En 1578 fue nombrado Cura doctrinero el Reverendo Padre fray
Tomás Ortiz
4
, de
la Orden de Predicadores, y permaneció allí hasta 1612 (en su época
desempeñó el Carato algún tiempo fray Juan de Ladrada)
5
; lo sucedió fray
Bartolomé Núñez. De 31 de julio de 1636 a a 1639 el bachiller don
Juan Bautista Guío Cerrullo; 1639 (2 de noviembre) a 1653, fray
Juan Esteban Vasco; 1653 (16 de febrero) a 1654, fray José González
Gaicano; 1654 (16 de febrero), fray Miguel Pineda ; 1656 (20 de
diciembre), fray Antonio Zambrano; 1657 (1.° de junio), fray Tomás
de Jesús María ; 1658 (25 de agosto), fray Pedro de la Barrituta;
1661 (23 de agosto), fray Antonio Díaz Menacho; 1663 (21 de mayo,
fray Diego Domingo Meló; 1666, fray Antonio de Zamora
6
; 1669, fray José de Pardo ;
1675 (18 de mayo), fray Lorenzo Forero; 1677 (15 de enero), fray
Gregorio Serrano; 1679 (5 de junio), fray José de Aparicio ; 1682
(4 de enero), fray Jacinto Garzón Melgarejo ; 1685 (30 de marzo),
fray Miguel Gutiérrez, hasta el 10 de agosto, en que le sucedió el
Padre Juan de Olmos. Signen machos Curas interinos hasta 1699, en
que estuvo el Padre Miguel de la Peña; 1703, fray José Forero, y le
sucedieron interinamente los Padres Pedro Ruiz, Isidro de Castro,
Juan Blanco y Laureano Salvador, hasta el 5 de septiembre de 1731,
en que fue nombrado Cura fray Pedro de Sotomayor y 1716 (18 de
julio), fray Francisco de Galarza; 1723 (23 de octubre), fray
Lorenzo Campo; 1725 (18 de septiembre), fray Clemente González;
1726 (4 de julio), fray Diego Calleja; 1728 (3 de octubre), fray
Bernabé de los Reyes; 1733 (13 de agosto), fray José Cartejón ;
1736 (30 de diciembre), fray Melitón Mega; 1737 (7 de septiembre),
fray Roque de Campos; 1740 (9 de abril); fray Bernardo de Velasco;
1741 (16 de julio, fray Luis Zapata; 1747 (15 de octubre), fray
Manuel Burgos; 1748(6 de abril), fray Francisco García, duró hasta
1752, y fue el último religioso dominicano que regentó la parroquia
por aquella época; 1752 (14 de enero), doctor Vicente Cáceres
Sanguino ; 1764 (10 de abril); doctor Juan Francisco Mahecha; 1774
(3 de marzo), doctor Eugenio Martín Carpintero, que falleció el 18
de junio de 1780, y le sucedió interinamente el doctor Diego
Escobar hasta el 15 de febrero de 1794, fecha en que se encargó del
Curato el doctor Rafael Lasso de la Vega
1
; 1807 (8 de marzo), doctor Mariano
Lesmes, a quien sucedió interinamente el doctor Policarpo Jiménez ;
1816 (10 de junio), doctor Pedro Viedma; 1817 (19 de junio), doctor
Juan José de León ; 1818 (4 de octubre), doctor José María Mesa;
1820 (2 de diciembre), fray Miguel Garay, interino; 1822 (20 de
diciembre), doctor Benedicto Salgar
2
; 1880, fray Joaquín del Turno,
excusador; 1831, doctor Francisco González Bolívar: 1832, doctor
Policarpo Jiménez; 1833 (26 de marzo), doctor Juan Manuel García
Tejada (de quien hablamos largamente en la relación de Choachí) ,
1834 (20 de junio), doctor Pedro José de Vargas; 1837 (23 de
enero), doctor Francisco Javier García, excusador; 1837 (28 de
octubre), doctor José Pío Molano Lesmes, hasta el 22 de septiembre
de 1857, fecha en que con licencia del Ilustrísimo señor Arzobispo
recibió el hábito de Santo Domingo ; el 25 de abril de 1858
desenfrailó y permutó el Curato por el de la Catedral de Bogotá con
el doctor Gregorio Ardila, quien se posesionó el 25 de abril del
mismo año, 1866 (26 de febrero), fray Venancio López, interino,
1867 (3 de enero), doctor Indalecio Barreto 5 1868 (28 de marzo),
doctor Miguel Martínez Barreto, quien se separó el 28 de junio de
1871
3
, y le sucedió
el doctor Mamerto Beltrán ; 1878 (17 de julio), doctor José
Nepomuceno Lozano; 1883 (18 de mayo), doctor José Domingo Vargas ;
1886 (26 de febrero), doctor Pedro María Sierra, actual Cura.
