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INDICE
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Suplemento al Memorial del P. Asensio
El
|Memorial del P. Esteban de Asensio y las
|Noticias
historiales del P. Pedro Simón están casi siempre de acuerdo y
se completan mutuamente. El segundo prosigue la historia de la
Provincia de Santa Fe hasta el año de 1626, y aun en el período que
abarca el P. Asensio (1550-1585) hace mención de varios misioneros
omitidos por éste. Entre ellos encontramos al P. Fr. José Maz,
predicador de la Provincia de Valencia, al P. Fr. Pedro de
Arenillas, al P. Fr. Gaspar Sarmiento, al Padre Fr. Antonio de
Paredes y al P. Fr. Ricardo de Santa María, francés, gran teólogo y
jurista
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. Este
último quizás es el mismo, llamado por el P. Asensio Fr. Juan de
Santo Filiberto. El P. Fr. Antonio de Paredes fue el primer
Guardián que tuvo el convento de Santa María Magdalena de Tunja
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.
Por los años de 1551 los Dominicos y Franciscanos comenzaron a
organizar sus misiones, repartiéndose el territorio conquistado.
Cupo a nuestra Orden en suerte todo el valle de Ubaque, de la banda
del Sur de la ciudad de Santafé, "tierra doblada y tan
llena de naturales, que solos los indios mayores, gandules, eran
más de diez o doce mil, y la chusma innumerable que era la que más
daban en qué entender, y mayor ocupación a los doctrineros, pues
demás de las dificultades que fueron consigo todos los principios,
en especial de una cosa tan ardua como es la introducción de la ley
evangélica en unos pechos tan de bronce y connaturalizados en
idolatrías, hacía la gente de este valle mayor resistencia a la
predicación, por los consejos del famoso Jeque que había en toda la
tierra y reino del Bogotá, llamado Popón". El P. Fr.
Gaspar Sarmiento, valiéndose de la astucia de un mestizo llamado
Francisco Lorenzo, consiguió prender a Popón, que, con toda su
familia, se convirtió a la fe de Jesucristo, recibiendo en el
bautismo el nombre de Antonio
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:
Pocos años después de fundados los conventos de Santafé y de Tunja,
llegaron de España al Nuevo Reino los religiosos siguientes: Fr.
Pedro Vallejo, Fr. Hernando Calzadilla, Fray García Fernández, Fr.
Diego de Castillo, Fr. Juan Revenga y Fr. Pedro de Santa Catalina.
El P. Asensio no menciona sino a Fr. Diego del Castillo en el
capitulo XXIX, y omite asimismo al P. Fr. Pedro de la Iglesia, que
en el año de 1555 fundó, con el título de Nuestra Señora de Loreto,
un convento en la ciudad de Cartagena, llamado más tarde de
Getsemaní. Es extraño que el P. Asensio pase por alto las
vicisitudes por que pasó nuestro convento de Cartagena, pues, en el
año de 1559, fue destruido por unos piratas franceses, y habiéndolo
abandonado nuestros religiosos, se establecieron en la villa de
Tolu, a corta distancia de la misma ciudad, donde permanecieron
algún tiempo, hasta que, a fines de 1560, el P. Fr. Francisco de
Molina, accediendo a los ruegos de los vecinos de Cartagena,
reedificó el primitivo convento, que desde entonces tomó el título
de Getsemaní, por voluntad de D. Juan Pérez Mantezano, Dean de la
iglesia de Cartagena e insigne bienhechor de los Franciscanos
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.
Sin duda, por los disgustos que le ocasionó, no nombra el P.
Asensio en su Memorial al P. Francisco Calzada, Definidor más
antiguo de la Provincia de Santa Fe, que reunió Capítulo, en que
fue nombrado Comisario Provincial el P. Fray Gabriel de Valderrama,
en lugar del P. Asensio, designado por el P. Fr. Pedro Aguado,
cuando éste vino a España. Omite asimismo al P. Fr. Pedro Rangel,
de quien escribe Simón que era "hombre docto y muy gran
predicador, el cual pocos tiempos antes se había reducido al hábito
de nuestra Religión, fuera de la cual había estado algunos años en
hábito de clérigo con licencia del Sumo Pontífice, a título de
sustentar por aquel camino su madre y hermanos pobres que tenía, en
el cual tiempo fue Cura y Vicario de la ciudad de Victoria y de la
entrada que hizo el Adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada a las
provincias de Pauto y Papamene". Pasa también en silencio
la visita que a la Provincia de Santa Fe hizo el P. Fr. Marcos
Jofre, por comisión del P. Fr. Jerónimo de Villacarrillo, Comisario
General de toda la Tierra Firme, que residía en Lima. Esta visita
dio por resultado la deposición del P. Asensio y elección del P.
Rangel, a quien aquél rehusó reconocer como legítimo superior
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.
Por no reconocer el P. Esteban de Asensio como legítima la elección
del P. Valderrama, no trata los sucesos acaecidos a un franciscano
de la Provincia Descalza de San José, llamado Fr. Pedro del Monte,
celoso predicador que reprendió desde el púlpito un pecado público
y escandaloso cometido por cierto Juez que estaba en la Audiencia,
por lo cual fue expulsado del convento. El fervoroso predicador
salió por las calles de la ciudad dándose crueles disciplinas, con
lo cual logró amansar la tempestad que contra él se había
levantado. El P. Fr. Pedro del Monte, con el auxilio del capitán D.
Juan de Céspedes, y de consentimiento del P. Valderrama, fundó un
convento de Descalzos que duró poco más de un mes. Formaban la
Comunidad, además del fundador, los Padres Fr. Francisco de Santo
Domingo, Fr. Juan de la Concepción, Fr. Diego de Salas y Fr.
Francisco Bernardes. "Fr. Pedro del Monte, a título de
traer frailes Descalzos para fundarlo más de propósito, dejó el
convento y se fue a España, y tras él lo dejaron también del todo
sus compañeros"
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.
Por los años de 1578 estaba en la provincia de Guane, catequizando
a los indios yariquíes el P. Fr. Pedro Ordóñez, que casó al cacique
Beto de los guacamaes con una hija del cacique Suamacá, llamada
Doña Francisca. Este casamiento dio origen a serios disgustos que
costaron la vida a algunos españoles. El P. Simón trata largamente
de estos sucesos
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a los cuales no hace alusión el Memorial del P. Asensio.
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SIMÓN,
|Noticias, P. II, 7ª noticia, cap. I.
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SIMÓN, l. c., cap. II.
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SIMÓN, l.c., cap. III. De la trama urdida por Francisco Lorenzo
trata el P. Asensio en el cápitulo XXXII, pero no menciona al P.
Fr. Gaspar Sarmiento, tal vez por no existir entre los dos muy
cordiales relaciones, pues el P. Sarmiento es uno de los Custodios
cuya elección no consideró como legítima el P. Esteban de
Asensio.
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SIMÓN, l.c., cap. V.
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IBID., l. c., cap. VII.
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|
|Ibid., l. c., cap. VIII.
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SIMÓN, l. c., cap. XLV.
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