Larrazábal dice:
"Los pastusos se batieron con un esfuerzo y una obstinación
dignas de la mejor y más santa causa".
Demarque, Secretario interino del Libertador, escribió al
Ministro de Guerra y Marina :
"Jamás se ha visto triunfo más completo conseguido
contra hombres más resueltos que los pastusos."
El General Salom fue enviado a Pasto por el Libertador a
completar la destrucción de aquel admirable pueblo, con estas
instrucciones:
"4.° Mandará usted partidas en todas
direcciones a destruir estosfacciosos.
"5.° Las familias de estos facciosos vendrán
todas a Quito para destinarlas a Guayaquil.
"6,° Los hombres que no se presenten para ser
expulsados del territorio, serán fusilados.
"7.° Los que se presenten serán expulsados
del país y mandados a Guayaquil.
"8.° No quedarán en Pasto más que las familias
mártires por la libertad.
"9.° Se ofrecerá el territorio de Pasto a las
habitantes patriotas que lo quieran habitar.
"10.° La misma suerte correrán los pueblos de
los Pastos
1
y de
Patía que hayan seguido la insurrección de Pasto.
"11.° Las propiedades privadas de estos pueblos
rebeldes serán
aplicadas a beneficio del Ejército y del Erario
Nacional.
"12.° Usted está plenamente autorizado para
tomar todas aquellas providencias que sean conducentes a la
conservación del ejército de su mando y la destrucción de los
pueblos rebeldes.
"13.° Dentro de dos meses debe usted haber,
terminado la pacificación de Pasto."
"18.° No se permitirá en Pasto ningún género de
metal en ninguna especie de útil, y serán perseguidos fuertemente
los infractores." Salom y sus sucesores Flores y Obando
cumplieron la consigna con lujo de crueldad y con el empleo dótales
artes, que apenas son creíbles porque ellos mismos las han referido
en su correspondencia, Vaya una pálida muestra tomada de carta de
Salom al Libertadorescrita el 27 de septiembre:
"No es posible dar una idea de la obstinada
tenacidad y despechocon que obran los pastusos; si antes era la
mayoría de la poblaciónque se había declarado nuestra enemiga,
ahora es la masa total de los pueblos la que nos hace la guerra,
con un furor que no se puedepensar. Hemos cogido prisioneros
muchachos de nueve a diez. Este exceso de obcecación ha nacido de
que saben ya el modo conque tratamos en Ibarra; sorprendieron una
contestación del señor Comandante Aguirre sobre la remisión de
esposas que yo le pedíamandar asegurados a los que se me
presentaran, según las instrucciones de Su Excelencia, y sacaron
del Guátira los cadáveres de dos pastusos, que con ocho más
entregué al Comandante Paredes, con verbal de que los matara
secretamente. De aquí es que han despreciadoinsolentemente las
ventajosas proposiciones que les he hecho, y nohan valido todos los
medios de suavidad e indulgencia que he puestoen práctica para
reducirlos. Están persuadidos de que les hacemos guerra a muerte, y
nada nos creen." La persecución era la consigna: así, el
Secretario interino de Bolívar, C. E. Demarquet, ordenó al Coronel
Heres, desde Tacambuco, el 16 de julio de 1823, que aprehendiera
por todos los medios posibles al señor Francisco Aguirre; que si se
presentaba, lo enviara a España, y si no, autorizara a todo
ciudadano para que le quitara la vida o lo entregara para ser
fusilado; y agregó que si no era hallado se le embargaran todos sus
bienes, y su familia fuera enviada a Quito. Juzgúese de los excesos
que el Ejército libertador cometería en Pasto, población enemiga,
por lo que hacía en ciudades amigas del Cauca., lo cual refiere el
Coronel don José Gabriel Pérez en carta escrita el 17 de febrero al
Ministro de Justicia:
"En medio de las muchas atenciones que rodean a
su Excelencia, el Libertador en la organización del Ejército
libertador del Sur y dirección de la presente campaña, le ha sido
preciso destinar algunos momentos para oír los clamores de los
habitantes del Departamento del Cauca, que se quejan altamente de
todos los funcionarios, así militares como civiles, que han
ejercido autoridad en él. Asesinatos, estupros, violencias, robos,
y en fin, todo género de crímenes se han cometido aquí, unos por
los Jefes y otros por los subalternos. No hay el ejemplar de un
solo castigo ni de la persecución de un delito. El crimen y la
impunidad marchan juntos, y las leyes, sin ejercicio, duermen
profundamente. La Excelencia, al oír tantas y tantas atrocidades,
ha recordado la época de las crueldades de los españoles de
Venezuela, y sólo con ellas ha podido compararlas."
