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    "Dígame lo que sepa del General Santander. Ese hombre debe dar nueva vida al ser político. Tiene miedos temores que el señor Márquez para proceder en todos casos, aunque después tenga que responder a alguna acusación y juicio."...... 1

    Don Pedro Moncayo dice que en septiembre de 1831 tuvo que retirarse al otro lado del Guáitara el General Farfán, con sus fuerzas, huyendo de Obando, porque el Coronel Ignacio Sáez abandonó y se pasó a su perseguidor. creemos que esto no sucedió sino en el mismo mes del año siguiente.

    Todas las diferencias internacionales suscitadas por las ambiciones y rivalidades de Flores y Obando fueron arregladas provisionalmente y en términos poco plausibles el 8 de diciembre, por el Coronel Joaquín Posada Gutiérrez y el General Obando, como delegados de Colombia, por una parte, y don Pedro José de Arteta y don Antonio Fernández Salvador, por otra, en representación del Ecuador.

    Como en 1834 se hicieran enganches en el Sur a vista de las autoridades, sin que éstas los impidieran, si es que no los auxiliaban, el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador se quejó, de ello, en abril, al Gobernador de Pasto, General Tomás España, quien contestó que se guardaba convenientemente la neutralidad. Entonces el Gobierno de aquél país elevó su queja hasta el nuestro contra España, cuya deposición pidió, y a quien hacía responsable de la sangre que sé derramó en el combate del 21 del mismo mes. Don Lino de Pombo, Ministro de Relaciones Exteriores, contestó en términos muy dignos, denegándose a deponer al Gobernador mientras no se presentaran pruebas claras de actos de violación de la neutralidad ejecutados por España. Era claro que éste fomentaba la revolución ecuatoriana, y que tuvo no poca parte en el movimiento del 13 de junio qué levantó en Imbabura un acta de desconocimiento del General Flores y proclamación del caudillo liberal don José Félix Valdivieso, con la firma de muchos granadinos. Sin embargo, poco después renunció España, y el Gobierno de Bogotá no aceptó la renuncia, porque en sus intereses políticos estaba sostenerlo. No satisfecho con eso, nombró Jefe Militar del Sur al General José María Obando y su segundo al Coronel Salvador Córdoba.

    Dos distinguidos ecuatorianos se embarcaron en Tumaco el año de 1835 en una goleta granadina, con dirección a Paita, y otra de guerra de su nación los sustrajo por fuerza, a pesar de las protestas del Jefe de la embarcación ultrajada

     Al año siguiente tropas del Ecuador pasaron la línea, y en territorio granadino batieron e hicieron prisionero al Comandante Facundo Maldonado, a quien fusilaron inmediatamente.

    El Decreto legislativo de 5 de junio de 1839, sobre supresión de algunos conventos, produjo en Pasto una revolución, promovida por el Padre Francisco Villota y por don Antonio Mariano Alvarez, confidente des Obando, y que fomentó y aprovecho éste. Cuando tomó cuerpo, se puso a la cabeza de ella después del alzamiento de Timbío. Destinado el General Pedro A. Herrán a someter a los revolucionarios, uno de sus primeros pasos fue enviar a Quito, el 27 de septiembre de aquel año, a su Ayudante, el Capitán Julio Arboleda, "a contarle a Flores lo que en Pasto se trama y se dice contra, él." según le escribió el mismo Herrán a don Alejandro Vélez el 17 de octubre 2 . Esto a pesar de que los derrotados en Buesaco el 31 de agosto habían pasado al Ecuador y eran allí protegidos en sus maquinaciones.

     Sin la Ley de 20 de mayo de 1840, que derogó en parte el Decreto legislativo del año anterior, la guerra tal vez habría tomado las proporciones que tuvo de 1822 a 1825. en circunstancias supremamente desfavorables para el Gobierno.

     Escritores ecuatorianos dicen que el General Flores se anticipó a ofrecer sus servicios para someter a los revolucionarios, y la Gaceta, de la nueva Granada publicó uno de esos ofrecimientos. El veía en ello ocasión propicia para realizar su proyecto de anexión del Sur.

    Lo cierto es que el General Herrán reclamó el auxilio, y así, en oficio de 19 de agosto de 1840, decía al Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador;

     " Si se logra restablecer el orden público en la Provincia de Pasto, no se fijará la Nación en poseer unas leguas más o menos de territorio y atenderá de preferencia a la conveniencia de los dos países. Si a esto se agrega que el pueblo ecuatoriano contribuye a destruir la abominable facción que acaudillan Obando y Noguera, la Nueva Granada será tanto más favorable a las pretensiones del Ecuador, cuanto haya sido mayor su ayuda para destruir la facción, como que entonces el honor nacional y la conveniencia de las dos Repúblicas están de acuerdo" 3 .

