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Tres escritos de Sinforoso Mutis sobre la Expedición Botánica

| |Entrada principal del Real jardín Botánico de Madrid, del cual SinforosoMutis fuu alumno y corresponsal

 

1. Discurso preliminar del continuador de la flora de Bogotá

La Botánica ha hecho progresos muy rápidos desde el siglo XVIII. Los naturalistas que han recorrido la América y demás partes del globo, no sólo han descubierto más número de plantas que las mencionadas por el célebre Tournefort, sino que han embellecido la ciencia con láminas más perfectas y completas; la han reducido a sistemas menos complicados, y una nueva nomenclatura ha substituido a la antigua. Esta gloria estaba reservada al célebre profesor de Upsala; sin esta reforma, dice un naturalista y sabio político, la más rica, amable y fácil de las tres partes de la Historia Natural habría sido necesario abandonarla.

El señor Don Carlos III, restaurador de la Botánica en España, fueuno de los Monarcas que contribuyeron más al adelantamiento de esta ciencia. Este Rey filósofo conoció bien la necesidad de que la América fuese visitada por sus sabios naturalistas. La fecundidad de este suelo; la diversidad de climas, temperaturas y elevaciones, prometían preciosas plantas a la Medicina ya las Artes. Con este objeto estableció a sus expensas, y con la generosidad propia de un Rey ilustrado, las Expediciones del Perú, Nueva España, Islas Filipinas y la de este Nuevo Reino de Granada.

¡Con cuánta satisfacción se vio en todo él que la elección para esta última expedición científica había recaído en el que comenzó a "hacer rayar las ciencias útiles sobre nuestro horizonte"! La extensión de conocimientos en las ciencias naturales; los trabajos de Don José Celestino Mutis en estos ramos, desde el año de 1760; su crédito entre los sabios de Suecia, con quienes estableció desde aquella época una correspondencia científica; su inteligencia en los principales idiomas de Europa y en el griego; su empeño en introducir en este Reino los conocimientos útiles; su desinterés en propagarlos y en formar discípulos, y "aquel gusto delicado para tratar cualquier asunto", que le granjeó siempre la estimación y confianza íntima de los jefes, fueron las expresiones con que el Ilustrísimo y Excelentísimo Señor Don Antonio Caballero y Góngora, Virrey que fue de este Reino, recomendó a este sabio en su Informe de 31 de marzo de 1783.

Este |Discurso Preliminar, obra de Sinforoso Mutis, antecede al texto definitivo de la |Historia de los Árboles de Quina, la obra más acabada y sistemática de la Expedición Botánica neogranadina, cuyos preciosos originales se encuentran en el Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid. El |Discurso Preliminar ocupa los folios I a VI de dicha obra y constituye una buena muestra del nivel de los conocimientos botánicos de Sinforoso Mutis, de su interés por esta disciplina y de su notable preocupación por la contrastación de sus tesis y las de don J. C. Mutis en los terrenos de la taxonomía y la medicina. Por otra parte, no sobra resaltar su bien cuidado estilo literario, así como el afecto, la admiración y la gratitud por su tío que se expresan en él. [J.G.R.]

Estas expresiones de un jefe tan ilustrado como virtuoso, movieron el ánimo del Rey y de su Ministro el Señor Marqués de la Sonora, y aún produjeron mejor éxito del que se deseaba. Por Real Orden de 17831 1 se puso en posesión a Mutis para continuar sus trabajos y para perfeccionar los que a sus expensas había emprendido, remunerándoselos con la gratificación de 2.000 doblones. Las reales órdenes manifiestan bien que para esta expedición no quiso el Rey ahorrarse gasto alguno. Las del reinado del Señor Don Carlos IV; nos hacían conocer que este Monarca heredó los sentimientos de su ilustre Padre; el, Señor Don Fernando Séptimo en los pocos días que gobernó por sí la monarquía, y en medio de muchas inquietudes, hizo colocar el retrato de este sabio |, con el de Don Antonio Cavanilles, en el Real Jardín Botánico para que sirvieran de estímulo  a la juventud. En este reinado, la |Flora de Bogotá, esta obra  inmensa para cuya ejecución no alcanzó la vida de un hombre solo, debía comenzar a darse a luz.

Los trabajos y descubrimientos botánicos de Don José Celestino Mutis empiezan desde el año de 1760 en que llegó a Cartagena Desde allí, a pesar del poco tiempo que permaneció, se aseguró su gloria con el hallazgo de muchas plantas nuevas, que se habían ocultado a la sagacidad del célebre viajero Jacquin. La frondosa vegetación de las orillas del Magdalena le presentó a cada momento nuevos objetos para satisfacer sus deseos. Allí, 'escribió muchas plantas y dio principio a sus observaciones sobre la poligamia.

Llegado a la capital, a 1.307 metros de elevación, la nueva vegetación; las preciosidades de un país tan rico como desconocido, avivaron más sus deseos por esta ciencia. Libre de las incomodidades y riesgos de los países cálidos, se entregó enteramente a ellos en aquellas horas que le sobraban a sus ocupaciones. Aquí descubrió muchas plantas nuevas cuyas colecciones y diseños, remitidos al inmortal Linné ya otros sabios de Europa, le merecieron los elogios más lisonjeros | 2 . Desde entonces se le asoció a la Academia de Estocolmo y a otras muchas de aquella parte del mundo.

No satisfecho con inmortalizarse entre las naciones cultas, quiso también granjearse la estimación de este Reino difundiendo en todo él sus conocimientos. En 1761 tomó a su cargo la enseñanza de las matemáticas en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, de que obtuvo Real aprobación. Hasta aquella época no se había oído en este Reino que la tierra giraba sobre su eje y alrededor del sol; y que se debía poner en el número de los planetas. Muchos discursos le costó persuadir esta verdad, por la obstinación de nuestros Padres; pero triunfó la razón logrando formar muchos discípulos y difundiendo los conocimientos astronómicos.

