IMPORTANCIA COMERCIAL
DEL SUR
Por otro aspecto estudiaremos en este artículo la
importancia del sur del Cauca, empezando por una relación
circunstanciada de las disposiciones oficiales que se han dictado
para fomentar el comercio de aquella región.
Un relato de esta naturaleza no es ameno de suyo, y
nosotros somos poco adecuados para darle atractivo, creemos que, en
cambio, no carecerá de interés para los amigos de estudios
históricos y estadísticos, quienes encontrarán en él un índice
bastante exacto de lo relacionado con dos puntos que deben tenerse
en cuenta al escribir la monografía de Pasto.
Lo primero es anotar las bases ideadas por conquistadores,
colonizadores gobernantes y particulares, con el designio de
desarrollar el comercio de aquella región, enumerando los esfuerzos
hechos desde los primeros tiempos hasta nuestros días para abrir un
camino que comunicara las tierras altas con el mar.
Sabido es que los primeros descubridores del Ecuador
entraron por el Perú, de donde los despachó Pizarro a conquistar el
antiguo Reino de los caras
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.
Se hallaban ya en lo que es hoy territorio del Ecuador,
cuando don Pedro de Alvarado, Adelantando de Guatemala, llegó a la
bahía de Caraques en mayo de 1534, con la mejor equipada y más
poderosa armada que hasta entonces se hubiera visto en los mares
del Nuevo Mundo. Esta armada se había preparado para la conquista
de las Islas de las Especias, en las Indias Orientales; pero
Alvarado, desobedeciendo órdenes terminantes de la Metrópoli y del
Virrey de Méjico, atraído por la fama de riqueza del Perú, creyó
mejor dirigirse a la capital de Atahualpa.
De Caraques siguió para el interior, y a pesar de las
penalidades sin cuento que sufrió en aquella expedición, semejantes
y aun superiores a las de Jiménez de Quesada y sus compañeros, ese
viaje dio idea deque podría abrirse un vía que comunicara las altas
y riquísimas mesetas de los Andes con un puerto del Pacífico.
Prontamente se abrió un camino directo desde Quito , pero
como quedara muy apartada de esa vía la región del Norte, se pensó
en establecer otro que partiera de Ibarra hacia el Occidente.
Don Diego López de Zuñiga fue el primero que en 1683 trató
de poner en práctica el proyecto, empezando por asentar una
colonia. Poco antes el Capitán Juan de Céspedes, y después de él el
Capitán Diego Galíndez, había bajado hasta el mar, por Barbacoas,
en busca de una salida para los pobladores de Pasto.
En 1577 el célebre Cura de Funes, don Miguel Cabello y
Balboa trató de plantar una colonia en la costa de Esmeraldas,
donde se habían erigido en regalos dos negros; pero las
persecuciones de los indios le obligaron a abandonar el pueblo,
apenas empezado a edificar, y los proyectos de comunicación directa
con el interior.
El gobernante de Quito, don Miguel Ibarra, tomó grande
interés en la exploración de aquella vía, por lo cual se llamó
Ibarra la ciudad que se fundó en el punto de donde creían debía
arrancar el nuevo camino.
Desde allí partió en 1607 don Cristóbal de Troya con una
expedición exploradora, que dio bastante luz sobre la materia.
Las autoridades españolas, que se interesaban más que
nosotros en las vías de comunicación, como lo prueba el hecho de no
haber hoy casi otras que las que ellos abrieron, escogieron hombres
de empresa y los favorecieron con grandes concesiones, para que
buscaran una salida de Ibarra por el río Mira.
Desgraciadamente para el Ecuador, y por fortuna para la
actual República de Colombia, los esfuerzos que hicieron don Pablo
Durango Delgadillo, en 1621; don Francisco Pérez Menacho, en 1626,
don Juan Vicencio Justíniani, que los siguió, y don Hernando de
Soto Calderón, en 1713, encallaron en aquellos solitarios
bosques.
En adelante continuaron haciendo esfuerzos los Gobiernos de
Quito por abrir un camino de Ibarra a Esmeraldas, hasta que
lograron romper trochas, casi intransitables, en diferentes
direcciones. De una de ellas habla don Andrés Ballearto en sus
Breves Apuntes sobre los desórdenes de Quito en 1809, cuando dice
que existió un camino entre Ibarra y Tumaco, por el Mira.
Ese interés se avivó cuando el Ecuador vio que Colombia
tomaba al fin medidas eficaces para hacer transitable el camino de
Barbacoas.
