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ENGATIVA
Señor Secretario de Gobierno del Departamento-Presente.
El 23 de marzo salimos de esta ciudad para Engativá a hacer
la visita oficial. Encontramos el camino en mal estado en algunos
trechos, por el abandono en que lo han tenido, y en otros, como en
el sitio de Santa Ana, perfectamente conservado y solidificado.
En el Salitre hay tres puentes de lajas sobre corrientes de
agua que cruzan el camino, los cuales necesitan inmediata
reposición, porque apenas entre el invierno no podrán transitar por
allí los carros.
En Camavieja hay una casa de hospedaje bastante cómoda, con
su tienda bien provista, y poco más adelante, en Muelle, en el
crucero que forman con el camino de Bogotá a Engativá los que
siguen para Fontibón y la hacienda de Salazar, del señor Clímaco
Carrizosa, encontramos clavado en la vía un trozo de columna
labrada en piedra con el escudo de la insigne Compañía de Jesús, el
cual probablemente fue llevado allí de Fontibón a Suba,
La monotonía de este desierto camino, que es la de casi
todos los de la Sabana, es interrumpida sólo por lo enumerado.
El Distrito de Engativá, perteneciente a la Provincia de
Bogotá y situado en la Sabana, en poco extenso, completamente llano
y bastante anegadizo en las cercanías del río Funza. Se halla
situado a un miriámetro y medio de Bogotá, a 2,570 metros de altura
sobre el nivel del mar, y su temperatura es de 13°. En 1843 tenía
589 habitantes; en 1870,586; en 1884; 721, y según un censo
levantado el año anterior tiene 675. En el catastro de 1880 está
avaluada su propiedad raíz en $ 171,650.
Sus límites son : partiendo del Norte, de la unión del río
del Arzobispo con el Negro, se sigue éste (que es desde allí
conocido con el nombre de Suba), aguas abajo hasta su
desembocadura en el río Funza; Este, aguas abajo, hasta
Puentegrande; de aquí por una zanja que va de Suroeste a Noreste y
separa los resguardos de Engativá y Fontibón hasta dar con el
camino que conduce de Engativá a Bogotá, en El Cedro; de aquí, por
el mismo camino hacia el Este, hasta unas tapias en los ejidos de
Bogotá, en el Salitre, de donde se toma la línea más corta por la
hacienda del mismo nombre en dirección al río del Arzobispo; éste,
aguas abajo, hasta desembocar en el río Negro, punto departida.
Engativá, como Distrito y como parroquia es paupérrimo, a
pesarde que en su territorio hay valiosas haciendas, que pertenecen
casi todas a vecinos de la capital.
Está dividido el Distrito en los siguientes partidos;
Centro, Puebloviejo (no se sabe si se llama así porque en alguna
época hubiera sidoallí el pueblo), La Guayana y La Maleza.
Lo riegan los ríos Funza, Arzobispo y Negro.
El poblado es un caserío tan miserable, que si no fuera
por la iglesia dudaría uno de estar en la cabecera de una entidad
que lleva el respetable nombre de Distrito. Se compone de ocho
manzanas en que hay por todo diez casas, con solares cercados, dos
de ellas de teja, que sonla cural y el edificio de la escuela. Su
población es de 60 habitantes.
Este caserío no tiene agua, y sus pocos habitantes tienen
que proveerse de ella del pantano de Jaboque o del río Funza, que
pasa a unos800 metros de distancia.
Parten de allí tres caminos : para Bogotá, para las
haciendas de Puebloviejo y para el camino nacional de Oriente, y de
éstos se desprenden algunas veredas que conducen a diferentes
haciendas y estancias.
Los edificios públicos son: la iglesia, que es grande de
teja, sumamente húmeda y desaseada, y acabó de edificarse en 1859.
