INDICE




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Suba
Engativá
De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
Salgar
Bolívar
Andes
Jardín
Jericó
Támesis
Valparaíso
Caramanta
Ríosucio y Supía
Anserma
Santa Bárbara
Fredonia
Copacabana y don Matías
Santa Rosa de Osos
Entreríos
Yarumal
Ituango
San Andrés
Angostura
Campamento
Anorí
Carolina
Amalfi
Remedios
Segovia
Yolombó
San Roque
Santo Domingo

     Debe considerarse también, para apreciar el respeto que inspiraba Pasto, que Bolívar no tenía conocimiento del triunfo de Pichincha cuando firmo la capitulación de Berruecos; pues aunque Larrazábal dice que lo sabía desde antes de entrar a Pasto por un "joven Pombo," esto está en desacuerdo con los demás historiadores, que aseguran fue en Pasto donde recibió la noticia. Probablemente el joven a quien se refiere Larrazábal es don Fidel, que llegó al campamento el día 11 de mayo en desempeño de una comisión de Guayaquil; y la batalla de Pichincha fue el 24 del mismo mes.

     Sobre la capitulación se expresa así el historiador Restrepo:

     " Los Jefes, Oficiales y tropa merecieron una distinción tan brillante, por el valor, lealtad y constancia con que habían peleado."

     El Libertador dijo varias veces que ese acto valía más que diez victorias.

     En Pasto quedó de Comandante Militar el Coronel Antonio Obando, quien envió inmediatamente fuerzas a Barbacoas y Tumaco para asegurar la posesión de esos dos puertos.

     Apenas llego Bolívar a Guayaquil, antes del movimiento de don Benito Boves, despachó para Tumaco algunas tropas en el bergantín Ana Bolívar, a las órdenes del Capitán Farrera, porque no podía estar tranquilo con respecto a aquellas excelentes posiciones.

     Perseguido y acosado por todas partes el célebre indio Agualongo, pensó que sus vastos y atrevidos planes podrían realizarse apoderándose del Bajo Chocó, y al efecto se embarcó en el Patía desde el Castigo, acompañado de sus mejores tenientes y con sólo cien (100) hombres. En Barbacoas encontró resistencia el 1.° de junio, y tuvo que regresar por la misma vía a caer en una emboscada que le tendieron sus antiguos compañeros de armas. Conducido a Popayán, fue fusilado el 13 de julio de 1824, mientras que su compañero, don Estanislao Merchán Cano, era asesinado en la prisión de Pasto, por orden de Flores según todas las probabilidades.

     Nótese por las excursiones de que hemos hablado, que el Patía es navegable en toda su parte baja; pero de la independencia acá muy pocas veces ha sido cruzado entre El Castigo y la confluencia del Telembí.

     Caldas dice que el Capitán Gregorio Ángulo le informó que el Patía era navegable desde la unión del Quilcacé y el Timbío (es decir, desde donde empieza a conocerse con aquel nombre) hasta Cumbitara (catorce leguas); que allí empiezan las estrechuras hasta Guadual, y en adelante vuelve a ser navegable hasta el Océano.

     El resultado dé las expediciones de Caicedo, Baraya, Macanlay, Cabal, Nariño, Valdés, Torres, etc., es una prueba más de la importancia militar del Sur; pero todavía debemos recordar algo más: de septiembre de 1821 a mayo de 1822 despachó el Gobierno de Colombia 7,314 soldados y 130 Oficiales para la campaña del Sur. En estos guarismos no se cuentan las fuerzas levantadas en el Cauca.

     Derrotado y despedazado el General Valdés él 2 de febrero de 1821 en la acción de Jenoy, es enviado a reemplazarlo el General Pedro León Torres, quien hace amagos de abrirse paso por Pasto; pero amilanado al ver la resistencia que encuentra, se repliega y escribe al General Santander el 19 de agosto de 1821 :

      Desearía el que usted presenciase los obstáculos que presenta esta campaña, por ser índetallables con la pluma."

     Poco antes el Libertador había mandado al futuro héroe de Pichincha y Ayacucho a ponerse a la cabeza da la expedición ; pero Sucre, que se encargó de las fuerzas el 5 de febrero, tampoco encontró fácil el paso, y el 4 de abril se embarcó en Buenaventura para Guayaquil, habiendo dejado a Torres en su reemplazo. El historiador Restrepo dice:

      " En octubre de 1821, Bolívar creía que se podía dejar en poder de los realistas el territorio de Pasto con tal de libertar el Perú.

