Hay en el Distrito un camino nacional, tres comunales, tres
seccionales e innumerables veredas que conducen a las diferentes
haciendas y estancias. El nacional atraviesa el territorio de
Sureste a Noroeste; su anchura varía de 550 a 14 metros. Este
camino tiene cuatro puentes de mampostería, de arco, en La
Plazuela, Chicuasa, Botello y Santa Elena ; el primero da paso a
las aguas que mueven los molinos y máquinas de aserrar establecidas
en Las Cuevas; el segundo al río Mansilla; el tercero al Botello, y
el cuarto a la quebrada de su nombre. Además tiene el puente
llamado de Las Cuevas, y uno de madera, con estribos de piedra, en
el Corso, ambos sobre el río Facatativá, y otro pequeño de madera
sobre el agua que mueve el molino de Chicuasa. Fuera de éstos hay
veintidós puentes más en el mismo camino construidos para dar paso
a ocho pequeñas vertientes y a las aguas lluvias.
Por este camino transitan como 35 carruajes, unos 450
carros, más de 8,000 cargas, y por lo menos 2,000 personas
semanalmente.
Los tres caminos comunales son: el que conduce a Bojacá,
carretera que tiene una anchura media de 12 metros; el de Zipacón,
de herradura, de 6 metros de anchura, y el de Anolaíma, también de
herradura, que se estrecha notablemente en algunos puntos en el
descenso de la cordillera. En este camino hay un puente sobre el
río Facatativá, llamado de Las Animas, de mampostería, que se halla
actualmente en estado ruinoso.
Las vías seccionales son : la que comunica la Puerta de
Zipaquirá con Zipacón, que es carretera en la parte plana; la que
une a Las Cuevas con Turrillas, carretera en toda su extensión, y
la que conduce de Las cruces a Los Manzanos, de herradura.
A causa de remates indebidos, o de que ciertos propietarios
se han apoderado de fajas de los caminos sin que la autoridad lo
impida, algunos de éstos tienen puntos sumamente estrechos,
Las manufacturas del Distrito consisten en frazadas y
alfombras.
Se alimentan los habitantes generalmente con carne, maíz,
arroz, plátanos, arracachas, papas, yucas, panela, arvejas, habas,
garbanzos y trigo.
La ciudad de Facatativá está situada en el vértice del
ángulo que forman los ríos Botello y Mansilla al unir sus aguas, en
un plano horizontal, a 2,585 metros sobre el nivel del mar, con una
temperatura media de 13.° Dista de Bogotá 40 kilómetros. Consta de
37 manzanas, 14 calles, 2 plazas, 111 casas de teja (de ellas 12
de dos pisos y una de tres), 12 de paja y teja y 328 de paja: casi
todas tienen los solares cercados.
El aspecto de la población es agradable, y se ve en ella
bastante movimiento, tanto por ser lugar de escala en el camino de
Occidente y por los trabajos del ferrocarril, como porque allí
acuden muchos negociantes de las tierras cálida vecinas a cambiar
sus productos por los de la Sabana. Las calles son anchad y
aseadas, pero no muy rectas, defecto que puede corregirse en parte
si las autoridades lo disponen así a medida que vayan
reconstruyéndose las casas pajizas que en esas calles hay. La
plaza principal tiene una superficie de 10,000 metros cuadrados ;
es de las más bonitas que conocemos, está muy bien empedrada y se
conserva en satisfactorio estado de limpieza. Tiene en el centro
una fuente un poco abandonada, que provee a la ciudad de agua
potable, la cual se trae al centro por atanores de piedra. Esta
fuente es muy escasa, a pesar de poder aumentarse sin gasto
considerable con las aguas del Mansilla y del Botello. En esta
plaza se celebran tres ferias semanales, de las cuales la principal
es el miércoles. En este día se venden allí productos de tierra
fría y cálida en grande abundancia, y se hacen valiosas
transacciones. Es un mercado muy desarreglado, pero el señor
Alcalde nos prometió organizarlo inmediatamente de una manera
conveniente.
La otra plaza, que no tiene nombre, es tan extensa como la
anterior, y se halla a la entrada de la población por el camino que
va de Bogotá ; no está empedrada, y sirve casi sólo para estación
de carros y caballerías.
El cementerio, que fue en otro tiempo contiguo a la iglesia
(hasta hace unos cincuenta años), está muy bien administrado por el
Párroco, y se halla al Noroeste. Se encuentra aseado, y contiene
algunos monumentosregulares; las paredes que lo cercan no están en
buen estado.
Los edificios públicos son : la iglesia parroquial, otra en
construcción ; el matadero; la casa consistorial; tres casas para
escuelas, una de ellas arrendada para hospital militar; un hospital
en construcción, y el coso, cercado de tapias, pero sin agua. No
hay casa cural.
