FUNZA
Señor Secretario de Gobierno del Departamento-Presente.
El día 19 terminamos en Mosquera las visitas de las oficinas
públicas, y nos trasladamos a Funza, distante de aquel Distrito
menos de medio miriámetro, hacía el Norte, por la carretera de este
nombre, que; en esa parte se halla bien conservada. En el trayecto
que separa estas dos poblaciones hay unas pocas casas de pobre
apariencia.
Inmediatamente procedimos a visitar las escuelas, el
cementerio y la iglesia.
Las dos escuelas públicas están en un mismo edificio,
construido por el Distrito el año de 1849, con la conveniente
separación una de otra y con entrada por dos calles distintas. El
señor Rafael Acero regenta la escuela de niños, en la cual están
matriculados noventa y ocho, y hay una asistencia de ochenta y
cinco. El local es cómodo y bien dispuesto, pero se halla muy
arruinado y en tal estado de abandono, que tuvimos que aconsejar al
Maestro lo hiciera barrer siquiera una vez por semana; y al
Alcalde, que nos acompañó a la visita, le hicimos ver la necesidad
de hacer algunas mejoras en el local y de enlucir por el momento
los muros. El señor Director no ha abierto el libro de visitas ni
el diario por falta de cuadernos, y el libro de matrículas y el
copiador de oficios los lleva en uno solo, por no tener más. Una
mesa y un taburete forman el mueblaje. No hay útiles de escritorio,
ni textos de enseñanza, ni gises. Las pizarras no son suficientes
ni se hallan en buen estado. El solar es estrecho y no tiene
excusado. La señorita Margarita Aguiar, hija del señor Alcalde,
regenta la escuela de niñas. Hay sólo cuarenta y dos matriculadas,
y asisten treinta y ocho. El local no es estrecho, pero se halla en
estado ruinoso: sin embargo, la señorita Directora, a fuerza de
aseo, disimula algo el descuido de las autoridades. A éstas les
hicimos ver no sólo que deben mejorar los locales de las escuelas,
sino también que el Distrito cuenta con los fondos necesarios para
ello. El solar es pequeño, y aún no se han principiado a plantar el
jardín y la huerta. Como el Distrito posee otro pequeño edificio
que no necesita por ahora, se aconsejó cambiarlo por un solar
adyacente a las escuelas, para ensanchar los de éstas.
No hicimos examen, porque los alumnos estaban en asueto,
por ser sábado en la tarde.
Hay además un colegio de señoritas, que no tuvimos ocasión
de visitar.
El cementerio, situado a conveniente distancia al noroeste
de la población, es pequeño y se encuentra aseado, pero las tapias
que lo cercan amenazan ruina. Tiene tres capillas diminutas,
abandonadas y feas, que sólo sirven para depositar allí los
cadáveres mientras se abren las fosas. En este cementerio fue
enterrado el General José María Obando.
La iglesia parroquial queda en la acera sureste de la
plaza: es amplia, está esterada, tiene escaños y se halla en buen
estado en su interior. El frontis fue derribado, y actualmente se
construye uno de piedra labrada, el cual estará concluido pronto,
porque el dura es activo y entusiasta, y hace que los vecinos lo
apoyen. Hay varios altares antiguos, de talla, dorados, que son
obras de escultura de mérito, especialmente el mayor, que se halla
hoy en una de las sacristías y que ha sido reemplazado con uno de
construcción moderna, sencillo y elegante. En éste hay un bonito
escudo de relieve, que perteneció al altar antiguo, y dos notables
peañas de dos imágenes. Posee la iglesia varios cuadros de bastante
mérito, entre ellos el Señor de la Salud, Santo Tomás, el Bautismo
del Salvador, San Francisco de Paula y uno de las ánimas, con esta
inscripción: Se hizo este cuadro en tiempo del M. R. P. fray José
González Galeano, por mano del patrón don Cristóbal Bogotá y
Gobernador, año de 1670 ; tiene esta firma: Grego. Bazqz. arce
Ceballos nr. El patrono de la parroquia, Santiago, se halla en la
sacristía. Es de bulto, está con corona y espada de plata, y
montado sobre un caballo que tiene bajo las plantas un moro. En una
bonita y aseada capilla, construida recientemente detrás de la
iglesia, hay varios cuadros y los retratos de los Curas Lasso de la
Vega, Molano y Ardila. Por todas partes se ve en la iglesia la
diligente mano del Párroco, quien no descuida ni los
pormenores.
