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De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
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Ríosucio y Supía
Anserma
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Santa Rosa de Osos
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Ituango
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Campamento
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Carolina
Amalfi
Remedios
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Yolombó
San Roque
Santo Domingo

    El señor Muñoz no obtuvo utilidad pecuniaria de ninguna clase en los trabajos de construcción, porque sus agentes nos preocupamos menos de este detalle que de dar fiel cumplimiento a sus instrucciones.

 En cambio, ha dejado un monumento de larga duración y de grandísima utilidad para el país, que hará indelebles su nombre y el de don Julián Uribe  en el sur del Cauca.

     Nuestra intervención en la construcción de los puentes fue muy secundaria: en Nembí, Imbí y Cartagena, ríos apenas vadeables en los largos veranos, hizo levantar el señor Vicente Micolta, por convenio especial con Muños, puentes de arco y de piedra labrada que lucirían en  el río San Francisco, en el centro de Bogotá. En otros ríos, como Guabo, Chambu, Curcuel, Armada y diez o doce más, se construyeron sólidos puentes de madera, por cuenta del contratista, sin que fuera esa su obligación.

     Permítasenos consignar aquí, ya que no hay ocasión para hacerlo en otra forma, un recuerdo de amistad y gratitud a personas fiel Sur que ayudaron muy eficazmente en la realización de los trabajos en que intervinimos. De don Julián Uribe, con quien vivíamos como si fuéramos hermanos, nada diremos, porque él fue la cabeza y el brazo de aquellos trabajos, y nosotros sólo sus colaboradores.

     El Coronel Primitivo Quiñones, el jefe del partido conservador de la Provincia de Túquerres, que era nuestro consejero y amigo de confianza, don Ángel León, el General Juan B. González Garro, don José María Fajardo y don Ignacio Benavides, son acreedores a nuestra gratitud, porque de la manera más espontánea ayudaron con tal interés que más parecía lo tuvieran directo en la empresa.

    Entre los empleados subalternos de ésta debe figurar en primer término don Luis F. Jaramillo, dechado de buen sentido práctico, de honradez, valor y actividad, que quedó hasta hace poco encargado de la conservación del camino, y don Carlos Fletcher y don Pablo E. Ospina, que ya no leerán el recuerdo que les dedicamos, pero que no por eso dejamos de hacerlo, para que quede constancia escrita de que no olvidamos su amistad y sus servicios; y tantos otros amigos cuya lista, aunque larga, no se borra del corazón del amigo y compañero.

     La vía de Túquerres a Tumaco no sólo sirve al sur de Colombia  al norte del Ecuador, sino también a Popayán. Aun en Cali veíamos en otro tiempo vender paños franceses comprados en Quito.

     El General José María Obando era muy conocedor del Patía, puesto que en las cabeceras de este río hizo en 1812 sus primeras armas contra la dominación española, y después dio tanto que hacer en el valle por largos años, unas veces en contra de la independencia y otras en favor, ya a las órdenes de Bolívar, ya combatiéndolo o auxiliando invasiones extranjeras, que después combatía para volver a provocar. El sabía que la ruta más fácil y económica para comunicar a Popayán con el Océano debía abrirse por el Patía, y por eso recabó de la Legislatura del Cauca el Decreto de 20 de mayo de 1851, por el cual se le concedió privilegio para abrir un camino de aquella ciudad al expresado río.

     Parece que no hizo cosa de provecho el General ; pero tuvo eco la idea patrocinada por él, y lanzada desde 1801 por el sabio Caldas, quien dijo que el valle del Patía es la vía más natural para hacer un caminito de Popayán al Pacífico ; pues el Congreso, por Ley de 30 de abril de 1869, autorizó al Gobierno Nacional para tomar acciones en la empresa de apertura de un camino de algún punto navegable del Patía al Rosario, y de allí a, Popayán.

     En ese mismo año, el 7 de agosto, la Legislatura del Cauca apropió fondos para la obra. Por Ley de 5 de junio de 1871 volvió aquella corporación sobre el asunto, y mandó fomentar de preferencia una vía carretera del Castigo a Popayán.

     Tres años más tarde, en octubre de 1874, suscribió el Gobierno de la unión $ l0,000 en acciones de la empresa del camino, pagaderos por mensualidades de a $ 1,000, y creó la plaza de Ingeniero con $ 1,500 de sueldo anual.

