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INDICE
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Los Franciscanos en Colombia y Venezuela.
INTRODUCCIÓN
El territorio que actualmente ocupan las Repúblicas de Venezuela y
Colombia, fue conquistado por los españoles en los, comienzos del
siglo XVI. "La conquista de América -dice un escritor
colombiano- ofrece al historiador preciosos materiales para tejer
las más interesantes relaciones; porque ella presenta reunidos los
rasgos más variados que acreditan la grandeza y poderío de una de
aquellas ramas de la raza latina que mejores títulos tienen a
apellidarse
|romanas: el espíritu avasallador y el valor
impertérrito siempre y dondequiera: virtudes heroicas al lado de
crímenes atroces: el soldado vestido de acero, que da y recibe la
muerte con igual facilidad, y el misionero de paz que, armado sólo
con la insignia del martirio, domestica los hijos de las selvas y
muchas veces rinde la vida por Cristo..."
|1
. En todas las regiones
conquistadas, el soldado y el misionero español realizan, más
menos, iguales proezas. Los sucesos, militares de las antiguas
gobernaciones de Popayán, Cartagena, Santa Marta y Venezuela,
historiadas por el P. Pedro Aguado, Castellanos, P. Pedro Simón y
Fernández Piedrahita, estremecen y asombran, confundiendo la
cobardía y la pusilanimidad de los que hoy vivimos, que casi no
acertamos a comprender que de España saliese aquella raza de
titanes.
Aunque en la conquista de estos países marchaban en amigable
consorcio el misionero y el soldado, la obra de éste precedió a la
de aquél. El misionero llegó después a perfeccionar las conquistas
militares, que nada sería, mejor dicho, serían un desastre, sin la
influencia dulce y consoladora del Evangelio. El resultado de las
armas fue, por el momento, más visible, porque más pronto se
destruyen ciudades y se desmoronan imperios que se conquistan
corazones, y más cuando de éstos es preciso arrancar vicios
inveterados.
No es extraño, pues, que las conquistas del Nuevo Reino de Granada,
o sea de las regiones que hoy componen las Repúblicas de Venezuela
y Colombia, hayan tenido, dentro del primer siglo en que se
realizaron, numerosos historiadores, pero si llama la atención que
de la obra de los misioneros, en el orden espiritual, apenas se
haya escrito en el siglo XVI. Los PP. Aguado y Simón, parecía muy
natural que de ellos se hubiesen ocupado, pero su objeto principal
son los sucesos de las armas y el resultado de la conquista. De
ambos historiadores nos hemos ocupado en otro lugar, y ahora sólo
nos fijaremos en lo poco que dicen acerca de la propagación del
Evangelio entre las feroces tribus conquistadas.
El P. Aguado manifiesta que los Reyes de Castilla tuvieron siempre
especialísimo cuidado de "la conversión de los naturales
de las lndias y de su buen tratamiento y conservación".
Por lo que se refiere al Nuevo Reino, dice nuestro historiador que
los monarcas españoles "proveyeron de predicadores y
ministros eclesiásticos que en la doctrina evangélica apacentasen,
industriasen y enseñasen a los naturales, y así, a su propia costa
y espensas, envió juntamente con los oídores Góngora y Galarza,
frailes y religiosos de las Ordenes de San Francisco y Santo
Domingo, personas doctas, así en letras como en doctrina, vida y
ejemplo que comenzaron a cultivar y trabajar en esta viña del
Señor". "Fundáronse en este tiempo (1550)
monasterios destas dos Ordenes en las ciudades de Santa Fe, Tunja y
Vélez. En la ciudad de Tunja han permanecido siempre casas de
entrambas Ordenes, y lo mesmo ha sido en la ciudad de Santa Fe, que
siempre han permanecido entrambas casas"
|2
.
El P. Aguado estaba en condiciones de podernos suministrar otras
noticias importantes acerca de los misioneros dominicos y
franciscanos en el Nuevo Reino de Granada; pero evita cuanto puede
ocuparse en este asunto, y su silencio se explica por la poca
armonía que existía entonces entre los religiosos, como se verá por
el Memorial del P. Esteban Asensio que luego publicaremos. Presumía
el P. Aguado que, haciendo la historia de los misioneros, podría
ocasionar disgustos, así que, creyó más prudente apelar al
silencio.
