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Suba
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De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
Salgar
Bolívar
Andes
Jardín
Jericó
Támesis
Valparaíso
Caramanta
Ríosucio y Supía
Anserma
Santa Bárbara
Fredonia
Copacabana y don Matías
Santa Rosa de Osos
Entreríos
Yarumal
Ituango
San Andrés
Angostura
Campamento
Anorí
Carolina
Amalfi
Remedios
Segovia
Yolombó
San Roque
Santo Domingo
EL SUR DE COLOMBIA Y EL ECUADOR

         

     Trataremos en este primer artículo dé la importancia militar que como pueblo fronterizo de una nación vecina tiene la sección colombiana encerrada entre el Mayo, el Patía, el Carchi y las bocas  del Mira, refiriendo sólo las intervenciones de los gobiernos ó de los nacionales de cada una de las dos Repúblicas en los asuntos internos de la otra. 

     Como aquí no vamos a hacer un estudio crítico, nos concretaremosa citar acontecimientos y fechas, aunque la relación quede monótona.

     Cuando en 1592 se promulgó la Real Cédula de las alcabalas, el pueblo de Quito se levantó en masa contra ella, y fue de tales proporciones el movimiento que el Virrey del Perú tuvo que enviar tropas de línea a someter a los revolucionarios, que ya hablaban dé independencia absoluta de España y tenían reducidos a clausura al Presidente de la Audiencia, doctor Barros de San Millán, y a los Oidores. Entonces don Juan Mogollón de Obando, Alcalde de Pasto, que tenía preparados 200 arcabuceros para hacer una entrada a las tribus de indios marchó rápidamente con su tropa a Quito, sin encontrar resistencia,, porque hacía creer en el tránsito que iba en auxilio del pueblo. Al llegar a la capital puso en libertad a las autoridades, y conservó el orden , mientras las fuerzas del Perú se resolvieron a acercarse. 

     Verificada la revolución del 10 de agosto de 1809 en Quito, lo primero en que pensaron los revolucionarios fue en someter a Pasto, y se vio marchar en aquella dirección, por tres puntos distintos, a su Capitanes de confianza, con la mejor fuerza que tenían, bien provistos de fusiles y artillería. Con lanzas, cuchillos, palos, piedras y cañones hechos de guadua, los pastusos y los indios de Funes, Obonuco, Catambuco, Gualmatán y Jongobito, comandados por los Capitanes don Blas de la Villota, don Miguel Nieto y Polo, don Tomás Miguel de Santacruz y otros, vencieron, desarmaron y aprisionaron a los invasores quiteños en el paso del Guáitara, por el camino de Funes. En este  punto, conocido con el nombre de los Méjicos o La Tarabita, donde levantaron fuertes de piedras los incas para conservar sus conquistas  o defenderse de los quillacingas, y donde los jesuitas establecieron en el siglo pasado plantaciones de vid, fue donde se derramó la primera sangre en la guerra de la Independencia, el 16 de octubre de 1809. Fue allí también, a muy poca distancia, en los Sucumbíos, donde se dio la última batalla que selló la Independencia, el 12 de junio de 1825.

     Al mismo tiempo que las fuerzas quiteñas eran derrotadas en el paso de Funes, el Coronel don Francisco Javier Ascásubi huía del Bramadero posición que domina otro paso del Guáitara, dejaba disolver su gente en el alto de los Arrayanes, al sentirse perseguido por el Capitán Gregorio Ángulo, y caía. prisionero con algunos de sus tenientes en poder de cuatro mujeres de Sapuyes.

     Como la vía de Barbacoas. Llave de Pasto, no podía descuidar, el General Manuel Zambrano y Montesinos se situó en Cumbal para vigilarla, y al tener noticia del desastre de los Méjicos y de la prisión de Ascásnbi, abandonó su posición y huyó a Quito. O'Leary dice:

    " Todo este desastre ha sido causado por 200 pastusos sin más armas que palos y arreadores y sin más artillería que piedra."

     El Ilustrísimo Obispo señor González Suárez, en su excelente Historia General del Ecuador, dice que Ascásubí traía 500 hombres.

