"La extensión de las telas es otra de las
operaciones que Sorprende.Preparado convenientemente el barniz, no
obrero lo abre entre sus dedos, ligeramente, hasta que alcance a
tomarlo de otro del extremocontrario, y entre dos o tres se
extiende con uniformidad y con el auxilio, no sólo de las manos,
sino de la boca. Parece que esa tela de tan delicada consistencia
va a estallar, pero no es así; el trabajador conoce el límite
máximo de su elasticidad por el color que toma la capa y latela se
forma con plena seguridad de no romperse. Los principiantesla
rompen a menudo, pero nada se pierde, vuelve a recogerse y a
calentarse la masa y torna a empezarse la operación. Ordinariamente
sólose usa la tela del centro; los bordes, que quedan gruesos o de
desigualespesor, se recortan con unas tijeras; nada se pierde, pues
los recortes más pequeñitos se untan y con el calor vuelven a
formar otra masapara hacer nuevas telas.
"Regularmente sólo se barnizan objetos de
madera, como aljofainas jarras artesas, cajitas para costura,
floreros, adornos, granadas juguetes, etc.,etc., De todo esto se
hace aquí gran consumo y se llevan lotes al norte, a las provincias
de Túquerres, Obando y Barbacoas, y a la vecina Republica del
Ecuador.
"El barniz se adhiere también a otras materias:
hierro, cristal, cero papel, etc.; como es completamente
impermeable a la humedad, puede tener vastísimas aplicaciones. Todo
lo que existe en la práctica de esta industria, verdaderamente
original, con ser mucho, es apenas una insinuación de lo que cera
en lo Porvenir cuando sea convenientemente estudiada para darle la
organización que ha menester como un ramo industrial llamado a
hacer una revolución en muchos artefactos. Los charoles o esmaltes
de los objetos de metal no son ni más durables ni más.Hermosos que
los que pueden darse con nuestro barniz. Sólo falta auxiliarlos
procedimientos manuales con algunas maqninitas, especialmente en
las operaciones preliminares. "La particularidad de ser esta
industria originaria y exclusiva dela ciudad de Pasto, hace creer
que fue conocida y practicada por los aborígenes de esta
región."
La madera que más se emplea para hacer vajillas de
servicio y juguetes para niños, es la conocida en Pasto con el
nombre de rosa: es blanca, porosa, de poco peso y de exquisito
aroma, Como auxiliares de los talleres de barnizar hay muchos
tornos. En éstos hemos comprado, media docena de tazas o copas con
sus respectivos plásticos, por diez centavos, y por otros diez los
hemos hecho barnizar a nuestro gusto con adornos de diferentes
formas y colores. Seria muy larga y enfadosa enumeración de todas
las industrias del Sur si fuéramos a dar pormenores de cada una de
ellas En la exposición de 1894 exhibimos productos de la mayor
parte de ellas, y allí las observó y elogió grandemente el
ilustrado publicó de Bogotá. En aquellos días habló muy
detenidamente la prensa de cada uno de los objetos expuestos. Una
de las principales es la de curtiembre y talabartería, los cueros
curtidos se pueden traer a Bogotá, a casi trescientas leguas dé
distancia por correo o a flete, con buena utilidad ; aperos,
zamarros, alforjas, sillas y galápagos se han traído en los dos
últimos años con buen éxito pues tienen mucha demanda esos
artículos por su calidad elegancia y baratura. El señor don Manuel
Benavides Campo, de Túquerres" ha enviado cueros curtidos
a Nueva York, y aunque allí tiene que pagar veinte dólares por
derechos de introducción, comisiones, etc., por cada quintal, ha
obtenido mejor utilidad que en las remesas de cueros sin
curtir.
El calzado es de notable duración y muy suave, pero poco
elegante, y por su precio pueden traerlo por correo las familias
pobres, con grandísima economía. Un estudiante destruye dos pares
de botines extrajeres, que cuestan de $ 5 a $ 7 el par, mientras
que el calzado de Pasto, que sólo saldría valiendo aquí $ 3,
estaría presentable.
Las medias de algodón o de lana que se hacen en las
máquinas que propagó el señor don Bernardo de la Espriella, han
anulado casi por completo la introducción del artículo a Pasto. Con
esa nueva industria, algunas familias pobres han alcanzado
bienestar, sin necesidad de esclavizarse como los obreros de
Bogota.
Desde que el Ilustrísimo señor Obispo don Ignacio Velasco
se encargó del Gobierno de la Diócesis, la industria alfarera dio
un gran paso de progreso: el célebre Prelado introdujo la
maquinaria suficiente para una gran fabricarle ladillos, que sólo
produce hoy 18,000 diarios, porque no se necesitan más en la
ciudad, pero que es de las mejores que conocemos en el país.