Esto no obstante, el ilustre historiador manifiesta en repetidos
lugares que él mismo ha trabajado mucho en la conversión de los
indios, expresando que "por espacio de quince años no [ha]
habido religioso, en las partes adonde a mi me cupo la suerte, que
con más cuidado haya servido a la Majestad divina y haya procurado
el aumento de la Iglesia". Asegura, además, que el no
haberse hecho mayor fruto espiritual entre los indios fue
"por los malos ejemplos de los Españoles y por el poco
cuidado con que son doctrinados..."; así que no
"se ha hecho en ellos el fruto que fuera justo, habiendo
tanto tiempo que tienen noticia de la doctrina evangélica; pero
consuélome que soy uno de los que con mayor frecuencia y con mayor
cuidado, y no se diga el que más, se ha ocupado en aquellas partes
en sembrar la semilla apostólica, que por la misericordia de Dios
hace y espero que hará fruto de ciento; y no es pequeña lástima, ni
pequeña compasión, que, siendo la mies tan grande y el campo tan
fértil, sean los obreros tan pocos y tan descuidados... "
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. El celoso
misionero-historiador no quería significar con estas expresiones
que la obra apostólica no hubiese dado frutos abundantes; él
suspiraba por ver pronto la total conversión de las tribus
salvajes, y, considerando que había muchas aún envueltas en sus
idolatrías, prorrumpía en aquellos lamentos, reconociendo, sin
embargo, que se había hecho mucho en la conversión de los
indígenas, y así, hablan do de los tesoros espirituales y
materiales del Nuevo Reino, dice: "Los espirituales son
tantos, por tener, el demonio las almas de tantos indios ocupados
en su servicio con tan diversos ritos y tan infernales ceremonias
que parescia imposible apartarlas de su voluntad, lo cual se ha
hecho no con pequeño trabajo, ni con pequeño favor de Dios, en
algunas partes de aquella tierra, y así espero se hará en todas; de
manera que podemos decir que no es pequeña riqueza ganar las almas
que estaban perdidas, habiendo Cristo dado por ellas la vida en
precio a su Padre"
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.
Con expresiones más o menos vagas nos manifiesta el Padre Aguado en
repetidos pasajes de su historia la obra de los misioneros. Su
intento principal bien se ve: es seguir los pasos a los
conquistadores y contar sus hazañas. De cuando en cuando, y como al
descuido, aparecen en sus relaciones los nombres de algunos
sacerdotes y religiosos que, más bien que como misioneros, figuran
como capellanes del ejército; así, por ejemplo, menciona a Fr.
Antonio de Medrano, de la Orden de San Francisco
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; a Fr. Domingo de las Casas, de la de
Santo Domingo
|6
; a Fr.
Manuel de la Magdalena, franciscano que acompañó al capitán D. Lope
de Orozco en sus jornadas
|7
. De la historia eclesiástica, en
general, del Nuevo Reino de Granada, apenas habla el P. Aguado, a
pesar de que cuando él escribía, existían ya varias diócesis.
Menciona a Fr. Juan de los Barrios, obispo de Santa Marta, y copia
literalmente unos capítulos de tasación de tributos a los indios de
Guatavita, cuyo encomendero era el capitán Hernando Venegas, y de
cuya instrucción y enseñanza cuidaba un religioso. Esta tasación se
hizo en el año de 1555
|8
. El historiador franciscano se extiende
largamente y trata en varios capítulos de las providencias tomadas
para eximir a los indios del servicio personal, celebrándose con
tal motivo una solemne Junta en la ciudad de Santa Fe, a la que
concurrieron, entre otros, el arzobispo D. Fr. Juan de los Barrios,
D. Juan de Simancas, obispo de Cartagena, y "los prelados
de las Ordenes de Santo Domingo y San Francisco con otras personas
doctas, así clérigos como frailes" que contra el elemento
secular defendían la libertad de los indios
|9
.