Tiene numerosas estatuas grandes y pequeñas, que llaman la atención
por lo muy malas. Poseía antes una regular estatua de San Lorenzo,
patrono de la parroquia, y un buen órgano, pero fueron destruidos
en el terremoto que el 16 de noviembre de 1827, a las seis y cuarto
de la tarde, arrasó la anterior iglesia, la cual sólo contaba
entonces veinte años y diez meses de edificada.
El edificio de la escuela es de teja, de reciente
construcción y regularmente cómodo; pero se halla cerrado porque no
se ha hecho el nombramiento de Maestro. Allí no debe establecerse
sino una escuela mixta, y dudamos que aun para eso haya alumnos
suficientes.
La casa cural, de teja, moderna, está inconclusa, y aun
así no es del todo mala para la categoría del Curato.
El cementerio, cercado de tapias en mal estado, es un
corral lleno de malezas; está situado a unos 100 metros de
distancia de la plaza,desde 1863. Antes era contiguo a la iglesia
parroquial.
La casa consistorial es un viejísimo rancho de paja, no
húmedosino pantanoso, desaseado, fétido, que tiene sólo una pieza
donde despachan todas las autoridades del Distrito, y un cuarto
inseguro que sirve de prisión para los hombres. Como no hay pieza
de prisión para mujeres se las deposita en poder de los vecinos.
Los escasos y deteriorados archivos de todas las oficinas están
confundidos sobre un banco.
En el pueblo no hay mercado y aun transcurren meses sin que
en el Distrito se degüelle una sola res.
Los vecinos son pacíficos y laboriosos.
El mismo día de nuestra llegada practicamos la visita
oficial sólo en la Alcaldía, porque a pesar de que anunciamos con
tiempo nuestra llegada al concejo Municipal, no había en el pueblo
más que el Presidente; el Juez no se presentó, y el Recaudador de
Hacienda no lleva siquiera cuentas. A éste lo conminamos con multa
para que en el término de veinte días comprase y abriese los libros
necesarios y cobrase lo correspondiente a la contribución
territorial en el año de 1886.
El Alcalde en el señor Leónidas Romero, honrado agricultor
que vive en el campo, y sólo va de cuando en cuando a la oficina;
tiene de Secretario al señor Pedro Pablo Tinjacá, a quien no
hicimos relevar de cargo porque no hay en Engativá otra persona con
quién reemplazarlo. Si pudiera encontrarse en los pueblos vecinos
algún individuo medianamente idóneo que se resolviera a aceptar la
Secretaría del Concejo, del Alcalde y del Juez, este Distrito
ganaría mucho.
Todo en la oficina se encuentra en el mismo vergonzoso
estado que el local.
No hay libro de visitas, porque el Distrito no había sido
visitado nunca por las autoridades superiores, ni Alcalde ha
cumplido con el deber que a ese respecto le impone la ley.
No hay tampoco libros de decretos, ni de ordenaciones, ni
de concíentos, ni de licencias para degüello de ganado, ni de
resoluciones y providencias de policía, ni de cauciones, ni de
depósito de animales ni de radicaciones, ni de recibo y entrega de
pliegos, ni nada, con excepción de mugre, abandono, diez sumarios
atrasados y unas cuantas hojas papel con pretensiones de copiador
de comunicaciones, en que sólo hay constancia de las dirigidas
hasta diciembre de 1884.
El inmueble de las oficinas consiste en una mesa y un
taburete desvencijados y dos urnas que desempeñan actualmente el
oficio de asientos y que en otras épocas sirvieron para las
funciones de prestidigitación que aquí llamábamos elecciones. Para
las anteriores Administraciones estos adminículos era lo único
necesario en los pueblos : poco les importaba que carecieran de lo
demásútiles de escritorio, ni los absolutamente indispensables.
Hicimos algunas prevenciones e indicaciones al señor
Alcalde y le ordenamos comprar inmediatamente cuadernos para abrir
los libros que manda la ley.
