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    Castellanos en las Elegías de varones de las Indias, al hablar de la entrada de los españoles al Patía, dice:

Adonde vieron buenas poblaciones

y gente bien armada que venia

con brazaletes, pectos, morriones

y otras diversas joyas de oro fino,

agradables al campo peregrino.

En otra parte, al referirse a los guerreros patías 

Sobre coronas de oro van enhiestas

Plumas y colas de otros animales. 

     Los conquistadores fundaron a mediados del siglo XVI las ciudades de Chapanchíca o Madrigal y Agreda o Málaga la Nueva en las fuentes del Telembi, para proteger el laboreo de los yacimientos auríferos dé las hoyas del expresado río y del Patía.

     El Padre Velasco dice que al principio de la Conquista no se hizo caso de aquellas tierras por carecer de puerto y por la dificultad que  presentaban los bosques y los pantanos; pero que después corrió la  fama y sobre el mucho y finísimo oro, del cual estaban adornados de  pies a cabeza los indianos; sin usar de otro metal, una para sus instrumentos y armas.

     En 1584 y 1587, don Juan de Acosta, don Fernando Pérez de Ruales  y los Capitanes Cristóbal Delgado y Diego Galíndez y otros bajaron  de Pasto con gente armada a proteger los asientos fundados en el Patía y el Telembí, de los cuajes el más valioso y más amenazado por los indios era uno de la confluencia de los dos ríos.

     En 1590 hizo una entrada con éxito desgraciado el Gobernador de Popayán, con el objeto de domar las tribus de indios y fundar asientos de laboreo.

     El Capitán Francisco de Parada, atraído por la fama de riqueza de los minerales, entró en 1600 y fundó asiento en la orilla del Telembí, en la desembocadura del Guagüí, en el mismo lugar que hoy ocupa la ciudad de Barbacoas. Don Sergio Arboleda dice en su Geografía que la fundación de "Santa María del puerto de Barbacoas" fue en 1640,y que se debe al Gobernador don Francisco Sarmiento. El nombré que se le dio en la fundación fue Nuestra Señora del Puerto de Nuevo Toledo.

     En 1686 produjeron las minas, sólo por derechos reales del oro beneficiado en Barbacoas, 3,692 castellanos: y de 1778 a 1780 se lavaron 0,30 libras.

     En el siglo XVIII explotaron los españoles una mina bastante rica en la quebrada de Alpud; más tarde una compañía mejicana; y de 1893 a 1895 vimos trabajando en ella a dos mineros antioqueños muy prácticos, que obtenían buen rendimiento, aunque con escasos elementos para el laboreo.

     En 1814 vino de Panamá a Tumaco y Barbacoas el Coronel Fábrega con fuerzas realistas que se ocuparon especialmente en explotar algunas minas. El Comandante Illera fue destinado con 117 hombres de aquella fuerza a lavar oro en las minas de El Tigre, de propiedad de los Arboledas.

     Don Vicente Restrepo, para dar una prueba de la abundancia del oro en Barbacoas, cita las siguientes palabras del viajero francés M. Julián Mullet, que estuvo en el citado puerto en 1819: "Barbacoas es una ciudad muy rica por el gran número de minas de oro que se encuentran en sus contornos. Se hace allí un comercio considerable, y el oro atrae un concurso de mercaderes. La grande abundancia de éste hace a sus habitantes muy altaneros para con los de las otras provincias. Son muy entregados al juego, el que es tan fuerte, y tan común entre ellos, que a falta de moneda llevan saquitos de oro en polvo que apuestan sobre un naipe, por onza y aun por libra."

    Estamos conformes en lo relativo a la altanería de los barbacoanos pero lo del juego debe rectificarse, porque es una exageración injustificable.  Quince o diez y seis veces hemos estado en Barbacoas, y ni una sola oímos decir que allí se jugara, aunque teníamos ocasión para saber lo que sucedía. Además, en nuestras constantes investigaciones sobre las costumbres de aquellos porteños, ésta es la primera vez que tropezamos con semejante cargo. El que M. Mullet haya visto, quizás a algunos soldados de la guarnición, jugar, no lo autoriza para marcar con fea mancha a una, sociedad entera " de ingenio singular, en cuyo seno hay muchas familias ilustres," como con justicia la calificaba Alcedo desde  el siglo pasado. A pesar de ser aquél un puerto secuestrado hasta hace poco del comercio social, y, por consiguiente, privado de la sanción de los extraños, en pocas partes hemos visto mayor morigeración de costumbres en las clases acomodadas.

