Debe considerarse también, para apreciar el respeto que
inspiraba Pasto, que Bolívar no tenía conocimiento del triunfo de
Pichincha cuando firmo la capitulación de Berruecos; pues aunque
Larrazábal dice que lo sabía desde antes de entrar a Pasto por un
"joven Pombo," esto está en desacuerdo con los
demás historiadores, que aseguran fue en Pasto donde recibió la
noticia. Probablemente el joven a quien se refiere Larrazábal es
don Fidel, que llegó al campamento el día 11 de mayo en desempeño
de una comisión de Guayaquil; y la batalla de Pichincha fue el 24
del mismo mes.
Sobre la capitulación se expresa así el historiador
Restrepo:
" Los Jefes, Oficiales y tropa merecieron una distinción
tan brillante, por el valor, lealtad y constancia con que habían
peleado."
El Libertador dijo varias veces que ese acto valía más que
diez victorias.
En Pasto quedó de Comandante Militar el Coronel Antonio
Obando, quien envió inmediatamente fuerzas a Barbacoas y Tumaco
para asegurar la posesión de esos dos puertos.
Apenas llego Bolívar a Guayaquil, antes del movimiento de
don Benito Boves, despachó para Tumaco algunas tropas en el
bergantín Ana Bolívar, a las órdenes del Capitán Farrera, porque no
podía estar tranquilo con respecto a aquellas excelentes
posiciones.
Perseguido y acosado por todas partes el célebre indio
Agualongo, pensó que sus vastos y atrevidos planes podrían
realizarse apoderándose del Bajo Chocó, y al efecto se embarcó en
el Patía desde el Castigo, acompañado de sus mejores tenientes y
con sólo cien (100) hombres. En Barbacoas encontró resistencia el
1.° de junio, y tuvo que regresar por la misma vía a caer en una
emboscada que le tendieron sus antiguos compañeros de armas.
Conducido a Popayán, fue fusilado el 13 de julio de 1824, mientras
que su compañero, don Estanislao Merchán Cano, era asesinado en la
prisión de Pasto, por orden de Flores según todas
las probabilidades.
Nótese por las excursiones de que hemos hablado, que el
Patía es navegable en toda su parte baja; pero de la independencia
acá muy pocas veces ha sido cruzado entre El Castigo y la
confluencia del Telembí.
Caldas dice que el Capitán Gregorio Ángulo le informó que
el Patía era navegable desde la unión del Quilcacé y el Timbío (es
decir, desde donde empieza a conocerse con aquel nombre) hasta
Cumbitara (catorce leguas); que allí empiezan las estrechuras hasta
Guadual, y en adelante vuelve a ser navegable hasta el Océano.
El resultado dé las expediciones de Caicedo, Baraya,
Macanlay, Cabal, Nariño, Valdés, Torres, etc., es una prueba más de
la importancia militar del Sur; pero todavía debemos recordar algo
más: de septiembre de 1821 a mayo de 1822 despachó el Gobierno de
Colombia 7,314 soldados y 130 Oficiales para la campaña del Sur. En
estos guarismos no se cuentan las fuerzas levantadas en el
Cauca.
Derrotado y despedazado el General Valdés él 2 de febrero
de 1821 en la acción de Jenoy, es enviado a reemplazarlo el General
Pedro León Torres, quien hace amagos de abrirse paso por Pasto;
pero amilanado al ver la resistencia que encuentra, se repliega y
escribe al General Santander el 19 de agosto de 1821 :
Desearía el que usted presenciase los obstáculos que
presenta esta campaña, por ser índetallables con la
pluma."
Poco antes el Libertador había mandado al futuro héroe de
Pichincha y Ayacucho a ponerse a la cabeza da la expedición ; pero
Sucre, que se encargó de las fuerzas el 5 de febrero, tampoco
encontró fácil el paso, y el 4 de abril se embarcó en Buenaventura
para Guayaquil, habiendo dejado a Torres en su reemplazo. El
historiador Restrepo dice:
" En octubre de 1821, Bolívar creía que se podía dejar en
poder de los realistas el territorio de Pasto con tal de libertar
el Perú.
Bolívar mismo pretende abrirse paso, guiado por Obando;
vadea sin resistencia el Juanambú ; al principio avanza por el
camino de Jenoy, pero una legua antes de llegar a ese punto,
desiste de su propósito de atacar a Pasto y se dirige por Sandoná y
Cosacá a buscar el paso del Guitara por el camino de Yacuanquer o
por el de Funes y de Bomboná tiene que replegarse al Peñol, al
Patía y por último a Trapiche (hoy Bolívar) a esperar los nuevos
auxilios pedidos con urgencia a Bogotá, Popayán y Panamá.