No fue esto lo único que hizo el señor Velasco en favor del
progreso del Sur: estableció el Seminario bajo la dirección de
Padres de la insigne Compañía de Jesús, y para ello construyó el
más cómodo y elegante edificio que tiene la instrucción pública en
Colombia, y lo dotó de un laboratorio completo de física y química
y de una bella capilla, fundó el colegio de Betlemitas; trajo los
útiles necesarios para una herrería, y un obrero vascongado para
que la manejara; introdujo la mejor imprenta que tiene el
Departamento del Cauca, etc., etc.
Para terminar esta enumeración hablaremos de una industria
que es elemento de gran riqueza y bienestar para el Sur, y de otra
que hace mucho honor al genio de los hijos de aquella tierra: los
tejidos y la imprenta.
En sólo la Provincia de Obando contó personalmente en 1889
el Prefecto, doctor Manuel Pazos, 616 telares, y no es ni la más
poblada ni la más industriosa, pero tal vez sí la que más lana
produce.
Se fabrican en esos telares y en los obrajes en grande que
hay establecidos en algunas poblaciones, como Cumbal, paños muy
finos, bayetas que empiezan a competir con las fabricadas en
Chillo; frazadas muy superiores a las que nos vienen de Boyacá y
Santander; mantas de algodón, ruanas que tienen duración para
varías generaciones, alfombras, etc., etc. Para dar color a las
obras emplean anilinas extranjeras y sustancias vegetales y
minerales que las mismas tejedoras preparan. Boussingault dice que
"poco tienen que envidiar los pastusos a los tintoreros
europeos," y con razón, porque en las telas extranjeras
no se ven tintas más firmes que las que confeccionan en el Sur.
M. Charles de St. Charles, americano práctico y de gran
talento, propuso al Gobierno el establecimiento de grandes fábricas
de tejidos sobre bases económicas y muy ventajosas, pero
desgraciadamente no se le dio oídos.
Al lado de los tejidos de lana y algodón se ven, como en
los Municipios de La Unión. Yacuenquer, San Pablo y Guaitarilla,
los de sombreros de pajas de más fino tejido y mejor apariencia que
los de Suaza, aunque no de tanta duración, y que constituyen un
artículo de activo comercio. Estos sombreros son poco usados por la
gente del bajo pueblo, la cual gusta más de los que ella misma
fabrica de lana, semejantes a los de fieltro que nos vienen del
Extranjero, y de mayor duración.
El señor Herrera calcula que en el Sur se fabrican 108,000
sombreros de paja al año.
Las telas de lana y de algodón sí son de general y
considerabilísimo consumo, y con ellas se hace valioso comercio
entre el Sur y Popayán. La lana se usa entre los pobladores de las
cimas de la Cordillera para defenderme del frío, y en el Bajo Patía
para precaverse del mal clima, como sucedía desde tiempo inmemorial
en la Campiña Romana.
En el reinado de Felipe V se establecieron los obrajes en
el Sur y entonces sus productos venían hasta Santafé.
En Pasto hay cinco imprentas, dos en Barbacoas y una en
cada una de las ciudades de Túquerres, Tumaco e Ipiales, y todas
ellas con prensas y tipos suficientes para publicar periódicos de
regular tamaño como lo hacen actualmente en Pasto, Barbacoas,
Tumaco e Ipiales. En Túquerres no se publica hoy ninguno, pero en
1878 se editó el primer, como lo decía don Trino García en una
correspondencia dirigida al Diario de Cundinamarca, en octubre de
aquel año.
"El 15 dice, salió al público El Filántropo, primer
periódico liberal fundado en esta tierra, donde se había, arraigado
el fanatismo.
Es muy interesante la historia de la primera imprenta que
funcionó en Pasto, como la refiere el doctor Luciano Herrera en la
Memoria que hemos citado :
"Pastor Enríquez, dice, fue tambor de órdenes de
don Basilo García en la batalla de Cariaco, por lo que después de
la guerra se trasladó al Chocó, como emigrado. Al regresar a Pasto
por los años de 1627 a 1828, conoció en Cali y Popayán las primeras
imprentas, y concibió la idea de establecer una un el lugar de su
nacimiento. Viajó luego al Ecuador y trató de comprar una imprenta,
pero habiéndole parecido excesivo el precio de ella, resolvió
construirla con propia mano. En Quito conoció las matrices de
fundición, y al volver a Pasto comenzó su labor a fines del año de
1829, en compañía de los señores Juan María Cano y Alejandro
Gálvez, ambos personas decentes, que le sirvieron de obreros
auxiliares. La primera operación fue la de hacer construir punzones
de acero, en cuyas puntas estaba formado el tipo para romper la
matriz y dejar en ella el bajo relieve de la letra. La combinación
del metal fundido para los tipos se hacía con una mezcla de plomo,
cinc y estaño. Las letras fundidas eran de la clase conocida en la
tipografía con los nombres de pica, y small-pica. Las letras
mayúsculas más grandes y las destinadas para motes o epígrafes, lo
mismo que los adornos y viñetas, se hicieron de madera de naranjo y
de encino.