     Don Gregorio Ángulo, tío de los Generales Rafael Reyes y Euclides de Ángulo, no era Coronel, como dice el historiador Restrepo, sino sólo Capitán. González Chaves, cuya obra ha tenido el fiasco que merecía dice que después del triunfo del paso de Funes, Nieto y Polo siguió a Quito y removió a don José Guerrero. Lo que hubo fue que la noticia de la derrota causó tal pánico entre los revolucionarios del día 10 que Guerrero llamó al Conde Ruiz de Castilla y lo restableció en su puesto entregándole el poder.

    Todos los prisioneros fueron enviados a Popayán, y cuando en diciembre del mismo año llegó allí don José María Lozano, Marqués de San Jorge, en comisión de la Junta de Santafé, se les puso en libertad.

    En julio de 1811 marchó de Quito sobre Pasto don Pedro Montúfar con 800 hombres; pero le salió al encuentro Tacón con 700 milicianos de esta ciudad, y lo derrotó en Carlosama. Tacón marchó inmediatamente para Popayán, y desde Almaguen para Barbacoas, por el Patía.

     Entonces Montúfar volvió sobre Pasto con casi 3,000 hombres según don Santiago Arroyo en su Memoria histórica para la revolución de Popayán, y entró a la ciudad el 25 de agosto, aunque Restrepo dice que fue el 22 de septiembre.

    Baraya, que había salido de Popayán desde el 22 de julio con el Presidente Caicedo, se volvió para Santafé, por llamamiento que le hizo Nariño, y Caicedo siguió a Pasto.

    A esto se siguieron diferentes movimientos militares del un país al otro, en los cuales siempre fue defendida la frontera con honor para el suelo patrio, a pesar de que los centinelas eran atacados con encarnizamiento por la espalda.

    No conduce a nuestro objeto hablar aquí de tales acontecimientos relacionados con la guerra de la Independencia, en los cuales el honor patrio, vinculado en aquel pedazo de tierra, se mantuvo muy en alto, sin la mancha de una traición, de una defección, ni de un acto de crueldad, a pesar de que sus hijos fueron tratados por Bolívar y Sucre, por Salom y Flores, por Obando y Borrero, como nunca se trató a pueblo  alguno en la magna epopeya, y a pesar de haber sido víctimas de negras traiciones, como las de Macaulay, Salom y Obando.

     Terminada la guerra de la Independencia, empezaron las complicaciones exteriores, relacionadas con nuestra frontera del Sur; aunque también las hubo durante ella, como recordará quien conozca las pretensiones que el Perú tuvo entonces.

     En 1828 Obando, desde Pasto, entró en inteligencias con Lámar, contra los intereses de Colombia, y el 29 de diciembre de ese año escribía al Presidente del Perú, como conocedor que era de las posiciones  militares del Sur :

     "Ruego a usted, a nombre de toda la República y de la humanidad, que no detenga sus marchas, sino que las active hasta ocupar a Juanambú. Todos los pueblos anhelan por el ejército auxiliar, y como digo,  no encontrará sino muy pequeños estorbos para derribar como es debido el trono del Dictador."

     Nuestros lectores querrán saber quién era el Dictador a que Obando se refería: era Bolívar, al cual escribía el mismo Obando el 31 de  octubre de 1827, quejándose de que el Coronel Tomás Cipriano de Mosquera hubiera dado malos informes de su lealtad. En esa carta califica las sospechas de Mosquera como "la calumnia más atroz que hayan  podido inventar la envidia o la maldad," y dice que si tuviera la fortuna de ser "contemplado por los hombres de bien," ninguno resultaría mejor amigo de Bolívar que él.

      El mismo que llamaba a Lámar contra el Dictador, fue aquel a ; quien Bolívar indultó por Decreto de 2 de marzo, expedido en el Mayo, en que también tuvo la debilidad de dejarlo de Jefe de las fuerzas del Sur, y el mismo que expidió una proclama en la cual llamaba a Lámar y a sus fuerzas "los pérfidos de la tierra."