No nos resolvimos a imponer una pena a las autoridades por
el abandono que encontramos, en consideración a que no son las
actuales las más responsables de él: la indolencia es allí, como en
todas las pequeñas poblaciones de Cundinamarca, tradicional, y a
nuestro juicio los verdaderos responsables son los Gobernadores y
Prefectos que ha habido, que no se interesaban nada por la marcha
de los Distritos y los mantenían relegados al olvido.
Como dejamos dicho, no hicimos visita al Concejo Municipal
porque sólo encontramos allí a su Presidente, quien nos informó
que no se llevaban libros de ninguna clase, ni siquiera de actas y
de acuerdos.
Aconsejamos a este funcionario propusiese al Concejo la
venta en remate de unos lotes de tierra que tiene el Distrito fuera
del área de población, que valdrán $ 200, para con un producto
edificar la casa consistorial. El trabajo personal subsidiario no
se cobra allí, y mandamos formar las listas y organizarlo
prontamente.
Esta es la fiel y exacta pintura de la Administración
Publica en Engativá y en otros muchos pueblos de Cundinamarca. Diga
cualquiera si semejantes Distritos merecen serlo o si deberían ser
eliminados y reducidos a barrios, como lo tenemos solicitado. Si
esto no se puede hacer por cualquier circunstancia, creemos debiera
imponérseles la obligación de señalar de sus rentas sueldo
proporcionado a los Alcaldes, para poder nombrar personas de fuera
de ellos que sirvan. Hoy los Distritos gozan de rentas dobles de
las que antes tuvieron, porque les corresponde el dos por mil de la
contribución directa, y pueden soportar ese gasto
perfectamente.
El mismo día nos permitió con mucha amabilidad el Señor cura
registrar los archivos parroquiales, y de ellos pudimos tomar
algunos datos, muy incompletos, porque los libros están en gran
desorden y sin encuadernar. Parece que, con excepción del doctor
Manuel María Saiz, ningún Párroco ha puesto la mano en esos libros
para arreglarlos. Esta parroquia ha carecido de Cura frecuentemente
por largas épocas.
El primero que aparece firmando las partidas es el doctor
Alonso Hornero
1
en 1699 ; en 16l6
2
,
doctor Bartolomé Diez de Ortega ; de 1619 a 1623, doctor Francisco
Delgado ; 1643, doctor Nicolás Javier de Baracerda Larrazábal;
1652, doctor Francisco de Robles : 1653 a 1697, Maestro Lorenzo
Hernández ; 1699 a 1713, Maestro Miguel López Nieto; 1718, doctor
Ignacio Fernández de Heredia; 1718 a 1720, doctor Fernando Antonio
Camacho y Guzmán; 1721, doctor José Manrique y Ospina; 1733 a 1765,
doctor Francisco Bernardo de Isla Samaniego
3
1765, 1768, doctor Miguel Moreno ;
1768 a 1770, doctor Pedro Velasco y Camacho ; 1770 a 1775, doctor
Narciso Franco y Chacón; 1775 a 1777, doctores Antonio y Luis
Forero, interinos ; 1777 a 1778, doctor Luis Alvarez del Basto,
excusador del doctor Juan Agustín de León; 1782, doctor Francisco
Muelle, interino; 1786 a 1796, doctor Nicolás Sánchez; 1797 a 1823,
doctor Francisco Javier García; 1823 a 1826, doctor José Julián
Pérez; 1826 (agosto 5) a 1828, doctor Manuel María Saiz
4
; 1828 (3 de diciembre)
1836, doctor Rafael Ángel; 1837 (4 de octubre), bachiller Pedro
José Ángel de Novoa; 1850, doctor José Eusebio Vargas; 1852, doctor
Juan Nepomuceno Escamilla de Florea; 1857, doctor Justo González;
1863, doctor Agapito López ; 1869, doctor Luciano Díaz; 1872,
doctor Pablo María Losada; 1876, doctor Juan de Dios Parra; 1881,
doctor José Bernardo Gómez; 1883, fray Daniel de Jesús Várela;
1884, doctor Claudio Téllez ; 1885, doctor Nicolás Quijano ; 1886
(17 de marzo), doctor Juan Nepomuceno Parra, actual Cura. El doctor
Parra fue fraile franciscano, y estuvo algún tiempo desempeñando su
ministerio en los Llanos, de donde pasó a las Antillas. No notamos
en parte alguna que la influencia y el celo del señor Cura se hayan
hecho sentir de una manera saludable.
