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El Sur de Colombia y el Ecuador
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Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
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Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
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Girardot
Honda
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Los Progresos de Medellín
Sopetrán
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El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
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TUNJA

 

Tunja, febrero 13 de 1917

    Llegué a Tunja a las seis y media y me alojé en la Pensión Boyacense, hotel bastante bueno, de buen servicio de comida y camas, pero con un reservado, en seco naturalmente porque aquí no tienen agua las casas, de lo más antiguo, incómodo y aun peligroso que he visto. El hotel está instalado en una grande y antigua casa alta, en la esquina, a una cuadra de la plaza principal, y tiene un amplio corredor alto, como los de las calles de climas cálidos, con diez bellísimas columnas de piedra muy bien labradas, de una sola pieza, lo cual revela que ésta fue habitación de algún potentado de la época colonial.

    Tunja me ha cansado una impresión semejante a la que recibí la primera vez que fui a Popayán; pero Tunja tiene una área más extensa, algo de mayor movimiento comercial y mayor número de casas grandes y de aspecto antiguo, mientras que Popayán tiene más Nobles aires de ciudad.

     Hay en este Departamento muchos billetes de cincuenta y cien pesos papel moneda, de los de vieja emisión que con mucha dificultad circulan en las pequeñas transacciones, lo cual causa gravísimo perjuicio a los tenedores de ese papel; y si no se dictan providencias para facilitar su cambio, al cabo se desacreditarán también entre el pueblo los de nueva emisión, sobre los cuales prefieren ya las monedas de plata y de níquel, a pesar de las constantes noticias de falsificaciones descubiertas que publica la prensa.

     En parte alguna de la población he visto u oído nada que se relacione con preparativos para celebrar el centenario de la batalla Boyacá, que ya se aproxima. Parece que esto se debe a que el Gobierno no ha suministrado al Departamento los fondos que con tal objeto apropió el Congreso, y por eso se le hacen cargos que tal vez no carecen de justicia. Para erigir un monumento digno del hecho que se conmemorará y a es angustioso el tiempo; de manera que cuando llegue la hora nos limitaremos a músicas, y, sobre todo, a discursos y comisionados que Comprarán las Cámaras, el Ejecutivo, las Asambleas, los Gobernadores, las Academias, etc., bien remunerados y costeados con fondos públicos, quizá con la misma partida apropiada por el Congreso.

     Hace como dos años porque en la Academia de Historia, y no se me atendió, y más tarde indiqué, con el mismo resultados, a Disputados al Congreso, que se hiciera expedir una ley por la cual s disponga que se trajo un monumento para conmemorar la batalla decisiva de la independencia, construido con una piedra de cada uno de los lugares de la actual Colombia en que hubo combates durante esa guerra. Las piedras, de un peso aproximado de una arroba, deberían ser de determinada forma apropiarán para la edificación, escogidas por las autoridades del Municipio respectivo en que se dio la batalla, transportadas por los correos-lo cual no es muy costoso,-labradas en una solo de sus curas en el lugar escogido para el monumento, y con sólo la inscripción en esa cara, del lugar y la fecha del combate, esto es algo por el estilo del arco de triunfo en la, Plaza da la Estrella de París, nuevo en la América Latina, y un texto vivo, imperecedera enseñanza, de la historia patria en su época más gloriosa. Ya para esto también es tarde.

    La ciudad de Tunja tiene alumbrado eléctrico. La calle de entrada por el Sur y otras pocas son llanas, y las demás muy quebradas; dos cuadras de las que parten de la plaza hacia Occidente están asfaltadas. Las demás son  macadamizadas u empedradas.

    Su materia de provisión de agua sólo Guateque puede compararse con Tunja en escasees. Unas sedientas piláis públicas que hay no alcanzan a llenar las necesidades de la población, la cual tiene que acudir a un manantial que dista como una milla, a traerla en burros o a espaldas. Mucho había oído ponderar el Panóptico de Tunja como el mejor de la República. En todo, menos en su segundad, pues aquí son más altas las tapias que lo cercan, me pareció inferior al de Bogotá; pero hay que reconocer y aplaudir el esfuerzo que hace su actual Director por levantarlo al nivel de la fama que tiene, y estoy seguro de que conseguiría esto si se le facilitaran los recursos necesarios. Las celdas son estrechas y muy incómodas, los pasadizos oscuros, y, lo que es más extraño, se carece de agua corriente, la cual tienen que traer los presos en barriles desde La Fuente, como a una milla de distancia; y, por supuesto los excusados en seco. En tiempo de la Colonia, en l602, cuando este edificación era la iglesia y el convento de agustinos, había agua en él y en la plaza frontera, que hoy es Parque Próspero Pinzón con buena verja, en una, pila para servicio dé los vecinos. En lo que debió ser atrio de la iglesia se construyó un tramo para oficina de los empleados, y la antigua torre se conserva sobresaliente del techo.