    Por otra. parte, en 1819 la industria minera había decaído muchos a causa de la guerra de la independencia, porque los esclavos se había aprovechado de la persecución que sufrían sus amos para alzarse, habían huido del servicio militar.

    El oro que no cayó en manos de los jefes de las partidas que alternativamente ocuparon la ciudad, huyó de ella o se ocultó. Pudríamos citar varios hechos para con probar que las fuerzas de ambos bandos perseguían el oro con tanto empeño como en las guerras actuales se persignen los bagajes.

    El Comandante Ángel Maria Várela, por ejemplo, cometió tantas tropelías cuando lo envió el General Sucre de Iscuande, que obligó a los barbacoanos a levantarse y arrojarlo del territorio con el auxilio del Teniente Coronel Vicente Parra. Várela saqueó la iglesia y las casas de todas las personas acomodadas, y en su sed de oro atormentó a los esclavos de don Fernando Ángulo para que le revelaran dónde había ocultado éste sus intereses. Por semejante medio consiguió arruinar a la familia Ángulo.

    Con el General Rafael Reyes visitamos las antiguas minas de Teraimbe y Cumaime, de propiedad de dicha familia. Donde hubo centro poblado y de movimiento no hay hoy sino soledad y ruinas invadidas por la maleza; dé lo que fueron huertos y plantíos apenas dan testimonio algunos árboles perdidos entre el bosque; de la casa edificada a la orilla del Telembí, que en otro tiempo daba cómodo albergue a una numerosa familia y a la crecida cuadrilla de esclavos, y donde se celebraban sonadas fiestas a que concurría en canoas la sociedad escogida del puerto, no quedan hoy más que tres piezas en pie, y lo que más contrista el ánimo en aquella soledad es contemplar las ruinas del la capilla, donde se congregaban en épocas más tranquilas y de más sincero favor religioso, blancos y negros de algunas leguas a la redonda, a dar gracias a Dios por los servicios recibidos. En esa capilla no queda hoy techo para defender de las inclemencias de la estación siquiera lo que fue altar o las tumbas que guardan los restos de sus benefactores. Las mismas minas están abandonadas a los negros, quienes las benefician sin método, con la condición de vender a cierto precio el oro que laven.

     El Congreso, por decreto de 28 de julio de 1823, ordenó establecer en Barbacoas una "casa de rescate y ensaye," con dos rescatadores y dos reductores.

     Cuando el General Obando se levantó contra Bolívar en 1828, los sublevados tomaron y se repartieron una valiosa remesa de oro que particulares de Barbacoas enviaban a Popayán. En la amnistía de marzo de 1829 incluyó el Libertador el perdón de este grave hecho, diciendo que ese oro era buena presa de guerra.

     Por decreto legislativo de 1838 se mandó abrir una casa de fundición en aquella ciudad.

     Don Ángel y don Rufino T. Cuervo dicen en la famosa biografía de su padre, que con  "las gruesas cantidades de oro de excelente ley que se extraían de Barbacoas, se sostenía la casa de moneda de Quito en 1840.

     En 1884 decía don Enrique Muñoz, en un artículo publicado en el Correo del Sur, de Pasto, que de 1847 a 1854, según datos que reposan en su poder, entraron a la oficina de fundición quinientos quintales de oro producido por las minas de Barbacoas, y que sólo la de Cargasen, de propiedad del señor Pastor del Castillo, dio de 16 a 18 quintales.

     En 1866 vino una numerosa emigración de mineros de California a trabajar aquellos aluviones, pero tuvieron que regresar a su tierra porque no trajeron recurso, pues creían que llegaban a un edén donde no tendrían que hacer más que agacharse a recoger el oro.

     El General Mariano Ignacio Prado trató de organizar en Londres  una poderosa sociedad para explotar varias minas que tenía en negocio; pero resultó tan desgraciado en sus especulaciones industriales como lo había sido de Presidente del Perú.

