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HONDA

 

Honda, marzo 14 de 1917

    Bien merece esta ciudad que se dé noticia circunstanciada de ella; pero he tenido poco tiempo para estudiarla, y me falta el necesario para escribir las observaciones que he hecho.

    La Conozco hace más de treinta años, y puedo asegurar que carece en absoluto de fundamento la voz general de que está en decadencia, de que el ferrocarril por una parte y por otra Girardot, han arruinado su comercio. La regularidad en la navegación en el Bajo Magdalena, la mayor frecuencia de arribo de vapores de mar a nuestros puertos, los correos de encomiendas y los numerosos agentes viajeros que vienen en representación de casas extranjeras, han dado muchas facilidades para hacer importaciones y exportaciones, y eso ha contribuido a que ya no sea Honda, como antes, casi el único depósito de mercancías para surtir infinidad de plazas, muy consumidoras, que hoy introducen directamente lo que necesitan, ni sea el único mercado de frutos de exportación  de la mayor parte del valle alto del Magdalena.

    Por eso desaparecieron aquellos grandes almacenes que hubo ; pero ahora hay más almacenes y tiendas más abundantes, de más variado surtido y más movimiento comercial que antes. Las ruinas que se veían en algunas de las calles principales han sido reemplazadas por elegantes y sólidas casas de dos pisos, y aun de tres, y sólo se ven diminutas ruinas en calles excusadas. Por parte alguna se encuentran gentes desocupadas, perdiendo el tiempo en parques y esquinas; en lugar de dos malos hoteles que había antes, hay 5  bastante buenos y otros de segunda categoría. Hay una trilladora de café, de Isaac Hermanos, servida por motor de petróleo, y otra de José Frías; dos fábricas de jabón, de Eduardo Escobar e Ignacio Valdiri; un colegio de señoritas regentado por las Hermanas de la Caridad, y dos de varones, a cargo uno de ellos de los Hermanos Cristianos ; tres escuelas públicas de varones y otras tres de niñas; cuatro imprentas en que se publican cuatro periódicos, un buen hospital, servido por las Hermanas de la Caridad, donde hay siempre de sesenta a ochenta enfermos; una fábrica de hielo, que lo vende a dos centavos la libra. Manuel I. Navarro esta construyendo un teatro de muros de concreto, y hay otro muy modesto, pero que tiene palcos platea y galería. Pedro A. López, cuyo retrato luce en la sala de sesiones del Concejo, como merecidísimo tributo de agradecimiento y admiración,  donó al Municipio un gran puente de hierro, que está colocado sobre el caudaloso río Gualí, y pronto tendrá terminado el montaje de una planta eléctrica para dotar de luz a la ciudad, y con esa misma fuerza moverá un molino de trigo, cuyo edificio está levantando. Hay buen acueducto, de propiedad del Municipio, cuya agua se facilita a las casas de los vecinos a razón de $ 0-66 mensuales los tres cuartos de pulgada.

    De casi nada de esto-que es muestra real de progreso-había antes. Pero hay todavía otras pruebas de que Honda ha sabido contrarrestar el mal que a su desarrollo le causó el paso del ferrocarril, la consiguiente suspensión del tráfico por la vía de Guaduas y el establecimiento del cable aéreo para Manizales: el Municipio tenía depositada en los bancos de Bogotá la suma de $ 15,000 oro, de los cuales retiró hace poco $ 6,400, para dar cumplimiento a un acuerdo municipal que crea una Junta respetable encargada de edificar una plaza de mercado cubierto sobre los escombros que dejó el terremoto de 1805 en lo que fueron iglesia y convento de San Francisco. El resto de aquella suma sigue en depósito para invertirlo a medida que adelanté la obra. Las rentas del Municipio produjeron $ 20,078-42 el año pasado, y después de pagar con toda puntualidad los gastos del servicio público, en febrero último quedaron en la caja de la Tesorería $ 595-34. La casa consistorial, en que están las oficinas públicas, es un buen edificio de dos pisos, como lo es, además de muy segura, la cárcel, donde están los célebres calabozos de la época colonial, llamados La Ciega, la cual visité ahora como un tributo a la memoria de mi padre, quien estuvo allí preso en la revolución del 1860 y cantó el calor de Honda. En la plaza de América, donde está el centro más valioso del comercio, hay un diminuto parque, y en la del Carmen, un modesto monumento que recuerda el cementerio de la independencia. Tiene el Municipio Cuerpo de Policía uniformado, de diez y seis plazas, y eso a pesar de que hay veinticinco de la nacional, otros veinticinco de la departamental y medio batallón de la fuerza pública. Además del puente donado por el señor López, hay sobre el Gualí otro grande de hierro, construido en 1872 en el mismo lugar en que existió el del Diamante, de construcción española, que destruyó el terremoto de 1805, y dos de la vía férrea.

