EL SUR DE COLOMBIA Y EL ECUADOR
Trataremos en este primer artículo dé la importancia
militar que como pueblo fronterizo de una nación vecina tiene la
sección colombiana encerrada entre el Mayo, el Patía, el Carchi y
las bocas del Mira, refiriendo sólo las intervenciones de los
gobiernos ó de los nacionales de cada una de las dos Repúblicas en
los asuntos internos de la otra.
Como aquí no vamos a hacer un estudio crítico, nos
concretaremosa citar acontecimientos y fechas, aunque la relación
quede monótona.
Cuando en 1592 se promulgó la Real Cédula de las alcabalas,
el pueblo de Quito se levantó en masa contra ella, y fue de tales
proporciones el movimiento que el Virrey del Perú tuvo que enviar
tropas de línea a someter a los revolucionarios, que ya hablaban dé
independencia absoluta de España y tenían reducidos a clausura al
Presidente de la Audiencia, doctor Barros de San Millán, y a los
Oidores. Entonces don Juan Mogollón de Obando, Alcalde de Pasto,
que tenía preparados 200 arcabuceros para hacer una entrada a las
tribus de indios marchó rápidamente con su tropa a Quito, sin
encontrar resistencia,, porque hacía creer en el tránsito que iba
en auxilio del pueblo. Al llegar a la capital puso en libertad a
las autoridades, y conservó el orden , mientras las fuerzas del
Perú se resolvieron a acercarse.
Verificada la revolución del 10 de agosto de 1809 en Quito,
lo primero en que pensaron los revolucionarios fue en someter a
Pasto, y se vio marchar en aquella dirección, por tres puntos
distintos, a su Capitanes de confianza, con la mejor fuerza que
tenían, bien provistos de fusiles y artillería. Con lanzas,
cuchillos, palos, piedras y cañones hechos de guadua, los pastusos
y los indios de Funes, Obonuco, Catambuco, Gualmatán y Jongobito,
comandados por los Capitanes don Blas de la Villota, don Miguel
Nieto y Polo, don Tomás Miguel de Santacruz y otros, vencieron,
desarmaron y aprisionaron a los invasores quiteños en el paso del
Guáitara, por el camino de Funes. En este punto, conocido con el
nombre de los Méjicos o La Tarabita, donde levantaron fuertes de
piedras los incas para conservar sus conquistas o defenderse de
los quillacingas, y donde los jesuitas establecieron en el siglo
pasado plantaciones de vid, fue donde se derramó la primera sangre
en la guerra de la Independencia, el 16 de octubre de 1809. Fue
allí también, a muy poca distancia, en los Sucumbíos, donde se dio
la última batalla que selló la Independencia, el 12 de junio de
1825.
Al mismo tiempo que las fuerzas quiteñas eran derrotadas en
el paso de Funes, el Coronel don Francisco Javier Ascásubi huía del
Bramadero posición que domina otro paso del Guáitara, dejaba
disolver su gente en el alto de los Arrayanes, al sentirse
perseguido por el Capitán Gregorio Ángulo, y caía. prisionero con
algunos de sus tenientes en poder de cuatro mujeres de Sapuyes.
Como la vía de Barbacoas. Llave de Pasto, no podía
descuidar, el General Manuel Zambrano y Montesinos se situó en
Cumbal para vigilarla, y al tener noticia del desastre de los
Méjicos y de la prisión de Ascásnbi, abandonó su posición y huyó a
Quito. O'Leary dice:
" Todo este desastre ha sido causado por 200
pastusos sin más armas que palos y arreadores y sin más artillería
que piedra."
El Ilustrísimo Obispo señor González Suárez, en su
excelente Historia General del Ecuador, dice que Ascásubí traía 500
hombres.
Don Gregorio Ángulo, tío de los Generales Rafael Reyes y
Euclides de Ángulo, no era Coronel, como dice el historiador
Restrepo, sino sólo Capitán. González Chaves, cuya obra ha tenido
el fiasco que merecía dice que después del triunfo del paso de
Funes, Nieto y Polo siguió a Quito y removió a don José Guerrero.