Todavía en carta escrita desde el Perú, en Potosí, decía el
Libertador a Santander el 21 de octubre de 1825;
"Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e
hijos transportados a otra parte, dando aquel país a una colonia
militar. De otro modo Colombia recordará a los pastusos cuando haya
el menor alboroto o embarazo aun cuando sea de aquí a cien años,
porque jamás se olvidarán de nuestros estragos, aunque demasiado
merecidos." El General Eusebio Borrero, en un folleto que
publicó en Quito en 1824, hacía estos elogios del valor de los
pastosos: Pasto es "la patria del valor"; los pastusos
elevaron "la intrepidez y la bravura a un grado extremo
más allá de lo heroico"; "suplieron la falta de
armas para pelear con gruesos palos que cortaban de sus espesos
montes. Muchísimas otras citas podríamos hacer de elogios hasta
hiperbólicos tributados al valor, constancia y lealtad de los
pastusos, en toda clase de publicaciones de sus mismos enemigos, y
recargar todavía más el cuadro de los horrores ejecutados; pero eso
haría demasiado largoeste escrito. Día llegará en que se haga
justicia a aquel rincón de Colombia, hoy olvidado, que sin armas ni
disciplina venció a Sucre, Nariño Córdoba, Caicedo, Mires, Sanders,
Salom, Macaulay, Flores, Heres, Herrán, López, Infante, Cabal,
Jiménez, Obando, Mejía, Mosquera, Valdés, Torres, Bárrelo,
Carvajal, Borrero y mil más de los principales Jefes de la
Independencia.
En 1860, apenas se levantó en armas el funestamente célebre
Presidente del Cauca, una de las primeras medidas de su teniente
Payan fue apoderarse de Tumaco con las goletas Clío y Vigilante,
porque de esa manera impedía la comunicación de Pasto con Panamá.
Barbacoas también cayó en poder de la tropa que este General
despachó con el Coronel Jacinto Solano.
El Intendente de Pasto, doctor José Francisco Zarama, mandó
Fuerzas a rescatar los puertos ocupados por el enemigo, y entonces
el señor Aníbal Mosquera, que había quedado de Gobernador en
Barbacoa, huyó a Iscuandé. Desde allí pidió indulto, apenas supo
que don Manuel M. Gallo había derrotado a los revolucionarios en
Punta de Mira, y se entregó a los comisionados del doctor Zarama,
señores José Rivas y José Polit. Después del fracaso de su
expedición sobre Santa Marta, don Julio Arboleda se acordó de que
sólo en el Sur podía encontrar un baluarte infranqueable para
defender la legitimidad, y por eso se dirigió a Pasto desde el
extremo norte de la República. Ocupado Tumaco por él, nombró al
General Juan Freile Comandante militar del puerto.
Distraído en la realización de sus vastos proyectos de
reconquista del Cauca, no pudo atender debidamente a la Costa, y
Tumaco volvió a ser tomado por el General Payan en los primaros
días del año de 1862, quiso avanzar hasta Barbacoas, pero ya el
Intendente Zarama tenía defendido el Arrastradero por fuerzas de
Pasto.
Habiendo resuelto Arbóle la marchar sobre Popayán, y no
acomodándose con los voluntarios, dispuso disolver las fuerzas
pastusas y seguir sólo con los batallones de negros que había
organizado en Panamá, pero, dice don Miguel A. Caro en la Noticia
biográfica de Julio Arboleda, los Jefes de aquéllos no lo
abandonaron, y reorganizándose en parte, luego que el hubo
marchado, el Coronel Antonio Rosas no sólo le alcanzó en Bolívar,
sino que en el primer glorioso encuentro de armas que ocurrió, tocó
a este denodado patriota parte principal en el triunfo"; es decir,
en el de Los Arboles, el 31 de julio de 1861.
El biógrafo continúa:
"Nunca como allí, dice la relación de un testigo,
se vio pelear con tanto denuedo y bizarría a los jefes, oficiales y
soldados de la fuerza del Sur, que en número de 800 hombres
lidiaron durante un día contra 1,800 comandados por los Generales
Pedrosa y Quijano."
Después de la batalla de Los Arboles llegó otro batallón de
Pasto, a las órdenes del General Eraso. Con este refuerzo pudo
estrechar Arboleda el sitio de Popayán, y el día 10 de agosto ocupó
la ciudad.