Conocida la mayor parte de la vegetación de esta ciudad y la de sus inmediaciones en los primeros siete años de residencia, recorrió a sus expensas las provincias del Socorro y Pamplona, célebres entre nosotros por la preciosidad de sus frutos y por lo industrioso de |sus vecinos. Allí siguió con preferencia |sus observaciones favoritas y halló plantas muy preciosas que hacían honor a su autor ya la |Flora de Bogotá.

Las insinuaciones de sus amigos lo precisaron a desentrañar de la tierra los preciosos metales, muy abundantes en esta última provincia; pero el suceso no correspondióa sus esperanzas, porque la compañía que se formó no pudo subvenir a los crecidos gastos que exigen tales empresas.

No se crea que Mutis abrazó este partido por enriquecerse. El no era de aquellos españoles aventureros que vienen a nuestras América para mejorar su fortuna. Nacido de unos padres honrados y virtuosos, recibió muy honrosas ideas en su educación, y |sus naturales inclinaciones hacia la humanidad afligida le hicieron abrazar la carrera de la medicina. El Excelentísimo Señor Don Pedro Messía de la Cerda, pudo reducirlo a que lo acompañase a este Reino, para que cuidase de su salud, en un viaje tan dilatado como penoso. Mutis abandonó una carrera brillante ya formada, como sustituto, ala edad de veinte y seis años, de la Cátedra de Anatomía en Madrid. Mutis despreció recorrer las costas de París, " Leyden y Bolonia, pensionado por el gobierno, para perfeccionarse en la Historia Natural. Mutis, por último, no tuvo otro objeto en su venida a América, que coleccionar las ricas producciones de esta preciosa porción de la Monarquía, visitada rápidamente por Fevillé, Plumier, Lefling y otros pocos botánicos.

En 1772, a seis leguas de la capital, descubrió los árboles de las quinas. Me había propuesto hablar largamente sobre este punto, para hacer callar a los que quieren disputarle esta gloria, pero conociendo que Son muy pocos los fascinados, y queriendo aprovechar el tiempo para publicar sus interesantes observaciones, me contento con copiar lo que el Ilustrísimo y Excelentísimo Señor Don Antonio Caballero dice al Rey Nuestro Señor, por mano de su Ministro el Señor Marqués de la Sonora | 3 .

Entre sus apreciables descubrimientos no es el menor el de la Quina en estas inmediaciones, y siendo este un asunto de tan distinguido mérito que ha promovido siempre más por el amor al Real Servicio que por fines particulares, llevó pacientemente la injusticia de verse desapropiado de él ante Vuestra Majestad, siendo el mencionado Mutis su verdadero descubridor, como lo ha hecho conocer con numerosos documentos y testimonios irrefragables, según se deduce de sus informes científicos números 5 y 6 en el expediente de este Reino, consolándose con la justicia que le ha hecho el público bien instruido en el asunto.

Pero concedamos por un momento a Don Sebastián López la gloria de primer descubridor, en este Reino, de este precioso árbol. Como émulo de Mutis debió haberse aplicado a esta bella ciencia, para formar la distinción de las especies, a la Química para hacer la separación de las oficinales, y a la Medicina, su profesión, para aliviar a sus semejantes, manifestando la aplicación de cada una y en qué obran como a golpe seguro. Estos descubrimientos, que no son casuales, como los de hallar una planta en los montes, son los que aseguran la gloria de Mutis.

En 1777 se retiró al Sapo deseoso, por segunda vez, de difundir sus conocimientos de minería en este Reino. Allí consumió lo que la medicina le había dado en diecisiete años de residencia en esta capital; muy poco, a la verdad, pues él no fuede aquellos médicos que exigen la recompensa de su trabajo. Yo hablo en el pueblo en que vivió cincuenta años ya la faz de un número de gentes muy considerable, que le han sobrevivido. Su caridad y esmero para con los pobres, unida a la dulzura de su trato, fueron sus virtudes más favoritas y que le granjearon el respeto y amor de todos.

Pero concedamos por un momento a Don Sebastián López la gloria de primer descubridor, en este Reino, de este precioso árbol. Como émulo de Mutis debió haberse aplicado a esta bella ciencia, para formar la distinción de las especies, a la Química para hacer la separación de las oficinales, ya la Medicina, su profesión, para aliviar a sus semejantes, manifestando la aplicación de cada una y en qué obran como a golpe seguro. Estos descubrimientos, que no son casuales, como los de hallar una planta en los montes, son los que aseguran la gloria de Mutis.

En 1777 se retiró al Sapo deseoso, por segunda vez, de difundir sus conocimientos de minería en este Reino. Allí consumió lo que la medicina le había dado en diecisiete años de residencia en esta capital; muy poco, a la verdad, pues él no fue de aquellos médicos que exigen la recompensa de su trabajo. Yo hablo en el pueblo en que vivió cincuenta años ya la faz de un número de gentes muy considerable, que le han sobrevivido. Su caridad y esmero para con los pobres, unida a la dulzura de su trato, fueron sus virtudes más favoritas y que le granjearon el respeto y amor de todos.

En este retiro se mantuvo hasta el año de 1783, en que el Señor Arzobispo Virrey le obligó a salir, después de muchas persuasiones, para establecer esta Expedición, nombrándolo Director de ella, antes de hacer presente al Rey su mérito. Tal era la confianza que tenía este jefe en la ilustración de un Monarca como Carlos III, y en el mérito de su recomendado. Mutis había resuelto retirarse a su patria llevando consigo un tesoro inmenso de luces y descubrimientos, fruto de sus investigaciones en el dilatado tiempo de veinte y tres años. El deseo de consagrar sus preciosas tareas a un Soberano tan digno y amado de todos, lo obligó a trabajar con el mayor empeño y así es que la mejor parte de la |Flora de Bogotá se debe a su mansión en el Sapo.