     Mientras tanto, los ingenieros Belden y Sammis, que exploraban el terreno, informaron en el citado mes de octubre al Presidente del Estado, que, encontraban la vía muy favorable y fácil la apertura de un camino.  Los trabajos se empezaron, pero se suspendieron a causa de la guerra, cuando apenas llevaban 3 leguas de banqueo con un gasto de $ 32,176-59, de los cuales salieron $ 11,200 del Tesoro Nacional.

     Desde entonces no volvió a pensarse en Popayán en buscar salida al mar por el Patía, y se fijaron en la ruta del Micay. Tal vez el recuerdo de que hubo por allí minas de familias de la ciudad, en otro tiempo poderosas, los hizo encariñarse con esta ultima ruta.

     Creemos haber hecho una relación completa, aunque muy de ligero, de todos los esfuerzos del Gobierno y de los particulares para poner en fácil comunicación la mesa de Túquerres con el mar.

     Ahora conviene hacer otra de todas las disposiciones dictadas para favorecer el comercio del Sur con el Exterior.

     La Aduana de Tumaco, que es su única puerta de entrada, fue establecida por Decreto del Congreso, de 16 de mayo de 1836, que habilitó el puerto para el comercio de importación y exportación. Barbacoas sufría muchísimo, porque, como decían Jorge Juan y Antonio de Ulloa, a aquel puerto fluvial había que llevarle de fuera todos los mantenimientos.

     Se habilitó el puerto, pero nada se hizo para mejorarlo, a pesar de que desde el siglo pasado don Alejandro Malaspina aconsejaba en su relación de Navegación entre a las costas del Cauca, que se abalizara el fondeadero, por ser variable.

     Sin embargo, el puerto ha sido siempre abordable, como lo certifican cronistas e historiadores que dan cuenta del arribo a él de las expediciones de Pizarro y Almagro, y más tarde la del célebre piloto Gabriel de Rojas, compañero de Alvarado. En 1684 había en la isla alguna riqueza, puesto que el corsario Eduardo David la saqueó, y aun cargó con las mujeres.

     La Cámara de Provincia de Pasto, por Decreto de 5 de octubre de 1836, mandó abrir un canal en el istmo de Chapul, entre la laguna de Chimbusa y el río Chagüí; y el Congreso, por Decreto de 4 de octubre del mismo año, llamó a licitación para realizar esa obra, ofreciendo conceder privilegio por veinte años y permitir el cobro de 2 a 8 reales por cada bulto de mercancías extranjeras, y de 1 a 4 por los de frutos del país que por el canal transitasen.

    Esa obra es muy costosa y difícil, porque el istmo o Arrastradero tiene próximamente legua y media de extensión; pero el llegara a abrir se y se limpiara la laguna de Chimbusa, para evitar naufragios frecuentes, como el que sufrimos en 1893, en viaje que hicimos con el General Rafael Reyes, ganaría muchísimo el comercio.

     También sería medida muy útil, porque se evitaría un rodeo de tres horas, la apertura de un canal de seis cuadras entre el río Chagui y la ensenada del Chajal, en la Vuelta del Viento. Por Ley de 5 de junio de 1871 volvió aquella corporación sobre el asunto, y mandó fomentar de preferencia una vía carretera del Castigo a Popayán.

     Tres años más tarde, en octubre de 1874, suscribió el Gobierno de la unión $ l0,000 en acciones de la empresa del camino, pagaderos por mensualidades de a $ 1,000, y creó la plaza de Ingeniero con $ 1,500 de sueldo anual.

     Mientras tanto, los ingenieros Belden y Sammis, que exploraban el terreno, informaron en el citado mes de octubre al Presidente del Estado, que, encontraban la vía muy favorable y fácil la apertura de un camino.  Los trabajos se empezaron, pero se suspendieron a causa de la guerra, cuando apenas llevaban 3 leguas de banqueo con un gasto de $ 32,176-59, de los cuales salieron $ 11,200 del Tesoro Nacional.

     Desde entonces no volvió a pensarse en Popayán en buscar salida al mar por el Patía, y se fijaron en la ruta del Micay. Tal vez el recuerdo de que hubo por allí minas de familias de la ciudad, en otro tiempo poderosas, los hizo encariñarse con esta ultima ruta.

     Creemos haber hecho una relación completa, aunque muy de ligero, de todos los esfuerzos del Gobierno y de los particulares para poner en fácil comunicación la mesa de Túquerres con el mar.

