CAPÍTULO VIGÉSIMO SEGUNDO
DE CÓMO DEJÓ EL ESTADO DE SEGLAR Y SE HIZO FRAILE
Conociendo, pues, por su buen espíritu la variedad y trabajos
peligrosos del mundo, acogiéndose a la seguridad de la vida eterna
y no pasando adelante en la elevación de los ánimos que la
constelación e influencia de aquellos inquietos sitios de el Perú
suele influir en los hombres españoles, dejada la vida seglar, tomó
el hábito en el convento de San Francisco de la ciudad de Lima, y
después de haber estado en aquella provincia algunos años y haber
bautizado cantidad de indios, se pasó a la Provincia de Santa Fe de
el Nuevo Reino, donde se ocupó más de quince años en pueblos y
doctrinas de indios, y con el buen exemplo de su persona y con sus
buenas y devotas exhortaciones y predicaciones bautizó más de tres
mil indios; y antes que fuese Provincial fue Difinidor mayor de la
Provincia, y entre otros casos, que si en ellos se mirara, se
pudieran bien notar y ser escritos, acaeció uno en Sogamoso, pueblo
principal de indios de la Corona Real, en la comarca de la ciudad
de Tunja, donde el dicho Fray Francisco de Gaviria estuvo
doctrinando mucho tiempo aquellos indios. Un indio casado fue a sus
labranzas y granjerías, lejos de el pueblo a tierra caliente y dijo
a su mujer el tiempo y día que había de volver. Pasados aquellos
días, volviendo el indio a su casa; topó en un páramo o cerro
pelado al demonio en traje de india, que parecía ser su mujer, y le
traía su comida y vino de más (¿) aquel que los indios llaman
chicha; y es costumbre entre los indios que cuando el marido va
lejos de su casa, donde ha de tardar algunos días, a la vuelta lo
van a recibir sus mujeres o criadas con alguna comida y bebida, y
este indio entendió ser aquella su mujer, en cuya figura y parecer
se había trasformado el demonio, y después de haber comido, tuvo
acto carnal con ella y caminando para su casa, guardó el demonio la
costumbre de las mujeres indias, que cuando caminan con sus
maridos, van delante dellos y ansi el demonio iba delante de el
indio en aquella forma de su mujer, y procediendo en el camino,
desapareció el demonio, y el indio hallándose solo, y conocido el
engaño, fue a su casa con gran tristeza y descontento de lo que le
había acaecido en la burla que el demonio le había hecho,
haciéndosele sucubo, en forma de su mujer, en el cual engaño fue
mas confirmado viendo en casa a su mujer, la cual no había ido a
recibirlo; y sin darle cuenta de lo que le había acaecido, dijo a
su mujer que le llamase al Padre para que le confesase, diciendo
que se que se quería morir, y después de haberse confesado con
mucho dolor de sus pecados y lágrimas de contrición, murió luego. Y
al séptimo día fue su mujer a traer leña del mesmo páramo y sitio
del camino, donde el demonio había parecido a su marido, y allí le
apareció el demonio en traje de indio y forma de su marido, y ella
espantada y turbada de verlo, razonaba con él, diciendo que ella
había enterrado a su manido, finado; y presupuesto decíale ¿cómo
puede ser que yo te vea vivo? Y el demonio viendo que no podía
ocultar el engaño por esta vía, díjole, como si fuera su marido,
que ya era resucitado y que no hubiese miedo, y persuadida con
esto, como otra Eva tuvo el demonio con ella acto carnal, en forma
de hombre y marido suyo, así como lo había hecho con su marido, en
forma de mujer, y luego el demonio desapareció, y volvió la india a
su casa con el mesmo espanto y turbación que su marido había
venido, y corrida y pesarada del engaño que el demonio le había
hecho, haciéndosele incubo, en traje y forma de su marido, y vuelta
a su casa envió luego a llamar al Padre, y confesada con mucha
contrición, murió al octavo día de la muerte de su marido. Y pues
estos indios tuvieron tan buen cuidado de confesarse, y les pesó
tan verdaderamente de el engaño de el demonio, es de creer que
fueron salvos, y así con la buena diligencia de el dicho Fray
Francisco de Gaviria en confesarlos siendo llamado para ello,
fueron consolados estos indios, marido y mujer para que mediante el
Sacramento de la Confesión muriesen en buen estado; y así en este
subceso como en todo lo demás que convenía a la conversión de los
naturales mereció mucho en estos y otros pueblos de indios el
sobredicho Fray Francisco de Gaviria, el cual es de tan buen
espíritu y celo que todas las cosas de los exercicios de loe
Religiosos desea que sean encaminadas en Dios y por Dios, por lo