Desde que la bondad del Rey lo nombró Director de esta Expedición, eligió como centro de sus investigaciones ala ciudad de Mariquita, que reunía todas las proporciones que buscaba. Situada en medio de frondosos bosques, al pie de los Andes de Quindío y en las cercanías del Magdalena, se le presentaban los vegetales de todas las temperaturas y de todos los niveles. Allí formó los pintores, colectó innumerables plantas, estableció un jardín en el que, entre otras plantas preciosas, pudo hacer prosperar veinte canelos, que aún se conservan; y hizo una parte de las grandiosas láminas, que no se pueden ver sin admiración. Allí desempeñó muchas comisiones del gobierno; allí adelantó sus observaciones sobre la poligamia, y allí, últimamente, comenzó la historia de los árboles de las quinas, una de las primeras ideas con que quiso demostrar su reconocimiento al Soberano que lo protegía. Justos motivos le hicieron retardar su conclusión dejando esta gloria y la de su publicación para otro. 

El temperamento de Mariquita, unido a sus tareas literarias,  arruinaron su salud. En 1790 se trasladó a esta capital, más por   reconocer de nuevo y diseñar la elevada vegetación que por  restablecerse. Aquí se dedico a dar la última mano a sus inmensos trabajos de Mariquita; pero ocupado por toda clase de personas, como casi el único que podía darnos la salud como Médico; consultado con frecuencia en los asuntos más delicados de los gobiernos político y eclesiástico, y su avanzada edad, no le dieron tiempo a concluirlos

2. Memoria sobre la Expedición Botánica publicada en el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1810)

Encargado por el Superior Gobierno desde Enero de 1809, de dirigir la parte principal y científica dé la Real Expedición Botánica tengo la satisfacción de haber concluido y entregado al Jefe Supremo del Reyno la |Historia de los Árboles de Quina, el primer trabajo que se puso a mi cuidado. En el día he recibido la |Flora de Bogotá, esta obra inmensa en que consumió D. José Celestino Mutis 45 años, los que no bastaron para su conclusión. Más de 200 individuos la componen, y para asegurar el honor de mi tío trabajo en organizarla según el sistema de Lineo; en comparar cada lámina con sus manuscritos y con los esqueletos para reponer las descripciones que falten; y en separar los géneros nuevos con el fin de publicar con preferencia estos objetos enteramente desconocidos, y asegurar, de este modo, la gloria de la Nación, la del Ilustre Xefe que nos gobierna y la de todos los individuos de la Casa.

Animados mis cooperadores en la parte Botánica D. Jorge Tadeo Lozano y D . Francisco Caldas del mismo celo que yo, y deseosos de corresponder a las esperanzas de su Maestro trabajan con ardor, el primero en arreglar sus manuscritos de animales, y el segundo los de Astronomía, Cálculo y Física. Si las circunstancias del día no impidieran nuestras ideas; si la Nación no se hallara empeñada en asuntos de mayor consideración, antes de pocos años tendrían los sabios publicadas las obras del laborioso Mutis. Entonces veríamos o enmudecer a los enemigos de su gloria, o les oiríamos confesar que habían abusado de su moderación, y que la modestia, prenda que formaba su carácter, fue el obstáculo más poderoso para que en sus días no se publicasen sus trabajos.

|Esta Memoria fue publicada sin titulo a continuación de una de Francisco José de Caldas |titulada Botánica. Ambas aparecieron en el |Semanario del Nuevo Reino de Granada. Año |30. Santafé, 1810. La de Mutis ocupa las páginas 22 a 24 y está fechada el 26 de febrero de 1810. En el mismo número del |Semanario se publicó la descripción genérica de |la Amaria, planta dedicada por Sinforoso al Virrey Amar y Borbón, como ya hemos visto. En el número siguiente se publicaron las descripciones, también genéricas, de |Lozania y |Valenzuelia, incluídas completas, por primera vez, en este trabajo. G. R.l

A pesar de hallarnos escasos de todos los recursos necesarios para la publicación de una obra de esta naturaleza, de carecer de todos los libros modernos de una ciencia que ha hecho progresos tan rápidos en estos últimos años, y de no haber entre nosotros inteligentes con quienes consultar en la materia sino los individuos de la Casa, contando con la indulgencia de los Sabios, nos vemos en la precisión, por temor de perder nuestros descubrimientos, de publicar en el |Semanario de esta Capital los géneros nuevos de la |Flora de Bogotá.

En el presente quaderno insertamos tres descripciones de las más bellas plantas del Reyno. La primera Amaria, con, sagrada a la memoria del Exmo. Sr. D. Antonio Amar y  Borbón, nuestro digno Xefe, manifiesta su amor por esta Ciencia, y nuestro reconocimiento por la protección tan decidida que nos dispensó en la continuación de este establecimiento. La segunda denominada |Caldasia está dedicada por D. Josef Celestino Mutis a D. Francisco Caldas, que contribuyó con su viaje a la Provincia de Quito al aumento de la |Flora. La tercera lleva el nombre de |Pombea: esta planta de la colección de Caldas es dedicada por éste al patriota y socio benemérito de esta Expedición D. Josef Ignacio  de Pombo. En el siguiente publicaremos otra planta con el nombre de |Lozania, género consagrado a D. Jorge Tadeo Lozano cuyos talentos y conocimientos botánicos lo hacen acreedor a mi reconocimiento y al del público.

La justicia de estas dedicaciones y la que haremos también al primer discípulo de D. Josef Celestino Mutis, el D. D. Eloy de Valenzuela, dan a conocer que no pretendemos abusar de la licencia en la consagración de géneros, ni envilecer la ciencia haciéndola servir para la adulación, y la lisonja.

En este papel público sólo insertamos el carácter genérico que irá en latín, reservando el diferencial y natural para la edición que preparamos |del  Prodromo de esta |Flora. Las virtudes, |usos y demás cosas que interesen al público se pondrán en nuestra lengua nativa: de este modo la Nación en general disfrutará de las observaciones de Mutis, y los sabios hallarán sólo lo que pertenezca a lo científico de la Botánica.

|Santa fe 26 |de Febrero de 1810.

