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ESCÁNDALOS EN EL RIO MAGDALENA

 

Puerto Wilches, marzo 25 de 1917

    Terminé las diligencias que me trajeron a este puerto, y para matar el tiempo mientras llega un vapor que me suba a Puerto Berrío, voy a referir un hecho escandalosísimo ocurrido hace tres meses completos, pero que no es único en la historia de la navegación del Magdalena, pues no ha mucho tiempo naufragó a tres leguas de aquí el vapor Palmar, y para robar la carga que conducía lo asaltaron los laderanos (como llama a los habitantes de las riberas) y si el Capitán no huye lo asesinan porque trató de defender las mercancías, las cuales fueron robadas casi íntegramente. Parece que poco más o menos eso mismo ha sucedido siempre que ha naufragado un buque en el Magdalena, porque las autoridades ribereñas, en lugar de prestar auxilio a los náufragos hacen causa común con los piratas, pues esos delitos no tienen ni han tenido sanción de ningún linaje, y nuestra legislación sobre navegación fluvial, que he tenido que estudiar ahora, es de lo más deficiente y disparatado que existe.

     El hecho a que me refiero es el siguiente:

    El 25 de diciembre naufragó en el caño de Cañongal, frente a este puerto, el vapor San Marcos, de propiedad de una Compañía radicada en la Costa, y de la cual es principal accionista un antioqueño, y lo era también el Capitán que manejaba el barco. Este Capitán empezó por nombrar un salvador, después se hizo nombrar a sí mismo por la tripulación, de todo lo cual dejó constancia en su protesta, y más tarde nombró por su propia cuenta a un pobre muchacho que trabaja por acá.

    Empezó el Jefe del barco por arrojar al agua carga de la que había en la bodega de proa, que estaba haciendo agua, pero prontamente se acercaron a bordo infinidad de canoas de los vecinos que tenían noticia del accidente, y entonces, en lugar de botar la carga al agua, se paraba a esas canoas por todos los empleados superiores y subalternos del buque, ofreciendo a los que las tripulaban  darla en compañía con ellos o mediante una participación que no bajaba de la tercera parte. Entusiasmados con lo que hacían, los empleados del vapor se dieron a pasar a las canoas la carga que había en popa y en los dos bongos de remolque, con pretexto de salvarla, y en las mismas condiciones de la otra. Unas de esas canoas huían con su carga río abajo, sin que nadie lo impidiera otras la traían a la playa, donde se la robaba la gente que había acudido de todas partes, y otras llevaban a sus ranchos o  vendían a cualquier precio el botín.

     El Alcalde da Puerto Wilches, acompañado de un vecino con el  carácter de Secretario ad hoc, se presentó a bordo, escribieron la protesta del Capitán que ordena la ley y no impidieron en lo mínimo los escándalos que se estaban cometiendo, sino que se dedicaron a comprar  a precios ruines las mercancías que recibían las canoas.

     El Capitán dio aviso por telégrafo del fracaso ocurrido, y entonces vinieron de Puerto Berrío el Inspector Fluvial y algunos» negociantes, entre ellos un individuo que traía recomendación de una Compañía de  Seguros de tratar de defender la carga asegurada por ella. El primero llegó a bordo del baque naufrago sin acercarse siquiera al puerto, no.  hizo más que dirigir una nota al Alcalde para pedirle unos comisarios que debían ponerse a órdenes del Capitán, y regresó a las pocas horas  en otra embarcación que sabía: así dio cumplimento a sus graves deberes. El recomendado se dedicó a comprar mercancías a menos precio y a enviarlas al interior. Al mismo tiempo se presentó un representante de  Compañía poderosa de Antioquia y compró gran parte de la carga de la misma Compañía, que venía, asegurada. Entiendo qua el seguro se pagó a pesar de que este hecho que implica una complicidad o un auxilio a los detentadores de la cosa asegurada ; ese procedimiento tal vez hace  perder el derecho a cobrar el valor de lo aseglarado.