La iglesia parroquial es un edificio antiguo, de
insuficiente capacidad para la población; mide 53 metros de largo
por 8,50 de ancho ,está situado en el costado sureste de la plaza
principal. Se halla aseada, tiene escaños y estera en una parte de
ella. Es muy pobre de paramentos y de cuadros, y entre éstos sólo
nos llamó la atención uno de las Acimas, apenas regular, de
colorido :muy fuerte. Lo poco que hay de paramentos lo ha dado casi
en su totalidad el actual Cura.
El templo en construcción, de sillería, se halla bastante
adelantado en sus torres y arquería; pero a causa de que no se
sacaron los cimientos de éstas de una profundidad suficiente, el
terreno ha cedido y las torras se han separado de los arcos
contiguos, produciendo un daño tan grave, que probablemente habrá
que descargarlas. Tiene 62 metros de longitud por 32 de latitud y
16 de elevación ; tres naves principales y dos secundarias: 18
columnas sostienen la bóveda; 35 ventanas, 19 puertas y 3
sacristías con 3 coros. La construcción de este templo fue iniciada
por fray Gervasio García, Cura, y por el Mayordomo de Fábrica
doctor Ignacio Osorio, en 1871. El primer plano lo hizo el artesano
José Maria Quiroga, quien refirió los trabajos hasta hace poco
tiempo, que murió. Al Reverendo Padre fray Pedro Salazar, actual
Cura, se debe casi todo lo que ha adelantado la fábrica del templo,
la cual encontró casi en los cimientos, pues ha trabajado por la
conclusión de la obra con un celo digno del mayor elogio. En su
tiempo se han gastado $ 28,297. Es muy sensible que hoy se trabaje
sin plano.
El matadero es un amplio y elegante edificio de teja, que
está en construcción; no tiene agua en su interior, pero pasa al
pie de sus muros, y se aconsejó arreglarla de manera que pueda
utilizársela fácilmente, lo cual no causará mayor gasto, concluido
este edificio, será tal vez el mejor y más cómodo de
Cundinamarca.
La casa consistorial fue buena en otro tiempo, y hoy se
halla en tan mal estado a causa de haber servido de cuartel y no
haberla aseado siquiera después de eso, que no exageramos si
decimos al señor Secretario que da repugnancia, asco entrar a ese
descuidado edificio. No obstante esto están establecidas allí
varias oficinas públicas, entre ellas el Juzgado del Circuito en lo
civil: los pasamanos de las escaleras destruidos, rotos todos los
vidrios de las puertas y bastidores de los claustros, los suelos
desiguales y sucios, los muros con jirones de papel y llenos de
letreros, etc.; no tiene agua ni excusados ; la prisión de hombres
es insegura, y con la hay para mujeres ; en la planta baja tiene
algunas tiendas que dan a la calle, las cuales están alquiladas en
$ 80 mensuales. En una pieza del interior, que no tiene cerradura,
se hallan restos inutilizables de la imprenta que el Gobierno de
1877 dio al Distrito cuando se apoderó de la de El Tradicionista:
los tipos, etc., están allí a la disposición de los que entran,
como lo estuvieron cuando el edificio fue cuartel. Actualmente hay
una guardia de soldados para custodiar los presos, que perjudica
notablemente al buen servicio. Hablamos detenidamente sobre todo
esto al señor Alcalde, cuyo despacho, aunque estrecho, es lo único
que vimos medianamente decente, y le hicimos ver la necesidad de
asear y reparar el edificio, aunque sea empleando en eso sólo el
producto del arrendamiento de las tiendas. El nos manifestó que
desde la pasada Administración del extinguido estado había sido
destruida la imprenta.
No visitamos de las tres casas de propiedad del Distrito,
destinadas para escuelas, sino la que sirve hoy de hospital
militar. De las otras dos hablaremos al tratar de las escuelas
públicas.
El hospital de caridad está en construcción, y será un buen
edificio una vez concluido.
Hay en la ciudad las siguientes fondas: Hotel Córdoba, Hotel
Bogotá, Hotel Honda, Hotel Occidente; casa de asistencia de Benita
Iregui, de las señoras Angaritas y de Alejandro López. El Hotel
Córdoba es un pasaje de la plaza principal a la estación del
ferrocarril; tiene 36 piezas, y sólo dos pisos en lo que mira a la
plaza. Este local fue construido expresamente para hotel, y se
inauguró en 1873. Aunque en él se atiende con rapidez a los
pasajeros, su servicio deja mucho que desear.