SINFOROSO MUTIS

3. Informe de lo servicios prestados por Sinforoso Mutis a la Expedición Botánica(1817)

Excelentísimo Señor:

Las dos reales órdenes del Director de la Real Expedición Botánica, don José Celestino Mutis, y como encargado después de la muerte de éste, de la Dirección Botánica, cuanto me conste y considere preciso para contestar a cada uno de los puntos contenidos en estos reales encargos, han satisfecho mis deseos, y me prestan un vasto campo para poder hablar, por el conducto de Vuestra Excelencia al |Soberano, con la franqueza propia de un vasallo, que conoce el fondo de bondad y de virtudes con que la Providencia ha dotado al mejor de los Reyes, en estas desgraciadas circunstancia

Este inforne, fechado en Cartagena el 30 de septiembre de 1817 y dirigido al virrey Montalvo, fonna parte del expediente que en busca de la exculpación de su marido, destertado en Cartagena, inició doña Angela María Gama en Santafé el 14 de junio de 1817. Es, con toda probabilidad, el últirno escrito de Sinforoso sobre la Expedición Botánica, como quiera que ya ésta había sido liquidada por Morillo, y forma parte de la colección personal de don Guillermo Hemández de Alba. La trascripción que aquí hacemos está tomada de su obra: |Historia documental de la Real Expedición Botánica... cit.. p. 382-388..

Desde el momento en que mi suerte pareció me forzara a virtud de la real orden que comunicó Vuestra Excelencia al ex-jefe de Panamá, en la que le prevenía que todos los destinados a los presidios de América, por las ocurrencias pasadas, fuesen remitidos a España, mis deseos no fueron otros sino los de informar al Rey el estado en que en mil ochocientos nueve, por orden del antecesor de Vuestra Excelencia el ilustre don Antonio Amar, satisfecho de mi aptitud, aplicación y buena conducta y de corresponderme este destino por mi escala, recibí la |Flora de Bogotá; los trabajos que a pesar de las circunstancias pude realizar, y últimamente el modo precipitado con que se me obligó por el ilustre don Pascual Enrile a encajonar después de haberle hecho presente ser necesario algún tiempo para organizarlos, y para poder fijar en cada una de las láminas las anatomías, que por separado se habían trabajado desde el tiempo en que mi tío don José Celestino Mutis tomó a su cargo esta larga empresa. Insultos repetidos y vejaciones, capaces de abatir aun a los que por desgracia no han recibido educación alguna, eran el único contrarresto que se oponía a cada una de las reflexiones, de modo que fue preciso callar y cumplir con las órdenes que se me habían dado. Con esta conducta tan poco regular (principalmente para los que tranquilos aguardamos las tropas de Su Majestad en la capital, fiados de las promesas que a nombre del Soberano dirigieron los Jefes militares a los pueblos) derribó el señor Enrile por sus cimientos un establecimiento formado desde el ilustrado reinado del ilustre don Carlos tercero, y sostenido con generosidad por el señor don Carlos cuarto y el señor don Fernando séptimo. ¡Cuánto habrían adelantado las ciencias y ganado la humanidad si un jefe de la ilustración de Vuestra Excelencia, pudiendo separarse de las atenciones que le obligaban a permanecer en esta plaza, hubiera fijado su residencia en la capital del Reino! (Permítame la bondad de Vuestra Excelencia esta corta digresión, parto de la sinceridad y buena fe). La felicidad común estaría bien cimentada porque cansados |los pueblos de un Gobierno destructor suspiraban con ansia por el que les aseguraba su tranquilidad y seguridad.

El 11 | de septiembre de 1808 murió don José Celestino Mutis, y en el momento de su fallecimiento se dio parte de esta ocurrencia al Excelentísimo señor don Antonio Amar, Virrey del Reino. Su Secretario, don José de Leiva, fue comisionado para hacerse cargo de cuanto había en la casa, y para formar |los inventarios. Quince días antes de la muerte de mi tío llegué a Santa fe de regreso de la isla de Cuba, después de haber recorrido por especial comisión desde el año 803 muchas de las Provincias hacia el norte del Reino, haciendo observaciones y colecciones de plantas, con arreglo a una real orden en que se le prevenía remitiese al real jardín botánico de Madrid las preciosidades más notables en el reino vegetal y sus semillas para aclimatar allí estas plantas. Cumplí este delicado encargo a satisfacción del Director, don Antonio Cavanilles, y de mi tío, de modo que éste, a pesar de su moderación bien conocida, se vio precisado, siendo yo su sobrino, a recomendarme al Jefe del Reino y darme el primer lugar en el plan que le presentó antes de su muerte, para la continuación de este establecimiento; consiguiente a esta propuesta fuí nombrado por el Excelentísimo señor Virrey, en 27 de febrero de 1809, Director de la parte científica, lo mismo que lo fueron don Francisco Caldas en la del Observatorio Astronómico, y don Salvador Rizo en la del trabajo material de las láminas. Las ocurrencias desgraciadas de la Europa en esta época, no dieron lugar a que el Rey confirmase nuestros destinos, pero yo me lisonjeo de que no habríamos sido excluídos del lugar a que por nuestros servicios nos habíamos hecho acreedores.

Hecho el inventario de los manuscritos y láminas con aquella escrupulosidad que era consiguiente, ya por las grandes cantidades que el Rey había invertido en este establecimiento y ya por las esperanzas que tenía la Nación de ver una obra que había puesto  en expectación a toda la Europa, me hice cargo de ambas cosas  para ir realizando los trabajos más adelantados, y entregarlos con arreglo al plan para su remisión a la Corte. Desde este momento advertí que en los manuscritos había un déficit muy notable, y así fue que no quise entregarme de ellos hasta que se me dieran de un modo que jamás comprometiese mi honor. Estos en efecto no corresponden ni al número de años invertidos en los trabajos ni a la constancia con que mi tío se había dedicado a ellos en todo el tiempo que los dirigió. Sobre el particular y a mis instancias se formó un expediente en el cual, según mi juicio, se descubrió casi demostrativamente el autor de la extracción; pero jamás se pudieron recaudar, y así es que las esperanzas de los hombres ilustrados han quedado burladas en esta parte.