      Algunos vapores, con conocimiento de lo que ocurría, se prestarona transportar en diferentes direcciones la carga robada; pero otros,como el Medellín, se negaron noblemente a ello.

      Parte de la carga, como 196 caja de petróleo, la llevaron a venderen Honda ; allí la embargaron primero el Alcalde y después el Inspector Fluvial, pero ambos funcionarios tuvieron que levantar los embargos y entregarla al individuo que la llevaba del teatro del siniestro,  porque así lo ordenaron terminantemente por telégrafo el Ministro de "  Obras Publicas y el Intendente de la Navegación Fluvial desde Barranquilla. Ese individuo vendió prontamente su presa a bajo precio y  regresó.

      El Alcalde de Puerto Berrío también hizo algunos embargos de carga entrada a Antioquia, y tuvo que obedecer iguales órdenes del   Ministerio. Quedaron pues desamparados en virtud de órdenes superiores los derechos de las Compañías aseguradoras y los de los dueños de la mercancías no asegurada.   

      Según conocimiento de embarque y relación de carga salvada que tengo a la vista, y con documentos auténticos, el San Marcos tomó en   Cartagena 4,041 bultos (quién sabe cuántos más en los puertos de tránsito), el Capitán salvó 909, y 513 el salvador Paulino Cortés, nombrado oficialmente por el Capitán y la tripulación. De los 909 el Capitán depositó en la bodega de Sogamoso 723, y no se sabe qué suerte corrieron los 186 bultos restantes. De lo que aparece salvado por Cortes no se  tiene más noticia que la de las ventas hechas por éste a diferentes personas. Documentos auténtico que tengo a la vista. procedentes del  Capitán del buque dicen que se perdieron en el naufragio 2.525 bultos.   Por diligencias oficiales que he estudiado, por declaraciones  de muchos de los autores del hecho y por informes verbales de numerosas personas, sobre todo lo cual baso la relación que he hecho, puedo asegurar que casi la totalidad de esa cantidad de bultos no se perdió en el agua sino en manos de los empleados del buque, de los salvadores y de los vecinos de estas playas, entre los cuales casi los únicos que no resultan comprometidos son don Agustín Núñez M. y los empleados del Ferrocarril.

     En poder del Juez Municipal, en su carácter de particular, había  depositado algún individuo 50 bultos, y así los han salvado ahora  las Compañías aseguradoras, debido al celo del actual Alcalde, General Antonio Arenas.

     En la bodega del ferrocarril, en el kilómetro 20, hay 80 cargas de  petróleo y 7 de puntillas, procedentes del vapor San Marcos, que negociantes de aquí enviaban al interior de Santander, casi todo asegurado por las Compañías de Bogotá. Se espera orden del Gobernador para que el Bodeguero entregue esa carga al representante de éstas.

     Algo parecido a lo que he relatado ocurría con frecuencia con la carga que las canoas transportan por los ríos Lebrija y Sogamoso, con la circunstancia de que algunos de los naufragios pueden no ser ocasionales.  Hoy los empresarios de esa navegación hacen grandes esfuerzos por moralizarla.

     Aquí entre la gente del pueblo se hablado algo misterioso relacionado con dos baúles que traía el San Marcos, y los cuales no figuran en los conocimientos de embarque ni en documento alguno. Emilio Jaramillo, salvador extraoficial nombrado por el Capitán, me informó que cuando funcionaba como salvador oficial Paulino Cortés, sacó él (Jaramillo) del fondo de las bodegas dos baúles americanos, muy finos pesados que había debajo de toda la carga, y como Cortés exigiera que se le diera uno de ellos, el Capitán se disgustó con él, lo despidió y nombro en su reemplazo al mismo Jaramillo; éste también pidió que se le diera uno de los baúles, como salvador que había sido de ellos, y el Capitán se denegó alegando que eso no tenía valor para él porque no eran más que muestras de un agente viajero. Alrededor de esto se han hecho muchas leyendas, que tal vez carecen de fundamento firme. Sin embargo sé que de Barranquilla vino una Comisión especial de la Gendarmería o de la Policía Nacional a hacer investigaciones sobre esos baúles.

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