Juan de Castellanos, en su poema sobre la
|Historia del Nuevo
Reino de Granada, canta las proezas de los conquistadores,
pasando por alto los sucesos eclesiásticos y lo referente a la
conversión de los indios. Trata algunas veces de las idolatrías y
supersticiones de los naturales, y, con respecto a los indios de
Sogamoso, dice que los visitó el arzobispo D. Fr. Luis Zapata,
quien hizo averiguaciones especiales sobre sus ritos
|10
. Hace asimismo mención de
varios religiosos, capellanes del ejército conquistador, entre
otros, de Fray Vicente Requejada
|11
, de Fr. Domingo de las Casas
|12
, Fr. Bartolomé de
Ojeda, Fr. Gonzalo Méndez, dominicos, Fr. Antonio Medrano y Fr.
Alonso de Mirueña, franciscanos, que acompañaron en su expedición
al adelantado D. Gonzalo Jiménez de Quesada. En esta misma jornada,
dice Castellanos, que iba también:
"Un don Pedro Rangel, que después desto el hábito tomó de
San Francisco"
|13
.
La obra del misionero en la conversión de los indios pasa como
desapercibida para el historiador-poeta.
Un siglo después que el P. Aguado y Juan de Castellanos, escribió
la
|Historia General de las conquistas del Nuevo Reino de
Granada el Dr. D. Lucas Fernández Piedrahita, que, si bien da
mayor extensión a los sucesos realizados por los conquistadores, es
bastante explícito en lo que se refiere a la obra misionera y a la
historia eclesiástica. La Religión de Santo Domingo fue la primera
que comenzó a propagar el Evangelio en el Nuevo Reino de Granada
|14
. Antes del año 1550
había en estas regiones de América religiosos dominicos y
franciscanos que con más o menos fervor se dedicaban a catequizar a
los indios; pero, estando lejos de la obediencia de sus prelados,
iban perdiendo el espíritu de la piedad y religión, por lo cual, en
dicho año, se determinó enviar un número considerable de
franciscanos y dominicos, a fin de proceder con todas veras a la
conversión de los indígenas. De todo esto habla Fernández
Piedrahita
|15
quien, reconociendo algunos defectos en los misioneros, no puede
menos de confesar "que trabajaron mucho en la conversión
de los indios, a pesar del mal tercio que les hacían los
encomenderos".
El Obispo D. Fray Juan de los Barrios tomó con gran celo la obra de
las misiones, reformando "los desordenes con que los
doctrinantes de los indios, así eclesiásticos como seculares,
pervertían los medios con que se había de plantar en ellos la
fe"
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,
hallando para sus planes, buenos cooperadores en las Ordenes de
Santo Domingo y San Francisco.
Los Dominicos fundaron en el Nuevo Reino de Granada una Provincia
bajo la advocación de San Antonino, cuya historia escribió
largamente el P. Fr. Alonso Zamora, quejándose en ella de que los
historiadores de la conquista no se cuidan mucho de referir los
trabajos de los sacerdotes que venían a ella, dejándonos ignorar
hasta sus nombres, cuando no se omitía el de un soldado que se
hubiese distinguido en cualquier acontecimiento por insignificante
que fuera
|17
. Así
es en efecto, como dejamos indicado; sin embargo, la Orden de Santo
Domingo bien puede gloriarse de haber tenido un historiador tan
diligente como el P. Zamora. No cupo igual suerte a la de San
Francisco que tenía en el Nuevo Reino de Granada una Provincia
titulada de Santa Fe, que si bien tuvo algunos historiadores en el
siglo XVI, dejaron sus obras inéditas, razón por lo cual aparece en
las historias modernas, aun en las escritas con más sana intención,
una gran desproporción entre la obra evangelizadota de los
Franciscanos y Dominicos. El señor Groot
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se ocupa muy por extenso acerca de
éstos, mientras que, de los Franciscanos en el siglo XVI dice poco,
a no ser de los Obispos D. Fr. Juan de los Barrios y D. Fr. Luis
Zapata, que, como se sabe, pertenecían a la Orden Seráfica. Los
pocos datos que el Sr. Groot trae en su Historia acerca de los
Franciscanos, provienen, sin duda, de la de Fernández Piedrahita,
pues tampoco pudo aprovecharse de las Noticias historiales del P.