Por orden expresa del Excelentísimo señor Virrey don Antonio Amar, me dediqué exclusivamente ala organizaci6n la |Historia de los Arboles de Quina, obra que debió haberse remitido a la Corte en vida de su autor, y no se verificó por la  guerra de 804 | con la Inglaterra. De ella recibí completamente, la parte historial y observaciones médicas, pero la científica,  descripciones de estos árboles, aún no la había arreglado  autor. Los materiales que se me dieron para formarlas han ido a España con todos los demás trabajos, y en su vista se habrá hecho un juicio comparativo por el sujeto que el rey haya destinado para recibirlos. Yo estoy seguro de que no se me criticará de haber perdido el tiempo, y aunque puedan haberse cometido algunos errores, es preciso tener en consideración que esta ciencia ha hecho unos progresos muy rápidos en estos últimos años, y que en América hemos carecido de ellos. Por lo mismo fue que los autores de la |Flora del Perú no quisieron publicar sus trabajos en estas regiones; ellos marcharon con todos los materiales a Madrid, dejando un compañero que les remitiese cuanto [fuese] útil y necesario para la conclusión de ellos. Ya pesar de estos recursos, cuántas críticas han sufrido ya, y cuántos errores crasos han cometido?

El documento número l0 que acompaño, manifiesta que el trabajo de esta obra estaba casi concluído el 27 de noviembre de 809, y yo habría tenido la satisfacción de presentar también el de su entrega, que fue el 23 del mes siguiente, si este con otros muchos no se me hubieran arrebatado con motivo de mi prisión. De esta obra han ido dos ejemplares perfectamente concluídos, que fueron los mismos que recibí cuando me hice cargo de la Botánica.

Después de haber realizado este trabajo, me dediqué a conocer la |Flora de Bogotá, para poder formar un plan que me facilitara el pronto desempeño de mi encargo. Arreglé todas las láminas, por clases, para fijar mis miras sobre aquellas plantas que creía nuevas, o mal descritas por otros autores. Las anatomías que en pliegos separados se habían trabajado desde el tiempo de mi antecesor era preciso colocarlas en sus respectivas láminas; pero siendo este trabajo tan delicado, como que por él se viene en conocimiento de la verdadera determinación del género a que pertenecen, era indispensable que yo me manejase en este particular con la escrupulosidad necesaria, para no cometer un error del cual debía responder a la Nación. Para llenar mis deseos en este punto, solicité, tanto del Excelentísimo señor Virrey don Antonio Amar, como posteriormente del Gobierno revolucionario, el que se colocase un joven en la clase de herbolario, que condujese todo el año las plantas vivas de todos los temperamentos, para tener ala vista los originales que debían gobernar mis observaciones; pero desgraciadamente se me negó en ambos gobiernos este pequeño auxilio. A una negativa de esta naturaleza, no me quedaba otro recurso sino el de hacerlo a mi costa, y en efecto, siempre que podía ahorrar algo de mi sueldo lo invertía en ese objeto. A pesar de esto, puedo asegurar a Vuestra Excelencia que la mayor parte de la |Flora ha sido conducida a España de un modo tan satisfactorio en este ramo, como que habiéndola recibido sin que en ninguna de sus láminas se hubiese fijado una sola anatomía, yo lo he hecho, habiéndome asegurado con presencia de las plantas vivas, de que las observaciones anteriores estaban unas bien, otras mal hechas.

Después de este trabajo, que tomé a mi cargo ya el año de 810, me dediqué a examinar los manuscritos con prolijidad, |y como casi todos los que me entregaron eran unos diarios, en los cuales no podía haber un orden cronológico sostenido, era preciso ir extrayendo de cada uno de ellos lo relativo a cada planta, pues de otro modo no era posible poner en un orden fácil de entenderse cuantas observaciones estaban allí refundidas.

En este estado sobrevinieron los movimientos de la capital, en 20 de julio de 1810. Es preciso, señor Excelentísimo, que en este informe, para que el Rey pueda hacer con justicia la gracia a don Francisco de Arango, según su Real Orden de 28 de septiembre de 1816, haga yo una relación circunstanciada de mis trabajos posteriores y de los destinos que en aquella desgraciada época me vi precisado a servir, a pesar de las renuncias repetidas de todos ellos; pues con este paso no solamente se aclara el impulso extraordinario que recibió la |Flora en medio de tan críticas circunstancias, como también si |yo, en vista de los documentos que presento, soy acreedor a que Su Majestad mire mis servicios de más de veinte años con aquella benignidad y justificación que por fortuna hace su  augusto carácter.

Es una verdad inconcusa de que el movimiento de Santa fe en 20 de julio de 1810, no fue una obra meditada sino de la casualidad: allí no hubo un plan para verificarlo, y por consiguiente de este paso no puede hacérsele cargo a ningún particular, como no se le ha hecho. La exaltación que se advertía en los ánimos provenía ya de los papeles publicados en la Península, como también del odio general a la Nación francesa, de quien nos recelábamos fuese presa este Reino, principalmente cuando se nos decía en los papeles nacionales que las hechuras de don Manuel Godoy estaban de acuerdo para cometer esta atroz felonía.

Establecida la Junta en la capital, yo fuí nombrado uno de sus miembros: en ella se sostuvieron siempre los derechos del Rey; y solo se trató sobre el modo de conservar estos preciosos dominios, para cuando Su Majestad fuese restituído al trono. Este destino lo admití a pesar de que bien conocía que él me distraía de las ocupaciones de mi instituto, porque ni era prudente hacer renuncia de él en medio de las agitaciones populares que duraron por algunos días; y porque con el respeto de ser uno de sus miembros podría contrarrestar la oposición que advertía en muchos para obligar a la Junta a que se cerrase del todo la Expedición Botánica, y que se encajonasen sus láminas, manuscritos y demás preciosidades. En efecto, los enemigos de esta Casa lograron sus ideas en alguna parte, pues consiguieron ver cerrado este establecimiento por más de dos meses y nombradas comisiones con el objeto de que ellas expusiesen si convenía o no en aquellas circunstancias evitar esos gastos. Era bien difícil evitar este golpe, que precisamente iba a arruinar unos trabajos tan preciosos, y principalmente cuando los comisionados convinieron en que se cerrase la Casa; pero 1o cierto es que yo lo evité, y logré una decisión favorable. Este servicio, que fue de consideración, como lo advertirá Vuestra Excelencia en el curso de mi informe, ha sido más interesante a la Nación que la pérdida de los seis meses que permanecí en la Junta; pero aunque los trabajos científicos no se adelantaron, los de los pintores continuaron, sin perderse el tiempo.

