. Ya se han
hecho dos sorteos.
Cada bono lleva adheridos los cupones de los intereses
correspondientes a los cuarenta y seis trimestres, y son cubiertos
por un Banco respetable, al cual confía el Municipio el manejo de
la operación.
El Presidente de la República autorizó al Municipio para
emitir el empréstito en la forma dicha.
Con mucho acierto dispuso el joven Ingeniero de la Empresa,
doctor Mariano Roldan, graduado en la Escuela de Minas de
Antioquia, que el agua se traiga del lugar convenido en cañería de
hormigón armado, en cantidad de 30,000 metros cúbicos en las
veinticuatro horas, por un trayecto de 7 kilómetros; de allí se
hace una caída de 550 metros de altura, que dará unos 1,500
caballos de fuerza efectiva, la cual podrá utilizarse con
grandísima ventaja para muchas industrias, si el contrato de la luz
eléctrica no lo impide, como lo temo.
Al pie de esta caída se pondrán los filtros, y desde allí
se traerá el agua a los estanques de repartición por cañería
cubierta de hormigón armado, en un trayecto de 4 kilómetros. De
esta manera se reduce a 11 kilómetros, incluyendo la caída, el
espacio de la bocatoma hasta los estanques de repartición.
El ingeniero M. Rigal presupuso $ 340,000 para traer el
agua a los estanques y $ 120,000 para el establecimiento de los
filtros; para construir los estantes de repartición, $ 165,000, y $
630,000 para la distribución urbana.
Por los gastos hechos, pues la obra adelanta con rapidez, y
por presupuestos posteriores, bien formados, se ve que la obra no
costará más de $ 230,000, es decir, $ 234,000 menos de lo que se
presupuso primitivamente. Pero esto sin contar el costo de los
estanques, que se calcula en los. mismos $ 165,000, ni el de la
distribución urbana, cuyo presupuesto no se ha formado por falta de
datos para hacer el cálculo.
Esta economía, con la cual mejorará el servicio de aguas y
se obtendrá una energía de Incalculable valor, se debe en primer
término a los ingenieros Mariano Roldan y Alejandro López.
La empresa del acueducto es manejada por una Junta
autónoma, oreada por el Concejo, Junta que consta de tres miembros,
a los cuales se paga a $ 3 por sesión.
Todas las demás empresas de mejoras materiales del
Municipio se manejan en la misma forma, por caballeros patriotas
que toman vivo interés por el progreso de la población, a ejemplo
de don Ricardo Olano, que es el eje y la más poderosa palanca del
adelanto de Medellín.
Aunque la quebrada de Santa Elena tiene caudal más que
suficiente para traer con facilidad y economía el agua que pueda
necesitarse durante muchísimos años, por más que crezca la
población, hubo que ocurrir a buscarla en Piedrasblancas, porque
un contrato inconsulto. y perjudicialísimo para la ciudad,
celebrado con la Compañía de Alambrado Eléctrico, no permite hacer
uso de aquella agua.
Para que se juzgue lo que es el tal contrato sólo diré que
para el servicio de una lámpara se pagan $ 2 mensuales, pero si el
pago se hace antes de empezar el mes, esa cuota se reduce a $ 1-50.
Para las instalaciones de varias lámparas hay medidores, y entonces
el servicio viene a costar $ 0-50 o $ 0-60 por cada foco, pero eso
sólo cuando la luz no se tiene encendida más de cuatro o cinco
horas por noche, que si el consumo pasa de este tiempo, entonces
aumenta considerablemente el valor.
Hay en Antioquia veinticinco poblaciones que tienen servicio
de luz eléctrica, y en ninguna de ellas se estableció en
condiciones tan gravosas como las de Medellín, En las que más, se
cobra a $ 0-50 mensuales por foco, y en varias sólo $ 0-20 o $
0-30. Ya tienen contratados montajes de plantas y empezados
trabajos veintiséis poblaciones del Departamento.