Presentía que el comercio del sur de Colombia no se haría
en adelante con Quito y por Guayaquil, y que el del norte de aquel
país tomaría la vía de Tumaco para evitarse aquella larga y costosa
vuelta, y que, por consiguiente, iba a perder mercados tan
importantes como Pasto, Túquerres, Ipiales, Bolívar, etc., y aun el
de Popayán, porque hasta allí venían mercancías que expedían los
importadores quiteños.
Quito dista de Guayaquil, por un camino difícil, costoso y
malsano en las partes bajas, e intransitable en las épocas de
lluvias, por lo menos diez jornadas de recuas ; y abierto el camino
del Mira, conocido con el nombre de El Pailón, se acerca tanto al
mar, que una Junta Directiva que se organizó en esa capital en
1889, para promover los trabajos de la vía, decía en circular
publicada que por allí sólo distaba Quito seis días de Panamá.
Apenas iniciados los trabajos en aquel año, no se
adelantaron, porque allá, como acá, se deja lo práctico por lo
irrealizable: descuidaron el camino de herradura, para soñar con
ferrocarriles.
En 1893 se constituyó en Esmeraldas otra Junta para secundar
los trabajos de aquélla o de otra que se organizó en la capital de
la República.
El General Vicente Fierro, Gobernador de la Provincia de
Imbabura, tuvo, el año siguiente, el buen sentido de emprender los
trabajos con actividad, y aun llamó con ese objeto a uno de los
principales empleados y a varios de los obreros que nos
acompañaron en la apertura del camino de Barbacoas ; pero vino la
guerra, y todo se habrá suspendido.
Aquel camino es una amenaza para los intereses fiscales de
Colombia. Si se; abre, la Aduana de Tumaco recibirá golpe de
muerte. Más adelante diremos porqué y a qué conduce lo que hemos
escrito sobre el camino del Pailón.
Antes de hacer la historia de la construcción del de
Túquerres a Barbacoas, es bueno que se conozca cómo era esa vía,
para que se comprenda porqué el comercio del Sur se hacía por
Guayaquil.
Por el puerto de Buenaventura no podía pensarse en hacerlo,
porque está a poco menos de 100 leguas de distancia, y porque los
fletes son carísimos y los caminos detestables.
El presbítero Joé Ignacio Víctor Eizaguirra, ilustrado
sacerdote chileno que viajó por Colombia a mediados del siglo,
pinta así el camino:
"Pantanos profundos, barrancos espantosos y
fragosidades infinitas interrumpen constantemente esas veredas y
las inutilizan para toda otra persona que no sean los negros que
las trafican haciendo el oficio de bestias."
El Ilustrísimo señor doctor José Elias Puyana, primer
Obispo titular de Pasto, hizo la visita pastoral de Barbacoas en
1857, y en sus notas de viaje dice que en la montaña sólo se podía
caminar tres leguas por día, "porque el camino es una
senda que ha abierto el pie humano desde ahora tres siglos, y todo
él es desfiladero tortuoso lleno de agua."
Agrega:
"El viajero que ve los peligros por donde lo han
pasado los cargueros se queda asombrado; no encuentra un punto
donde pueda apearse de la silla, porque todo es fango y agua; todo
el camino está lleno de víboras e insectos, al fin de cada tres
leguas se encuentra un tambo de piso alto, sin más provisión que
agua y leña, hay que llevar todo menaje de cocina para poder
almorzar y cenar, pues no hay forma de poderse detener en aquel
desierto espantoso."
M. Andrés, qua anduvo herborizado en el Cauca, dice que el
sistema climático de la región de Barbacoas se reduce a una formula
muy sencilla: llueve permanentemente. El encontró
"espantosos" el camino, y a los cargueros, "de
raza bella, imberbes y provisto de músculos de acero y de
elasticidad de piernas a toda prueba." Agrega que
"estos hombres de fuerza enorme transportan a los
pasajeros por montes oscuros, descensos vertiginosos rocas tajadas
en medio de precipicios y angostaras y peligros sin
cuentos." ''ningún carguero europeo dice, haría este viaje
sin tomarse muchos días de descanso. La rapidez de las pendientes y
las dificultades del camino son de imposible
descripción."
Caldas lo calificada de pésimo en 1801; decía que no se le
había hecho mejora en trescientos años, y que creía que el terreno
no permitía otro camino mejor.