Lo que hubo fue que la noticia de la derrota causó tal pánico entre
los revolucionarios del día 10 que Guerrero llamó al Conde Ruiz de
Castilla y lo restableció en su puesto entregándole el poder.
Todos los prisioneros fueron enviados a Popayán, y cuando en
diciembre del mismo año llegó allí don José María Lozano, Marqués
de San Jorge, en comisión de la Junta de Santafé, se les puso en
libertad.
En julio de 1811 marchó de Quito sobre Pasto don Pedro
Montúfar con 800 hombres; pero le salió al encuentro Tacón con 700
milicianos de esta ciudad, y lo derrotó en Carlosama. Tacón marchó
inmediatamente para Popayán, y desde Almaguen para Barbacoas, por
el Patía.
Entonces Montúfar volvió sobre Pasto con casi 3,000 hombres
según don Santiago Arroyo en su Memoria histórica para la
revolución de Popayán, y entró a la ciudad el 25 de agosto, aunque
Restrepo dice que fue el 22 de septiembre.
Baraya, que había salido de Popayán desde el 22 de julio con
el Presidente Caicedo, se volvió para Santafé, por llamamiento que
le hizo Nariño, y Caicedo siguió a Pasto.
A esto se siguieron diferentes movimientos militares del un
país al otro, en los cuales siempre fue defendida la frontera con
honor para el suelo patrio, a pesar de que los centinelas eran
atacados con encarnizamiento por la espalda.
No conduce a nuestro objeto hablar aquí de tales
acontecimientos relacionados con la guerra de la Independencia, en
los cuales el honor patrio, vinculado en aquel pedazo de tierra, se
mantuvo muy en alto, sin la mancha de una traición, de una
defección, ni de un acto de crueldad, a pesar de que sus hijos
fueron tratados por Bolívar y Sucre, por Salom y Flores, por Obando
y Borrero, como nunca se trató a pueblo alguno en la magna
epopeya, y a pesar de haber sido víctimas de negras traiciones,
como las de Macaulay, Salom y Obando.
Terminada la guerra de la Independencia, empezaron las
complicaciones exteriores, relacionadas con nuestra frontera del
Sur; aunque también las hubo durante ella, como recordará quien
conozca las pretensiones que el Perú tuvo entonces.
En 1828 Obando, desde Pasto, entró en inteligencias con
Lámar, contra los intereses de Colombia, y el 29 de diciembre de
ese año escribía al Presidente del Perú, como conocedor que era de
las posiciones militares del Sur :
"Ruego a usted, a nombre de toda la República y de
la humanidad, que no detenga sus marchas, sino que las active hasta
ocupar a Juanambú. Todos los pueblos anhelan por el ejército
auxiliar, y como digo, no encontrará sino muy pequeños estorbos
para derribar como es debido el trono del Dictador."
Nuestros lectores querrán saber quién era el Dictador a que
Obando se refería: era Bolívar, al cual escribía el mismo Obando el
31 de octubre de 1827, quejándose de que el Coronel Tomás Cipriano
de Mosquera hubiera dado malos informes de su lealtad. En esa carta
califica las sospechas de Mosquera como "la calumnia más
atroz que hayan podido inventar la envidia o la maldad,"
y dice que si tuviera la fortuna de ser "contemplado por los
hombres de bien," ninguno resultaría mejor amigo de
Bolívar que él.
El mismo que llamaba a Lámar contra el Dictador, fue aquel
a ; quien Bolívar indultó por Decreto de 2 de marzo, expedido en el
Mayo, en que también tuvo la debilidad de dejarlo de Jefe de las
fuerzas del Sur, y el mismo que expidió una proclama en la cual
llamaba a Lámar y a sus fuerzas "los pérfidos de la
tierra."
El Dictador, contra quien Obando solicitaba las fuerzas del
Perú en nombre de la República y de la humanidad, era Bolívar, a
quien Obando escribía el 17 de marzo de 1829.