El día 20 practicamos las visitas de las oficinas públicas.
La Alcaldía está a cargo del señor Gregorio Aguilar, recientemente
posesionado, de quien esperamos bastante en beneficio del Distrito,
y tiene de Secretario al doctor Isidro Pulido, anciano que ha
desempeñado por muchos años ese empleo y está ya práctico en el
manejo de la oficina. Esta es cómoda, aseada y bien dispuesta ;
tiene los muebles necesarios, dos alacenas, dos estantes, y está
dividida por una baranda para dar audiencia al público. Se halla
situada en la planta baja de la casa consistorial.
No hay constancia, ni siquiera tradición, de que esta
oficina haya sido visitada por autoridad alguna superior.
No posee las colecciones de leyes necesarias ; y los
útiles de escritorio, aunque pobres, sí son los suficientes.
No se lleva el libro de visitas, y por eso no pudimos
asentar diligencia de la nuestra.
En el libro copiador de comunicaciones no se deja
constancia del nombre del funcionario que los firma.
El de posesión de empleados se lleva bien.
No se llevan los libros de conciertos, el copiador de
ordenaciones sobre la Tesorería del Distrito, el de recibo de
pliegos, el de registro del ganado que se degüella, el de
defunciones, ni el de canciones de policía, y se ordenó abrirlos
inmediatamente, lo mismo que el de resoluciones y providencias de
policía, el de decretos y el de depósitos de animales, que están
mal llevados.
El archivo se compone de unos cuantos manuscritos y
periódicos, sucios, hacinados en el mayor desorden, y sin índice.
Se ordenó arreglarlo inmediatamente, y se indicó al señor Alcalde
cómo debía hacer esto.
Hicimos otras muchas indicaciones al señor Alcalde, entre
otras la de formar la lista de los vecinos varones del Distrito y
pasarla al Concejo Municipal para que esta corporación establezca
la contribución del trabajo personal subsidiario.
En la Alcaldía había algunas herramientas de propiedad del
Departamento, y las cedimos (con la debida autorización) a Funza y
a Cota para la mejora de sus caminos.
No practicamos la visita del Juzgado y de la Tesorería,
porque no nos anunciamos con tiempo, y en el momento en que los
señores Juez y Tesorero estuvieron en la casa consistorial, nos
hallábamos ocupados con el Concejo Municipal. El local del Juzgado
es bueno y adecuado.
Los calabozos, aunque amplios, no son seguros, están en
lamentable estado de abandono y desaseo, y carecen de buenas
prisiones, Cedimos en favor del Distrito, para destinarlo a la
mejora de los calabozos y construcción de prisiones, el producto de
unas multas que nos vimos en la necesidad de imponer por un juego
de dados que sorprendimos en la noche del día 20.
A las dos de la tarde se reunió el Concejo Municipal en
sesión solemne, presidida por el señor don Rafael Portocarrero.
Allí se trató de algunos asuntos de importancia, y tuvimos el gusto
de ver que es la única corporación de entre los Distritos que hemos
visitado en la Sabana que toma algún interés por cumplir con sus
deberes. Se convino en que inmediatamente que fueran presentada,
las listas, se acordaría cobrar el trabajo personal subsidiario. El
presupuesto de rentas para el presente año asciende a $1,726. El
local destinado al Concejo ocupa la parte alta de la casa
consistorial: es un vasto salón capaz para una Asamblea
Departamental, con pieza adecuada para la Secretaría, barra, etc.;
se halla en buen estado, pero carece de mueblaje.
El coso, es regular, y se estaba reparando una casa que se
compró para matadero público.