En el año de 1811, a pesar de que se me ocupó en el Cuerpo Legislativo, cuya renuncia consta en el proceso que se me formó, emprendí la determinación de todos los géneros y especies de que se componía la |Flora, y comencé a fijarlas en las mismas láminas. Yo debo decir a Vuestra Excelencia que este trabajo, el más delicado, fue obra mía, pues cuando se me entregaron las láminas, ninguna de ellas estaba determinada; y esta confesión ingenua pone a cubierto el honor de mi tío, si es que se han cometido algunos errores.

La persecución de esta Casa no se acalló por la providencia anterior. De nuevo se suscitó la idea de destruírla, luego que cesó la Junta en sus funciones. En esta época sólo lograron el que se hiciese a todos sus individuos una rebaja muy considerable en sus sueldos, pero para contentar a los pintores se formó un plan que continuó en adelante, con el cual se paralizaron los trabajos. Se me previno que estos no se ocupasen sino de ocho a doce de la mañana, cuando en el tiempo anterior trabajaban diez horas en el día; mi sueldo, como consta de la certificación que acompaño, bajo el número 2o., quedó reducido a setecientos pesos, y los de los pintores, que por una contrata solemne, subían a doce reales diarios, en los más, pero que ninguno de ellos tenía menos de ocho, quedaron limitados a cuatro en los primeros ya tres y dos en los segundos. Con este motivo muchos de ellos se retiraron de la Oficina, y los que permanecieron porque ya por sus años no podían tomar otra ocupación, preferían siempre que se les proporcionaba trabajar en su arte para los particulares. Así era que la Oficina de pintura estaba reducida por lo común a tres o cuatro individuos cuando en otro tiempo no bajaron de diez y seis. Con todo, las láminas de negro se adelantaban con esfuerzo, y las anatomías se colocaban cuando lo creían conveniente.

Las desavenencias suscitadas en el año de 12 entre las Provincias y la capital, de las cuales resultó la guerra civil, fueron un obstáculo para los adelantos de la obra, pues a todos se nos estrechó a tomar el partido de repeler la fuerza con que se nos atacaba. En esta época se reunió el Colegio Electoral, y éste, por un capítulo expreso, mandó cesase la Botánica en sus trabajos. De este modo se entorpecían diariamente los progresos de ese establecimiento, y las contradicciones que él sufría resfriaban los ánimos de sus operarios. Felizmente esta orden no tuvo efectos ningunos, por haberla reclamado el Gobierno.

En los años de 13 y 14, más tranquilos que los anteriores, realicé la determinación de casi las dos terceras partes de la |Flora. La falta de muchos libros modernos, principalmente el |Speties Plantarum de Wildenow, del cual no pude conseguir sino lo relativo hasta la clase |Monadelphia, detuvieron estos trabajos necesarios para la descripción de las plantas.

En el año de 15 y principios del 16, hecho ya cargo de las observaciones que tenían los manuscritos, y con presencia de las plantas vivas que me hacía conducir de los distintos temperamentos del Reino, comencé a poner en limpio las descripciones de muchas plantas, y adelanté en los trabajos materiales lo suficiente para ponerme en estado de poder en lo sucesivo ir entregando con prontitud aquellos que podían publicarse. Con todo, ya pesar de haber obtenido una declaratoria expresa para que en ninguna corporación o comisión se me ocupase, lo que consta en mi proceso, ello es que se me estrechó a sentenciar en la causa de conjuración suscitada este mismo año de 15, y a realizar el empréstito forzoso que en esta época se distribuyó. Los documentos que bajo el número 3o. presento a Vuestra Excelencia acreditan mi conducta pacífica en estas críticas circunstancias. En este mismo año, puedo asegurar a Vuestra Excelencia, que hice a la Corona el servicio más importante, pues salvé la |Flora exponiendo mi propia vida, de que fuese destruida por las tropas con que atacó don Simón Bolívar la capital. En efecto, ocupada mi casa por ellas, no trataron de otra cosa sino de destruir cuanto había allí, y este establecimiento habría sufrido igual suerte que el Observatorio Astronómico, si yo no me hubiera precipitado por entre las filas a reclamar de su Jefe el que no se cometieran semejantes atentados.

Poco antes de entrar las tropas del Rey a Santa fe se me dio orden por el Gobierno para que encajonase todo cuanto estaba a mi cargo, y que marchase al sur, para donde se retiraban parte de las tropas y los mandones revolucionarios. Esta orden, a que no di cumplimiento, la presenté en mi proceso, y esto manifiesta bien claramente que mis ideas no eran otras que las de aguardar tranquilo un Gobierno que asegurase mi seguridad y la felicidad de mi larga familia. A pocos días de haber entrado éstas, y desde mi prisión, se me conducía a mi casa, que era la de la Botánica, para encajonar todo lo perteneciente a ella, con arreglo a las órdenes dadas por el ilustre don Pascual Enrile. La precipitación con que ellos se me hicieron entregar, como consta del documento número 40., que presento a Vuestra Excelencia (y en que es muy de notarse la declaración de don Francisco Javier Matís), me liberta de cualquier cargo que pueda hacérseme. Yo aseguro a Vuestra Excelencia que habiendo trabajado, siquiera el tiempo que esta obra permaneció en Santa fe, sin ser conducida a esta plaza, podía haber ido con otro arreglo; las anatomías se habrían colocado en sus respectivos lugares, y los trabajos concluídos se habrían puesto en estado de publicarse en el momento en que ellos hubieran llegado a Europa. Este  trabajo habría evitado mil confusiones, y al fin será preciso que  en estos puntos de América haya un corresponsal que remita,  al comisionado en Madrid, para publicarlas, observaciones y plantas disecadas. 