     Ahora conviene hacer otra de todas las disposiciones dictadas para favorecer el comercio del Sur con el Exterior.

     La Aduana de Tumaco, que es su única puerta de entrada, fue establecida por Decreto del Congreso, de 16 de mayo de 1836, que habilitó el puerto para el comercio de importación y exportación. Barbacoas sufría muchísimo, porque, como decían Jorge Juan y Antonio de Ulloa, a aquel puerto fluvial había que llevarle de fuera todos los mantenimientos.

     Se habilitó el puerto, pero nada se hizo para mejorarlo, a pesar de que desde el siglo pasado don Alejandro Malaspina aconsejaba en su relación de Navegación entre a las costas del Cauca, que se abalizara el fondeadero, por ser variable.

     Sin embargo, el puerto ha sido siempre abordable, como lo certifican cronistas e historiadores que dan cuenta del arribo a él de las expediciones de Pizarro y Almagro, y más tarde la del célebre piloto Gabriel de Rojas, compañero de Alvarado. En 1684 había en la isla alguna riqueza, puesto que el corsario Eduardo David la saqueó, y aun cargó con las mujeres.

     La Cámara de Provincia de Pasto, por Decreto de 5 de octubre de 1836, mandó abrir un canal en el istmo de Chapul, entre la laguna de Chimbusa y el río Chagüí; y el Congreso, por Decreto de 4 de octubre del mismo año, llamó a licitación para realizar esa obra, ofreciendo conceder privilegio por veinte años y permitir el cobro de 2 a 8 reales por cada bulto de mercancías extranjeras, y de 1 a 4 por los de frutos del país que por el canal transitasen.

    Esa obra es muy costosa y difícil, porque el istmo o Arrastradero tiene próximamente legua y media de extensión; pero el llegara a abrir se y se limpiara la laguna de Chimbusa, para evitar naufragios frecuentes, como el que sufrimos en 1893, en viaje que hicimos con el General Rafael Reyes, ganaría muchísimo el comercio.

     También sería medida muy útil, porque se evitaría un rodeo de tres horas, la apertura de un canal de seis cuadras entre el río Chagui y la ensenada del Chajal, en la Vuelta del Viento. A aquella disposición legislativa se siguió otra, la Ley de 24 de  mayo de 1839, que permite la importación por los ríos navegables o por  tierra, sin pagar derechos, de los productos manufacturados del Ecuador, con excepción del anís, cacao, café, tabaco, sal, azúcar, aguardiente y melaza. Ningún beneficio reportaban de las gracias concedidas por  esta Ley aquellos pueblos, fuera del de la franquicia de las manufacturas de leña y algodón, que consumen en gran cantidad. La sal, que es  artículo de primera necesidad y no se produce en el Sur, y que vale en  los mercados de la cordillera de $ 6 a $ 9 arroba, sí quedó exceptuada  de la exención de derechos. Los demás artículos no pueden importarse porque no resistirían la competencia de los que allí se producen. Hoy,  cuando los jornales y las tierras han aumentado mucho de valor, enviamos al Ecuador 4.000 quintales de anís por año, según cálculos de don  Marco A. Ortiz en un interesante informe que publicó en Él Taller de  Bogotá; y eso a pesar de que el anís paga un derecho igual a su valor  en la frontera del Carchi. El tabaco y el azúcar también se llevan en  grandes cantidades al Ecuador, no obstante que pagan en aquel país  un derecho de introducción equivalente al 60 por 100 de su valor.

      Las concesiones de la Ley de 1839 fueron anuladas en parte por un Decreto dictado en 1842 por la Cámara Provincial de Pasto, el cual dispuso que se cobraran 2 reales por cada bulto de mercancías que se introdujeran del Ecuador por el puerto seco del Carchi-menos los víveres,-y 2 reales por cada ruana.

     En el mismo año eximió el Congreso, por Decreto de 19 de junio, del pago de derechos de introducción los artículos que llegaran a Tumaco para el consumo en la isla y los que se exportaran por esa Aduana.

     No fueron de mucha duración las gracias concedidas al Sur por el Congreso, pues el 20 de mayo de 1846, con pretexto de favorecer el comercio que se hiciera en buques nacionales, dispuso que las frazadas del Ecuador pagaran por su introducción los derechos señalados para las otras Aduanas; pero que cuando la introducción se hiciera en buques nacionales, se abonaran al introductor 34 reales por cada quintal; y si en buques extranjeros, se recargara el derecho en un 25 por 100.