" Creo que Vuestra Excelencia habrá olvidado mi conducta,
marcada con el sello de la ingratitud, porque en medio de mi exceso
me arrojé a los brazos de Vuestra Excelencia. Quiero pues que
Vuestra Excelencia complete la obra de mi reconciliación, pues que
no está concluida. Yo he agraviado, en mi exaltación, al General
Flores; mi conciencia me grita por esa otra falta, y no quiero
dejar ningún remordimiento que atormente mi vida privada. Le he
escrito ya a ese amigo ultrajado, y temo que desprecie mi carta;
interpongo pues el respeto de Vuestra Excelencia para que le dé una
lección de olvido."
No tranquilo con eso, le escribió el 28 de abril del mismo
año a Bolívar:
"¿No se cansa Vuestra Excelencia de ser generoso conmigo?
Pues recobrado mi espíritu como lo está con este nuevo golpe que
acaba de darme, seré tan fiel, tan constante y tan amigo de Vuestra
Excelencia, como lo fui entonces; pero, mi General, no eran estos
mis deseos: conozco mi difícil posición, y mí destino en Pasto
apenas puede acreditarme de obediente.
" Aún hay que hacer contra nuestros invasores, y yo
deseaba aprovechar esta bella ocasión para desmentir con hechos lo
que invoqué contra mi corazón, sólo por fomentar un partido
aislado, que sostenía ya a despecho, yo quería vengarme a mí mismo
en un día de combate persuadido de que Vuestra Excelencia no me
privará de tan noble satisfacción, y que no le negaría a la patria
esta vindicta tan necesaria ; sinembargo, consignado en manos de
Vuestra Excelencia, Vuestra Excelencia me proporcionará medios para
recuperar la reputación perdida, sin la cual ni sería digno Oficial
de la República, ni digno, amigo de Vuestra Excelencia, ni quiero
patria, ni familia, ni vida. Yo no haría falta a las glorias del
Ejercito del sur, pero ellas me hacen falta a mí." Razón
tenía don José María del Castillo cuando dijo al Libertador en
carta de 15 de febrero de aquel año lo siguiente, porque adivinaba
el indulto del 2 de marzo, hijo dé las delicias de la Capua que
fundó Pizarro fiebre el Rímao:
" Si se lograra que esas pobres gentes reconocieren cómo se
las ha engañado, y entregasen a los Jefes y Generales promovedores
del alzamiento, la obra sería coronada, presentando al escarmiento
un ejemplar de justicia que hiciera más cautos en lo sucesivo a
los pueblos y asegurase para siempre el orden público. Obando,
López, Castrillón Valencia, Córdoba, Paredes y otros, que no son
dignos de indulgencia y cuando menos, si es que se acogen al
indulto, deben ser expelidos del país; de otro modo, es de temer
que en la primera ocasión que se les presente repitan su
drama."
El mismo día escribía don Estanislao Vergara a
Bolívar:
" Conozco, señor, la necesidad de la clemencia y
de la dulzura para atraer a los que andan errantes. Ellas ganan,
los corazones y son un medio excelente para terminar la guerra
excitada por dos malvados como Obando y López; pero nunca estaré
por que a estos dos y a Castrillón si se presentan, se les deje
quietos en Popayán. Ellos excitarán después otra rebelión, y esos
pobres habitantes jamás gozarían de tranquilidad ni de sosiego.
Deben pues, en mi concepto si les alcanza el indultoser trasladados
a otras partes de la República, donde no puedan
dañar."
Estos dos repúblicos conocían a los hombres. Obando
ofreció a Flores el 5 de mayo siguiente, sostenerlo en la invasión
del territoriopatrio, y por eso envió éste inmediatamente fuerzas
que se apoderaronde Pasto.
El General José Hilario López fue nombrado entonces por
FloresComandante General de las fuerzas del Ecuador, y con ese
caráctery haciendo ostentación de ello, se presentó en Bogotá el 15
de abril de 1831; pero aquí cambió de, modo de pensar, y el
Gobierno lo devolvió para el Sur con el nombramiento de comandante
General de las fuerzas granadinas a oponerse a las pretensiones del
Ecuador. En Popayánencontró todavía decidido por la anexión al
Gobernador Castrillón
Flores, por Decreto de 7 de octubre de 1831, declaró
parte integrante de aquel país la porción más considerable del
Cauca.