Por la relación que acabo de hacer a Vuestra Excelencia se viene en conocimiento del estado, en que yo recibí los trabajos; de mi tío en 809: los adelantamientos que ellos recibieron, a pesar de las contradicciones que sufrió este establecimiento y de habérseme ocupado en tan diversos destinos de la revolución que me quitaban el tiempo para llevarlos a cabo, destinos por los cuales se me formó en el Consejo Permanente una causa, y allí, a pesar de que las circunstancias eran tan críticas, sólo se me condenó a dos años de destierro de la capital de Santa fe, cuya sentencia me agravó el Excelentísimo señor General en Jefe del Ejército Expedicionario, don Pablo Morillo, en dos de presidio, como podrá verse por mi causa, que precisamente debe haber ido a manos del Rey, de quien espero con confianza que siendo constante en ella que siempre serví estos destinos violentado (pues que siempre rehusé la admisión de ellos), me considerará acreedor a su gracia para la restitución de mi empleo o de otro cualquiera en el cual pueda sostenerme con mi dilatada familia, principalmente después de haber obtenido de la real clemencia la preciosa gracia del indulto concedido por Su Majestad en 24 de enero último.

Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.

|Cartagena, septiembre 30 |de 1817

SINFOROSO MUTIS

| |Así lucía a fines del siglo pasado la casona bumanguesa donde nació Sinforoso Mutis en 1773 y se alojó el Libertador en 1828(Fotografía de Quintillio Gavassa)

 