     No contento con esto el Cuerpo Legislativo, gravó en el mismo año las bayetas ecuatorianas con un derecho de 13 a 20 centavos por vara, según su cantidad.

     Por Decreto legislativo de 10 de abril de 1852 se declararon libres del pago de derechos las tejas metálicas y los clavos que la introdujeran a Tumaco. Lástima que esta disposición no haya sido permanente, pues tal vez la ciudad se habría librado de algunos de los incendios que la han arruinado

     En 30 de octubre de 1859 se celebró un contrato con la Compañía Británica, para que sus buques tocaran en Tumaco, y en virtud de ese convenio llegó al puerto el primer vapor mercante (el Amme) el 11 de marzo de 1860.

     Por Ley de 29 de abril de este último año se concedieron a Tumaco las franquicias que por Decreto legislativo de 21 de mayo de 1839 se habían concedido a Buenaventura, y que ya estaban abolidas (por Ley de 25 de junio de 1858). Esta franquicia era para que los buques de naciones amigas pudieran entrar al puerto sin pagar derechos, durante cuarenta años, por las mercancías de importación o exportación que condujeran.

    En 1860, por la Ley 19, se suprimió la Aduana que había funcionado algún tiempo en Iscuandé. Por Ley de 13 de marzo de 1863 se eximió del pago de derechos de importación la sal del Perú, pero por otras leyes posteriores (de 24 de abril de 1866 y 24 de abril de 1867) se gravó con 25 centavos por cada miligramo.

    El puerto estuvo cerrado algún tiempo, pero la Ley 74 de 7 de junio de 1866 volvió a declararlo habilitado.

    El 28 de abril de 1869 se celebró contrato con la Compañía de Navegación en el Pacífico, para que sus vapores tocaran en Tumaco dos veces por mes, y condujeran el correo mediante el pago de $ 300  mensuales.

    En noviembre del mismo año el Gobierno del Cauca concedió privilegio exclusivo al señor Roberto B. White, por el término de cuarenta y nueve años, para establecer la navegación por vapor en los ríos Patía y Telembí. Se concedía al privilegiado el plazo de cuatro años para empezar a cumplir sus compromisos, y una gratificación de 60,000 hectáreas de tierras baldías. White debía dar fianza de $ 2,000. El Gobierno se reservaba el derecho de tomar el 25 por 100 de las acciones.

     Por Ley de 28 de mayo de 1870 se declaró que por veinte años quedaban libres del pago de derechos de tonelaje las embarcaciones que entraran al puerto de Tumaco, y de derechos de importación las mercancías que se introdujeran para el consumo en la isla. Esta franquicia se suspendió por Ley de 21 de junio de 1872.

   La Convención del Cauca de 1878 aprobó unánimemente una proposición en que se ordenó solicitar del Congreso la devolución de las franquicia que otorgó la Ley de 1870.

    En enero de este año solicito el Concejo Municipal de Pasto la improbación del Tratado de amistad y comercio con el Ecuador, por ser perjudicial a los intereses de Colombia, Lástima grande que nuestros estadistas no estudien este punto, porque harían mucho bien al país, pues estamos en situación de imponer la ley sin aparecer como exigentes.

     La Ley 69 de 5 de junio de 1871 mandó fomentar de preferencia las vías de herradura entre Pasto y el Ecuador; pero nada se ha hecho hasta hoy en ellas.

     Otra de 14 de mayo de 1872 mandó fomentar, también de preferencia, la navegación por vapor en el río Patía.

     Por la 53 de 20 de junio de 1874 se autorizó al Ejecutivo para contratar la fundación de dos o tres colonias en el Caquetá, fomentar la navegación del Putumayo por vapores, y auxiliar estas obras y la construcción de un camino. Podía el Ejecutivo, en virtud de esa Ley, conceder privilegio exclusivo para explotar cierta porción de bosque y ceder 60,000 hectáreas de baldíos. Los señores Reyes hermanos entraron en negociaciones con el Gobierno sobre estas bases.

     La Ley 13 de 16 de abril de 1875 concedió franquicia a los artículos alimenticios que se introdujeran por Tumaco; pero la Municipalidad de Barbacoas anuló los efectos de la Ley en el Distrito, porque estableció un fuerte gravamen sobre esos artículos, con el nombre de derecho de consumo.

    En 187l, por la Ley 74 de 7 de junio, se declararon libres los puertos fluviales del Caquetá.

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