Mala idea da de la laboriosidad de aquel pueblo, y aun de
su moralidad, la nube de mendigos y de muchachos sin oficio que
asedian a los pasajeros, mayor relativamente que la que en otros
tiempos se veía en Bogotá. Aconsejamos al señor Alcalde que
concertase los muchachos vagos con los hacen lados de las tierras
cálidas, o los enviase a Bogotá para concertarlos, y que nos
enviase los mendigos para colocarlos en El Aserrío. Un número
considerable de éstos son de los que han salido de la capital
huyendo de la clausura. No sólo han huido mendigos sino también
mujeres de mala vida. Estas deben ser vigiladas en las poblaciones
donde se han asilado, y si no cambian de conducta debe recogérselas
para confinarlas a los Llanos.
El pueblo de Facatativá no nos merece el calificativo de
moral, porque sobre él han ejercido una influencia avasalladora
ciertos personajes políticos; porque allí ha habido casi
constantemente fuerza pública de guarnición, en otro tiempo muy
desmoralizada, y porque la población de tránsito; pero debido al
celo y gran prestigio de que gozan los dignos Cura y Alcalde del
Distrito, todo va cambiando rápidamente, y cambiará de una manera
radical dentro de poco, si permanecen allí tan recomendables
autoridades. Sentimos no poder decir lo propio del señor Prefecto
de la Provincia y del Concejo Municipal: el primero no se hace
sentir de una manera benéfica allí ni en los pueblos que le están
encomendados, y si no fuera por los esfuerzos que hace un digno
Secretario, el señor don Ignacio de la Cruz, cabal juro
inteligente, laborioso y honorable, podríamos asegurar que la
Prefectura es en aquella Provincia un rodaje inútil y aun
embarazoso en la maquinaria gubernamental, el Concejo ha sido una
verdadera rémora para la buena marcha de la administración pública
del Distrito, porque durante algún tiempo lo ha dominado una
mayoría mal animada que ha tratado de embarazar al Alcalde en el
ejercicio de sus funciones y le ha hecho una cruda oposición : por
fortuna el señor Gobernador del Departamento puso a raya, a aquel
Cuerpo, el Alcalde se manejó con entereza, y cuando hacíamos la
visita las cosas iban cambiando de aspecto.
El señor Ernesto León Gómez, Inspector de las Escuelas de
la Provincia, se interesa grandemente por la buena marcha de la
administración pública, y sus informes han sido muy útiles al
Gobierno.
La mayoría de los habitantes del Distrito está dedicada a
la agricultura, y en el poblado al comercio. El clima es benigno,
no hay allí enfermedades endémicas, y el bocio (coto), que en otro
tiempo fue muy común, ha desaparecido desde que no se usa, agua de
aljibe.
Cerca del puente de Las Animas hay una fuente termal (17°),
y en Corito otra bastante cargada de fierro.
El señor. Alcalde, en un laborioso informe que escribió,
dice que hay en las cercanías cuatro máquinas con motor hidráulico
para aserrar las maderas de los próximos bosques ; cuatro molinos
de trigo, igualmente hidráulicos, y nueve tejares. Hay también en
los alrededores grandes canteras de piedra de construcción de la
mejor calidad que se conoce en la Sabana.
El puente natural, situado a pocas cuadras de la plaza, por
el camino de Occidente, en dirección a Bogotá, está formado por el
río Facatativá. Antes de llegar a la vía pública, a más de 100
metros se pierde a trechos el río por entre grandes rocas, formando
caprichosas cuevas, poco visitadas, por su profundidad : allí
encontramos espaciosos salones perfectamente abrigados, que podrían
adaptarse para habitaciones con mucha facilidad. Es un lugar digno
de ser visitado por los aficionados al estudio.
Pero todavía lo son más, y una merecen ser estudiadas con
detenimiento, las rocas llamadas de Tunja, situadas a unas seis
cuadras de la población, detrás del cementerio, y que se extienden
de Este a Norte. Su aspecto es monótono de lejos ; pero observadas
de cerca presentan una multitud de hermosos y variados paisajes, de
puntos de vista agradables e imponentes. No hemos podido averiguar
el origen de su nombre, pues ninguna historia habla de estos
lugares, y la tradición calla en este punto. Sólo sabemos que allí
acampó, en 1739, una fuerza comandada por José de Rojas Acosta,
que, según se dice, venía de Tunja con dirección a Honda. La piedra
bajo la cual pasó la noche en compañía de sus soldados, que tiene
una inscripción conmemorativa, lleva particularmente el nombre de
Roca de Tunja.
Al acercarse uno por el lado oriental, la primera piedra
que llama la atención es la llamada Bárbara Núñez. Es una enorme
mole de arenisca, cuya base está encajada en la colina, apoyada en
otros bloques de no menor volumen : presenta su frente a 17 metros
de altura, dejando un espacio vacío de 13 metros. A 15 metros del
suelo se lee la siguiente inscripción en grandes y bien trazados
caracteres verdes:
" LAS
NÚÑEZ, 12 ABRIL 1804.
