CAPÍTULO TRIGÉSIMO TERCIO
DE UN SANTO HOMBRE QUE FUE A [A]QUELLAS TIERRAS DE EL NUEVO
REINO
Hállase por relación cierta y criada que un apóstol o santo hombre
pasó al Nuevo Reino, tierra de estos indios moscas y que les
predicó las cosas de la fe, la inmortalidad de las almas, la gloria
eterna, y les dio a conocer a Dios, y les replicó (
|sic) el
santo Batismo. Y queriendo este santo pasar por el río de Cota que
está tres leguas de la ciudad de Santa Fe, desde Cota a Suba, echó
su vestido en el agua y pasó en él, y desde allí le tuvieron gran
respeto los indios, y en memoria suya y de este hecho son unas
carreras que acostumbran hacer los indios en los campos, de las
cuales hay hoy muchas en todo el Nuevo Reino, que son unos caminos
hechos a mano, en los cuales se tiene opinión que hay muchas
riquezas de oro y santuarios, y este río que llaman de Bogotá o
Tunja tiene una gran caída por unas peñas, mas de quinientos
estados, y queriéndolo despeñar por allí los indios, lo llevaron
allá, y echando su ropa en el agua, antes de llegar al despeñadero,
pasó a la otra parte, y visto este milagro, los indios saliéronse a
un llano a flecharle, y de las flechas que le tiraban, sin
empelerle, volvían muchas dellas a los mismos indios que le
tiraban, y los mataban y quedando los indios admirados de este
milagro, se pasó el santo varón a Sogamoso, que es ahora en los
términos de la ciudad de Tunja, pueblo de indios de la Corona Real,
y allí murió y está sepultado, y quieren decir que de esto viene el
temor que tienen al cacique de Sogamoso los indios moscas, y los
amenaza diciendo que tiene poder para quitarles y darles las
comidas y quemárselas
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Tienen estos indios moscas grandes abusiones sobre los cometas, y
declaran los que significan hambre y guerras; y su este mes de
Octubre de ochenta y cinco años: a prima noche, se vio un cometa
crinito, del cual se presume algún gran snbceso en Europa.
Suélense enterrar los caciques y principales de estos indios moscas
en sepulturas grandes de bóvedas, y con ellos entierran sus mujeres
vivas, especialmente cuando son esclavas, y oro, comidas,
guacamayas y otras cosas; y es esto cosa tan cierta que me contó un
sacerdote, gran lengua de estos moscas, que, siendo él muchacho,
habiéndose muerto un cacique, los indios mataron otro indio y lo
enterró el sacerdote dotrinero, pensando que era el cacique, y al
cacique le sacaron las tripas, y [lo] embalsamaron con un bálsamo
en polvo, que, según la relación de este sacerdote, en tiempo de
ocho horas hace exprimir toda la grosura y sangre de el cuerpo
humano y queda mirrado; y siendo avisado de una india que le dio
orden para ello, violo como llevaron los indios al cacique
embalsamado y lo pusieron en una sepultura grande de bóveda,
sentado en un duho que es una silla con su espaldar de palo, y
encima de el duho un papagayo de oro, y en una alchacena junto a él
pusieron novecientos pesos de buen oro, y la mujer de el mesmo
cacique metieron con él, y la dejaron allí viva con su comida y
vino de maíz, y a la entrada de el sepulcro pusieron un niño que
habían sacrificado y desollado; y esto se hizo de noche, y el día
siguiente el Bermúdez, que así se llamaba el sacerdote, que esto me
relató, volvió a la sepultura y sacó la india viva con el oro, y la
india murió cristiana a los tres días, por el espanto grande que
había tenido.
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De este predicador evangélico y de las tradiciones que acera de
él conservaban los indios del Nuevo Reino trata el P. SIMÓN,
Noticias, P. II, 4ª noticia, cap. III. Véase FERNÁNDEZ PIEDRAHITA,
l.c., lib. II cap. III.
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