INDICE




Prólogo
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Chipaque
Une
Fosca
Cáqueza
Quetame
Fómeque
Choachí
Villavicencio
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Suba
Engativá
De Túquerres a Tumaco
Noticias de Pasto
El Sur de Colombia y el Ecuador
Importancia Militar  del Sur
Importancia Comercial del Sur
Riquezas Naturales, Agrícola y Manufacturera del Sur
Guatavita
Sesquilé
Chocontá
Guateque
Garagoa
De Guateque a Tunja
Tunja
Leiva
De Leiva a Chiquinquirá
Chiquinquirá
En el Ferrocarril de Girardot
Girardot
Honda
Ferrocarril de Puerto Wilches
Escándalos en el Rió Magdalena
Impresiones de Antioquia
Los Progresos de Medellín
Sopetrán
Liborina
Antioquia
El Ferrocarril de Amagá y la Población de Caldas
Amagá
Titiribí
Concordia
Salgar
Bolívar
Andes
Jardín
Jericó
Támesis
Valparaíso
Caramanta
Ríosucio y Supía
Anserma
Santa Bárbara
Fredonia
Copacabana y don Matías
Santa Rosa de Osos
Entreríos
Yarumal
Ituango
San Andrés
Angostura
Campamento
Anorí
Carolina
Amalfi
Remedios
Segovia
Yolombó
San Roque
Santo Domingo

    «Para acarrearla hulla del páramo y para transportar asía Boyacá la sal de que carece este pueblo, y para llevarla a Casanare a difundir con ella la civilización de las tribus y la reducción de los ganados silvestres, se impone la construcción de una vía carretera que partiendo del cuenco del río Chicamocha pase por el sitio de La Hullera, en el páramo y por La Salina, y termine en Támara. De Belén de Cerinza a Lagunaseca, pasando por Socha, por terreno ligeramente quebrado y a una altura, poco diferente de la altiplanicie boyacense (2,600 metros sobre el nivel del mar) hay próximamente 35 kilómetros de camino, fácilmente habilitable para carros; de Lagunaseca a Los Corrales, borde de la mesa paramosa, hay 20 kilómetros para subir 900 metros, con una pendiente del 4  1/2 por 100; la mesa tiene por esta vía sesgada para pasar el páramo de Novagotes, 30 kilómetros de suelo casi horizontal; del borde oriental de la mesa a La Salina hay 20 kilómetros, para descender 1,200 metros al 6 por 100 de pendiente, y de La Salina a Támara hay 65 kilómetros para descender 1.000 metros, con muchas contrapendientes, que pueden representar otros 1,000 metros. En suma: de Lagunaseca a Támara hay necesidad de construir veintisiete leguas de carretera.

   

   IX 

    El libro del señor Gutiérrez, escrito,  según se me informa, a vuela pluma, es, como ya lo dije, una narración geográfica e histórica muy importante. La impresión que deja en el ánimo del lector es, en algunas ocasiones, de honda pena y desconsuelo, y, en la mayor parte de las veces, el espíritu, al leerlo, se dilata en un risueño optimismo.

     Deja su lectura otra impresión, superior a todas las demás: dueños los colombianos de un rico y extensísimo territorio, viven aislados, separados por estupendas montañas y valles desiertos: no hay, por regla general, líneas de comunicación bien trazadas y bien conservadas entre las poblaciones, y a las vías naturales, como los ríos en las regiones pobladas, no se les ha prestado toda la atención que merecen.

     El efecto económico e industrial del aislamiento por falta de caminos puede verse con claridad en las consecuencias que trae, por contrario imperio, la apertura de una  buena vía de comunicación. El antiguo camino a Villavicencio - y sirva esto de ejemplo de la verdad de lo que  digo, - que principió a abrirse en 1843, hacía largos rodeos, ora se empinaba altivo, ora descendía bruscamente, volvíaa subir, volvía a bajar; pero durante la Administración del General Santos Gutiérrez «se encargó al señor AntonioDussán de trazar el camino actual que flanquea la cordillera, a muy poca distancia del río, acortando notablemente  la distancia, y que ha dado grande incremento a la agricultura en sus riberas, pues allí se ven numerosas estancias, y la vía está sembrada de casas a lado y lado, a cortos trechos, donde se encuentran algunas comodidades,» dice el autor.

