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     Como de costumbre, la orilla (la mañana) amaneció lluviosa y después de almuerzo nos pusimos en marcha, muy mejorado Ospina

     De Buenavista a Altaquer el camino es muy despoblado. Desde ese trayecto no se encuentra un solo negro, y en adelante ni siquiera mulatos; pero en cambio, la población va siendo más numerosa: y así como abajo no hay el más insignificante cultivo, hacia el interior se ven muchas sementeras de plátanos, yuca y caña criolla.

     Los descansaderos siguientes son: Ensillada, Cuesbí, Carrizal Armada, Palpis, Coaiquer, Imbí, Palmar, Chambú, Cartagena y  Ricaurte.

     Casas apiñadas a uno y otro lado del camino en una, extensión de tres cuadras, y construidas como todos los ranchos de la montaña forman el caserío de Cartagena en la ribera occidental del río del mismo  nombre, tributario del Guabo, y el cual se pasa hoy por un bello puente de arco y piedra labrada, igual a los de los ríos Nembí e Imbí. que quedan atrás. Estas tres notables obras de ingeniería debieran llevar en justicia los nombres de los tres caballeros que más directamente intervinieron en su construcción, señores Ignacio Muñoz, Vicente Micolta  y José Arará.

     Cartagena es la pascana más concurrida de cargueros, porque allí  hace crisis la borrachera que han tomado desde el Guabo.

     Un natural o una naturala (indio o india de la serranía, sin cruzamiento) que ha viajado al puerto, no sé alquila como mensualero ni se concierta en los pueblos de la cordillera sino con la condición de que se le permita hacer dos o tres viajes en el año a Barbacoas, por su propia cuenta o por la del patrón, porque para ellos es indispensable echar una cana al aire de cuando en cuando. El mayor atractivo es la chuma (borrachera) de guarapo, que es de regla ponerse en las jornadas segunda y tercera.

     El guarapo se hace de caña criolla, molida en trapiches de mazas de piedra o de madera, movidas por brazos humanos o por bueyes En este guaico (valle estrecho y de temperamento cálido) se cultiva mucho esta raquítica caña. El caldo se hierve, se cuela y se deposita en una vasija de boca ancha, sin menearlo; una vez frío, se cubre con una tabla, y desde el día siguiente empieza la fermentación. Así, sin más preparación, sin menjurjes ni químicas, el guarapo queda de aroma incitante y de gusto tan agradable que nacionales y extranjeros lo prefieren a los licores alcohólicos, al vino y a la cerveza.

   Es artículo de mucho comercio con las poblaciones del interior situadas hasta tres jornadas de distancia, adonde se lleva en zurrones de cuero, como los que usan en La Mesa para la miel, y con un palo que hace el oficio de sifón, se le extraen los gases para evitar que estalla la vasija.

    El carguero empieza a tomar en el Guabo, pero con parsimonia Madruga mucho, y en Tembaquiráu o Piedrancha toma las mañanas mientras compra por cinco centavos un canasto delgado y largo para acomodar el tercio y traer cuatro arrobas de sal del puerto, y dos pedazos de cuero sin curtir, por veinte centavos, para hacerse, mojándolos una especie de zapatos que se asegura al pie con tiras delgadas del mismo cuero. En El Arco, Pipulquer, Pilualés y Pusasquer le va apretando la sed, y muchas veces la sacia con tal afán, que se queda dormido en la vía, con el tercio atado en la espalda, o al mediodía lleva las piernas tan floja que hace pascana en el primer rancho, adonde lo empuje la pesada cabeza. El que cae en la vía permanece allí mancornado hasta que un conocido menos chumado lo alza y lo lleva al primer rancho de la mano, haciendo eses y equis, con el tercio encima, como si no pesara un quintal. Guando no pasa un amigo, el fresco de la noche se encarga de levantarlo. Los cargueros de otros pueblos, que pasan casi tan tunos como él, se burlan del caído y siguen adelante.