     El Dictador, contra quien Obando solicitaba las fuerzas del Perú  en nombre de la República y de la humanidad, era Bolívar, a quien Obando escribía el 17 de marzo de 1829.

     " Creo que Vuestra Excelencia habrá olvidado mi conducta, marcada con el sello de la ingratitud, porque en medio de mi exceso me  arrojé a los brazos de Vuestra Excelencia. Quiero pues que Vuestra Excelencia complete la obra de mi reconciliación, pues que no está concluida. Yo he agraviado, en mi exaltación, al General Flores; mi conciencia me grita por esa otra falta, y no quiero dejar ningún remordimiento que atormente mi vida privada. Le he escrito ya a ese amigo ultrajado, y temo que desprecie mi carta; interpongo pues el respeto de Vuestra Excelencia para que le dé una lección de olvido."

     No tranquilo con eso, le escribió el 28 de abril del mismo año a Bolívar:

    "¿No se cansa Vuestra Excelencia de ser generoso conmigo? Pues recobrado mi espíritu como lo está con este nuevo golpe que acaba de darme, seré tan fiel, tan constante y tan amigo de Vuestra Excelencia, como lo fui entonces; pero, mi General, no eran estos mis deseos: conozco mi difícil posición, y mí destino en Pasto apenas puede acreditarme de obediente.

    " Aún hay que hacer contra nuestros invasores, y yo deseaba aprovechar esta bella ocasión para desmentir con hechos lo que invoqué contra mi corazón, sólo por fomentar un partido aislado, que sostenía ya a despecho, yo quería vengarme a mí mismo en un día de combate persuadido de que Vuestra Excelencia no me privará de tan noble satisfacción, y que no le negaría a la patria esta vindicta tan necesaria ; sinembargo, consignado en manos de Vuestra Excelencia, Vuestra Excelencia me proporcionará medios para recuperar la reputación perdida, sin la cual ni sería digno Oficial de la República, ni digno, amigo de Vuestra Excelencia, ni quiero patria, ni familia, ni vida. Yo no haría falta a las glorias del Ejercito del sur, pero ellas me hacen falta a mí." Razón tenía don José María del Castillo cuando dijo al Libertador en carta de 15 de febrero de aquel año lo siguiente, porque adivinaba el indulto del 2 de marzo, hijo dé las delicias de la Capua que fundó  Pizarro fiebre el Rímao:

    " Si se lograra que esas pobres gentes reconocieren cómo se las ha  engañado, y entregasen a los Jefes y Generales promovedores del alzamiento, la obra sería coronada, presentando al escarmiento un ejemplar  de justicia que hiciera más cautos en lo sucesivo a los pueblos y asegurase para siempre el orden público. Obando, López, Castrillón Valencia, Córdoba, Paredes y otros, que no son dignos de indulgencia y  cuando menos, si es que se acogen al indulto, deben ser expelidos del  país; de otro modo, es de temer que en la primera ocasión que se les presente repitan su drama."

         El mismo día escribía don Estanislao Vergara a Bolívar:

       " Conozco, señor, la necesidad de la clemencia y de la dulzura para  atraer a los que andan errantes. Ellas ganan, los corazones y son un medio excelente para terminar la guerra excitada por dos malvados como  Obando y López; pero nunca estaré por que a estos dos y a Castrillón  si se presentan, se les deje quietos en Popayán. Ellos excitarán después  otra rebelión, y esos pobres habitantes jamás gozarían de tranquilidad  ni de sosiego. Deben pues, en mi concepto si les alcanza el indultoser trasladados a otras partes de la República, donde no puedan dañar."

       Estos dos repúblicos conocían a los hombres. Obando ofreció a  Flores el 5 de mayo siguiente, sostenerlo en la invasión del territoriopatrio, y por eso envió éste inmediatamente fuerzas que se apoderaronde Pasto.