El 18 de mayo de 1862 escribía don Julio desde Mondómo al
Intendente Zarama:
"Mosquera cree que el Cauca es inconquistable
mientras la ciudadela donde se ha conservado la libertad-Pasto-esté
en armas. De aquí su decisión de salir de Pasto a todo trance, ya
haciéndola neutral, ya vendiéndola al Extranjero. Es preciso, pues,
que Pasto, que envió la libertad a Popayán y al Cauca, siga
haciendo el papel imponente que le ha asignado la Providencia en
las evoluciones políticas y sociales de este país. Con eso nos
basta para continuar siendo libres. Si la religión, el honor y la
libertad se pierden en toda la Nación (lo que no sucederá, Dios
mediante), quédenos al menos en Pasto el arca santa donde la
familia de Noé pueda hallar refugio contra el diluvio de vicios y
de crímenes.
Derrotados los conservadores en Santa Bárbara, y consumado
el infame asesinato del gran caudillo conservador, el General
Leonardo Canal, que había ido a Pasto el 23 de julio de 1862,
desde el extremo nordeste del país, disolvió las fuerzas el 31 de
diciembre del mismo año (y no del de 1861, como dice el señor
Caro).
Es bueno recordar, como título honorífico para el Sur, y
como una prueba de lo infundado de las desconfianzas de Arboleda
cuando mandó disolver las fuerzas pastusas al emprender su
expedición sobre Popayán, y también como una especie de
satisfacción que les dio, que cuando regresó de la capital del
Cauca a atajar la invasión ecuatoriana, encabezada por el señor
García Moreno, al disponer la batalla de Tulcán, dividió el Jefe
granadino sus fuerzas en cuatro columnas, de los cuales confió dos
a los Jefes pastusos Zarama y Eraso, y otra de ellas al Coronel
Jacinto Córdoba, que también podía considerarse suriano por sus
antecedentes y los de su familia, y por haber nacido en Dolores. A
don Julio lo asistieron en aquella memorable jornada, fuera de las
tropas de Pasto que lo acompañaron en toda la campaña, 1,200
hombres que le tenía organizados en Túquerres el Intendente
Zarama.
En el levantamiento conservador de 1876, después del
triunfo que obtuvo Barreda contra el Jefe Municipal del Sur, una de
las primeras providencias fue apoderarse de los puertos de
Barbacoas y Tumaco.
En 1885 las legiones de Pasto vinieron a Popayán a ayudar a
debelar el poderoso levantamiento liberal de aquel año. Conseguido
su objeto, cuando iban a regresar a sus hogares, el 3 de
septiembre, el General Alejandro Posada, en nombre y representación
del Directorio del partido conservador, despidió a aquellos bravos,
les dio las gracias y les hizo el merecido elogio por su patriótica
conducta en toda la campaña.
En fin, don Miguel Samper, en carta que dirigió en 1894 a
los redactores de El Bien Público de Pasto, les dice:
Nuestras despobladas costas en el Pacífico.... hacen que
sea Colombia la potencia más débil en aquel Océano, y es, por
consiguiente, necesario que sean Barbacoas y Tumaco plazas que nos
permitan hacer acto de presencia en aquellas aguas.
Queda hecha una somera relación de las intervenciones de
los Gobiernos y los pueblos de Colombia y el Ecuador en los asuntos
de su respectivo vecino.
Sin entrar en detalles que nos conducirían a hacer la
historia critica de las revoluciones de que ha sido víctima o en
que ha intervenido el Sur desde épocas de que sólo se conservan
recuerdos por la tradición, hemos anotado algo de lo más notable
que conduce a nuestro objeto.
Dejamos en la sombra, sin hacer mérito de ellos, pero de
manera que puedan adivinarse, los pronunciamientos efectuados en
diferentes épocas por los pueblos y autoridades del sur y del
centro del Cauca en favor de la anexión del Ecuador.
El impaciente afán del Gobierno de Bogotá, del Libertador y
de los mejores Capitanes de la Independencia por reunir tropas
para dominar primero y para destruir y aun aniquilar después los
pueblos del Sur, creemos haberlo dado a conocer.
El vivísimo interés que un hombre de cabeza tan bien
constituida y de tan perspicaz visión política como Flores, tomó
repetidas veces por apoderarse de aquella comarca, queda
claramente manifestado.
Las humillantes transacciones que se iniciaron sobre Pasto,
y que por pudor patriótico apenas enunciamos, se adivinan en
nuestros escritos.
Por no hacernos muy extensos no hemos dado más que una
pálida muestra de la virilidad de aquel pueblo, de su valor y
constancia.