     En 1873, según La Estrella de Panamá de aquel año, vendió don Pablo Reinel la mina de Yacula por $ 75,000 oro, a la casa Genty y Mr. Brown, de San Francisco de California. En esa mina funcionaban tres monitores de la Compañía y uno del doctor James Weaver. Hoy apenas se trabaja allí.

     Don Luciano Herrera dice que los minerales de Barbacoas produjeron 1,200 libras de oro en 1881.

     La Secretaría de Hacienda del Cauca expidió en 1883 título a favor del señor Ernesto Cerruti para extraer los metales preciosos de las arenas del Patía desde el Quilcacé hasta la afluencia del Telembí.

     Según cuadros que hemos tenido a la vista, se exportan ahora $ 25,000 mensuales de ero en polvo por término medio, asegurados por conducto de una respetable casa de Tumaco. En esta cantidad no se incluyen las frecuentes remesas que comerciantes, entidades y particulares hacen directamente, sin el debido registro, a Panamá, Guayaquil y Empaña, ni las gruesas cantidades de oro que negociantes de Guayaquil y Quito vienen a comprar a Barbacoas.

      Pocas, muy pocas, son las minas que hoy se benefician regularmente, casi no hay más trabajos que los aislados de los negros, quienes amontonan las arenas para lavarlas cuando han recogido bastante agua de las lluvias en zanjas y estanques que abren.

     La mayor parte de los buenos mineros han emigrado a Playarica y a otras minas en auge del Ecuador, que están bien montadas.

     La razón para que los dueños de las de Barbacoas no las exploten es que generalmente las familias dueñas de ellas han venido a caer en la pobreza por causa de las guerras. Cuando se celebra una fiesta pública en Barbacoas llama mucho  la atención ver cómo se presentan las negras adornadas con grandes  arracadas, aretes, collares, cadenas, camándulas, rosarios, cruces y  anillos, todo de oro de excelente ley.

      En el Sur no sólo la región de Barbacoas es rica en producciones auríferas; la de Almaguer también ha tenido grande y merecida fama.

      Alcedo dice en su Diccionario que "Almaguer tiene algunas minas de oro."

      Don José Rafael Sañudo en su interesante estadio sobre la historia  de Pasto, dice que el Oidor Briceño dio orden "a Vasco de Guzmán para que fundase a San Luis de Almaguer en tierra de los Cahuacaras, ricos de oro."

      Flores de Ocáriz escribe que Almaguer fue fundado en "Tierra fértil en oro."

      Piedrahita habla de la fundación de la ciudad, y agrega que para su asiento "eligieron por el mejor para la labor de las minas" una sabana limpia, y que la ciudad "dio esperanzas de mucho crecimiento con buenos principios de oro, que últimamente han venido a parar en descubrir muestras de plata.

      Antes de pasar adelante conviene aclarar algo sobre la fundación de Almaguer. Alcedo dice que el fundador fue el Capitán Alonso de Fuenmayor, en 1543; Flores da Ocáriz, que la "ciudad dé Almaguer pobló en 1551 Vasco de Guzmán, o Alonso de Fuenmayor"; Plaza, que fueron el General Alonso de Fuenmayor y los Capitanes Vicente Tamayo y Vasco de Guzmán; fray Pedro Simón da como fundador, en 1551, a Vasco de Guzmán.

      Para nosotros fray Pedro Simón está en lo cierto. Guzmán hizo la fundación de orden del enérgico licenciado don Francisco Briceño, que teñía halagüeñas noticias de la riqueza de la Provincia de Guachicono.

     El primer Teniente Gobernador de Almaguer fue Alonso de Fuenmayor, a quien fray Pedro Simón. y Acosta hacen sobrino de Belalcázar pero nos atenemos al dicho del Padre Castellanos, que lo da por yerno. Por aquel tiempo tenía ya bastantes hijos Belalcázar, y Castellanos recibió informes directos del Capitán Vicente Tamayo, compañero de Fuenmayor, para escribir las Elegías.

     No sería ventaja para Almaguer el que un hombre de tan detestable carácter como Fuenmayor, delator por añadidura, hubiera sido el fundador; como no lo sería para Pasto, por iguales razones, el que llegara a probarse que Lorenzo de Aldana hubiera fundado esta ciudad.

     En 1582 escribía el doctor Francisco Guillén Chaparro que se sacaba mucho oro de Almaguer.