El 29 de junio del año siguiente, al hablarle de la
incorporaciónde Pasto al Ecuador, decía Flores al Presidente:
"Yo la he decretado ofreciendo que el Gobierno la acogerá
con benevolencia y por tanto me atrevo a rogar a Vuestra Excelencia
se sirva mandarla despacharfavorablemente.'' De los
pronunciamientos de varias ciudades del Valle del Cauca, de
Popayán, Buenaventura y el Sur, en favor de la anexión al Ecuador,
puede suceder que tratemos en otra ocasión, para que se vea que los
que hacen capítulo de acusación contra Pasto de sus relaciones con
el país vecino, son los que menos derecho tienen a arrojar la
primera piedra.
En el año de 1828, cuando Obando levantó fuerzas para
proteger la invasión de Lámar, el General Tomás Heres. segando de
Flores, lo derrotó el 19 de diciembre.
En septiembre de 1831. vienen más tropas; y en octubre
siguiente, refuerzos despachados de Quito, a órdenes de Otamendi,
persignen hasta Barbacoas al Sargento Miguel Arboleda, que
regresaba a su patria con una columna del Batallón Vargas, y
fusilan en nuestro propio suelo a algunos de aquellos compatriotas,
y el resto al llegar a Guayaquil
1
.
Entonces el Gobierno de Bogotá tuvo que enviar a Quito a don
José Manuel Restrepo y al Obispo de Santa Marta, doctor José María
Estévez, a arreglar asuntos diplomáticos relacionados con la
integridad de la Nueva. Granada. Esa Comisión. no hizo nada en
definitiva, por las irresoluciones del Presidente.
El 29 de mayo del mismo año el General Obando, que ya estaba
en la Comandancia Militar del Sur, escribía lo siguiente al
Ministro de lo Interior y de relaciones Exteriores, refiriéndose a
sus aliados de la víspera.
" No dude que Flores maneja todos sus ardides por
quedarse con Pasto y quién sabe con qué más. Sus procederes al
tiempo de las negociaciones de paz lo dicen; no crea usted nunca,
que en sangre fría nos devuelvan la tierra usurpada. Se quedan con
ella y aun me aventuro a decir que con todo el Cauca.....
"Agregue usted a esto que el Gobierno procede como
si ya estuviera hecha la paz, devuelto el terreno y lleno de
garantías para no temer nada. La organización de un cuerpo de
reserva suspendida , la remisión de municiones suspendida; los
recursos negados; y todo marchando a un fin desastroso, que no
necesitará Flores de quemar un cartucho para ponerse en toda la
Nueva Granada. No sé a qué atribuir esto, ni menos comprendo la
comprendedera del Gobierno. El terreno está invadido ; el invasor
prepara todos los lazos, aumenta, y disciplina su ejército, saca
recursos de la luna, activa todo, cruza con sus buques todas
nuestras costas; está a 50 leguas, se a resta para defenderse y
anuncia simuladamente su marcha para ésta. Entretanto nosotros nos
declaramos en paz y desvirtuamos los elementos de defensa. ¿ Cuál
cera el resultado ? ya lo sufriremos, cuando el Gobierno crea que
estamos es verdadera guerra, cera cuando sepa que Flores ocupa todo
el Cauca. Entonces se consultará al Consejo, y después de muy
acalorada discusión, dirá; no estamos en guerra porque nosotros no
la hemos declarado y así, en paz, como queremos estar, se nos irán
internando hasta Bogotá...... A que horas toma el Gobierno las
medidas que desde ahora para todo caso debe tomar....
1 Restrepo dice que sólo
fueron pasados por las armas algunos de los miembros de la columna,
pero don Pedro Moncayo, escritor ecuatoriano, dice que lo fueron
todos.