" BÁRBARA NÚÑEZ.
1804."
Puede llegarse a la cima subiendo por la falda de la
colina, pero el punto en que se halla la inscripción sólo es
accesible por encima, por medio de cables, y por debajo por
andamios o escaleras. Esta inscripción debe ser conmemorativa de
algún paseo hecho a aquel lugar.
En las paredes de las cavernas que forman estas rocas se
ven multitud de jeroglíficos trazados con ocre rojo, sin orden
ninguno, y medio borrados por el tiempo. Casi todos están formados
por figuras geométricas concéntricas, que representan poco más o
menos el cuerpo de la rana en sus diferentes metamorfosis.
A la Bárbara Núñez sigue una serie de rocas superpuestas,
que revisten formas caprichosas. El punto culminante, llamado Los
Picachos, tiene la forma de un juego de órgano, que está a 18
metros de altura. A continuación se encuentra un conjunto de
imponentes y largos peñascos, apretados unos contra otros, dejando
entre sí unas veces anchas de piedra, en el Corso, ambos sobre el
río Facatativá, y otro pequeño de madera sobre el agua que mueve el
molino de Chicuasa. Fuera de éstos hay veintidós puentes más en el
mismo camino construidos para dar paso a ocho pequeñas vertientes y
a las aguas lluvias.
Por este camino transitan como 35 carruajes, unos 450
carros, más de 8,000 cargas, y por lo menos 2,000 personas
semanalmente.
Los tres caminos comunales son: el que conduce a Bojacá,
carretera que tiene una anchura media de 12 metros; el de Zipacón,
de herradura, de 6 metros de anchura, y el de Anolaima, también de
herradura, que se estrecha notablemente en algunos puntos en el
descenso de la cordillera. En este camino hay un puente sobre el
río Facatativá, llamado de Las Animas, de mampostería, que se halla
actualmente en estado ruinoso.
Las vías seccionales son : la que comunica la Puerta de
Zipaquirá con Zipacón, que es carretera en la parte plana; la que
une a Las Cuevas con Turrillas, carretera en toda su extensión, y
la que conduce de Las cruces a Los Manzanos, de herradura.
A causa de remates indebidos, o de que ciertos propietarios
se han apoderado de fajas de los caminos sin que la autoridad lo
impida, algunos de éstos tienen puntos sumamente estrechos.
Las manufacturas del Distrito consisten en frazadas y
alfombras.
Se alimentan los habitantes generalmente con carne, maíz,
arroz, plátanos, arracachas, papas, yucas, panela, arvejas, habas,
garbanzos y trigo.
La ciudad de Facatativá está situada en el vértice del
ángulo que forman los ríos Botello y Mansilla al unir sus aguas, en
un plano horizontal, a 2,585 metros sobre el nivel del mar, con una
temperatura media de 13°. Dista de Bogotá 40 kilómetros. consta de
37 manzanas, 14 calles, 2 plazas, 111 casas de teja (de ellas 12
de dos pisos y una de tres), 12 de paja y teja y 328 de paja: casi
todas tienen los solares cercados.
El aspecto de la población es agradable, y se ve en ella
bastante movimiento, tanto por ser lugar de escala en el camino de
Occidente y por los trabajos del ferrocarril, como porque allí
acuden muchos negociantes de las tierras cálida vecinas a cambiar
sus productos por los de la Sabana. Las calles son anchas y
aseadas, pero no muy rectas, defecto que puede corregirse en parte
si las autoridades lo disponen así a medida que vayan
reconstruyéndose las casas pajizas que en esas calles hay. La plaza
principal tiene una superficie de 10,000 metros cuadrados; es de
las más bonitas que conocemos, está muy bien empedrada y se
conserva en satisfactorio estado de limpieza. Tiene en el centro
una fuente un poco abandonada, que provee a la ciudad de agua
potable, la cual se trae al centro por atanores de piedra. Esta
fuente es muy escasa, a pesar de poder aumentarse sin gasto
considerable con las aguas del Mansilla y del Botello. En esta
plaza se celebran tres ferias semanales, de las cuales la principal
es el miércoles. En este día se venden allí productos de tierra
fría y cálida en grande abundancia, y se hacen valiosas
transacciones. Es un mercado muy desarreglado, pero el señor
Alcalde nos prometió organizarlo inmediatamente de una manera
conveniente.
La otra plaza, que no tiene nombre, es tan extensa como la
anterior, y se halla a la entrada de la población por el camino que
va de Bogotá ; no está empedrada, y sirve casi sólo para estación
de carros y caballerías.