«Para acarrearla hulla del páramo y para transportar asía
Boyacá la sal de que carece este pueblo, y para llevarla a Casanare
a difundir con ella la civilización de las tribus y la reducción de
los ganados silvestres, se impone la construcción de una vía
carretera que partiendo del cuenco del río Chicamocha pase por el
sitio de La Hullera, en el páramo y por La Salina, y termine en
Támara. De Belén de Cerinza a Lagunaseca, pasando por Socha, por
terreno ligeramente quebrado y a una altura, poco diferente de la
altiplanicie boyacense (2,600 metros sobre el nivel del mar) hay
próximamente 35 kilómetros de camino, fácilmente habilitable para
carros; de Lagunaseca a Los Corrales, borde de la mesa paramosa,
hay 20 kilómetros para subir 900 metros, con una pendiente del 4
1/2 por 100; la mesa tiene por esta vía sesgada para pasar el
páramo de Novagotes, 30 kilómetros de suelo casi horizontal; del
borde oriental de la mesa a La Salina hay 20 kilómetros, para
descender 1,200 metros al 6 por 100 de pendiente, y de La Salina a
Támara hay 65 kilómetros para descender 1.000 metros, con muchas
contrapendientes, que pueden representar otros 1,000 metros. En
suma: de Lagunaseca a Támara hay necesidad de construir veintisiete
leguas de carretera.
IX
El libro del señor Gutiérrez, escrito, según se me informa,
a vuela pluma, es, como ya lo dije, una narración geográfica e
histórica muy importante. La impresión que deja en el ánimo del
lector es, en algunas ocasiones, de honda pena y desconsuelo, y, en
la mayor parte de las veces, el espíritu, al leerlo, se dilata en
un risueño optimismo.
Deja su lectura otra impresión, superior a todas las demás:
dueños los colombianos de un rico y extensísimo territorio, viven
aislados, separados por estupendas montañas y valles desiertos: no
hay, por regla general, líneas de comunicación bien trazadas y bien
conservadas entre las poblaciones, y a las vías naturales, como los
ríos en las regiones pobladas, no se les ha prestado toda la
atención que merecen.
El efecto económico e industrial del aislamiento por falta
de caminos puede verse con claridad en las consecuencias que trae,
por contrario imperio, la apertura de una buena vía de
comunicación. El antiguo camino a Villavicencio - y sirva esto de
ejemplo de la verdad de lo que digo, - que principió a abrirse en
1843, hacía largos rodeos, ora se empinaba altivo, ora descendía
bruscamente, volvíaa subir, volvía a bajar; pero durante la
Administración del General Santos Gutiérrez «se encargó al señor
AntonioDussán de trazar el camino actual que flanquea la
cordillera, a muy poca distancia del río, acortando notablemente
la distancia, y que ha dado grande incremento a la agricultura en
sus riberas, pues allí se ven numerosas estancias, y la vía está
sembrada de casas a lado y lado, a cortos trechos, donde se
encuentran algunas comodidades,» dice el autor.
El señor Gutiérrez, que tiene el valor y la franqueza de
confesar públicamente sus faltas políticas, como aquella que
cometió en Túquerres cuando se apoderó de unas armas colombianas y
las pasó a las fuerzas del Gobierno del Ecuador, auxilio que le
mereció el título de General ecuatoriano, no oculta tampoco sus
impresiones y conocimiento de lo que pasa en muchos Municipios de
Boyacá y Cundinamarca.
«Por lo que conozco de Boyacá-dice-poblaciones tales como
las dos Sutás, Susa, Sora, Sáchica y Chíquisa, constituyen las dos
terceras partes dé los Municipios de este Departamento (y poco más
o menos sucede lo propioen Cundinamarca). Son ellos habitados
exclusivamente porindios paupérrimos y embrutecidos; no hay
personal paraConcejo Municipal, Alcalde, Juez de Distrito,
Recaudadorde Hacienda, etc., y menos para Juntas de Caminos, ni
dequién echar mano para la distribución y percepción de lasrentas,
ni quien se atreva a cobrar el impuesto predial ni ninguna otra
contribución al potentado de influencia política, dueño de la
hacienda, que vive en la capital de la República o en la del
Departamento. En tales condiciones no es posible que Boyacá
prospere, que tenga escuelas, quesus caminos se reparen.... Mucho
ganarían Boyacá y Cundinamarca con la eliminación de tantos
Municipios, pero se oponen a ello los intereses banderizos pues si
en una población importante se pierden las elecciones, es
fácilcorregir la plana haciendo firmar a los labriegos Ignorantes
un registro en que aparezcan centenares o millares de votos por los
candidatos que convenga a los gamonales de la cabecera de la
Circunscripción Electoral.
Rastreando el origen remoto de la deplorable y humillante
condición en que viven grupos de colombianos de nombre, pero no de
verdad, y pensando en el consejo que da el señor Gutiérrez de
eliminación de cacicazgos a fin de fundar el sistema representativo
sobre bases decentes y verdaderas, he llegado, pero no sé si me
equivoque, a la conclusión de que aquel estado social que permite
la explotación dolosa del derecho político de los indios, poniendo
aparte su ignorancia, es efecto sobreviviente de la, manera como se
organizó la sociedad colonial y que aún vive y prospera bajo el
régimen republicano.
La población colonial se concentró en las mesas, y en los
valles altos de las cordilleras. El hábito de reunirse y formar
pueblos fue un rasgo nacional español. A América no vinieron los
españoles a trabajar personalmente la tierra, al revés de lo que
hicieron en el Norte los colonos ingleses, quienes fueron allá a
habitar la tierra y a, sacar del cultivo de la tierra su sustento.
