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De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
Salgar
Bolívar
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Ríosucio y Supía
Anserma
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Santa Rosa de Osos
Entreríos
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Ituango
San Andrés
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Campamento
Anorí
Carolina
Amalfi
Remedios
Segovia
Yolombó
San Roque
Santo Domingo
IMPORTANCIA COMERCIAL DEL SUR

 

     Por otro aspecto estudiaremos en este artículo la importancia del sur del Cauca, empezando por una relación circunstanciada de las disposiciones oficiales que se han dictado para fomentar el comercio de aquella región.

     Un relato de esta naturaleza no es ameno de suyo, y nosotros somos poco adecuados para darle atractivo, creemos que, en cambio, no carecerá de interés para los amigos de estudios históricos y estadísticos, quienes encontrarán en él un índice bastante exacto de lo relacionado con dos puntos que deben tenerse en cuenta al escribir la monografía de Pasto.

    Lo primero es anotar las bases ideadas por conquistadores, colonizadores gobernantes y particulares, con el designio de desarrollar el comercio de aquella región, enumerando los esfuerzos hechos desde los primeros tiempos hasta nuestros días para abrir un camino que  comunicara las tierras altas con el mar.

    Sabido es que los primeros descubridores del Ecuador entraron por el Perú, de donde los despachó Pizarro a conquistar el antiguo Reino de los caras 1 .

     Se hallaban ya en lo que es hoy territorio del Ecuador, cuando don Pedro de Alvarado, Adelantando de Guatemala, llegó a la bahía de Caraques en mayo de 1534, con la mejor equipada y más poderosa armada que hasta entonces se hubiera visto en los mares del Nuevo Mundo. Esta armada se había preparado para la conquista de las Islas de las Especias, en las Indias Orientales; pero Alvarado, desobedeciendo órdenes terminantes de la Metrópoli y del Virrey de Méjico, atraído por la fama de riqueza del Perú, creyó mejor dirigirse a la capital de Atahualpa.

    De Caraques siguió para el interior, y a pesar de las penalidades sin cuento que sufrió en aquella expedición, semejantes y aun superiores a las de Jiménez de Quesada y sus compañeros, ese viaje dio idea deque podría abrirse un vía que comunicara las altas y riquísimas mesetas de los Andes con un puerto del Pacífico.

    Prontamente se abrió un camino directo desde Quito , pero como quedara muy apartada de esa vía la región del Norte, se pensó en establecer otro que partiera de Ibarra hacia el Occidente.

    Don Diego López de Zuñiga fue el primero que en 1683 trató de poner en práctica el proyecto, empezando por asentar una colonia. Poco antes el Capitán Juan de Céspedes, y después de él el Capitán Diego Galíndez, había bajado hasta el mar, por Barbacoas, en  busca de una salida para los pobladores de Pasto.

     En 1577 el célebre Cura de Funes, don Miguel Cabello y Balboa trató de plantar una colonia en la costa de Esmeraldas, donde se habían erigido en regalos dos negros; pero las persecuciones de los indios le obligaron a abandonar el pueblo, apenas empezado a edificar, y los proyectos de comunicación directa con el interior.

     El gobernante de Quito, don Miguel Ibarra, tomó grande interés en la exploración de aquella vía, por lo cual se llamó Ibarra la ciudad que se fundó en el punto de donde creían debía arrancar el nuevo camino.

     Desde allí partió en 1607 don Cristóbal de Troya con una expedición exploradora, que dio bastante luz sobre la materia.

     Las autoridades españolas, que se interesaban más que nosotros en las vías de comunicación, como lo prueba el hecho de no haber hoy casi otras que las que ellos abrieron, escogieron hombres de empresa y los favorecieron con grandes concesiones, para que buscaran una salida de Ibarra por el río Mira.

     Desgraciadamente para el Ecuador, y por fortuna para la actual República de Colombia, los esfuerzos que hicieron don Pablo Durango Delgadillo, en 1621; don Francisco Pérez Menacho, en 1626, don Juan Vicencio Justíniani, que los siguió, y don Hernando de Soto Calderón, en 1713, encallaron en aquellos solitarios bosques.

     En adelante continuaron haciendo esfuerzos los Gobiernos de Quito por abrir un camino de Ibarra a Esmeraldas, hasta que lograron romper trochas, casi intransitables, en diferentes direcciones. De una de ellas habla don Andrés Ballearto en sus Breves Apuntes sobre los desórdenes de Quito en 1809, cuando dice que existió un camino entre Ibarra y Tumaco, por el Mira.