Con elogios que han tributado amigos y enemigos a la
belleza de la comarca, al carácter de los moradores, al valor
indómito de sus guerreros, etc., podríamos llenar muchas páginas,
pero hemos creído que basta con lo que dejamos anotado. Estudíese
la historia de Pasto, que sólo por dos aspectos y a grandes rasgos
hemos esbozado medítese en el papel que ha desempeñado hasta hoy, y
el que le reserva el porvenir, y se verá que su importancia es
grandísima en los destinos de Colombia.
Si en algunas ocasiones se ha visto a parte de aquel pueblo
inclinado a unirse al vecino, no debe culpársele; de allá se le
llama con manifestaciones de cariño fraternal, se le facilitan
todos los medios para que eduque a sus hijos en ilustrados centros
de enseñanza, se le presentan buenos caminos y facilidades para el
comercio, se le dan garantías para que ejercite en bosques
vírgenes, en ricos aluviones o en plazas de movimiento comercial,
sus grandes dotes de actividad. Los numerosos brazos encuentran
permanente y lucrativa ocupación; sus capitales, industria, y su
industria, capitales y por lo que hace a consideraciones sociales,
allende el Carchi los hijos de Colombia encuentran comúnmente
hermanos que los consideran y respetan: aquella tierra ha sido casi
siempre asilo seguro y tranquilo para el perseguido acá por sus
propios hermanos.
En la Patria es diferentes; aduanillas, retenes, peajes,
pontazgos y alcabalas que cuando no consumen el fruto del trabajo
desaniman para continuar en el; ríos sin puentes, sin montañas
llanuras sin vigilancia, que impiden la comunicación con el
interior; establecimientos de introducción donde el hijo de Pasto
se halla como fuera de su centro, porque se le ha tenido siempre
alejado, se le recibe como a extraño y no se le dispensa la menor
consideración. Si van a estudiar los antecedentes históricos de la
Patria, sólo encuentran en los libros, cuando no el más hiriente
desdén y la más crasa ignorancia de los hechos relacionados con el
Sur, los insultos y calificativos más descomedidos, y cuando se
nombran autoridades para su suelo, se hacen en personas de fuera
que desconocen los intereses, costumbres y personal, y que con
mucha frecuencia son piedra de escándalo por su conducta, o van a
fomentar divisiones.
Cuando en Congresos y Asambleas se votan ingentes sumas
para mejoras materiales de todas clases y para todas partes, el Sur
es olvidado; pues aun cuando en algunos Presupuestos figuran varias
partidas, nunca se hacen efectivas y si en alguna obra el invirtió
algo de dinero, eso es la mínima parte de lo que la misma obra
había producido.
Ni siquiera cuando el buen nombre del país está
comprometido. se acuerdan de que aquella región hace parte del
suelo patrio dígalo, si no, la Aduana de Tumaco, que hoy produce
casi $ 400,000 anuales, y cuyo edificio carece en absoluto de
seguridad, y en tan estrecho, que tienen que dejar parte de las
mercancías a la intemperie, y cuya Administración está dotada con
un aneldo inferior al de los empleados de cuarta o quinta categoría
en las otras Aduanas; y dígalo también el; resguardo de Rumichaca,
sobre el puente que nos une al Ecuador, que no tiene más
alojamiento que un rancho pajizo, sin puerta, desmantelado,
inmundo, que tal vez no ocupa una superficie de tres metros
cuadrados.
Téngase en cuenta la verdad que encarna este pensamiento del
notable publicista argentino don Juan Bautista Albardi:
"Los verdaderos límites de las naciones no son los
ríos, ni las montañas, sino son climas y las latitudes, que deciden
no solamente de las leyes de las naciones, como dijo Montesquieu,
sino de las naciones mismas. La geografía no es un simple hecho de
orden físico por su influencia sobre el hombre: es también un hecho
de orden histórico y moral." Préstese atención al Sur, y
mañana sus Aduanas serán pingüe renta nacional, los excelentes
productos de su industria fabril vendrán al interior a competir con
los extranjeros los frutos de su agricultura surtirán al Cauca y a
Panamá; las empresas industriales contarán con brazos robustos y
baratos; el Ejército, con soldados valerosos, inteligentes y
sufridos; y en caso de una guerra internacional, habrá una sección
que por sí sola será más que suficiente para defender la
frontera.
1 Con este nombre eran
conocidas desde la época de la Conquista-y no desde el viaje de
Humboldt, como dice don Luciano Herrera-las actuales Pro viadas de
Túquerres y Obando.