El doctor Sierra en lo que puede llamarse un buen Cura de
almas: virtuoso, caritativo, consagrado, progresista en la buena
acepción de la palabra, enérgico ; su casa es la obligada posada de
los transeúntes, la merecida influencia que tiene en la población
no la ejercita solamente en lo que se relaciona con su ministerio,
sino que la hace valer también en beneficio del pueblo. Es
estudioso y de no escaso saber, y sus amenas pláticas dominicales
son oídas con gusto, porque amonesta y enseña con tino. En nosotros
dejó muy grata impresión este notable Párroco. La parroquia de
Funza ha sido visitada por los siguientes Arzobispos : 1663, don
fray Juan de Anguiano ; 1697, don fray Ignacio de Urbina; 1719, don
Francisco Rincón, quien hizo su visita en el sitio de Tíbabuyes,
adonde hizo ir al Cura con todos sus libros, etc ; 1744, don fray
Diego Fermín de Vergara; 1755 y 1757, don Francisco Javier Arauz;
1776, don Agustín Al varado Castillo; 1780, don Antonio Caballero
y Góngora 5 1839, doctor Manuel José Mosquera ; 1870, doctor
Vicente Arbeláez, quien prohibió las misas de aguinaldo antes de
las seis de la mañana y que en ellas se cantasen cantos profanos.
En julio y en septiembre de 1850, respectivamente, hicieron
confirmaciones en el pueblo los Ilustrísimos señores doctor Juan de
la Cruz Gómez Piafa., Obispo de Antioquia; y don Ellas Puyana,
Obispo de Pasto.
En 1700 hubo 23 nacimientos de blancos, y 15 matrimonios. En
1800, 34 bautizos de blancos y 28 de indios, 20 defunciones de
blancos y 35 de indios, 4 matrimonios de blancos y 13 de indios. En
1841 murieron 308 personas de viruela. En 1866 hubo 191
nacimientos, 141 defunciones y 79 matrimonios.
En los libros encontramos una providencia real en que se
manda, en 1800. no cobrar tributo a los indios de este pueblo.
En 1796, ante el Escribano real don Juan Nepomuceno Franqui,
impuso al doctor Lasso de la Vega $ 1,500 de capital, al 4 por 100
anual, sobre la renta de tabaco.
En 1838 se dio en arrendamiento la hacienda del Hato, que
pertenecía al Carato, al General José María Mantilla, la cual había
estado arrendada desde 1804 a don José María Ardila, a $ 208
anuales.
Aunque es historia conocida, aun de los escolares, ya que
nos hemos propuesto dar algunas noticias de las poblaciones que
visitamos, recordamos aquí que la población conocida hoy con el
nombre de Funza era al tiempo de la Conquista la capital del
Imperio Chibcha, y entonces se llamaba Muequetá (Bocatá, según don
Juan de Castellanos, que quiere decir remate de labramos).
Posteriormente se llamó Santiago de Bogota y Bogotá a secas, y del
año de 1827 en adelante, por lo que pudimos ver en los archivos,
principió a llamarse Funza. Allí era la residencia del Zipa o
Cacique de los Chibchas, que a la entrada de los españoles lo era
Tisquesusa.
En el mes de abril de 1537 llegó el Mariscal Quesada con sus
fuerzas a las orillas del río Funza, por la banda oriental. Los
indios trataron de hacerle resistencia, pero a los primeros tiros
de arcabuz se dispersaron y dejaron vadear libremente el río a los
expedicionarios, los cuales llegaron a la ciudad, la que
encontraron desocupada por las principales familias.
Era la ciudad, según los antiguos cronistas, tan grande que
se calculaba encerraba 20,000 casas, y el palacio tan espacioso que
pudo alojar cómodamente en su recinto a los españoles con sus
caballerías. Zamora dice que en el serrallo de este palacio vivían
más de 300 mujeres El interior de las piezas estaba cubierto con
vistosos tejidos de paja y de fique pintados de diferentes
colores.