Reforzado ya y reorganizadas sus fuerzas, vuelve sobre
Pasto pero en esta vez evita las posiciones del camino de Bomboná y
se va directamente por el de Buesaco a forzar por allí o por el
Tablón de los Gómez el paso del Juanambú. Antes de llegar, se
celebró en Berruecos la capitulación del 6 de junio de 1821, de que
ya hablamos. No sabemos si el Libertador llevaba firme resolución
de intentar el paso del río si encontraba decidida resistencia.
Sucre dice al Ministro de Guerra y Marina, en carta de 4 de julio
de aquel año, escrita en Samborondón, que Bolívar le había pérfido
por dos o tres veces " el envío de transportes en
Buenaventura ; y Larrazábal asevera que había determinado, para
evitar el paso del Juanambú, embarcarse en Buenaventura, pero que
desistió al tener noticia de que las costas del Pacifico visitadas
por buques españoles
Puede ser que en caso de no encontrar muy fuerte
resistencia el se hubiera animado a atropellarla, y por eso la
orden que dio a Sucre de llamar la atención del enemigo por el
Sur.
En los primeros momentos su propósito fue embarcarse para
Guayaquil, y así lo habría hecho sin la llegada de don Juan de la
Cruz Mourgeón con fuerza navales; pues ya había despachado en
dirección al puerto los Batallones Bogotá y Neiva, que hizo
regresar de Papagayeros. Al fin se animó a hacer la sangrienta
prueba por Bombona, aunque los ejércitos libertadores se
desbandaban en parte antes de atravesar el Patía. El Coronel José
Gabriel Pérez, Secretario del Libertador lo dice en carta dirigida
al Secretario de Guerra y Marina :
"La deserción de todos los cancanos, que deben reemplazar
las infinitas bajas del Ejército, es infalible y casi irremediable
en la marcha a Pasto."
No se crea que los heroicos y tenaces pantanos hubieran
estado constantemente asistidos de tropas españolas. Nada de eso:
en Calibío El Palo, El Tambo y Juanambú es cierto que las hubo:
pero no sucedió Lo mismo en El Ejido, Catambuco, Jenoy, Anganoy,
Bombona, Cebollas Taundala y mil combate a más en que los héroes de
Jerona y Zaragoza marchitaron sus glorias.
El mismo Bolívar dice en su intimación a don Basilio García
que en el país no había, a mediados del año de 1821, más de 300
españoles Cuando la derrota del Ejido (1814), don Melchor Aimerich
había salido de Pasto con sus fuerzas camino de Quito, huyendo de
Nariño y a las acciones de Jenoy y Bomboná no asistieron tropas
peninsulares unes desde 1820 Aimerich se había llevado para Quito
las que había en Pasto, al tener noticia de la revolución de
Guayaquil. Sucre lo testifica en carta de 18 de septiembre, escrita
en Babahoyo y dirigida a Bolívar en que le dice que no habían
quedado en Pasto más que 80 hombres de las milicias de la
ciudad.
El 22 de octubre de 1822, después de estar en poder de Bolívar
todo el territorio de la gran Colombia, el pueblo de Pasto se
levantó sin armas al llamamiento de don Benito Boves, Oficial
oscuro hasta entonces, y nombró Jefe Civil y Militar a don
Estanislao Merchán Cano. de la nobleza del país. Sucre vino del
centro del Ecuador a sofocar el movimiento con la Legión Británica
y lo mejor de las fueras veteranas, acompañado por Córdoba, Sanders
y la flor del Estado Mayor Libertador. Del rechazo que sufrieron en
Taíndala sólo pudieron reponerse después de un mes y de recibir de
Quito abundantes auxilios de tropas. Al fin entraron a Pasto el 24
de diciembre, y a lo que allí encendió no puede compararse siquiera
lo ocurrido en igual fecha en Cali cincuenta años más tarde.
Testigos presénciales y víctimas de estos últimos
acontecimientos nos refirieron, cuando aún estaban frescos los
recuerdos y enconadas las pasiones políticas, sobre el campo mismo
de aquellos horrores y a la vista de manchas de sangre y de
destrozos de casas, lo ocurrido en la metrópoli del Valle; pero
todo eso es pálido comparado con lo de Pasto.
En nuestro corazón habíamos levantado un altar para rendir
culto a Bolívar, el genio de la guerra; a corral, por sus
singulares dotes de organizador y administrador; a Torres, el
carácter consecuente, el eximió patriota, el hombre honrado; y,
sobre todo, a Sucre, el vencedor de Pichincha y Ayacucho, el hijo
mimado de la fortuna, el más modesto de los soldados, el varón puro
y humanitario, que ejercía sobre nosotros irresistible
atracción.