Don Francisco Soto, Secretario de Hacienda, decía al
Congreso de 1833, que aquella vía era intransitable, y recomendaba
como indispensable la apertura de otra. Reclus se expresaba
así:
"De Barbacoas a Túquerres, la ciudad más próxima
de la mesa, la ascensión por senderos escarpados, precipicios,
barracas, estrechuras y lodazales, excede de 3,000 metros, y en
ciertos puntos peligrosos para las bestias de carga, los hombres,
los cargueros o estriberas, así llamados por la faja de cuero que
ciñe su frente, llevan a espalda viajeros y mercaderías."
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En diciembre de 1893 publicó el General Rafael Reyes no
artículo en La Estrella de Panamá, en que describe así el camino
que él recorrió varias veces:
"Esta rica, poblada y extensa región, puede
decirse que ha estado, desde que los españoles la descubrieron, en
completo aislamiento, sin comunicación directa con el mar. La
única vía que tenía era una vereda, de Barbacoas, sobre el río
Telembí, navegable por vapores, a Túquerres, en la cima de la
cordillera, esta vereda, para viajaros de a pie, atravesaba
treinta leguas de montaña por terrenos tan húmedos y deleznables,
que el pie del hombre había cavado una bóveda, angostura, hasta de
6 metros de profundidad por 50 centímetros de ancho la vegetación
había cubierto la parte superior, de suerte que la luz, que
penetraba escasamente, apenas permitía al viajero escamparse de
centenares de víboras que abundan en aquellas selvas más que en
ninguna otra parte del continente, o ver al que venía en dirección
contraria. En este caso, uno de los dos tenía que acostarse para
que el otro pasara por encima. Esta era la vía de comunicación que
la densa. población del interior tenía hasta hace un año con la
costa las de los puertos de Guayaquil y Buenaventura están
centenares de leguas de distancia."
El eximio y original prosador don Juan Montalvo estuvo
asilado en el Sur hace unos diez y ocho años, y entonces escribió
esto :
"Túquerres, pueblo que el malévolo Anónimo ha
calificado tan cruelmente, es pueblo laborioso, vigoroso, parece
que el frescor vivificante de la cordillera, la pureza del aire y
la sobriedad, les comunicara a estas poblaciones el brío y la
resistencia que los vuelven Superiores a cualquier trabajo, ver a
los Túquerres subir esas escaleras de piedras, pasar esas vigas
enjabonadas de los sumidores, dar esos saltos maravillosos por los
barrancos de la montaña de Barbacoas, y esto con un quintal de peso
a las espaldas, cosa es que llena de asombro. Estos hombres
Hércules, semidioses del trabajo, para tantas labor, tanto sudor,
quién lo creyera no cargan sino un puñado de aco o polvo de cebada,
que se lo beben disuelto en agua por toda alimentación durante
nueve días; y llegan fresco a la tierra del oro, y se vuelven al
otro día con cinco arrobas de sal a cuestas. Uno que, como yo, se
ha visto salvar la vida cuarenta veces por uno de estos Túquerres
providenciales, no puede manos que profesar singular cariño a esa
socorrida, socorrida gente. Un gigante de esos, primeros se haría
pedazos que consentir el menor contratiempo al que lleva sobre sus
hombros a menos que éste sea un tacaño despreciable, á quien adrede
zampa de cabeza en el lodo. Tratábanme de pródigo los otros
viajeros, y me acusaban de estragador de las costumbres, porque
sobre los tristes diez pesos que gana un sillero, en ocho o nueve
días de camino, en regalos y adehalas les daba yo quince o veinte
más. Pero yo en cinco veces que he pasado por ese hermoso infierno,
he quedado siempre con vergüenza y tristeza de no poder hacer nada
por mi salvador de cada minuto."
1 Velasco, y más tarde
González Suárez, son los únicos historiadores que han llamado
sciris a los caras, conquistadores de los guitus, y a su vez
conquistados por los incas.
2 Chimangual, la parte
más alta del camino, está a 3,295 metros sobre el nivel del mar;
Túquerres, a 3,107, y Barbacoas, a 20. Por la vereda que existía
nunca llegó una bestia de carga a las orillas del Telembí.
Estribero no se ha llamado en parte alguna al carguero, sino al
espolique o mozo que acompaña a pie a una persona que va a caballo.
La faja que lleva el carguero en la frente jamás se hace de cuero,
sino de cabuya c de corteza de un árbol, y se llama cargador.