A pesar de que al huir el Zipa había cargado con sus
tesoros y los de los adoratorios públicos y privados, y da que los
particulares hicieron otro tanto, se encontró allí tanto oro,
mantas de algodón y otros objetos estimados, que determinó Quesada
hacer la primera repartición de esto y de lo tomado en los pueblos
vecinos : separados los quintos reales, nueve partes para don Pedro
Fernández de Lugo y siete para General, tocaron a cada soldado raso
$ 512 de oro fino y el doble a de caballería. Esto sin contar lo
que los soldados escondieron, ni el bajo, del cual hicieron
herraduras para los caballos. En la misma proporción se repartieron
las esmeraldas y mantas. Nunca pudo saberse dónde escondió el Zipa
sus riquezas.
En la primera noche de su residencia allí, los españoles
fueron hostilizados por los indios, quienes arrojaban sobre la
ciudad flechas encendidas y lograron incendiar algunas casas.
Muerto Tisquesusa en el cercado de Facatativá, los indios
proclamaron Zipa a Zaquesazipa, hijo del señor de Chía, quien
convocó a súbditos y recomenzó las hostilidades contra los
españoles. Estos, acosados por el hambre y por los enemigos,
abandonaron a Funza y sentaron sus reales en Bosa.
Fundada la ciudad de Santafé, se comisionó a fray Juan
Méndez para que fuese a Punza a predicar el Evangelio; notable
orador sagrado que en pocos días logró atraer gran número de indios
a la verdadera fe
4
. El Padre Méndez purificó el templo
del Sol y en él levantó la Cruz; fue nombrado Vicario de aquel
pueblo, y se le dieron por compañeros a los Padres fray Bartolomé
de Talavera, fray Jerónimo de Alviar y fray Juan de Chaves.
En 1555 fue destinado el Padre Méndez a Chía y Cajicá, y se
le reemplazó con fray Juan Suárez, a quien se unió fray Gaspar da
los Reyes para asistir también en el pueblo de Bojacá. Al Padre
Méndez se debe el establecimiento de los primeras estadios
universitarios en esta tierra.
En 1578 el Ilustrísimo señor Arzobispo fray Juan de los
Barrios erigió el Curato de Funza, y el Gobierno español dio a don
Antonio Díaz Menacho $ 820 en oro de 20 quilates para construir
una iglesia y demoler el adoratorio indígena en que había plantado
la cruz el Padre Méndez. En la misma época el Capitán Antonio de
Olalla dio $ 500 de oro de 20 quilates, y su mujer doña María de
Orrego, $ 250 para una fundación, y la Real Audiencia determinó que
este principal se asegurase por el Procurador del convento de Santo
Domingo.
El primer encomendero de Funza fue Antón de Olalla, Alférez
Mayor del Ejército, que sirvió, de joven, en España e Italia a las
órdenes de Carlos V, pasó en 1535 a Santa Marta con el Adelantado
don Pedro Fernández de Lugo, y vino a la conquista del interior con
don Gonzalo Jiménez de Quesada. En la do las Sierras del Opón y
tierras de Vélez recibió diez heridas y quedó manco del brazo
izquierdo, en memoria de lo cual quedó el sitio con el nombre de
Valle del alférez ; pacificó a los indios panches, empezó la
conquista de Neiva y fue nombrado Capitán por el Adelantado don
Alonso Luis de Lugo ; preparó a su costa gente para la defensa
contra el tirano Lope de Aguirre y contra Gonzalo de Oyón; fue
Alcalde Ordinario de Santafé varias ocasiones, Justicia Mayor en la
misma ciudad y en Tunja, y se consejo era solicitado y muy atendido
en la Audiencia. Casó en San Miguel, una de las islas Azores, con
doña María de Urrego, de la nobleza de Portugal. De ella tuvo
cuatro hijos, de los cuales tres no tuvieron sucesión legítima, y
el cuarto, doña Jerónima de Urrego y Castro
5
, que sobrevivió a sus tres hermanos,
heredó la encomienda y casó con don Fernando de Monzón, hijo del
Visitador del Nuevo Reino de Granada, don Juan Bautista Monzón,
noble español. De este matrimonio no hubo sucesión : porque donde
Fernando murió prontamente, de tristeza. cuando su padre fue
reducido a prisión en Bogotá, y no se le permitió venir a verlo. En
segundas nupcias casó doña Jeróníma con don Francisco Maldonado de
Mendoza, Caballero del Hábito de Santiago y miembro de una familia
que ha dado a la Iglesia, a las letras y a las armas insignes
varones.