Con labios temblorosos aún por indignación no apagada en
el transcurso de tres generación en, con lágrimas de dolor y de
vergüenzas que setenta y dos años no habían secado, nos
describieron en Pasto escenas de los tres días en que la ciudad fue
dada a saco por los vencedores del 24 de diciembre de 1822. Quien
quisiera narrar aquello con entera fidelidad, necesitaría la pluma
del Dante, la tinta de Zola y la sensibilidad del Profeta Sagrado
que cantó el destierro de Babilonia,
La ruina de las fortunas y la sangre vertida fueron allí
lo menos.
Desarmados, pasados por las armas sus más prestigiosos
capitanes, exportado todo hombre que pudo ser hallado al alcance de
los vencedores, arruinados los campos, arreados los ganados y
perseguidos los varones como si fueran fieras, los pastusos
volvieron a levantarse el 12 de junio de 1823, acaudillados por
Merchán Cano y Agustín Agualongo. para buscar, si no el triunfo de
su cansa y la libertad, si una muerte, menos afrontosa y cruel que
la que a diario recibían. O'Leary que el levantamiento se "hizo
con palos, lanzas y cuantas armas pudieron conseguir."
Bolívar se encontraba en Guayaquil, y al tener noticia de
la sublevación, se vino con la fuerza de línea de que podía
disponer y un abundante armamento para ponerlo en manos, y era tal
la importancia que al suceso daba, que ofreció $ 10,000 de
gratificación al primer cuerpo de su ejército que rompiera las
columnas pastusas, que contentas con apoderarse de todo el
territorio del Sur, avanzaron sobre Quito y dominaban ya en la
ciudad de Ibarra.
Allí la hecatombe fue horrible: vencieron los veteranos de
tres lustros al paisanaje indisciplinado, y con una saña y
crueldad que en vio en algunas de las carnicerías de la Conquista
de los apóstoles de la libertad, de la fraternidad y de la
igualdad degollaron a centenares de hermanos suyos que no habían
cometido más delito que haberse conservado leales al juramento de
fidelidad que habían prestado y haber defendido su libertad y sus
hogares con un valor apenas concebible. El Libertador en persona
tomó parte en la persecución hasta entrada la noche. Para que no se
crea que exageramos en nuestras apreciaciones, se nos excusaron que
recarguemos esta escrito con algunas citas mas, todas de autores o
testigos irrecusables.
El historiador Restrepo dice:
Ochocientos cadáveres de pastusos quedaron en el camino
hasta el Chota, pues no se les dio cuartel."
El General O'Leary en sus Memorias se expresa así:
"El indómito valor de los rebeldes no cedió en
medio de la derrota desprecian lo el perdón que se les ofrecía si
deponían las armas prefirieron hacerlas pedazos cuando a causa de
sus heridas no podían valerse de ellas contra sus
contrarios."
En otra parte dice el mismo autor :
"La esforzada resistencia de los pastusos habría
inmortalizado la causa más santa o más errónea, si no hubiera sido
manchada por los más feroces hechos de sangrienta barbarie con que
jamás se ha caracterizado la sociedad más inhumana, y en desdoro dé
las armas republicanas, fuerza es hacer constar que se ejercieron
odiosas represalias allí donde una generosa conmiseración por la
humanidad habría sido, a no dudarlo, más prestigiosa en el ánimo de
los rudos adversarios contra quienes luchaban para atraerlos a
adoptar un sistema menos repugnante a la civilización. Prisioneros
degollados a sangre fría niños recién nacidos arrancados del pecho
materno, la castidad virginal violada, campos talados y
habitaciones incendiadas, son horrores que han manchado las páginas
de la historia militar de las armas colombianas en la primera época
de la guerra de la independencia; no menos que la de las campañas
contra los pastusos, pues algunos de los Jefes empleados en la
pacificación de éstos parecían haberse reservado la inhumana
empresa de emular al mismo Boves
1
en terribles actos de sangrienta
barbarie.
"Los prisioneros fueron a veces atados de dos en
dos, espalda con espalda, y arrojados desde las altas sima que
dominan el Guáitara, sobre las escarpadas rocas que impiden el
libre curso de un torrente perdiéndose sin eso, entre los horribles
vivas de los inhumanos sacrificadores y el ronco estrépito de las
impetuosas aguas, los gritos desesperados de las víctimas. Estos
atroces asesinatos, en el lenguaje de moda entonces fueron llamados
matrimonios, como pura aumentar la tortura de aquellos infelices,
tornándoles cruel el de suyo grato recuerdo de los lazos que los
ligaron a la sociedad en los días de su dicha. Declaraciones de sus
mismos verdugos han descorrido el velo que debiera siempre ocultar
estas crueldades inaudita."
1 No se refiere a don
Benito.