     Hay allí talleres de fundición, de herrería, de carpintería, zapatería y talabartería, y se fabrican telas de algodón y de cabuya. La fabricación de alfombras de este textil, de muy buena calidad  se hace en  grande, y todos aun productos tienen excelente mercado en Bogotá, donde los compra todos el señor Holmann. Se trabajan algo el cuerno y la piedra de cantería. Me mostraron algunas obras finas de diferentes industrias ; pero para todo se carece de la maquinaria y herramienta necesarias.

     Los sentenciados de esta prisión son 184, y 115 los enjuiciados o detenidos que no tienen uniforme. A pesar de las incomodidades y demás defectos del edificio y de la carencia de elementos, la disciplina es muy regalar, y la gasto ver el orden que allí reina. Dos empleados subalternos, pues el Director se hallaba ausente, me aseguraron W a los presos se les entrega inmediatamente el valor de las obras que hacen, después de deducir el de la materia prima. Me resisto a creer que en un establecimiento de régimen regalar se haga es así. Hay en el Panóptico una huerta chica que no prospera por la carencia, de agua.

     Hacia el occidente de Tunja, a no muy lejana distancia, pero si ya en despoblado y a bastante altura, se está construyendo un gran estanque, con el objeto de que sirva de depósito de repartición del agua que piensan llevar allí de una fuente que nace de un nivel muy bajo, como á una milla al norte de la ciudad. Para ello ha introducido el Departamento grandes tubos metálicos, motores, etc., materiales extranjeros que algún conocedor calcula en más de mil toneladas, y tiene celebrado un contrato para la subida del agua. Mucho me temo que esta costosa empresa fracase, como han fracasado todos los intentos, para elevar esa misma agua, desde el proyecto de Juan López, en 1565, quien pensó valerse de represas. Tal vez al fin se tendrá que ocurrir a traer el río Boyacá, como también se ha proyectado en diferentes épocas. Lo cierto es que Tunja carece casi es absoluto de agua impotable, y que sin este indispensable elemento no puede progresar.

     A un lado de aquel proyectado estanque, casi a la misma altura y un poco hacia el Norte, están los celebrados cojines. Son éstos dos conos truncados, muy próximos el uno al otro, de poco más de una vara. de diámetro y de unos treinta centímetros, labrados en una extensa laja de piedra muy dura que tiene una inclinación que cálcalo del 12 al 15 por 100. Encima tienen esos cojines rebanadas uniformes hacia el Occidente. La laja es de superficie bastante llana, pero tiene largas rajaduras, y su extensión de Occidente a Oriente puede ser de veinte metros y de unos doce de Sur a Norte; superficie que se ve va aumentando de día en día a medida que las aguas lluvias arrastran la delgada capa que la cubre. No hay duda de que los cojines fueron labrados por mano de hombres pero cuándo y con qué objeto No se sabe. Ni los conquistadores  ni los escritores de la época colonial hablaron de ellos, que yo recuerde, ni de que los indios les hubieran manifestado la menor veneración, por lo que se ve que les atribuyeron poca importancia. Si embargo, escritores elegantes del siglo pasado publicaron amenos artículos en que les atribuían origen muy anterior a la conquistar unos decían que la laja fue rebanada en toda su extensión dejando solo el espacio de esos conos para hacer de ellos una especie de observatorio astronómico, como si, a pocas cuadras de distancia, desde el espinazo de la sierra pelada que queda encima, no se dominara un horizonte diez veces más extenso; otros, que fueron labrados para .hacer de ellos especie de aras para los sacrificios de sus dioses; no han faltado quienes digan que por el hecho de sonar hueco la Saja en algunos puntos, allí debieron tener subterráneos cuya entrada no se ha, encontrado, y con la cual tal vez tengan relación los cojines, como si esa roca no estuviera compuesta de lajas Superpuestas,, etc. Me inclino a creer que la acción de las aguas y de otros agentes naturales en el transcurso de los siglos labré la roca dejando esos diminutos conos, y que algún vecino colonial de las grandes casas que existieron allí cerca completó la obra dándoles la forma medianamente regular que hoy tienen, para salir en las tardes a regular la vista, en la contemplación de la ciudad y los campos que quedan al pie. Puedo estar equivocado, porque carezco por completo de conocimientos geológicos; son bien poco profundos los que tengo de la historia, y además carezco de tiempo para hacer observaciones ; y por estas mismas razones no debe tenerse mucha confianza en las que voy anotando en mis cartas, escritas al correr de la pluma.