     El Ministro, don Francisco Marcos, contestó naturalmente en términos conforme con una suplica que tanto favorecía los planes del Gobierno del Ecuador, y así, en la conferencia que tuvieron Herrán y Flores en Gaachucal, el 29 del mismo mes, se convino en lo que debía hacerse.

     Flores se puso a la cabeza de las fuerzas del Ecuador y tomó parte muy importante en el combate de Huilquipamba, que fue el golpe de gracia dado a un moribundo. Inmediatamente después de la batalla, el Jefe ecuatoriano concedió asensos a los Jefes y Oficiales de las fuerzas de Herrán y Mosquera.

     Flores había pasado la línea en septiembre con 1,087 hombres, y poco después se le unieron 1,000 más.

     Los Jefes granadinos triunfantes creían terminada la guerra en el Sur, y regresaron al Norte, llamados de acá por otros afanes dejando la guarnición de Pasto a cargo del General Flores.

     Para arreglar las diferencias internacionales que ocasionó el grave paso dado por el Gobierno granadino, hubo que enviar a Quito en misión diplomática A don Rufino Cuervo, porque Mosquera, que fue el primeramente nombrado, no pudo ir.

     El 3 de noviembre de 1840 celebraron una esponsión Mosquera y Flores, representado aquél por el Coronel Posada Gutiérrez, por la cual se cedían al Ecuador los Catones de Túquerres y Tumaco. No debe extrañarse esto, si se tiene en cuenta que Mosquera había hecho a Flores, en la conferencia que el año anterior tuvieron en Ibarra, las mismas promesas que sobre limites tenía hechas Herrán, y que Posada fue el diplomático de diez años antes.

     Entretanto la revolución tomaba en todo el país proporciones alarmantes, y Obando volvía a levantarse en el Cauca en inteligencias

 secretas con Flores. Entonces él doctor Márquez, Presidente de la República, escribió a Flores el 7 de enero, suplicándole lo auxiliara con 2,000 hombres, que de éstos despachara, 800 contra Antioquia por el Cauca, y a la cabeza de los 1.200 restantes marchara "volando" hasta Bogotá. En esa carta  decía Márquez que al auxilio debía prestarse, sobre las bases de lo convenido con el General Herrán. Esta actitud de auxilio extranjero se repitió oficialmente, pero no vino por la oposición de algunos de los Consejeros de Flores y por la del doctor Rufino Cuervo.  En las conferencias con el Ministro Cuervo, Flores cedió en parte, pero haciendo hincapié en la cesión de Túquerres y Tumaco, o a lo menos en que este puerto y el de Barbacoas quedaran como territorio neutral mientras se celebraba un convenio definitivo sobre límites.

     Las tropas, del Senador desocuparon a Pasto, de acuerdo con el Convenio del 3 de noviembre, y a poco todo el territorio patrio se vio libre de la planta extranjera, porque el Gobierno granadino triunfaba de  la revolución, y la derrota de Obando en la Chanca, el 11 de julio de 1841, dio el golpe de gracia a las esperanzas del ambicioso vecino. Barbacoas y Tumaco entretanto se mantuvieron fieles al Gobierno de Bogotá, y dieron un alto ejemplo de patriotismo y dignidad, absteniéndose de pronunciamientos de anexión y de solicitudes de auxilio extranjero.. Congreso granadino decretó el 15 de abril de 1841 una medalla a los vencedores del Sur. Las intervenciones de autoridades y particulares del Ecuador continuaron siendo tan manifiestas, que en 1846 el Congreso, por Decreto de 15 de abril, autorizó al Gobierno granadino para declarar la guerra a aquel país.