Simón que permanecían aún inéditas.
Por los años de 1624, escribía el P. Fr. Pedro Simón las
|Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme,
que dedica principalmente a los sucesos militares; sin embargo,
expone también noticias muy apreciables acerca de los misioneros,
dedicando varios capítulos de la parte segunda, a la historia de
los Franciscanos. El P. Simón no demuestra haber conocido el
Memorial del P. Fr. Esteban de Asensio, cuyos datos se completan
mutuamente, siendo en general, más copiosos los de éste y dignos
también de mayor fe, por haber sido testigo presencial de casi
todos los sucesos que refiere y actor de muchos.
El Memorial del P. Asensio que ahora publicamos por vez primera,
abarca un período de treinta y cinco años, o sea, desde 1550 hasta
1585. Como en él se advierte; fue escrito por mandado del
Provincial Fr. Francisco de Gaviria, de orden del Rmo. P. Fr.
Francisco Gonzaga, Ministro General de la Orden, que lo utilizó
para su obra
|De origine Seraphicae Religionis.
El hallazgo de dicho Memorial fue para nosotros una sorpresa
agradable, y lo encontramos donde menos sospechábamos. Existe,
pues, en la Comisaría de Tierra Santa de Livorno, en poder del
ilustrado P. Domenicchelli, O. F. M., y perteneció el célebre
historiador, P. Civezza, O. F. M. El ms. es probablemente, el mismo
que su autor envió desde el Nuevo Reino de Granada al Rmo. Gonzaga,
de cuya mano son quizá algunas notas marginales. Formó, sin duda,
parte de una colección de mss. similares, pues comienza en el folio
404 y concluye en el 416. Su tamaño es de 320 x 220 mm., y
desgraciadamente, está incompleto, faltando al fin una sola
hoja.
Para la Orden Franciscana y para la historia eclesiástica de
Venezuela y Colombia, es una pieza de primer orden. Al darlo ahora
a luz, seremos parcos en las notas, dejando muchos documentos que
se relacionan con los sucesos relatados por el P. Asensio. Acerca
de los Obispos Fr. Juan de los Barrios, Fr. Luis Zapata de Cárdenas
y Fr. Sebastián de Ocando, podríamos añadir mucho que reservamos
para otra ocasión, pues bien merecen estos insignes prelados que se
les consagre un estudio particular. Nada decimos sobre el autor del
Memorial, desconocido hasta ahora a nuestros bibliógrafos, pues no
podemos añadir otras noticias a las que de si mismo da el P.
Esteban de Asensio.
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|1
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|Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de
Granada, por el Dr. D. Lucas Fernández Piedrahita. Bogotá.
1881, Prólogo, págs. III-IV.
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|2
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AGUADO,
|Historia de Santa María y Nuevo Reino de
Granada, t. I, Madrid, 1916, edición de Becker, págs.
513-14
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|3
|
AGUADO,
|Historia de Santa Marta, t. I, ed. Cit., págs.
23-4.
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|
|4
|
AGUADO,
|Historia cit., t. I, pág. 27.
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|
|5
|
|Historia cit., t. I, pág. 25.
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|
|6
|
Ib., pág. 189.
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|7
|
|Historia cit., t. II, pág. 427.
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|
|8
|
Ib., págs. 526-32.
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|
|9
|
|Historia cit., t. I, págs. 542-63.
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|10
|
|Historia del Nuevo Reino de Granada, canto 1º, t. I,
págs. 52-3.
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|
|11
|
Ib., t. I, pág. 275.
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|
|12
|
Ib., t. I, pág. 237 sigs.
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|
|13
|
|Historia cit., canto XXII, t. II, págs. 218-19.
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|
|14
|
FERNÁNDEZ PIEDRAHITA, I.c., pág. 148.
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|
|15
|
FERNÁNDEZ PIEDRAHITA, 1. c., págs. 321-2.
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|
|16
|
L. c., pág. 365.
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|
|17
|
Véase
|Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada,
por José Manuel Groot, t. I, Bogotá, 1889, pág. 8.
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|18
|
|Historia cit., t.I.
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