En Plymouth se conservan las reliquias de los peregrinos del
Maryflower: allí están la marmita del Capitán Standish, la tela de
tapiz de su hija, utensilios de labor y la cuna de un niño naonato.
Los peregrinos vivían de la casa y de la pesca y como primer
cultivo sembraron el maíz que les abandonaron los indios. Como
recuerdo de esta época primitiva, la señorita Lucia Fairchild
pinto un cuadro mural que se exhibió en la exposición de Chicago:
sobre una roca helada por el invierno las mujeres de la colonia
hilan con rueca lavan la vajilla y arrullan a sus hijos. Al pie
de un árbol, escuelas al aire libre, aprenden los niños a leer en
la Biblia. El colono ingles fue pues, en el norte agricultor, se
estableció en el campo, y de la reunión de loas comunidades
agrarias que formo surgido la ciudad.
No así la ciudad española. Las ciudades coloniales tuvieron
en la generalidad de los casos un fundador personal, quien
distribuía el área fijaba los límites de su jurisdicción y le daba
nombre; nombraba alcaldes y regidores, les recibía juramento de
fidelidad, y todos juntos firmaban el acta de la fundación.
El sistema de los repartimientos primero, y el de las
encomiendas después, de origen morisco, se emplearon desde el
principio en América por orden, real. Para no dejar inculto aquel
feracísimo suelo, para crear en él las riquezas que ofrece siempre
la tierra fecundada por el trabajo del hombre, y dar vida y
prosperidad a la industria y al comercio, era preciso utilizar el
concurso de los indios, y hacerde ellos labradores y trabajadores
para los campos.» Enestos términos expone Antequera la razón de
estos sistemas. Luego que se haya hecho la pacificación-son
palabras de la ley,-el adelantado, gobernador o pacificador.
reparta los indios entre los pobladores, para que cada unose
encargue de los que fueren de su repartimiento, y losdefienda y
ampare, proveyendo ministro que les enseñe ladoctrina cristiana y
administre los sacramentos, guardando nuestro patronazgo, y enseñe
a vivir en policía, haciendo lo demás que están obligados los
encomenderos en sus repartimientos, según se dispone en la leyes
de este libro.
Esta institución trajo grandes abusos, que la
desacreditaron en la práctica; fue desaprobada y abolida por la
Reina doña Isabel; mas después de su muerte, según testimonio de
Colmeiro, hacia los anos de 1509 se estableció con el título
engañoso de encomiendas. Dice que si los españoles domiciliados en
las colonias defendían, movidos de sus particulares intereses, la
bondad de este sistema, los que desde la Metrópoli juzgaban las
cosas sin pasión, condenaban semejantes mercedes como contrarias a
justicia y derecho, y vituperaban que, siendo los indios
cristianos, recibiesen el trato propio de infieles y esclavos.
La corporación municipal ejercía soberanía sobre
los asuntos del pueblo o ciudad. El tributo era pagado al
Corregidor, y el impuesto de alcabala lo cobraban los Oficiales de
la Corona; pero en la realidad de las cosas, el Cabildo estaba
subordinado al Corregidor o Alcalde Mayor; situación sujeta a
frecuentes disputas entre las dos autoridades. de las que a menudo
salía airoso y triunfador el Alcalde Mayor, tipo que cumplidamente
retrata al cacique de estos tiempos.
El imperio del Alcalde Mayor se extendía por todo el
ámbito del pueblo y de los campos, donde vegetaban bajoel yugo de
los encomenderos los indios silenciosos.
Las encomiendas desaparecieron en su forma original, Pero
ha sido tanta y tan rica su vitalidad, que hoy las vemos
transformadas en la otra esclavitud denominada trabajo personal
subsidiario. El estado de alma del indio es el mismo que tuvo en la
colonia: trabaja para otro, y sólo gana un miserable salario, y en
nombre de la ley y de la teórica igualdad política firma a ruego el
registro en que aparecen centenares o millares de votos por los
candidatos que convenga a los gamonales de la cabecera de la
Circunscripción Electoral, como dice el autor de este notable
libro.
De las 432 páginas bien nutridas que cuenta este libro, son
para mí las mejores las que su autor consagra a Pasto y demás
Provincias del Sur. Bellas descripciones del paisaje, penetración
en el alma de las familias indígenas que moran en esas regiones,
observaciones juiciosas y pertinentes sobre la manera de fomentar
el progreso, estudio de las costumbres de los indios, y en todo lo
referente a la historia de las relaciones de Colombia con el
Ecuador, verdad en lo dicho e imparcialidad en los juicios. Los
capítulos sobre la importancia militar y comercial del Sur son de
grande interés, y poco deja que desear el que consagra a las
riquezas naturales, agrícolas y manufactureras del Sur
1
.
Vaya a manos del lector el primer tomo de esta obra para su
gusto y provecho, y reciba su autor mis más calurosas
felicitaciones por su feliz desempeño.
DIEGO MENDOZA
Bogotá, diciembre de 1920.
1
A mediados de este año se publicó un folleto
ilustrado bajo el título Departamento de Nariño. Exposición
Nacional de 1919, que contiene el catálogo. de los objetos
artísticos, agrícolas, alimentos elaborados, productos naturales,
plantas y cortezas medicinales, pieles, manufacturas, ebanistería,
mecánica, barniz de Pasto, exhibidos en Bogotá, algunos de los
cuales acusan verdaderos y sólidos progresos.