Hay dos mercados : uno los domingos, bastante abastecido de
productos de tierra fría, en la plaza principal, y otro en la
plazuela, los sábados, de productos de tierra cálida. Sólo vimos el
del domingo, que nos pareció muy desarreglado, sobre lo cual
llamamos la atención del señor Alcalde.
El territorio del Distrito de Funza es poco extenso, llano y
notablemente feraz. No tiene montañas ni bosques; sufre
periódicamente inundaciones, de las cuales unas perjudican y otras
abonan los terrenos.
En 1843 tenía el Distrito 3,954 habitantes ; 2,850 en 1870
1
, en 1884 tenía
3,098, y según un censo levantado en 1886 tiene actualmente 2,819
2
. Dista de Bogotá 2
miriámetros próximamente. Altura sobre el nivel mar, 2,578 metros.
Temperatura, 13°. La propiedad raíz está avaluada en el catastro en
$ 632,960.
Los límites son : partiendo de Puentegrande
3
, en el camino de Occidente,
por el río Funza aguas arriba hasta la desembocadura de la quebrada
Cune ; se signe ésta, aguas arriba, atravesando el camino que signe
para Zipaquirá, hasta el punto llamado Paloblanco; de aquí se toma
la Chuqua del Cacique, aguas arriba, hasta el punto llamado el
Porte, a inmediaciones del nacimiento de la Chucua Sur del Cacique,
y luego, por la línea más corta hasta encontrar el camino que de
Funza parte para Subachoque, se continua por éste hasta donde le
sale el camino de Bollero, y por éste hasta Sampedrito ; de este
punto se sigue por el camino de Soledad a llegar al Charco, y de
aquí por el de Santa Lucía, hasta donde le sale el camellón de
Guayacundo; se sigue éste hasta encontrar el camino que de Funza va
a la Hélida, y éste hasta el término de la hacienda de don Pedro
Hernández; de aquí, en línea recta, a encontrar el camellón de
Guayacundo, y por éste al camino del Norte, que conduce a Mosquera;
de aquí por la línea más corta a la Ciénaga; del puente de éste se
sigue por el camino de Calabazal hasta encontrar el de Occidente, y
por éste hasta Puentegrande, punto de partida.
El Distrito está dividido en cuatro partidos : Hato,
Serrezuelita Sietetrojes y Cacique.
Lo baña solo el río Funza, que le sirve de límite por el
Oriente con Fontibón, y el cual abona las tierras con sus
periódicas avenidas.
Hacia el Noreste, y a corta distancia de la población, hay
una laguna que suministra agua para el regadío, la que no es de
grande extensión.
1 Esta diferencia depende
de la segregación de Cuatroesquinas, en 1861 para crear el Distrito
de Mosquera.
2 Nos inclinamos a creer
que este censo es más exacto que el anterior.
3 Este puente fue
construido por contrato, que se remató en $ 30,000. Lo principió
don Diego Egües y Beaumont, Caballero de la Orden de Santiago
duodécimo Presidente, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino
de Granada, quien vino a Santafé el 2 de febrero de 1662, y murió
el 25 de diciembre de 1664; y lo concluyó el General de artillería
don Diego de Villalba y Toledo, Caballero de la Orden de Santiago,
antiguo Gobernador de La Habana señor de la villa de Santa Cruz de
Pinares y decimocuarto Presidente, Gobernador y Capitán General del
Nuevo Reino de Granada. El puente se construyó en los pantanos, a
la orilla del río, y cuando estuvo concluido, la Real Audiencia y
el Arzobispo don fray Juan de Anguiano, de la Orden de
Santo Domingo, dispusieron que vinieran los indios de los pueblos y
doctrinas vecinos a trabajar en la apertura del cauce del río por
debajo del puente. Antes había allí un puente de madera que se
llevaban las crecientes con frecuencia, o lo cubrían, dando ocasión
a que se ahogasen muchos indios.
Actualmente se encuentra el puente en mal estado y amenaza
ruina, y si el Gobierno o la Junta del Camino de Occidente no lo
remedian, pronto quedaremos casi incomunicados con Facatativá y
Honda. Ya que somos tan lentos para edificar, podríamos siquiera
conservar lo que nuestros padres hicieron un siglo después de la
Conquista.