       El General José Hilario López fue nombrado entonces por FloresComandante General de las fuerzas del Ecuador, y con ese caráctery haciendo ostentación de ello, se presentó en Bogotá el 15 de abril de 1831; pero aquí cambió de, modo de pensar, y el Gobierno lo devolvió para el Sur con el nombramiento de comandante General de las fuerzas granadinas a oponerse a las pretensiones del Ecuador. En Popayánencontró todavía decidido por la anexión al Gobernador Castrillón

       Flores, por Decreto de 7 de octubre de 1831, declaró parte integrante de aquel país la porción más considerable del Cauca.

       El 29 de junio del año siguiente, al hablarle de la incorporaciónde Pasto al Ecuador, decía Flores al Presidente: "Yo la he decretado ofreciendo que el Gobierno la acogerá con benevolencia y por tanto me atrevo a rogar a Vuestra Excelencia se sirva mandarla despacharfavorablemente.''  De los pronunciamientos de varias ciudades del Valle del Cauca, de Popayán, Buenaventura y el Sur, en favor de la anexión al Ecuador, puede suceder que tratemos en otra ocasión, para que se vea que los que hacen capítulo de acusación contra Pasto de sus relaciones con el país vecino, son los que menos derecho tienen a arrojar la primera piedra.

     En el año de 1828, cuando Obando levantó fuerzas para proteger la invasión de Lámar, el General Tomás Heres. segando de Flores, lo derrotó el 19 de diciembre.

     En septiembre de 1831. vienen más tropas; y en octubre siguiente, refuerzos despachados de Quito, a órdenes de Otamendi, persignen hasta Barbacoas al Sargento Miguel Arboleda, que regresaba a su patria con una columna del Batallón Vargas, y fusilan en nuestro propio suelo a algunos de aquellos compatriotas, y el resto al llegar a Guayaquil 1 .

    Entonces el Gobierno de Bogotá tuvo que enviar a Quito a don José Manuel Restrepo y al Obispo de Santa Marta, doctor José María Estévez, a arreglar asuntos diplomáticos relacionados con la integridad de la Nueva. Granada. Esa Comisión. no hizo nada en definitiva, por las irresoluciones del Presidente.

    El 29 de mayo del mismo año el General Obando, que ya estaba en la Comandancia Militar del Sur, escribía lo siguiente al Ministro de lo Interior y de relaciones Exteriores, refiriéndose a sus aliados de la víspera.

    " No dude que Flores maneja todos sus ardides por quedarse con Pasto y quién sabe con qué más. Sus procederes al tiempo de las negociaciones de paz lo dicen; no crea usted nunca, que en sangre fría nos devuelvan la tierra usurpada. Se quedan con ella y aun me aventuro a decir que con todo el Cauca.....

     "Agregue usted a esto que el Gobierno procede como si ya estuviera hecha la paz, devuelto el terreno y lleno de garantías para no temer nada. La organización de un cuerpo de reserva suspendida , la remisión de municiones suspendida; los recursos negados; y todo marchando a un fin desastroso, que no necesitará Flores de quemar un cartucho para ponerse en toda la Nueva Granada. No sé a qué atribuir esto, ni menos comprendo la comprendedera del Gobierno. El terreno está invadido ; el invasor prepara todos los lazos, aumenta, y disciplina su ejército, saca recursos de la luna, activa todo, cruza con sus buques todas nuestras costas; está a 50 leguas, se a resta para defenderse y anuncia simuladamente su marcha para ésta. Entretanto nosotros nos declaramos en paz y desvirtuamos los elementos de defensa. ¿ Cuál cera el resultado ? ya lo sufriremos, cuando el Gobierno crea que estamos es verdadera guerra, cera cuando sepa que Flores ocupa todo el Cauca. Entonces se consultará al Consejo, y después de muy acalorada discusión, dirá; no estamos en guerra porque nosotros no la hemos declarado y así, en paz, como queremos estar, se nos irán internando hasta Bogotá...... A que horas toma el Gobierno las medidas que desde ahora para todo caso debe tomar....

     

 

1  Restrepo dice que sólo fueron pasados por las armas algunos de los miembros de la columna, pero don Pedro Moncayo, escritor ecuatoriano, dice que lo fueron todos.

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