     El Gualí, que pasa por el centro de la población dividiéndola en dos, era antes de aguas cristalinas, pero por los trabajos de empresas mineras en la cordillera baja. tan sucia y llena de tierra el agua de unos treinta años a esta parte, que ya no se la puede emplear ni aun para baños y lavado de ropa. Recuerdo que en un Congreso propuso cierto Diputado que se expidiera una ley que prohibiera el laboreo de las minas en las cabeceras del río para evitar que se enturbiasen las aguas.

     La población formaba antes un solo Curato, con la iglesia del Carmen por parroquial; destruida ésta por el terremoto del siglo pasado, se habilitó la capilla del Rosario, en la parte alta de la ciudad, hasta que en 1846 la reconstituyó el médico doctor Alejandro Aguduelo, pero su torre no fue construida hasta 1876, y en ella se colocó un reloj público donado por el señor Gregorio Castrellón.

     Esta iglesia es muy chica, fea, desmantelada, con altares, nichos y estatuas de una pobreza desconsoladora, lo cual no es de extrañar, porque cuando uno va allí a los oficios divinos se encuentra casi solo. Al lado tiene una regular plazuela con pila y el monumento del centenario, a la cual dará frente la iglesia que ha empezado a construir el Cura, doctor Gallego, de proporciones dignas de! poblado.

     La capilla del Rosario recibió algunas mejoras a fines del siglo pasado, y se la dotó de un reloj donado por Florentino Delgado. Ahora es parroquial de uno de los dos Curatos que forman la población.

     En lo que se llama La Popa, en las afueras de la ciudad, sobre los escombros que dejó el terremoto de 1805 de los antiguos templos y convento de agustinos descalzos, hizo construir el Gobierno un edificio para cuartel, el cual sólo se utiliza para depósito de materias inflamables.

     Donde están hoy el Hospital de Caridad y la casa y el Colegio de las Hermanas, estuvieron la iglesia y el Colegio de los jesuitas; cuando los expulsaron, en el siglo antepasado, se destinaron los edificios a la comunidad de San Juan de Dios, que era de hospitalarios; y más tarde se aplicaron a casa da las Hermanas de la Caridad. Es de justicia dejar constancia de que una gran parte de la obra del actual Hospital la construyó a su costa el doctor Alejandro Agudelo, y que el médico de hoy, doctor Olivos, presta allí gratuitamente sus servicios, pues ha cedido a favor del Hospital el sueldo que tiene asignado.

     Sobre el Magdalena hay un gran puente colgante construido por el señor Bernardo Navarro, hace diez y ocho años, mediante privilegio que se le concedió para explotarlo por noventa y nueve, sin obligación de dar un centavo de sus productos a entidad alguna ni de conceder paso franco ni a las autoridades.

     Donde está hoy la estación del ferrocarril parece que empezaban a construir los jesuitas un edificio para colegio cuando vino la expulsión; y después se levantó allí la fábrica de licores, cuando al principio de la República existía el monopolio. Además, esta comunidad tuvo tres  galpones o chircales en Honda y otras varias propiedades.

     Una gran parte del comercio está en manos de turcos. El antiguo gran almacén de la Casa de Samper (Miguel, José Maria, etc) está hoy ocupado por uno de aquéllos.

     En la parte alta de la ciudad se ven los restos de la planta eléctrica que pensó establecer Emilio Cuervo Márquez, y que desgraciadamente fracasó. Sólo en la parte baja. hay calles regularmente anchas y llanas; las demás son tortuosas, sumamente pendientes y algunas de ellas tan angostas, cómo no las hay iguales en otra población del país. Aun en esas mismas se ven grandes y cómodas casas, tales como las dejó la Colonia, pues el  terremoto, que destruyó casi toda la población de la ribera, izquierda del Gualí y de la parte llana, en la alta hizo daños mucho menores.

    La hora de aquel memorable cataclismo la recuerdan los viejos de Honda en estas estrofas de aquella época:

Las tres y cuarto serían,
antes del amanecer,
cuando empezó a estremecer
que hasta los templos caían.
Pecadores que esto veis
en vida tan opulenta,
que cayó según la cuenta
en junio día diez y seis.