      Bolívar mismo pretende abrirse paso, guiado por Obando; vadea sin resistencia el Juanambú ; al principio avanza por el camino de Jenoy, pero una legua antes de llegar a ese punto, desiste de su propósito de atacar a Pasto y se dirige por Sandoná y Cosacá a buscar el paso del Guitara por el camino de Yacuanquer o por el de Funes y de Bomboná tiene que replegarse al Peñol, al Patía y por último a Trapiche (hoy Bolívar) a esperar los nuevos auxilios pedidos con urgencia a Bogotá, Popayán y Panamá. 

     Reforzado ya y reorganizadas sus fuerzas, vuelve sobre Pasto pero en esta vez evita las posiciones del camino de Bomboná y se va directamente por el de Buesaco a forzar por allí o por el Tablón de los Gómez el paso del Juanambú. Antes de llegar, se celebró en Berruecos la capitulación del 6 de junio de 1821, de que ya hablamos. No sabemos si el Libertador llevaba firme resolución de intentar el paso del río si encontraba decidida resistencia. Sucre dice al Ministro de Guerra y Marina, en carta de 4 de julio de aquel año, escrita en Samborondón, que Bolívar le había pérfido  por dos o tres veces " el envío de transportes en Buenaventura ; y Larrazábal asevera que había determinado, para evitar el paso del Juanambú, embarcarse en Buenaventura, pero que desistió al tener noticia de que las costas del Pacifico  visitadas por buques españoles

     Puede ser que en caso de no encontrar muy fuerte resistencia el se hubiera animado a atropellarla, y por eso la orden que dio a Sucre de llamar la atención del enemigo por el Sur.

     En los primeros momentos su propósito fue embarcarse para Guayaquil, y así lo habría hecho sin la llegada de don Juan de la Cruz Mourgeón con fuerza navales; pues ya había despachado en dirección al  puerto los Batallones Bogotá y Neiva, que hizo regresar de Papagayeros. Al fin se animó a hacer la sangrienta prueba por Bombona, aunque los ejércitos libertadores se desbandaban en parte antes de atravesar el  Patía. El Coronel José Gabriel Pérez, Secretario del Libertador lo dice en carta dirigida al Secretario de Guerra y Marina :

    "La deserción de todos los cancanos, que deben reemplazar las infinitas bajas del Ejército, es infalible y casi irremediable en la marcha a Pasto."

     No se crea que los heroicos y tenaces pantanos hubieran estado constantemente asistidos de tropas españolas. Nada de eso: en Calibío  El Palo, El Tambo y Juanambú es cierto que las hubo: pero no sucedió  Lo mismo en El Ejido, Catambuco, Jenoy, Anganoy, Bombona, Cebollas Taundala y mil combate a más en que los héroes de Jerona y Zaragoza marchitaron sus glorias.

     El mismo Bolívar dice en su intimación a don Basilio García que en el país no había, a mediados del año de 1821, más de 300 españoles Cuando la derrota del Ejido (1814), don Melchor Aimerich había salido de Pasto con sus fuerzas camino de Quito, huyendo de Nariño  y a las acciones de Jenoy y Bomboná no asistieron tropas peninsulares unes desde 1820 Aimerich se había llevado para Quito las que había en Pasto, al tener noticia de la revolución de Guayaquil. Sucre lo testifica en carta de 18 de septiembre, escrita en Babahoyo y dirigida a Bolívar en que le dice que no habían quedado en Pasto más que 80 hombres de las milicias de la ciudad.

 El 22 de octubre de 1822, después de estar en poder de Bolívar  todo el territorio de la gran Colombia, el pueblo de Pasto se levantó sin armas al llamamiento de don Benito Boves, Oficial oscuro hasta entonces, y nombró Jefe Civil y Militar a don Estanislao Merchán Cano. de la nobleza del país. Sucre vino del centro del Ecuador a sofocar el movimiento con la Legión Británica y lo mejor de las fueras veteranas, acompañado por Córdoba, Sanders y la flor del Estado Mayor Libertador. Del rechazo que sufrieron en Taíndala sólo pudieron reponerse después de un mes y de recibir de Quito abundantes auxilios de tropas. Al fin entraron a Pasto el 24 de diciembre, y a lo que allí encendió no puede compararse siquiera lo ocurrido en igual fecha en Cali cincuenta años más tarde.

    Testigos presénciales y víctimas de estos últimos acontecimientos nos refirieron, cuando aún estaban frescos los recuerdos y enconadas las pasiones políticas, sobre el campo mismo de aquellos horrores y a la vista de manchas de sangre y de destrozos de casas, lo ocurrido en la metrópoli del Valle; pero todo eso es pálido comparado con lo de Pasto.

     En nuestro corazón habíamos levantado un altar para rendir culto a Bolívar, el genio de la guerra; a corral, por sus singulares dotes de organizador y administrador; a Torres, el carácter consecuente, el eximió patriota, el hombre honrado; y, sobre todo, a Sucre, el vencedor de Pichincha y Ayacucho, el hijo mimado de la fortuna, el más modesto de los soldados, el varón puro y humanitario, que ejercía sobre nosotros irresistible atracción.