De este matrimonio nacieron seis hijos, tres de los cuales
tuvieron sucesión. Don Francisco y doña Jerónima fundaron vínculo
de la dehesa de Bogotá. su hijo mayor, don Antonio Maldonado de
Mendoza, Caballero de la Orden de Calatrava, heredó el mayorazgo,
fue Gobernador de la Provincia de Santa Marta, Procurador de corte
por la ciudad de Santafé, General y Gobernador de Quito, y casó con
doña María de Rioja Bohórquez; de este matrimonio nacieron once
hijos, de los cuales sólo tres mujeres llegaron a tener estado, una
de éstas, doña María Maldonado de Mendoza, heredó el mayorazgo, y
casó en Quito con don Alonso Ramírez de Oviedo, del cual tuvo sólo
un hijo, doña Francisca Floriano Maldonado, quien, junto con el
vínculo, heredó de su abuelo el hábito de Calatrava, y casó en 1652
con don Fernando Leonel de Caicedo, Caballero de la Orden de
Santiago. De este matrimonio nacieron trece hijos.
Para no cansar a nuestros lectores con una genealogía
que poco les importa, terminaremos diciendo que de Antón de dalia
descienden gran número de las familias notables de Bogotá, y entre
ellas la de Lozano Peralta Maldonado de Mendoza, que heredó el
mayorazgo de la dehesa de Bogotá..
En 1820 hubo en este pueblo fiestas publica muy ruidosas,
en celebración del aniversario de la Independencia. La Capital
despobló para asistir estas fiestas, en las que no faltó el
encargado del Ejecutivo Nacional. Con ocho días de anticipación se
llevaron allí muebles de todas clases y aun alfombra de Bogotá ; se
prepararon toldos, tablados, etc., y ni aun así encontraron
alojamiento todos los concurrentes. Hubo bailes permanentes, aun de
día, y representaciones teatrales: allí se puso por primera ves en
escena La Pola, tragedia en verso, compuesta por el Jefe Político y
Militar del Cantón de Funza, doctor José María Domínguez
Roche.
El Jefe melista Manuel Góngora de Córdoba, encargado de
saquear las haciéndala de la Sabana observó tal conducta, que
obligo a las hacendados ponerse en armas para, defenderse, y se
pusieron a las órdenes del denodado don José María Ardila, y el día
9 de mayo cogieron en la plaza al Jefe José Marisa Alemán con 169
hombres que llevaba.
Por Decreto de 23 de julio da 1861, dictado por el
Presidente provisional de los Estados Unidos de Nueva Granada,
General Tomás C. de Mosquera, se creó el Distrito Federal de Bogotá
y se autorizó al Gobernador de Cundinamarca para designar Capital
del Estado Provisionalmente. El Gobernador designó a Funza, donde
residió el Gobierno y se reunió la Asamblea Constituyente hasta que
la constitución del Estado Soberano de ,Cundinamarca, sancionada
el 10 de julio de 1863, por medio de su artículo 55 designó a
Zipaquirá para capital, que lo fue poco tiempo, porque por Ley de
14 de mayo de 1864 se incorporó , Bogotá al estado de
Cundinamarca, y la Asamblea de éste dispuso en Ley de 7 de
septiembre del mismo año que fuese la, capital Bogotá. La Asamblea
se había reunido aquí desde el 1.° de agosto anterior.
Señor Secretario.
RUFINO GUTIÉRRREZ-Ernesto Restrepo, Secretario ad hoc.
1 El doctor don Rafael
Lasso de la Vega nació en el siglo pasado en Santiago de Veraguas,
en el Istmo de Panamá. Estudió en el Colegio del Rosario y era
familiar del Arzobispo Martínez Compañón, cuando éste consagró por
primera vez la Catedral. En 1794 era Cura de Funza (entonces
Bogotá). Fue Chantre de la Catedral de Panamá y Canónigo Doctoral
de la de Santafé, el 18 de diciembre de 1804. Fue electo Obispo de
Mérida en 9 de marzo de 1815, y consagrado en 11 de diciembre de
1816 por el Arzobispo doctor don Juan Bautista Sacristán. Al
principio se inclinó al partido de Fernando VII, pero cambió de
opinión, y estando en Trujillo recibió con mucha pompa al
Libertador en la puerta de la iglesia, y tuvo luego con él una
larga conferencia en que se manifestó afecto a la causa de la
Independencia y ofreció escribir al Papa en favor de la República.
Cuando la agregación de Coro a Colombia, fue nombrado Representante
por Maracaibo al Congreso de Cúcuta, en el cual tomó asiento.