     En los ranchos son bien recibidos, porque les dan guarapo en cambio de los víveres que con ese objeto llevan sobre el tercio, y cuando  no se detienen, les ofrecen a gritos buen guarapo, buena medida, plátanos cocidos, papas enteras, buen picante, garrón de puerco, etc. El peón no vende nada del tercio, aunque le ofrezcan mejor precio que el que ha de obtener en Barbacoas, tanto por no desarreglarlo, como por que le quedaría coja la carga, y para completar las cuatro arrobas, que es de rigor debe pesar, tendría que agregarle una piedra; pues sin un quintal justo a espaldas no cogería el golpe, es decir, no podría trotar acompasadamente. Por supuesto que la costumbre hace que la desbarbada de los quesos no haga sentir la disminución del peso.

     Este artículo es de los más solicitados en Barbacoas, Tumaco y toda la costa, adonde se llevan envueltos en paja del páramo. Cuando el carguero ha consumido en guarapo sus provisiones, abre el tercio en el primer rancho en que lo acosa el calor, y con un cuchillo raspa o rebana los quesos con pretexto de limpiarlos, y mediante esta industria, llamada desbarbar, ejercida dos o tres veces en el viaje, a la vista y con consentimiento de todo mundo, puede hacer guájete por guarapo varias veces.

     A la mañana siguiente a la primera caída, el carguero madruga con el albita, y en curcuel o San Miguel de principio a la labor del día; en Chucunés hace larga posa, porque en ninguna parte se fermenta tan bien el amarillo licor como el que ha hecho de este descansadero uno de los Caseríos más populosos del camino. De allí no se desprende hasta sentirse trastornado; más adelante, en el rancherío de San Francisco. requinta la chumay y cuando pasa por Ricaurte lleva la cabeza agachada, los ojos tristes, la lengua tan pesada que no se le entiende ni una palabra, y las piernas flojas como de trapo; en ocasiones va como embistiendo. Allí pocos son los que tienen fuerza para tomar más, y muchos los que no alcanzan a seguir adelante; pero los más, después de haber hecho una jornada de don o tres leguas, van a dar con sus cuerpos a Cartagena, donde devuelven a la madre tierra, a manera de grifos tumbados, cascadas del rebelde líquido.

     Al siguiente día madrugan como los anteriores, se calzan en la cabeza la poluta (la copa de un sombrero de lana) para sufrir el cargador de corteza de balso, guardan los pantalones y la ruana de tejido de lana del país, y con calzoncillos cortos de lienzo y una ruana larga y angosta, de pintas de diferentes coloras y formas, según el pueblo a que pertenezca el carguero, emprenden marcha resueltamente.

    En adelante toman muy poco guarapo, y las 19 leguas que los separan de Barbacoas las hacen en dos días y un rato. Al regreso son mas sobrios, y en cuatro días andan 32 o más leguas.

     Inmediatamente después de Cartagena, a una milla, está el descansadero de Ricaurte, población de movimiento comercial, iglesia, plaza, oficina telegráfica y escuela pública, sus habitantes, casi todos conservadores, son gentes patriotas y de ánimo levantado. De esta población y de Túquerres conservo los más gratos recuerdos personales de mi permanencia en el Sur.

    Hemos salido de la montaña, pero aún son todas las casas como cajones de astillas o de tablas cubiertos con paja y encaramados sobre estacas. Aquí descansamos, porque mi amigo Ospina. aunque muy repuesto, estaba fatigado del viaje.

    1899 Hoy la navegación del Patía y Telembí se hace en tres vapores desde Tumaco a Barbacoas. pues concluido el camino de herradura, el comercio ha tenido un desarrollo sorprendente y mis provisiones  sobre la comente comercial del Norte y del Ecuador se han cumplido y continúan cumpliéndose de una manera muy grata para el amor patrio.

    Justo es que siempre que se hable del camino de Túquerres a Barbacoas se recuerde el nombre de su  ingeniero constructor, doctor Julián Uribe Uribe quien esta actualmente de ingeniero en jefe del Ferrocarril del Cauca  Uribe es un joven antioqueño, modestísimo, de clara inteligencia y grandes conocimientos prácticos, educado en la escuela de Cisneros.

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