    Esas intervenciones no cesaron, y así, el mismo Congreso, por Ley de 22 de mayo de 1851, volvió a autorizar al Ejecutivo para declarar la guerra en caso de que hubiere motivos fundados para creer que el Gobierno del Ecuador o sus agentes habían fomentado o auxiliado las perturbaciones del Sur, encabezadas por don Julio Arboleda y el Coronel Manuel Ibáñez, que habían sido declarados traidores. El Constitucional de Cundinamarca se atrevió a decir, sin el menor fundamento, que don Julio había ofrecido al Ecuador la cesión del Sur. En aquel año, mientras el General Obando. a su regreso del Perú, comprometía en Guayaquil al General José María Urbina a hacer la  revolución que derrocó la Administración conservadora de don Diego Novoa, ofreciéndole apoyo en su calidad de mandatario de la Nueva Granada, Arboleda e Ibáñez preparaban en Tulcán la revolución que sucumbió en Buesaco, sin que fueran extrañas a ello las autoridades ecuatorianas. Novoa había subido al Poder por obra de un movimiento, auxiliado por granadinos, que dio en tierra con el Gobierno liberal del Vicepresidente Ascásubi. Los auxilios de armas y municipio, los enganches y las correrías de partidas entre uno y otro país tomaron grandes proporciones de 1860 a 1863. Los combates de Tulcán y Cuaspud, dado el primero en el Ecuador y el segundo en la Nueva Granada, recuerdan esos hechos.  Don Miguel Antonio Caro, en la biografía de don Julio Arboleda, dice  que García Moreno estuvo asistido por 400 granadinos.

           En 1862 la prensa granadina decía que el General Mosquera había ofrecido al Ecuador cederle el territorio comprendido entre el Mayo y el Carchi; y algo de esto sugiere una carta que el doctor  Manuel de Jesus Quijano escribió desde Tulcán el 19 de abril de aquel año a tres individuos de Pasto.

    El General Tomás Eraso, con fuerzas traídas del Ecuador, dio los combates de Catambuco y Jongobito, y entró a Pasto el 6 de diciembre de 1863.

    En 1870 hubo trastornos en Pasto, en los cuales tomaron parte, en  favor de uno y otro bando, no pocos ecuatorianos.

    En 1875 los conservadores consiguieron algunas armas al otro lado de la raya, las cuales depositaron, junto con las que cogieron a liberales en los combates de Chillanquer y Casafría, en manos del señor Braulino Patiño, quien las entregó a las autoridades liberales.

     El 26 de septiembre de 1876 los liberales asilados en Tulcán atacaron a los conservadores de Túquerrés, y fueron rechazados.

    En toda la guerra de 1876 a 1877, ambos partidos beligerantes recibieron  del Ecuador abundantes auxilios de toda clase, el uno del Gobierno y él otro de los particulares.

     De éstos se sirvieron los conservadores que el 20 de julio de 1876 se levantaron en Pasto, y nombraron Jefe Civil y Militar al doctor Vicente Cárdenas.

     Para ellos, probablemente, venían los 300 rémingtons, si es cierta la noticia quedaba el Gobierno en el número 6 de su Boletín Oficial, que 800 liberales a las órdenes de don Avelino Vela tomaron cerca de la línea.

   En General pedro Marcos de la Rosa, que fue de los auxiliados por el Gobierno, recordó entonces la importancia estratégica de Barbacoas, y construyó allí fortificaciones que costaron al Erario Publico $ 15,000, según se lee en Vox Populi.

     En los primeros días de enero de 1877, el mismo Jefe y sus compañeros, don Sergio Pérez y don Pablo Reinel, se apoderaron de las Provincias de Túquerrés y Obando con fuerzas que levantaron en Barbacoas y Tumaco y armaron con elementos conseguidos en el Ecuador.

     A fines del citado año, emisarios de aquella República hicieron enganches en el Sur para promover una revolución en favor del doctor Antonio Borrero. Entre esos emisarios se contaban personas cuya misión era mucho más elevada. El levantamiento de entonces fue popular pero no completó su triunfo, porque el citado General de la Resa y el Coronel Zenón Figueredo pasaron la frontera ecuatoriana el 7 y 8 de noviembre con 1.500 hombres, según telegrama del doctor César Conto, Presidente del Cauca, con 2,000, según el Ministro de lo Interior y Relaciones Exteriores de aquella época, o con 2 ó 3,000, según el General , Cornelio E. Vernaza, Jefe a la sazón del Gobierno y de las fuerzas de Quito. La avanzada del Ejército de Colombia, que iba con Figueredo,  tuvo el 9 un encuentro en el Chota con fuerzas que habían organizado los pueblos cansados de una dictadura humillante, y siguieron hasta la capital a decidir, el 15, el combate que desde el día anterior se había empeñado en las calles.

    El Coronel Figueredo dijo en publicación que hizo en Pasto en 1878:

     "Las fuerzas colombianas han defendido causa propia en tierra ajena; por esto no necesitaron llamamiento, ni recompensa ni mandato, ni aprobación para afrontar la situación."

 

 

1  Inédita.

 

2  Carta inédita.

 

3  Idéntico.

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