1 Hijo natural del
conquistador y encomendero de Engativá y Une Diego Romero, y
hermano del Cura de las Nieves, Andrés Romero, que también fue hijo
natural.
2 En 1617 existía la
doctrina de Tibabuyes, que hoy hace parte de los Curatos de Suba y
Cota. Después de eso no vuelve a mencionarse en los libros
parroquiales.
3 Al final del libro
de bautizos hallamos esta relación :
"En el año de 1743, en 18 de octubre, a las diez y
media del día, hubo un tan, fuerte terremoto, que todas las
iglesias de Santafé padecieron graves ruinas. La media naranja de
la Compañía sé rajó por tres partes ; y los marcos de la capilla de
Nuestra Señora de Loreto se rajaron ; y en Santo Domingo la iglesia
padeció grande quebranto, y se cayó un patio interior y el Colegio
inmediato padeció mucho estrago; y en San Francisco, la torre; se
quebrantaron todos los marcos de las campanas, y un claustro se
arruinó casi todo en Santa Inés. La torre fue preciso echarla abajo
en el Hospital. También la torre la echaron abajo y todo el
contenido padeció mucho quebranto en San Agustín. La torre se rajó
por diferentes partes en la Concepción con todo el contenido e
iglesia. Padeció mucha ruina la Real Audiencia y el Palacio se
abrió todo. En las más casas altas y muchas bajas padecieron muchos
quebrantos y algunas vinieron a tierra.
"En esta santa iglesia el arco toral, la clave se
desquició tres o cuatro dedos. El mojinete del altar mayor se
derrumbó hacia la puerta, y la pared de la puerta de la iglesia se
rajó por dos partes. De suerte que fue un día que amenazó Nuestro
Señor a todo este país con su ira, que si acaba de descargarla, ni
ciudad, ni pueblos, ni gentes hubieran quedado si no hubiera su
Madre Santísima intercedido que la aplacase; lo cual debemos
creerlo así, pues la principal ruina empezó por la iglesia de
Nuestra Señora de Guadalupe, que estaba en el cerro, que cayó toda
ella quedando su Divina Majestad y mi Señora de la Humildad sin
lesión alguna entre la ruina. Hubo muchas misiones, penitencias y
confesiones, que dieron mucho fruto.
"La Divina Majestad nos libre de semejante
trabajo, y no permita vuelva otro terremoto semejante, porque sí
vuelve, todo vendrá a tierra, según ha quedado de quebrantado, y
nos dé un verdadero dolor de haberle ofendido, y nos dé una buena
muerte. Amén.
"Siendo su indigno
Párroco Francisco de Isla Samaniego en 12 de diciembre de
1743."
4 En uno de los
libros parroquiales, y firmadas por el doctor Manuel María Saiz,
encontramos las siguientes noticias históricas, que conviene
conservar :
"El día 25 dé septiembre He 1828, a las doce de
la noche, se revolucionó la Brigada de artillería contra el
Libertador. Ella fue batida y derrotada por el Batallón Vargas.