     Ese interés se avivó cuando el Ecuador vio que Colombia tomaba  al fin medidas eficaces para hacer transitable el camino de Barbacoas.

     Presentía que el comercio del sur de Colombia no se haría en adelante con Quito y por Guayaquil, y que el del norte de aquel país tomaría la vía de Tumaco para evitarse aquella larga y costosa vuelta, y que, por consiguiente, iba a perder mercados tan importantes como Pasto, Túquerres, Ipiales, Bolívar, etc., y aun el de Popayán, porque hasta allí venían mercancías que expedían los importadores quiteños.

     Quito dista de Guayaquil, por un camino difícil, costoso y malsano en las partes bajas, e intransitable en las épocas de lluvias, por lo menos diez jornadas de recuas ; y abierto el camino del Mira, conocido con el nombre de El Pailón, se acerca tanto al mar, que una Junta Directiva que se organizó en esa capital en 1889, para promover los trabajos  de la vía, decía en circular publicada que por allí sólo distaba Quito seis días de Panamá.

     Apenas iniciados los trabajos en aquel año, no se adelantaron, porque allá, como acá, se deja lo práctico por lo irrealizable: descuidaron el camino de herradura, para soñar con ferrocarriles.

    En 1893 se constituyó en Esmeraldas otra Junta para secundar los trabajos de aquélla o de otra que se organizó en la capital de la República.

     El General Vicente Fierro, Gobernador de la Provincia de Imbabura, tuvo, el año siguiente, el buen sentido de emprender los trabajos con actividad, y aun llamó con ese objeto a uno de los principales empleados  y a varios de los obreros que nos acompañaron en la apertura del camino de Barbacoas ; pero vino la guerra, y todo se habrá suspendido.

    Aquel camino es una amenaza para los intereses fiscales de Colombia. Si se; abre, la Aduana de Tumaco recibirá golpe de muerte. Más adelante diremos porqué y a qué conduce lo que hemos escrito sobre el camino del Pailón.

    Antes de hacer la historia de la construcción del de Túquerres a Barbacoas, es bueno que se conozca cómo era esa vía, para que se comprenda porqué el comercio del Sur se hacía por Guayaquil.

    Por el puerto de Buenaventura no podía pensarse en hacerlo, porque está a poco menos de 100 leguas de distancia, y porque los fletes son carísimos y los caminos detestables.

     El presbítero Joé Ignacio Víctor Eizaguirra, ilustrado sacerdote chileno que viajó por Colombia a mediados del siglo, pinta así el camino:

     "Pantanos profundos, barrancos espantosos y fragosidades infinitas interrumpen constantemente esas veredas y las inutilizan para toda otra persona que no sean los negros que las trafican haciendo el oficio de bestias."

     El Ilustrísimo señor doctor José Elias Puyana, primer Obispo titular de Pasto, hizo la visita pastoral de Barbacoas en 1857, y en sus notas de viaje dice que en la montaña sólo se podía caminar tres leguas por día, "porque el camino es una senda que ha abierto el pie humano desde ahora tres siglos, y todo él es desfiladero tortuoso lleno de agua."

     Agrega:

     "El viajero que ve los peligros por donde lo han pasado los cargueros se queda asombrado; no encuentra un punto donde pueda apearse de la silla, porque todo es fango y agua; todo el camino está lleno de víboras e insectos, al fin de cada tres leguas se encuentra un tambo de piso alto, sin más provisión que agua y leña, hay que llevar todo menaje de cocina para poder almorzar y cenar, pues no hay forma de poderse detener en aquel desierto espantoso."

     M. Andrés, qua anduvo herborizado en el Cauca, dice que el sistema climático de la región de Barbacoas se reduce a una formula muy sencilla: llueve permanentemente. El encontró "espantosos" el camino, y a los cargueros, "de raza bella, imberbes y provisto de músculos de acero y de elasticidad de piernas a toda prueba." Agrega que "estos hombres de fuerza enorme transportan a los pasajeros por montes oscuros, descensos vertiginosos rocas tajadas en medio de precipicios y angostaras y peligros sin cuentos." ''ningún carguero europeo dice, haría este viaje sin tomarse muchos días de descanso. La rapidez de las pendientes y las dificultades del camino son de imposible descripción."

     Caldas lo calificada de pésimo en 1801; decía que no se le había hecho mejora en trescientos años, y que creía que el terreno no permitía otro camino mejor.