     Con labios temblorosos aún por indignación no apagada en el transcurso de tres generación en, con lágrimas de dolor y de vergüenzas que setenta y dos años no habían secado, nos describieron en Pasto escenas de los tres días en que la ciudad fue dada a saco por los vencedores del 24 de diciembre de 1822. Quien quisiera narrar aquello con entera fidelidad, necesitaría la pluma del Dante, la tinta de Zola y la sensibilidad del Profeta Sagrado que cantó el destierro de Babilonia,

     La ruina de las fortunas y la sangre vertida fueron allí lo menos. 

     Desarmados, pasados por las armas sus más prestigiosos capitanes, exportado todo hombre que pudo ser hallado al alcance de los vencedores, arruinados los campos, arreados los ganados y perseguidos los varones como si fueran fieras, los pastusos volvieron a levantarse el 12 de  junio de 1823, acaudillados por Merchán Cano y Agustín Agualongo. para buscar, si no el triunfo de su cansa y la libertad, si una muerte, menos afrontosa y cruel que la que a diario recibían. O'Leary  que el levantamiento se "hizo con palos, lanzas y cuantas armas pudieron conseguir."

      Bolívar se encontraba en Guayaquil, y al tener noticia de la sublevación, se vino con la fuerza de línea de que podía disponer y un  abundante armamento para ponerlo en manos, y era tal la importancia que al suceso daba, que ofreció $ 10,000 de gratificación al primer cuerpo de su ejército que rompiera las columnas pastusas, que contentas con apoderarse de todo el territorio del Sur, avanzaron sobre  Quito y dominaban ya en la ciudad de Ibarra. 

      Allí la hecatombe fue horrible: vencieron los veteranos de tres  lustros al paisanaje indisciplinado, y con una saña y crueldad que  en vio en algunas de las carnicerías de la Conquista de los apóstoles de  la libertad, de la fraternidad y de la igualdad degollaron a centenares de hermanos suyos que no habían cometido más delito que haberse conservado leales al juramento de fidelidad que habían prestado y haber defendido su libertad y sus hogares con un valor apenas concebible. El Libertador en persona tomó parte en la persecución hasta entrada la noche. Para que no se crea que exageramos en nuestras apreciaciones, se nos excusaron que recarguemos esta escrito con algunas citas mas, todas de autores o testigos irrecusables.

     El historiador Restrepo dice:

     Ochocientos cadáveres de pastusos quedaron en el camino hasta el Chota, pues no se les dio cuartel."

     El General O'Leary en sus Memorias se expresa así:

     "El indómito valor de los rebeldes no cedió en medio de la derrota desprecian lo el perdón que se les ofrecía si deponían las armas prefirieron hacerlas pedazos cuando a causa de sus heridas no podían valerse de ellas contra sus contrarios."

     En otra parte dice el mismo autor :

     "La esforzada resistencia de los pastusos habría inmortalizado la causa más santa o más errónea, si no hubiera sido manchada por los más feroces hechos de sangrienta barbarie con que jamás se ha caracterizado la sociedad más inhumana, y en desdoro dé las armas republicanas, fuerza es hacer constar que se ejercieron odiosas represalias allí donde una generosa conmiseración por la humanidad habría sido, a no dudarlo, más prestigiosa en el ánimo de los rudos adversarios contra quienes luchaban para atraerlos a adoptar un sistema menos repugnante a la civilización. Prisioneros degollados a sangre fría niños recién nacidos arrancados del pecho materno, la castidad virginal violada, campos talados y habitaciones incendiadas, son horrores que han manchado las páginas de la historia militar de las armas colombianas en la primera época de la guerra de la independencia; no menos que la de las campañas contra los pastusos, pues algunos de los Jefes empleados en la pacificación de éstos parecían haberse reservado la inhumana empresa de emular al mismo Boves 1  en terribles actos de sangrienta barbarie.

    "Los prisioneros fueron a veces atados de dos en dos, espalda con espalda, y arrojados desde las altas sima que dominan el Guáitara, sobre las escarpadas rocas que impiden el libre curso de un torrente perdiéndose sin eso, entre los horribles vivas de los inhumanos sacrificadores y el ronco estrépito de las impetuosas aguas, los gritos desesperados  de las víctimas. Estos atroces asesinatos, en el lenguaje de moda entonces fueron llamados matrimonios, como pura aumentar la tortura de aquellos infelices, tornándoles cruel el de suyo grato recuerdo de los lazos que los ligaron a la sociedad en los días de su dicha. Declaraciones de sus mismos verdugos han descorrido el velo  que debiera siempre ocultar estas crueldades inaudita."

   

 

1 No se refiere a don Benito.

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