Los autores han sido aprehendidos, y siete han sufrido la pena
capital; son los siguientes: Horment, francés; Silva, Comandante de
artillería; Galindo, Superintendente de milicias; Zuláibar,
paisano; López, Capitán; el General Padilla y el Mayor Guerra. Por
este mismo acontecimiento fueron desterrados los siguientes:
doctor Merizalde, a Tunja; el doctor Gómez Plata, presbítero, y el
General Antonio Obando, a la Guayana; el doctor Azuero, presbítero,
y Patricio Parada, a Cartagena; López Aldana, de Asesor, a Barinas;
Liévano, a Mérida; Domingo Guzmán, a Cumaná; Vallarino, a
Mariquita; Francisco Carrasquilla, a Antioquia; los Edecanes del
General Santander, Carlos W. o N. y Ramón Márquez, el primero a
Londres y el segundo a Tocuyo. El día 14 de octubre del año
susodicho fueron fusilados Pedro Celestino Azuero, paisano, el
Capitán Hinestrosa, dos Sargentos y tres soldados de artillería.
Al día siguiente salieron algunos soldados del mismo, Cuerpo para
Cartagena."
En seguida había una larga relación de los estragos
causados por el terremoto del año de 1828, pero las hojas en que
estaba escrita fueron arrancadas por mano profana para que
sirvieran a un historiador, y sólo existe hoy el encabezamiento de
una relación.
De otro libro copiamos ésta, firmada también por el doctor
Saiz:
"El día 17 de junio de 1826, a las diez y media
de la noche, hubo un gran terremoto que duró el espacio de minuto
y medio, según la opinión general. Se dañaron la mayor parte de los
templos y conventos. La iglesia de Guadalupe cayó del todo, y la
imagen de la Virgen fue conducida en procesión a la iglesia de La
Enseñanza, donde permanece. La ermita de Monserrate quedó inútil
por los graves daños que sufrió, y la imagen del Señor fue
trasladada a San Francisco, después de haberle hecho una rogativa
y misión en la plazuela de San Victorino, la que duró cerca de un
mes. La ermita del Señor de Las Cruces corrió igual suerte, y el
Señor se llevó a un hermoso toldo que la devoción de los Maderos le
hizo en Fucha, en donde se celebró una misión por los agustinos
calzados, que duró treinta y ocho días. Después de esto fue
trasladada a la iglesia de estos religiosos, mientras se concluye
su capilla en el lugar que se tuvo la misión, para cuyo efecto se
han recogido algunas limosnas.
"Esta iglesia de Engativá se cuarteó a la parte
del coro una cosa de bastante consideración.
"Los conventos y la mayor parte de las casas de la
ciudad sufrieron graves daños, como que ha sido necesario descargar
muchas, como son las casas de cabildo, cárcel chica y otras de
particulares. En el valle de Cáqueza no quedó iglesia sana, pues
allí fueron más fuertes los movimientos.
"El día 21 del mismo junio, a las cinco de la
mañana, repitió el terremoto con violencia, el tiempo de un minuto.
Con este nuevo impulso se vencieron más y más los edificios.
Después han continuado pequeños movimientos, que se han sentido por
el espacio de un mes y días.
"Ruidos sordos precedieron a estos temblores, y
sus consecuencias han sido plausibles, pues muchas personas han
entrado en sus deberes conociendo la justicia del Cielo manifestada
en los remezones de la mole inmensa de la tierra. El Cielo nos dé
virtudes para vivir como verdaderos filósofos y ser felices con la
felicidad adquirida por la rectitud de una conciencia
tranquila.
" Engativá, a 13 de agosto de 1826."
Al pie de esta relación se lee :
" Siguen los terremotos hasta hoy 17 de septiembre
de 1826.
" Tembló hoy 30 de abril de 1827.
" Siguen los temblores."
Y en seguida:
"Temblor de 1827, mayor que el de junio de 1826.