cual fue una vez con espíritu y celo de Dios, en medio del día, a
sacar un santuario donde los indios tenían ofrecidos al demonio
unos lutos que ellos se ponen en las cabezas y se cubren con ellos
todo el rostro para hacer sus lloros, con otras cosas que con esto
había en el santuario; y como sea ordinario entre ellos defender
sus santuarios y ofender a los que se atreven a sacarlos, no osaron
resistir a este Religioso, antes viendo que sacaba estas cosas de
el santuario, huyeron todos los iridios que por allí estaban, y
haciendo juntar los indios con el Cacique, hizo encender fuego en
mitad de el pueblo de los indios y quemó allí todos aquellos lutos
y cosas de aquel santuario, no queriendo recibir muchos pesos, de
oro que los indios le dieran, si los quisiera recibir porque no les
quemara su santuario, antes quiso quemar todas aquellas cosas para
exemplo y confusión de los indios, los cuales viendo que les
quemaba su santuario, el Cacique y los demás principales, bajaron
las cabezas por no ver quemar sus santuarios, más el dicho Fray
Francisco de Gaviria les hizo alzar las cabezas y mirar como se
quemaba su santuario, y quedaron los indios tan atemorizados de
aquel hecho, que de allí delante velaban y asechaban (
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donde iba y andaba el dicho Fray Francisco de Gaviria, recatándose
de él; donde parece se siguió enmienda, a lo menos confusión, entre
los indios, para que entendiesen ser malo y contra el verdadero
Dios aquellos santuarios que ellos ofrecían al demonio. Acaecióle
también algunas veces al dicho Fray Francisco de Gaviria estar
fuera o ausente de los pueblos de indios de su doctrina, y los
enfermos indios que le aguardaban para confesarse, decir y afirmar
que en tal o tal parte venía o llegaba el dicho Gaviria, y ser así
como los indios lo decían y afirmaban; y esto podía proceder de el
buen crédito que los indios tenían de el buen celo, sana intención
y santa solicitud de dicho Fray Francisco de Gaviria; y así
caminando una vez a visitar los conventos de Cartagena y Encerma,
llevando por compañero a Fray Lorenzo Duran, sacerdote, habiendo
hecho un día su jornada en este camino, junto donde estaba un
Cacique de indios panches en su pueblo, vino al dicho Fray
Francisco de Gaviria el Cacique con gran pena y temor diciendo que
el demonio le desasosegaba y causaba mucha turbación en su casa
haciéndole muchas burlas pesadas y malignas, rogándole que le diese
algún remedio para aquello, y el dicho Gaviria confiando en Dios y
teniendo fe, como se debe, en las cosas benditas por orden de la
iglesia y en la señal deja cruz, cuya virtud es grande por el que
en ella murió por nosotros, dijo al Cacique que confiando en Dios,
pusiese una cruz en su casa, y dándole agua bendita que llevase
consigo le dijo que la echase por su casa y al rededor della, y si
con aquello el demonio no cesase de inquietarlo, que le llamase, y
que él iría allá a rezar algunas oraciones y a consolarlo; y
haciendo el indio lo que le dijo el Padre, puniendo (
|sic)
la cruz en su casa y echando el agua bendita, no volvió más allí el
demonio ni le dio más pesadumbre, como certificó dello el Cacique
al dicho Fray Francisco de Gaviria, cuando volvió por allí; y es de
creer que la abundante fe de este Religioso hizo efecto para que el
demonio se apartase de allí, y que aquel Cacique que era cristiano
y tenía fe en Dios se aprovechó de la fe y firme confianza de este
Religioso.
Es el sobredicho Fray Francisco de Gaviria hombre de sana
conciencia, bastante gobierno, pobre y muy observante en su modo de
vivir, y bien acreditado en su persona. Vive con mucha honestidad.
Hase fundado en su tiempo y con solicitud suya, en la Provincia de
el Nuevo Reino, dos conventos, uno en la ciudad de Ocaña,
Gobernación de Santa Marta, otro en la ciudad de Mariquita
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. En este Provincial
Gaviria
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se
concluyen los Custodios y Provinciales que ha habido hasta el año
de mil y quinientos y ochenta y cinco en la Provincia de Santa Fe
de el Nuevo Reino. Desde que se fundó, seis Custodios, y siete
Provinciales.
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Sobre la fundación de estos dos conventos véase SIMÓN,
|Noticias, P. II, 7ª noticia, cap. IX.
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Sobre el P. Gaviria véase SIMÓN.
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