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El continuador de la Flora no puede dar una exacta noticia de esta Expedición, porque las Reales Ordenes y demás papeles que existían en la Casa, a excepción de los puramente botánicos, se entregaron al albacea Don Salvador Rizo.
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2 In memoriam Josephi Caelestini Mutis, Americes summi botanici qui historiam plantarum amaricanarum, in primis Palmarum pulcherriman parat, et plurima nova huic opusculo comunicavit, Linn. Sppl. pág. 57; Nomen inmortale quod nulla aetas unquam de delebit. Linn.... In honorem sapientisimi viri |I. C. Mutis qui jure me rito Botanicorum in America Princeps salutatur, debetque etiam inter primates Europeos collocari, Cav.
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3 Informe de 31 de marro de 1773.
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Relación de este Observatorio en el |,Semanario de esta capital por don Francisco Caldas.
A pesar de las críticas circunstancias del día y apuros de la nación, tan justamente empeñada en sostener sus sagrados derechos, nuestro ilustre jefe, el Excelentísimo Señor Don Antonio Amar y Borbón, conociendo la importancia de este establecimiento ordenó su continuación. La dedicación de la planta más hermosa que poseía esta Flora eternizará su nombre entre los sabios, habiéndose ya hecho inmortal entre nosotros por la amabilidad, prudencia y tino con que ha manejado este vasto reino en un tiempo tan delicado. [Sinforoso Mutis se refiere, por supuesto, a la |Amaria.
El poco tiempo que ha mediado desde la entrega de estas descripciones no me ha permitido compararlas con las láminas para ver si corresponden con ellas como debe suponerse.
Poseemos en muchas partes de este Nuevo Reino la misma especie primitiva |(Cinchona lanceifolia), sin que se pueda ya dudar de su igual eficacia en las calenturas intermitentes; siendo preciso desprendernos del anterior sistema, de ese espíritu de partido, para no arruinarla y talar inútilmente nuestras selvas
Preparamos una cantidad considerable de cortezas de las cuatro especies oficinales, y de sus variedades, con separación de canutillo y cortezón, para remitirlas a todas las sociedades de la Europa sabia, con el objeto de que se hagan experimentos exactos sobre este punto. A estas cortezas agregaremos esqueletos de todas aquéllas, para que se decida si nuestro modo de pensar en la reducción de las especies es o no acertado.
Las iniciales J. C.M. manifestarán los trabajos de Don J osé Celestino Mutis. Las de S.M. los del Continuador de la Flora, Don Sinforoso Mutis, y las de F.C., los de Don Francisco Caldas. [El autor se refiere a las descripciones de las distintas variedades de quinas que aparecen en la Parte Cuarta de la |Historia de los Arboles de Quina J.G.R.]
He repetido mis observaciones, como lo exige el caso, sobre este punto, por no haber dejado, en esta materia, nada escrito D. José Mutis. Apenas he recibido la lámina funda-mental de su sistema y una relación que hizo de él a D. Francisco Caldas. Los pocos momentos que mediaron desde mi llegada a esta capital, de la Habana, hasta su muerte, no le permitieron comunicarme nada relativo a sus trabajos científicos. Es descubrimiento original de Mutis este carácter tan constante en esta especie de quina como en todas las variedades que presentamos. No es extraño que los que han descrito esta planta no hayan observado esta singularidad, pues no se manifiesta sino cuando la flor está arrancada o cuando cae del árbol. En las flores nuevas apenas se dejan ver los canales por donde se hace la perforación; Estos corren de arriba abajo, pero más profundos hasta la inserción de los estambres; desde allí no son sino unas verdaderas líneas ocasionadas por la continuación del filamento asido tan estrechamente que parece un cuerpo con la corola. Aún, en estas flores nuevas no se necesita hacer un esfuerzo para dividirlas y tal vez su reunión es solamente por medio de algún gluten que con la vejez se seca. Así es que en el momento que la flor cae del árbol, ya se encuentra abierta desde la inserción de los estambres para arriba. En este estado presenta un tubo demasiado pequeño; se manifiestan sus estambres, y cada lacinia lleva su filamento.
A pesar del respeto tan justamente debido a los conocimientos de D. José Celestino Mutis, a los de su primer discípulo el Dr. D. Eloy Valenzuela, ya los de los autores de la |Flora del Perú, y desprendiéndonos de este sentimiento natural que regularmente nos arrastra a seguir las opiniones de aquellos a quienes la naturaleza nos unió con lazos tan estrechos; el continuador en la parte botánica de esta Expedición, después de un examen circunstanciado sobre los verdaderos caracteres que deben constituir el género |Cinchona ha hechado una mirada filosófica sobre estos mismos árboles y del resultado de sus observaciones ha deducido lo siguiente: Creo no deban comprenderse bajo este género naturalísimo, señalado en sus legítimas especies con ciertos caracteres, sino la |lanceifolia, cordifolia, oblongifolia y |ovalifolia, con sus variedades de que hablaremos en esta obra. La |dissimijlora, parvijlora y |longiflora de Mutis y |((roja de los Peruanos)) deben excluirse de estre género si es que no queremos contradecir los principios de la naturaleza y los de la Botánica. Una observación seguida por un número de años bien considerable, fijó a D. José Mutis en las virtudes de cada una de sus especies oficinales de ese género. Sus sabios escritos nos manifiestan que todas ellas, ya directa o indirectamente, son febrífugas, y por consiguiente, bajo este mismo principio todas ellas deben obrar en el sistema nervioso, en el muscular, en el de los humores, en el de las entrañas. Así debe suceder si concedemos a la naturaleza cierto orden en el encadenamiento de todos sus seres. Estas mismas observaciones lo obligaron a decidir no ser oficinales las de corolas lampiñas. En efecto, sabemos que las aplicó con frecuencia en los casos que no urgía la necesidad del específico, y que no halló en ellas esta virtud que es la que es preciso tengan aquellas plantas, cuyas relaciones son tan estrechas. ¿y podremos creer que si fueran especies de un mismo género la naturaleza nos habría escaseado casi enteramente en éstas el beneficio más grande que concedió a los mortales en las primeras? Esta sola reflexión me hizo pensar en un examen prolijo de las plantas que hallo reducidas al género |Cinchona por su hábito y no por |sus caracteres. La |dissimflora debe pertenecer al género |Portlandia, como la especie que une o el eslabón de estos dos géneros tan afines. El carácter de tener sus estambres fuera del limbo, el de romper sus cajas a través del disepiménto, carácter tan diverso a todas las especies de |cinchonas que rompen por el medio a lo largo dejando el disepimento paralelo, la separan de este género y la reducen a la |Portlandia a pesar de la diferencia de la inserción de los estambres. A D. José Mutis no se le ocultaron estos caracteres y aún se halló indeciso por algún tiempo en su reducción, pero, al fin, el hábito de todo el árbol y el carácter de tener sus semillas aladas, lo obligaron a no separarla de su género favorito. Es preciso que las plantas que unan este eslabón participen de los caracteres de su inmediata, como sucede en todos los seres cuyo encadenamiento es ya conocido. La |parvijlora de Mutis y "Roja" de los peruanos, que, bien comparadas, parecen ser una misma especie, deben reducirse al género |Macrocnemum como especie que une a las |cinchonas con éste su afín. El carácter de la corola un poco encarnada, con su limbo lampiño, y sus filamentos vellosos en la base, con los demás caracteres, la reducen a este género. El hábito de las plantas, este carácter que nos manifiesta la filosofía de la botánica y que siendo la parte principal de esta ciencia puede contribuir tanto para nuestro alivio, no debe influir sino para indicarnos el género y no para su determinación. La |longiflora de Mutis o |grandiflora de los peruanos debe constituir un género nuevo que llamaremos |Azuzenia para conservarle su nombre vulgar. Esta planta que, según el dictamen de Mutis es el resultado de las bodas ilegítimas del |Cape, especie de |Plumieria y de la |Cinchona ovalifolia, sacó, como era regular, caracteres de ambas. Su cáliz caedizo y su corola lampiña la separan del género |Cinchona; el hábito de toda ella y sus caracteres, tan semejantes a las |Plumierias, deberían reducirlas a este género, si el pericarpio no fuera una verdadera caja. Apoyamos el modo de pensar de los autores de la |Flora del Perú en haber reducido al género |Portlandia la |Cinchona corynbifera | de Forster; la |lineata, floribunda, brachica1pa, angustifolia, longiflora, spinosa de Vahl; la |philippica de Cavanilles, y la |caribaea de Jacquin. De esta última que entre otras plantas hallé y describí en mi expedición a la Habana, quiso Don José Mutis hacer un género nuevo que había consagrado a mi memoria con el nombre de |Consuegria, mi segundo apellido. No sostenemos el modo de pensar de este sabio en este punto porque nuestra ambición sólo se limita a seguir nuestros trabajos en una ciencia a la que nos hemos dedicado desde nuestros más tiernos años, sin otro objeto que el de hacer bien a nuestros semejantes. Si nuestras reflexiones pareciesen bien a los sujetos doctos e imparciales, nos lisonjearamos con haber hecho un beneficio a la botánica. Si ellas no son acatadas, merecemos toda indulgencia porque para ellas no hemos podido consultar sino con la naturaleza. Esta ciencia, la primera de que necesitó la razón humana; la primera que contribuyó a nuestro alivio y consideración, la que formó el comercio y produjo la agricultura, se halla en su cuna en este país el más abundante de preciosas producciones, y en el que el sol derrama torrentes de fecundidad.
Casi hasta el momento mismo de hacer poner en limpio las descripciones de las quinas, no me atreví a leer el suplemento a la |Quinología de los señores Ruiz y Pabón. El deseo de acertar con la verdadera sinonimia del género |Cinchona, consultando con la publicada por D. Francisco Zea, me precisó a ejecutarlo y hallo conformes mis observaciones a las de este sabio. Tuve en esto la mayor satisfacción, y muchas más, después de haberme asegurado D. Francisco Caldas que en repetidas ocasiones había oído de boca de D. José Celestino Mutis que ésta estaba igual con la que él había publicado. Me persuado que los señores autores de la |Flora del Perú, en vista de nuestras descripciones, láminas y esqueletos accederán a nuestro modo de pensar. El más o menos vello en las plantas, la figura de las hojas más o menos prolongadas, son efectos del temperamento. Yo he tenido ocasión de observar esas y otras variaciones en mis repetidos viajes en este Reino, en el que a cada paso se varía de temperamento según la mayor o menor elevación. La Botánica vendría a hacerse una ciencia fastidiosa si por aumentar objetos que realmente son unos mismos publicásemos en la |Flora de Bogotá como diversas, unas de otra, todas aquellas plantas que padecen semejantes variaciones. Nosotros nos hemos propuesto consultar la naturaleza, ver 1a marcha que hay de uno a otro individuo y hacer nuestra obró apreciable, no tanto por su número, sino por su verdadera colocación.

 

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