El día 16 de noviembre de 1827, a las seis y cuarto de la noche,
hubo un terremoto mucho más fuerte y más largo que el del 17 de
junio del año pasado, pues se calcula su duración en dos minutos y
medio. Las grandes ruinas que ha causado son incalculables. La
mayor parte de las iglesias de la ciudad o del campo, arruinadas o
destruidas por entero, como ésta de Engativá. Muchísimas casas
altas y bajas enteramente caídas, cuya enumeración omito por ser
muy larga. Murieron algunas personas oprimidas con el peso de las
paredes; y aún siguen los movimientos con intervalos de un día o
dos.
"Esta iglesia tenía veinte años completos de
concluida. Era la mejor de la Sabana; muy aseada y adornada con
bellísimas imágenes de la vida de la Virgen, debido todo al celo
infatigable del presbítero don Francisco Javier García, quien
edificó el templo y lo paramento más que decentemente, atendidas
las circunstancias de este miserabilísimo lugar. En dos minutos se
destruyó la obra de diez a doce años, que no dejó de costar $
12,000. La casa está medio caída e inhabitable.
"Engativá, 18 de noviembre de 1827.
"El 22 de noviembre de 1827 tembló a los tres
cuartos para las nueve de la mañana.",
Del mismo libro copiamos esta relación, hecha por el doctor
Saiz:
"Asesinato execrable-El día 28 de mayo de 1828,
en la ciudad de Bogotá, a las nueve de la noche fue atrozmente
asesinado el venerable Párroco de Macheta, doctor Francisco Tomás
Barreta, de cincuenta y cinco años de edad. Fue hallado con cinco
heridas y muchas contusiones. Los autores de este horrendo
inaudito y sacrílego crimen, fueron José Manuel Almeida, natural
de San José de Cúcuta; Pioquinto Camacho, natural de la ciudad de
Honda o de San Antonio de Tena; Manuel Vega, mulato zapatero, de
Caracas; el negro Pedro José Amaranto, esclavo de Almeida, de San
Antonio dé Tena, y Dolores Pinto, mujer del citado Vega, natural de
Tunja. Todos fueron aprehendidos, sumariados y sentenciados en el
término de un mes. (El Ilustrísimo señor Caicedo los absolvió
públicamente de la excomunión en que incurrieron). El día 27 de
junio del mismo año se ejecutó la sentencia de Almeida, Camacho,
Vega y Amaranto, concebida en estos términos: fueron sacados de la
cárcel grande, arrastrados en esteras a la cola de un caballo,
pregonado su delito y sentencia en las cuatro esquinas, y luego
conducidos a los banquillos, que estaban debajo de las horcas, y
en ellas colgados los puñales del asesinato; fueron fusilados y
después colgados de las horcas por tres horas, y descuartizados los
principales autores, Almeida y Camacho. Las manos de éstos fueron
puestas frente a la casa de Barreto en escarpias y con sus
inscripciones. La cabeza del primero está en San Victorino y la
del segundo en San Diego, en el camino real. (El mismo día fue
fusilado otro por ladrón.)"
"La Pinto está preñada.» Hay una nota marginal, de
la misma letra, que dice; «No hubo tal embarazo, y se aguarda a que
salga de su embarazo para que sufra la misma pena, aun no
proporcionada a la gravedad de tamaño crimen.
"Para perpetua memoria."
En seguida se lee:
"El día 12 de septiembre de 1828 fue ejecutada la
sentencia de muerte en. Dolores Pinto, en los mismos términos en
que la sufrieron sus cómplices.
"Firmado-Fernando de Benjumea y Mora, Cura
excusador."
Se encuentra en el mismo libro esta nota:
"No menor que el terremoto de 1743 fue el que se
experimentó en 1827, que arruinó totalmente la iglesia de Engativá,
la de Cota, Bojacá, Facatativá, Soacha, y causó daños en la de
Fontibón y en la capilla Catedral, Capilla del Sagrario, Santo
Domingo, San Francisco, San Juan de Dios, campanario de Santa
Bárbara, torre de San Francisco, la Veracruz y todo edificio chico
y grande."
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