     Don Francisco Soto, Secretario de Hacienda, decía al Congreso de 1833, que aquella vía era intransitable, y recomendaba como  indispensable la apertura de otra.  Reclus  se expresaba así:

     "De Barbacoas a Túquerres, la ciudad más próxima de la mesa, la  ascensión por senderos escarpados, precipicios, barracas, estrechuras  y lodazales, excede de 3,000 metros, y en ciertos puntos peligrosos para  las bestias de carga, los hombres, los cargueros o estriberas, así llamados por la faja de cuero que ciñe su frente, llevan a espalda viajeros y mercaderías." 2 .

     En diciembre de 1893 publicó el General Rafael Reyes no artículo en La Estrella de Panamá, en que describe así el camino que él recorrió varias veces:

     "Esta rica, poblada y extensa región, puede decirse que ha estado, desde que los españoles la descubrieron, en completo aislamiento, sin  comunicación directa con el mar. La única vía que tenía era una vereda, de Barbacoas, sobre el río Telembí, navegable por vapores, a Túquerres,  en la cima de la cordillera, esta vereda, para viajaros de a pie,  atravesaba treinta leguas de montaña por terrenos tan húmedos y deleznables, que el pie del hombre había cavado una bóveda, angostura, hasta de 6 metros de profundidad por 50 centímetros de ancho la vegetación había cubierto la parte superior, de suerte que la luz, que penetraba escasamente, apenas permitía al viajero escamparse de centenares de víboras que abundan en aquellas  selvas más que en ninguna otra parte del continente, o ver al que venía en dirección contraria. En este caso, uno de los dos tenía que acostarse para que el otro pasara por encima. Esta era la vía de comunicación que la densa. población del interior tenía hasta hace un año con la costa  las de los puertos de Guayaquil y Buenaventura están centenares de leguas de distancia."

     El eximio y original prosador don Juan Montalvo estuvo asilado en el Sur hace unos diez y ocho años, y entonces escribió esto :

     "Túquerres, pueblo que el malévolo Anónimo ha calificado tan cruelmente, es pueblo laborioso, vigoroso, parece que el frescor vivificante de la cordillera, la pureza del aire y la sobriedad, les comunicara  a estas poblaciones el brío y la resistencia que los vuelven Superiores a cualquier trabajo, ver a los Túquerres subir esas escaleras de piedras, pasar esas vigas enjabonadas de los sumidores, dar esos saltos maravillosos por los barrancos de la montaña de Barbacoas, y esto con un quintal de peso a las espaldas, cosa es que llena de asombro. Estos hombres Hércules, semidioses del trabajo, para tantas labor, tanto sudor, quién lo creyera no cargan sino un puñado de aco o polvo de cebada, que se lo beben disuelto en agua por toda alimentación durante nueve días; y llegan fresco a la tierra del oro, y se vuelven al otro día con cinco arrobas de sal a cuestas. Uno que, como yo, se ha visto salvar la vida cuarenta veces por uno de estos Túquerres providenciales, no puede manos que profesar singular cariño a esa socorrida, socorrida gente. Un gigante de esos, primeros se haría pedazos que consentir el menor contratiempo al que lleva sobre sus hombros a menos que éste sea un tacaño despreciable, á quien adrede zampa de cabeza en el lodo. Tratábanme de pródigo los otros viajeros, y me acusaban de estragador de las costumbres, porque sobre los tristes diez pesos que gana un sillero, en ocho o nueve días de camino, en regalos y adehalas les daba yo quince o veinte más. Pero yo en cinco veces que he pasado por ese hermoso infierno, he quedado siempre con vergüenza y tristeza de no poder hacer nada por mi salvador de cada minuto."

 

 

1 Velasco, y más tarde González Suárez, son los únicos historiadores que han llamado sciris a los caras, conquistadores de los guitus, y a su vez conquistados por los incas.

 

2  Chimangual, la parte más alta del camino, está a 3,295 metros sobre el nivel del mar; Túquerres, a 3,107, y Barbacoas, a 20. Por la vereda que existía nunca llegó una bestia de carga a las orillas del Telembí. Estribero no se ha llamado en parte alguna al carguero, sino al espolique o mozo que acompaña a pie a una persona que va a caballo. La faja que lleva el carguero en la frente jamás se hace de cuero, sino de cabuya c de corteza de un árbol, y se llama cargador.

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