      El señor Gutiérrez, que tiene el valor y la franqueza de confesar públicamente sus faltas políticas, como aquella que cometió en Túquerres cuando se apoderó de unas armas colombianas y las pasó a las fuerzas del Gobierno del Ecuador, auxilio que le mereció el título de General ecuatoriano, no oculta tampoco sus impresiones y conocimiento de lo que pasa en muchos Municipios de Boyacá y Cundinamarca.

       «Por lo que conozco de Boyacá-dice-poblaciones tales como las dos Sutás, Susa, Sora, Sáchica y Chíquisa, constituyen las dos terceras partes dé los Municipios de este Departamento (y poco más o menos sucede lo propioen Cundinamarca). Son ellos habitados exclusivamente porindios paupérrimos y embrutecidos; no hay personal paraConcejo Municipal, Alcalde, Juez de Distrito, Recaudadorde Hacienda, etc., y menos para Juntas de Caminos, ni dequién echar mano para la distribución y percepción de lasrentas, ni quien se atreva a cobrar el impuesto predial ni  ninguna otra contribución al potentado de influencia política, dueño de la hacienda, que vive en la capital de la República o en la del Departamento. En tales condiciones no es posible que Boyacá prospere, que tenga escuelas, quesus caminos se reparen.... Mucho ganarían Boyacá y Cundinamarca con la eliminación de tantos Municipios, pero se oponen a ello los intereses banderizos pues si en una  población importante se pierden las elecciones, es fácilcorregir la plana haciendo firmar a los labriegos Ignorantes un registro en que aparezcan centenares o millares de votos por los candidatos que convenga a los gamonales de la cabecera de la Circunscripción Electoral.

     Rastreando el origen remoto de la deplorable y humillante condición en que viven grupos de colombianos de nombre, pero no de verdad, y pensando en el consejo que da el señor Gutiérrez de eliminación de cacicazgos a fin de fundar el sistema representativo sobre bases decentes y verdaderas, he llegado, pero no sé si me equivoque, a la conclusión de que aquel estado social que permite la explotación dolosa del derecho político de los indios, poniendo aparte su ignorancia, es efecto sobreviviente de la, manera como se organizó la sociedad colonial y que aún  vive y prospera bajo el régimen republicano.

      La población colonial se concentró en las mesas, y en los valles altos de las cordilleras. El hábito de reunirse y formar pueblos fue un rasgo nacional español. A América no vinieron los españoles a trabajar personalmente la tierra, al revés de lo que hicieron en el Norte los colonos ingleses, quienes fueron allá a habitar la tierra y a, sacar del cultivo de la tierra su sustento. En Plymouth se conservan las reliquias de los peregrinos del Maryflower: allí están la marmita del Capitán Standish, la tela de tapiz de su hija, utensilios de labor y la cuna de un niño naonato. Los peregrinos vivían de la casa y de la pesca y como primer cultivo sembraron el maíz que les abandonaron los indios. Como recuerdo de esta época primitiva,  la señorita Lucia  Fairchild pinto un cuadro mural que se exhibió en la exposición de Chicago: sobre una roca helada por el invierno las mujeres de la colonia hilan con rueca  lavan la vajilla y arrullan a sus  hijos. Al pie de un árbol, escuelas al aire libre, aprenden los niños a leer en la Biblia. El colono ingles fue pues, en el norte agricultor, se estableció en el campo, y de la reunión de loas comunidades agrarias que formo surgido la ciudad.

     No así la ciudad española. Las ciudades coloniales tuvieron en la generalidad de los casos un fundador personal, quien distribuía el área fijaba los límites de su jurisdicción y le daba nombre; nombraba alcaldes y regidores, les recibía juramento de fidelidad, y todos juntos firmaban el acta de la fundación.