     El Retiro, que en una calle regularmente ancha, situada al sur de la ciudad, era hasta hace poco el lugar en que se celebraban los mercados  o ferias, y todas las tiendas de ella y de las calles adyacentes estaban ocupadas por el comercio de menudeo, botillerías, fondas, etc. Hoy No hay nada de eso allí, porque todo se pasó por los lados de San Francisco, y aquellos locales están ocupados por gente alegre.

     Dice alguno de nuestros historiadores que Honda fue fundada en 1560 por el Presidente dé la Real Audiencia don Antonio González, pero como éste no vino al Nuevo Reino de Granada sino en 1590, probablemente en esto se sufrió yerro tipográfico. Lo cierto es que el citado Presidente hizo establecer en los cuatro últimos años del siglo XVI el puerto de Honda para facilitar la navegación del río Magdalena. El  primer nombre que se le dio fue San Bartolomé de las Palmas, y prontamente se empezó a llamar San Bartolomé de Honda.

     A mediados del siglo XVI Hernando de Alcocer y Alonso de Olalla Herrera abrieron a su costa el camino de Santafé a Honda para salvar las dificultades de la navegación por el río Opon, y entonces se estableció el tráfico por allí por recuas, y en el Magdalena por champanes.

     Por Cédula de 4 de marzo de 1642, A solicitud de los vecinos, quienes ofrecieron $ 5,000 por que se elevara el puerto a la categoría devilla, se le concedió esa gracia, y el 5 de febrero de 1644 se señalaron los términos de su jurisdicción.

     En 1620 ya había una iglesia, construida, pero se hallaba en tan mal estado que no podía reservarse en ella el Santísimo Sacramento, y entonces por acuerdo entre el Presidente de la Audiencia y el Arzobispo se encargó del Curato a los Padres jesuitas, quienes pusieron de Cura al Padre Offit. Este reconstruyó la iglesia de tapias y techo de paja, y después estableció galpones y hornos para quemar teja y cal e hizo nueva reedificación ya más sólida, y dio principio a la construcción del edificio del colegio, de cal y canto, con ayuda eficaz de los vecinos. El colegio de los jesuitas quedó fundado en 1622.

     El Presidente don Diego de Villalba hizo construir el puente sobre el Gualí, con costo de $ 6,000, y el cabildo estableció un impuesto en  él. El constructor parece que fue Bartolomé Pretel. La obra sólo duró veintiún años, y en 1689 se reconstruyó por medio de contrato hecho en remate por el Capitán Gabriel Flores y por Bartolomé de la Pava. En 1805 lo destruyó el terremoto, y lo levantó de nuevo en 1829 el historiador don José Antonio de Plaza, Gobernador de Honda en aquel tiempo. Entonces se llamaba puente del Diamante. Ese fue destruido en enero  de 1841 por el General revolucionario José María Vesga para impedir el paso de las fuerzas legitimistas que comandaba el General Joaquín París. El actual de fierro fue construido en 1872.

     El levantamiento de los Comuneros del Socorro fue secundado por el populacho de Honda el 23 de junio de 1781; atacó los estancos de tabaco y aguardiente y la cárcel y puso en libertad los presos que habían comunicó lo hecho a José Antonio Galán, quien se hallaba en Mariquita. Esto sucedió un mes después de haberse embarcado para Cartagena huyendo de Bogotá a la aproximación de los Comuneros el Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeros, responsable de aquellos levantamientos por haber elevado inconsideradamente los impuestos. Antes de embarcarse el Visitador ofició de aquí a la Audiencia improbando los tratados celebrados en Zipaquirá con los Comuneros.

     Para cumplir en ese puerto la orden del Rey Carlos III, de 27 de febrero de 1767, sobre expulsión dé los jesuitas, fue comisionado don José Palacio, Oficial Real y Juez de Puertos. Entonces sólo había aquí cuatro Padres. El 9 de agosto siguiente llegaron, procedentes de Bogotá, treinta Padres, y se les encerró en el convento de franciscanos hasta el 11 que fueron embarcados.

    El Arzobispo don Jaime Martínez de Compañón llego a Honda el 28 de enero de 1791, y aquí recibió el palio arzobispal.

    A fines del siglo antepasado se trasladó la capital de la Provincia de Mariquita a Honda.

    El 22 de diciembre de 1814 se proclamó en Honda la independencia de la Provincia de Mariquita, de la cual era ya capital, y la Convención Constituyente del "Estado de Mariquita" se reunió el 3 de marzo de 1815 en el "Palacio de la Convención de Mariquita." El 21 de junio de este año expidió su Constitución, la cual fue sancionada el 4 de agosto en el "Palacio de Gobierno de la nueva ciudad de Honda" y promulgada por el Presidente José León Armero. Al proclamar la Convención la independencia declaró que la Provincia de Mariquita será independiente de España, de Cundinamarca o de cualquiera otro Gobierno que no fuere elegido popular y legítimamente por los pueblos.