     Era esta ciudad próspera por sus minas cuando Gonzalo de Oyón llegó allí huyendo del Perú, a cansa de los compromisos que contrajo en la sublevación de Hernández de Girón.

     Fray Jerónimo de Escobar, que escribió a raíz de la Conquista, dice que Almaguer era un lugar muy rico a mediados del siglo XVI; que se sacaban todos los años $ 30,000 de oro, y que a tres leguas de aquella ciudad estaban las minas de La Concepción, donde trabajaban hasta 2,000 indios.

     Jorge Juan y Antonio de Ulloa informaron que a principios del siglo panado eran las minas de aquella ciudad las más ricas de la Provincia de Popayán, y su oro de la mejor calidad.

        El doctor Manuel Maria Quijano, citado por don Vicente Restrepo, dice en el Bosquejo Histórico de Almaguer que la ciudad estaba rodeada  de vetas de oro que dieron mimas considerables, hasta que el terremoto de 1765 obstruyó las minas y arruinó la mayor parte de la población.

       El progresista y prudente Virrey Ezpeleta auxilió a fines del siglo  pasado a una compañía que se organizó en Popayán para explotar las  minas de Almaguer, con dineros y con un minero mejicano,. De allí se  trasladaron los trabajos a la mina de Quiebralomo, en el norte del  Cauca, Acosta cree que esta asociación fue la primera que se organizó  en el Nuevo Reino para elaborar minas.

       Muy rápido debió de ser el progreso de Almaguer cuando veintiséis  años después de fundada. su Teniente Gobernador tuvo recursos  suficientes para establecer un cordón sanitario a cuatro leguas de la  ciudad por todas las vías que conducían a ella y para abrir un camino  por lo mas alto de la cordillera, para evitar, como evitó con esas medidas, el contagio de la peste negra de 1587, conocida en Bogotá con el hombre de peste de Santos Gil. Allí hubo conventos, varias iglesias y magníficos edificios de particulares, que fueron destruidos por los terremotos  de 1765 y 1834.

        Actualmente hay en explotación varias minas en aquella región, y  entre ellas una bastante rica. Todavía se ven allí, en diferentes puntos,  los trabajos hechos por los españoles, con titánicos esfuerzos, para conducir el agua, de larguísimas distancias, a las minas que explotaron.  Don Alejandro Santander asegura que en el Distrito de la unión  hay minas de rubíes.  Cerca de Linares, a orillas del Guáitara, se encuentra una veta de  minas de cobre que parece muy rica.  Hay poderosísimas canteras de cal  pero desgraciadamente no hay  vetas de carbón mineral, que sepamos.  de vetas de oro que dieron mimas considerables, hasta que el terremoto de 1765 obstruyó las minas y aruiño la mayor parte de la población.

        El progresista y prudente Virrey Ezpeleta auxilió a fines del siglo  pasado a una compañía que se organizó en Popayán para explotar las minas de Almaguer, con dineros y con un minero mejicano. De allí se trasladaron los trabajos a la mina de Quiebralomo, en el norte del Cauca, Acosta cree que esta asociación fue la primera que se organizó en el Nuevo Reino para elaborar minas.

       Muy rápido debió de ser el progreso de Almaguer cuando veintiséis años después de fundada. su Teniente Gobernador tuvo recursos suficientes para establecer un cordón sanitario a cuatro leguas de la ciudad por todas las vías que conducían a ella y para abrir un camino por lo mas alto de la cordillera, para evitar, como evitó con esas medidas, el contagio de la peste negra de 1587, conocida en Bogotá con el hombre de peste de Santos Gil. Allí hubo conventos, varias iglesias y magníficos edificios de particulares, que fueron destruidos por los terremotosde 1765 y 1834. Actualmente hay en explotación varias minas en aquella región, y entre ellas una bastante rica. Todavía se ven allí, en diferentes puntos, los trabajos hechos por los españoles, con titánicos esfuerzos, para conducir el agua, de larguísimas distancias, a las minas que explotaron. Don Alejandro Santander asegura que en el Distrito de la unión hay minas de rubíes. Cerca de Linares, a orillas del Guáitara, se encuentra una veta de minas de cobre que parece muy rica. Hay poderosísimas canteras de cal  pero desgraciadamente no hay vetas de carbón mineral, que sepamos.

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