     Por dondequiera que pasa uno, en el centro y en los  barrios retirados, se ven ruinas de casas grandes y chicas, en tal numero, que calculo que Tunja no tiene hoy muchas más de la mitad de las que había en otro tiempo. Un gran número de las existentes son de construcción colonial, modernizado su frente y el fondo en algunas de ellas. Las más grandes, por fuera parece que estuvieran llenas de comodidades, pero por dentro resulta que casi sólo se componen del frente que da a la calle, con grandes piezas, como salones, casi incomunicadas entre sí y de un solo cuerpo; de manera que al pasar el amplísimo zaguán, empedrado en las más antiguas, como la que fue del fundador Gonzalo Suárez Rendón, se encuentra uno, no en un patio claustrado, sino en un solar casi inculto. En cambio el piso alto de este viejo palacio está sostenido  por elegante arquería sobre graciosas columnas de piedra de una sola  pieza, y en los corredores altos no escasea esa misma clase de edificaciones.

     A dos cuadras al sur de la catedral está el Seminario, en un edificio grande y viejo de dos pisos y otro de tres, contiguo, de moderna construcción. Ocupa con su solar casi 200 metros de Norte a Sur, y unos 60 de ancho, y todavía al frente, calle de por medio, tiene una  buena huerta de algo como una manzana. Al lado, hacía el Occidente, está la Escuela Normal da mujeres, que parece fue convento de la concepción, y pasando la calle, en la misma dirección, está en otro buen edificio la Normal de varones.

     Entre las casas modernas la de mejor apariencia es el Palacio episcopal.  En una grande y antigua, que fue del caballero Ladrón de Guevara, de la época de la Colonia, se hallan instaladas las monjas clarisas.

    Sentí no haber podido conocer el teatro, porque estaba cerrado. Tiene buena apariencia por fuera, y me informaron que es cómodo y de buena distribución.

    En la esquina sureste de la plaza hay una casa muy parecida en construcción y un el balconcito esquinero a la que hubo hasta hace poco en la plazuela de Las Nieves, de Bogotá, y que allí conocían con el nombre de Palacio de los Virreyes, sin haber sido tal; y una cuadra más adelante, hacia el Sur, hay otra, también muy antigua, con gracioso balconcito esquinero, embebido, que algunos consideran una reliquia, por atribuirle estilo morisco en sus molduras y forma.

    La casa de La Torre, de la cual se habla mucho, está situada en la esquina nordeste. Era no viejo edificio, sobre el cual se conserva la tradiciónde que perteneció a un rico de la Colonia, quien a causa de un homicidio que cometió, huyó abandonando sus propiedades, las cuales fueron adjudicadas al Fisco. Allí se construyó edificio moderno, elegante y cómodo que sirve hoy de Palacio de la Gobernación y que haría honor a la cabecera de cualquier Departamento. En sus bajos están las oficinas del Banco de Boyacá, de poco movimiento.

    La mayor parte de las otras casas de la plaza son grandes, de balcón corrido, alto del suelo y de techo bajo, como las dejó la Colonia, y hay otras modernizadas, con gabinetes.

    En el centro de la plaza, que es llana y grande, hay un parque chico, con buena verja de hierro, que encontré cerrada con candado todas las veces que traté de entrar a él. Allí, sobre pedestal desairado, está la estatua de Bolívar, que en otro tiempo encerraba ese pegote de piedra que hay en forma de quiosco en el centro del Parque del Centenario de Bogotá, de donde la desecharon para destinarla a Tunja, tal vez por considerarla poco artística. Poroso, y no por deferencia y como tributo al pueblo que tantos sacrificios hizo ya quien tanto debe la independe independencia del país, se le envió la estatua.

     Dos horas antes de cerrar el correo me acerqué a la Administración a depositar mi correspondencia, y encontré que allí no se expenden las estampillas, sino en un almacén particular, al cual ocurrí, y estaba cerrado. Volví a la Administración y se me facilitaron del depósito que tienen para proveer al expendedor MIS cartas pudieron salir con exceso o defecto de porta, porque tampoco había en qué pesarlas. No comprendo porqué habiendo en la Administración una oficina, en la planta baja, con acceso a la calle, donde están las poquísimas cajistas de apartados y hay un empleado que tiene poca ocupación en recibir y entregar la correspondencia, se paga un tanto por ciento a un particular por  vender especies postales.

     Con los telégrafos no salí mejor librado, pues a pesar de haber ocurrido a la oficina apenas llegué, de haber sido yo Jefe de ese ramo tres veces, de estar mi alojamiento a cuadra y media de la oficina y de haber reclamado por la demora del telegrama que sabia había paría mí, se me entregó éste como veinticuatro horas después de haberle recibido.

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