     El primer decreto del Gobernador Armero fue sobre establecimiento de escuelas en Honda, Mariquita., Ibagué, Ambalema y Espinal.

     El mismo Gobernador construyó un edificio para la escuela de Honda y estableció alambrado público con faroles en esta población y en las capitales de los Cantones de la Provincia.

     De los primeros actos del Gobierno Federal cuando se instaló en Bogotá a su regreso de Tunja, fue mandar a Honda, en enero de 1815, a las órdenes del Comandante venezolano Alcantara, para deportarlos a Cartagena, unos cuantos españoles ; de ellos fusiló a diez y seis ese Comandante, y por su parte el Gobernador Armero hizo fusilar aquí al capuchino fray Pedro Corulla y a los españoles Infiesta, Martínez, Portilla, Bartolomé Fernández, Juan Calvo, Francisco Serrano, Joaquín Gómez, José Zapatero y Emeterio Bernal, y condenó a los demás deportados a destierro. Los restos de esos fusilados los exhumaron con gran aparato los realistas en 1818.

     El 1.° de mayo de 1816 ocupó sin resistencia a Honda el Teniente Coronel Ramón Sicilia, porque los patriotas habían abandonado la población  Nación; al día siguiente se ordenó la jura de Fernando VII. El 25 de diciembre se hizo la formal proclamación. Estaba de Jefe de la Provincia el Coronel Donato Ruiz, quien había sido nombrado el 27 de abril por el Pacificador don Pablo Morillo.

    El 29 de agosto de ese año fue fusilado Francisco Ramírez, y el 1.° de noviembre, el Gobernador patriota José León Armero.

    En 1819, con la firma de unos cien vecinos de lo principal de Honda,  se, solicitó del Gobernador de la Provincia de Mariquita licencia para ahorcar los retablos de Carlos IV y Fernando VII, y concedida la licencia por el Gobernador, General José María Montilla,, se colgaron de la horca por el verdugo los retratos con gran solemnidad en la plaza, y después se arrojaron a una. hoguera.

    Al tenerse noticia en Bogotá de la derrota de los realistas en Boyacá, huyeron el Virrey y los españoles que se consideraban más comprometidos en  el camino murieron varios, y los que llegaron a Honda estaban poseídos de tal terror, que al embarcarse se ahogaron algunos en el puerto.

    Cuando el Libertador pasó por ese puerto para ir a morir en Santa Marta, para poder pagar los champanes en que se embarcó hubo que autorizar al General Joaquín Posada Gutiérrez para que contratara un empréstito en el comercio.

    El 8 de septiembre de ese año, por iniciativa del mismo General Posada Gutiérrez, el vecindario, representado por una Junta de lo más granado del puerto, se pronunció contra el Gobierno Nacional aclamando al Libertador como Jefe del Poder Ejecutivo y al General Rafael Urdaneta como encargado accidental.

    El Gobernador de la, Provincia de Mariquita. General José María Vesga, se alzó en armas aquí contra el Gobierno legitimo en 1840 éste envió a someterlo al General Joaquín París; hubo ligero encuentro de los contendores por el lado de Quebradaseca. y las fuerzas de Vesga se retiraron al llano de la Calunga, donde fueron batidas por las de París el 9 de enero de 1841, entonces Vesga se retiró a la población, y aunque destruyó el puente del Gualí para impedir el paso de los que lo perseguían, fue derrotado nuevamente.

    En 1854- el Coronel Julio Arboleda organizó la columna  Tequendama, y ocupó y fortificó a Honda contra la dictadura de Meló.

    En 1885 don José Domingo Restrepo se proclamó Jefe de los revolucionarios de Honda y ocupó la población hasta que lo desalojaron e hicieron prisionero las fuerzas que comandaban los Generales Juan N. Mateos y Manuel Briceño.

    Los rápidos del río Magdalena conocidos hoy con el nombre de Salto de Honda se llamaron antes Salto del Negro y Remolino de Honda,  y el embarcadero para la costa era lo que se llamaba Caracoli. frente a las Bodegas de Bogotá.

    En 1870 tenía Honda 3,718 habitantes, según el censo (El de 1918 le da 7,430 habitantes, por donde se ve que en lugar de decaer  la población a causa del ferrocarril, ha crecido mucho.)

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