     El sistema de los repartimientos primero, y el de las encomiendas después, de origen morisco, se emplearon desde el principio en América por orden, real. Para no dejar inculto aquel feracísimo suelo, para crear en él las riquezas  que ofrece siempre la tierra fecundada por el trabajo del   hombre, y dar vida y prosperidad a la industria y al comercio, era preciso utilizar el concurso de los indios, y hacerde ellos labradores y trabajadores para los campos.» Enestos términos expone Antequera la razón de estos sistemas. Luego que se haya hecho la pacificación-son palabras de la ley,-el adelantado, gobernador o pacificador.  reparta los indios entre los pobladores, para que cada unose encargue de los que fueren de su repartimiento, y losdefienda y ampare, proveyendo ministro que les enseñe ladoctrina cristiana y administre los sacramentos, guardando nuestro patronazgo, y enseñe a vivir en policía, haciendo lo demás que están obligados los encomenderos en sus  repartimientos, según se dispone en la leyes de este libro.

      Esta institución trajo grandes abusos, que la desacreditaron en la práctica; fue desaprobada y abolida por la Reina doña Isabel; mas después de su muerte, según testimonio de Colmeiro, hacia los anos de 1509 se estableció con el título engañoso de encomiendas. Dice que si los españoles domiciliados en las colonias defendían, movidos de sus  particulares intereses, la bondad de este sistema, los que  desde la Metrópoli juzgaban las cosas sin pasión, condenaban semejantes mercedes como contrarias a justicia y derecho, y vituperaban que, siendo los indios cristianos, recibiesen el trato propio de infieles y esclavos.

      La corporación municipal ejercía soberanía sobre los asuntos del pueblo o ciudad. El tributo era pagado al Corregidor, y el impuesto de alcabala lo cobraban los Oficiales  de la Corona; pero en la realidad de las cosas, el Cabildo estaba subordinado al Corregidor o Alcalde Mayor; situación sujeta a frecuentes disputas entre las dos autoridades.  de las que a menudo salía airoso y triunfador el Alcalde Mayor, tipo que cumplidamente retrata al cacique de estos  tiempos.

     El imperio del Alcalde Mayor se extendía por todo el  ámbito del pueblo y de los campos, donde vegetaban bajoel yugo de los encomenderos los indios silenciosos.

     Las encomiendas desaparecieron en su forma original, Pero ha sido tanta y tan rica su vitalidad, que hoy las vemos transformadas en la otra esclavitud denominada trabajo personal subsidiario. El estado de alma del indio es el mismo que tuvo en la colonia: trabaja para otro, y sólo gana un miserable salario, y en nombre de la ley y de la teórica igualdad política firma a ruego el registro en que aparecen centenares o millares de votos por los candidatos que convenga a los gamonales de la cabecera de la Circunscripción Electoral, como dice el autor de este notable libro.

     De las 432 páginas bien nutridas que cuenta este libro, son para mí las mejores las que su autor consagra a Pasto y demás Provincias del Sur. Bellas descripciones del paisaje, penetración en el alma de las familias indígenas que moran en esas regiones, observaciones juiciosas y pertinentes sobre la manera de fomentar el progreso, estudio de las costumbres de los indios, y en todo lo referente a la historia de las relaciones de Colombia con el Ecuador, verdad en lo dicho e imparcialidad en los juicios. Los capítulos sobre la importancia militar y comercial del Sur son de grande interés, y poco deja que desear el que consagra a las riquezas naturales, agrícolas y manufactureras del Sur 1 .

     Vaya a manos del lector el primer tomo de esta obra para su gusto y provecho, y reciba su autor mis más calurosas felicitaciones por su feliz desempeño.

 

DIEGO MENDOZA

Bogotá, diciembre de 1920.

 

 

1 A mediados de este año se publicó un folleto ilustrado bajo el título Departamento de Nariño. Exposición Nacional de 1919, que contiene el catálogo. de los objetos artísticos, agrícolas, alimentos elaborados, productos naturales, plantas y cortezas medicinales, pieles, manufacturas, ebanistería, mecánica, barniz de Pasto, exhibidos en Bogotá, algunos de los cuales acusan verdaderos y sólidos progresos.

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