" La prensa, también de madera, de componía de un banco de
un metro de altura, elevado en cuatro patas, y tenía una longitud
de un metro cincuenta centímetros, por ochenta centímetros de
latitud y veinte de espesor. En los extremos de este banco, y ,en
su dirección longitudinal, se levantaban dos columnitas unidas en
su parte superior por una traviesa que tenía en el centro una
tuerca, por la que pasaba un gran tornillo de madera, cuyo extremo
inferior descansaba sobre un grueso tablón forrado de paño, que
desempeñaba el oficio de tímpano y de prensador al mismo tiempo;
dicho tablón subía y bajaba por la acción del tornillo que se
manejaba por la acción de dos palancas adaptadas a la parte
superior.
" La tinta se obtenía recogiendo el negro de humo, que se
condensaba en un cucurucho de lienzo fino lleno de caucho. El negro
de humo se desleía después en aceite y aguarrás, se molía en dos
piedras y se aplicaba a las planchas, por medio de los rodillos
comunes.
" Esta imprenta se dio al servicio publico el año de 1831 a
1832, bajo la dirección de los mismos constructores, que servían de
cajistas. En ella se publicaron las primeras cartillas para
escuela, algunas vidas de santos y novenas, un sinnúmero de hojas
políticas sueltas y seis o siete periódicos, entre ellos El Volcán,
Las Máscaras y otros. Se reimprimieron varias obritas didácticas,
entre ellas un tratado de moral del señor Joaquín Lorenzo
Villanueva, y algunas colecciones de versos, como la titulada Ocios
poéticos de Benjamín Gálvez.
" El grabado se ha ensayado con muy buen éxito
desde 1862. En aquel año publicó El Espectador, valiente periódico
que redactaba en Pasto don Vicente Cárdenas, dos caricaturas
grabadas en madera, que tenían por objeto ridiculizar el gobiernito
que intentó establecer el doctor Emigdio Paláu, al pie del nevado
de Chiles, por cuenta del General Mosquera. Posteriormente, a
principio del año actual, publicó. El Bien Público de Pasto un
retrato bastante bien grabado.
Vamos a recordar algunos hechos históricos, para que se vea
que el Sur es una región muy rica en minerales, especialmente de
oro, y oro de la mejor ley que se conoce.
En todas las historias del descubrimiento del Perú, se habla
de que llegó a Tacames el piloto Bartolomé Ruiz en su primer viaje
y encontró muchos indios de que tenían la casa sembrada de clavos
de oro sacado de Barbacoas."
Cierto es que entonces no era conocida, esta región, y ni
siquiera tenía ese nombre; pero ese mismo hecho es prueba de la
riqueza aurífera. A los descubridores les señalaron los indios de
qué lado se sacaba el oro, y los escritores dijeron más tarde que
esos veneros eran los de Barbacoas, porque fue donde mayor cantidad
del precioso metal encontraron.
Cieza de León, que conoció personalmente el sur del Cauca,
dice que en el punto donde más se estrecha el Patía estaba el
Pueblo de la Sal, y que los indios de allí usaban mucho oro, y
agrega, refiriéndose a la región de Barbacoas:
"En la tierra de adentro, hacia el Poniente, había mucho
poblado y ricas minas y mucha gente."
El Adelantado Andagoya, en su relación de los
descubrimientos en el Mar del Sur, habla de la gran riqueza de
estas costas en oro, y dice que las mujeres todas traían los
brazos llenos de anillos de oro fino en gran cantidad," y
que en 1540 se había tenido de la "tierra adentro y de todas
partes gran noticia de la riqueza de ella."
El Coronel Joaquín Acosta refiere que Pedro de Añasco y
Juan de Ampudia enviaron desde las tierras de los quillacingas una
expedición que encontró un valle profundo y lleno de habitantes que
se dejaban ser adornados con planchas de oro.
Pedro Cieza de León, en La Crónica del Perú, se expresa
así deestas regiones:
"Son muy riquísimos estos indios de oro, y la
tierra que tienen muyfértil, y los ríos llevan abundancia de este
metal."