Se opuso a que se introdujese en la Constitución un artículo que
dijese que la Religión Católica era la del Estado, por parecerle
innecesario y depresivo de la dignidad de la Iglesia, y combatió al
Vicepresidente Castillo, que sostenía que el patronato eclesiástico
pertenecía al Gobierno. No habiendo querido el Congreso abolir el
estanco del tabaco, el señor Lasso ofreció dar por todo el tiempo
de su vida, en la jurisdicción de su Obispado, quinientos pesos
anuales para establecer una nueva factoría, con el fin de fomentar
la agricultura. Promovió asimismo la cuestión de diezmos por medio
de un oficio en que decía que cesando con el Gobierno de la
República la donación de los diezmos hecha por el Papa a los Reyes
de España, sin duda se habían devuelto a la Iglesia, a lo cual
contestó negativamente el señor Castillo. El 8 de abril de 1823
se reunió en la, capital de la República el primer Congreso
constitucional, y de él hizo parte el señor Lasso, quien el 19 del
mismo mes tuvo la honra de consagrar la nueva Catedral de Bogotá.
En el Congreso de ese año y en los dos subsiguientes figuró
notablemente, oponiéndose a la ley de patronato, a la de
enajenación de bienes eclesiásticos y a la de supresión absoluta de
conventos y misiones. El 15 de diciembre de 1828 fue trasladado al
Obispado de Quito. Murió en 1831.
2 El doctor Salgar fue
separado de su beneficio por el General Santander a causa de su
conducta hostil a las instituciones del país y de varios desmanes
cometidos en aquel Curato.» (Refino Cuervo. Documentos oficiales-
Relación de Mando, etc.). El doctor Salgar era hombre muy
satírico
3 El doctor Martínez
Barreto es actualmente Cura de San Gil. En todos los Curatos de
Cundinamarca que sirvió dejó gratísimo recuerdo por sus virtudes,
por su gran celo y desprendimiento. A él se debe el arreglo de los
archivos de Funza, la mejora de los altares, el reloj, los escaños
y el enladrillado de la iglesia. Estas mejoras costaron $ 1,773-85,
de los cuales dieron $ 400 don José María Hernández y $ 40 fray
Venancio López y $ 650-90 los demás vecinos.
4 Así lo reía la
historia, pero no dice cómo se hacía entender.
5 "
Atravesóse luego el casamiento de don Fernando de Monzón, hijo del
dicho Visitador, con doña Jerónima de Urrego, hija legítima del
Capitán Antonio de Olalla, y su universal heredera, por haberse
muerto poco antes Bartolomé de Olalla, su hermano, a quien
pertenecía la sucesión de Bogotá. A esta señora la pedía también
por mujer el licenciado Francisco de Anuncibay, Oidor de la Real
Audiencia. Andaban en conciertos y diferencias. El Capitán, su
padre, que de ordinario asistía en sus haciendas y no acudía a la
ciudad sino en las Pascuas, habiendo tenido aviso de doña María de
Urrego, su mujer, de lo que pasaba y las diferencias que había
entre los dos pretendientes, que de todo le dieron larga cuenta sus
amigos, que andaban en la plaza y sabían lo que se platicaba; el
Capitán Olalla determinó de llevarse su hija y tenérsela consigo
hasta mejor ocasión, y que los pretendientes se aquietasen. Estaba
el río de Bogotá tan crecido con las muchas lluvias de aquellos
días, que llegaba hasta Techo, junto a lo que ahora tiene Juan de
Aranda por estancia. Era de tal manera la creciente que no había
camino descubierto por dónde pasar, y para ir de esta ciudad a
Techo había tantos pantanos y tanta agua, que no se veía por dónde
iban. Trajo el Capitán Olalla una grande balsa para llevar a la
hija. Saliólos acompañando el licenciado Anuncibay hasta el puesto
de la balsa ; vio embarcar su alma y que se le iba por aquel ancho
piélago. Esperó hasta perderlos de vista. Volvió a la ciudad algo
tarde, que apenas podía salir de los malos pasos. Otro día en la
Real Audiencia propuso el caso que se hiciese un camellón.
Cometióse el ponerlo en ejecución al propio Oidor Francisco de
Anuncibay, el cual no se descuidó en hacerlo, que es el que hoy
dura para ir hasta Fontíbón. que se lo podemos agradecer al amor,
porque es diligente y no sufre descuido."
(Juan Rodríguez Fresle, Conquista y descubrimiento del
Nuevo Reino de Granada),