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SESQUILE

 

 Chocontá, febrero 7 de 1917

  Salí de Guatavita a las siete y media de la mañana, y a las nueve y media pasé por Sesquilé. El camino, hasta encontrar la carretera del; Norte, en carreteable y se conserva en buen estado, debido no a que se ponga mano en él sino al verano, y a que en muy poco transitado.

    Sesquilé ha progresado bastante en los últimos años, gracias a la reapertura de la salina de su nombre y al interés que toma el actual Cura, doctor Ángel. Las calles y los frentes de las casas se ven limpios.

     Desde que visité y estudié por primera vez las salinas de Cundinamarca, de eso hace ya machos años, soy partidario de que sólo se explote la de Zipaquirá, porque así se facilita más la moralización de la renta y se hacen grandísimas economías en personal y material, pues sin aumentar en cosa sensible el gasto que se hace en esta última salina, puede atenderse a toda la demanda. En la Administración Marroquín conseguí que así se dispusiera, pero con posterioridad se volvió atrás esa acertada medida por solicitudes reiteradas de vecinos de Nemocón y Sesquilé y de negociantes de Boyacá en el artículo, quienes alegan que se perjudican sí tienen que cerrar numerosas fábricas de compactación que hay en actividad, porque a causa del mayor gasto en el transporte de la sal vijúa o del agua salada no pueden resistir la competencia de las elaboraciones de Zipaquirá. A esto puede agregarle que una gran parte del carbón que se consume en éstas es llevado de Nemocón y Sesquilé, donde es más barato que en Zipaquirá, y que la ley autoriza para fijar un precio menor a la sal y el agua que se destina para aquellas regiones. Con una rebaja proporcional al gasto de transporte, de manera de quedar equilibrado de que le hice en cada uno de todos esos lugares para producir  expender la sal de caldero y la compactada, los perjuicios que se alegan no son tales,  mientras que si muy grandes los beneficios para el Fisco y para la Administración Pública en general.

     Estoy muy lejos de ser técnico en materia de minas, pero mi frecuente intervención en el manejo de las de carbón me hace medianamente conocedor de esto. Hace bastantes años visité, en misión oficial,  las vetas de carbón mineral de Chaleche, situadas casi a la vera de la carretera, entre Guatavita y Sesquilé, a quince minutos de esta ultima población y a igual distancia de la salina del mismo nombre. Es decir, como a dos kilómetros, Entonces entré a sus abandonados y ruinosos socavones, y encontré fundada la fama que han tenido esas minas de ser muy ricas y de carbón de excelente calidad. De largo tiempo acá vengo leyendo los informes que los Ministros de Hacienda presentan a los Congresos. y no recuerdo haber encontrado en ninguno de ellos la menor referencia a las carboneras de Chaleche, que son de propiedad de la Nación, las cuales tiene abandonadas, ignoradas por completo del Gobierno. Si no se hace algo con ellas, convendría que al menos en la próxima Memoria de Hacienda se hiciera alusión a esa propiedad, para evitar que mañana se presente alguno a denunciarlas como bien oculto y haya que adjudicárselas como tal por falta de datos en las oficinas publicas 1 .

 Chaleche está en la vereda de San José, jurisdicción de Sesquilé.  A la simple vista, desde el camino, me pareció, que las vetas del Gobierno no se están explotando por particulares, pero esta tarde, al visitar aquí el gran molino de trigo de los señores Rodríguez, que producen también luz eléctrica para la población, al preguntar por el precio y la procedencia del combustible, se me contesto que la mayor parte se traía de Chaleche, sin precisar de qué minas. Tan buena es su calidad, que viene a competir con las numerosas explotaciones que hay en esta región.

     Casi puede decirse que desde Bogotá, en sus cerros situados al Oriente, hasta Chocontá, y aun hasta Tunja, hay un no interrumpido yacimiento carbonífero, que a cada paso tiene. explotaciones que se hacen de la manera más rudimentaria.

     La carretera, del Norte en una bonita obra, pero carece de  defectos de trazado, como curvas muy estrechas y fuertes pendientes y sobre todo, le hacen falta muchas alcantarillas. Además, en lugar de conservar y aun sembrar yerba en los taludes para que los preserven de  los desmoronamientos que ocasiona la acción alternada del sol y de las aguas lluvias sobre la tierra limpia de esos taludes parece como si se tratara de mantenerlos libres de toda maleza, tal vez para que hagan mejor efecto a la vista. De allí que cuando llueve después de un día de sol se produzcan derrumbamientos que llenan de tierra las cunetas, y las aguas que encuentran ese estorbo rompen por la mesa del camino para buscar salida y causan graves daños. Sé que sobre esto y sobre el  establecimiento de peones Camineros encargados de reparar todo daño que ocurra en su respectiva sección, ha dictado providencias muy acertadas el actual Inspector General, don Manuel María Mallarino. De quien hay razón para esperar mucho bueno en  favor de esa obra.

     Hay bastante movimiento en este  trozo de la carretera, a pesar de que la gente del Valle de Tensa, que es él una despensa muy fecunda de Bogotá, prefiere vías más cortas, aunque más pendientes para llevar sus víveres a espaldas hasta las estaciones del ferrocarril y aun hasta la capital. Encontré 5 automóviles y 3 coches con pasajeros y muchos carros caballejos y pollinos, y  muchos hombres y mujeres cargados con víveres, especialmente con jaulas de aves, frutas y huevos. Estas bestias humanas de carga  me hicieron recordar el camino de Túquerres a Barbacoas cuando estaba recién abierto (porque ya a desaparecido casi por completo ese primitivo medio de trasporte, a pesar de no ser carreteable aquella vía) el concurso de gente trajo a mi memoria los caminos de Antioquia al llegar a las poblaciones en las mañanas o a la caída de las  tardes de los días de ferias. ¡ pero que diferencia entre los habitantes de unas  y otras regiones, entre el indio de estas mesetas y el blanco o mulato campesino de las montañas antioqueñas!.

   Las ventas del camino se ven a todas horas llenas  de indias y aun de blancos que consumen chicha, que es casi el único alimento de estas gentes cuando viajan.

   Poco antes de llegar a Chocontá encontré dos bellos y sólidos puentes de hierro de bastante extensión, sobre el río Tilata que es el mismo Funza.

   Fue encomendero Sesquilé Cristóbal Bernal, y según las crónicas un hijo suyo sacerdote fue quien construyó la primera iglesia  de las Nieves en Bogotá.

   En 1870 tenia Sesquilé según el censo de aquel año  3.819 habitantes (en el censo de 1918 le da 4.219).

   

1 En la Memoria presentada al Congreso con posterioridad a este escrito ya se hizo mención de las carboneras de Chaleche.

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